Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, si no a Rumiko Takahashi. Probablemente deje de escribir esta advertencia, es MÁS que obvia ¬¬


MOVIMIENTOS SORPRESA

3.-

Por tercera vez, Sango repitió la pregunta, sintiéndose como si estuviera rodeada de un grupo de niños pequeños.

—¿Cómo llegó ella ahí, Inuyasha? —la respuesta era más que obvia, Sango solo estaba esperando que lo admitiera, sobretodo considerando que habían tenido que curar nuevamente el brazo de Inuyasha en la mañana.

—Keh.

Cruzándose de brazos, observó a Inuyasha pasar el cepillo por el flanco del caballo, una vez y otra y otra. Más de las necesarias de hecho; negó con la cabeza en un gesto que indicaba de antemano que sabía se trataba de un técnica para evitar hablar con ella.

Pero Sango lo conocía desde hace demasiado tiempo como para caer en esa niñería. Sólo se preguntaba qué era lo que le complicaba tanto al respecto, todos sabían en el equipo que por muy rudo que pareciera y se comportara, era un buen tipo. Sobre todo en cuanto a mujeres desvalidas se trataba.

Y obviamente, había algo en esa mujer que estaba captando el interés de Inuyasha.

Porque desvalida no era, claro.

Con la llama de la duda encendida, Sango se volteó a ver a la joven, que aún dormía cerca de las brasas de la fogata. El que durmiera aún era muy extraño en opinión de Sango, no parecía común que en una situación de peligro alguien pudiese dormir tan… profundamente. Menos ella, que había tenido el valor suficiente como para dispararle a uno de ellos e intentar escapar. Parecía en aquél momento muy segura de lo que le esperaba, y ahora se mostraba tan tranquila rodeada del "enemigo".

Bueno, un "enemigo" que al parecer le había quitado las amarras mientras dormía.

Inuyasha era un sensible.

Aunque con Kouga tan al pendiente de ella, dudaba que tuviese siquiera una oportunidad de escapar.

—¿Vas a llevarla de vuelta hoy, no?

Inuyasha detuvo el cepillado, y se volteó junto a Sango para observar a la joven que dormía.

—Sí —afirmó—. No tiene más que hacer aquí. Comprendo que estaba defendiéndose, sería una locura castigarla por tratar de hacerlo, además...

Sango lo miró cuando guardó silencio tan repentinamente, y siguió su mirada, hasta que ambos la tenían puesta sobre Kouga. Un Kouga que no quitaba la vista de la mujer y cuyos ojos claros brillaban con algo peligrosamente masculino.

—Kouga.

Inuyasha asintió.

—Está comportándose de la misma forma que con Kagura, pero me arriesgaría a decir que mucho más peligroso. A ese tonto no le sentó nada bien la muerte de Hakkaku y Guinta —sentenció Inuyasha intranquilo, incluso preocupado—. Ha cambiado desde entonces...

—Mucho más violento y poco compasivo —observó Sango, sin quitar la vista de su compañero que no les había dirigido la palabra desde la llegada de la mujer—. Lo he notado.

—Entonces ya sabes a que me refiero, hay que sacarla de aquí lo más rápido posible. Antes de que Kouga se tome el no tenerla realmente mal.

—¿Y como piensas devolverla? —inquirió Sango—, ¿la llevarás como bandido o vas disfrazarte? Aunque te advierto que en cualquiera de las dos opciones llamarás la atención, después de todo, tendrás que atarla otra vez.

Inuyasha dejó de cepillar y deseó por un instante darse de cabezazos contra el tronco del árbol junto a su caballo, tronco que parecía muy tentador en esos momentos.

Estaba tomándose demasiadas molestias por esa mujer.

—La verdad, no lo he pensado.

Sango observó a Inuyasha tomar las riendas de su caballo negro y caminar fuera del campamento. Se preguntó por un segundo a donde se dirigía, pero probablemente sólo intentaba poner sus pensamientos en orden. Hace un buen par de años que le seguían la pista a Araña y la información que habían obtenido en Tombstone de parte de Myouga les estaba dando de cierta forma una dirección, cosa que hace mucho tiempo no lograban obtener. La descripción del hombre a Sango le sonaba como a alguien a quien cada uno de ellos conocía bastante bien.

