NOTAS: Los diálogos en cursiva son pensamientos del personaje.


Capítulo 4: un muro de hielo.

Había pasado cerca de una semana desde aquel incidente con Laxus en la planta alta del gremio y todo había ido bastante bien. No era difícil familiarizarse con los miembros del gremio, aunque había sus excepciones.

Habían descubierto esa habilidad oculta en su voz y más de una vez le habían pedido que sustituyese los berridos de Gajeel en el escenario. Pero algo había perturbado la tranquilidad en la vida de Denna.

Llevaba toda la mañana con un extraño impulso de ir al bosque, a las afueras de Magnolia. Era un extraño deseo que cada vez se incrementaba y siendo sinceros, nada se le había perdido allí, pero acabó por saciar su curiosidad.

Se había adentrado hasta un pequeño arrollo, a pesar de estar allí aquella sensación no desaparecía.

Se puso de cuclillas frente al arroyo, viendo su reflejo en el agua. Tenía mucho mejor aspecto del que tenía cuando la trajeron a Fairy Tail.

– Denna… –Escuchó una voz que para ella era tan familiar y a la vez tan lejana que provocó un escalofrío en la espina dorsal de la mujer.

Y tal vez fue su propia imaginación jugándole una mala pasada, pero el reflejo de un chico de tez blanca, cabellera oscura y rostro apenado se reflejó en el arroyo, haciendo que pegase un bote hacia atrás, cayendo al suelo.

– Parece que algunos siguen molestando hasta después de muertos, ¿eh, Denna?

En un abrir y cerrar de ojos, Denna se giró par aponerse en alerta. Aquella voz era totalmente diferente… Y ver de quien se trataba aterrorizó a la Dragon Slayer.

– No lo soporto más… Déjame tener una vida normal, Zarek… Ya me lo quitaste todo… –La voz de Denna sonaba temblorosa, al igual que sus manos.

– Hey, fuiste tú quien le mataste, preciosa, ¿no es verdad? –Aquello hizo tragar saliva a la chica con fuerza…no, no quería recordarlo…– Cada una de las veces que le mirabas lo ibas haciendo, ibas cavando su propia tumba. Una auténtica tragedia –Aquel hombre que ganaba en altura a Denna se acercó a esta, a sabiendas de que no se atrevería a dañarle a causa del vínculo mágico que los unía. Puso una mano en el mentón de ella para acercarla a él –. Por eso te amo tanto, Denna.

Los ojos de la chica se abrieron de par en par, no por lo que le había dicho, sino porque frente a ella todo se oscureció. Estaba sola, no estaba en el bosque, todo estaba tan oscuro que incluso daba miedo…

– Denna…

Miraba de un lado a otro, aquella voz no parecía ser de este mundo… No, no la llamaban a ella.

– Denna, por favor, tienes que resistirlo.

Aquel chico que se había reflejado en el arroyo estaba ahí, frente a sus ojos, pero parecía ser partícipe de un escenario diferente. "Neil…".

– Si consumes esa mierda volverás a hacerlo, Denna, es un bucle. Seguirás queriendo más. ¿Es que no ves que te están utilizando para coger a más niños?

– ¡Que me sueltes, Neil! –Se vio a si misma siendo retenida por el chico, que daba su mayor esfuerzo por impedir el avance de ella.

– ¡No voy a soltarte! ¡Te prometí que te sacaría de este sitio! ¡Esa lácrima acabará destruyéndote, Denna!

– ¡A ti que más te da!

Tras un forcejeo entre ambos, Denna retiró uno de sus brazos y en ese momento, todo pasó realmente despacio…

– Ice Make: Drill.

De su mano apareció un taladro de un tamaño considerable… Y con todas sus fuerzas, atravesó el estómago de Neil.

No había sido consciente de lo que acababa de hacer hasta que lo vio caer al suelo escupiendo sangre.

– No… No… No, no, no… Neil… ¡Neil! –Se agachó junto a él, evitando que se golpease la cabeza. Acababa de romper a llorar, olvidando las ansias de consumir aquella lácrima. – ¡Lo siento, lo siento! ¡Yo no quería…! ¡Ha sido esa mierda!

A pesar de que el hombre apenas tenía fuerzas, pudo alzar una de sus manos para acariciar la mejilla de la mujer, esbozando una leve sonrisa.

