Mente rota, alma quebrada
La huida de Privet Drive
La primera semana con los Dursley transcurrió relativamente tolerable. Tío Vernon y Dudley lo ignoraron prácticamente todo el tiempo. Sus cosas de la escuela fueron confinadas una vez más al armario debajo de la escalera pero le permitieron quedarse con Hedwig, eso sí con la orden terminante de que sólo podía soltarla por las noches.
Tía Petunia lo hacía salir de su cuarto temprano a la mañana, la que salía era Rose en realidad. Ella se ocupaba de preparar el desayuno, de limpiar la casa y de atender el jardín. Y por la tarde también preparaba la cena. A eso de la seis, tía Petunia la mandaba a su cuarto y la encerraba. Rose comía un almuerzo, más bien frugal al mediodía, a lo que se podía sumar los bocados subrepticios mientras cocinaba y las sobras de la cena que tía Petunia le pasaba por la puerta gatera a eso de las ocho. No estaba tan mal comparado con otros años.
A eso de las diez, Harry hacía salir a Hedwig. La reja había vuelto a la ventana, era mucho más sólida que la del verano anterior. Todas las cosas de Dudley habían sido retiradas del cuarto, la habitación estaba casi vacía.
Harry se pasaba encerrado allí doce horas por día, su única distracción cuando estaba despierto era charlar y jugar con Hedwig. Las cosas no estaban tan mal después de todo, Boy no había tenido que salir en ninguna oportunidad durante esos días. Pero la situación cambió a la semana siguiente.
Una tarde, alrededor de las seis y media, mientras los Dursley estaban cenando, sonó el teléfono.
Harry se estremeció unos momentos después cuando oyó los rugidos de tío Vernon.
—¡¿QUIÉN ES UD.?! ¿¡QUIÉN HABLA?!
Y unos segundos después:
—¡ACÁ NO VIVE NINGÚN HARRY POTTER! ¡Y NO SÉ DE QUÉ ESCUELA ME ESTÁ HABLANDO! ¡Y NI SE LE OCURRA VOLVER A LLAMAR!
Y luego Harry oyó los pasos subiendo la escalera. Se apresuró a soltar a Hedwig y le indicó que fuera a Hogwarts. Boy salió de inmediato apenas su tío entró en el cuarto.
—¡¿CÓMO TUVISTE EL DESCARO DE DARLE EL NÚMERO DE TELÉFONO A… GENTE COMO VOS?!
—¡Perdón, perdón…! —chilló Boy— ¡No me lastimes, tío, por favor!
Un puñetazo le impactó en la cara, lo azotó contra la pared y lo hizo caer al suelo. Y luego siguió una lluvia de patadas hasta que Vernon se quedó sin aliento. Y luego se quitó el cinturón.
—¡Esta vez sí que vas a aprender!
Cuando Vernon se dio por satisfecho media hora después, Boy tenía prácticamente toda la piel en carne viva y estaba cubierto de sangre por entero. Algunos de los cinturonazos habían sido tan violentos que habían atravesado el músculo hasta llegar al hueso.
Tío Vernon estudió el resultado, dejó escapar un gruñido de satisfacción y salió del cuarto cerrando con llave detrás de sí.
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Petunia recién fue a controlarlo dos días después. Lo encontró en el suelo en el mismo lugar, cubierto de pies a cabeza de costras de sangre seca, de la ropa sólo quedaban algunos poco jirones. El espectáculo le produjo ganas de vomitar. Fue a exigirle a Vernon que hiciera algo. Refunfuñando, Vernon fue a llenar la bañadera con agua y lo tiró dentro.
Boy, que hasta ese momento apenas si había emitido algunos sollozos sordos, empezó a gritar y gritar. Luego de un rato se dio cuenta de que lo habían dejado solo en el baño. Temblando y gimiendo, hizo un esfuerzo, se incorporó sentado y bebió ávido directamente de la canilla. El agua de la bañera se había puesto roja casi de inmediato, algunas de las lesiones se habían reabierto y sangraban. El dolor era infernal, apenas si se podía mover.
Tío Vernon volvió media hora después y lo hizo salir. Y a continuación le vertió una botella de alcohol encima. El ardor era indescriptible, Boy empezó a sufrir espasmos incontrolables y unos segundos después se desmayó.
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Boy se despertó unas horas después. Seguía en el suelo, en un charco de sangre y todo el cuerpo le quemaba de dolor. Reptó una corta distancia hasta un sector que estuviera un poco más limpio y ahí se quedó meciéndose apenas soportando la tortura.
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Tía Petunia lo hacía salir dos veces por día para ir al baño y le empezó a pasar agua y comida por la puerta gatera también dos veces por día. Boy se obligaba a comer aunque tenía el estómago tan revuelto que resultaba difícil retener algo, excepto el agua.
A la magia de Boy le tomó seis días retornarlo a una condición más o menos aceptable. Finalmente Harry volvió a salir. No recordaba nada pero bastaba que se mirara para darse cuenta de algo muy serio le había pasado.
Cuando tía Petunia vino abrirle para que usara el baño, notó el cambio de actitud. Le dio un jean y una remera y le dijo que cuando estuviera vestido bajara a preparar el desayuno.
