Capítulo Cuatro

Weasleys.

Mierda Fue lo único que atinó a pensar Draco Malfoy. Estaba hambriento, y bajo ese frío castrador de pieles, estaba una mujer hecha un verdadero desastre. Visiblemente había ingerido algo de poción multijugos, porque su cara estaba muy gorda para pertenecer a su cuerpo. El cabello que salía de su cuero cabelludo era del color del vino, con dejes de rojo. El resto, corto, era negro. Su cuerpo delgado y bien moldeado por el destino estaba escondido en una bata de color negro que era pobremente protegido por una túnica de color negro y en su mano había un tatuaje que ponía Carpe Diem. Pequeño, pero bastante visible, llamó la atención del pelirrubio, pero más que eso, lo tenían impresionado sus ojos. Lo miraba fijamente, con el miedo tatuado en cada una de sus facciones. Quería hablar, pero su cara estaba llena de golpes y moretones.

Draco negó con la cabeza, plenamente consciente de que se metería en problemas si hacía lo que se le estaba cruzando por la cabeza… pero no podía dejarla allí, ¿o sí? Aunque tenía una ligera impresión de quién era la mujer que se ocultaba en aquella cara regordeta, y su identidad salía a chorros por aquellos ojos azules que en dos o tres ocasiones habían chocado con los de él en Hogwarts, jamás desviándose ante el miedo, jamás retadora, simplemente ignorándolos.

- Joder – Susurró, antes de meterse la varita que traía empuñada en uno de los bolsillos traseros del pantalón, importándole la real mierda el que muchos magos hubiesen perdido así una parte muy apreciable de su anatomía. Miró unos segundos a la mujer, y abrió espacio a punta pies en el suelo, lleno de astillas de escoba. – No quiero que digas que te estoy secuestrando, y si le dices a alguien que te ayudé en vez de partirte en dos con un Avada, te juro que te busco y revierto la estupidez que estoy a punto de hacer, Weasley.

La mujer parpadeó dos veces y una especie de sonido gutural salió de su garganta en lo que el joven hombre la alzó en sus brazos y se la echó al hombro como si de un costal de papas se tratase.

- Nadie se ha quejado de mis tratos en años, comadreja. No te voy a llevar a un galpón para satisfacer mis necesidades sexuales (risa irónica por su parte), tranquila. Veré qué hacer contigo y de qué me puede servir el que hayas aterrizado suavemente en mis terrenos. Por eso digo que las mujeres sólo sirven para cocinar, mira en lo que acaban cuando intentan hacer cosas de magos. – Negó nuevamente y caminó parsimoniosamente hacia la mansión Malfoy, con muchos pensamientos contradictorios cruzándole por la mente. ¿Qué hacía Weasley haciéndose pasar por otra persona? ¿Quién le había dado la paliza de su vida? ¿Cómo es que lo había permitido?, es decir, él sabía que de querer podría haber terminado el trabajo que la persona que la dejó en aquel estado, pues era en muchas cosas superior a esa traidora de la sangre, pero también era consciente de que no era una bruja promedio. Los mitos en base a su moco murciélagos todavía debían vibrar en las paredes de la Sala Común de Slytherin, gracias a tantos de sus compañeros vencidos por ese potente encantamiento. Tenía que haberse metido en muchos problemas como para haber terminado así.

- Cómo me gustaría que pudieses hablar, Weasley. Te daría Veritaserum para que me contaras quién te dejó en estas condiciones, sólo para darle mis felicitaciones – la pelirroja se sacudió unos milímetros y Draco no pudo menos que reír – cálmate, no te dije que… guarda silencio, si mi madre me oye caminando a estas horas por… en fin, eso muy poco tiene que interesarte. Finite Incantatem – dijo, y mientras el cuerpo de Ginebra Weasley flotaba a su lado, abrió manualmente las finísimas rejas que daban pie a uno de los lugares más viejos de Inglaterra. Llena de imponencia y de lirios blancos, así como de gnomos al parecer domesticados, que se encargaban del esplendor del césped y de la recepción de aquellos terrenos, se alzaba la Mansión Malfoy, y su dueño movió la varita, susurrando Mobilicorpus, y empezó a caminar calmadamente por los peldaños de mármol que llevaban a la entrada de aquél imponente lugar. Al llegar, una de las gárgolas que custodiaban aquellas puertas de Roble lo miró fijamente, y él sólo tuvo que alzar su mano derecha. A los segundos, éste cedió y las puertas le dieron paso. – vamos, no estés dejando tu sangre por allí. Agatha! – exclamó, y a los segundos apareció una vieja elfo doméstica a su lado, no tan sucia como kreacher, y un poco más joven. Se inclinó ante su amo, el cuál chasqueó – Ya, por Merlín, no soy mi padre. Lleva a la… - un momento de indecisión se dibujó en su frente… qué era Weasley? - …señorita a mi habitación. Prepárale una cama al lado de la mía, que no sea detectable por mi madre. Sánale todo lo que seas capaz de sanarle, y lo demás déjamelo a mí. Por favor, lleva luego de eso estos ingredientes que te daré, y después evita a toda costa que mi madre entre en mi habitación dentro de una semana, si no lo haces, te doy la prenda, entendido?

