Disclaimer: Digimon no me pertenece.
Advertencias: Para los primeros capítulos de este fic me basé en algunas escenas de los libros "Fifty Shades of Grey" de E.L. James y "Bared to You" de Sylvia Day. Sin embargo, esto no será una adaptación.
Evermore
La Apuesta
Aún recostada en el sillón apenas podía apreciar la silueta de la persona que acababa de entrar. Mi vista incluso estaba algo borrosa y mi cabeza daba vueltas, pero pude escuchar a Yamato hablar, situándose frente a mí para cubrirme.
—¿Se puede saber qué haces aquí?
—¿Estabas con… alguien? —preguntó el intruso. Al parecer ya me había notado desparramada en el sillón.
—Sí. Y estoy ocupado, así que largo.
—Oye, en tu apartamento lo entiendo, ¿pero en tu oficina?
—No tengo por qué darte explicaciones, son mis asuntos y, tal y como has dicho, es mi oficina —espetó —. Ahora, sal de aquí.
Yo seguía aturdida, y aún no veía a la persona con la que Yamato estaba discutiendo. Me incorporé a como pude. Acomodándome la falda torpemente. Dios mío. Mi respiración seguía agitada y mis labios hinchados. Qué vergüenza. ¡Y todo por ser tan débil! Él me había dado la oportunidad de irme y yo caí. Caí redondita.
—No me voy a ir, Matt, vine para decirte algo importante sobre el asunto con la editorial australiana.
Ese apodo hizo que me pusiera alerta. No había escuchado que nadie lo llamara así en este edificio.
—Ahora no, T.K. —respondió —. Espérame afuera unos minutos, ¿quieres?
Abrí los ojos de par en par y mis pies se movieron por sí solos. Asomé mi rostro por detrás de la espalda de Yamato y ahí lo vi. ¡Dios mío! ¿En serio era él? Tuve que parpadear unas cuantas veces más para convencerme, ¡en serio era él! Era Takeru, el niño con quien compartí tantas cosas en mi infancia. Claro que... ya no era un niño. Había crecido, vaya que sí, y era igual de atractivo que su hermano, ¿qué rayos tenía el gen Ishida?
El rubio menor llevaba un traje de dos piezas con corbata a juego, y lucía como todo un empresario, por lo que supuse que también trabajaba en Evermore. Había cambiado un poco, pero aún tenía sus mismos ojos azules nobles de siempre. Y de hecho, a pesar parecer todo un joven ejecutivo, tenía un aire mucho más relajado y jovial que el de Yamato.
—¿Takeru? —pregunté cuando salí de mis pensamientos, aún algo incrédula.
Él me dedicó una mirada extraña, examinándome de pies a cabeza. Creo que no me reconocía. Y claro, seguro pensaba que era una de las putas de su hermano. Qué horror. Ahora quería que me tragara la tierra. El pequeño Takeru, a quien llegué a considerar como un hermanito en mi niñez, pensaba que estuve a punto de tener sexo con Yamato, en pleno día, y en su oficina. Dios...
Y como no me respondió, volví a hablar.
—Soy yo, Mimi Tachikawa —dije, completamente apenada.
Las órbitas de sus ojos parecieron desencajarse por un momento.
—¿Mimi? —exlamó, dudoso. Después miró a su hermano, buscando una respuesta.
—La misma —respondió con simpleza, encogiéndose de hombros.
—¡No puedo creerlo! —una sonrisa surcó su rostro —. ¡Eres tú!
Me sorprendió muchísimo su reacción. Al parecer la primera impresión había quedado en el olvido, pues el pequeño rubio se lanzó a rodearme con sus brazos eufóricamente. Bueno, no que fuera precisamente pequeño, me sacaba casi una cabeza. Yo correspondí el abrazo torpemente, aún algo abrumada por toda la situación.
—¡Estás muy cambiada! —dijo cuando se separó, sosteniéndome de los brazos —. ¡Y muy guapa! ¡Los años te han sentado bien!
Vaya. Que diferencia de trato. ¿En verdad estos dos eran hermanos?
—Gracias —solté una risita —. Tú tampoco estás nada mal. ¡Has crecido muchísimo!
—¿Qué estás haciendo en Japón? ¡Pensé que ya tenías tu vida hecha en Nueva York!
Yamato se aclaró la garganta sonoramente, interrumpiéndonos.
—T.K., déjanos solos un momento —exclamó, mirando solamente a su hermano.
Takeru me soltó al instante.
—Oh, es cierto… ustedes estaban…
Pero se quedó sin habla.
Demonios. No quería que Takeru se quedara con esa impresión de mí.
—Afuera, T.K. —sentenció Yamato en ese tono autoritario tan propio de él.
—Ya, pero no te pongas así… —respondió. Después me miró —. Tenemos mucho de qué hablar, Mimi. ¡No te pierdas!
—Te lo prometo —dije, dedicándole la más dulce de mis sonrisas.
Él asintió y se giró sobre sus talones. Llegó a la puerta y sacó su propia llave, pasándola por el identificador y saliendo del lugar. Oh, así había entrado. Tenía su propia llave. Entonces era un hecho que trabajaba aquí. ¿Sería una empresa familiar? Yamato no me había mencionado nada respecto a eso, aunque ciertamente no me importaba mucho, estaba feliz de haber visto a Takeru. ¡Lo había extrañado muchísimo!
—Mimi.
Mi nombre saliendo de su boca me tensó al instante. Mierda. ¿Qué me iba a decir? Ahora agradecía que nos hubieran interrumpido. Si no, quien sabe que sería de mí en estos momentos. Seguramente ya estaría sin sentido, aclamando el nombre de Yamato mientras lo rodeaba con mis piernas. ¡El destino me había dado otra oportunidad para salir bien librada de esto! No pensaba desaprovecharla.
—Traes la blusa desacomodada, déjame te la arreglo —exclamó, acercándose a mí.
Posó sus manos sobre el primer botón de mi blusa de seda, que estaba desabrochado. ¿En qué momento había ocurrido eso? Sacudí la cabeza y, con la poca dignidad que me quedaba, le di un manotazo.
—Basta, déjame en paz —le dije.
Él apartó sus manos.
—Arréglate el cabello —me ordenó.
Fruncí el ceño y comencé a pasarme los dedos por el cabello. Cuando al fin lo sentí medianamente pasable, comencé a examinar mi ropa. Mi blusa ya estaba completamente abotonada, mi falda abajo, mis tacones en su sitio. Todo bien. O eso esperaba.
Suspiré. Me ardía la garganta. Nunca en la vida había perdido la cabeza de aquella manera. Y me sentaba fatal que hubiera ocurrido precisamente con él, un hombre cuya actitud hacia la intimidad sexual era tan fría que me deprimía con sólo pensarlo.
—¿Ya estoy bien? —le pregunté por mi aspecto. No quería salir de la oficina luciendo como si acabara de tener sexo.
—Estás perfecta —me respondió —. En estos momentos te deseo tanto que, si Takeru no estuviera esperándome afuera, te llevaría al sofá para continuar con lo que empezamos.
—Con decir que estoy bien hubiera bastado —dije, tratando de sonar ofuscada. En serio, ¿cómo podía hablar de manera tan casual sobre esas cosas?
