Los personajes no me pertenecen sin embargo la trama es toda mia.

Mientras te siga amando: capitulo 4

Un Mal Hombre.

Bella POV.

Pasaron varios minutos desde que Edward se había ido a buscar mi supuse desayuno, y algo me decía que no volvería en un buen rato.

Observe nuevamente la habitación para pasar el tiempo, me incorpore de la cama sintiendo el aire recorrer mi nívea piel. Jamás me había gustado el color con el que había nacido, pues era muy pálida y me costaba tomar color aunque este todo un día en la playa usando bronceador.

Inspecciones el armario que se encontraba contra la pared frente a la cama hallando dentro de este l diversos atuendos de galas con colores y formas provocativos todos verdaderamente hermosos sin embargo ninguno iba conmigo.

Yo era una chica común y corriente, si eso es como le puedo decir ahora. La generación que prevalecía, era adolescente emos, floggers , Cumbieros y hasta había uno que era de Chettos . Claramente ninguno conmigo.

Después estaban los de mi edad, que se la pasaban de fiesta en fiesta, drogas, sexo y alcohol.

Mi forma de ser era bastante diferente a la de ellos, me gusta leer, escribir, hacer deportes en mi tiempo libre, ayudaba en centros benefactores con la recaudación que se hacía a fin de año con la empresa que montamos Alice y yo, pasar tiempo con la familia y sobre todo una vida sana; en otras palabras, los que la gente de ahora me definiría: Rara.

Después de seguir buscando como un par de minutos encontré en el fondo de armario una cajonera que contenía remeras con mangas cortas para el verano, en el otro, musculosas, en el siguiente shorts, y en el ultimo jeans, todos de diferentes colores, dibujos si las tenían, marcar y telas.

El que compro estos guardarropas estaba forrado de dinero.

Primero me coloque la ropa interior que consistía en un conjunto negro muy provocativo, eso si que no lo puede evitar, todos los conjuntos de ropa interior eran provocativos, igual no es como si me importase, ya que nadie lo vería.

Decidí ponerme una remera manga corta gris con la figura de trigos, o yo que sé qué forma tenia, de color negro y en la punta tenia la forma de una flecha apuntando hacia mi ombligo.

Me coloque una calza negra con un cinturón y un brazalete en mi muñeca.(N/A imagen en mi perfil) era el atuendo adecuado para esta época de año, en realidad era verano, pero como me encontraba en un lugar ambientado era mejor no andar tan desabrigada.

Recorrí el cuarto en busca del calzado, hasta que lo encontré debajo de la cama.

En cuanto termine de vestirme y arreglarme un poco, tome la manija de la puerta y tras girarla un par de veces puede abrirla, revelándome un largo pasillo en cuyos laterales se encontraban numerosas puerta de varias formas y pintadas de un distinto color pero si desentonar con el color que estaba pintado las paredes.

Avance con pasos torpes, ya que este no era un lugar conocido y cualquier loco puede salir de alguna de esas puertas con un cuchillo e intentar matarme.

—Regresa y escapa, este no es un lugar seguro— una vocecita en mi cabeza me hizo sobresaltar por el susto que me había dado. Hace tiempo que no aparecía, solo había llegado un par de veces cuando era chica y en verdad que estaba en apuros.

— ¿Cómo que no es seguro?— le pregunte susurrando para que nadie que saliese y me viese creyese que este loca.

—Edward dijo que me quiere, que… me estuvo esperando, realmente es sincero—

—solo te estaba vendiendo una sonrisa de ángel, ambos la compramos, pero cuando la tienes, a él le quedara la sonrisa de un diablo. ¿Por qué crees que todavía no te trajo tu desayuno?—

—Tal vez, se haya acordado de algo o tenía algo muy importante que hacer antes—

—si manzana, Bella. Hazme caso, sal de ahí—

—De acuerdo—

Había avanzado más de 5 puertas mientras Marie, el nombre que le había puesto a la vocecita de mi mente, me decía que tenía que salir de allí.

Con el mismo paso, lento y silencioso, me gire en redondo para volver a la habitación y salir de allí.

Aquella vocecita, molesto pero muy inteligente me había salvado de varios acontecimientos de cuando era chica y estaba el gran problema que podría afectar a mi vida, por eso es que le hacía caso, ella nunca se equivocaba y no creo que lo haga ahora.

Numerables veces fui al psicólogo cuando se lo conté a mi madre, igualmente ella nunca se fue.

Pero tampoco se encontraba constante mente en mi cabeza, si no, como había dicho antes, cuando había serios problemas.

