4.

Mientras todo eso se llevaba a cabo en la TARDIS, Sherlock había logrado ingresar a la cámara donde los monjes realizaban sus actividades privadas durante su estancia en Letrán. El lugar tenía tres estanterías bastante grandes y abarrotadas en libros, y un altar, dónde reposaba una figura religiosa. El detective estudió con detención los detalles, buscando encontrar pistas que lo llevase a descubrir los propósitos de la civilización invasora. Bajo el altar encontró algunos volantes, que de acuerdo a lo que pudo entender por las imágenes, correspondían a la propaganda que los Agarthas hacían contra el imperio.

Sherlock sabía que lo más probable era que los libros perteneciesen al palacio, por lo que no les prestó mayor atención, no obstante, mientras salía para iniciar la búsqueda en otro lugar, los miró de reojo y descubrió una inscripción extraña en el lomo de uno de ellos. Lo tomó y lo abrió. Comparó los caracteres utilizados con un panfleto que había guardado y descubrió que eran iguales. Entonces, se detuvo a estudiar el libro, que parecía ser de historia. En una de las páginas centrales había una línea del tiempo, y con un gran esfuerzo notó el patrón: era la historia del Imperio; pero no correspondía a Roma o al que había levantado la dinastía Carolingia. Era ese gran imperio del que tanto hablaba el Doctor, la humanidad como raza, colonizando toda la galaxia. Entonces, descubrió la verdad.

Salía con el libro bajo el brazo y el volante a modo de marca páginas, justo en la hoja donde estaba la cronología, para mostrársela al Doctor, cuando se topó con uno de los monjes. Evidentemente, después de los disturbios no iba vestido con la túnica, no obstante, había estado bastante cerca de Holmes como para que pudiese reconocerlo.

-¿Dónde vas con eso? - Le preguntó el hombre, tras notar el libro bajo el brazo del detective.

-Me lo pidieron. - Contestó con firmeza.

-¿Quién? - Inquirió en tono grave el monje.

-La única persona que podría pedírmelo - Replicó Holmes y apretó el paso, alejándose del lugar.

Sherlock se dirigía a la salida cuando se topó con el Doctor y Watson que traían a Irene de vuelta. Ella parecía mejorar.

-Alteza, me alegra que esté mejorando - soltó con gracia - supongo que le alegrará saber que los enemigos que ha traído al corazón de Roma cumplen con su deseo de rendir tributo a las imágenes.

La Mujer, que parecía conforme con el saludo inicial lo miró con altivez, mientras Sherlock le cedía sus descubrimientos al Doctor.

-Ahí, donde está marcado hay una línea del tiempo, o algo así. Es un libro de historia traído desde muy lejos, en toda la extensión posible de la frase - Explicó el consultor.

-Si tanto quieren derrocar el Imperio, ¿por qué aliarse con la emperatriz? - Preguntó John, mirando por sobre el hombro del Doctor.

-Es la única que le puede hacer frente - Replicó Holmes y le dio una sonrisa de satisfacción a la mujer.

-Habláis de un imperio, de distancias enormes… de un millón de cosas que no tienen sentido absoluto y decís que yo he infiltrado enemigos a Roma, ¿Me podéis explicar de una santa vez de que se trata todo esto? - Exigió la emperatriz.

-Ellos, los… monjes pretenden derrocar el imperio y usar su figura, alteza, como estandarte para lograrlo. Debería sentirse honrada - comentó Holmes - creen que usted es la única que se puede equiparar con Carlomagno.

-Pero ese imperio del que habláis… ¿es el mío? - Preguntó, confundida.

-Irene, usted es una mujer inteligente. Todos sabemos lo que va a pasar aquí.

La emperatriz sostuvo la mirada de Sherlock por unos segundos y luego la bajó al piso, preocupada. Watson y Sherlock le pusieron atención al Doctor, quien intentaba traducir los textos, mientras planeaban una estrategia.

-¿Hay algo que yo pueda hacer para evitarlo? - Inquirió la mujer, mirando a Sherlock, con esperanza.

El detective desestimó su mirada y la dirigió al Doctor.

-Esto definitivamente hubiese sido más fácil un milenio más adelante - Comenzó el Time Lord - pero digamos que hay cosas que están… predispuestas a pasar. Usted nació en Atenas, algo sabe de ello, el destino de los héroes y esas cosas - Explicó, sin sonar convincente.