La que bajó minutos después fue Rose, naturalmente, y se comportó como siempre, dulce y amable. Petunia hizo un breve gesto de satisfecho asentimiento y hasta le permitió que comiera, pero no en la cocina sino en los escalones del patio. Cuando terminó el desayuno, Rose se puso a atender las plantas que estaban muy descuidadas después de una semana.
Tía Petunia salió unos minutos después.
—No te había dicho que te pusieras a trabajar en el jardín. Tu cuarto necesita que lo limpies a fondo.
Rose sonrió apenas y subió para cumplir con lo ordenado. Le tomó más de tres horas dejarlo en condiciones. Cuando Tía Petunia subió para controlar, hizo un breve gesto de conformidad, juntó los enseres y salió cerrando con llave. Harry volvió a salir entonces, se encontró en su cuarto ya limpio e iluminado por el sol de la tarde que entraba por la ventana. Se puso a llorar. ¿Por qué no recordaba prácticamente nada desde el momento en que había hecho salir a Hedwig? ¿Otra vez las lagunas? ¿Se había imaginado toda esa sangre en su cuarto? Se sentía exhausto… se dejó caer pesadamente sobre la cama y poco después se sumió en un sueño profundo.
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En la sala de las almas, Gabriel dejó oír un largo suspiro. —Kit está durmiendo muy inquieta estos últimos días. Ya pasaron varios meses… cuanto más tiempo pase se va a poner peor y va a querer salir… y no sé si vamos a poder retenerla.
—Sí. —concedió Silas distraído. Tenía la mente ocupada en otras cosas.
—¡Pero no podemos permitir que salga! —exclamó Gabriel con tono agitado— Mirá si él llegara a verse afectado por su halo de seducción.
—Ya lo sé. —dijo Silas con voz helada.
—¿Y qué vamos a hacer al respecto? Quizá lo mejor es que yo salga… ¡y perfore a hechizos al muy hijo de puta!
—¡Brillante! —dijo Silas desdeñoso— ¡Típica imbecilidad de Gryffindor! ¿Y qué magia vas a usar contra el cerdo? Boy agotó por completo nuestras reservas para curarnos.
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Volvieron nuevamente a una rutina similar a la de la primera semana, antes de la poco feliz llamada de Ron. Pero Silas tenía un plan que se puso en marcha unos días más tarde cuando las reservas de magia fueron poco a poco recuperándose.
El plan era sencillo, Silas sabía dónde guardaban la llave del armario debajo de la escalera, en un cajón del aparador de la sala. Mientras Rose estaba limpiando ese día, Silas salió durante unos minutos, le quitó la llave a la puerta y luego devolvió la llave a su lugar. La fuga estaba prevista para dos días después, Silas usaría magia sin varita para abrir la puerta del cuarto, bajarían de noche sin hacer ruido, recuperarían el baúl y se escaparían.
Pero ocurrió algo que los obligó a acelerar las cosas. Esa tarde Hedwig entró por la ventana. Traía una carta atada a la pata. Que debía de ser algo importante puesto que ella sabía muy bien que no le estaba permitido que la vieran de día.
—¡Boy! —se oyó el grito furioso de tío Vernon desde abajo. El tono no auguraba nada bueno.
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—No podemos esperar más. —dijo Silas muy serio. Estaba apoyado contra la puerta de Boy para impedirle salir— Salí vos, Gabriel. Tratá de no usar magia. Alardeá, eso debería ser suficiente. Bajá hasta el armario y agarrá el Manto, la varita y la escoba, con eso nos bastará. Todo lo otro es reemplazable. ¡Y salí de la casa lo más rápido que puedas!
—De acuerdo. —dijo Gabriel y salió al tiempo que Harry aparecía dormido sobre el sofá. Silas siguió apoyado firmemente contra la puerta para bloquear a Boy.
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Cuando Vernon entró quedó como paralizado al ver a Gabriel de pie en el centro de la habitación con ambas manos extendidas hacia él y una sonrisa demoníaca dibujada en los labios.
—¡Salí de mi camino o te echo una maldición para matarte! —amenazó apretando los dientes— ¡Ya mismo!
—¡No podés! ¡Te echarían de esa maldita escuela! —gritó Vernon y avanzó un paso. Pero volvió a detenerse cuando Gabriel rompió a reír a carcajadas.
—¡Me importa un carajo que me echen! ¡Prefiero morir antes que permitir que me vuelvas a poner una mano encima! ¡Que me echen! ¡Pero para entonces vos vas a estar pudriéndote en el pozo más profundo del infierno!
Vernon se puso morado de furia pero así y todo se hizo a un lado. Gabriel avanzó siempre apuntándolo con las manos y sin darle ni por un segundo la espalda fue retrocediendo hasta salir del cuarto. Bajó las escaleras de costado para poder ir controlando el piso alto, cuando tía Petunia se asomó por la puerta de la cocina, la apuntó con una de las manos. Los ojos de ella se le desorbitaron de miedo, volvió a meterse en la cocina y cerró la puerta.
Se apresuró a abrir el armario y sacó el manto, la varita y la escoba. Unos segundos después salió por la puerta del frente. Sonriendo triunfante, se cubrió con el manto, montó a la escoba y emprendió vuelo.
