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-Dijiste que el origen sería tu último trabajo. Dijiste que ya no harías estas cosas, y ahora me llamas y me cuentas esto... Porqué mientes tanto?
-Ya se que lo dije... pero ahora que vuelvo a vivir en mi casa, con los que quiero, y el recuerdo de Mal no me atormenta, estoy bien... pero, mira, me ha sido imposible encontrar un empleo convencional, ya sabes como están las cosas, como está la economía... tengo una familia que mantener, lo entiendes, no?
-Sí.. te entiendo...
-Además, ya sabes como es esto... no puedo desentenderme tan drásticamente de los sueños. Dime, verdad que no has podido dejar de pensar en ello? En volver a navegar por las mentes?
-No...- por teléfono se pudo oír como exhalaba una sonrisa, que delataba su rubor - en verdad, le llegué a pedir a Miles que me llevase a alguna sesión.. es decir.. no he vuelto a participar en ningún trabajo, pero tampoco he dejado de compartir sueños.
-No te habrás echo adicta -bromeó
-No, no, que va, solo lo habré hecho un par de veces. Es.. fascinante. -su voz pareció divagar
-Muy bien, entonces, te unirás a nosotros?
-Ahora mismo... estoy en Toronto. Si acaso.. si me conseguís el vuelo sería un enorme favor...
-No te oigo muy convencida. Sabes que recibirás tu parte del dinero y que..
-Ya...
-Necesitas pensártelo?
-Sí.
-De acuerdo, cuánto tiempo necesitas.
-Poco. Si quieres, puedes llamar en.. 20 minutos, vale?
-Ok, piénsatelo bien. Eres la mejor que he conocido jamás y nuestro equipo estaría incompleto sin tí.
-Tranquilo, me lo pensaré. Hasta luego!
-Hasta luego...
Pulsó el botón de colgar, y se quedó mirando al teléfono en su mano. Acarició la tecla de la agenda, planteándose llamar a algún otro contacto, mientras meditaba lo que había hablado con Ariadne. Se guardó el móvil, tras mirar el reloj y entró de nuevo en el taller para encontrarse a Arthur atareado, formateado todos los ordenadores nuevos a la vez, y paseándose entre ellos para vigilar su progreso.
-Cómo ha ido eso?
-Vaya... -dijo de forma derrotista -Necesita pensárselo. -Arthur automáticamente esfumó toda sonrisa de su cara, y se quedó parado en el sitio.
-Por qué?
-No me ha dicho nada. Pero en 20 minutos, bueno, menos, debo llamarla de nuevo para que nos de una respuesta.
-Pero... la ves interesada?
-Un poco tentada, sí... ha dejado caer que ahora mismo está en Toronto, que la buscásemos un vuelo, "por si acaso".
Arthur asintió en silencio y se acercó al único ordenador que ya funcionaba. Comenzó a mover el ratón con su dedo y a teclear. Ni siquiera se sentó.
-Hay un vuelo a medianoche, un vuelo nocturno. Llegaría aquí a las 6 de la mañana. Luego, hay otro, que sale de ahí a las 6 de la mañana, también, pero, no llegaría aquí hasta mediodía. Reservamos para alguno de los dos?
-Haz la reserva para el de medianoche.
-Muy bien. -alcanzó su bolsa con una mano y de ella sacó una agenda. La abrió y pasó algunas páginas, para tener la información a la vista. Alcanzó la silla y se sentó para hacer la reserva. Por unos momentos, lo único que se oía era el teclado del portátil, algunos clicks del ratón y el zumbido de los demás equipos.
-Puedes ponerla en primera, si quieres, es gratis.
-Cómo? Saito todavía nos hace el favor?
-Me dijo que sería vitalicio, para todos.
-Estos japoneses, qué gente tan maravillosa... - Cobb buscó en su móvil, y pronto se lo pasó, con un mensaje de texto en pantalla.
-Toma, tienes que utilizar este código.
-Bueno, esto estará enseguida.