– Si así…consigo que te des cuenta…de lo que están haciendo…esto no será en vano, Denna… –Su voz se iba apagando cada vez más. – Por favor…para esto… Prométeme que…ningún niño pasará por lo que nosotros…

– No… No voy a prometerte nada, Neil, los dos vamos a salir de aquí. Juntos, ¿me oyes? –Pero la mano del chico fue escurriéndose por su mejilla hasta caer al suelo – Neil… Oye, Neil… ¡Neil…! – Con la mejilla manchada de la sangre de él, una furia incontrolable invadió su cuerpo, desatándose esta en un grito que se escuchó por todo aquel vacío.

Recordar aquello la hizo llorar en silencio… Si, era un monstruo, más aún por no haber cumplido el deseo de Neil. Pero no le dio tiempo a reponerse cuando volvió a aparecerse ante ella algo que no le resultaba familiar en lo absoluto. Esta vez era un escenario algo similar, pero ahí estaba ella, junto a sus compañeros de Fairy Tail y Zarek. Pero ella misma estaba distinta… Vestía un extraño uniforme azul y rojo, y su pelo estaba cortado por los hombros. Además, parecía…más mayor.

– ¡Natsu, iros de aquí por favor!

– ¡Hemos venido hasta aquí para traerte de vuelta! ¡Éste imbécil no nos lo va a impedir!

– ¡Denna, quítate de ahí! –Gritó Laxus mientras corría hacia ella, que no supo reaccionar a tiempo.

El rubio se puso frente a ella y él mismo recibió el ataque de Zarek.

La imagen era bastante borrosa, pero aquello lo puso ver claro… Laxus había muerto por salvarla. Sus ojos se habían abierto de parar en par, estaba en un claro estado de shock. Volvía a estar en el bosque, al lado del arroyo, pero poco parecía importarle.

– Ya conoces el trágico final. Todo el amor ajeno al mío que puedas recibir acabará. Al final otra vez volverán a hacerte daño, Denna-chan, eres un monstruo… Pero un monstruo maravilloso.

– Dios… No lo comprendo… –Se había llevado las manos a la cara y, de rodillas, se inclinó hacia delante, sollozando. – No quiero esto…

– Éste es el destino, tan solo acéptalo. Por más que lo intentes siempre acabaras de vuelta a tu amo –Hizo una breve pausa, dando vueltas alrededor de Denna, sin quitarle la vista de encima –. Y volverás a caer sin previo aviso en el amor – Rió levemente y se acarició el pelo hacia atrás –. Pero que estúpida eres.

Se agachó frente a ella y volvió a alzarle la vista, con una sonrisa que denotaba cierto sadismo.

– El destino de esas pobres personas a los que ahora llamas compañeros reside en ti. ¿Ves? Dentro de ésta tragedia eres nuestra reina.

Se puso de pie, dándole la espalda, aunque se veía aquel vacile en su postura.

– Disfruta de lo que te queda de libertad. Estos días de felicidad pronto van a desaparecer.

– ¡No lo hagas! –Suplicó Denna una vez pudo recuperarse, con sus mejillas empapadas de lágrimas. – No puedo más…

– ¿Ya lo sabías verdad? El destino es así. Esa terrible historia es la realidad…

– No... No permitiré que todo termine así…

– No importa cuanto lo niegues. Esa estúpida vida que quieres llevar pronto desaparecerá. Luego te lamentarás tontamente, gritarás y llorarás –Se aclaró la garganta para emplear un tono de voz algo más teatral, como si tratase de burlarse de aquella situación –. Ah, vida tan miserable… Te preguntarás el por qué. Deseaste demasiado y sirves al pecado. Son simples milagros vacíos que solo sirven al desastre.

– Ya es suficiente…

– No importa cuanto llores. Incluso con ese final todo se desvanecerá, e intentarás crearte un nuevo futuro del que siempre me burlaré.

Giró un poco su rostro para mirar por el rabillo del ojo a Denna y al verla en aquel estado tan depresivo sonrió de nuevo, de aquella forma tan enfermiza para luego desvanecerse con Magia de Proyección del Pensamiento. El nunca estuvo allí físicamente.