- No es necesario que amenace a Agatha, mi señor! Ella es obediente, no como el ingrato de Dobby, aunque esté muerto! – le chilló, al tiempo que negaba furiosamente con la cabeza, recibiendo una nota que en cuestión de segundos había aparecido frente a ella.

- Está bien. Has lo que te indico, tomaré una ducha e iré a hablar con mi madre. Que tengas buenas noches.

La elfo permitió que sus ojos se anegaran en lágrimas, al tiempo que alzaba con su magia a la mujer ahora completamente inconsciente. Jamás entendería porqué su hijo, Dobby, se había marchado de aquel hogar. Servir a la familia Malfoy era una de sus mayores dichas, cuidado si no la única. El señor Malfoy era no tan agradable como su hijo, Draco, pero si ella obedecía, no la maltrataba. Su esposa, la señora Cissy, siempre se preocupaba por el jardín y las cosas del hogar, así que siempre podía contar con la fiable Agatha para ayudarla, y el señor Malfoy, su dueño directo por órdenes del señor Malfoy, la trataba como que si fuese su igual, aunque siempre amenazara con darle la prenda, método de tortura al que recurría al no querer que ella misma se lastimara. No, definitivamente no podía entender a Dobby. La Familia Malfoy sin el señor Malfoy, era todo lo que un elfo doméstico podía pedir.

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Los párpados de aquella castaña guerreaban de manera envidiable. Todo su cuerpo temblaba, y de su varita salían chispas azules, dibujos tétricos de los sentimientos que se agolpaban en su interior. Miedo. Ira. Incomprensión. Y más. De haber estado vivo Ronald Weasley, se habría ido en vómito, ante la imagen que frente a ella y un hombre de estatura un poco pequeña para el promedio presenciaban. Éste tenía los ojos desorbitados y no podía más que boquear. Todos los movimientos aprendidos durante aquel cuarto de siglo mediante costumbre, parecieron marcharse al país de nunca jamás, dejándole sólo aquella sensación de congoja en el pecho. No podía sentir sus extremidades y, aún de haber querido, no se hubiese podido mover. Un ruido a su derecha encendió aquel sistema de alerta que tanto lo había destacado, pero era más poderosa la sensación de vacío y de dolor que se albergaba dentro de él. No supo cuándo las lágrimas se tropezaron entre ellas en sus órbitas, lo que sí supo, y sintió, fue el apretón de antebrazo que su mejor amiga, su hermana, le propinó.

- Harry, dime que no… - balbuceó Hermione, sin atreverse a dar un paso. A pocos metros divisaban un cuerpo ensangrentado, envuelto torpemente en una túnica, con lo que en vida pasada había sido una varita conocida para ambos y que, para ese momento, sólo era un palito dividido en dos mediante magia. Porque sólo la magia podía hacer esos cortes en el cuerpo de ella, y ambos lo sabían. Las maldiciones sectusempra y crucio anidaron en la cabeza de ambos, pero lo que no reconocían eran aquellas marcas negras en su frente, como que si Ginebra Weasley portaba un estigma del todo visible en su frente, opacando la belleza que irradiaba de todo su ser.

De no haber estado tan asustados los dos, se habrían percatado de que dos encapuchados se les habían acercado sigilosamente, y para cuando reaccionaron, para protegerla, era demasiado tarde. Los habían desarmado y rodeado, a pesar de estar en igualdad de números.

- Quién lo diría, McGonen, que Potty y su novia se descuidarían ante el cadáver de la ex del niño que la traicionó – sonó una voz carrasposa, arrastrándose en el aire y causando dolor en los tímpanos de los desarmados.

- Ustedes le causaron esto a Ginny? – Preguntó Hermione, anonadada. Tenían máscaras blancas, ocultando su verdadero rostro. Tenía que ser un engaño. – CONTESTEN, BASTARDOS! – les exigió, al momento que hizo ademán de acercarse a ellos. Harry la sostuvo por la cintura, aún embotado – qué haces, no ves que quieren…?!

- Sé quiénes son, Herms. Son los hijos de puta que hemos estado buscando por meses. Qué carajos quieren! Pobre de ustedes si…! – quiso amenazar él, pero uno de ellos se le adelantó, lanzándole un encantamiento silenciador. Quedó boqueando como pez fuera del agua, y Hermione no podía creerlo.

Tienes que pensar algo, magia sin varita. Vamos!