Consultó en la pantalla del móvil y escribió con cuidado la combinación de letras y números en el recuadro correspondiente, mientras balanceaba su silla, como solía hacer. Siguió bronceándose mientras esperaba la pantalla de confirmación, y cuando la obtuvo volvió a poner la silla erguida con un sonoro "clonk". Cogió un bolígrafo de un portalápices cercano, y apuntó los datos de la reserva en ora página de su agenda.
-Listo. Falta mucho para tener que llamarla?
-No, iba a llamarla en cuanto me devolvieses el teléfono.
-Te importaría que esta vez fuese yo quien hablase con ella?
-Tienes algún plan?
-Una corazonada.
-Bueno, confío en tí. -Consultó el reloj, y empezó a pulsar teclas de su teléfono; pulsó el botón de llamar, y se lo cedió a su compañero, quien tragó saliva antes de ponérselo contra la oreja. Cuando escuchó el primer tono, asintió, y le hizo señas con los dedos para indicarle que iba a salir fuera, para hablar.
-Hola, Dom... -la voz de la chica sonaba un tanto desanimada
-Buenas tardes, Ariadne...
-Eh?... no puede ser...
-Qué pasa? -se mordió el labio inferior intentando reprimir su sonrisa.
-Arthur! qué sorpresa!
-Ya no te acordabas de mí?
-No seas tonto, cómo me voy a olvidar de tí? Me has enseñado tantas cosas...-su voz sonó feliz y cariñosa.
-Parece mentira que haya pasado tanto tiempo desde la última vez que nos vimos
-Meses... No sabía que estabas en el equipo.
-De verdad? Dom no te ha comentado nada? Bueno, pues ya lo sabes. Estoy yo, también Eames, pero, estoy yo, no te preocupes. -ella rió con sencillez -Dom me dijo que estabas en Toronto, así que te he conseguido un billete en primera. Es un vuelo que sale esta medianoche, así nos veríamos por la mañana.
-Pero yo aún no... -su tono de voz cambió drásticamente.
-No te has decidido? -Ella no contestó - Ari... no se si sabes lo buena que eres, nadie más podría hacer este trabajo como tú.
-Pero yo...
-Mira, te aseguro que esto será muy sencillo. Mil veces más sencillo que el origen. Como mucho, serían dos niveles, y uno de ellos, he pensado -su voz se animó mientras pensaba lo que iba a decir a continuación - que sería fantastico, a tí te gustaría mucho crearlo -ella se matenía en silencio. Él hizo una pausa, para sacar su dado y juguetear con él. Lo apretó en su mano. -Quiero que vengas, quiero volver a verte.
-Arthur...
-Tienes talento.. pero, no, no es sólo eso. No querrías volver a trabajar juntos? Compartir nuestros sueños una vez más? Nuestros mundos, nuestros laberintos... Los dos...
-Arthur -ella decidió cortar su discurso. - Sé que el sujeto esta vez es una adolescente, y que si le robamos esa idea, con toda probabilidad hundiremos su futuro. -Él se quedó serio y sin argumentos. El tono en su voz le indicaba que no iba por buen camino- Sé que soy la más joven, y por eso la entiendo mucho mejor. También sé que eso os viene de perlas, y os conviene que trabaje con vosotros. Pero por eso mismo... quiero decir, sé lo importantes que son mis ideas para mí; gracias a esas ideas he podido crecer como persona y seguir adelante y me parece que no debemos negarle esa oportunidad a nadie, no somos quien para hacerlo.
-Ariadne, éste es sólo un trabajo normal, lo hacemos a menudo...
-No quiero ser la responsable de que esa chica se quede sin un futuro. Lo siento Arthur, de verdad que me muero por verte, por ver a Dom, y a Eames, pero mis valores no me lo permiten. No puedo.
Se quedó callada, pero no colgó. Ambos permanecieron en silencio, oyendose respirar mutuamente, a través del auricular. Él tomó aire al menos tres veces, mientras su mente trabajaba frenéticamente buscando una solución con la que responderla. Al fin se aclaró la garganta.
-Vas a añadir algo más?
