Nota: Aquí un capítulo más de este fic. Muchísimas gracias por todos los reviews! Y también mil gracias a todas las personas que se pasaron por acá. De verdad! Les dedico este a ustedes. Ya tiene rumbo decidido la historia! Prometo actualizar seguido :3 solo que esta semana fue un poco pesada. Besos a todas 3 Y de nuevo... Gracias... :) Cualquier duda, opinión o sugerencia, háganmela saber... *-*


Conociéndonos (Cont.)

Fría realidad…

- Inuyasha Taisho… - Sonrió y depositó un afable beso sobre la mano fría de Kagome. Ella rió nerviosa mientras se soltaba del agarre, avergonzada.

- Inuyasha… - Su voz pasó de sus labios en un leve murmullo. Comenzó a caminar de nuevo lentamente, mientras miraba hacia el frente.

Transitaron sin rumbo varios minutos por la acera, sin decir una palabra. Desde allí aún se podía observar el puente, que para esas horas, comenzaba a llenarse de luces. La chica nuevamente se sintió reconfortada por los alegres colores que recorrían toda la magistral arquitectura y terminaban reflejados en las frías aguas bajo el mismo. Inuyasha la miraba constantemente por el rabillo del ojo, sonriendo de la distraída chica que a veces tropezaba al dejar a sus ojos perderse en la maravillosa vista. No sabía de qué hablarle, qué decirle. Ni siquiera sabía aún la razón por la cual la había invitado aquella noche. Se pasó una mano por la cabeza, desarreglando un poco sus cabellos, y llevó sus ojos hasta el oscuro cielo que terminaba por nublarse.

- Puedo oler la nieve. – Dijo Kagome aspirando profundamente y soltando el aire por la boca. El aliento tibio de la chica se convirtió en vaho al mezclarse con el frío ambiente que ahora los abrazaba. – Debería volver a…

- ¿Vives aquí cerca…? – Preguntó llevándose ambas manos a los labios, soplando y frotándolas un poco para calentarlas. La vio negar levemente con la cabeza y acurrucarse más dentro de su abrigo. Hacía tiempo que habían dejado atrás la hermosa vista del puente y se encontraban frente a un gran parque. Con un leve toque en la espalda, la instó a seguir su camino hasta una gran cafetería ubicada en la misma manzana.

- La verdad vivo bastante lejos, pero mi universidad no está tan lejos de aquí. – Se quitó el abrigo, al ver que Inuyasha hacia lo mismo al entrar al lugar.

Se quedaron en silencio mientras una joven mesera los llevaba hasta una mesa vacía y les tomaba la orden. La observó en silencio, mientras Kagome acariciaba sus propios dedos, como masajeándolos, sin notar que el chico de ojos cual opal no podía apartarlos de ella. Inuyasha tosió un poco, llamando su atención, y, recibiendo frente suyo la taza de café que había pedido, le habló.

- Entonces, estudias por aquí. – Ella asintió, llevándose la taza con café a los labios. Sonriendo para sí misma, al sentir que el líquido le devolvía calor a su cuerpo, dejó la taza sobre la mesa.

- Sí, estudio Diseño Textil y Moda. – sus ojos dorados se abrieron un poco sorprendidos. Aquella joven, que vestía modestamente no parecía una de esas grandes diseñadoras que solía ver. – Diseño trajes de boda, principalmente, en una boutique especializada en ese tema. – Bebió otro sorbo del café.

- Así que también trabajas, vaya. – "Diseño trajes de boda…" sonrió con desgano mientras ella asentía nuevamente. Kagome observó el reloj de pared que se encontraba sobre la puerta de entrada y se levantó presurosa, tomando su bolso y su abrigo. Inuyasha se levantó a la par que ella, sin entender el comportamiento de ésta.

- ¡Es muy tarde! Lo lamento, pero debo irme.

- Claro… - atinó a decir él. Tomó sus cosas, dejando unos billetes sobre la mesa y la acompañó hasta afuera.

Kagome se detuvo, estiró una mano y un pequeño copo de nieve se colocó sobre sus lastimados dedos. – Te dije que podía oler la nieve… - Se giró a mirarlo, al tiempo que las calles a su espalda comenzaban a cubrirse de una alfombra blanca.