Pasaron varios minutos, no sabía cuantos, desde que Zarek desapareció, pero Denna seguía hecha un ovillo, acurrucada contra el tronco de uno de los árboles que la rodeaban. A pesar de los continuos sollozos pudo escuchar el ruido de algunas ramas crujir. En una situación normal se habría alterado, pero en ese momento, poco le importaba que pudiese pasar.

– ¡Por fin te encuentro! –De alguna forma, a pesar de no ver al sujeto, aquella voz la reconfortó, más aún cuando entró en su campo de visión.

– Laxus… ¿Qué haces aquí? –Casi con un acto reflejo, trató de secarse las mejillas. Debía de tener un aspecto horrible.

– Eso debería preguntarte yo a ti –Volvió a poner aquella cara de pocos amigos, como un perro rabioso –. En el gremio están preocupados por ti –"¿Tú no…?", pensó Denna para sus adentros –. Dicen que llevas rara todo el día y cuando te vi entrar aquí me pre… –"Me preocupé". – Me entró curiosidad.

– Lo siento… –Escuchar aquello, oír que había preocupado a aquellas personas que la habían aceptado sin hacer preguntas, la hizo volver a sollozar.

Laxus chasqueó la lengua, cerrando por unos momentos los ojos.

– Mira que eres molesta, mujer desvergonzada…

Denna sintió una mano bastante grande posarse en la parte trasera de su cabeza y un brazo rodeándola por la cintura, y Laxus la atrajo hacia su cuerpo y la abrazó. Por supuesto que sabía que le pasaba algo, pero no quería seguir viéndola llorar, sencillamente. Por eso dejó que se desahogara en él.

Si al propio Laxus le sorprendió aquel gesto por su parte, más le sorprendió a Denna, que hasta el momento, nunca había visto un gesto cariñoso ni hacia ella ni hacia ninguno de los del gremio.

Poco a poco sus lágrimas fueron desapareciendo, pero estar entre los brazos de aquel hombre era más cálido que una hoguera en una noche helada, por lo que a regañadientes se fue separando de aquel fuerte y musculoso cuerpo, pues si por ella fuera se podría quedar incluso dormida acurrucada en su pecho.

Conforme Denna se iba apartando, él iba deshaciendo el abrazo de aquel menudo cuerpo, pero dejando una de sus manos en la cabeza de ella, en su suave pelo. La mujer por su parte, con una de sus manos apoyada en el torso del hombre, fue asciendo esta hacia la mejilla del Dragon Slayer, acariciándola con delicadeza. Su mirada fue cercanía del otro.

Y fue en ese instante cuando Denna sintió que aquel sólido muro de hielo que los separaba se resquebrajó, al menos un poco. Quería mirar por aquel hueco hacia el verdadero Laxus, lejos de aquel carácter serio, imperturbable.

– ¿Este hombre sería capaz de dar su vida por protegerme…? –Se preguntó en su mente al recordar aquella especie de ilusión que tuvo minutos atrás.

Pero pronto dejó de lado aquel pensamiento cuando la cercanía entre ambos se iba recortando, hasta el punto en que ambas respiraciones se mezclaban.

Los dedos de Denna acariciaron más delicadamente la mejilla del hombre, como si temiera que aquello no fuera real, pero si que lo era. Sentía la aspereza de la señal de la barba afeitada, la calidez que desprendía su piel, el olor a champú y colonia caros que desprendía su cuello… "Oh, dios… Lo que haría si fueras mío…".

Laxus sentía en sus dedos la suavidad del pelo de la mujer, aquel olor a flores, no sabría identificar cual, aquella sensación de frescor que desprendía su respiración… "Bueno, es la mujer de hielo, ¿no?".

– ¡Oye!

Aquella especie de burbuja en la que ambos se habían metido estalló, ambos se alertaron y separaron casi de sopetón, saliendo de aquel trance.

Las mejillas de ella se tiñeron de rojo, y las de Laxus en menor medida. No pudieron ni mirarse el uno al otro, así que miraron a un chico de una estatura bastante baja, rubio, delgado y de complexión bastante débil, al parecer.

– Perdonad si interrumpo algo, es que…me he perdido –Se llevó una mano a la nuca, visiblemente avergonzado –. ¿Sabéis por donde se vuelve?