Un hilillo de color plata salió de sus dedos y se enredó en los pies del mortífago que la veía con lujuria, al tiempo que arrojaba a Harry contra el cuerpo de Ginny.

- Corre! - fue lo primero que gritó, antes de que el cadáver de Ginny desapareciera de la vista, gracias a un movimiento de varita de uno de los encapuchados, que se rió escandalosamente al ver los torpes movimientos de aquella dispareja pareja - Maldita sea! - propinó para sí misma, al tiempo que la varita de Harry caía derrotada, al suelo, mientras que el que no había sido atado por Hermione la miraba escandalosamente, mientras que el otro se llevaba su varita. Maldición, Maldición, Maldición!. – Finite! – Gritó en dirección a Harry, azuzando la varita del pelinegro, temiendo que éste estuviera inconsciente. Se acercó al cuerpo del hombre al que había sostenido con aquél hilillo, y la piel se le erizó al reconocer esa mirada – SMITH?!

- Ya lo ves, Granger. No todos hacemos malas elecciones, como tu. Pero ya verás, que nos alzaremos con una gloria suprema, que opacará a todas las anteriores logradas por el señor tenebroso – le aseguró, al tiempo que intentaba en vano tocarla – eres bella, y puedes redimirte. Ríndete a su grandeza y yo me encargaré de que… - Una tapa de basurero le dio en la frente y lo tumbó de inmediato. Hermione, escandalizada, se dio la vuelta, y vio a Harry, de pie, aparentemente mareado, la mirada perdida en la pared que daba fin a aquel callejón.

- Harry, qué…?

- Supieron de mi rompimiento con Ginny, Herms. Estos bastardos han estado dos meses detrás de ti, y yo mismo me he encargado de que no se acercaran. Pensaban que eras el ser que más quería, pues no pudieron tocar a Luna, que fue su primera elección. Fueron por ella y yo fui tan estúpidamente miope que no me di cuenta! – Esbozó, sintiendo cómo sus cuerdas vocales se desgarraban con el grito. Lágrimas empezaron a caer por sus mejillas, sucias. Parecía un niño pequeño al que se le había arrebatado a su querido Teddy.

- Cómo es que yo no sabía de eso, Harry? – le preguntó ella, molesta. ¿Ginny probablemente estaba muerta y ella no había podido hacer nada para evitarlo? La culpa no la dejaría en paz – Sabes que le prometí cuidarla, maldita sea! Si ella muere, no podría perdonarme! Y su familia me odiará! – le escupió en la cara. Negaba como esquizofrénica, sin poder creerlo. Ginny probablemente estaba muerta, y si era así, jamás se lo perdonaría, porque significaría que le había fallado al más grande amor que alguien hubiese tenido jamás, a su Ron.

& Flash Back &

Unos bucles caían calmadamente sobre una cama, mientras que su dueña se empeñaba en contar las tantas pecas que se albergaban en la espalda de aquel hombre de tamaño colosal que se hacía llamar por ella "pecoso". Divertida como nunca, sintió que él suspiraba en sueños, y le acarició el cuero cabelludo, porque sabía que eso lo relajaba y le hacía pensar en cosas bonitas. So boba que puedes ser, Hermione Granger. Y pensar que en primer año era lo más similar a un orangután que habías visto en un humano. Rió por lo bajo y se acurrucó a su espalda, tan ancha como el mar, pero cálida, con la palabra hogar tatuada en toda su vasta extensión.

- Herms… - susurró él, dándose la vuelta para recibirla en aquellos brazos cálidos que tanta seguridad le ofrecían.

- Um… - respondió ella, cerrando los ojos y dejándose llevar por aquel olor agridulce que tanto lo caracterizaba.

- Estaba soñando… - le confesó él, rascándose la mata de hebras rojas cortas.

- Lo sé. – confesó ella, riendo – cada vez que suspiras así, es que sueñas cosas extrañas.

- Tienes que prometerme que cuidarás de Ginny si algo llega a ocurrirme – le pidió, mirándola a los ojos y en ceño levemente fruncido. Aquél mar de sentimientos sólo para ella la anonadó, perturbándola. Eran un lienzo de colores que Merlín le había regalado con toda la piedad de la que era posible, porque él sabía que sin él, su vida sería totalmente inútil. Así que cuando escuchó eso, no pudo menos que negar con la cabeza suavemente.

- Nada puede pasarte, porque si algo te pasa, es como que si me arrancaran un pedazo de corazón – le confesó, y él sonrió ante la sinceridad de su novia, futura esposa. Miró aquellos anillos de madera blanca, muy brillantes, pulidos por él mismo (en un ritual mágico que detestaba, pero que bien valía la pena) que llevaban en los dedos anulares, y su sonrisa se hizo más amplia. Vaya que la amaba.

