Aquí os dejo el cuarto capítulo. Y ya sabeis de sobra de quién es Harry Potter, ¿no? Espero que os guste. ¡Y siento el retraso!
IV. El recuerdo de la pérdida
La lluvia caía suave pero incesantemente en Londres, empañando cristales y formando charcos en el empedrado de Grimmauld Place. Desde dentro de la casa, Harry observaba el exterior a través de una ventana, pensativo. La idea de pedirle a Hermione que fuera la madrina de Ted Lupin le había dado vueltas por la cabeza desde hacía unos días, y aunque no se arrepentía, ahora no paraba de preguntarse si no debería habérselo dicho antes a la madre de Tonks.
Era obvio que la vida de Harry aún podía correr peligro. Voldemort había tenido seguidores que supieron ver cuando él estaba acabado y se habían entregado, prudentemente. O habían pasado información sobre otros mortífagos, como ya había pasado cuando Voldemort huyó diecisiete años antes. Pero otros, como Bellatrix Lestrange, eran devotos y fervientes servidores que creían en lo que el Señor Tebebroso decía, que le habían adorado casi como a un dios. Harry sabía que estos eran los más peligrosos. Algunos habían pasado años en Azkaban por no renegar y esconderse, y la mayoría habían vuelto a ser encarcelados. Pero ya se había demostrado que Azkaban no era inexpugnable, y Harry pensó que igual que Barty Crouch, o que el propio Sirius, alguno de estos mortífagos podría encontrar una forma de escapar. Y lo primero que harían sería buscar venganza. Por eso aún se negaba a bajar la guardia. Y por eso, también, quería asegurarse de que siempre hubiera alguien que le hablara a Ted Lupin de sus padres.
Quizá Andrómeda quisiera cuidar de su nieto todo el tiempo que pudiera, en cuyo caso esto se trataba solo de una medida preventiva. Pero Harry quería estar cerca de ese niño, y, siendo sincero consigo mismo, no tenía ni idea de cómo cuidar de un bebé. Supuso que Hermione sería mejor con estas cosas.
- Ya estoy lista - dijo su amiga entrando en el salón y sacandole de su ensimismamiento. Harry asintió y se acercó a la chimenea, en cuya repisa descansaba un recipiente de cristal labrado. Hermione cogió un pellizco del contenido y, tras indicar la dirección, lo lanzó al fuego y se metió en la chimenea. No tardó en desaparecer. Harry la imitó, y en cuestión de un minuto (algo mareante) estuvo en la sala de estar de Andrómeda Tonks.
La mujer, de unos cuarenta y cinco años, se parecía de forma asombrosa a su hermana Bellatrix, aunque las facciones eran más suaves. Cuando los vio llegar, les dedicó una sonrisa algo triste. Aún le costaba superar tantas pérdidas. Su marido, su hija y su yerno habían muerto en los últimos meses. Pero era una Black. Era una mujer fuerte.
- Harry, Hermione, me alegro de veros. ¿Cómo os va todo? ¿Os apetece un te?
Ellos aceptaron la invitación y se quedaron con el bebé mientras Andrómeda iba a la cocina. Era la primera vez que Hermione veía al niño. Lo cogió en brazos, algo insegura, y Teddy le sonrío. Ella miró a Harry, con una sonrisa nerviosa.
- Creo que le caigo bi… ¡ay! No me tires del pelo, Teddy - soltó el mechón de su pelo de los deditos del niño, que la miró desconcertado y se echó a llorar -. No, no llores, anda, toma, aquí tienes el pelo, juega con él si quieres… - Harry la miraba, riendose entre dientes. Al parecer aquello no se le daba mejor a Hermione que a él.
- Rebosas instinto maternal - le dijo Harry, con una sonrisilla irónica. Ella lo fulminó con la mirada. Entonces el bebé estornudó y la nariz se le ensanchó y enrojeció, como si fuera una nariz de payaso, redonda y brillante. Teddy se echó a reír.
- Empieza a mostrar signos de metamorfomagia - les dijo Andrómeda, entrando con una bandeja -. Antes incluso que Dora… En fin, ¿con leche? - les preguntó, sirviendo el te en cada una de las tazas.
- Verá, señora Tonks… quería consultarle una cosa - empezó Harry -. Ya sabe que vamos a ir a Hogwarts en Septiembre y me preguntaba…
- Yo cuidaré de Teddy, por supuesto - respondió Andrómeda antes de que Harry terminara la frase -. No tienes que preocuparte por eso. Se que eres su padrino, pero no tienes que hacerte cargo de él estando yo aquí.
- Gracias - Harry bebió de su taza, algo azorado -. Sin embargo, había pensado en nombrar una madrina para Ted - Andrómeda lo miró, interrogante -. Se que usted le cuidará, pero me hice la promesa de ser un buen padrino para Teddy. Les debo mucho a sus padres - hizo una pausa. Hermione miraba a la madre de Tonks con el bebé aún en sus brazos -. Solo quiero asegurarme de que si a mí me sucede algo, alguien cumpla esa promesa por mí.
Andrómeda le miraba fijamente, como intentando decidir si debía tomarse aquello como una ofensa.