La pregunta era, ¿qué hacía en Tombstone? ¿Qué buscaba?

—Hey, Sango —la joven mujer observó en la dirección de la voz, se trataba de Bankotsu que llegaba de su ronda al pueblo. A Sango le pareció divertido verlo vestido como un caballero, no uno de alta cuna, pero lo suficientemente decente para no levantar sospechas—. Lo han visto nuevamente, lo vieron rondando el saloon de Shikon.

—¿El saloon Shikon? —preguntó Sango, extrañada—, ¿qué haría en un saloon? ¿Buscar diversión?

Bankotsu se encogió de hombros y continuó hablando.

—Una de las prostitutas me dijo que le había parecido bastante extraño, se había sentado en un rincón a beber mientras observaba a todas las mujeres con un claro interés, pero al parecer, ninguna lo atrajo lo suficiente porque se marchó en cuanto acabó el vaso de whisky.

Sango meditó las palabras de su compañero, apoyándose sobre el tronco de uno de los árboles. Era por demás extraño. ¿Sentado en un saloon, bebiendo? ¿Y sólo? Completamente fuera de lo normal. Esos tipos nunca estaban tras diversiones tan comunes, era el sufrimiento, la sangre y la crueldad lo que les divertía, no una mundana velada bebiendo y disfrutando placeres sexuales. Y mucho menos, solos.

—¿Y si buscaba a alguien? —inquirió Sango, siendo la conclusión más factible. Un grupo de personas grande atraería demasiado la atención, y probablemente espantaría al objeto de búsqueda. Eso explicaría porque se hallaba solo.

Bankotsu detuvo sus movimientos y la observó con atención.

—Es probable —afirmó luego de unos minutos—. ¿Pero en ese lugar? ¿Qué buscaría? Dudo que una prostituta sea de algún interés para ellos, aunque sí sería algo que yo buscaría —agregó con una sonrisa libidinosa.

—Bueno, ciertamente no una prostituta —concedió Sango blanqueando los ojos—. Los hombres definitivamente no pueden pensar en otra cosa —musitó para sí sonriendo, mientras Bankotsu la observaba, divertido.

—Me sorprende que tú no pienses en otra cosa Sango, ya eres casi un hombre.

Sango guardó silencio, y dejó de sonreír instantáneamente. Si bien estaba bastante acostumbrada a oír aquella clase de bromas de parte de sus compañeros, no lo hacía menos incómodo y molesto. A cada uno de ellos se les olvidaba que era una mujer, y si bien al principio Sango consideraba aquella actitud de pares reconfortante, a medida que pasaba el tiempo, añoraba cada vez más esa feminidad que parecía haberse quedado perdida en el camino. Estaba bien que la reconocieran como capaz de estar a su altura, pero no por ello tenía que ser un hombre, ¿no?

Silenciosa, Sango le dirigió la vista a Kagome, contemplativa y luego negó con la cabeza, en un gesto prácticamente imperceptible.

—Iré con Inuyasha —espetó hostil.

Una hostilidad que claramente fue percibida por Bankotsu, quién la miró con una ceja arqueada, extrañado ante la dureza de su voz y su repentino cambio de actitud.

—¿Sango? —preguntó curioso y casi nervioso. Una Sango enojada la mayoría del tiempo derivaba en un Inuyasha igual de enojado.

Pero la joven ya se estaba alejando. Sorprendido, meditó para sí mismo que habría dicho que la molestase, pero era incapaz de llegar a una respuesta. Ansioso, se volteó para observar a Kouga, que yacía recostado contra una árbol, dormido. El que estuviera dormido le dio tranquilidad para perseguir a Sango, así que la siguió.

Entonces Kouga abrió los ojos.

Había puesto atención a la conversación que hubiera entre Sango y Bankotsu, al menos en lo posible. Pero su mente seguía dando vueltas alrededor de la mujer que dormía tan profundamente frente a él. Kouga observó con interés los rizos que se escapaban de su trenza deshecha, lo delicada que parecía su piel de alabastro y aquella figura pecaminosamente curvilínea. La ropa que traía definitivamente hacía maravillas enmarcándola.

