Capítulo 4: Podría haber sido mucho peor

-Harry está vivo… - susurró Hermione tapándose la boca con una mano y sintiendo que las lágrimas acudían de nuevo a ella, pero esta vez de alegría. No dejó que ni una sola se derramara ante Malfoy.

Draco había tenido que tomar una rápida decisión. Voldemort le había mentido sobre ello a la chica, la había hecho creer que Potter había muerto, pero de alguna forma ella se había enterado. Cuando vio a Feni asomándose por el marco de la puerta lo comprendió. Si le decía la verdad, al menos se quitaba el problema de que intentara quitarse la vida y la podría chantajear con información del exterior sobre sus amigos.

-ahora vete de aquí, quiero que tú me traigas el desayuno. – el rubio sonrió con suficiencia, pero se podía ver el enojó en sus ojos – después Feni te mostrará el resto de la casa y yo te iré diciendo cuáles son tus obligaciones.

Hermione apretó los puños con rabia. Quería seguir hablando sobre Harry y que había pasado en realidad ese día en el tren, pero había comprendido el juego de Malfoy. Si ella se resignaba y se dignaba a servirle, quizá obtendría información. Debía tragarse su orgullo y llevarle el desayuno al rubio.

-te odio Draco Malfoy – escupió con rabia.

Draco se levantó y se dirigió a ella, cogiéndola con dos dedos de la barbilla y alzando su cara para que le viera a los ojos.

-no tanto como yo a ti, asquerosa sangre sucia. No vuelvas a entrar en mi cuarto sin llamar antes. – Después la empujó lejos de él, hacia la puerta – y ponte el delantal, es parte de tu uniforme. Te quiero aquí con mi desayuno en una hora. Feni, acompáñala.

-sí, señor – dijo la elfina apareciendo de detrás del marco desde el que lo había estado observando todo.

Cuando Hermione salió de la habitación, Feni la cerró con cuidado y la condujo de vuelta a su habitación.

-acabe de desayunar, señorita. Después puede reunirse conmigo en la cocina.

-¿Cómo llegó allí? – preguntó Hermione resignada.

-no tiene perdida. Baje todas las escaleras. Pasando el Hall, a la derecha hay una puertecilla de madera que baja a las cocinas. Aunque debería evitar pasar por allí para no encontrarse con el señor Lucius. En el primer piso, por el pasillo de la derecha, encontrará un cuadro de una muchacha recogiendo fresas. Tras el cuadro hay un pasadizo que lleva directamente a la cocina. Será mejor que vaya por allí.

-¿por qué debería evitar encontrarme con Lucius? – preguntó la castaña. Aunque en estos momentos lo evitaría de todas formas.

-no lo sé. Nosotros los elfos siempre vamos por el cuadro para que el señor no nos dé con el bastón.

-¿y porque debería pegaros con el bastón?

-no lo sé… - parecía que la elfina se estaba agobiando con tantas preguntas – supongo que para recordarnos cuál es nuestro lugar.

-y después les sois fieles, tenéis magia suficiente como para…- la elfina comenzó a frotarse las manos con nerviosismo. No tenía más respuestas y Hermione sintió pena por ella. – enseguida bajaré, Feni. – le dijo amablemente.

La elfina desapareció sin decir más.

Hermione se sentó en la mesa de su habitación. Se bebió el zumo de un trago y comenzó con una tostada mientras observaba la habitación. Nunca había tenido una habitación tan grande ni tan lujosa. Ni siquiera con baño propio como esa, pero aborrecía ese lugar. Para ella solo era una cárcel donde debía permanecer encerrada esperando a que la rescataran, pues ella no podía hacer más. Solo esperar.

Cuando se terminó el desayuno, cogió la bandeja y salió de la habitación en busca del cuadro del que Feni le había hablado. No tenía fuerzas para encontrarse con nadie. No todavía.