- Yo soy su abuela.
- Señora Tonks - intervino Hermione -, sabemos que usted solo quiere lo mejor para su nieto. Nosotros también. Pero se que Harry no se lo perdonaría si no hiciese todo lo necesario para no fallarle a su hija y a Lupin - la señora Tonks clavó entonces su mirada en ella.
- De modo que tú quieres ser la madre de mi nieto.
- No, yo…
- Mi hija murió por vuestra guerra y ahora queréis quitarme a mi nieto…
- Su hija era una bruja maravillosa que dio su vida por la causa en la que creía. Para que el mundo fuera un lugar mejor para su hijo. Era la guerra de todos, no la nuestra - dijo Harry un poco más alto de lo que pretendía. Andrómeda desvió la mirada, con los ojos empañados en lágrimas -. Se lo dura que resulta su pérdida - añadió suavizando el tono.
- No, no lo sabes. No hay nada peor que perder a un hijo - pareció que iba a echarse a llorar, pero entonces se secó los ojos de forma altiva y los miró de nuevo -. Eres su tutor legal, Harry, si quieres nombrar una madrina estas en tu pleno derecho. Pero quiero pedirte que me dejes cuidar de él - dijo de forma fría.
- Y yo quiero pedirte que cuides de él. Yo no estoy preparado, y Hermione tampoco. Pero quiero formar parte de su vida. Pase lo que pase.
Andrómeda asintió y se llevó la taza a los labios. Hubo un incómodo silencio que Teddy rompía de vez en cuando con sonidos ininteligibles. Al final, Harry sacó un pergamino de uno de sus bolsillos y lo desdobló.
- Es el formulario legal que Hermione tiene que firmar. No quería que lo hiciera sin hablar antes con usted, señora Tonks - ella lo cogió y lo leyó detenidamente. Mientras tanto, Harry se giró hacia Hermione.
- ¿Estás segura de que quieres hacer esto? Es un contrato mágico, cuando lo firmes quedarás atada a él.
- No lo hago solo por ti, Harry - dijo ella con expresión seria. Harry estuvo a punto de decir que no había nadie había dicho lo contrario, pero como el ambiente ya estaba algo tenso decidió callarse. La señora Tonks le tendió el pergamino a Hermione y luego cogió al bebé.
Hermione cogió la pluma que le ofrecía Harry y firmó con su esbelta caligrafía. Harry, como tutor, lo firmó también, y luego lo guardó de nuevo. Andrómeda parecía más relajada que antes. Harry y Hermione se pusieron en pie y se dirigieron a la chimenea, en silencio.
- Siento haberme puesto a la defensiva - dijo, jugueteando con los deditos de Teddy -. No debí acusaros de querer alejarme del bebé. Se que admirabais a sus padres y que no queréis nada malo para él.
Harry y Hermione se dieron la vuelta y la miraron.
- Me alegro - dijo Harry -. Porque así puedo pedirle un último favor. Cuando los Weasley vuelvan de Rumanía celebraremos una cena. En honor de los caídos. Me gustaría mucho que acudiera - dijo, con una sonrisa. Se le acababa de ocurrir, pero sabía que era una buena idea. En cierto modo, quería rendir homenaje a muchas personas. Reunir a todos sus seres queridos. El dolor volvió a atenazarle la garganta unos segundos, pero la sensación pasó.
- Dalo por hecho - sonrío la madre de Tonks.
Ya de vuelta en Grimmauld Place, Harry aprovechó que Hermione estaba dandose una ducha para subir al cuarto de Sirius. Se sentó en el suelo y sacó de debajo de la cama una caja de madera. Apoyó la espalda en el borde de la cama y la abrió con dedos temblorosos. Sacó el álbum de fotos que Hagrid le había regalado en su primer año y que estaba lleno de fotografías de sus padres, y empezó a pasar las páginas lentamente. Aún recordaba el momento, hacía unas semanas, en que habían aparecido ante él cuando iba camino a la muerte en el Bosque Prohibido. Verlos moviendose, cerca, donde podía extender el brazo y tocarlos, hablandole, mirandole… había sido dolorosamente feliz en aquel instante. Aquellas fotos no llegaban a captar el brillo de los ojos de Lily, ni la forma en que la comisura de los labios de James se curvaba cuando sonreía. Los ojos se le humedecieron y parpadeó furiosamente para contener las lágrimas. Empezaba a asumir que una parte de él siempre estaría incompleta.
En ese momento Hermione abrió la puerta de la habitación y asomó la cabeza. Aún tenía el pelo mojado.
- ¿Cenamos?
Harry agachó la cabeza para que ella no viera sus ojos y se aclaró la garganta.
- Claro, ahora bajo.
Sin embargo, debería haber sabido que ella arrugaría el ceño, como hizo, e insistiría.
- ¿Estas bien? - se acercó a él y se sentó en el suelo, a su lado. Olía a champú. Harry decidió que ya no tenía sentido disimular. Le tendió el álbum de fotos y miró hacia otro lado. Hermione pasó las páginas y se detuvo en una en la que se veía a Harry riéndose y correteando entre las piernas de sus padres.