Lo triste era que no me sentía ofendida. No cuando yo misma había permitido esta situación. Pero ahora lo único que quería era salir huyendo de aquí y alejarme de este hombre. De hecho, si no tuviera que trabajar, probablemente también saldría huyendo de este edificio. Tenía que estar lejos.
Cerca de él, mi cabeza no razonaba.
—Sales a las siete, ¿cierto? —no me dio tiempo de contestarle —. Te iré a buscar a esa hora.
—No —respondí de inmediato —. Yamato, lo que pasó no cambia las cosas.
Él soltó un bufido.
—Ya lo creo que sí.
—Que no se te suba, Ishida. Perdí la cabeza por un momento, pero gracias al cielo, la he recuperado —exclamé, usando un tono firme —. Que te quede claro que yo no quiero lo mismo que tú.
—Claro que lo quieres —aseguró —. Lo que pasa es que no te gusta el modo en que yo pretendo dártelo. Volveremos a vernos para terminar de repasar los parámetros.
Claro. Otra vez hablando de negocios.
—Lo siento, pero no puedo. Hoy ya hice planes —respondí, acercándome a la puerta.
Él me siguió.
—Pues mañana.
—Mañana también tengo planes. Además estaré ocupada el resto de la semana y el fin de semana.
Él parecía estar divirtiéndose, pero se movía con cautela.
—Vaya, eres una mujer con muchas ocupaciones…
—Exactamente. Y como no tengo tiempo para repasar las condiciones de nuestro no existente encuentro carnal, lo mejor será que lo dejemos por la paz.
—¿Por qué sigues negándote? Hace unos minutos claramente rogabas por más —contestó, acercándose un poco —. No puedes resistirte a mí, Tachikawa. Ninguna mujer puede —sus ojos se clavaron en los míos —. Mírame. Tan sólo mírame bien.
Por Dios, ¿en serio había dicho eso? ¡Era la persona más arrogante en todo el universo! Quería bajarle el ego de golpe, pero no pude evitar mirarlo detenidamente, como me lo pidió. Madre mía. Haberlo hecho fue mi perdición. Era hermoso. Insoportablemente atractivo. Él lo sabía. También sabía que yo lo sabía. Y de nuevo, lo usaba a su favor.
Sacudí la cabeza. Tenía que ser fuerte.
—Lo siento, pero ya tomé mi decisión… —dije, no muy convencida de mis palabras.
—Mira, vamos a hablarlo con detenimiento, ¿está bien? —insistió —. El viernes, al salir del trabajo.
—No, Ishida. Ya lo hemos hablado bastante, ¿no te parece?
—Prometo no intentar nada.
Lo miré, incrédula.
—No puedo creerte, hoy jugaste muy sucio —le recriminé.
El chasqueó la lengua y se pasó la mano por el cabello. Parecía realmente estresado. Y era mi culpa. No pude evitar pavonearme por dentro. ¡Había colmado su paciencia! Ya iba siendo hora. Él había colmado la mía desde que llegué a Evermore y siempre lucía fresco y sereno. Ahora se notaba que estaba contrariado. ¿De verdad tenía tantas ganas de acostarse conmigo?
—Escucha, Mimi. Tal vez me arrepienta de decir esto, pero —tomó aire —… No voy a volver a tocarte, ni mucho menos a besarte, a menos que tú me lo pidas.
¿Qué qué? No pude evitar soltar una carcajada. ¡Este hombre estaba completamente loco! Yo nunca en la vida le pediría que me besara. ¡Si era precisamente por lo que estábamos teniendo esta discusión! Tal vez una pequeña parte de mí flaqueaba cuando él estaba cerca, pero si no se me tocaba, confiaba en que mi fuerza de voluntad fuera suficiente.
—Bien, pues eso no va a ocurrir —le contesté.
—Oh, ya lo veremos.
Arqueé una ceja. Yamato tenía demasiada confianza en su rostro bonito y su cuerpo escultural. Parecía muy seguro de que yo iba a terminar cayendo en sus redes. Pues bien, lo dejaría imaginarse cosas un rato, pero ahora iba a establecer mis parámetros.
—Está bien, Ishida. El viernes, después del trabajo —concedí, situando mis manos sobre mis caderas —. Pero, si yo no te pido que me beses antes de que acabe la noche, vas a tener que dejarme en paz de una buena vez. ¿De acuerdo?
Él pareció meditar mis palabras. Tal vez estaba siendo algo injusta con el plazo que le estaba dando. Tan sólo una noche. Pero vamos, si tenía tanta confianza en sí mismo como yo imaginaba, no iba a negarse.
Entonces, una de sus sonrisas matadoras adornó su rostro.
—Así que apostaremos, esto me gusta —exclamó, acercándose dos pasos hacia mí —. ¿Y qué ganaría yo en caso de que me pidas que te bese?
¿Una apuesta? Interesante manera de verlo. Yo no lo había pensado así. De pronto me encontré a mí misma ligeramente contrariada. ¿En qué diablos me estaba metiendo?
Él no me dio tiempo de responder, pues decidió continuar.
—Si tú ganas, prometo dejarte en paz —dijo, sin dejar de mirarme con intensidad —. Pero si yo gano, vas a aceptar acostarte conmigo esa misma noche.
—¿Qué? —exclamé, alzando la voz —. Lo siento, pero yo no apuesto mi cuerpo.
—No lo veas así. Velo como lo que es, cada quien gana lo que quiere —respondió, tranquilo —. Soy un hombre de palabra, cumpliré si tu ganas, eso te lo aseguro.
Torcí los labios, pensativa. Claro, desde su perspectiva sonaba diferente y hasta convincente, pero aún así...
—No lo sé, Yamato...
—¿Por qué? ¿Tan segura estás de que no tienes posibilidades?
—¿Qué? ¡Claro que no!
Él se encogió de hombros.
—Piénsalo. Sólo he intentado acercarme dos veces, y dos veces has caído.
—¿Estás insinuando que soy un blanco fácil?
No lo negó.
—Me refiero a que sabes que no podrás resistirte, tal y como lo demostraste ayer en el asensor y hace unos momentos, justo aquí en mi oficina.
Y el muy cabrón se atrevía a restregármelo en la cara. ¡Me estaba desafiando! Y lo peor era que, por más que quisiera negar su punto, no podía, pues él tenía razón. ¡Dios, cómo quería darle una bofetada! Me enfurecía que me viera como una chica fácil, lo que me llevó a querer demostrarle lo inquebrantable que podía llegar a ser mi fuerza de voluntad. Sabía que estaba a punto de caer en su juego, pero no me iba a dejar. Le iba a enseñar quién era Mimi Tachikawa.
—Vas a perder, Ishida —siseé —. Las probabilidades de que te pida un beso están en números negativos.
—¿Quieres apostar?
—Eso estamos haciendo.
Él sonrió de manera triunfal.
—Bien, entonces es una apuesta —exclamó, tendiéndome la mano —. Y te advierto, haré lo que sea necesario para ganar.
—Ya lo veremos —respondí —. Pero recuerda que no puedes tocarme, ni acercarte demasiado. Nada de trucos sucios.