Lo encontró sin mucha dificultad y se adentró en el oscuro y frio pasadizo con algo de temor. Por mucho que quisiera hacerse la fuerte, estaba muerta de miedo en esa casa. Aunque no lo demostraría enfrente de Malfoy. Ahora había algo que le importaba. Salir con vida de allí.

Cuando llegó al final, pasó por otro cuadro y lo cerró, llegando a una amplia y luminosa habitación llena de cacharros y fogones y con unos cinco elfos moviéndose con prisa de un lugar a otro. Divisó a Feni preparando unas bandejas con platos, vasos, cubiertos y servilletas. Cuando la vio le hizo señas para que se acercara. Estaba de nuevo sonriente, parecía haber olvidado el incidente de hace un rato.

-¿tiene idea de cocinar, señorita?

-puedes llamarme Hermione, Feni – la elfina sonrió con gratitud, y Hermione prosiguió. – creo que se defenderme.

-muy bien, para el desayuno del señorito Malfoy tendrás que preparar dos huevos fritos, bacon, zumo de naranja (aunque en invierno prefiere el de calabaza), tres tostadas, una de ellas con mermelada de melocotón, una manzana y un plato de fresas. Deje también este cacito de azúcar en la bandeja – dijo acercándoselo – a veces lo usa en las fresas ¿crees que podrás con todo?

-claro, pero… ¿enserio se comerá todo eso?

-claro que no – rió la elfina – normalmente elige lo que le apetece ese día y el resto lo deja ¿lo recordaras todo?

-por supuesto – dijo Hermione con el ceño fruncido. Le molestaba que en esa casa la comida se malgastara de semejante forma.

-bien, tengo que ir a entregar el desayuno a los señores y a arreglar las habitaciones, si necesitas algo, solo llámame y apareceré en cuanto pueda.

-gracias Feni – dijo Hermione sonriéndole amistosamente.

Después, observó lo que tenía a su alrededor, encontrando rápidamente algunas cosas, pero para encontrar otras necesito ayuda. Un simpático elfo, bastante más joven que el resto, le ayudo en todo. Se presentó como Somi y a Hermione le gustó enseguida. Media hora más tarde lo tenía todo listo. Una de las tostadas se le había quemado bastante, pero inteligentemente era la que había cubierto de mermelada de melocotón.

Esta vez le toco subir las escaleras pasando por el hall, ya que el pasadizo era oscuro y estrecho y podría derramarlo todo, y aunque Malfoy le había dado una hora, si lo derramaba solo le quedaban diez minutos para volverlo a hacer. No le apetecía descubrir que pasaba si llegaba tarde. Quizá más adelante se arriesgaría, pero en ese momento estaba cansada tanto física como anímicamente.

Mordiéndose la lengua y de nuevo tragándose su orgullo, llamó a la puerta de la habitación de Malfoy y después entró. El rubio ya estaba sentado en su mesa esperando.

-no te he dado permiso para entrar, Granger. – dijo el rubio fríamente.

-solo dijiste que llamara a la puerta – dijo ella de igual forma – lo he hecho.

-pero si no recibes una invitación, no puedes entrar como si nada ¿Qué tal si me estoy cambiando?

-pues que entonces vomitaría…

-sal de nuevo y vuelve a llamar hasta que te dé permiso para pasar.

-¡pero si ya estoy dentro! – se quejó.

-¡hazlo! – ordenó el rubio.

Ella le miró con rabia contenida. Salió, cerró de un portazo y con su puño ahogó un grito de frustración. Después, intentando calmarse, llamó a la puerta, esperando escuchar del otro lado el "pase", solo entonces abrió la puerta.

-déjala sobre la mesa. – Hermione obedeció sin chistar. Él observó la bandeja durante unos instantes. – esta tostada esta quemada. – dijo tocándola con un tenedor – llévatelo y hazlo de nuevo.

-¡¿Qué?¡

-¿acaso eres sorda? No me gusta repetir mis órdenes.

-pero si apenas se nota…

-¡hazlo!

Hermione agarró la bandeja y salió de la habitación con furia.