Cuando se hubo alejado lo suficiente disminuyó un poco la velocidad y Silas tomó el control. Silas sacó la nota y se puso a leerla. Era de Hermione.
Querido Harry:
Ron me escribió contándome sobre la llamada telefónica, espero que estés bien. [Y si no lo estuviera de poca ayuda me sería esta carta, pensó Silas con sorna.] Estoy de vacaciones en Francia… [Silas se salteó un buen párrafo de informaciones inútiles.] ¡Y fue entonces que apareció Hedwig! Creo que a ella se le ocurrió que te vendría bien una carta. [Silas se salteó otro párrafo plagado de palabrerío sin ninguna utilidad concreta.] Volveré a escribirte cuando te mande tu regalo de cumpleaños. Espero que podamos vernos en diagon antes de empezar las clases. Si eso no fuera posible, te veo en la estación el 1º de septiembre.
Cariños.
Hermione
Muy enojado, Silas se guardó la inútil carta en el bolsillo. ¡Y por mandarle esa carta pedorra llena de sandeces había puesto en peligro su plan! ¡Pero qué imbécil! ¡Y pensar que alguna vez la había considerado inteligente!
Hedwig iba volando a su lado. Silas volvió la cabeza hacia ella y le puso muy mala cara. Naturalmente la lechuza no podía verlo.
—¿Hacía falta que hicieras eso, Hedwig? —demandó— Sabés muy bien que no te tienen que ver volando durante el día.
Hedwig se limitó a soltar un breve arrullo como toda respuesta. Silas suspiró. Al menos se había enterado de algo concreto gracias a la carta. Era 19 de julio.
Aumentó la velocidad. Ya empezaba a oscurecer.
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Profesor Snape:
No le escribiría si no se tratara de una emergencia. Mi vida corría peligro y por eso me escapé. No estoy muy seguro de en qué lugar me encuentro. Por favor, siga a mi lechuza y venga a buscarme. Es muy importante que venga solo y que no le cuente de este asunto a nadie. Le aseguro que le daré todas las explicaciones pertinentes cuando conversemos.
Un alumno que necesita de su ayuda.
—Hedwig. —llamó— Vení.
Estaba en Londres en un callejón desierto. Ella voló hasta él y se le posó en el hombro. Silas le ató la nota a la pata. Ella le mordisqueó afectuosamente un dedo y él le acarició la cabeza. En realidad lo hacía por deferencia a Harry, porque él tenía ganas de torcerle el cuello. —Llevale esto al profesor Snape y conducilo hasta acá.
La lechuza partió y Silas cruzó la calle hasta un bar que había enfrente. No hizo ningún caso de las protestas de Gabriel. Usó los sanitarios y aprovechó para beber largamente de la canilla. Hizo una mueca por haber caído tan bajo pero suspiró resignado. Sobrevivir era lo que realmente importaba.
Sintiéndose ya mejor, regresó al callejón y se apoyó contra una pared a esperar. Hedwig apareció veinte minutos después seguida por Snape. El profesor llevaba la varita en la mano, pero baja, paralela a la pierna.
—Muéstrese. —demandó con voz helada.
Silas se adelantó un paso y quedó a medias iluminado por la luz de la farola de la calle.
—¡Potter! ¿¡Qué significa esto!? —exclamó. En realidad ya se había imaginado de quién era la carta, Hedwig era conocida de todos. Se adelantó un paso, los ojos parecían habérsele encendido de ira. —¡¿Qué está haciendo acá?!
—No dispongo de mucho tiempo. Y necesito desesperadamente de su ayuda. —dijo Silas haciendo una mueca por tener que admitirlo, pero se repitió otra vez que la supervivencia era lo que importaba, al orgullo por el momento iba a tener que tragárselo— Seré breve. Yo no soy el que Ud. cree que soy. En realidad y más precisamente, yo soy sólo una parte de quien Ud. cree que soy. Debido a una serie de circunstancias, la mente de Harry Potter se rompió y su alma se quebró. Cada fragmento se transformó en una personalidad con características particulares desprendidas del núcleo original. Yo soy Silas… y sé que Ud. no cree ni una palabra de lo que le estoy diciendo. Pero Ud. no puede correr el riesgo de no creerme para terminar más tarde enterándose de que le había dicho la verdad, ¿no es así? Quisiera proponerle un acuerdo de compromiso. Necesitamos por el momento un lugar seguro, donde ampararnos de todos… Dumbledore incluido… hasta que podamos decidir qué hacer. Bríndenos refugio y yo le aseguro que a cambio le puedo proporcionar información que seguramente le resultará de sumo interés.
Snape no pudo evitar que parte del gran desconcierto que sentía se le trasparentara en los rasgos. Conocía muy bien al mocoso de Potter… o eso era lo que había creído hasta ese instante. No era así como hablaba Potter, tampoco coincidía la presencia de ánimo… y propuestas de compromiso con soborno solapado no eran formas de negociación propias de un Gryffindor. Realmente se sentía muy intrigado… así fue que finalmente asintió.
—Va a ser preciso que me haga un voto de mago. —dijo Silas con tono inseguro— Debe jurar que guardará el secreto de nuestra condición y de nuestra localización. El voto dejará de regir el 1º de septiembre o antes, si Ud. comprobara que lo que le he dicho es mentira.
