Hibarin y el gato enamorado.
Hibari observó el atardecer descender dando paso a la oscuridad, refugiado en un árbol cercano. Los demás herbívoros se encontraban con Tsunayoshi, comiendo alrededor de una fogata. Hayato, al igual que los días anteriores, estaba lo suficientemente cerca del cazador, pero sin llegar a rozarlo. El vampiro se miró sus manitas regordetas, intentando de nuevo sentir la tranquilidad que le dio Uni al momento de tomarla, sobraba decir que era imposible. Cada día, cada hora y cada minuto se sentía más y más inquieto, lejos de estar enamorando a Hayato cada día lo alejaba por completo de él.
Ya no había necedad de estar con los herbívoros Vongola. Uni contestó todas sus preguntas con una sencilla oración, y pese a que, él se esforzó a su manera en intentar que no fuera de nuevo el mismo destino que en su vida pasada, no podía por la sencilla razón de que el Gato Gokudera no estaba enamorado de él, sino de Tsunayoshi. Que bien, en su vida pasada era casi lo mismo, mostrando esa devoción por él, sin embargo, Gokudera Hayato no estaba enamorado del Décimo, Hibari se había encargado de hacerlo suyo primero.
—Amo Hibarin, tengo esto para usted. —dijo zombie Kusakabe al acercarse a él con dos botellas de sangre. Él le negó la mirada, evitándolas. La sangre le sabía muy bien, solo que no estaba de humor para tomarla. —Debe comer algo, ha estado muy pálido estos días.
— ¿Quieres que te muerda? —gruño Hibarin, asustando al zombie.
— ¡Solo se esta preocupando por ti, bastardo! —se quejó Hayato, alzando su puñito y frunciendo el entrecejo. — ¡Dale un respiro!
—Vamos, vamos, dejemos a Hibarin en paz. —intentó calmar Tsuna con sus regordetas manos. Su mirada fugazmente se encontró con la de Hibarin, mandándole un escalofrío por la espalda. —No quiero que me muerda hasta la muerte. —pensó.
—Pero Decimo, el zombie ha estado haciendo todo el trabajo que debería hacer él. —bufó jugando con los huesos de su pescado. —Debería al menos darle las gracias.
—A los zombies no nos importa hahaha—rio el cerebro de Yamamoto, con su propio pescado. —Ya estamos muertos así que no sentimos desgastes físicos.
Hibari sintió el aura negra comenzar a recorrerlo. Él no era ningún inútil, solo que odiaba hacer cosas de herbívoros como ellos. ¿Para qué cazar su propio alimento si tenía lacayos que podían hacerlo por él?
—Creo que sería buen momento para comenzar a callarse. —objetó Rebojji, mirando el aura de Hibarin. —Los morderán hasta la muerte.
— ¡Hiiiiiiiii!
— ¡Qué lo intente! —retó el gato.
—Hahahahaha.
—¡No creo que sea el momento para reírse! —pensó Tsuna poniendo los ojos en blanco. Takeshi zombie estaba tan despreocupado que lo ponía de nervios.
Hayato miró a Hibarin con furia, era al único que no le quitaba la mirada de encima y lo ponía de malas. ¿Acaso el hechizo del universo estaba funcionando? ¿Estaría enamorado el vampiro de él? ¡No, no, no, imposible! A pesar de las medidas que estaban tomando, el vampiro apenas y mostraba interés por él o por el Decimo Vongola. Era tan indiferente con todos que lo mismo vendría siendo si estaba o no con ellos.
— ¡Qué me ves! —reprochó echándole bronca.
—Serás el primero al que muerda. —dijo Hibarin, sacando sus tonfas y yendo directo a ellos.
Los herbívoros últimamente se tomaban muchas libertades con los carnívoros y eso es algo que, en cualquier mundo, Hibari Kyoya no permitiría.
Después de darles su merecida golpiza, incluyendo a Kusakabe y exceptuando al Rebojji, todos se quedaron en silencio, sobándose las heridas. Hibari les daba la espalda, limpiando sus tonfas con la orilla de su capa. Gatodera seguía soltando maldiciones por lo bajo, muy, muy por debajo; aunque lo odiara y quisiera devolverle cada golpe, sabía que no podía ganar contra el vampiro.
Sin ninguna otra palabra, Hibari saltó al árbol más alto y se estaciono ahí, observando la luna.
Hayato seguía lamiéndose las heridas, y cuando Tsuna le dijo que no para hacer lo mismo con las suyas, decidió irse un poco más allá. La luna estaba hermosa esa noche, a él le encantaba, contemplarla y maullarle. Y así lo hizo por un largo rato, incluso cuando la fogata fue apagada, mientras todos dormían. Kyoya lo miró desde su lugar, sentado en la rama, con los brazos cruzados.
Sin pensarlo mucho fue a dar a su lado, interrumpiendo otro maullido. El hombre gato se puso de malas casi de inmediato, aún le dolían las heridas.
— ¿Qué mierda quieres?