Con una sonrisa, recordó lo altiva que se había mostrado ante ellos cuando la habían rodeado, y la forma en que sus ojos castaños centelleaban con furia, con impotencia ante la situación que estaba fuera de sus manos, pero sin amedrentarse.

Echando un vistazo en dirección hacia donde había visto a Sango y Bankotsu por última vez, Kouga se levantó. No se detuvo a pensar en lo que planeaba a hacer, su mente nublada por la vista de aquella mujer que se había apoderado de sus pensamientos más bajos desde que la vio.

Con cuidado, renuente a despertarla, Kouga se acuclilló a su lado y levantó una de sus manos dirigiéndola a su mejilla izquierda, acariciando la piel con la yema de sus dedos, observando la tez sonrosada y las pestañas largas y tupidas. El rostro de un ángel, pensó Kouga, embelesado con ella. Parecía una mujer única y él deseaba secuestrarla y huir lejos con ella para que nadie más la pudiese observar.

¿Estaría obsesionado? ¿O había algo más involucrado?

La secuencia de eventos que le siguió a aquella pregunta no era realmente la clase de respuesta que esperaba.

Ella tenía unos ojos igual de hermosos que el resto de ella, pero definitivamente lo que más captaba su atención en ese momento era el cañón del revólver que apuntaba justo entre sus ojos.

—¿Qué demo...?

—¡Te sugiero que te alejes, bastardo! —gritó Kagome con toda la furia que sentía.

Aún podía recordar el tacto áspero de las manos de aquél pervertido en su mejilla, y seguro aquello no era lo único que deseaba hacer. Después de todo, ¿no era llevarla a la cama lo único que querían los hombres de ella? Intentar propasarse, tocarla atrevidamente, soltarle "halagos" obscenos; Kagome no lo soportaba.

—¿De donde has sacado...?

—Eso ya no importa, ¿o sí, eh, Kouga? —interrumpió Kagome por segunda vez, con sorna, pronunciando el nombre que había oído por un par de veces, pero que aún no había sido capaz de asociar a una voz.

Kouga por su parte frunció el ceño, y apretó la mandíbula hasta el punto de hacer rechinar los dientes. Obviamente estaba en problemas, sobretodo considerando que la mujer ya sabía su nombre y acababa de ver su maldito rostro. Una simple denuncia a las autoridades y Kouga no podría mostrar su cara en público por el resto de su vida.

Inevitablemente, le recordaba a Kagura. Eso lo enfureció aún más.

—Eres una...

—¿Qué? —los ojos relampagueantes de Kouga le sugirieron que no le hacía gracia que lo volviesen a interrumpir, pero a Kagome no le podía preocupar menos—, ¿vas a insultarme? Hazlo, estoy muriéndome por una excusa para dispararte —Sin embargo, Kouga no pronunció palabra, y Kagome se sintió deliciosamente superior, una emoción que no solía experimentar a menudo. Al mismo tiempo, se preguntaba cuál era la extraña razón por la que los hombres decidían insultarla cuando las cosas no les salían bien—. Ahora, Kouga, quiero que retrocedas y te arrodilles, pon tus manos tras la cabeza.

Para su sorpresa, Kouga se rió.

—¿Y tu crees que haré caso? Sólo eres una mujer —espetó Kouga sonriendo con burla y superioridad—. Si llegases a disparar, el sonido atraerá al resto de mis compañeros, ¿Qué crees que sucederá entonces?

Que iba a morir. Así de sencillo. Kagome aún no conocía el cuento de quienes eran estos "cuatro espadas", pero el montón de gente que huía despavorida tras oír su nombre le daba algunas pistas. No llegaría muy lejos si los tres restantes se lanzaban en su búsqueda, y eso era exactamente lo que iba a suceder si disparaba.

El muy idiota tenía la suerte de su lado. Pero a la vez, Kagome no podía reconocerle que estaba en semejante desventaja.