Snape vaciló unos instantes pero finalmente se avino. Levantó la varita y la apuntó a su pecho, canturreó el encantamiento y repitió los términos del voto.
Silas sonrió irónico cuando el rito se completó. —Ahora sería conveniente que nos desmaye, a menos que quiera lidiar con un Harry Potter histérico.
Snape alzó una ceja pero procedió según lo sugerido. Lanzó el Stupefy y lo abarajó de inmediato en sus brazos. Lo alzó sorprendido, pesaba tan poco… realmente se había olvidado de lo joven que era mientras hablaba con Silas… o Potter… o quienquiera que fuera.
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—¿Qué es lo que pensás que estás haciendo? —demandó Gabriel airado— Yo no confío en Snape. Y Harry tampoco.
—En realidad los sentimientos de Harry respecto a Snape son ambivalentes desde que Dumbledore —Silas hizo una mueca de disgusto al pronunciar el nombre— le aseguró que confía totalmente en él. Hice lo que era necesario hacer. Necesitamos un lugar seguro. Voldemort y sus mortífagos nos persiguen, ¿o ya te habías olvidado de ese detalle? En casa de los Dursley no podíamos quedarnos, nuestra vida corría peligro. Y no había nadie más a quien pudiera contactar sin que Dumbledore se enterara de inmediato.
—No digas su nombre con tanto desprecio. —gruñó Gabriel— Es posible que haya sabido que Lockhart era un impostor y un inútil. Pero no creo que supiera lo que le hacía a Harry.
—Vos sos demasiado ingenuo… y yo no estaría tan seguro…
—Yo no confío en Snape. —repitió Gabriel volviendo a la cuestión pertinente— Creo que deberíamos escaparnos apenas Harry recupere el sentido.
—¡No! —replicó Silas con brusquedad, pero inmediatamente atemperó el tono— Y no estoy proponiendo que le contemos todo sobre nosotros. Para empezar, a Demon no tenemos que mencionarlo… y probablemente a Kit tampoco.
—Nada sobre los Dursley. —agregó Gabriel.
—Explicar esto… —dijo Silas sarcástico haciendo un gesto alrededor— …va a se muy difícil si no le decimos nada.
—A vos ya se te ocurrirá algo. —replicó Gabriel.
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Harry se despertó en una amplia y confortable cama de cuatro postes y dosel. Las sábanas eran de color azul oscuro y el acolchado cálido y esponjoso. La habitación era bastante grande, con un gran ventanal por el que entraba la luz del sol. La alfombra era negra y las paredes de un suave color crema, del mismo color que las cortinas. No había otros muebles aparte de la cama, pero si dos puertas de madera oscura.
Una de ellas estaba abierta. Harry sintió como si de golpe el corazón se le hubiese detenido en el pecho, en el umbral estaba de pie el profesor Snape. Los ojos se le abrieron como platos.
—¿Profesor? —preguntó tartamudeante— ¿Qué…? ¿Dónde…? — Pero se interrumpió sin poder completar la idea.
Snape lo estudió con atención. Lucía totalmente desconcertado. Y él con su larga experiencia de espía sabía leer muy bien el lenguaje corporal. Se aproximó y se paró junto a la cama. Harry se echó un poco hacia atrás como tratando de alejarse, seguía con los ojos desorbitados de asombro.
—¿Cuál es la última cosa que recuerda, Potter? —preguntó con su tono áspero habitual.
—Yo… yo no… quiero decir… —farfulló Harry respirando agitado— ¡Hedwig! Entró por la ventana… a la tarde…
—¿Acaso esto es lo que Ud. considera una broma? —preguntó Snape con el mismo tono duro— ¿Cree que puede fingir no acordarse y de esa forma librarse de pagar las consecuencias de sus actos?
Potter se puso rígido de golpe y la expresión de confusión se le trocó en una de terror. Se sacudió tan violentamente que terminó cayéndose de la cama, del otro lado. Snape corrió alrededor de la cama para ir a auxiliarlo.
Potter se había hecho un ovillo y gemía y sollozaba. —¡Por favor! ¡No me pegue! ¡Perdón! ¡Me voy a portar bien! ¡No me pegue! ¡Por favor!
Snape se agachó y le puso una mano sobre el hombro para calmarlo. Fue peor. Los chillidos de súplica recrudecieron, desesperados y doloridos. Le pareció que lo sensato era retroceder alejándose. Pasaron varios minutos hasta que los lamentos fueron mermando y se transformaron en sollozos contenidos.
Finalmente Potter pareció encogerse de hombros y un segundo después se puso de pie. Los ojos de Silas se cruzaron con los del profesor. A Snape le tomó un par de segundos empezar a entender.
—Silas, presumo.
—Presume bien. —dijo Silas, alzó apenas una comisura y le hizo una breve reverencia.
—¿Qué fue eso? —preguntó Snape con un breve gesto hacia el suelo.
—Ése fue Boy. Sé que no resulta muy original… aparte de deplorable, claro.
—¿Y por qué es así?
—No estoy en libertad de explicárselo… por ahora. —contestó Silas— Hay otros que no quieren que hable al respecto.
