Saludos cx

Paso a dejar otro capítulo. En este los personajes se enfrentan a uno de mis digimon favoritos. Los que conozcan el comic Dragon Hunter notarán que el rival de este nivel es un calco del digimon de Slayerdramon ;) Ojalá les guste y me dejen sus reviews~ Como siempre, pueden ver imágenes del capítulo en mi blog.


Welcome to the Digital World Simulator

You've chosen level 4

Your oponent is: Arresterdramon, guardian of the Nature Spirits Shield

GO!

— ¿Segura que no quieres que te acompañe, tamer?—preguntó el pequeño dragón, mirando a su emocionada compañera lista para entrar en el gigantesco simulador virtual.

— ¡No pasa nada!—dijo ella con una gran sonrisa—Vritramon es un digimon muy caballeroso y se portó muy bien conmigo en el otro nivel, y eso que éramos rivales. No habrá problemas, estoy segura.

Ryudamon entornó los ojos y asintió.

—Eso espero. Te deseo suerte—dijo, sonriéndole para despedirse.

Ella le sonrió de vuelta y le agradeció.

Pocos segundos después, la imagen de la peli azul se dibujaba en una amplia calle completamente desierta, al tiempo que la data de su nuevo acompañante se cargaba a su lado. El dragón de casid dos metros, alas de fuego y mirada penetrante se volvió a ver a quien sería su tamer adoptiva durante el cuarto nivel del Digital World Simulator. Nieves lo miró hacia arriba y sonrió.

—Hola, Vritramon.

No dio su nombre esta vez, pues ahora sabía que los digimon conocían su información y presentarse estaba demás. El aludido se dobló un poco apoyándose con una mano en la rodilla y estirando la otra hacia la joven. Sonrió amablemente y respondió:

—Saludos, tamer Katsukagi: me alegra que me eligieras para acompañarte en esta partida.

La chica se cohibió un poco, tanto por el aire imponente y aplastante de Vritramon, como por su marcada —hasta tal vez exagerada— cortesía. Le dio la mano sintiendo sus fuertes garras de acero capaces de romperle la suya propia si lo deseaba.

—S-solo dime Nieves…—pidió, sonriendo nerviosamente.

El dragón asintió y se irguió nuevamente.

—De acuerdo, Nieves.

Ambos personajes se volvieron y la peli azul observó el escenario en el que se encontraban: difería por entero a cualquier otro lugar que hubiera visto en sus anteriores simulaciones. Se trataba nada menos que de una ciudad muy anticuada, ambientada en los años setenta u ochenta. Podía ver grandes carteles de neón anunciando hoteles, restaurantes, gasolineras entre otros sitios, apagados por ahora debido a que el horario era pasado el mediodía. Los autos eran reliquias cuadradas y una música ochentera se escuchaba sonando en algún viejo radio.

—Cielos…—dijo ella impresionada por el lugar, o tal vez por el hecho de que identificaba la canción de Wake me up before you go-go.

—En este nivel hay muchos digimon del nivel ultra—anunció Vritramon, mirándola hacia abajo—: espero que hayas traído suficiente arsenal contigo.

La chica volvió la cabeza y asintió.

— ¡Sí, claro! Ryudamon me dijo que tienes una evolución espectacular, y tenía muchas ganas de verla en acción. Así que traje esto—dijo, enseñando la carta de Super Evolution Plug-in S—, entre otras cosas.

El digimon pareció sonreír con sus ojos.

—Vayamos allá entonces.

Así que echaron a caminar.

Nieves solo sabía que su siguiente oponente, el guardián del cuarto escudo se ubicaba al sur de la ciudad, pero dado su pésimo sentido de la orientación sacó el D-arc para guiarse, aunque no resultaba del todo necesario. Su acompañante sabía cómo llegar al otro extremo del lugar, así que fue indicándole el camino de aquella localidad que lucía aparentemente desierta. La radio seguía sonando a lo lejos, cambiando de canción en canción. Cyndi Lauper cantaba Girls just wanna have fun cuando Nieves preguntó varias cosas a su camarada adoptivo.

—Explícame una cosa, Vritramon—pidió—. De acuerdo a lo que hablaron Shawujinmon y tú en el anterior nivel, deduzco que los guardianes de los símbolos se conocen entre sí.

—Así es. Somos cuatro guardianes por cada escudo, pero aparecemos de forma aleatoria para cada jugador. Todos nos conocemos, y hay varios que son amigos entre ellos. Otros, por supuesto, no se llevan nada de bien—dijo, encogiéndose de hombros—, pero igualmente todos tenemos la misma meta.

— ¿Evitar que los jugadores consigan los escudos?

—Desde una perspectiva, sí, pero el Digital World Simulator también es una herramienta muy útil, como probablemente has comprobado—dijo el dragón, mirándola.

—Sí: he podido practicar con muchas digi cartas que aún no puedo adquirir—dijo la chica, sacando una carta de su bolsillo— y probar varias combinaciones diferentes. Cuando pueda comprarlas ya sabré cómo usar varias de ellas en diferentes ocasiones.

—Precisamente. Además de eso has podido estudiar distintos oponentes con sus diversas habilidades, y también sacar provecho de sus desventajas, luchar en distintos terrenos, planear nuevas estrategias. Muchos tamers de File y la otras regiones lo ven como un mero pasatiempo, pero la verdad es que el simulador se hizo pensando en varias posibilidades muy útiles.

La joven tuvo que darle la razón.

— ¿Los guardianes pueden evolucionar por su propia cuenta?—siguió preguntando—Es que Shawujinmon lo hizo.

—La mayoría lo hace, no recuerdo ahora mismo ninguno sin esa capacidad, aunque no todos optan por hacerlo.

— ¿Por qué no?

—Porque significaría dificultarle al tamer las cosas más de la cuenta. Tampoco es nuestra intención hacerles imposible o casi imposible la obtención del escudo, pero cuando estimamos que tienen suficiente potencial o son realmente buenos, entonces ejercemos más presión. Hay casos que solo son muy testarudos y no les gusta perder…

Nieves rió levemente al comprender que se refería al digimon marino. La conversación se interrumpió cuando escucharon sirenas acercándose, y no precisamente esas con cola que nadan en el mar.

Los dos personajes se detuvieron en cuanto tres motocicletas bicolores aparecieron desde atrás, les adelantaron y les bloquearon el camino. Los vehículos eran bastante más modernos en comparación al escenario, y flotaban a varios centímetros por sobre el suelo, deslizándose sin emitir el menor sonido. Sus sirenas sin embargo, se podían escuchar desde muy lejos. Los tres patrulleros observaron a los aparecidos en silencio, y el tercero de ellos se irguió enteramente sentado sobre su máquina. Nieves nunca había visto policías como aquellos y la verdad es que el tipo de digimon tampoco, pero le pareció que tenían un estilo de lo más interesante. Por no ser digimon de aspecto siniestro, de altura promedio y ser obviamente policías, la chica no se asustó como le pasaba con cada nuevo monstruo digital que conocía.

—Ustedes—dijo el Gokuwmon que lideraba al trío—el paso al sector sur no está permitido.

— ¿Eh?—soltó la tamer con incredulidad— ¿Por qué no?

—Está tomado por la banda de mafiosos más peligrosa de la ciudad. La policía lo tiene cercado y no permite la entrada ni la salida de nadie al lugar, así que den la vuelta y regresen.

Nieves abrió ligeramente la boca por la impresión. ¿Una banda de mafiosos? No sonaba bien. Se volvió a ver a Vritramon, quien con sus ojos puestos en ella esperaba su decisión. Naturalmente él sabía de aquello, pero igual prefería ver si la chica tenía las agallas para tomar la determinación de pasar o no. La joven apretó los labios y luego preguntó:

— ¿Tenemos que sacarlos, verdad?

El otro asintió en silencio con la cabeza.

La peli azul se volvió a ver a los digimon que les bloqueaban el paso. ¡Eran policías! Ella no era del tipo que se enfrentaba a la ley…tragó saliva y cerró con fuerza los puños.

— ¡Déjennos pasar!—pidió— ¡Tenemos que llegar con el guardián!