Estaba a unos pasos de llegar a la puerta de la habitación cuando en la puerta de al frente se abrió súbitamente y cerrándose de igual manera.

Una joven de unos 20 años, con ojos celestes claros preciosos, una cara redondeta con el cabellos castaño claro ondulado cayendo en cascada cobre sus hombros y vestida solo con un suéter color pardo; salió apresuradamente con la respiración agitada.

En sus ojos se podía ver el miedo que había en ellos, el miedo de saber que uno es impotente frente a alguien superior a ella. Su mirada se fijo en mi asombrada.

— ¿Qué pasa porque estas así?— le pregunte ya alarmada, acercándome hacia ella.

— ¿Cuál es tu habitación?— susurro mirando hacia los costados y sosteniéndose de mi brazos que se encontraban extendidos hacia ella. La tome de la mano atrayéndola hacia la puerta en donde se encontraba la habitación en la cual desperté.

—Tienes que escapar de aquí, vete— me confirmo lo que Marie me ha dicho.

—es por Edward, dime ¿Qué es lo que tiene el? ¿Es malo?—

—Las cadenas de él te mantendrán atrapadas, no podrás escapar de su lujuria. En cuanto dispare hacia tu corazón, estarás perdida, te hará daño. No caigas en su trampa. No le des tu amor a un mal hombre, Haz que tu primer beso con él, sea el último—

—pero, no entiendo nada. El me ha dicho que me ama, ¿Por qué no puedo creerle?— Marie me lo estaba advirtiendo, pero simplemente no podía evitarlo.

Algo en ese hombre me hacia quererlo firmemente junto a mí, pero la otra parte lo quería bien lejos. No entendía nada.

—Ahora… trata de escapar, vete lo más lejos de aquí y no mires hacia atrás. — dijo mientras me tomaba de las manos y sostenía mi mirada fijamente para que la entendiese.

—ven conmigo— le propuse.

—no puedo hacerlo, yo ya me he enamorado, he caído totalmente en los pies de él, mi corazón le pertenece y aunque no nos llevemos bien, yo se que el también me ama y no me quiere dejar ir, al igual que yo no quiero dejarlo ir a él. — me contesto soltando mis manos y fijando sus ojos en la pared nostálgicamente.

Era difícil de comprender como alguien que sale asustada, casi con pánico de alguna habitación, que te diga que tienes que escapar y luego te dice que no se va porque está enamorada, a simple vista, diría que está loca, sin embargo así están las personas enamoradas ¿no? totalmente locas por aquel el cual pertenece su corazón.

Nos quedamos un rato mas en silencio, un silencio cómodo, en el que no se necesitan palabras, si no a alguien que este con uno, solo la presencia de alguien.

Al cavo de unos minutos más, la puerta de la habitación se abrió de golpe haciendo que ambas brincáramos del susto.

— ¿Qué haces tu aquí?— Edward llegaba a la habitación provocando que por el fuerte abrir de la puerta, esta golpease contra la pared furiosamente. — Sal ahora mismo si no quieres recibir tu merecido—bramo.

El rostro de Edward se veía rígido y colerizado, provocando que mi angustia no saber qué es lo que pasa con el aumente.

No sabía muy bien cómo actuar en esta situación, jamás he visto a alguien tan enojado como lo está el en casi toda mi vida. La tención en el ambiente era notoria y ninguno de los dos apartaba la vista del otro, era como una lucha la cual ninguno de los dos estaba dispuesto a romperla, sin embargo, después de unos segundos aparte la mirada.

No porque era tímida o estaba asustada.

Todo lo contrario, me sentía fuerte e impenetrable, pero lo que temía era encontrar algo en su mirada que me hiciera negar todo lo que aquella chica me había dicho.

Y lo tenía decidido, en cuando pudiera… escaparía.

Con un paso meticuloso, comencé a caminar hacia la gran cama que se encontraba a unos pasos detrás de mí, por lo que sin girarme, me dirigí hacia esta mirando mis pies como cada vez se veían más próximos a la cama.

—Lo siento mi Bella, no temas— su voz conciliadora me hacía cada vez hacer lo contrario a lo que llevaba haciendo para dirigirse a la seguridad de sus brazos. "no te dejes engatusar" susurro Marie. — yo, lo siento, en verdad, no es contigo la cosa, por favor Bella, no me temas. — sosegado, avanzo hacia a mi extendiendo sus brazos para estrecharme en su pecho fuerte y varonil. Quise apartarme de él, sin embargo lo que hice fue entregarme más a él ya que mi pies tocaron la parte baja de la cama provocando que mi rodillas se curvasen haciendo que ambos cayésemos a la cama con sus brazos alrededor de mi cintura y los míos apretujando su cuello ya que me había sentido asustado por lo rápido que había sucedido todo.