-Yo... Espero, espero no estar cometiendo un error. Si te prometo algo, aceptarás?
-8-8-8-
Los primeros destellos del alba asomaban por el horizonte, y hacían que el paisaje alrededor del taller, resultase entrañable, contra todo pronóstico. Medio iluminados, en la suave penumbra, Eames y Arthur salieron, dispuestos a montarse en el coche, para ir al aeropuerto. A pesar de ser tan pronto, se habían puesto las gafas de sol. Arthur se tambaleó pero intentó disimularlo. Su amigo le dio unas palmadas en la espalda, y él intentó reprimir, inútilmente un bostezo.
-Así no puedes conducir... Porqué has venido? Te has quedado hasta la madrugada con los dichosos ordenadores.
-Quiero salir, quiero despejarme...-su voz sonaba apagada, dormida.
-Dom te dijo que no hacía falta que vinieses, podrías haberte quedado durmiendo, igual que él. -recibió una mano agitándose frente a su cara a modo de respuesta, para que le dejase en paz. El aludido se metió en el coche, en el asiento de copiloto y se ajustó las gafas de sol y se apoltronó.
-Tengo sueño -confesó. Su amigo le miró con algo de ternura.
-Vale, venga, duerme, te despertaré cuando lleguemos. -Arrancó el coche. Con los primeros bamboleos, tras salir de la propiedad, ya se había dormido.
Llegaron a un semáforo y Eames aprovechó para comprobar su tótem, y mirar la hora. El aeropuerto aún les quedaba a una hora y pico de distancia, así que ya iban pillados de tiempo. "La arquitecta no se va a morir, por esperar un rato más", pensó, y avanzó hasta que encontró un centro comercial de 24h. Aparcó el coche, y entró a comprar. Se llevó unos 12 cafés de vaso, de los que estan frescos y listos para beber con pajita. A él le parecía que ese era uno de los mejores inventos del mundo. Si encontraba al que tuvo la idea, le hacía un monumento. A parte se llevó rosquillas y bizcochos, lo cual vendría de perlas para el desayuno.
Cuando volvió, Arthur seguía en la misma posición, con las gafas firmemente afianzadas sobre su nariz. Estaba profundamente dormido. Se le quedó mirando, intentando adivinar si a esas alturas, todavía soñaba. Tras dejar las cosas en el maletero, entró de nuevo al asiento del conductor, y sin dejar de mirar a su compañero, cerró la puerta con excesiva fuerza. Él saltó y se quedó recto en el asiento
-Hemosllegadoya? -dijo sin apenas vocalizar.
-No, todavía no...
-Mevuelvoador...mir..-Se dejó caer de nuevo contra el respaldo. Era increíble lo débil que sonaba cuando estaba somnoliento, de forma natural. Eames se rió para sí mismo, y disfrutó del corto recuerdo del susto que había provocado, antes de arrancar de nuevo.
Casi una hora más tarde, Arthur despertó en el coche, solo. Se quitó rápidamente las gafas de sol y frotó sus ojos. Miró, agitado, el paisaje que le rodeaba, a través de las ventanillas. Era el aereopuerto. Pero, por qué estaba solo? Cómo había llegado allí? Su boca estaba seca, y estaba vestido de forma demasiado informal. La camisa estaba descolocada, medio sacada de los pantalones y se veía demasiado su camiseta interior.
Se revolvió de forma instintiva el pelo; estaba suave. Eso definitivamente le dio mal rollo. Se sintió confuso, se pasó la mano por la cara y buscó su dado. Si estaba soñando, tan sólo le bastaba con estrellar el coche o alguna cosa. Tiró el dado sobre el salpicadero, pero se quedó atascado entre la rejilla del aire y la luna delantera. Lo rescató y probó de nuevo. Otra vez. Se lo guardó. Estaba despierto, y esa era la realidad. Un calor interno le empezaba a subir por la garganta y ebullía dentro de su cabeza, al lado de las orejas. Miró con rabia a la luna delantera, y bufó. Salió del coche, y puso el seguro de nuevo antes de cerrar la puerta. Sacó y se volvió a colocar la camisa dentro de los pantalones y se echó el pelo hacia atrás.