Hibarin se regaño mentalmente, debía ser un completo imbécil para seguirse lastimando con esto.
—Estoy enamorado de ti. —confesó sin despegar los ojos de la luna, aunque anhelaba ver la reacción de Hayato, pero sabía que esa reacción no le pertenecía, que ese Hayato no era suyo.
— ¿Q-Q-Q-QUÉ? —tartamudeó completamente rojo.
—Yo no soy el vampiro que ustedes estaban buscando. —siguió sin prestarle atención a su reacción. —Es decir, puede que lo parezca, pero en realidad no pertenezco aquí.
—No entiendo ni una mierda de lo que me dices. —Hayato se tapo sus ojos con sus patitas. —P-pero si me quieres jugar una broma, esta no es buena.
—En mi mundo, tu y yo estábamos juntos. —sonrió melancólico.
—Basta, ¡no es gracioso!
Hibarin se volteó a Hayato, y este pudo contemplar con sorpresa que él no estaba bromeando, sus ojos que ahora se iluminaban mucho más con la enorme luna blanca, reflejaban una tristeza mezclada con un pequeño enojo por sus suposiciones. El hombre gato cerró la boca en una delgada línea, agachando su cabeza, reluciendo sus dos orejas.
—Y-Yo…
—Sé que no estamos destinados en este mundo, y al parecer, en ninguno otro. —Hibarin volvió la vista a la luna, conteniendo un suspiro. Le dolían mucho esas palabras. —En este mundo tu estas enamorado de Tsunayoshi…
— ¡E-Es mentira!
—Y el del cual provengo, no fui capaz de protegerte. —lo ignoró, no queriendo concentrarse en sus propias palabras. —Sin embargo, hombre gato, puedo cambiarlo.
— ¿Qué quieres decir? —Hayato alzó una ceja, sin borrar el sonrojo de sus mejillas.
—Tócame.
— ¿QUÉ?
—Si lo haces podré desaparecer y entonces posiblemente renazca en un mundo donde sea mucho más fuerte para protegerte. —dijo, girándose otra vez a él. Azul y verde chocaron, formando una conexión casi mágica. —O en uno donde no sea capaz de encontrarte.
Hayato notó una chispa de dolor cruzar las facciones de Hibari, como si aquella última idea fuera la peor de todas en el mundo. Como si con el simple hecho de no estar con él, no valiera la pena volver a nacer. Se volvió a sonrojar, esta vez mucho más, sintiendo una fuerte presión en el corazón. ¿Cómo un ser con tan pocas expresiones podía decir tanto en solo una?
Luego de unos segundos pudo captar lo que le estaba pidiendo.
— ¡Qué, no! —gritó sorprendiendo al mismo Hibari. — ¡Si te toco desaparecerás de este mundo! ¡Sería como matarte!
—Tienes que hacerlo. —comentó Hibarin. —Es la única forma.
—No lo es. —balbuceó Gatodera, retrocediendo. —Dijiste que querías ir a ver a una tal Uni… ella puede tener la solución.
—Su solución fue alejarme por completo de ti. —se quejó el vampiro al recordar sus palabras. —No voy a tomar esa opción.
— ¿Cómo lo sabes…?
—Ella vino a visitarme una de estas noches. —explicó seco. —La única forma es esta, hombre gato, así que, si tu no me tocas, yo lo haré.
—Sé que piensas que te odio, pero solo me desagradas, es decir… tú… no puedo. —se talló el brazo, renegándole la mirada al vampiro. —Eres un aliado del Décimo.
Hibari se sintió como en el fondo del mar al escuchar sus palabras. Definitivamente cambiaría ese mundo, definitivamente tomaría la mano de Gokudera Hayato.
En cuanto lo sintió cerca Gatodera retrocedió, alarmado, Hibarin intentaba ponerle una mano en la cara.
—Dije que no.
—Duele mucho estar aquí. —confesó Hibari, sin bajar su pequeña manita regordeta. Hayato entreabrió la boca, dejando caer un par de lágrimas que no pudo explicar por mucho que lo intento.
Tal vez el Decimo lo odiará después de eso, por matar a alguien que también era su aliado, pero por ahora, simplemente dejó que la mano de Hibarin lo tocara.
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Despertó torpemente, escuchando la alarma pitar a todo lo que daba. Miró a sus alrededores, sobándose la cabeza, sus dedos ya no se sentían como bolitas de grasa, eran largos y esbeltos, y podía revolverse sus cabellos con ellos. Extrañado se tocó los colmillos, estos eran de un tamaño normal, no demasiado grandes. Fue entonces que se paró de inmediato, mareándose un poco en el proceso. El espejo que tenía en la habitación le respondió todas las dudas que tenía respecto a su cuerpo.
Era otro día más en Nanimori, y por alguna extraña razón, él era de nuevo Hibari Kyoya.
N/A: No me he olvidado del Fanfic, simplemente he estado viendo videos de Youtube (jajaja mala excusa). Pero los quiero :'3 y apreció su amor a mi fanfic.
Con cariño,
MimiChibi-Diethel.