El primero de los oficiales frunció el ceño, desmontó y sacó una barra dorada de tal vez medio metro que colgaba de un compartimiento en su motocicleta. La movió ligeramente en su mano y la vara se extendió hasta alcanzar un largo considerable.

—Por última vez—repitió Gokuwmon—retírense: el sector sur de la ciudad es zona de riesgo.

—Responderemos por nosotros mismos—dijo Nieves.

—No estaba dando una sugerencia—replicó el digimon, poniéndose en guardia.

Los otros dos atrás apagaron sus vehículos a su vez, desmontaron e imitaron al primero, armándose con aquellas varas. Nieves se puso ligeramente tensa, pero imaginó que acabaría así de todos modos.

—Vritramon—llamó, mirando al digimon por sobre el hombro.

Este respondió silenciosamente y saliendo adelante para encarar a los policías que les impedían continuar. La chica rápidamente se llevó la mano al bolsillo y consultó la información en su D-arc sobre el digimon nuevo.

Gokuwmon. Nivel ultra. Virus. Es un excelente luchador de artes marciales y mágicas. Utiliza la vara extensible Nyoikinkobou para realizar la mayoría de sus ataques.

— ¿Extensible…?—se preguntó Nieves. ¿Qué tan extensible podía ser?

Lo descubrió dentro de poco, después de que los tres digimon rodearan al dragón y el primero de ellos apuntara con su vara dorada a Vritramon. El báculo se extendió como por arte de magia a gran velocidad y fue a impactar directo contra la cara del otro. Vritramon levantó su mano y movió la vara a un lado justo antes del impacto, sosteniéndola entre sus fuertes garras. El segundo Gokuwmon hizo lo mismo y el dragón se movió hacia atrás para evitar el golpe, pero al tercer movimiento debió quitarse de su sitio y hacer espacio entre sus rivales.

Los policías volvieron a atacar con los Nyoikinkobou. Vritramon se encendió como una gran estrella de fuego y repelió los ataques, soltando un rugido que alimentó el fuego y obligó a los otros a retroceder para no ser alcanzados por las llamas. Rápidamente, el dragón se giró hacia el primero de ellos y apuntó con sus Rudri Tarpana.

— ¡Corona Blaster!

El Gokuwmon recibió de lleno el impacto y se cubrió. Los otros dos saltaron sobre sus báculos y moviéndose a gran velocidad, cayeron sobre Vritramon en una veintena de golpes sobre su espalda que le hicieron caer.

— ¡Vritramon!—llamó la chica.

Sacó su puñado de cartas y buscó la que necesitaba. Aguardó hasta que el digimon estuvo en pie listo para contraatacar.

— ¡Volcano Blaze!

Vritramon levantó los brazos y disparó a toda potencia contra el trío de digimon, dispersándolos pero siguiéndolos a todos lados con sus cañones para no darles tiempo de intentar nada. Las balas de fuego eran ahora más grandes e intensas, y dejaban pequeños agujeros en el asfalto. Buscó incansablemente al Gokuwmon que estaba debilitado, ubicándolo y pulverizándolo bajo una lluvia de disparos hirvientes como lava que llovía. Solo le quedaron dos.

El digimon se detuvo de disparar y humo salió de sus cañones hirvientes. Sus oponentes no retrocedieron y golpearon con sus varas en el suelo. Estas se estiraron largamente hasta alcanzar el cielo, el que se tiñó de color oscuro alrededor de los báculos. Nieves observó extrañada esto que ocurría.

— ¿Qué es eso?—preguntó.

De un momento a otro, los Gokuwmon recibieron un impacto eléctrico desde el cielo, asustando a la chica ante ese inesperado suceso y el potente ruido de la energía bajando. Los digimon acumularon la electricidad en sus puños y la lanzaron contra Vritramon.

— ¡Shippūjinraigeki!

El dragón se cubrió y recibió de lleno el ataque, rugiendo al sentir su cuerpo sacudido por las fuertes descargas. Nieves soltó una exclamación al no haber reaccionado a tiempo y protegido al digimon. En cuanto la electricidad se terminó, Vritramon cayó sobre una rodilla muy cansado y respirando con dificultad. Le temblaban las manos y pequeños chispazos le recorrían el cuerpo.

— ¡Vritramon!—dijo la chica con un tono apenado— ¡Lo lamento, me descuidé!

—No te disculpes, tamer Nieves—replicó el aludido, esforzándose para controlar los temblores—, solo sigamos adelante.

La joven asintió y su camarada se puso en pie con un quejido. La carta Volcano Blaze se terminaría dentro de poco, por lo que Vritramon aprovechó los últimos segundos y disparó con su Corona Blaster contra los rivales. Estos volvieron a separarse e intentaron rodear al digimon para atacarle de nuevo. Vritramon los siguió y perdió a uno de vista. Imaginó que vendría por su espalda pero ya tenía al otro casi acorralado. Finalmente el digimon blanco cayó sobre la lluvia de fuego que el dragón descargó sobre él, y mientras éste desaparecía convertido en polvo de datos, Vritramon escuchó:

— ¡Detrás de ti!

El digimon se giró rápidamente y batió sus alas liberando un remolino de fuego que impactó de lleno en el Gokuwmon que casi le cayó encima con el Nyoikinkobou soltando chispas. Un golpe así en la nuca lo hubiera noqueado de seguro. El digimon de negro vio el remolino venir hacia él y supo que no alcanzaría a su enemigo, por lo que arrojó el báculo a modo de lanza contra Vritramon y él recibió el impacto flamígero, saliendo despedido metros hacia atrás y con terribles quemaduras.

Por su lado, el Nyoikinkobou chocó directamente en el hombro del digimon dragón, liberando la última descarga que le quedaba y electrificando al otro. Vritramon soltó un rugido y cayó de nuevo sobre su rodilla y ambas manos. La vara dorada cayó al suelo a su lado.

— ¿Estás bien?—exclamó Nieves.

Hizo ademán de acercarse, pero su compañero adoptivo estiró una mano deteniéndola. Su cuerpo liberó varios haces electrificados que hubieran lastimado a la chica. La tamer se giró al escuchar un ruido a sus espaldas, y ahogó una exclamación al ver que el Gokuwmon seguía en pie y estaba a un lado de la motocicleta. Le hubiera venido bien que la tomara y se hubiera ido, pero no contaba con tanta suerte.

—A todas las unidades—dijo el oficial al intercomunicador del vehículo—tenemos un rebelde en el área limítrofe del sector sur. Se solicitan refuerzos.

Nieves sintió un horrible escalofrío de escuchar esa palabra. Menos de un minuto tardaron en comenzar a escucharse más sirenas acercándose al lugar. Vritramon se puso en pie y sacudió sus miembros aún algo paralizados a causa del último ataque. Nieves se volvió hacia él con evidente pánico ante el giro que tomaban las cosas.

— ¿Qué vamos a hacer?—preguntó ella, saltando ligeramente por la urgencia que impregnaban las sirenas.

—Eso tienes que decidirlo tú, tamer—respondió el dragón desde arriba, un tanto divertido por la expresión de la chica—. Si quieres que los enfrente, no dudaré en hacerte caso. Si quieres que nos retiremos…

La peli azul se mordió un dedo y miró en rededor, tratando de pensar: no era esa la respuesta que hubiera querido escuchar por parte de su camarada. Usualmente Ryudamon le decía qué debían o podían hacer y ella solo decía "sí" o "no". Vritramon le dejaba el trabajo de pensar y decidir a ella, lo que la ponía bajo bastante presión. Las alarmas acercándose no le ayudaban para nada. Se agarró la cabeza a dos manos tratando de decidir; luego se llevó la mano al bolsillo y revisó lo que tenía. Dio un respingo al escuchar los frenazos seguidos de varias motocicletas, y al levantar la mirada, pudo ver como cinco, siete, nueve vehículos bicolores se alinearon a espaldas de ellos, bloqueándoles la salida por la calle trasera. Los oficiales, todos ellos iguales, desmontaron y sacaron sus varas listos para reducir a los "antisociales".