Corrió hacia la terminal, hacia la puerta por la que sabía que ella iba a salir. Y dentro, buscó con la mirada. Localizó a Eames, hablando con ella. No le habían visto. Apretó los puños y comenzó a andar con paso resuelto, mentalizado a pegarle un par de voces a su compañero, y no iba a dejar que la presencia de ella le amedrentase.
-Eres un cabrón, Eames! -alzó su voz a una distancia prudencial -sabes lo peligroso que podría haber sido lo que has echo? No ha tenido gracia. -Ella reaccionó al sonido de su voz y se giró; sus miradas se cruzaron inevitablemente, fue algo tan ineludible, como el calor agradable que ahora sentía en sus orejas. Tras un instante que resultó eterno, ella borró la expresión cansada de su cara de niña.
-Dormilón! -le dijo sonriente, y le abrazó sin aviso previo. El se sintió confundido, pero no tuvo otra opción que devolver el abrazo. Aspiró el olor a champú de Ariadne, y cerró los ojos. Por la falta de gomina, el pelo se le escapó y se deslizó sobre su frente y su sien, creando un flequillo involuntario que bien le haría parecer otra persona.
-Ya te has despertado, eh? Ya era hora. -Eames le miraba divertido, y mordisqueaba la pajita de uno de los cafés envasados. Acercó hacia él la bolsa repleta de bollería, pero Arthur decidió ignorarle, herido en su orgullo.
-Así que al fin has venido. -sonrió, apartándose de ella.
-Aquí estoy -ella mantuvo su mirada, y le volvió a colocar los mechones que se le habían escapado, hacia atrás.
-Tengo hambre, comemos? no comemos? Si no lo probamos, todo esto se va a estropear... -Eames parecía ahora demasiado impaciente por irse de ahí. Ella dejó de prestar atención al pelo de Arthur y le dio la espalda, quizá demasiado pronto, para atender el ofrecimiento de su compañero, que ahora le tendía a ella la bolsa.
-La verdad, me muero de hambre! No he probado bocado en el avión, y no es porque no me lo hayan ofrecido. No quieres comer tu también? -Dijo, sin mirarle mientras sacaba un donut y rebuscaba en la bolsa de la bebida, para dar con un café al caramelo.
-Por qué no... -cuando ella terminó de coger comida, él también se puso a rebuscar, sin prestar atención a Eames, que le miraba sonriente, mientras sujetaba las dos bolsas, abiertas en paralelo.
-Al menos podrías sonreír y darme las gracias.
-Gracias, hombre...
-Ves? es lo que te decía, Ari, Arthur tiene muy mal despertar, tal vez te sea útil saberlo en un futuro.
-Qué! -Ella se rió a carcajada limpia, y le pegó un manotazo en el hombro.
-Eres serio hasta para despertarte, tío.
-Habéis estado hablando de mí todo este tiempo? -Se frotó el hombro. Los otros dos se miraron con complicidad. Dejó de sobetear los vasos de café, y cogió el primero en que sus dedos hicieron pinza. Era un café a la miel y leche. Sonrió. El bollo que sacó era una caracola de canela. Se sintió más feliz y tranquilo al instante. -Salimos fuera, a comernos esto?
-Al fin tienes las ideas claras...
-Pero, no deberíamos volver ya al taller? Dom estará ahí esperando, verdad?
-Veamos.. -replegó las bolsas de compra y las dejó colgando de sus dedos, mientras miraba su reloj. -son las.. siete menos cuarto, en lo que llegamos, serán las ocho.. ocho y cuarto, y media.. depende del tráfico. Sí. Posiblemente cuando volvamos ya estará despierto.
-Sí, cuanto antes volvamos antes podemos comenzar con lo del juego y todo eso.
-Juego?