-Bien - Contestó ella con firmeza, sacando su porte aristocrático a relucir - ¿Hay algo que pueda hacer para ayudaros entonces? Es evidente que tratáis de hacerles frente a los hombres que he traído hasta aquí.

-Gracias, alteza. ¿Podría reunirlos en un salón o… algo? Creo que es hora de hablar claro con ellos. -Solicitó el Doctor.

La mujer asintió y fue a dar la orden.

-Tienes que reconocer que se parece mucho a Adler -Comentó John, muy cerca del hombro de Sherlock.

-Torturó a su propio hijo hasta morir para hacerse del trono - Replicó Sherlock, en tono de reprimenda. - Dios, tienes razón, si es muy parecida a Adler. - Agregó pensativo. Luego rió.

El Doctor sugirió ir a un comedor hasta que les llegasen a avisar que estaba todo preparado y ahí, además de saciar un poco su hambre, discutieron un poco lo que iban a hacer.

Luego de media hora, un joven llegó hasta ellos, con un mensaje de la emperatriz. Estaban todos reunidos en la cámara a la que Sherlock había entrado previamente. Se pusieron de pie de inmediato y fueron a la reunión. Al entrar, notaron que frente al altar uno de los monjes (el líder) estaba de pie, a la derecha de la emperatriz.

-Alteza, muchísimas gracias - dijo El Doctor -pero creo que ahora debería retirarse, no estoy seguro que quiera oír esto.

-Pueden confiar en mí, señores. Y no dejaré que cualquier acuerdo que se lleve a cabo en esta reunión quede dentro de estas cuatro paredes. Contad conmigo como ministra de fe. - Replicó la emperatriz, mirando con firmeza al Doctor.

Sherlock miró a su amigo, notando el gesto que le hizo para insistir a la mujer que se retirase.

-Irene, escúcheme. Usted confía en mí y creo que eso es más que suficiente razón para insistir en la solicitud de mi amigo. Tiene que retirarse. - Solicitó con suavidad el detective.

La mujer miró a Sherlock a los ojos y bajó del púlpito, pasando junto a ellos.

-Bien -vociferó el Doctor, una vez la mujer cruzó la puerta. - Ahora, a lo que nos convoca. Ha sido difícil determinar mis argumentos para estar aquí, así que sólo iré al grano. Soy el Doctor, y te exijo a ti -señaló al hombre que aun estaba de pie frente al altar - que me expliques y desistas de tus intenciones en la tierra.

-Doctor - replicó dibujando una sonrisa - Valiéndose de humanos. Que bajo han caído los de tu clase. Hemos viajado desde muy lejos para derrumbar el Imperio desde sus bases, para liberar a la galaxia de las tiranías y atropellos que se sufren a manos de los humanos. Yo sé que tú los has visto de cerca. La forma en que tratan a las especies inferiores, como si ellos nunca hubiesen sido una. - Su mueca de desagrado al describir a la raza humana era evidente, mientras mantenía sus ojos clavados en John y Sherlock. Luego, miró al Doctor y suavizó su expresión para decir: - Y no. La respuesta a tu segunda petición es no.

-¿Saben siquiera dónde están? Están a milenios de distancia de donde se supone deberían intervenir. Quizás los deje hacer, una pequeña revolución no vendría mal después de todo - Contestó el Doctor, pensativo - pero no aquí, no ahora.

-Después será demasiado tarde. - Confirmó el alienígena, en tono sombrío.

-¡Claro que no! - Intervino Sherlock, aburrido de la discusión. - Se equivocaron, idiotas. Miren a su alrededor y compruébenlo. Los humanos aun no han inventado ni las computadoras, ¿en serio creen que ellos tienen una nave lista para invadir su planeta? - Sherlock se detuvo en la mirada del Doctor. - Lo siento, es sólo que…

-Oh, no, está bien - lo calmó el Time Lord y luego se dirigió al hombre que comenzaba a mirar nervioso a sus aliados: - Creo que tienen razón en muchos asuntos, y es por eso que los dejaré ir, pero tienen que prometerme que si deciden volver a interferir con el destino de este planeta o sus habitantes, será bajo los mismos principios que han declarado. Ahora, márchense de aquí. - Dijo, compasivo.