Nieves sentía deseos de llorar. Desvió los ojos hacia su compañero, quien aguardaba tranquilamente la resolución de la chica meneando su larga cola.

— ¿Estás cansado?—preguntó ella.

—Sí, mucho—replicó el digimon—, pero ya sabes cómo somos los de nuestra especie—dijo, con cierto orgullo.

— ¿Entre más fuerte el enemigo, más fieramente luchas?—preguntó la joven, a lo que el otro asintió.

La muchacha volvió a mirar sus cartas y tragó saliva. Eran nueve digimon del nivel ultra, y aunque evolucionase a Vritramon, no estaba segura de que su forma mega pudiera tan fácilmente contra todos ellos. En cualquier caso no le quedaba más que arriesgarse e intentarlo. Aunque escaparan y regresaran luego, los Gokuwmon probablemente los estarían esperando, así que aquello quedaba descartado.

— ¡Bueno!—dijo, tratando de darse valor— ¡Hagamos algo kamikaze!

El otro le siguió en su arrebato de emoción y se preparó. Nieves cogió tres cartas y las pasó en orden por su D-arc.

— ¡Stamina Seed!

Las heridas y el cansancio en Vritramon se redujeron un poco y el digimon encendió con más fuerza sus alas. Nieves pasó rápidamente las dos siguientes cartas.

— ¡Super Evolution Plug-in S! ¡Volcano Blaze!

Vritramon soltó un fuerte y largo rugido al tiempo que su cuerpo brillaba y él cambiaba de forma. Su aspecto de dragón pasó a uno similar al de un caballero recubierto en una flameante armadura carmesí que portaba una larga hoja centelleante. Los Gokuwmon a su alrededor retrocedieron por un instante al ver al nuevo oponente, pero rápidamente retomaron sus posiciones. KaiserGreymon movió su espada en el aire como quien mueve un simple palillo. Sus energías incrementaron gracias a la segunda carta, y dado que se sentía menos cansado, decidió utilizar su mejor técnica a su máxima potencia.

El digimon estiró su mano libre hacia la chica, quien sin comprender a qué venía aquello y de manera mecánica, estiró la suya y repentinamente se vio contra el digimon, sujeta con su brazo alrededor de su estómago. Ella soltó una leve exclamación de sorpresa e incredulidad.

— ¿Pero qué…?

—Tranquila—dijo el dragón levantando la Ryūgonken—solo no quiero que te lastimes.

"¡¿Que me qué?!"

— ¡Kuzuryūjin!

KaiserGreymon clavó la espada en el suelo de un fuerte movimiento. Lo siguiente que ocurrió dejó a Nieves alucinando durante un largo momento. Una potente ráfaga de energía calórica bajó desde el cuerpo del digimon hasta el arma enterrada; ella pudo sentirla. Dicha energía sacudió el piso y se diseminó en ocho líneas verticales alrededor de KaiserGreymon, las que se levantaron como si fueran serpientes enormes de fuego que se erguían. Una novena cabeza se levantó a los pies del dragón y ambos, el digimon y la chica, salieron despedidos metros hacia arriba mientras los nueve dragones salían cada uno buscando a uno de los enemigos que no pudieron hacer más que protegerse contra la potente técnica.

Las explosiones se sucedieron alrededor de los dos personajes liberando grandes ondas de choque y fuego. Nieves había soltado un grito y se había cubierto los ojos cuando habían salido disparados hacia arriba, pero al notar que no estaban cayendo se descubrió y vio los últimos efectos del poderoso Kuzuryūjin aniquilando a los oficiales.

Cuando todo estuvo tranquilo nuevamente y las serpientes de fuego desaparecieron, KaiserGreymon se quedó flotando en el aire con la joven bajo un brazo y ambos examinaron la situación: solo tres de los Gokuwmon quedaban en pie y estaban en terribles condiciones. La peli azul se quedó boquiabierta e incapaz de decir nada durante un largo momento, en lo que su camarada adoptivo aterrizaba y la dejaba a ella con cuidado con los pies en el suelo. Luego se volvió hacia los rivales que le quedaban.

—Les daré la oportunidad de que se marchen—dijo KaiserGreymon a los otros.

Los digimon se pusieron en pie con dificultad. Se miraron entre ellos y calcularon que tenían el juego en contra, por lo que optaron por tomar la oferta y retirarse. El Gokuwmon que les había llamado también tuvo que marcharse dada su mala condición, pero después de montar el vehículo y pasar junto a los dos personajes —con Nieves todavía en estado de shock— se volvió a verlos y dijo:

—No llegarán más lejos. Ellos los detendrán.

La joven reaccionó al escuchar la advertencia y siguió al policía con la mirada hasta que éste desapareció doblando una calle, siguiendo a su grupo. Miró de nuevo el suelo abierto a su alrededor y se giró a ver a KaiserGreymon. El digimon desvió la mirada hacia abajo a su vez.

—Eres muy poderoso…—alcanzó a decir ella.

El dragón sonrió con la mirada y guardó la espada en su espalda.

—Gracias, tamer Nieves. Aunque tú me ayudaste a que mi técnica fuera todavía más fuerte.

La chica sonrió levemente y guardó las digi cartas.

—Eso que dijo el policía… ¿a qué se refería?

—Verás—explicó el mayor—, el guardián de este nivel es nada menos que un gánster muy peligroso y que tiene una horda de mafiosos a su disposición. El sector sur de la ciudad es "su territorio".

— ¿E-en serio?—preguntó la joven, temiéndose lo peor. No imaginaba que el digimon estaría relacionado con esos maleantes.

—Así es. No será fácil llegar hasta él, así que debemos darnos prisa antes de que pierda mi digievolución. También él tiene secuaces de alto nivel, y si tuvimos problemas con los Gokuwmon, con sus sirvientes será todavía más complicado.

Nieves se alarmó de escuchar esta última parte. Lo que le sorprendía más que saber que había tantos enemigos fuertes en aquel nivel…era la tranquilidad con la que KaiserGreymon se tomaba las cosas. No sabía si era porque fuese muy valiente o confiado de sus habilidades, el caso es que ella parecía preocuparse por los dos. El digimon sugirió ir a vuelo para ahorrar tiempo y se ofreció amablemente a cargar a la chica. La peli azul lo observó estirarle la mano como hacían los caballeros, por lo que se avergonzó notoriamente y soltó:

— ¡Ya puedes dejar de hacer eso!

—… ¿Hacer qué?—preguntó el otro con incredulidad.

— ¡Eso!—chilló ella.

Se cubrió la cara con una mano y dejó que el digimon la sostuviera sobre su hombro acorazado. Luego levantó el vuelo y rápidamente se dirigió hacia la parte más alejada del sector sur. No tardarían mucho en encontrarse con su siguiente obstáculo en el camino.


El vuelo tranquilo alcanzó a durar menos de diez minutos. Sin que Nieves se percatara habían sido rápidamente detectados por los hombres del dueño de aquel nivel. KaiserGreymon sintió algo extraño que atrajo su atención al suelo, a varios metros por debajo de ellos, por lo que rápidamente sujetó a la chica con una mano y se desvió bruscamente hacia la derecha. Explosiones detonaron donde antes había estado el dúo, y la peli azul soltó un grito de susto ante el inesperado ataque.

— ¿Estás bien?—preguntó su compañero.

— ¿Qué fue eso?—preguntó ella a su vez, sujetándose fuertemente a su armadura y reponiéndose del susto.

Los dos miraron hacia abajo y los vieron: un grupo de tal vez quince digimon los esperaba…y no lucían amistosos. La muchacha tragó saliva de ver a tantos digimon y por un momento no se lo quiso creer.

— ¿Tenemos que enfrentarlos? ¿A todos ellos?

—Eso temo—replicó KaiserGreymon, aunque la verdad es que no lo lamentaba de nada.

— ¿No podemos evitarlos? ¿Seguir a vuelo hacia el guardián?

—Eso será imposible: la zona se reconfigurará una y otra vez devolviéndonos aquí, hasta que los venzamos.