Denna se puso de pie con rapidez, sacudiéndose las rodillas del polvo.

– Si, si. De hecho nos íbamos ya, ¿verdad Laxus?

El mago solo dio una seca respuesta afirmativa, colocándose de pie, de lado hacia el recién llegado.

– Oh, estupendo –Con una voz bastante alegre, se inclinó con levedad, extendiendo un brazo para dejar paso a la Dragon Slayer de hielo –. La sigo, señorita.

El chico parecía querer entablar conversación con Denna, por lo que hablaban animadamente, aunque el mayor de los tres no quitaba de vista al que les había interrumpido.

¿Cómo se había dejado hacer aquello? Había estado a punto de basarla. Se había dejado llevar por la situación como un colegial, ese no era su estilo. Claro que había estado con muchas otras mujeres antes, pero ellas siempre eran las que le deseaban, quienes bebían los vientos por él, y él solo les daba el gusto. Pero aquel no fue el caso…

Estúpida mujer desvergonzada…

– Oh, por cierto, que despiste por mi parte –Volvió a extender la mano, pero esta vez solo para ser estrechada por la de ella –. Me llamo Hearus, pero prefiero Hear.

– Yo soy Denna, Denna Glacies. Y ese de ahí… –Señaló con el pulgar hacia atrás. – Es Laxus.


Una vez llegaron a Magnolia, los dos Magos de Fairy Tail se dispusieron a marcharse juntos al gremio, cuando el otro chico tomó a Denna de la mano.

– Espero volverla a ver, señorita. Tal vez visite a menudo el gremio de Fairy Tail… –Alzó una mano y señaló el símbolo en el hombro derecho de la chica.

– En ese caso serás bienvenido.

– Solo espero que tu novio no se moleste. –Miró de reojo a Laxus, que seguía con aquella cara de pocos amigos, imperturbable. Pero Denna no era así, se ruborizó y mucho.

– ¡No, no, no! –Se apresuró a excusarse. – Él y yo solo somos…compañeros de gremio.

– Entonces mejor, menos competencia.

Laxus y Hear cruzaron miradas, si las miradas matasen, ambos estarían K.O, saltaban chispas y no era por la magia de Laxus…

Denna nunca supo lo que era un silencio incómodo hasta el momento en el que ella y Laxus se quedaron a solas, caminando de vuelta al gremio. Ninguno dijo nada de lo que había pasado en el bosque… Quizás así mejor.

Al parecer, Makarov la había llamado para algo importante, pero ninguno de los dos sabía que podía ser.

Nada más entrar en la taberna, Erza, Lucy y Levy se miraron entre si, poniéndose de pie y aproximándose peligrosamente hacia Denna, la cual no sabía la razón por la que la agarraron y la arrastraron hacia la biblioteca antes de decirle "Reunión urgente".

– Y bien… ¿Qué ha pasado? –Levy se puso frente a ella, con aparente ilusión

– ¿Qué ha pasado…? –Denna parpadeó varias veces seguidas, sin saber a que se refería.

– Has entrado al gremio roja como un tomatito. –Contestó Lucy.

– Y acabas de entrar con Laxus. No intentes despistarnos. –Comentó Erza.

Denna se palpó las mejillas, murmurando "¿Tan roja estoy…?".

– ¡No te hagas de rogar! –Suplicó la peliazul.

– No ha pasado nada… –Ante las miradas de no creérselo de las chicas, la morena suspiró, pensando en alguna forma de contarles lo sucedido.

Les contó lo sucedido, solo que sin añadir las razones iniciales por las que estaba llorando.

– ¡¿Y os interrumpió?! –Gritó la rubia.

– ¿Pero de verdad ese era Laxus? –Erza ladeó la cabeza, con gesto pensativo.

– ¡Ya sabía yo que hacíais buena pareja! –Comentó la pelizaul con cierta euforia.

Iban a seguir hablando, el problema es que llamaron a la puerta y la pequeña y adorable Wendy se asomó por ésta.

– Denna-chan, el Maestro te está buscando.


Espero que lo hayáis podido disfrutar tanto como yo al escribirlo. Ya sabéis, dejad un comentario que me ánima a seguir con la historia y a subir capítulos con más regularidad.

¡Saludos!