—¿Cuántos otros hay?
Silas vaciló un instante a propósito, a sabiendas de que al profesor no se le iba a pasar por alto. —Seis contando a Harry, la personalidad nuclear.
Snape, naturalmente, no le creyó pero prefirió no ahondar en el asunto momentáneamente. Se centró en una cuestión distinta pero relacionada. —Potter es la personalidad nuclear… ¿qué es lo que eso significa?
—Es la mente anfitriona. Todos los demás nacimos de él y sólo podemos salir cuando él está durmiendo o cuando se retrae voluntariamente.
—¿Por qué me eligió a mí para contarme todo esto? —preguntó Snape cruzando los brazos sobre el pecho.
—No confío en Dumbledore. —respondió Silas tratando de que el desprecio que le inspiraba el director no se le notara en el tono. No estaba seguro de cuán honda podía llegar a ser la lealtad que Snape sentía por el viejo y no quería arruinar todo. —Harry no sabe nada de nuestra existencia. Pero últimamente las lagunas de memoria que tiene se han hecho mucho más frecuentes… y sospecha que hay algo que está mal, muy mal… y eso obviamente le provoca gran estrés.
—¿Y Ud. quiere ayudarlo? —preguntó Snape que a esa altura no sabía muy bien qué era lo que entendía y qué no.
—Sí, por eso fue que me decidí a recurrir a Ud. —dijo Silas y dejó oír un largo suspiro— Sin Harry no hay nosotros. No podemos permitir que se desmorone. Y seguramente recurriría a formar más personalidades… y creo que no estamos en condiciones de soportar más fracturas.
—¿Y todo lo que me está pidiendo es que les brinde un lugar seguro por un tiempo?
Silas vaciló un instante. —Sí.
—Humm… no creo que sea así… dígame la verdad.
Silas soltó un resoplido. —No todos estamos de acuerdo con el siguiente paso. Pero yo, personalmente, apreciaría más ayuda. He estado estudiando e investigando mucho por mi cuenta en la biblioteca de la escuela pero poco es lo que he podido encontrar sobre nuestra… condición y lo que se puede hacer al respecto.
—Ya veo… —dijo Snape y le hizo un gesto con la mano hacia la cama. Silas tomó asiento. Snape estaba admirado, de haber sido un Slytherin, ese chico bien podría haber sido un orgullo para la Casa.
—Esto es lo que puedo decirle: He estudiado bastante de Psicología, no por necesidad académica sino porque es una materia que siempre me ha fascinado. Lamentablemente, en el mundo mágico es una disciplina a la que nunca se le ha otorgado la importancia debida. Lo que he aprendido, en su mayor parte, ha sido de fuentes muggles.
Snape hizo una breve pausa para ordenar sus pensamientos y prosiguió.
—Si… y que quede claro que estoy diciendo si… Ud. tiene la condición que dice tener, los muggles lo llaman Trastorno de Personalidades Múltiples (TPM). Es una forma de defensa de la mente originada por situaciones severamente traumáticas. Los muggles ni siquiera están seguros de que se trate de un trastorno genuino. Hay muchos individuos que lo fingen.
—¿Tiene Ud. libros que hablen sobre el asunto?
—Sí. Pero no voy a permitir que los lea hasta estar seguro de que lo que me está diciendo es la verdad. No es mi intención proporcionarle herramientas para que pueda fingir mejor.
—Y entonces… ¿cuál es la vía de acción que Ud. sugiere? —preguntó Silas con una mueca desdeñosa.
Snape alzó una comisura. —Lo observaré durante algunos días. Si llego a convencerme de que su trastorno psicológico es real, entonces le permitiré ver esos libros… y también le ofreceré mi ayuda.
Silas asintió conforme y un segundo después Harry pestañeaba desconcertado. ¿Cómo había ido a parar ahí? Miró al profesor que estaba de pie cerca de él y se removió incómodo.
—Se quedará Ud. aquí durante algunos días. —dijo Snape— Ésta es mi casa. Respétela o va a terminar lamentándolo, Potter. ¿He sido claro?
—Eh… sí, señor. Pero… ¿por qué estoy acá?
—Llame a Omi si tiene hambre o si llegara a necesitar alguna otra cosa. En el armario encontrará ropas que han sido modificadas para su tamaño. —dijo Snape con un gesto hacia la otra puerta, la que seguía cerrada— La puerta enfrente de este cuarto es un baño. No entre en ninguna habitación que tenga la puerta cerrada. ¿Entendió?
—Sí, señor. —dijo resignado. Sabía que Snape no le iba a dar más información.
—Bien. —dijo Snape, giró sobre sus talones y salió.
Se quedó sin saber qué hacer, se miró los harapos que llevaba puestos y estuvo tentado a ir al armario para cambiarse, pero no se animó. Tampoco se animó a salir a explorar. Permaneció sentado en la cama, esperando.
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Dos horas después un elfo entró por la puerta. Saludó sin palabras con una reverencia y castañeteó los dedos haciendo aparecer una mesa y una silla. Volvió a castañetear y apareció una bandeja con un apetitoso plato de carne asada y papas doradas y un bol de ensalada. Para beber, una jarra de jugo de frutas y un vaso. El elfo se despidió con otra reverencia y salió.