"Rayos…"

Sin nada más que hacer, el dragón aterrizó a varios metros del grupo y dejó a su tamer adoptiva con cuidado en el suelo. La música de Smooth Criminal llegaba desde alguna parte, pero Nieves no pudo decir de dónde. Una vez estuvo más tranquila, la chica pudo tomar mejor nota de los digimon que los habían obligado a bajar para enfrentarlos: había del nivel adulto y ultra, de todos los tamaños y tipos. Nieves no conocía ni a la mitad de ellos, por lo que se sintió bastante perdida. Sin embargo, el digimon que estaba en medio de esta numerosa banda le pareció inconfundible, o eso creyó ella.

Alto, de traje elegante, chaqueta larga, una bufanda abierta sobre los hombros, equipado con una gran arma y un puro. Un mafioso a todas luces.

— ¡Ese es el guardián!—dijo ella, apuntando al Astamon.

—No—respondió su camarada, sonriendo levemente—, ese es su underboss o mano derecha. Hace todo el trabajo de su jefe: ArresterDramon solo toma decisiones y dicta las reglas.

Los ojos de Nieves se mojaron de vergüenza e indignación. Bajó la mirada mientras sus dedos se ponían como garfios.

"¡No he acertado ni una sola vez con el guardián en cuatro niveles!"

—KaiserGreymon; alias Vritramon—soltó el demonio más adelante con voz grave, llamando la atención del dúo—, el segundo guardián más popular según las encuestas.

—Qué bueno que las encuestas no mienten—replicó el dragón tranquilamente.

—Ja—replicó el otro, fingiéndose divertido. Dio una calada a su cigarro y exhaló—. Yo no participé de ellas. Armaron bastante ruido allá atrás.

—Gracias.

—El jefe me mandó a hacerlos callar, así que aquí estoy. Dice que no puede escuchar su maldita música con ustedes armando escándalo.

Nieves arqueó ligeramente una ceja de escucharlo. ¿Realmente solo los había enviado porque no lo dejaban escuchar música tranquilo? Si era así, ese tal ArresterDramon era muy poco tolerante con sus vecinos. De haberlos.

— ¡Ya saben, horda de babosos!—rugió Astamon al grupo que lo rodeaba— ¡Manden a estos tipos a dormir con los peces!

Los digimon respondieron con gritos y exclamaciones de guerra que tensaron un poco a la muchacha.

— ¿Estás lista, Nieves?—preguntó KaiserGreymon a su lado, sacando la espada de su espalda—Voy a necesitar de tu ayuda.

—Ehh…haré lo que pueda…creo…

El digimon rio levemente ante la peculiar respuesta. No era la que siempre obtenía de los otros jugadores, pero era algo nuevo para variar. Salió adelante y los primeros en encararle fueron digimon adultos: Greymon, Tyrannomon, Ogremon y otros. El dragón los aniquiló sin esfuerzo en cuestión de minutos, siendo mucho más rápido que ellos y bloqueando sus técnicas con una asombrosa facilidad. Nieves observó cómo el digimon pulverizaba a los otros solo con un movimiento de su espada.

—Montón de inútiles—masculló el demonio con el puro entre los dientes. Luego se dirigió a los que restaban—. ¡Vayan por él, gusanos! ¡Para eso les pagan!

Los digimon de nivel ultra salieron adelante y rodearon a KaiserGreymon. La peli azul pudo reconocer a algunos: Giromon, por el digimon que guardaba la fábrica en File. MetalEtemon por su parecido con Etemon, y WereGarurumon, por ser el compañero de Raisa. El Baalmon, SuperStarmon y Pumpmon escapaban por entero a su conocimiento.

KaiserGreymon se preparó para enfrentar a los seis rivales a la vez. Los observó de uno en uno, calculando cuáles podría sacarse primero y cuáles le costarían más. Giromon fue el primero en atacar con una granada de su mano.

— ¡Deadly Bomb!

El dragón desapareció de su sitio evitando la explosión y cayendo a espaldas de la calabaza. De un movimiento bastante crudo en opinión de la chica, el digimon atravesó al rival de arriba abajo por su gran cabeza anaranjada y lo convirtió en polvo de datos. Se giró y con su Ryūgonken contuvo las garras de WereGarurumon y de un sablazo fallido lo obligó a retroceder. SuperStarmon y MetalEtemon se le fueron encima con sus fuertes puños, forzando al dragón a protegerse y esquivar la lluvia de golpes.

— ¡Detrás de ti!—gritó Nieves, alertándolo.

El digimon se movió de su sitio y el Dashénbiān de Baalmon impactó contra la estrella dorada en un ataque que iba destinado al dragón. SuperStarmon retrocedió herido y soltó algunos tacos contra su "compañero". KaiserGreymon hizo espacio y se elevó lo suficiente para atacar:

— ¡Hikuzuryuujin!—rugió, al tiempo que una llamarada gigantesca envolvía su cuerpo y salía despedida convertida en un gran dragón de flamas hacia el trío de digimon abajo.

El ataque alcanzó de lleno al MetalEtemon y a SuperStarmon. Baalmon esquivó ágilmente de un salto evitando el impacto. En cuanto la explosión de fuego desapareció, la estrella lucía graves quemaduras pero su compañero estaba mucho peor: Nieves soltó una exclamación y se cubrió los ojos, mientras que los demás alrededor pusieron caras de notorio desagrado. El digimon metálico se había convertido en una masa líquida y plateada sobre el suelo al que todavía le quedaban ciertas formas que recordaban al simio.

KaiserGreymon no tuvo tiempo de sentirse mal por su oponente: Giromon apareció flotando rápidamente a su lado y estuvo por rebanarle la cabeza con su Chainsaw de no ser por una rápida reacción del dragón, quien lo bloqueó con su espada. WereGarurumon apareció de un fuerte salto a su espalda y le lanzó una patada que lo arrojó contra un edificio cercano, dejando su figura enmarcada en los ladrillos. Cuando hizo el esfuerzo para salir, Baalmon atacó desde abajo disparando una serie de afilados pergaminos oscuros que impactaron de lleno en el digimon y lo mantuvieron en su sitio recibiendo los golpes.

Nieves ahogó una exclamación y rápidamente sacó sus cartas para ver qué podía hacer. Miró la carta de Training Grips preguntándose qué había estado pensando cuando la eligió. Había tenido una idea en ese momento, era lo más seguro, pero ahora mismo no la podía recordar y la carta le resultaba inútil. Levantó la cabeza al escuchar una segunda explosión menor: su camarada adoptivo se había librado y deshecho de SuperStarmon con un segundo ataque de fuego que exterminó a la estrella dejando un agujero carbonizado en el suelo. El digimon lucía un poco cansado, pero se veía que aún podía controlar la situación. O eso le pareció.

"Realmente es un digimon muy fuerte"—pensó la chica, tragando saliva—"No me sorprende que esté segundo en las encuestas hechas a los jugadores."

La pelea continuó contra Baalmon y Giromon, quienes alternaban sus ataques para intentar derribar a su oponente. KaiserGreymon se las arreglaba para bloquear la motosierra del digimon pequeño y lanzar dragones de fuego contra los ataques de Baalmon, pero no tenía suficiente tiempo para lanzar un contraataque. Nieves vio abajo al WereGarurumon que observaba a los otros luchando arriba, buscando el momento preciso para hundir sus poderosas garras en la armadura del dragón y hacerlo pedazos. Ella rápidamente cambió de cartas y cogió una que pensó, le podría ayudar.

Cuando KaiserGreymon debió contener a la par la Chainsaw y el Dashénbiān con su espada en alto, el lobo abajo corrió y se dio el impulso para llegar hasta el dragón arriba. Nieves aprovechó el par de segundos para usar la carta y advertir al digimon:

— ¡Gírate, KaiserGreymon!

El digimon ni siquiera lo dudó. Se volvió tan rápido como le fue posible para ver al hombre-lobo a poco de golpearle; él levantó la espada envuelta en llamas y le impactó de lleno. Sus dos rivales atrás vieron la oportunidad perfecta para derribarlo, pero cuando fueron a atacarlo, el enorme Yin-Yang de la carta Hum los bloqueó por completo y los contuvo.