-Esta vez conduces tú. -sacó las llaves del coche del bolsillo y se las tiró, con un gesto rápido, para que las cazase en el aire. Que las lograse atrapar fue un milagro ya que el todavía estaba clavando su pajita cuando las llaves estaban ya en el aire. Pero no protestó y tomó un sorbo, antes de continuar andando hacia el párking.
Durante el camino, todos se quedaron en silencio, sorbiendo de vez en cuando sus cafés y disrutando de sus bollos. Ariadne, desde el asiento trasero, disfrutaba del paisaje urbano a través de la ventanilla. Nunca había estado en aquella ciudad, ni siquiera había estado en ese estado nunca antes. Estaba demasiado despejada, a pesar del cansancio que implicaba un viaje. Pero sus ojos tenían un brillo especial. De vez en cuando, lanzaba miradas a Arthur mientras conducía, como si buscase su mirada en el retrovisor, pero él siempre estaba concentrado con la carretera. Así que ella volvía a mirar por la ventanilla, a tomar sorbos de su café, muy poco a poco, para que le durase el mayor tiempo posible.
Cuando llegaron, se encontraron a Cobb dormido en una silla, con toda la pinta de haber sucumbido mientras les esperaba. Eames encendió las luces, las cuales titilaron un poco antes de alcanzar su máxima potencia. La luz le hizo reaccionar, y con tranquilidad, se irguió en la silla, se levantó y caminó hacia ellos. La joven arquitecta, dejó su maleta tirada en el suelo y corrió a saludarle.
-Dom! -le abrazó y se separó con rapidez - cuanto tiempo... como estás? bien? y tus hijos? crecen? Los encontraste bien al volver? te reconocieron?
-Oh, si -se le iluminó la cara - los dos son unos pillos, cada vez me sorprendo más de lo que son capaces de hacer, por ahora, aunque bueno, en estos momentos, es su abuela quien les está cuidando, otra vez.
-Te has reconciliado con ella?
-Si, ha.. costado un poco, pero al fin accedió a escuchar lo que pasó en verdad, y lo aceptó, y aceptó mis disculpas y... -Los dos miembros restantes del equipo les miraron como si tal conversación estuviese fuera de lugar - pero podemos hablar de esas cosas en otro momento, verdad?
-Claro, claro! -respondió ella, disimulando.
-Dom, te recuerdo que Walls nos dijo que debíamos llamarle hoy con lo que tengamos por ahora...
-Es verdad, Arthur. Esta será una buena hora, verdad?
-Ya sabes que si funcionamos desde temprano, el cliente tendrá una mejor imagen de nuestra profesionalidad. Además, cuanto antes empecemos, más trabajo podremos avanzar.
-Eso es un buen argumento. Supongo que tendremos que utilizar esos teléfonos que nos dio...
-Um.. sí, sospecho que si nos los ha dado será por algo... seguro que los tendrá identificados por gps. -Marchó a algún lugar entre los falsos tabiques del taller.
-Os ha dado teléfonos? Qué cabrón...
-Tu cobras por duplicado... -se oyó la voz de Arthur, relativamente cerca.
-Sí, es el último modelo que ha sacado su compañía, o algo así. Son libres, así que tenemos que usarlos con nuestras propias SIM. -Se sacó el móvil del bolsillo y se entretuvo quitando la tapa trasera y la batería para sacar su tarjeta. A tiempo, Arthur volvió con dos cajas pequeñas apiladas. Apartó uno de los portátiles para dejar espacio suficiente, las colocó, y se sentó a medias en la mesa, intentando desmontar la parte trasera de uno de los terminales nuevos.
-Me dejas verlo? -preguntó Ariadne. Él cogió la caja del otro terminal, y se la pasó.
-Cuándo hemos conseguido los embalajes? Walls solo nos dio los terminales.
-Ah, los trajo ayer un mensajero, cuando estábais comprando los demás portátiles. Tan solo son las cajas con las fundas, los manuales, los cargadores, y más cables, no ha enviado más terminales. Metí los teléfonos cada uno en su caja, para que no estuvieran por ahí perdidos.
-Que fuerte, un Ningenphone... la fecha de salida internacional no es hasta dentro de un mes, al menos, de esta versión, que es la 5.