-"hazlo…" "hazlo…" – se burlaba por el camino en voz baja.

Llegó de nuevo a la blanca cocina y rápidamente preparó otra tostada. En diez minutos tocaba de nuevo la puerta del rubio, cuando se lo indicó, pasó al interior y dejó la bandeja delante de él con fuerza.

-espero que esté de su gusto… - se burló la chica y Draco sonrió con suficiencia de nuevo.

-supongo que no preparaste de nuevo el huevo y el bacon, ahora están fríos, tendrás que hacerlo de nuevo.

-estas bromeando ¿cierto? – dijo ella sin creerlo.

-yo no bromeo. No vuelvas hasta que lo tengas todo listo, llevas quince minutos de retraso, no estoy acostumbrado a esperar ¿me oyes?

Se volvió a llevar la bandeja ¿Qué otra cosa podía hacer más que cumplir con los caprichos del insoportable cretino?

Cuando regresó, al parecer estaba todo correcto, pues Draco comenzó a mirar la bandeja como si estuviera decidiendo.

-mmm, creo que hoy optaré por las fresas – dijo acercándose el azúcar.

Hermione abrió la boca con sorpresa.

-no estarás hablando en serio – como respuesta el rubio se metió la primera fresa en la boca y la masticó con hambre – me hiciste bajar tres veces sabiendo que no te lo ibas a comer ¿sabes cuanta gente podría haber comido con lo que tú vas a tirar?

-sí, supongo que toda la familia Weasley – soltó él limpiándose la comisura de los labios con una servilleta - ¿a quién le importa? Ahora prepárame la ropa. – añadió señalándole el ropero.

-¿es que ni siquiera puedes elegir tu propia ropa? – preguntó sin creerlo, ella jamás dejaría que otro le eligiera la ropa, aunque quizá más de una vez lo haría mejor que ella – si no haces nada en todo el día pronto te pondrás tan gordo como Goyle.

Draco la miró con el ceño fruncido.

-no vuelvas a insinuar algo así, yo jamás estaré gordo – en verdad parecía ofendido – yo estoy tremendamente increíble y siempre seré igual de irresistible. ¡Ahora ve!

-ya… - susurró Hermione encaminándose al ropero.

Cuando lo abrió se encontró con un hechizo aumentador y en miles de perchas trajes, túnicas, camisas y pantalones, en su mayoría negros o grises oscuros. Se imaginó perfectamente como luciría Malfoy perfecto. Una camisa negra, con las mangas remangadas y los primeros botones desabrochados, dejando ver algo de su pecho. Después, unos vaqueros oscuros (porque no había otro color) y zapatos de vestir. En cambio, sobre la cama colocó un suéter de invierno (recordemos que estaban en verano) a rayas azul marino y gris oscuro, unos pantalones negros de traje y unos zapatos de piel marrón oscuro.

-¿estás loca? – preguntó el rubio alarmado cuando vio semejante combinación - ¿acaso quieres dañar mi vista o acabar con mi reputación en un instante? ¡O las dos cosas a la vez! Trae – dijo arrancándole los zapatos de las manos – yo me ocuparé de esto.

Hermione sonrió satisfecha, pues eso es lo que pretendía desde el principio. Puede que no tuviera mucho gusto o que no tuviera ni idea de moda, pero sí cierto sentido para combinar. Por lo menos así se quitaba una de las muchas cosas que le tocaría hacer por el "señorito"…

Draco se metió al baño a cambiarse con la orden de que Hermione le hiciera la cama mientras. Cuando salió le hizo una seña para que le siguiera.

-este, el segundo piso, es mío, así que tú te ocuparás de él. No es necesario que vayas por ningún otro, y tanto mejor para ti que no te cruces con nadie, menos con mi padre… - le advirtió. Hermione asintió inconscientemente, pues no tenía ninguna intención de hacerlo. – deberás permanecer en tu cuarto en las horas en que no tengas nada que hacer.