WereGarurumon cayó con violencia al suelo, herido y con quemaduras en el cuerpo. El digimon de rojo arriba le apuntó con el arma en ambas manos, cargó energía y disparó:

— ¡Enryūgeki!

El ataque causó una explosión de mayor magnitud que las anteriores, pulverizando a WereGarurumon, llenando la calle de humo y asfalto en trocitos que llovió alrededor. Arriba, el dragón agradeció con un gesto de su mano el apoyo de la chica, quien soltó un suspiro de alivio al ver que habían conseguido hacer la maniobra. Más allá, Astamon observaba asqueado la situación mientras masticaba el puro entre sus dientes. Al parecer le iba a tocar ensuciarse las manos otra vez.

Baalmon fue un poco más fácil de atrapar solo porque era grande: Giromon se escabullía con más facilidad de los golpes de espada del dragón. Durante una pelea cuerpo a cuerpo que mantuvo KaiserGreymon contra sus dos oponentes, el demonio intentó bloquear un espadazo del rival con su Dashénbiān, pero el otro impregnó la fuerza suficiente como para destruir el arma y alcanzar a Baalmon. El digimon desapareció convertido en polvo de datos, y solo la bola metálica quedó en el campo, aparte de Astamon metros más alejado. Giromon lucía muy cansado, y a pesar de que KaiserGreymon también lo estaba, la confianza que expresaba alcanzaba para intimidar al oponente quien ya había perdido sus ánimos de lucha. Los del dragón, por el contrario, seguían aumentando.

Nieves, en el lado opuesto del campo en el que se había convertido aquella calle llena de agujeros y destrozos, observaba en silencio y con el puño apretado por la tensión. A juzgar por cómo había manejado toda la batalla, no dudaba de que su compañero adoptivo pudiera enfrentar al robot flotante, y aparentemente Astamon tampoco. La muchacha ahogó una exclamación de sorpresa cuando una lluvia de balas cayó sobre un desprevenido Giromon, quien apenas alcanzó a soltar un grito sin comprender qué había pasado.

Muda por el asombro, la joven giró la cabeza para ver al agresor, lo mismo su compañero. Humo salía de la boca del Oro Salmón, la que Astamon dejó reposar a su lado mientras daba la última calada a su cigarro.

— ¡¿Por qué has hecho eso?!—rugió KaiserGreymon, sorprendido y notoriamente enfadado.

— ¿Te molestó?—preguntó el demonio, sonriendo con malicia y exhalando humo— ¿Fue porque te quité a tu oponente, o por alguna de esas babosadas del honor que profesan los de tu clase?

El aludido soltó un gruñido, conteniéndose. Nieves más allá, tragó saliva sin comprender a qué había venido aquel ataque traidor hacia su propio compañero. El digimon había estado luchando por los de su grupo, y aun así había sido aniquilado por su propio líder. Astamon pudo adivinar la confusión en el rostro compungido de la chica, por lo que arrojó el resto del puro al suelo y lo pisó con su bota.

—Ya no me era de ninguna utilidad—dijo, levantando su ametralladora—, es más, solo estaba alargando las cosas: hacía mucho estaba vencido.

— ¡Pudiste decirle que se marchara!—rugió el dragón.

—No lo creo, galán. Luchan o mueren: no les pagaban para retirarse.

Dijo esto tranquilamente mientras sacaba una cinta con balas del bolsillo de su chaqueta y la metía en el cargador. Lo cerró con un sencillo movimiento y hasta Nieves alcanzó a escuchar el "clic" de éste al cerrarse. El incongruente tema de Barbie Girl comenzó a sonar en alguna radio cercana y llenó el lugar con su contagioso ritmo. Nadie alcanzó a prestarle mucha atención.

— ¿Bailamos?—preguntó el demonio con sorna.

KaiserGreymon respondió a su desafío lanzándose con su espada encendida en llamas. Astamon levantó su ametralladora y dejó caer una lluvia de balas de gran calibre sobre el digimon, obligando al rival a protegerse con su propia arma en alto e intentar contener la mayor cantidad posible de daño. Encendió su cuerpo y liberó un dragón de fuego que salió despedido hacia el cielo y bajó luego a por Astamon.

El mafioso lo observó venir, esperó el momento adecuado para dar un fuerte salto y evitar que el dragón le cayera encima, chocando éste contra el suelo y liberando una gran cantidad de energía calórica. KaiserGreymon aprovechó la cortina de llamas para lanzarse directamente contra él y derribarlo con un fuerte golpe de su Ryūgonken. El demonio dio un giro sobre sí mismo evitando estrellarse contra el asfalto.

"Es bueno"—pensó la peli azul.

Astamon se levantó y sacudió su chaqueta. Masculló algo entre dientes y volvió a levantar la metralleta.

— ¡Come plomo, lagarto! ¡Hellfire!

Esta vez el digimon no intentó bloquear la técnica. Voló rápidamente y tomó altura, se rodeó en llamas y éstas tomaron la forma de los espíritus que llevaba dentro: alargado y fiero.

— ¡Hikuzuryuujin!

El dragón de fuego salió en dirección del rival, quien soltó un chasquido molesto: ¿Dos veces la misma técnica? Obviamente el otro se tramaba algo, pero por la celeridad del momento él no pudo dilucidar el qué. Volvió a esquivar el impacto, solo que esta vez KaiserGreymon redirigió al dragón de llamas antes de que chocara contra el suelo para que saliera detrás del demonio.

— ¡Infeliz!—rugió Astamon al ver la jugada.

Levantó la Oro Salmón y descargó toda la munición contra el monstruo flamígero que le perseguía, deshaciéndolo pero perdiendo de vista a su objetivo principal. Volvió la cabeza hacia su izquierda al escucharlo gritar:

— ¡Enryūgeki!

El disparo salido de la espada dio de lleno contra Astamon, quien soltó un rugido de dolor y fue rodeado en llamaradas. Nieves se cubrió ante la gran cantidad de energía que salió y al descubrirse nuevamente, se sorprendió de ver que el otro seguía en pie pero con serios daños. Le costó esfuerzo ponerse en pie. Su chaqueta se prendía en los bordes, por lo que el demonio se deshizo de ella de un movimiento y también de la bufanda, no sin antes extraer más balas para su arma. La joven pudo notar cómo KaiserGreymon lucía notoriamente cansado: estaba usando mucha energía y ya llevaban demasiados oponentes solo para un digimon.

"Debería retirarme."—Pensó ella, mordiéndose el labio—"Volver con más digimon para este nivel. No importa que sea el segundo favorito de los tamers por su gran fuerza: no es invencible."

— ¡KaiserGreymon!—llamó la chica.

El aludido se volvió a verla.

— ¡Retirémonos! ¡Intentémoslo de nuevo pero con más ayuda!

— ¿Qué?—exclamó él, sorprendiéndose.

Nieves pudo notar que la decisión había repercutido en el digimon: habían llegado muy lejos a punta de mucho esfuerzo, y para un digimon honorable y aguerrido como él, retirarse hería en su orgullo. Pero ella no podía exigirle tanto; no lo hacía con su propio digimon y tampoco se sentía capaz de hacerlo con KaiserGreymon.

Una leve risa llamó la atención de ambos y se volvieron a ver. Astamon reía entre dientes y se encogía de hombros.

—Anda, KaiserGreymon: sé un buen chico y obedece a tu camarada adoptiva.

El dragón volvió a gruñir, enfurecido por el talante del demonio. Muchos de sus compañeros guardianes del juego lo tildaban de sentimental por ser muy apegado a las decisiones de los jugadores que le tocaban como tamer, pero para él la lealtad era importante en todo momento, aunque solo se conocieran durante algunas horas. La decisión de Nieves no le gustaba de nada, y menos cuando su oponente se reía de él. Nunca antes le habían pedido que se retirara por lo que esto no le sentaba del todo bien. Sin embargo se recordó que él mantenía su obediencia a los jóvenes que le habían elegido para luchar, por lo que ahora no le quedaba más que callarse y aceptar.