Con cierto recelo, Harry se bajó de la cama y se acercó a la mesa. La comida olía muy bien y él tenía mucha hambre. Se sentó y se puso a comer con gusto. Cuando terminó, la bandeja desapareció y se materializó otra con el postre: una gran porción de torta de chocolate con copetes de crema chantilly espolvoreada con cacao amargo. Harry agarró el tenedor y se dispuso a atacar… pero Kit lo desplazó y tomó el control.
Ella fue la que se lo comió, ronroneando de placer con cada bocado. Cuando Harry retornó, el plato estaba vacío y se desvaneció unos segundos después.
Soltó un suspiro resignado y volvió a la cama. Necesitaba dormir.
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Silas esperó a que se durmiera y tomó el control. Salió con sigilo al corredor. Quería explorar el territorio y, especialmente, encontrar la biblioteca. La casa parecía ser bastante grande, pero no inmensa. Excepto la de su cuarto y la del baño, todas las otras puertas del piso superior estaban cerradas. No intentó abrirlas.
Bajó las escaleras con cautela. En la planta baja, todas las puertas estaban abiertas excepto una. Había una cocina grande, una sala de recibo amplia y otra más chica, un comedor y… la biblioteca. Muy bien provista por cierto.
Recorrió los estantes estudiando los títulos. Sacó uno e intentó abrirlo, pero no pudo, tenía puesto un encantamiento para permanecer cerrado. Probó con varios más, pero también se negaron a abrirse. Era inútil. Sopesó la situación durante unos segundos y finalmente encogiéndose de hombros sacó la varita. Empezó a murmurar una serie de contraconjuros. Tres minutos después acertó con uno que logró abrir el libro que tenía en la mano. Sonrió satisfecho y fue a sentarse a un sillón a leer.
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Durante tres días Harry permaneció en su habitación, Kit no había vuelto a salir. Y ninguno de los otros… bueno, Silas salía todas las noches, pero después de que él se dormía.
Realmente estaba muy aburrido, al único que veía era a Omi cuando le traía la comida y el elfo nunca hablaba. A Snape tampoco lo había vuelto a ver desde el primer día.
El segundo día se había animado a cambiarse de ropa, había elegido unos cómodos pantalones negros y una remera blanca de mangas largas. También se había aventurado a explorar el pasillo pero no había bajado las escaleras.
La mayor parte del tiempo, sin embargo, Harry se la había pasado sentado sin hacer nada.
Para Gabriel el aburrimiento había alcanzado límites insoportables y no aguantó más. Lo forzó a replegarse y tomó el control. Salió, se paró en mitad del corredor con actitud desafiante y rugió: —¡SNAPE!
Fue desplazándose de puerta en puerta abriéndolas a su paso. Poco le importaba la prohibición del profesor. Pero todas las habitaciones del piso alto estaban desiertas. Así que con paso decidido bajó las escaleras.
Tampoco encontró a nadie en las habitaciones con la puerta abierta. Enfiló a continuación a la única puerta cerrada. La abrió sin miramientos de una patada. El profesor estaba sentado en su escritorio. Se puso de pie con su habitual actitud impasible y cruzó los brazos sobre el pecho.
—¿Qué cree que está haciendo? —preguntó con tono muy medido— ¿Su cerebro de mosquito no le alcanzó para darse cuenta de que la puerta estaba cerrada?
—Ya no. —respondió Gabriel sonriendo al tiempo que alzaba la varita.
Snape permaneció impávido, o casi, quizá un cierto brillo de inquietud se le había colado en la mirada.
—No sé qué está buscando con este juego sádico pero se termina ahora mismo. —demandó Gabriel— Si va a ayudarnos, decídase ya. Si no va a ayudarnos, nos vamos. Ni Harry ni yo estamos dispuestos a esperar más.
Snape le escrutó los intensos ojos verdes. Era muy perturbador oír a Potter referirse a sí mismo como a una tercera persona. Pero algo era indudable, el adolescente que tenía delante poseía un empuje arrollador. Lo había estado observando secretamente durante esos tres días y había llegado a la conclusión de que lo que Potter… eh… Silas le había dicho sobre la condición de su mente era cierto. El Niño Que Sobrevivió estaba quebrado y era su obligación ayudar a componerlo. Y el fracaso no era una opción… o las consecuencias serían terribles.
—Voy a ayudar. —declaró y le indicó una silla— Tome asiento. ¿Por qué no empieza contándome quién es Ud. y cuál cree que es su propósito?
Gabriel lo miró con desconfianza. Había esperado otro tipo de reacción. Había esperado que se negara. De esa forma habría podido refregárselo en la cara a Silas: ¿Viste? ¿Qué te había dicho yo? y se podrían haber ido de allí. Pero la respuesta del profesor lo había dejado desconcertado. Snape logró disimular la sonrisa de satisfacción por haberlo descolocado.
Gabriel evaluó el nuevo escenario, suspiró y se encogió de hombros. —Yo soy Gabriel. —dijo tomando asiento— Yo peleo, pero no sé si eso pueda considerarse un propósito. Fui yo el que se enfrentó con Voldemort y Quirrell para impedirles que se apoderaran de la piedra filosofal. Y fui yo el que salvó a Ginny y el que mató al basilisco.