-¡ah! ¿Que habrá horas en las que no me estés mandando como un niño consentido?

Draco la miró mal por en cima de su hombro.

-si lo prefieres no te dejaré ni un respiro. – eso calló a Hermione y Draco volvió la vista enfrente satisfecho. – también te ocuparás de mi parte del jardín.

-¿es que cultivas algún tipo de droga? Porque no sabía que te gustara la herbología.

-voy a tener que hacer algo con tus contestaciones. No es la forma de dirigirte a mí.

La castaña soltó una carcajada sin gracia, de rencor.

-La única forma de dirigirme a ti debería ser a escup… - comenzó ella, pero antes de terminar la frase, Draco la tenía cogida del cuello y atrapada contra la pared. Cuando habló, lo hizo muy cerca de su cara.

-esa no es la forma de dirigirte a la persona que te salvó la vida.

-solo me has salvado la vida para poder seguir humillándome. Eres repugnante – contesto con dificultad por la presión del chico en su garganta.

-si tanto te repugno enseguida enviaré una lechuza y, en unas horas podrás estar al servicio de cualquier otro mortífago – solucionó Draco con rapidez y una sonrisa retorcida – seguro que esta vez tu anfitrión no dudará en prepararte unos aposentos en su mejor mazmorra, alimentarte con banquetes de pan y agua y violarte cada noche mientras disfruta de tus gritos – la soltó y disfrutó observando como ella tragaba con dificultad el miedo se reflejaba en sus ojos rojos – es justo lo que mereces – y se encaminó hacia su habitación dispuesto a escribir esa lechuza.

-¡espera! – gritó Hermione con dificultad alargando un brazo en dirección a él, pero sin atreverse a tocarlo para voltearle – espera… - pidió de nuevo en un susurro y esperó a que él se volteara a mirarla. La arrogancia que reflejaba la enrabió, pero no lo demostró – no lo hagas…

-discúlpate – ordenó.

-lo siento – dijo con furia contenida, rápidamente y en un susurro, mirando al suelo.

-lo siento, señor – la corrigió el rubio alto y claro. – hazlo de nuevo.

Hermione alzó la mirada, atrapando el acero con el que Draco la taladraba, con esa suficiencia y arrogancia que desprendía con solo una mirada. Apretó los puños con fuerza, que temblaron y una única lágrima de frustración se escapó de sus ojos cada vez más enrojecidos por las emociones contenidas.

-lo siento señor – dijo en voz alta, aunque algo temblorosa por la rabia.

-vamos – dijo Draco serio de nuevo, pasando por su lado y guiándola de nuevo al jardín.

Hermione se limpió la lágrima con fuerza y apretando los labios siguió al rubio.

Observando su espalda pensó en si de verdad habría sido capaz de deshacerse de ella y mandarla con otro mortífago. Recordaba la noche que estuvo ante Voldemort. El mortífago que se adelantó, deteniendo su asesinato y ateniéndose a la ira de su señor sin duda había sido él. Fueran cuales fueran sus motivos, le había salvado la vida esa noche. Ahora la tenía retenida, pero en una habitación limpia, con sabanas y almohadas y con la libertad de comer lo que fuera que pudiera encontrar en la cocina. Además, le había dejado claro que no la tocaría ni con su varita. Podría ser mucho, mucho peor. Quizá tuviera que agradecer que fuera Malfoy precisamente su carcelero. Con él solo tendría que aguantar humillaciones e insultos, algo que podía sobrellevar medianamente bien.

Llegaron al jardín y lo atravesaron, adentrándose por un caminito de piedra oculto entre algunos setos. Se tuvo que agachar en algún momento en el que las ramas crecían sobre su cabeza. Cuando volvió a ver el cielo se encontraba en un pequeño terreno de hierba fresca y húmeda y les rodeaban miles de rosales, cuyas rosas blancas irradiaban luz propia de lo brillantes, frescas y puras que se veían.