Bajó la guardia y desvió la mirada. La peli azul tragó saliva, sintiéndose un poco mal de tener que obligar al otro a rendirse. La risa irónica de Astamon alcanzó incluso para irritarla a ella, quien raras veces prestaba demasiada atención a la mofa de los rivales, siempre concentrada en ayudar a su compañero.

—El gran KaiserGreymon rindiéndose por culpa de una niña asustada—siguió el otro, sacudiendo la cabeza y recargándose en el arma con la boca de ésta contra el suelo—, debe ser humillante, ¿verdad?

El aludido estuvo por gritarle que se callara, cuando sintió algo extraño en su cuerpo y éste comenzó a brillar. Dentro de pocos segundos había recuperado su forma como Vritramon a causa del cansancio y de haber cumplido su límite de evolución. Esto causó más risa en el demonio albino, quien sacó una caja del interior de su traje y sustrajo otro cigarro.

—No quieres ceder—dijo Nieves atrás a su camarada adoptivo— ¿verdad?

El otro se volvió a verla: lucía molesta y abochornada a causa de los comentarios de Astamon. Se imaginó lo difícil que sería para alguien orgulloso como el dragón o como su propio Ryudamon.

—La verdad es que no—replicó Vritramon con franqueza—, pero si es lo que vas a decidir…

La joven levantó la cabeza con un gesto raro en la mirada; uno que raras veces asomaba y que se podía contar con los dedos de una mano cada vez que había sido visto en sus ojos. Ryudamon lamentó habérselo perdido.

— ¡Ve por él!—exclamó ella con la voz llena de determinación.

Vritramon se sorprendió de verla cambiar repentinamente, pero asintió lleno de la convicción de la chica y la satisfacción de saber que continuaría peleando. Astamon más allá terminaba de guardar la caja en su bolsillo interior y tenía el cigarro entre los labios. Se sorprendió igualmente de escuchar la resolución de la niña miedosa y se quedó parado un momento en su sitio.

— ¿Qué has dicho?—exigió saber seriamente.

— ¿Te ofrezco fuego?—preguntó Vritramon a su vez, encendiendo intensamente sus alas y levantando sus garras.

Las Rudri Tarpana se ajustaron en sus brazos al tiempo que el demonio empujaba con su pie la punta de Oro Salmón y levantaba ésta de un enérgico movimiento.

— ¡Corona Blaster!

— ¡Hellfire!

Los ataques de los dos digimon chocaron y levantaron una gran explosión de fuego y llamas moradas a causa del Hellfire. Astamon retrocedió al tiempo que escuchaba a la chica a lo lejos decir:

— ¡Volcano Blaze!

"¡Esa carta de fuego!"—pensó el mafioso.

El siguiente ataque de Vritramon sería uno de dicho elemento, por lo que se preparó para eludir el golpe. Se llevó una terrible sorpresa al ver que el dragón salía de entre las llamas rojas y violetas que terminaban de apagarse, giraba sobre sí mismo y lo alcanzaba con su larga cola, golpeándolo y derribándolo contra el suelo. Al momento en el que se giraba para levantarse rápidamente, Astamon se vio aplastado con un pie del otro sobre el pecho y la Rudri Tarpana sobre su cara. Nieves cerró con fuerza los ojos.

Momentos después, los dos personajes observaban la calle finalmente vacía mientras el tema de You're the one that I want sonaba en alguna parte.

—No utilizaste la carta Volcano Blaze—comentó el digimon, mirando a su compañera con extrañeza.

—No. Creí que si la usaba demasiadas veces ibas a reventar—respondió ella sonriendo con ingenuidad.

—Pero le hiciste creer a Astamon que sí—siguió Vritramon, sonriendo a su vez.

Nieves asintió con la cabeza, aunque perdió el gesto de un momento a otro.

— ¿Fue algo deshonorable?—preguntó, temiéndose haber metido la pata con un digimon como ese.

El dragón desvió la mirada, contrariado pero divertido ante las salidas peculiares de la joven. Negó con la cabeza y sacudió levemente la cola.

—Digamos que fue un movimiento más bien táctico—prefirió decir.


Minutos más tarde y con el sol tiñendo de tonos anaranjados todo el escenario de la anticuada ciudad, los dos personajes se detuvieron al ver que el escudo verde de los Nature Spirits flotaba sobre un semáforo apagado en una calle sin vehículos.

El tema Hotel California llegaba desde alguna parte, de nuevo, Nieves no podía decir desde donde. La música había estado sonando desde que había llegado al nivel pero nunca había dado con el lugar específico desde donde salía. Flotando justo en medio de la calle, a varios metros sobre el suelo y con un tamaño lo suficientemente grande para que todos pudieran verlo, un reproductor anticuado señalaba los minutos y segundos del "track 125". No podía ser eso lo que reproducía la música, pues la canción actual estaba por el principio y el track 125 estaba a poco de terminar. Le resultó extraño.

La joven tamer miró alrededor y pudo verlo: el guardián del escudo. Arresterdramon ciertamente no tenía el aire de mafioso que tenía su underboss, pero aun así algo en él recordaba a una especie de criminal. Uno con estilo, pensó la chica. Estaba sentado en un pórtico viejo con la pintura descascarada. Tenía los ojos cerrados, y su cabeza y dedo índice se movían al ritmo de lo que estaba escuchando en sus grandes cascos amarillos. No parecía haber reparado en los recién llegados.

—Mira—dijo su compañero, indicándole con su garra.

La peli azul siguió su dirección y pudo ver a dos rookies en el otro lado de la acera; un Bearmon y un Kotemon. También tenían grandes auriculares de colores en sus orejas, estaban frente a frente y jugaban con sus Game Boy Color unidas por el Cable Link. Parecían totalmente ausentes de lo que ocurría a su alrededor.

—Son los protegidos de Arresterdramon—explicó Vritramon a la joven—. No van a moverse de ahí ni a inmiscuirse en nada, pero si un solo ataque les llega a alcanzar, el nivel de poder de Arresterdramon se va a disparar y vamos a tener problemas.

—Auch… ¿es como con el volcán en tu nivel?—preguntó ella, mirándolo hacia arriba.

—Así es, solo que el volcán allá se activa por una cuestión de tiempo. Si somos precavidos podemos evitar que eso suceda en este nivel también.

—De acuerdo—asintió la chica—. ¿Cómo llamamos a Arresterdramon? Parece muy metido en su música…

—Es mejor que esperemos un poco a que termine lo que está escuchando—aconsejó el dragón, sonriendo levemente—, se pone de mal humor cuando interrumpen una canción y eso a su vez hace que se vuelva más agresivo. Tiene un raro sentido del humor y parece alguien muy tranquilo, pero hay ciertos detalles que lo hacen explotar con facilidad.

—Oh…

Nieves tragó saliva, preguntándose qué tipo de digimon sería ese tal Arresterdramon en realidad. Le parecía muy extraño que el líder de una banda de mafiosos se dedicara a escuchar música y dejara que sus subalternos hicieran el trabajo, o que se rodeara de gente tan fría y peligrosa como el Astamon y a su vez tuviera a su cuidado a dos rookies. Eso sí, si tenía a tantos digimon fuertes a su servicio, tenía que tratarse de alguien muy competente.

Los ojos azules de la humana se quedaron fijos en la barra del reproductor, al tiempo que la canción llegaba a sus últimos segundos y se detenía al fin. Antes de que pasara al track 126, el dragón purpura abrió lentamente los ojos, pausó su lista de reproducción en su viejo y pequeño Discman, y de un impulso se puso de pie. Caminó lentamente hasta estar debajo del semáforo y se colgó los auriculares alrededor de su largo cuello. Nieves pudo tomar mejor nota de su aspecto: su expresión denotaba toda la tranquilidad y desinterés del universo, su forma de moverse era desenfada y masticaba un palillo. Puso ambas manos en su cintura y habló:

—Hasta que consiguieron llegar.

—Tus rufianes nos dieron muchos problemas—dijo Vritramon tranquilamente.

Ya no estaba en tan malas condiciones, pues la caminata hasta el lugar y la ayuda de la Stamina Seed habían ayudado a reducir su cansancio.