Él asintió, aún con el brazo extendido.
—El viernes, después del trabajo —dijo.
Yo estreché su mano, cerrando así el trato.
—Es una apuesta.
—Sí que lo es —aseguró. Y a pesar de que su sonrisa se hizo más grande, había completa seriedad en su tono de voz —. Y yo nunca pierdo.
Eso estaba por verse.
.
Cuando salí de la oficina, con Yamato detrás de mí, la recepcionista se quedó mirando en nuestra dirección con un semblante que no supe descifrar, pero tan sólo posó sus ojos en Yamato, un leve sonrojo cubrió sus mejillas y de inmediato volvió a su computadora. Oh, este hombre causaba el mismo efecto en todas. Y para mi desgracia, yo pertenecía a ese grupo. Antes de dirigirme al ascensor, me acerqué a donde Takeru aguardaba sentado e intercambié mi número de celular con el suyo, para asegurar así una salida a comer, a cenar, a pasear, a lo que sea. La verdad, iría a donde fuera con tal de pasar un rato platicando con ese rubio.
Llevábamos hablando poco más de cinco minutos, pero con eso tuve para enterarme de que él era el encargado del departamento editorial de Evermore, y que podía encontrarlo en el piso treinta y ocho. Aunque me advirtió que no venía todos los días, pues se aburría con facilidad y prefería dedicar su tiempo a su libro. Sí, ¡Takeru estaba escribiendo un libro! Era una novela de fantasía, y me prometió un ejemplar autografiado cuando estuviera a la venta.
Las cosas entre él y yo no habían cambiado nada. Seguíamos siendo los buenos amigos de siempre, y yo no podía estar más contenta al respecto. Claro, quería regañarlo por no haber asistido a la junta de ayer, pues me habría ahorrado hacer el ridículo frente a Kouji, pero no pude quejarme con él al respecto, ya que Yamato no nos dejó solos ni un momento. Se quedó ahí, en medio de los dos, sin decir palabra alguna. Takeru hablaba sin parar, mostrándose tranquilo y relajado ante la presencia de su hermano. Para mí, en cambio, la situación era algo incómoda.
De verdad, necesitaba salir a comer a solas con Takeru. Ya ni pudimos hablar sobre nuestras vidas personales, porque claro, Mister Evermore tenía cosas que hacer y le recordó al rubio menor que no contaba con todo su tiempo.
—Matt, no seas así, tú ya tuviste a Mimi para ti solo durante tres días, ¡seguro ya hablaron de mil cosas! Yo apenas me estoy poniendo al corriente.
Uy, sí claro. Si Takeru supiera lo mucho que su hermano y yo hemos hablado…
—Pueden hablar de sus asuntos otro día, y no en el horario de trabajo de Tachikawa —contestó con autoridad —. Además, te recuerdo que fuiste tú quien vino a buscarme.
El rubio menor giró los ojos.
—Claro, como digas —resopló, pero avanzó hacia mí y me rodeo con sus brazos, alzándome del suelo en el acto. Yo reí —. Hablamos luego, Mimi, ya tienes mi número de celular.
—¡Por supuesto! —respondí, sin dejar de sonreír —. Hasta te vas a arrepentir de habérmelo dado de tantas veces que te voy a llamar.
El abrazo terminó y mis pies tocaron nuevamente el suelo. Él también sonreía de oreja a oreja.
—Estaré esperando esas llamadas —exclamó, guiñándome un ojo.
Estoy segura de que casi me sonrojo, ¿qué demonios tenían estos hermanos que eran tan endemoniadamente guapos?
—A mi oficina, T.K. —habló de nuevo Yamato.
El aludido otra vez giró los ojos y se despidió de mí con un ademán de mano antes de dirigirse despreocupadamente a la oficina de su hermano. Y yo, sin ganas de estar a solas con Ishida, di media vuelta y sin decir nada más, caminé lo más rápido que pude hacia el ascensor.
Me introduje en la cabina, y cuando me volteé, me di cuenta de que Yamato no se había movido de su sitio, y tampoco había dejado de mirarme. Entonces las puertas se cerraron y, solamente después de eso, pude relajarme. Mi cuerpo no podía soportar la manera en que esos ojos azules me miraban. Eran intensos y llenos de deseo. ¡Deseo por mí! Oh Dios. ¿En qué me acababa de meter?
Había apostado con Yamato, con mi jefe.
Respiré hondo. Tenía que tener confianza en mí misma. Digo, estaba muy segura de que, si él no se acercaba o me tocaba, mi voluntad no iba a flaquear. Además, mientras siguiera con su actitud de "establecer parámetros para fornicar", yo no iba a ceder. De hecho, no iba a ceder de ninguna manera.
Siempre he sido muy sensible y romántica, además de sentimental, por lo que el sexo sin compromisos no es una opción para mí. Tampoco es que quisiera una relación con él. Mi corazón no estaba listo para esas cosas, no después de todo lo que pasó. Simplemente, yo no estaba preparada para ninguna clase de embrollo emocional.
Suspiré. ¿Por qué no podíamos ser sólo amigos?
.
El día laboral continuó con su curso de manera normal. Kouji me encargó que revisara unos folletos y que, en caso de ser necesario, los corrigiera. Me entretuve gran parte de mi tarde en eso, pensando en todo, menos en Yamato Ishida. Ah. Tal vez mi vocación no fuera la mercadotecnia, pero vaya que me distraía y, para que negarlo, era bastante buena. Sí, que modesta.
Al diez para las siete, alguien tocó la puerta de mi oficina. Levanté la mirada y vi a un sereno Kouji Minamoto que parecía ya muy listo para irse.
—¿Nos vamos? —preguntó.
Yo tuve que procesar lo que dijo, pues no lo entendí a primera instancia. Claro que cuando comprendí, casi pego un salto de mi silla. ¡Es cierto! Iba a ir a cenar con él y su hermano. ¿Cómo pude olvidarlo? En sí, la respuesta era obvia: Ishida. Recordé entonces que le había dicho a Yamato que ya tenía planes para hoy. Vaya, después de todo, no había sido una mentira.
—Sí. Sólo deja guardo todo y tomo mi bolso. Te alcanzo en el ascensor.
Después de media hora, ya estábamos sentados en una mesa del China Room con el gemelo de Kouji. Koichi Kimura era casi idéntico a mi jefe. Ojos y cabello del mismo color, piel pálida y facciones iguales. Lo único que difería entre ellos era el peinado y la ropa. Koichi era muy guapo, y, al contrario de Kouji, éste no vestía de traje, si no con una camiseta casual y unos jeans algo deslavados.
Se veía muy animado por conocerme. Al parecer la primera impresión que le di a mi jefe fue muy buena —a pesar de mi llegada tarde—, ya que ambos parecían encantados de cenar conmigo y escuchaban atentos cualquier anécdota trivial que les contaba. La estaba pasando genial. La relación de hermanos entre Kouji y Koichi funcionaba tan bien que era un verdadero placer pasar tiempo con ellos.
—Te lo repito, Mimi, si mi hermano no te trata bien, puedes renunciar cuando quieras, ¡se de varias agencias que de inmediato te contratarían! —exclamó Koichi, dándome una palmada en el hombro.