Se quitó los zapatos, para colocarse las pantuflas y caminar hasta la cocina. Dejó su gran bolso sobre la mesa mientras desabotonaba su abrigo. Pasó sus dedos por su cabello y lo sacudió levemente, dejando caer pequeñas gotitas de agua sobre el piso de madera. Desenrolló la bufanda que llevaba anudada al cuello y se tiró agotada sobre el sofá. Se sentía sumamente cansada. Sus ojos se cristalizaron al poco rato, recordando aquel vestido en el que había trabajado todo el día. Las lágrimas se agolparon en sus ojos y ella se acurrucó en el sofá abrazándose a sí misma al tiempo que comenzaba a sollozar y liberaba las lágrimas que tanto ansiaban bajar por sus mejillas.

- Tome. - Sintió el calor de un cuerpo junto al suyo, giró el rostro asustada encontrándose con una mano, entregándole un pañuelo de color blanco. El chico le sonrió apenas y ella tomó el pañuelo entre sus manos.

- Gracias… - su voz se escuchaba llorosa.

- No hay porqué… - lo observó apoyarse nuevamente en la barandilla y secó sus lágrimas con el pañuelo.

Se levantó del sofá, caminando tranquilamente hasta donde había dejado su abrigo, del bolsillo quitó el trozo de tela blanco y lo llevó a su nariz. Respiró del perfume varonil, mezclado con el suyo propio. Aquel chico… Lamentaba no haber tenido más tiempo para quedarse con él.

- Ahh… de qué hablas Kagome… Él solo fue amable… - se dijo a sí misma. Entró a su cuarto y se recostó en la cama. Quedándose dormida casi al rato.

Las horas se hacían eternas encerrado en aquella fría y solitaria habitación, pensando una y otra vez en aquellos ojos marrones de mirada cálida y apacible. Su voz retumbaba una y otra vez en su mente, las sonrisas que le había robado en más de una ocasión mientras la tuvo con él en aquella cafetería. Sus ojos dorados se desviaron hasta la ventana, los copos de nieve caían cada vez más. Inuyasha se reprochaba a sí mismo, haberla dejado ir sin decir más que un "Adiós" y "Gracias…" Ni un número telefónico, o dirección de correo electrónico. Ni siquiera sabia en cual de las universidades estaba. Necesitaba encontrarla, por alguna razón no podía estar un día más sin saber de ella. Aquella chica triste que había encontrado en el mirador… Eso… El mirador, quizás ella volvería ahí.

Se hacía de noche cuando sus pies lo condujeron de nuevo hasta aquel oscuro mirador… La respiración se le detuvo, al ver a una mujer apoyada en la barandita, parecía estar hablando con el teléfono celular… Se acercó ella, pero sus ojos bajaron desilusionados cuando se dio cuenta de que no era ella. Pidió disculpas levemente y se ensimismo en sus pensamientos, observando el puente que se elevaba soberbio sobre las calmadas aguas. La nieve se acumulaba en sus anchos hombros y mojaba sus cabellos, oscuros como la noche. Luego de varios minutos, esperando pacientemente por una cita que nunca se concertó. Giró sobre sus pies sintiendo el vacío y la soledad, más cerca que nunca, con el frío colándose por su piel ciñéndose a su alma. Como gotas de lluvia, la nieve se posaba encima suyo, mientras el caminaba de vuelta hasta su departamento.

Los días pasaron, lentos, agobiantes. Solo. A pesar de "ella", a pesar de lo que decía que sentía por esa mujer, moría por dentro. Cada noche volvía al mismo mirador y se quedaba ahí hasta que el frío y la oscuridad lo invitaban a abandonar su silenciosa espera. Se giró exasperado, harto de reprocharse a sí mismo haberla dejado ir. De qué la culparía a ella si nunca le había dicho que volverían a verse… Una vez más volvió envuelto en la soledad de sus horas… mientras en su mente evocaba el recuerdo de aquella chica "Kagome…"

Caminaba por las calles protegiendo sus manos en sus bolsillos, pues el frío que rondaba por la ciudad las lastimaba aún más. Llegó hasta un cruce, donde aguardaba una luz roja encendida en el semáforo. Suspiró y, luego de unos minutos de espera, volvió a dar un paso tras otro. Cuando sus pies estaban por tocar el asfalto, sintió como una mano se posaba en su hombro y la estiraba suavemente hacia atrás. Desesperada, se giró, sacando una mano del bolsillo y con ella golpeó a la persona que tenía enfrente.