—Para eso les pago—dijo el dragón más bajo, tal y como decía Astamon. Bajó la mirada y se quedó viendo a Nieves, quien dio un leve respingo al tener la atención del otro—. Así que ésta es la ganadora del día de hoy, ¿eh? ¿Qué edad tiene?—preguntó, sonriendo—Parece un bebé.

—Eso es lo de menos—replicó Vritramon—, lo importante es que consiguió llegar hasta aquí y viene por tu escudo.

Nieves tragó saliva y evitó exhibir su nerviosismo ante el mafioso.

—Ah sí. El escudo…alguna vez los jugadores podrían venir a buscar droga; igual me harían un favor.

El digimon sacó su aparto del bolsillo, presionó algunas cosas y el reproductor virtual de arriba se enlazó con el del dragón; por lo tanto, lo que Arresterdramon tenía en su Discman era lo que se veía arriba.

—Bueno, ya saben cómo es esto—siguió diciendo el digimon morado, moviendo su palito mientras hablaba—, así que vayamos al grano. Como tu partner parece muy novata creo que esto se va a terminar rápido. ¿Cómo te llamas, por cierto?

—Nieves—respondió la chica, con las mejillas manchadas por el comentario.

—Qué raro nombre. ¿No tendrás por primer nombre Blanca, cierto?—dijo Arresterdramon, riéndose de su propio chiste.

La aludida se avergonzó todavía más y desvió la mirada. El dragón más bajo sacudió la cabeza y también su larga cola acabada en una cuchilla triple muy afilada.

—Bueno: al caso. Nuestra breve pelea. Será como el capítulo 121 de Dragon Ball Z—dijo el otro, sorprendiendo mucho a Nieves de escucharle decir eso—, yo seré Trunks y tú serás Freezer—siguió diciendo, apuntando a Vritramon.

Arresterdramon puso play a su lista de reproducción y se ajustó los cascos en la cabeza. Un remix de canciones muy rápido comenzó a sonar en todo el lugar y el dragón púrpura le subió exageradamente el volumen, llenando toda la calle con su música. Los dos retadores cerraron los ojos ante el fuerte sonido.

—Tamer Nieves—llamó el dragón rojizo, teniendo que alzar mucho la voz para que lo escucharan—, ¿tú sabes a qué se refiere con eso del capítulo?

La aludida se mordió el labio, nerviosa. Recordaba haber visto esa serie cuando era más niña, y también recordaba haber visto ese capítulo…

"Es una especie de…mafioso, retro y además parece gustarle el anime"—pensó la chica, apenas escuchando sus propios pensamientos.

Arresterdramon comenzó a dar ligeros saltos en su sitio, emocionado por la pelea. De un momento a otro se lanzó de un veloz movimiento contra Vritramon, atacándolo con una serie de veloces puñetazos y patadas. El dragón rojo consiguió bloquear varios de ellos, pero no alcanzaba a lanzar ninguno dado la agilidad del otro y su facilidad para lanzar un golpe detrás del otro sin dejar espacio para un contraataque. Se movía tan de prisa que Nieves creía estar viendo al digimon con más de dos brazos y piernas, y de hecho estaba segura de que veía algo más atacando fuera de sus extremidades.

Cuando de un golpe certero Arresterdramon rompió la defensa de Vritramon, el digimon pareció sonreír y lanzó una lluvia de puñetazos y patadas contra el otro, sin que el enemigo consiguiera defenderse. La peli azul finalmente consiguió verlo: la cola de Arresterdramon también impactaba en el oponente, funcionando como una quinta extremidad que no solo le servía para mantener el equilibrio cuando se quedaba sobre un pie; también podía lanzar rápidos golpes que abollaban la armadura de su compañero, amenazando de romperla.

— ¡Protégete, Vritramon!—llamó ella.

Pero el aludido no pudo hacer nada. Aun cuando intentaba retroceder para alejarse, Arresterdramon cerraba espacios y no le daba tregua. Un contador había aparecido en el cielo después del golpe cinco, ¡y alcanzó a sumar 57 golpes antes de que el dragón púrpura se detuviera para respirar! Vritramon cayó sobre una rodilla y sus dos manos, respirando agitadamente y sintiéndose mareado después de la colosal paliza de golpes que había recibido. Nieves no lo podía creer: estaba estática en su sitio y con los ojos desmesurados.

—Vritra…mon…

El guardián continuó moviéndose en su lugar durante el par de segundos que se había dado para descansar. Cuando estuvo listo su oponente aún no conseguía reponerse, por lo que corrió hacia él cuando la canción que sonaba marcó el rápido estribillo y se elevó listo para lanzar una patada en el aire.

— ¡Falcon Kick!—rugió el digimon, impactando de lleno al otro y arrojándolo metros hacia atrás.

Él por su parte aterrizó perfectamente, retomó su ritmo y se quedó esperando a que el rival se levantara.

— ¡Vritramon!—exclamó la joven, acercándose un poco para ver si estaba consciente.

La patada le había dado en la cara y se había notado muy fuerte, a pesar de que no habían salido llamas ni nada por el estilo. El dragón rojo soltó un gemido y se incorporó con cierta dificultad. Tuvo que parpadear con fuerza un par de veces para dejar de ver manchitas.

— ¿Estás bien?—preguntó Nieves, teniendo que hablar muy fuerte para escucharse por sobre la música.

—Más o menos…

— ¿Qué?

— ¡Que estoy bien!—respondió él.

No tenía daños críticos pero los puñetazos de Arresterdramon eran aplastantes.

— ¿Otra ronda?—gritó el dragón morado desde lejos, sin dejar de moverse al ritmo de la canción.

Nieves se volvió a verlo tratando de pensar en qué podían hacer, pero la música estaba tan fuerte que no se podía concentrar. Vritramon encendió sus alas en intensas llamaradas y salió despedido contra el otro, con las Rudri Tarpana adelante y lanzando una lluvia de fuego contra su rival. Arresterdramon estiró sus alas elásticas y de un fuerte impulso salió disparado hacia arriba, esquivando el Corona Blaster. Giró sobre sí mismo al tiempo que su cuerpo se envolvía en energía púrpura y decenas de dragones salían de ésta energía. Vritramon se giró hacia él y continuó disparando, pero su ataque impactó contra el del otro que venía bajando. Muchos otros dragones quedaron intactos sin embargo y se dirigieron hacia el rival.

— ¡Oh no!

Nieves vio que los dragones venían por su compañero, por lo que rápidamente sacó la carta Hum y la pasó por el D-arc. El Prism Gallet impactó contra el Yin-Yang y Vritramon se vio libre del ataque. Sin embargo y sin que ninguno de los dos personajes se diera cuenta, Arresterdramon bajó a toda velocidad tras la cortina de humo que se había liberado al impactar las dos técnicas anteriormente y apareció a espaldas de Vritramon. El dragón rojo lo sintió y cuando se volvió a verlo, recibió el impacto del Flog Shot directo sobre su coraza, la que le protegió pero terminó de destruirse. El digimon salió despedido hacia atrás por el fuerte impacto y cayó al suelo.

— ¡Tsk!—soltó el mafioso, sin dejar de moverse en su lugar— ¿Qué pasó, Vritramon? Antes eras chévere.

El aludido se levantó con dificultad sin entender de qué venía el comentario. Muy nerviosa por cómo estaba marchando la batalla, Nieves se mordió un dedo y trató de pensar en una estrategia, pero de nuevo, el sonido estridente no la dejaba pensar con claridad. Un remix de U can't touch this comenzó a sonar, emocionando al dueño del nivel.

— ¡Uh! ¡Esa es buena!

El digimon volvió a subirle el volumen a la música destrozando los nervios de la chica, quien se cubrió los oídos con ambas manos y apretó con fuerza los dientes. Miró al oponente en su sitio seguir moviéndose al ritmo de cada nueva canción y maldijo la música tan fuerte. Repentinamente su adolorido cerebro hizo la conexión.

Arresterdramon salió a por su oponente con sus ágiles y coordinados movimientos. Vritramon hacía un esfuerzo para mantenerlo alejado con su Corona Blaster, pero en cuanto el dragón morado conseguía saltar su barrera de fuego y acercarse, no había modo de quitárselo de encima y el contador de hits empezaba a subir. Nieves más allá observaba la pelea con las orejas aún tapadas y tratando de escuchar sus propios pensamientos.