Reí ante su comentario. El hermano de mi jefe era fotógrafo profesional, y trabajaba para revistas, publicaciones e importantes agencias de modelaje en todo el país.
—Gracias por la oferta, pero Kouji no me trata mal —respondí —. Además, no sé si de me dé bien modelar…
—¿Ya lo has intentado? Realmente creo que…
—Oye, espera —habló Kouji —. No intentes robarme a mi asistente.
—Oh, vamos, déjala obtener ventaja de su atractivo físico, ¡podemos ganar mucho dinero por haber descubierto a la nueva Top Model!
—Koichi… —dijo Kouji, en tono reprobatorio. Después me miró —. No le hagas caso, Mimi.
—No hay problema, cuando sea una famosa y multimillonaria modelo no me olvidaré de ustedes —reí, bromeando —. Tal vez hasta los invite a mis pasarelas en Milán.
—¿Ves, Kouji? No seas aguafiestas —exclamó Koichi.
El aludido negó con la cabeza.
—Bien, pero el dinero por descubrirla me lo quedo yo, porque sin mí ni siquiera la hubieras conocido tú, hermano.
La respuesta de mi jefe me tomó desprevenida, y una sonora carcajada se apoderó de mí. Vaya, esto era justo lo que necesitaba después de un día de trabajo tan pesado. Pasar el rato con ellos alivió toda la tensión que tenía acumulada. Al final de la noche, Koichi pagó la cuenta. Por supuesto que intenté oponerme, pero ambos insistieron. Salimos del restaurante y ellos en seguida se ofrecieron a llevarme a mi apartamento, pero me negué, no quería aprovecharme.
—Ni hablar. Una chica tan bonita como tú no puede caminar sola en la noche —sentenció Koichi.
—Es cierto, Mimi. No nos cuesta nada llevarte —secundó Kouji.
Yo les sonreí, para tranquilizarlos.
—No se molesten, ya hicieron mucho con invitarme a cenar…
El apartamento no estaba muy lejos. Podía pedir un taxi y listo, no era tan insensata como para ir caminando feliz por la vida —sola— de noche. Aunque, ahora que me ponía a pensar, quería hacer una parada en el supermercado antes. La cocina de mi pelimorada amiga carecía de ingredientes para lo que más me gustaba hacer: pasteles. ¡Era mi deber abastecernos de esas delicias! Apenas eran las nueve de la noche, por lo que fácil tenía una hora para hacer mis compras. Ahora me preocupaba el tiempo que me restaría tomar un taxi…
—Pensarán que soy bipolar, pero creo que aceptaré el aventón —dije, algo apenada —. ¿Les molestaría dejarme en el supermercado más cercano?
.
Quién iba a decir que el supermercado más cercano fuera uno de calibre residencial. Era bastante amplio, con pasillos, pasillos y más pasillos llenos de cosas necesarias y otras no tanto. Oh, en momentos así era malo ser una compradora compulsiva, ¡me estaba llevando hasta lo que no! Había comenzado con una canasta, pero al final tuve que agarrar un carrito, y eso que aún me faltaba recorrer la mitad del lugar.
Claro que al terminar tendría que hacer una lista de lo que sí iba a comprar y de lo que —tristemente— tendría que dejar. En estos momentos de mi vida, dinero era lo que menos me sobraba, y ciertamente no podía gastármelo todo en ingredientes y accesorios de repostería. Si algo había aprendido en los últimos meses, era a no ser despilfarradora, por lo menos no tanto. Sabía lo que era sufrir por dinero.
—Oh por Dios… —exclamé, viendo el cielo —. ¡Tienen la batidora KitchenAid último modelo! ¡Y en color rosa!
Ni siquiera podía creer que esto me emocionara tanto como comprar ropa. Realmente tenía serios problemas mentales. Amaba la moda, sí. Pero la repostería era mi pasión. Me acerqué a ver el precio, temerosa, y al fijar mis ojos en la etiqueta, la vida me abofeteó. No literalmente, pero me regresó a la realidad.
—Algún día… —me animé a mí misma.
Sí. El día en que al fin pudiera abrir mi repostería.
Miré mi reloj de mano y después mi carrito de compras. Bueno, ya era hora de volver a casa. Pero no sin antes sacar algunas cuantas cosas inútiles de ahí. Comencé con lo no muy necesario, finalizando con lo que de plano no tenía idea de en qué momento metí. ¿Para qué necesitaba yo un set de juguetes de playa? Puse los ojos en blanco. Especialmente porque en invierno estaba a la vuelta de la esquina y las calles de Tokio eran insanamente frías.
Al final saqué tantas cosas del carrito, que terminé volviendo a mi canasta del principio. Sabía muy bien que el dinero no compraba la felicidad, ¡pero sí que influía! La prueba estaba en que yo sería infinitamente feliz si no hubiera tenido que sacar más de la mitad de las cosas que quería comprar.
—Hey, ¿necesitas ayuda con esa canasta?
Posé mis ojos en el dueño de aquella voz. Era un hombre más o menos de mi estatura, de cabello castaño y ojos negros. Vestía casualmente, así que supuse que no trabajaba en el supermercado. Le sonreí con cortesía.
—No, gracias, yo puedo sola.
—Sí que puedes, aunque la verdad era una excusa para acercarme y pedirte tu número… —dijo, comenzando a sonrojarse. De pronto parecía muy nervioso —. Eres muy linda y… no lo sé… tal vez podríamos salir un día o algo…
No pude evitar enternecerme. El pobre chico ahora se había pasado una mano por detrás de la nuca y sonreía, incapaz de mirarme. Instantáneamente me cayó bien. No lo veía como prospecto para una cita, pero tampoco era tan cruel como para matarle la esperanza tan pronto después del esfuerzo que hizo por hablarme. Además, él sí sabía cómo ir paso a paso con una chica y no se saltaba las preliminares. No como otros.
—Yo…
Pero no pude contestar, pues una voz me interrumpió, a mis espaldas.
—Ella no puede salir contigo. No está disponible.
Mis músculos se tensaron al instante y giré bruscamente mi rostro para toparme con el de Yamato Ishida. ¿Qué demonios…? ¿De dónde había salido? ¿Y que había sido eso de "no está disponible"? La indignación comenzó a recorrer mis venas.
—Oh, l-lo siento. No tenía idea, de verdad lo siento…
El pobre chico ya se había dado la vuelta y seguía disculpándose, completamente intimidado por Yamato. Eso lo entendía, hasta yo me sentía intimidada cuando me miraba con esos glaciares que tenía como ojos. Pero no podía detenerme a pensar en eso, tenía ganas de golpearlo.
—¿Me puedes explicar que rayos ha sido eso? —le espeté alzando un poco la voz, para que notara mi molestia.
Él tuvo el descaro de hacerse el desentendido.
—¿Qué cosa?
—¡No empieces, Ishida! ¡No tienes derecho de ahuyentar a los hombres que se me acercan! —exclamé —. ¡Para tu información, sí que estoy disponible!
Su semblante sereno no cambió en lo absoluto.