—¿Quirrell trabajaba para el Señor Oscuro? ¿Cómo puede estar seguro de eso? ¿Y de qué basilisco me está hablando? —demandó Snape vehemente.
—Merlín nos ampare… —murmuró Gabriel sonriendo al tiempo que revoleaba los ojos. Desde el interior, Silas lo reconvino. Gabriel volvió a encogerse de hombros sin hacerle mucho caso. —Lo sé porque la cabeza de Voldemort se asomó por el cráneo de Quirrell y me habló directamente. Y el monstruo de la Cámara de los secretos era un basilisco.
—Eso es imposible. —replicó Snape— Los basiliscos matan, no petrifican.
Una vez más Gabriel encogió los hombros y contestó con tono aburrido: —Yo sé muy bien contra lo que peleé. Para conocer los detalles menores va a tener que hablar con Silas.
—Detalles menores… —repitió Snape sacudiendo apenas la cabeza— Está bien, hágalo salir.
Silas reacomodó la postura distendiéndose un poco y adoptó una expresión circunspecta y algo distante. Muy Slytherin, tuvo que reconocer Snape para sus adentros.
—Hola, profesor. —saludó con un corto gesto— Por su ayuda vamos a estar agradecidos… y en deuda con Ud.
—Ya veremos. Y ahora explique. ¿Ud. sabe de lo que estábamos hablando con Gabriel?
—Sí. Yo puedo ver y oír todo lo que pasa cuando Harry, Gabriel o Rose están en control. Gabriel es como yo. Harry duerme siempre que está adentro. Y Boy y Rose también duermen casi todo el tiempo. Salvo que les toque tomar el control. Cuando Boy está afuera nadie ve ni oye nada. Por ejemplo, yo me doy cuenta de que Boy ha sufrido daño, pero no sé de qué forma ocurrió. Y en cuanto a las preguntas que Ud. había planteado… el basilisco estaba débil, poco alimento es el que puede encontrarse ahí abajo. Otro detalle que hay que tener en cuenta es que ninguna de las víctimas lo miró directo a los ojos sino a través de algo que actuó de amortiguador, por eso quedaron petrificados pero no terminaron muertos. El reflejo en un charco de agua o en un espejo, la lente de la cámara de Colin interponiéndose…
—Entiendo… ¿y Ud. mató al monstruo así como así?
—No, yo no… y mis intenciones eran muy distintas, creame. Yo quería arrojar a Lockhart a la Cámara y después ir a buscar la ayuda de algún profesor competente para que se hiciera cargo de la situación. Probablemente habría recurrido a Ud. Pero Gabriel estaba empecinado en bajar, estaba convencido de que si demorábamos Ginny se moriría. Y es algo que él de ningún modo podía permitir. En mi opinión, él es el verdadero Niño Que Sobrevivió, el héroe. Tiene que proteger a todos e ir a salvarlos, aunque se trate claramente de una misión suicida. O en otras palabras, es el prototipo del Gryffindor imbécil.
—¿Así que Gabriel mató al basilisco solo y por sí mismo? ¿Y espera Ud. que yo crea eso?
—Ud. es muy dueño de creer lo que le parezca. Pero lo que le estoy diciendo es verdad. —dijo Silas sin alterar el tono en lo más mínimo— El cadáver del basilisco sigue allí, pudriéndose. Si fuera imprescindible, siempre puedo acompañarlo allá abajo para que Ud. pueda verlo con sus propios ojos. Y Gabriel puede ser un tarado, pero cuenta con instintos y reflejos soberbios. Es un duelista de excelencia y posee extensivos conocimientos en Defensa. Tanto él como yo estamos muy adelantados en nuestros estudios, aunque en diferentes áreas. Y quizá sea gracias a eso que aun estamos vivos.
—¿Y cuál cree Ud. que es su propósito? —siseó Snape ya no tan contenido como al principio. Le caía muy mal que un mocoso de trece años lo superara dialécticamente.
—Creo que podría considerárseme un regulador. Yo controlo y cuido a los otros y guío a Harry. Pienso con lógica y estudio con avidez, de modo de que estemos preparados para enfrentar cualquier circunstancia inconveniente que pudiera presentarse. Prefiero evitar los riesgos a toda costa. Si la situación lo requiere recurro sin sentirme culpable a la manipulación y puedo mostrarme despiadado. Básicamente yo represento las cualidades Slytherin de Harry. A él le habían dicho que todos los Slytherins eran malos y que Voldemort había sido un Slytherin. Harry sabía que él poseía muchas de las cualidades atribuidas a la Casa. Para él fue muy estresante y se horrorizó cuando el sombrero dijo que lo iba a poner en Slytherin; la fragmentación era un recurso que le había dado resultado en oportunidades anteriores y recurrió a ella nuevamente. Así fue como nací yo. Cuando en segundo año se enteró de que hablaba pársel, y varios le dijeron que era algo "maligno", rechazó ese talento, ahora sólo yo puedo hablarlo.
Snape no cabía en su asombro. Potter podría haber pertenecido a su Casa. Y era evidente que Silas bien podía pasar por el epítome del Slytherin.
—¿Qué me puede decir de los otros?