"¡Eso es! La música es su ventaja. Es la forma en la que controla la batalla: le asegura su propio ritmo para evadir y atacar al rival, y al mismo tiempo lo desconcierta con el sonido tan alto."

En el escenario de la pelea, Vritramon cayó nuevamente sobre su rodilla y respirando agitadamente. El otro sonrió con malicia, hizo espacio después de haberle metido 63 veloces golpes a su rival y juntó sus manos atrás en una pose que a Nieves se le hizo familiar. Empezó a rodearse de energía púrpura, la misma de antes, y dragones alargados salieron de su cuerpo. Algunos de ellos se juntaron entre sus manos volviéndose una esfera morada brillante.

— ¡Hadouken!—rugió el digimon, moviendo sus brazos adelante.

El disparo salió directo hacia Vritramon seguido de otros dragones. Nieves se apresuró y esperó el momento preciso para bloquear la técnica con un segundo uso de la carta Hum. El Prism Gallet modificado de Arresterdramon impactó contra el Yin-Yang y gran cantidad de humo llenó el espacio.

— ¡Vritramon!—llamó la joven, tratando de hacerse escuchar— ¡Ven, pronto!

El aludido escuchó la llamada de la chica, batió sus alas y se reunió con ella. Nieves pudo constatar el terrible estado en el que estaba su camarada: su armadura se caía a pedazos a causa de la enorme cantidad de golpes que había recibido, pero su temple fiero aún quería seguir luchando.

— ¡Sus cascos!—dijo ella, apuntándose a las orejas— ¡Destruye sus cascos!

Vritramon no comprendió a qué venía esa instrucción, pero había confiado en la humana desde el inicio del nivel y no iba a dudar de ella ahora. Se volvió hacia el oponente, quien esperaba metros más allá mientras seguía dando saltos en su sitio al ritmo de un mix de This is the rithm of the night. El dragón se pensó un momento en cómo alcanzaría los auriculares del otro, hasta que se le ocurrió algo y salió contra él con un fuerte movimiento de sus alas.

Mientras los dos digimon se enfrascaban en su pelea, Nieves volvió a meter la mano en su bolsillo y sacó sus digi cartas. Se guardó Volcano Blaze y Super Evolution Plug-in S: su camarada no estaba en condiciones de volver a soportar su digievolución ni gastar tantas energías. Miró las cartas que le quedaron, especialmente los Training Grips. Intentó hacer memoria del motivo absurdo por el que se había traído esa digi carta, pero el sonido estridente le dificultaba recordar mucho fuera del simulador. Seguramente Ryudamon le había recomendado algo…

Cerró los ojos al escuchar una leve explosión y levantó la cabeza: Vritramon había arrojado un remolino de fuego desde un batir de sus alas, impactando en Arresterdramon y haciéndolo caer por primera vez. Antes de que consiguiera levantarse, el dragón rojo se abalanzó sobre él y estiró su garra, atrapándolo por la armadura roja que recubría su pecho y arrancándole de un tirón los cascos, haciéndolos pedazos.

— ¡Eso es!—exclamó la peli azul, dando un salto en su sitio.

El reproductor que flotaba en el cielo se detuvo en el acto y un delicioso silencio invadió la calle. Nieves nunca había sido amiga del silencio, pero nunca antes le había sentado tan bien.

En su lugar, Arresterdramon se levantó de un salto con algunos magullones a causa del Flame Storm. Se llevó la mano en un acto reflejo a la cabeza solo para obviar que sus auriculares ya no estaban. Esto lo puso de muy mal humor.

Dude…no tienes idea de lo que me costaron esos cascos.

—Te conseguirás otros sin dificultad—replicó el dragón rojo.

— ¡Tsk! ¡Esperaba una disculpa!

El digimon se lanzó contra su oponente nuevamente. Nieves observó con asombro cómo ahora el digimon no se movía exageradamente rápido como antes, al ritmo de sus veloces y agitadas canciones, aunque no por eso dejaba de ser muy ágil. La muchacha sonrió al sentir que había anotado un punto, pero el guardián del escudo llevaba muchos a su vez. Volvió a concentrarse en algún plan. Vio la carta Haguro entre las que había traído y se puso a pensar: ¿de qué le serviría llenar el espacio de oscuridad? Podría utilizar el par de minutos del efecto para meter algún daño, pero luego se terminaría y volverían a la situación en la que estaban, es decir, con Arresterdramon robándole votos de genialidad a Vritramon.

— ¡Me acordé!—exclamó ella de pronto, levantando la cabeza con un gesto de asombro en su rostro.

Los dos oponentes más allá se distrajeron por un segundo, pero rápidamente regresaron a lo suyo y continuaron luchando. Nieves finalmente había recordado para qué había traído Trainin Grips. No le servía de nada sola, tenía que usarla en una combinación.

— ¡Vritramon!—llamó la joven, separando las dos cartas y guardando el resto— ¡Prepárate!

El digimon asintió y de un golpe con su Rudri Tarpana directo a la mandíbula, logró sacarse al dragón más bajo durante algunos segundos, los que Nieves necesitaba.

— ¡Haguro!

Las sombras se extendieron desde el cuerpo de Vritramon hacia su entorno, llenando varios metros a su alrededor con oscuridad y atrapando entre ellas a Arresterdramon. El digimon morado retrocedió ante el cambio de escenario y al ver que se le había perdido su oponente.

— ¡Qué mala jugada!—exclamó el mafioso, mirando en rededor— ¡De niño me daba miedo la oscuridad pero ya no, viejo!

La peli azul dio la indicación a su camarada adoptivo por medio del D-arc, de modo que Arresterdramon no pudiera escucharla y alertarse. Aguardó algunos segundos, hasta que su compañero le dio su señal para que jugara su siguiente carta.

— ¡Training Grips!

En su lugar y rodeado de negrura, Arresterdramon escuchó el nombre de la carta y soltó un what da fuck. ¿Quién usaba una carta tan "lol" como aquella? Lo averiguó cuando un par de segundos después sentía una horrible presión alrededor de su cuerpo que lo tomó por sorpresa y lo hizo caer al suelo de lado. Vritramon se había posicionado detrás y le había traspasado el equipo solo con darle un empujón. El digimon soltó un rugido y utilizó toda su fuerza para intentar librarse, pero era como luchar con una camisa de fuerza hecha de acero. Dejó salir algunas maldiciones, mezcla de inglés y español, y afuera Nieves escuchó la detonación del Corona Blaster hasta que solo hubo silencio.

Un momento después, la oscuridad de Haguro desaparecía y solo quedaban los dos digimon en medio de la calle hecha pedazos. En la otra acera los dos rookie salieron completamente ilesos y estaban todavía metidos en su juego de video. Vritramon estaba de pie, muy cansado y adolorido junto a Arresterdramon, quien había perdido el equipo de entrenamiento y yacía tirado en el suelo con humo saliendo de los agujeros en su armadura.

—No estuvo…tan mal—soltó el dragón púrpura, mirando al cielo y sin poder sentir la cola—. Fue más bien como la pelea de Gokú y Vegeta…heh…buen capítulo…

Sonrió con cierto sarcasmo y se desintegró en polvo de datos, los que se almacenaron en el escudo verde de los Nature Spirit. El objeto salió flotando hacia las manos de la joven. Nieves lo recibió emocionada mientras su camarada adoptivo se reunía con ella, y el juego pedía guardar los cambios.

—Estuviste genial, Vritramon—dijo ella, mirándole hacia arriba—, gracias por ayudarme.

—Fue un honor pelear a tu lado, tamer Nieves—respondió el digimon con su solemnidad habitual.

La peli azul sonrió con nerviosismo, sin poder acostumbrarse a su exagerada amabilidad. Si en su anterior aventura Shawujinmon le había parecido un poco frívolo, Vritramon tenía que ser algo así como su antítesis cálida, educada y caballerosa.

No estaba segura de si sobreviviría a su exceso de cordialidad la próxima vez.

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