—¿En serio? Si mal no recuerdo, dijiste que no estabas interesada en un noviazgo.
—¡Ese pobre chico tan sólo quería una cita! —dije, comenzando a exasperarme —. Ah, pero claro, tú no sabes lo que es una cita, señor cero romanticismo. Él tan siquiera sabe pedir las cosas como se debe.
—Y con rodeos, estoy seguro de que su finalidad era llevarte a la cama —respondió, encogiéndose de hombros.
Fruncí el ceño aún más, si es que eso era posible.
—¡Eres imposible! ¡Debes saber que no todos los hombres son tan cretinos como tú!
En ese instante caí en cuenta de que estaba gritándole. A él parecía no afectarle mi alto e indignado tono de voz, pero la gente a nuestro alrededor no pensaba igual. Dios santo, por culpa de este hombre había montado una escenita en pleno supermercado. Las personas nos miraban con desaprobación y murmuraban entre ellos, y no los culpaba. Tuve que cerrar los ojos, respirar hondo, y contar hasta diez para poder calmarme un poco.
—¿Por qué lo hiciste? —le pregunté, resignada.
—Te dije que haría lo necesario.
Esa fue su única respuesta. Yo lo medité unos instantes. ¿Dijo que haría lo necesario? Sí, recuerdo algo así, justo en el momento en el que estábamos apostando. ¡Oh, por el amor de Dios! ¿Lo hizo por la apuesta?
—¡Es miércoles! —le espeté.
—¿Y qué? Tengo hasta el viernes en la noche para que me pidas que te bese —dijo con simpleza —. Nunca dijiste que no podíamos vernos antes de ese día.
—No puedo creer la seriedad con la que te estás tomando una simple apuesta.
—No es una simple apuesta. Está en juego algo que yo deseo.
Mierda. El tono que había usado para decir eso podría encender hasta un trozo de madera mojada. ¿Cómo podía decir esas cosas con tanta facilidad? De nuevo tuve que contar mentalmente hasta diez. Me pasé una mano por el cabello y después lo miré. Lo miré bien. No me había permitido hacerlo antes porque estaba furiosa, pero ahora no podía quitarle los ojos de encima.
Llevaba puestos unos jeans, una simple camisa blanca de cuello en pico y una fina chaqueta negra de cuero encima. Estaba deslumbrante. Y además, se parecía más al Yamato que yo recordaba. Con esa ropa no lucía como Mister Evermore, sino como alguien más de su edad. Respiré profundamente. No tenía sentido volverme a alterar, aunque ciertamente me costaba horrores tratar con él.
—Te ves diferente… —solté sin pensarlo.
—¿Cómo diferente? —me preguntó.
—No lo sé, tienes un aspecto… —me detuve, sopesando mis siguientes palabras.
Encantador. Maravilloso. Alucinante. Insanamente sexy.
Claro que, al final, me quedé corta.
—Más juvenil —completé. Bien. Acertado y nada comprometedor —. Me gusta cómo te ves.
¡Por Dios, Mimi! ¿Qué rayos había sido eso? ¡Ya estaba en la zona segura! ¡Mi boca había escupido esas palabras sin mi consentimiento!
—Vaya, gracias —respondió, sonriendo de medio lado —. ¿Es por la ropa?
Claro, sólo por la ropa. Si tan sólo él supiera. Pero decidí seguirle el juego.
—Sí, la ropa casual te va bien.
—Entonces cambiaré la política de vestimenta en Evermore —respondió al instante, sin dudar.
No pude evitar reír un poco ante su comentario. Estaba de broma, ¿cierto?
—No puedes estar hablando en serio —exclamé, incrédula.
Arqueó una ceja.
—¿Quieres apostar?
Oh, no. Por favor no otra vez.
—Me gusta cómo te va la ropa casual, pero también los trajes de presidente ejecutivo —solté sin pensar. Como siempre.
—Es un verdadero placer saberlo.
La sonrisa de comercial que me dedicó en esos instantes casi hace que me caiga para atrás. Me iba a volver loca. Ya era más que evidente que una parte de mí —la descarriada— preferiría no pensar mucho y simplemente dejar que la vida hiciera de las suyas. Carpe diem. Pero la parte racional me decía que, si le seguía el juego a Yamato, iba a terminar hundiéndome.
Lo miré. Él seguía viéndome con esos poderosos ojos. Pude notar un atisbo de deseo en ellos que me removió las entrañas y me hizo presión en el vientre. Contrólate. Sacudí la cabeza, dispuesta a cambiar de tema.
—Y dime, ¿qué hace el CEO de Evermore en un supermercado? —fue lo primero que atiné a preguntarle.
Aunque ahora que lo pensaba, la curiosidad me invadió. Era cierto. ¿Qué rayos hacía Yamato en un supermercado? Especialmente a estas horas de la noche. Lo analicé con los ojos de arriba abajo. No traía ni carrito, ni canasta. Tan sólo estaban él y su sensualidad. Arqueé una ceja, intrigada. Él tan sólo me observaba, impasible.
—¿Yamato? —le insistí.
—Te ayudo con tu canasta.
No fue una pregunta, tan sólo me la quitó de las manos.
—Y te voy a llevar a casa. Ryo nos espera en el auto.
Tardé unos segundos en procesar esa información. Segundos en los que él ya se me había adelantado, dirigiéndose a la caja registradora.
—¡Oye!
Lo llamé, corriendo tras él. Obviamente no se detuvo, y casi me da un ataque al ver cómo tan sólo se saltó la fila de la única caja que quedaba abierta a esta hora. Por un momento pensé que la gente en espera lo iba a matar. Pero claro, eran puras mujeres, y estaban demasiado anonadas con él como para protestar. ¿Qué a éste no le habían enseñado a respetar?
—¡Yamato! Tenemos que irnos al final de la fila… —le susurré, llegando a su lado.
Ahora las mujeres tras nosotros me estaban mirando como si quisieran lanzarme por un barranco. ¡Yo no había sido quien se metió en la cola! Miré ceñuda al rubio, pero éste parecía no haberme escuchado. Le dedicó una sonrisa de medio lado a la cajera y ésta se sonrojó. Puse los ojos en blanco. Era un arrogante descarado de lo peor.
—Voy a llevar esto —exclamó, dejando la canasta encima de la cinta de la caja.
¿Este hombre iba en serio?
—¿Qué nunca has venido a un supermercado? ¡Tú tienes que vaciar tu propia canasta, no lo van a hacer por ti! —le espeté, empujándolo un poco hacia al lado, para comenzar a sacar las cosas de la canasta.
Él tan sólo se encogió de hombros.
Rápidamente terminé de vaciar mis cosas y la cajera —sin dejar de mirar al rubio— comenzó a cobrar todo con nerviosismo. Sería más fácil si dejara de devorárselo con los ojos y se concentrara en su trabajo. Me crucé de brazos.
—Van a ser 10,477.86 yens.