—Quizá convenga que lo haga de manera cronológica… —dijo Silas y vaciló unos instantes adrede, una forma de indicarle indirectamente de que iba a dejar un blanco a sabiendas. Snape se dio cuenta pero no intentó presionarlo.
—Tenemos a Boy. No sé bien cuando pasó a ser una entidad independiente de Harry. Duerme casi todo el tiempo y sólo toma el control cuando Harry tiene que enfrentar miedo, terror o dolor extremos. Después está Rose…
—¿Rose? Ya la había mencionado Ud. antes… presumo que es una chica…
—Hay dos personalidades femeninas. —precisó Silas y prosiguió: —Rose es sorda. Es muy amable y solícita. Creo que surgió porque Harry no podía reconciliarse con la idea de que le prestaran poca atención y nada de afecto, creo que fue un recurso para ganarse la aceptación de su familia. Rose se esfuerza para que todos estén contentos. Pasaba mucho tiempo limpiando, cocinando y atendiendo el jardín bajo la tutela de tía Petunia.
Silas hizo una breve pausa como si ordenara sus pensamientos.
—Yo nací un mes después del undécimo cumpleaños de Harry. Su primer día en Hogwarts. Dos meses antes de cumplir doce, nació Gabriel. Estábamos a finales de primer año. Harry sentía que era su obligación proteger la piedra, pero cuando fue a decírselo a la profesora McGonagall, ella minimizó la cuestión y le aseguró que no existía ningún motivo de preocupación. Nuevamente Harry se vio sometido a un estrés extremo, quería proteger la piedra pero era consciente de que siendo un chico de menos de doce pocas eran las posibilidades que tenía. Y ocurrió una nueva fragmentación. Su instinto de proteger a otros, su confianza y sus habilidades para el combate forjaron a Gabriel.
Otra breve pausa.
—Por último está Kitten. Si bien Gabriel y yo detestamos el nombre y lo acortamos a Kit. Ella es una obsesionada por los placeres sensuales. Es lo único que tiene significado para ella, duerme la mayor parte del tiempo pero puede volverse muy inquieta y puede presionar para salir si sus ansias no son satisfechas de vez en cuando.
—¿Cómo fue que se formó?
Silas desvió la mirada a un lado y demoró en responder. —No estoy en libertad para contarle eso.
—Necesito entender para poder ayudar.
—No puedo decírselo. —insistió Silas sacudiendo la cabeza. Y tácitamente le dio a entender que ésa era una cuestión que no se podía encarar de frente, que iba a tener que buscar vías alternativas indirectas.
Snape entendió y no insistió. Era su turno de explicar.
—De acuerdo a lo que he estudiado, la curación de este tipo de trastorno requiere que la personalidad nuclear, Harry, se reconcilie con todos ustedes, que los acepte y que vuelva a integrarlos a su personalidad. Creo que el proceso será más dificultoso cuando se trate de personalidades que existen desde hace mucho tiempo. Por lo tanto, me parece que lo más sensato es empezar el recorrido en sentido inverso.
—Con Kit. —dijo Silas sonriendo apenas.
—Sí.
—Él se va a oponer.
—¿Quién?
—Gabriel. Dado que Harry no sabe de nosotros, somos Gabriel y yo los que cuidamos de los otros y los que guiamos a Harry cuando debe tomar decisiones importantes para su futuro. Los otros duermen casi siempre y no participan en la toma de decisiones.
—Pero su opinión pesa más que la de Gabriel. —le recordó Snape— Gabriel no quería que recurriera a mí en busca de ayuda.
—Eso es cierto. —reconoció Silas— De los dos yo soy el que planifica. Gabriel se maneja más por instintos e impulsos. Es por eso que yo puedo muchas veces convencerlo de algunas cosas, aunque nunca es tarea fácil. Pero con la cuestión Kit, su oposición es férrea, no quiere que ni Harry ni Ud. lo sepan. Y va a ser imposible hacerlo cambiar de parecer.
—Está bien, lo aceptaremos por ahora. De todos modos, el primer paso será explicarle a Potter lo que es el TPM. Una vez que lo entienda pasaremos a considerar las alternativas disponibles para orientar la terapia. ¿Gabriel presentaría objeciones a las decisiones de Potter?
—No. Harry es la autoridad máxima. Lo cual no significa que no vayamos a tratar de influirlo susurrándole al oído, por ponerlo de alguna forma. —dijo Silas con una sonrisa ladina— Y creo que Ud. debería dejar de hacer referencia a él como Potter. Ya hay demasiados nombres como están las cosas… y Harry se sentiría más cómodo si lo llamara por su nombre.
—Naturalmente. —concedió Snape, aunque sabía que le iba a costar cambiar el apelativo— Quizá sería conveniente que empezáramos ahora mismo… este… ¿podría dejarle el lugar a Pott… a Harry? Y sería conveniente que ninguno saliera hasta que Harry haya logrado comprender la cuestión, al menos básicamente… no va a resultarle fácil.
—Haremos todo lo posible. —dijo Silas y se retrotrajo.
oOo
acá no puedo poner enlaces. Para ver una imagen de las personalidades de Harry, pongan "mente rota, alma quebrada" en Google y vayan a imágenes.