Sus ojos se abrieron sorprendidos de verlo a él, allí, con la mejilla roja por el golpe. Con una mano que intentaba apaciguar el dolor, pero en medio de aquel ambiente tenso, él empezó a reír con ganas.

- ¿I-Inuyasha? ¿Estás bien? ¿De qué te ríes…? ¡Inuyasha! – dijo Kagome asustada.

- Disculpa…. Yo no quería…. Est-Estoy… bien… - sus risas entrecortaban sus oraciones y pronto contagiaron a Kagome, quien intentaba no ceder. Se sentía más que apenada por la situación y él riéndose como si no hubiera pasado nada.

- Tienes una mano muy dura… - dijo él cuando recuperó el aliento.

- Me asustaste mucho… Pensé que me secuestrarías… - dijo provocando nuevamente la risa del chico de ojos dorados. – ¡No te rías! Lo digo en serio.

- De acuerdo… - dijo por fin calmando su risa – Me alegra mucho encontrarte, Kagome.

Kagome bajó la vista apenada, mientras su respiración se hacía irregular. A ella también le alegraba en demasía encontrarlo ahí. Había pensado que no lo volvería a ver. No después de esa noche. Pero… ¿Qué podía decirle? Eran dos extraños.

- A… A mí también… - Las palabras se le atragantaban en la garganta y se negaban a salir. - ¿Te duele…?

- No… - Inuyasha se pasó la mano por la mejilla, negando con leves movimientos de cabeza. Sonrió, haciendo que los ojos de la chica brillaran al ver sus labios curvándose. - ¿Quieres un café…?

Se encontraban sentados uno frente al otro, con una taza de café cada uno. Habían hablado aproximadamente unas dos horas, acerca de muchas cosas y en ese tiempo se habían bebido varias tazas de café.

- No podré pegar el ojo en unos cuantos días. – dijo Inuyasha riendo.

- Yo tampoco, lo cual es bueno. Tengo que adelantar las cosas. – dijo apoyando sus codos en la mesa.

- Tranquila, estoy seguro que terminarás a tiempo. – tomó otro sorbo de café y se quedó observándola. – Me encantaría ver lo que haces, un día de estos.

En aquel momento, Kagome apoyó su rostro en la mano derecha y rápidamente lo retiró de nuevo. Inuyasha sorprendido tomó con suavidad las manos de ella sobre la mesa y quedó impresionado con el estado de éstas. Las yemas de sus dedos parecían a punto de sangrar y tenía marcas rojas en las zonas que utilizaba para coser con la fina aguja. Ella sólo le sonrió y quitó sus manos.

- Gajes del oficio… - dijo excusándose.

Inuyasha la miró con reprobación y nuevamente tomó sus manos entre las suyas y las besó con gran suavidad. Las mejillas de Kagome cobraron color y sintió que el alma se le desbocaba al ver cómo el rostro de Inuyasha se acercaba al de ella, pero cuando estaba por rozar sus labios, aquel rostro de rasgos varoniles dirigió su blanco a la mejilla de Kagome.

Se dispusieron a salir del lugar, cuando el móvil de Inuyasha comenzó a sonar. Sus opales parecieron apagarse al mirar la pantalla que se encendía intermitentemente. Con pesar contestó la llamada, bajo la tímida mirada de Kagome que luego se giró hacia su bolso, de donde sacó unos guantes, colocándoselos.

- Claro, cielo. – la voz de Inuyasha se quebró en medio de la oración. Observó a Kagome apretando con fuerza el teléfono entre sus manos. – Te veré ahí, entonces… - Respiró profundo - También yo.

- Debo ir a trabajar. – habló cuando vio que el chico guardó el móvil nuevamente en su bolsillo. Sonrió toscamente mientras se colocaba un gorrito que hacia juego con sus guantes. – Fue un gusto charlar contigo, Inuyasha.

- K-Kagome… - la garganta parecía resquebrajársele. - … yo… Me voy a casar… - Kagome se llevó una mano empuñada hacia el pecho, mientras asentía con la cabeza. Se sentía como una tonta, aunque él nunca le había insinuado otra cosa más que una amistad. – Toma… - le entrego una tarjeta de presentación, que ella asió y lo observó a él sin entender. – Si necesitas algo, cualquier cosa… Búscame…

Kagome no pudo hacer otra cosa más que asentir y continuar su camino hacia la tienda de vestidos, aumentando la velocidad de sus pasos al tiempo que se alejaba de él.