Mis ojos se abrieron de par en par al ver todos esos números. ¿Cuánto? Rayos. Había pasado tanto tiempo fuera de Japón que no estaba segura de cuánto equivalía eso en dólares. No era que fuera a pagar en dólares, pero necesitaba saber cuánto estaba a punto de gastarme. A ver, tenía que hacer cuentas. Diez, cien… cuatrocientos… cuarenta… uhm…
—Son 134 dólares —dijo Yamato para mí, como si me hubiera leído la mente. Después miró a la cajera —. Cárguelos a mi cuenta.
El muy listo ya tenía fuera su tarjeta de crédito y se la estaba entregando a la cajera. ¡Ah, no!
—Gracias, pero puedo pagar mis cosas.
Le di un manotazo para que apartara su tarjeta platino de ahí y rápidamente le entregué mi efectivo a la cajera, quien me dedicó una mirada de auténtica confusión.
Una vez terminado aquello, tomé mis bolsas —todas— con algo de dificultad y me dispuse a irme en dirección opuesta a Yamato. Aún recordaba que había dicho que un tal Ryo nos estaba esperando. ¿Nos? ¿En plural? Si creía que iba a dejarme de él, era por qué aún no me conocía nada. Salimos del supermercado y de inmediato me giré sobre mis talones.
—Hasta luego —dije sin más.
—No tan deprisa —me detuvo, tomándome del brazo.
Oh, esto se estaba haciendo costumbre. De nuevo me giré, para darle la cara.
—¿Podrías hacerme el favor de soltarme? —le dije, fingiendo cortesía.
—No vas a irte sola a tu casa de noche. Es peligroso.
—Gracias por preocuparte, pero preferiría irme caminando sola a tener que soportarte todo el camino —mis palabras salieron un poco más venenosas de lo que quise, pero a él parecieron no afectarle de todos modos.
—Estás comenzando a desesperarme, Mimi. Eres demasiado testaruda. No vas a irte sola, ni siquiera puedes cargar todas esas bolsas —dijo, de nuevo usando su tono imperativo de voz —. Sube al auto.
Un flamante Bentley negro de cuatro puertas apareció en ese instante, situándose justo frente a nosotros. Miré a Yamato, luego al auto, luego a mis bolsas y por último, a mis tacones. Sí, en definitiva la palabra testaruda se quedaba corta conmigo. Suspiré con pesadez. Un aventón a casa no le caía mal a nadie.
—Abre la cajuela —le dije.
Él le indicó a la persona que manejaba el auto que la abriera, y yo deposité todas las bolsas dentro, cerrándola después. Caminé hacia los asientos traseros y me sorprendió ver que Yamato me esperaba afuera, e incluso me había abierto la puerta. Un gesto inesperadamente caballeroso de su parte. Le sonreí levemente y subí al auto, recorriéndome para dejarlo entrar a él también.
—Ryo.
Yamato no tuvo que decir nada más.
—Sí, señor Ishida.
El auto comenzó a andar y yo me recargué en el asiento de piel, procurando no mirar a la persona que tenía a mi lado. Ese era el único modo de asegurar un camino a casa relajado y sin estrés. Pasaron unos cinco minutos y él tampoco parecía tener ganas de hablar. Fruncí el ceño, mi idea de camino relajado no estaba funcionando, tan sólo estaba haciéndome sentir más incómoda. No sé en qué estaba pensando, si bien sabía que no podía mantenerme callada por mucho tiempo. Entonces recordé esa pregunta sin contestar, y en ella, mi oportunidad para romper el silencio.
—¿Qué hacías en el supermercado? —indagué, curiosa —. No vi que compraras nada.
—Eso es porque no iba de compras.
Su respuesta me tomó desprevenida. Si no iba de compras, ¿entonces a qué iba? Pero antes de que pudiera preguntárselo, volvió a hablar.
—Yo nunca hago las compras. Tengo personal que lo hace por mí.
—Eso explica muchas cosas… —le contesté de inmediato.
Él me miró, arqueando una ceja.
—¿Cómo qué?
—El hecho de que pasaras de todos en la fila y que esperaras que la cajera vaciara la canasta por ti. ¡Hasta un crío sabe que eso no se hace! Entiendo que ahora no vayas y que tengas gente que haga tus compras, ¿pero nunca fuiste de niño con tu madre?
Mi última pregunta pareció incomodarlo, pues de inmediato se tensó y dejó de mirarme. Su semblante lucía incluso más frío que antes, si es que eso era posible. Instantáneamente me arrepentí de ser tan boca floja. Aunque no entendía que era exactamente lo que le había molestado.
—Takeru era quien la acompañaba.
Fue su única respuesta.
Yo me quedé callada. Era cierto, los padres de Yamato se habían divorciado desde hacía mucho tiempo. ¿Le molestó la mención de su madre entonces? No recuerdo que de pequeños le molestara. Quería preguntarle, pero no me atrevía. Al final me hundí de nuevo en el asiento, y el silencio volvió a apoderarse del ambiente.
Y entonces, en cuestión de minutos, el Bentley ya se había estacionado fuera del edificio de mi apartamento. Lo miré antes de disponerme a bajar. Tenía que agradecerle que me había traído a casa y… un momento.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
—¿C-cómo lo supiste? —exclamé, algo horrorizada.
—¿El qué?
—¡Que vivo aquí! —dije eso casi gritando, sin poder evitarlo.
Inspiró profundamente y le indicó al tal Ryo que saliera del auto. Éste lo hizo de inmediato. Una vez solos, giró un poco su cuerpo, de modo que podía mirarme de frente. Parecía estar sopesando muy bien lo que iba a decir, y después de unos segundos que a mí me parecieron eternos, habló.
—Tengo a mi disposición los datos de todas las personas que trabajan en mi empresa.
Su confesión me cayó como balde de agua fría. Madre mía. ¿Eso quería decir que había mirado mi expediente? ¿Qué no se supone que eso era confidencial? Es decir, supongo que estaba en todo su derecho como dueño de la empresa, pero de alguna manera sentía como si hubiera violado mi privacidad.
—Estás loco —fue lo único que salió de mi boca.
Frunció el ceño.
—Lo estaré pronto si sigo lidiando contigo. De verdad, creo que vas a terminar por volverme loco —contestó, algo exasperado.
—¿Disculpa? ¿Volverte loco yo a ti? —exclamé consternada —. ¡Tú eres quien me está volviendo loca! Estoy segura de que, por más dueño que seas del universo, no puedes usar la información confidencial de tus empleados a tu conveniencia.
Se pasó una mano por el pelo, frustrado.
—Son datos que tú misma pusiste a mi alcance —respondió sin más.
—¡No los puse a tu alcance! ¡Cuando mandé mis datos a Evermore no tenía idea de que el CEO fuera un acosador! —espeté —. ¿Qué tan difícil habría sido actuar como una persona normal y pedirme mi dirección?
—¿Me la habrías dado? —respondió —. Siempre te alteras de inmediato por todo. Como ahora.
—¡Porque de lo único que hablas es de sexo como si fuera una transacción!
La cara de Yamato se fue transformando hasta quedar inexpresiva. No contestó.
Lo miré detenidamente, asimilando cada uno de sus rasgos. Por desgracia, estaba comenzando a sospechar que su atractivo nunca iba a dejar de deslumbrarme. Y no sólo a mí; había visto cómo reaccionaban otras ante él. Además, era escandalosamente rico. Era fácil de imaginar que las mujeres le llovían a montones y, que con sólo un chasquido de dedos de su parte, las tenía completamente a su merced.