-Ah, si?
Frunció el ceño, tras darle otra vuelta a su terminal, buscando una ranura o un botón que hiciese que la tapa trasera se soltase de alguna manera. Finalmente buscó uno de los manuales de instrucciones de las cajas, y rebuscó en las páginas alguna explicación. Ella juntó su cabeza con la de él, por encima de su hombro, cuando al fin encontraron un diagrama. Sin pensarlo mucho, el giró su cara hacia ella para hacerla una pregunta, y sus narices se rozaron. Ella tiñó sus mejillas de un disimulado color rosado, y entreabrió la boca, mirandole a los ojos; él parpadeó un par de veces y frunció el ceño, sacudiendo deliberadamente el manual de instrucciones en su mano como quien sacude el periódico. Por suerte, nadie se había dado cuenta.
-Lo tienes claro ya? -Ella reaccionó a tiempo
-Sí, mira, es muy fácil. Pones el teléfono así, pulsas el logo, y tiras de esta pletina hacia abajo... y giras el logo así, hacia tu derecha, y sin soltar la pletina, ni el logo, tira de este trozo de tapa hacia la izquierda. Ves? muy fácil.
Ahora si que les miraron todos. Él alzó una ceja, e hizo lo mismo con el terminal que tenía en sus manos. Era complicado, pero tampoco era tan difícil, si se apretaban y giraban los botones y pletinas de la forma adecuada.
-Qué maniático desgraciado ha diseñado eso? De verdad pretende que la gente lo use si no va a poder nisiquiera abrirlo?
-Tu jefe.
-Dirás el cliente... ah... y jefe, también.
-No tienes que ir hoy?
-Es sábado -respondieron Eames y Ariadne al mismo tiempo.
-Claro...
-Esto... Dom, me pasas tu tarjeta? ... gracias... -la colocó y volvió a encajar la batería y la tapa, lo cual resultó ser infinitas veces más sencillo. Lo encendió, y le dio el terminal preparado. A continuación, saltó suavemente de la mesa, y se sacó el móvil del pantalón, le sacó la tarjeta y se la pasó a su ayudante improvisada. -Te concedo el honor.
-Perdonad, pero alguno de los dos me puede explicar para qué sirve esto?
"Bienvenido al sistema Ningenphone 5.0"... En la pantalla de Cobb aparecía una animación en bucle de dos personitas dadas de la mano, saludando, rodeadas por haces de luz emulando un átomo. Arthur lo miró con una mueca de asco, recordando su experiencia con los portátiles.
-No tenéis conexión de datos, verdad? -Ellos negaron. Eames solo les miraba, bebiendose otro vaso de café. - Pues nos saltamos esta pantallita. -Presionó con el dedo las cuatro esquinas de la pantalla en secuencia, seguido del botón principal del menú y desactivó después la conexión de red. Hizo lo mismo en la otra terminal.
-Dónde has aprendido a hacer todas esas cosas?
-Yo.. me gustan los Ningenphone.. soy una fan, aunque nunca he podido usar uno. Pero miro cosas de aquí, y de allá.. no sé. -Se encongió de hombros.
-Los podemos usar ya?
-Sí, los dos ya están listos para ser utilizados.
-A llamar! -Eames sorbió con fuerza, haciendo resonar el fondo del vaso.
-Silencio...
El extractor, y jefe del equipo, cogió su nuevo teléfono y apretó el botón principal.
-Walls -dijo, y miró cómo la pantalla cambiaba al modo de llamada. Se acercó el móvil a la oreja y por alguna razón, se sorprendió de que, de echo, sonase tono de llamada. Tras una corta pausa, recibió respuesta. Hizo señal a todos para que permanecieran callados. -Buenos días, señor Walls... Sí, como nos indicó. ... Sí, el equipo ya está reunido. Cuando comenzamos?... Pues... hoy mismo. -Lanzó una mirada a sus compañeros. Todos sonreían.
-El juego comienza...
-Cállate, Arthur, no eres Sherlock Holmes.