-No vamos a ninguna parte, Doctor. - Replicó el Agartha con firmeza - la raíz del imperio debe ser destruida. No hemos luchado en vano por eso.

-Pero él se los acaba de decir - Contestó el Doctor, perdiendo la paciencia - No es este imperio, es otro… miles de años más adelante. Están perdidos en un punto muerto de la historia donde los humanos siquiera conocen la mitad de su propio planeta.

John, que observaba la escena con calma, comenzó a perder los estribos. En ese punto, simplemente le arrebató el libro a Sherlock de las manos y caminó a paso veloz hasta el altar, donde puso el libro con fuerza y lo abrió en la página marcada.

-Es su maldito idioma, así que supongo que puedes leerlo mejor que yo. Aun así, entiendo a través de los dibujos de qué están hablando más o menos. Ahora, pon atención y mira: - señaló un dispositivo parecido a un celular, pero que era utilizado como arma- ¿viste uno de esos por aquí? ahora, mira - señaló una nave - caminaron con nosotros detrás de un carruaje, ¿en serio creen que trasladarían a una emperatriz en esa cosa si tuviésemos algo mejor?

El hombre lo miró confundido y volteó el libro por completo hacia su lado, lo observó en silencio, mientras un murmullo general se hacía más fuerte.

-Aun así, es necesario que la humanidad aprenda su lección. - Dijo, con tono autoritario. - ¿No ven que está hecho? - Tomó la imagen religiosa del altar y dijo: -¡Aquí está la prueba, hermanos! Ya hay una división que podemos utilizar a nuestro favor. Incluso en el amanecer de la humanidad podemos fracturar y vencer las bases del imperio opresor. - Finalizó, moviendo su mirada entre sus seguidores.

Sin embargo, sólo unos pocos respondieron positivamente a su discurso.

-¿Dividir y vencer? Eso suena muy humano - dijo el Doctor, caminando hacia el altar - y ellos lo notan. Te estás pareciendo a tus opresores, lo que significa que si logras vencer con tu revolución, las cosas no van a cambiar, no para los tuyos.

La negociación hubiese llegado a buen término, sin embargo, en ese momento algunos soldados de la guardia del Palacio, irrumpieron en la habitación. La emperatriz había ido por ellos tras quedarse en la puerta y oír la segunda negativa del líder.

-¡Alto! - Los detuvo el Doctor, antes de que se enfrentasen. - Irene, sé que sus intenciones son buenas, pero a veces, la negociación es la mejor salida. - Miró al líder de los Agarthas y dijo: -¿Qué me dicen?

-¡Jamás! - Vociferó y alentó a los pocos que quedaban de su lado a iniciar el ataque contra los soldados.

Hubiese sido un enfrentamiento realmente sangriento y sin salida para Sherlock, John y El Doctor, sin embargo, y cuando apenas se habían dado un par de golpes de puño, Watson sacó su arma de su chaqueta y dio tres disparos al aire.

-No era mi intención Doctor - se disculpó, ante la cara de espanto del Time Lord.

-Bien. - Contestó el Doctor, calmándose ante el impacto.

Había sido efectivo. Los soldados de palacio miraban el arma en las manos de John intentando explicarse el origen del objeto, mientras que por el lado de los agarthas, los que se habían suavizado ante la discusión previa lograron someter a los que seguían al líder, este último, era sujetado por Holmes.

-Bien, ¿Qué tenemos aquí? - Preguntó el Doctor, paseándose por la sala. -Los soldados pueden retirarse, sólo necesitamos al capitán.

-Insisto en ofrecer mi asistencia como autoridad. - Ofreció la Emperatriz, dando un paso al frente mientras los hombres se retiraban.

-Agradezco la oferta, sin duda. - Contestó El Doctor - y no es que desestime en lo absoluto su autoridad, alteza… pero creo que con la mía basta.

La mujer lo miró extrañada y luego dirigió la mirada a Sherlock, quien afirmó con la cabeza.