- Tu madre era una mujer preciosa - dijo en voz baja.
- Y yo tengo sus mismos ojos, ya.
- No solo los ojos… mira su nariz. Es como la tuya.
- La echo de menos.
Harry miró a su amiga, que estaba observando atentamente la foto. Esperaba, conociendola, que intentara consolarle o algo así. Pero ella se limitó a examinar el álbum de fotos, sin tan siquiera mirarle. Por un lado, le alivió que no lo hiciera, pero por otro quería desahogarse. No sabía por qué se sentía tan vulnerable de repente, pero intuía que tenía algo que ver con que Hermione fuera ahora la madrina de Teddy. Harry había encontrado algo bastante parecido a un padre en Sirus, pero nadie había ocupado ni de lejos vacío que su madre había dejado en su vida. Quizá eso no le faltaría a Ted Lupin.
Mientras Harry la miraba, Hermione había recorrido casi todo el álbum de fotografías. Había una, en la que se veía a Lily Potter girando con su vestido de novia, enseñandoselo a la cámara y con una sonrisa radiante, que al parecer llamó particularmente la atención de Hermione.
- ¿Qué pasa? - le preguntó él, mirando la foto con interés.
- ¿Eh? No, nada… Entonces, ¿estás bien? - Hermione cerró el álbum y se giró hacia él
- Sí, es solo que… la conversación con la madre de Tonks me ha hecho pensar en mis padres. No se por qué - se encogió de hombros, intentando quitarle importancia al asunto.
- Harry… Una parte de ellos siempre estará contigo. Están orgullosos de ti, ya lo sabes. Y te quieren, estén donde estén - le dijo Hermione, con ternura. Luego se puso en pie -. Si quieres, iré preparando la cena. Baja cuando estés listo.
Y, dicho esto, salió del dormitorio. Harry se quedó allí un rato más. Al final, guardó el álbum y se acercó a la pared para mirar la fotografía que Sirius había pegado hacía tantos años. Los merodeadores le saludaron desde su marco. Todos ellos muertos, pensó Harry con amargura. Incluso Pettigrew. Se preguntó cuánto habrían cambiado sus vidas si no se hubieran conocido. Sirius Black nunca habría ido a la cárcel, no hubiera sido el padrino de Harry. Los padres de Harry no habrían muerto, o al menos no por manos de un amigo traidor. Probablemente nunca se habrían hecho animagos de no ser por Lupin. El mapa del merodeador nunca habría sido creado, y Filch se hubiera ahorrado unos cuantos problemas. Harry pensó en lo mucho que una persona puede cambiar la vida de otra sin proponerselo. Snape, por ejemplo, había dedicado casi toda su vida a amar a una mujer, y al final había muerto por proteger a su hijo. ¿Se había preguntado alguna vez cómo hubiera sido su vida si no hubiera conocido nunca a Lily?
Entonces Harry se paró a pensar en cómo habría sido su vida si, por ejemplo, no hubiera sido la Señora Weasley a quién hubiera visto en King's Cross el día que cogió por primera vez el expreso de Hogwarts. ¿Y si los demás compartimentos no hubieran estado llenos y Ron no hubiera ido a sentarse en el de Harry? ¿Y si no se hubiera convertido en su mejor amigo? ¿Habría podido derrotar a Voldemort sin su ayuda? De repente echó de menos a Ron, y deseó que su amigo volviera de Rumanía tan pronto como fuera posible.
Sacudió la cabeza y salió del cuarto de Sirius, cerrando la puerta tras de sí. Y, por un momento, se imaginó que algún día pondría, junto a la foto de los merodeadores, una de Ron, Hermione y él.
El pastel de carne de aquella noche era, en opinión de Harry, lo mejor que Hermione había cocinado nunca. Mientras cenaban, Hermione le contó que en el Profeta habían publicado una entrevista a Neville Longbottom, algo que, sin duda, había llenado a su abuela de orgullo. Al parecer, el Ministerio había decidido condecorarle con la Orden de Merlín, segunda clase.
- Mañana será la ceremonia de entrega. Quizá podríamos ir - comentó Hermione, con el periódico en la mano.
Harry pensó al principio que no sería buena idea. Habría demasiada gente, demasiados periodistas, demasiadas cámaras. Pero le apetecía ver a Neville. Quizá nunca lo sabría, pero había estado muy cerca de tener la vida que Harry había llevado. A Harry le resultaba muy tentador estar allí para ver cómo la gente reconocía su valor.
- De acuerdo - le dijo a Hermione -, pero con una condición - añadió con una sonrisa.
Para cuando el pastel de carne se hubo terminado, ya estaban haciendo planes.
Bueno, aquí está el cuarto. Se que es el más corto, pero para compensar, adelanto que en el siguiente capítulo empezarán a pasar cosas entre Harry y Hermione. Gracias a... bueno, ya sabeis quienes sois, por vuestros reviews. Me alegra mucho que os esté gustando la historia. Y espero que a partir de ahora os guste todavía más... ¡me voy antes de irme de la lengua! ¡Gracias por leer! Besos,
Nelletha