- Promételo y te dejo dormir – le dijo con picardía, al tiempo que besaba su cuello. Ella gimió y fue como si encendieran algo en el cuerpo del pelirrojo, pero se controló. – Por favor – le suplicó, al tiempo que acariciaba sus labios con los dedos. Era increíble lo delicado que podía llegar a ser esa mole de torpeza andante.

- Vale. Tú prométeme que jamás me dejarás sola, jamás. – Pidió ella, y como respuesta obtuvo un beso dulce, tierno, que provocó la mar de sensaciones en ella, mostrándole que en su cuerpo las neuronas eran tan solo magas… el resto, instinto.

& Fin Flash Back &

No era necesario contártelo, pensé que lo tenía bajo control – le dijo con la voz quebrada. Los nudillos de su mano derecha estaban sangrando, de tanto golpear el final de ese callejón. – No sé… no sé porqué me confié – negaba una y otra vez, mientras que Hermione no sabía si confortarlo o golpearlo, aunque suponía que para él era más difícil. Smith se sacudía compulsivamente, pero bastó una patada de Harry para que se quedara quieto, probablemente inconsciente.

Te exijo que me pongas al día, Harry Potter. A mierda me puede saber el que ya no seamos el trío mágico que hechizaba a la comunidad mágica a saber Merlín porqué demonios. Vamos a encontrarla… necesitamos encontrarla, lo entiendes? – le preguntó, con los ojos acuosos. Harry se sintió más culpable, y sólo asintió con la cabeza, esquivando la mirada de su amiga.

Pero tienes que explicarme algo a cambio, Herms – se anticipó él. Le pareció la mar de justo preguntarle algo que le había estado rondando la cabeza desde que uno de los aurores directamente dependientes de él, se lo había dicho.

Qué cosa? – devolvió ella, guardando la varita y viendo alrededor, a ver si a esos malditos mortífagos se les había escapado algo que pudiera guiarlos a Ginny. En uno de los bolsillos del mortífago desmayado brillaba algo, quizá útil, apartando la confesión que le sacarían.

No es cierto que te haces pasar por una mujer para acercarte a Malfoy, cierto? – fue directo al grano, y la cara de terror que puso la castaña resultó mucho más efectiva que cualquier respuesta – Es un mortífago! Mató a Ron! En qué demonios estás pensando?! – no pudo evitar cogerla por los hombros y sacudirla a medias. Ella frunció el entrecejo y lo miró con rabia.

Nadie hace nada con él, parece que le tienen miedo. Y no voy a descansar hasta verlo muerto o pudriéndose en Azkaban, Harry. Te lo dije el día en que me arrancó el corazón del pecho y sólo dejó este maldito sentimiento de ira en mí. Ahora, suéltame por favor, sé que esconde algo, algo de lo que no hablaría con nadie, salvo con esa mujer en la que me escondo, así que más que todos los que quieren inculparlo en algo, he hecho, y no te atrevas a negarlo ni a pedirme que pare, porque no lo haré, te lo entregaré en bandeja de plata y tu verás qué le haces. – Harry sintió que lava caliente le corría por los dedos gracias a la mirada de Hermione, implacable, así que lo hizo – Vámonos, creo que encontré algo. Accio reloj – le pidió a la varita, y un reloj de cobre, muy viejo, se posó en sus manos. Notaba aquel palillo de madera muy pobre, para nada comparable con su fiel varita, así que se lamentó internamente – Es hora de volver a la acción y encontrar a Ginny, por tu bien y por el mío propio – Sentenció. Al niño que vivió sólo le quedó seguirla, decidido a convencerla que cesara en aquel juego maquiavélico que tenía con Malfoy. Lo menos que deseo es que te mate a ti también… porqué demonios no lo comprendía?

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Qué haces aquí con ella? No te dije claramente que la dejases en un lugar visible? No quiero tener que asesinarla con mis propias manos, me da asco! – Un hombre encapuchado golpeó severamente a aquél que traía en brazos a una pelirroja, logrando que ésta cayera.

No es ella, Lestrange, no es ella. Es Bulstrode, mírale el rostro! – se acercó a la mujer y le dio la vuelta. La cabellera perdía copiosamente aquél tono rojizo, pasando a uno rubio claro, dejando a la vista a una mujer algo gorda que sangraba por las orejas. La mancha negra que adornaba su frente había desaparecido, dejando lugar a una pequeña cicatriz que parecía una cinta. Sus ojos estaban desorbitados, pero parecía no poder hablar.

A qué demonios me juegas, McGonen? – inquirió el hombre con voz de mujer. Su vista parecía tomada por la locura, pero su posición y pulsos eran firmes, así como sus objetivos.

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Bueno =) un cap. más, a ver si va tomando forma XD. Si alguien me lee, gracias por hacerlo ;)