-¿rosas blancas? – preguntó Hermione – no lo entiendo… - dijo más para ella que para nadie en particular, pues en verdad le había sorprendido que Draco hubiera elegido esa flor para su jardín privado.

-las rosas rojas reflejan la pasión: lo tengo; las rosas amarillas pueden llevar consigo un engaño: se engañar; las de color rosa son muy bellas: tengo la belleza; las rosas violeta representan aristocracia: lo soy; las rosas negras y las rosas grises… bien, la muerte y la desesperación están constantemente a mi alrededor, tengo más que de sobra – el rubio caminaba entre las flores blancas, parándose a mirar algunas más de cerca, como si comprobara que todas estaba bien – en cambio lo que representa una rosa blanca es algo que jamás podré tener, ni conseguir...

Hermione observó el perfil de su rostro concentrado unos segundos, y por un momento le pareció ver a un simple chico que nunca tuvo libertad para ser libre. No distaban mucho sus situaciones. Por un segundo observó a un Draco que anhelaba la pureza y la inocencia que le habían sido arrebatadas, justo lo que representaban esas rosas, pureza e inocencia.

-¿Por qué me cuentas esto a mi?

Draco la miró como si no recordara que se encontraba allí, pero enseguida volvió a poner esa sonrisa que tanto odiaba la chica.

-porque no puedes decírselo a nadie – dijo simplemente – y ahora recuerda bien lo que voy a decirte. Cada día debes despertarme a las nueve y media de la mañana, media hora después me traerás el desayuno mientras yo me ducho. El resto de la mañana te ocuparas de mantener todo el segundo piso limpio y ordenado. Comerás en tu cuarto, pues la hora de la comida y la cena se reúne la familia Malfoy y tú no deberás estar presente bajo ninguna circunstancia. Por la tarde puedes ocuparte del jardín y a las seis, si es que estoy en casa, prepararás mi merienda. A las diez, antes de irte a la cama vendrás a mi habitación para preguntarme si necesito algo más. – Draco decidió no preguntarle si lo había entendido, pues tenía más que claro que lo había hecho – vámonos. Tienes cosas que hacer.

-tengo algunas preguntas. – soltó ella antes de que se pusiera en marcha.

-si tienen que ver con tu trabajo, lo cual no lo creo, adelante. En otro caso, sígueme y no pierdas tu tiempo.

Hermione le siguió en silencio. Estaba claro que no iba a sacar más respuestas ese día. Al parecer solo iba a tener que aguantarle tres veces al día, eso era bueno dentro de todo lo malo. Mientras entraban al hall de la mansión frenó de golpe, justo cuando Draco lo hizo, antes de chocar con su espalda.

-¿enseñándole nuestros terrenos a nuestra huésped, Draco?

Cuando Hermione se quiso dar cuenta, Lucius Malfoy la había agarrado del pelo, tirando de sus rizos hacia abajo para que le mirara directamente a los ojos. Eran grises, como los de Draco, pero mucho más claros, casi sin vida. En cambio los de su hijo tenían más fuerza y un brillo azulado en algún lugar que todavía no había podido identificar exactamente.

-¿Qué se siente al saber que estás perdida, que la guerra para los sangre sucia a acabado y que Voldemort reinará ahora que Potter está muerto para salvaros a todos?

Hermione miró a Draco con dificultad y vio la alarma en sus ojos. Al parecer no debería haberle revelado que Voldemort le había mentido y que Harry estaba vivo. Supo que él no le había mentido por el miedo que reflejaba su mirada a ser delatado. Le empezaba a doler el cuero cabelludo, el hombre parecía dispuesto a arrancárselo del cráneo, pero decidió no rebajarse ante él. No ante Lucius.

-¿y qué se siente al simplemente no tener una vida y ser solo una marioneta de un mago loco?

Acto seguido recibió una bofetada que la lanzó al suelo. Notó como la sangre caliente recorría lentamente su mentón. Segundos después Draco cayó a su lado.