-Creo que no podemos juzgarlos a todos bajo el mismo parámetro, y ustedes mismos estarán de acuerdo - dijo el Doctor, paseándose entre los agarthas. - Hace menos de cinco minutos les decía que sus principios me parecían válidos y eso no ha cambiado. Pero no todos siguen los mismos principios, ¿no es así? - Dio una mirada ruda al líder, que se movía de vez en cuando, pero estaba bajo el control del detective. El doctor continuó: - Ustedes, quienes ayudaron a disipar el enfrentamiento llevarán a sus compañeros a las celdas, guiados por el capitán y dejaremos que se sometan a las leyes de Roma. Una vez cumplido ese cometido, son libres de actuar y marcharse cuando quieran.

-Agradecemos la generosidad, Doctor. - Replicó uno de los agarthas, - Pero creo que ya sabe dónde iremos.

-Lo sé, y les deseo suerte - Respondió el Time Lord.

Comenzaron a salir, encabezados por el capitán, a quien Sherlock le cedió al líder de los rebeldes. Los tres hombres y la emperatriz cerraron la fila, parándose en la entrada.

-Bastante efectivo el objeto que habéis usado para disipar la revuelta - le comentó a John, observando el arma que aun sostenía en la mano.

El médico escondió nervioso la pistola en su bolsillo y dijo:

-No… no es… nada.

-Es de dónde él viene - Interrumpió Holmes, en tono cortante.

-¿Así? ¿Y dónde queda eso? - Preguntó Irene con gracia.

El Doctor y Sherlock se miraron nerviosos.

-Watson viene de… emm… este lugar lejano - Comenzó el Doctor.

-Asia. Si eso. Asia. - Agregó Sherlock y se adelantó por el pasillo.

Sus compañeros lo siguieron, no sin antes hacer una reverencia a la emperatriz.

Los tres fueron invitados a quedarse a una recepción que se haría para celebrar la estabilidad de Roma. Observaron como el Papa llenaba de elogios a Carlomagno y por su parte, la emperatriz intentaba llamar la atención del futuro emperador.

-No entiendo por qué no actuó la estrategia política en este caso - Comentó Sherlock, mirando a la mujer hablar con el pontífice.

-Carlomagno le enviará una propuesta de matrimonio, sin embargo, sus asesores en Constantinopla no lo ven prudente. Dudo que hubiesen sido felices juntos - Contestó el Doctor.

De pronto, notaron como Irene los señalaba, mientras le hacía comentarios a Carlomagno.

-Dudo que pueda hablarle sin decir un gran spoiler histórico -Comentó John.

-Igual -Dijo Sherlock, sin sacarle los ojos de encima a la pareja.

-Nos vamos entonces - comunicó el Doctor y se pusieron de pie.

Había tanta gente, que se demoraron más de lo previsto, y cuando por fin llegaron a un pasillo más desocupado, notaron que el rey venía tras ellos.

-Lamento retrasaros, pero la Emperatriz me ha informado que habéis disuelto un pequeño incidente con los rebeldes. Supongo que debo recompensaros de cierta forma, a nombre de su Santidad. - Comunicó el hombre.

-Un incidente menor, su majestad, que la emperatriz ha sabido agradecer en justa medida -Replicó el Doctor.

-Bien. ¿Hay algo más en que pueda serviros? - Volvió a preguntar el futuro emperador.

-Nada en lo absoluto, señor - Contestó John, asumiendo una postura militar - ha sido suficiente con saber de la gratitud del emperador.

Carlomagno lo miró confundido, a la vez que John apretaba sus labios ante el error.

-No entiendo a qué os referís. - Dijo, con una sonrisa nerviosa.

-Sólo… luzca sorprendido. - Aconsejó Sherlock, poniendo una mano sobre el hombro de Carlomagno.

Se despidieron y se marcharon.

-Bueno, ahora sabemos a qué se debe la inexplicable sorpresa del emperador en el día de su coronación. - Comentó el Doctor, cuando entraban a la TARDIS.

Tras volver a la recepción, la emperatriz le preguntó a Carlomagno por los hombres, y cuando este le comentó su breve entrevista (sin aludir al tema de la coronación) una sombra de tristeza cruzó por su cara.

-¿Todo bien, Irene? - Preguntó el monarca.

-Por supuesto - replicó ella, sonriéndole levemente - Es sólo que… dios, hubiese dado la mitad de mi imperio por contar con, aunque fuese uno de ellos, como mi consejero privado.

-¿Alguna preferencia? - Preguntó Carlomagno.

La Mujer sólo sonrió.