Y eso me llevaba a la posición en la que estaba ahora. Fácil podía acceder a la petición de Yamato y tener una noche de pasión inolvidable. Pero yo no era así. Nunca había tenido relaciones con alguien que no fuera mi pareja. Y volvía a lo mismo: Yo era una mujer. Una mujer sensible. Una mujer que tenía el corazón hecho pedazos. Y si me acostaba con él… aunque fuera sin ninguna clase de compromisos, ¿qué tan bien librado podía salir mi mallugado corazón de esto?
Si bien no tenía sentimientos hacia Yamato, tampoco iba a dejar que me utilizara.
—¿En qué piensas? —me preguntó, llamando mi atención.
—¿Cómo supiste que estaba en el supermercado? —le respondí de inmediato, con otra pregunta —. Ya me dijiste que no fuiste de compras. ¿Por qué estabas allí entonces?
¿Por mí?
—Voy a contestar con la verdad si prometes no ponerte histérica.
Y a pesar de que eso respondía todo, asentí. Quería que lo dijera.
Él suspiró.
—Estaba allí por ti.
Oh, mierda. Que me lo dijera sólo confirmaba más mis sospechas de acoso. No estaba segura de querer saber cómo diablos se enteró de mi paradero. Entendía que hubiera sacado mi dirección del expediente de la empresa, pero, ¿y esto?
—No me mires así —habló de la nada —. Tu número de celular también estaba en tu información, solamente tuve que rastrearlo.
No podía creerlo. No podía creerlo. ¡No sólo estaba loco! ¡Estaba desquiciado! Ni siquiera estaba segura de que lo que hizo fuera legal.
—Definitivamente necesitas ir con un psiquiatra.
Puso los ojos en blanco.
—Por Dios, Mimi, no empieces. Hoy en día es muy sencillo rastrear aparatos, no es nada del otro mundo.
Lo peor es que lo decía muy en serio. Tuve que apretar los puños para tranquilizarme. Bien. Calma. Además le había prometido no ponerme como loca si me decía la verdad. Tenía que cumplir.
—Bueno, ¿y por qué no esperar hasta el viernes? —pregunté.
—Ya te lo dije. Tengo hasta esa noche para que me pidas lo que quiero. No recuerdo que hayamos acordado en no vernos hasta entonces.
—Tienes problemas serios, ¿sabes?
—Sí, y tú eres el más grande.
—¿Un problema? ¿Eso es lo que soy para ti? —espeté, incrédula.
—Sí, sí que lo eres —dijo sin dudar, pero con un atisbo de sonrisa.
Bueno, eso me daba la certeza de que yo lo sacaba de sus casillas tanto como él a mí. Entonces Yamato Ishida había rastreado mi celular para toparse por casualidad conmigo. ¿Pero por qué? ¿Tanto era su afán llevarme a la cama? ¿Era por el hecho de que me convertí en un reto para él? ¿O era por qué no le gustaba perder?
Fuera lo que fuera. Estaba claro que este hombre no aceptaba un "no" por respuesta.
—De haber sabido que eras tan persistente, no habría hecho esa apuesta contigo —confesé —. Te la estás tomando muy en serio.
Tardó un poco en responder.
—Esto va más allá de la apuesta, Mimi. No tienes idea de cuánto te deseo debajo de mí. Me estoy volviendo loco desde lo que pasó en mi oficina. Aún puedo sentirte… aún puedo saborearte… —habló con voz ronca —. Quiero que esto suceda.
Sus palabras me dejaron sin habla. Aún me desubicaba lo poco que le costaba expresarse así del sexo, pero a mis hormonas tan sólo las alborotaba más. ¿Qué me estaba haciendo este hombre? No podía creer que una parte de mí quisiera decirle que sí. No podía creer lo mucho que yo también lo deseaba. Ese beso en su oficina había sido, por mucho, el más excitante en toda mi vida. Pero por más que lo deseara, sabía que lo mejor era no meterme en sus terrenos.
—No puedes decir "esto" como si fuera algo especial. Literalmente, lo único que buscas es sexo, Yamato —respondí después de unos segundos —. Ya de dije que yo no quiero un noviazgo, pero tampoco quiero sentirme utilizada.
—Puedes verlo como si tú me utilizaras a mí.
Por Dios…
—No, créeme que eso no aplica contigo.
La conversación estaba comenzando a tomar un rumbo que no me agradaba para nada, y yo me entendía cada vez menos. Ishida era demasiado persuasivo. A este paso, si me quedaba unos diez minutos más a solas con él, iba a terminar convenciéndome, y eso no podía suceder. No. Tenía una apuesta que ganar. Estaban en juego mis valores y mi dignidad como mujer.
—¿Podrías abrir la cajuela? Necesito sacar mis bolsas —exclamé antes de que él pudiera decir algo más.
—¿Ya te bajas?
Asentí.
—Gracias por el aventón —dije, abriendo la puerta —. Y te agradecería que no te me aparecieras hasta el viernes.
Y entonces bajé del auto, sin dejarlo decir nada más. Me dirigí a la cajuela y no me sorprendió encontrar al tal Ryo allí, ya con las bolsas de mis compras en sus manos. Se ofreció amablemente a llevarlas hasta mi piso, pero me negué al mismo tiempo que se las arrebataba. Sin mirar atrás, caminé lo más rápido que pude a la entrada del edificio. No sabía por qué sentía que el corazón se me iba a salir por la boca. Abrí torpemente el portón principal y sólo cuando estuve adentro me di la oportunidad de mirar por encima de mi hombro.
El Bentley de Yamato seguía ahí, y a pesar de que los vidrios oscuros no me dejaban ver hacia el interior del vehículo, podía sentirlo perfectamente. Sus ojos estaban clavados en mí. Me miraba de una manera tan intensa, que mi cuerpo lo sabía. El efecto era aplastante y me asustaba. Me asustaba porque nunca me había pasado algo parecido. Me asustaba porque jamás había sentido nada que se acercara siquiera un poco a esto.
Me asustaba porque, mientras más lo analizaba, más me daba cuenta de que Yamato Ishida no era un hombre que necesitara de apuestas o cosas así para lograr sus objetivos.
Él ganaba sin siquiera tener que entrar en el juego.
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Notas de la autora:
Hello people. ¿Cómo están? Les cuento que fue toda una odisea el poder entrar a la página hoy. ¡El internet del hotel es un asco! No funciona bien y se va cada dos por tres XD. Sufrí, pero les dije que les traería el capítulo, y aquí esta. Les digo, son las ventajas de que ya lo tuviera escrito, que si no, se quedaban sin actualización por otra semana entera (o por lo menos por unos cuantos días). En fin, hablando del capítulo...
Aquí ya podemos relacionarlo con el summary. Sí, la lección número dos que aprendió nuestra Mimi: No apostar con tu tremendamente atractivo jefe. La pobre apenas lo hizo y ya se está arrepintiendo. ¿Ustedes a quién le van? HAHA, ¡y repito! Gente, aunque la castaña caiga en las redes de Yamato, él no tendrá las cosas fáciles en un futuro. Ahorita lo ven frívolo y directo, pero ya verán como va cayendo. ¡Es una historia de amor, no lo olviden ;9! Habrá drama, celos, cursilerías y sí, también sexo.