-¿acaso no sabes cómo tratar a tus criados para que comprendan el respeto que deben a sus señores? – dijo dirigiéndose a su hijo, que le miraba ceñudo desde el suelo con una mano en su mejilla – te enseñaré como hacerlo ¡Crucio!

Hermione pudo notar en su cuerpo el deseo de Lucius por dañarla, y aunque ya había recibido crucius antes, por parte de la cuñada de este mismo hombre, no era un dolor al que te acostumbrabas. Chilló con fuerza hasta que el hombre dejó de torturarla.

-yo me ocupo de mis criados – escuchó decir a Draco, que al parecer había detenido el ataque – él me la encargó a mí.

-si esto vuelve a ocurrir tendré que informarle. – escuchó, seguido de unos pasos que se alejaban.

Hermione permanecía en el suelo hecha un ovillo y agarrándose a sí misma para mitigar el dolor. Escuchó un portazo y segundos después unas manos apartándole el pelo de la cara. Encontró a Malfoy mirándola agachado junto a ella.

-eres muy estúpida, Granger – dijo sonriendo, una sonrisa que acababa de descubrir en el rubio, y que le abría contagiado si el dolor no se lo hubiera impedido. Sintió como el chico se sentaba a su lado – ni siquiera yo me atrevo a hablarle así a Lucius.

Hermione intentó moverse, pero el dolor todavía se esparcía por sus músculos.

-deberías probarlo, sienta bien – dijo lenta y temblorosamente. Algo parecido a una débil risa llegó a sus oídos. Intentó incorporarse de nuevo, pero solo consiguió soltar un gemido.

-espera un poco más – y él esperó con ella pacientemente hasta que la chica fue capaz de ponerse en pie de nuevo.

La guió hasta su habitación y le abrió la puerta. La chica entró sin decir nada.

-recuerda, quiero mi merienda a las seis. No deberías salir de aquí si no tienes cosas que hacer. – y cerró la puerta dejándola sola.

Sin pensarlo Hermione se metió en la cama, agotada y pensativa ¿acaso acababa de presenciar una mínima parte de humanidad en Draco Malfoy?


Pues aquí os traigo el nuevo capítulo de esta historia. Como veis Hermione no ha tenido otra opción que rendirse, y a acabado aceptando que en todo caso, Draco es la mejor de sus opciones.

Bueno, lo primero, me gustaría agradecer sus reviews a:

Lefrance13: no te preocupes, suelo acabar, o prácticamente acabar mis historias antes de publicarlas, así luego no tengo que hacer esperar a las lectoras si desaparece mi inspiración, así que esta historia llegará al final.

alissa-2012: como tú dices, que Harry esté vivo a dado fuerzas a Hermione para seguir luchando. ¡Gracias por leer mi historia!

Pabel Moonlight: hola! Me alegro de leerte de nuevo, te recuerdo de otras historias (no de esta cuenta) y me alegro de que esta nueva también te este gustando. Muchos besitos!

minako marie: jajaja espero que este capítulo haya calmado un poco tu ansia. Espero leerte pronto!

mariapotter2002: hola! A ti también te recuerdo de otras historias (de la otra cuenta) y me alegro de leerte de nuevo. La verdad es que si, podría ser peor y las cosas iran avanzando poco a poco. Un besito fuerte.

Dracoforever: tienes razón en lo que dices, como sabemos, no todos son lo que aparentan, si no lo que tienen que aparentar para sobrevivir.

Marie Malfoy Morales: supongo que te gusta la historia, jaja. Gracias por tu review!

Sam Wallflower: me alegro de que te esté gustando mi fic. Hermione todavía tiene que enterarse de muchas cosas, pero por lo menos saber que Harry está vivo la ha ayudado bastante.

Bueno, y ya solo despedirme, y nos vemos el próximo jueves (a no ser que reciba tantos reviews y me ponga tan contenta que tenga que subir el capítulo antes, jaja)

Un besito para todas, y recordad que si me dejáis un review Draco os llevará a su oculto jardín privado de rosas blancas…