—Lo siento— dije soltándome de él.

Su cuerpo quedo encima mío mientras que por mi parte, mi cuerpo estaba encerrado entre el cómodo colchón y su cuerpo frio pero me que transmitía calor con el solo roce.

—No tienes que pedirme disculpas porque solo te aferraste a mi— manifestó produciendo una sonrisa aniquiladora que me dejo conmocionada. — me encanta que estés todo el tiempo conmigo, aunque a penas estemos un día, pero lo cierto es que yo estuve contigo prácticamente desde que tenias 5 años, ya lo sabes. Así que no me molesta que me toques, en absoluto. Lo adoro. —

— ¿También adoras que otras te toque?— lo pinche provocando que se separase de mi hasta colocarse a un costado, sentándose. — ¿Le has dicho también que le conoces desde los 5 años?— trataba de sonar indiferente, pero cada pregunta que le hacía provocaba un dolor en mi pecho, al notar como él se ponía rígido a mi lado, sabiendo que yo tengo razón. — ¿son todas morochas o la chica que estaba recién conmigo era la excepción? No me vengas a decir que me amas cuando se que te acuestas con otras. —

—No sabes lo que dices— murmuro antes de incorporarse y dirigirse hacia la ventana que tenía sus cortinas abiertas. — y yo solo te amo a t…—

— Claro que si y tu también perfectamente, eres una mierda, un canalla que solo una a las mujeres como pañuelo descartable, que anda en cama en cama. Además ¿No te dijeron alguna vez que mentir es malo? Es obvio que tú no me amas te acuestas con cualquiera, mírame y mírala a ella, ella es la perfección reencarnada ¿y yo? Solo una ilusa que me deje engañar por un chico guapo que me sonreía y prometía amar— mi autoestima estaba bajando considerablemente delante de él, tenía que parar con esto— ¿sabes qué? Déjalo así, yo me largo, como sea, pero me voy, adiós Edward. — en cuanto mi mano toco la perilla para abrir la puerta, Edward llego a mi lado colocando su brazo para impedir que la puerta se abriese y girándome por completo hasta quedar prácticamente pegada a él, encerrándome, otra vez, pero con la diferencia que estaba contra la puerta… y el-

—Escúchame bien Isabella— al pronunciar mi nombre completo por sus labios un estremecimiento recorrió mi espina dorsal—no te consideres menos, eres hermosa e inteligente y si, lo acepto, me he acostado con otras, y sabes por qué? —Negué ante la pregunta. — porque estaba tan loco por ti, tan loco de deseo, que necesitaba descargarme y no me arrepiento, ahora déjate de estupideces, jamás te iras de aquí— se alejo de mi no sin antes tomar mi mano y jalarme hacia la cama.

—no voy a acostarme contigo—

—Claro que lo harás. — dijo como si nada volviendo a sonreír con esa sonrisa suya.

Comenzó a desvestirse como si estuviese solo y a continuación me desvistió a mí, podía pararlo, pero no podía sentir mi cuerpo responder a las demandas que mi cerebro les ordenaba.

Volvió a desarmar la cama, que no sé en qué momento la habían hecho y me jalo hasta que nuestros cuerpos que solo eran tapados antes por nuestra ropa interior y ahora la sabana, quedaron recostados allí. Por mi parte me aleje lo mas que pude de el hacia la esquina de la cama.

Se acerco lentamente hacia donde me encontraba y comenzó a besar mi cuello provocando que los estúpidos sentimientos que había sentido anteriormente volvieras a llegar con más intensidad despertando cara milímetro de mi cuerpo. Y trataba de resistirlo, pero era como luchar contra la marea de un océano en medio de la tormenta.

Sus besos comenzaron a subir por mi cuello, pasando por mi mandíbula, el óvulo de mi oreja y a continuación paso a mis labios, besándolos delicadamente pidiéndome permiso para penetrarme. Y aunque me dije a mi misma que no, no pude.

Me deje engatusar de nuevo.

Holaaaaaaaaaaa! Ahora sí! Me he tardado por las causas que ya dije el cap. anterior. No se pueden quejar, es lo más largo que he escrito y si dejan rr... Continuara así y en el próximo es cuando bella quiere escapar, ya veremos si lo logra! Besos a todas y espero los rr.

Xoxo Lau.