Ahora, enfocándonos en la apuesta, pues Yamato no se quedó con los brazos cruzados, el hombre sabe lo que quiere y va por ello, sin importar parecer un acosador psicópata (?). Ciertamente, sus puntos fueron válidos, pero los de Mimi también xD. El próximo capítulo podremos ver si ella le pide el beso o no. Ya saben, lo tengo escrito, y también el que le sigue, aunque tal vez publique el POV de Yamato del primer capítulo antes del capítulo seis, quién sabe. Luego me lo pienso bien.
Una cosa importante, sobre lo de basarme en los libros mencionados en la advertencia de arriba, ya este fue el último capítulo que contiene algunos elementos de éstos, y ahora sí que fueron muy, muy leves. La historia va tomando su propio curso y, como dije antes, esto no va a ser una adaptación de nada. Así que no se preocupen, Yamato no va a tener fetiches sadomasoquistas (sí, varias lectoras me lo preguntaron xD).
Y pues no me voy sin agradecer todos sus reviews. ¡Dios! Me han sorprendido nuevamente :'D. Nunca me había pasado el tener esa cantidad de reviews con tan poquitos capítulos. Uff, no saben la sonrisota que cada uno de ustedes me sacó. ¡Gracias, gracias, gracias! Sus palabras son el motor que me hace avanzar con esto y tenerlo como una de mis prioridades. Porque realmente, de no ser por el apoyo que percibo de ustedes, no estaría actualizando puntualmente cada semana. ¡Sí, me meten presión, pero de la buena! Los quiero mucho, aunque no podamos vernos las caras, platicar con ustedes y conocerlos más a través de cada review es una de las mejores experiencias que esta página me ha dado.
Un beso para todos.
Atte. Rolling Girl
aka: Gravi ~
RR's sin cuenta:
RyooAsakura: Yay, una persona que sí quiere que Mimi caiga. Creo que al final tendré que hacer una encuesta, haha. ¡Gracias por escribirme!
Miri: ¿Entonces has leído los libros mencionados? Haha, sí, sigo un poco la línea de ese libro para mis primeros capítulos, me alegra que notes la diferencia y sientas mi toque personal :'D. Hahaha, mil gracias por escribirme. ¡Te mando un beso!
Mimato4ever: ¡Eres buena suponiendo cosas! Acertaste. Huhuhu. Y qué bueno que te hice morir de la risa XD, me alegra que mi sentido del humor no esté tan oxidado (?). Pobre Mimi, le hago de todo, aunque aceptemos que lo de Kouji era demasiado sospechoso, ¡hasta yo habría pensado que era gay! En fin, espero te haya gustado este capítulo. ¡Gracias por escribirme! Un abrazote para ti.
mag: ¡Hermosa! AW, sí, el punto era dejarlos con la intriga a todos XD. Veo que funcionó. Y bueno, acertaste con una de tus sospechas ;9, ¡bien ahí! Haha, ow, que bueno que te esté gustando tanto la historia. A mí me gusta mucho tenerte por aquí siempre. ¡Gracias! Besho grande.
Grez Ian: ¡Hola! Hahaha, amé la descripción gráfica de tu cara xD. ¡AW! Qué bueno que te esté gustando la historia. Sí, sí, sí, Yamato es un sueño, por eso quería hacer una historia así, con el rubio completamente idealizado, no sé porqué, pero a mí me mata (de la buena manera). Sobre tu presentimiento... pues mira, yo me lo he estado pensando seriamente xD, aunque ya veré como lo voy desarrollando, pues no tengo tanto material escrito. En fin, mil gracias por tomarte el tiempo de escribirme, ¡lo aprecio como no tienes una idea! Te mando un abrazo.
kokoro kokuo: Hahaha, amé tu review, a ti te darán risa las reacciones de Mimi, pero a mí me causaron gracia tus comentarios. Estoy igual que tú, yo a Yamato ya le hubiera dicho: MY BODY IS READY o ¡TÓMAME YA, QUE SOY TUYA! ~ Hahaha, aunque las bofetadas también podrían ser efectivas XD. Los libros que menciono son "Fifty Shades of Grey" de E.L. James y "Bared to You" de Silvia Day. Y bueno, espero te haya gustado este capítulo, ¡gracias por haberme dejado review :'D! Espero seguirte viendo por aquí. Un besho.
Rach: ¡Hola bonita! Haha, pues tus presentimientos fueron acertados, ya viste que le atinaste XD, muchas lectoras le atinaron, creo que la puse muy fácil (?). Y sí, nuestra Mimi ya había perdido la cabeza y le cortaron toda la inspiración, qué horror. Sobre tus suposiciones del pasado de Mimi, ¡vas bien! Iré revelando más cosas poco a poco, pero en sí, esa es la base de todo lo que pasó. ¡Gracias por tu apoyo incondicional! I love you.
Hannia: ¡Y aquí lo tienes! Espero que te haya gustado. ¡Gracias por escribirme!
Tity: ¡YOU! Claro, te amo porque eres adorable, ¿cómo no lo había visto de ese modo? Pensé que era amor del ciego e incondicional (?). Hahaha, aw, pero sí, Tity, ya lo sabes, eres única. EN FIN, sobre tus suposiciones sobre el pasado de Mimi, uy, pues sí, tienes la idea base, pero aún tengo muchas cosas por revelar, ¡paciencia! Todo irá saliendo poco a poco, ya sabes que no me gusta dejar ninguna clase de huecos en mis historias. Y bueno, ya viste quién entró a la oficina y la razón por la que pudo hacerlo aunque estuviera bajo llave :9. Lalala, no le tengas miedo a loa ascensores, luego no te encontrarás con un CEO sensual que lo detenga y te acose sexualmente (?), err. ¡Gracias por escribirme!
Gaby1919: HAHAHAHA, aw, sentí bonito cuando vi que me llegó un comentario tuyo. ¡YAY! Que bueno que te maté de la risa y de la pena XD. ¿Sabes? En un principio sí pensé en Kouji para que los interrumpiera, pero como la puerta estaba bajo llave y shalala, pues no, pero JU XD, como que a muchas les agrada la idea de que Kouji sienta algo por Mimi. ¡Yo también te quiero mucho aunque nunca escribas los fics que tanto quiero leer! ;9.
Sayakasama: WOOT, ¿cómo llegaste aquí? Tengo la sospecha de que cierta ninja marida poliamorosa te pasó el chisme XD, hahaha, de todos modos, ¡es un gusto leerte, hermosa! No sabía que te gustara Digimon XD. ¡Pero bueno, es un placer saber que te esté gustando el fic y que te leyeras los capítulos tan rápido! Sí, Matt es cruel, pero ni eso le quita lo sexy, haha, ya veremos como avanza la cosa, créeme que ni yo misma estoy segura en ciertos aspectos, pero conforme escribo siempre se me ocurren nuevas ideas. ¡Un beso Saya, gracias por tu review!