—¿Aún puedo apretar el gatillo, no? —respondió Kagome con altanería—. Tal vez no escape, pero te aseguro que te irás al infierno gracias a tu propia arma —continuó, decidida a no dejarle ver que sus opciones eran tan limitadas. Su única vía de escape era la amenaza del revólver, y si él decidía que no era suficiente, Kagome estaba literalmente perdida—. Vamos Kouga, haz lo que te digo, estoy perdiendo la paciencia.

Indiferente.

No me impresionas, decía su mirada.

Esto requería un cambio de táctica.

Claramente, este hombre sentía alguna especie de atracción por ella. Kagome se arriesgaría a decir una atracción algo insana si tomaba en cuenta la cantidad de tiempo que pasaba observándola, sus ojos claros parecían encenderla en llamas y no por pasión precisamente.

Con coquetería infalible dada por años de práctica, Kagome se desplazó lentamente hacia su derecha, su brazo izquierdo estaba estirado al máximo con el arma aún apuntando directamente a su cabeza mientras con el otro brazo se abría el grueso tapado de lana tejido por Kaede, para mostrar el amplio escote que revelaba la fina camisa en su pecho.

Casi se le escapó una sonrisa cuando Kouga no pudo apartar los ojos de su busto; un hombre era un hombre en cualquier circunstancia. Con cuidado comenzó a acercarse lentamente, evitando los movimientos bruscos que pudieran interrumpir el trance, retrayendo el brazo a medida que se acercaba, con un Kouga perdido en su propia lujuria.

Su abierta mirada la asqueaba, pero se recordaba constantemente que no tenía otra opción. Su atracción a ella era lo único que tenía ahora a su favor.

Al estar lo suficientemente cerca, usando toda su fuerza lo golpeó en la cabeza con el arma.

Y Kouga cayó, inconsciente.

Kagome soltó un suspiro de alivio, casi sin creer que hubiese funcionado y luego observó el arma ensangrentada en su mano. Se mordió los labios, sintiéndose patéticamente culpable por su crueldad.

No tenía otra salida, pensó para sí, intentando despejar su mente. Ahora debo preocuparme por salir de aquí, no puedo arriesgarme a que regresen los demás.

Decidida se dirigió a los caballos tras ella, había cuatro y dos estaban ensillados. Acercándose a la yegua blanca, Kagome se detuvo frente a ella, mirándola a los ojos.

—Bonita, ayúdame en esto, ¿quieres? —musitó suplicante.

La yegua le devolvió la mirada, pero no hizo más. Eso tendría que bastarle, tampoco esperaba que la hablase o algo así. Sólo era una yegua, por dios. Tendría que rezar porque no se pusiera complicada cuando intentase montar.

Volviendo la vista a Kouga, Kagome entrecerró los ojos.

Miró hacia los alrededores, en especial al lugar hacia el que había oído desaparecer las voces y luego volvió a observar a Kouga.

¿Arriesgado? Sí.

¿Necesario? Sí.

¿Satisfactorio? Por dios que sí.

Esto era algo que tenía que hacer.


—¿Qué demonios hacen aquí? —preguntó Inuyasha agresivamente en cuanto vio a Sango y Bankotsu acercarse juntos, con un miembro del grupo que no se veía cerca de ahí.

Como siempre, Sango respondió apática, sin hacer caso de sus cambios de humor.

—Te fuiste más lejos de lo que pensé.

—¡Pregunté que qué hacían aquí! —insistió Inuyasha, comenzando a levantarse rápidamente—. ¿Y Kouga? —continuó, acercándose a Sango y Bankotsu a zancadas—. ¿Dónde está Kouga?

—En el campamento —respondió Bankotsu, frotándose la cabeza confundido—. ¿Por qué?

—¿Solo?

—Pues claro que no, está con... —Sango se detuvo de súbito—. Oh.

Con una carcajada oscura, Inuyasha la miró acercándose de forma intimidante.

Por su parte, como un buen hombre, Bankotsu decidió voltearse haciéndose el desentendido. Después de todo, podía hablar con Sango más tarde, ¿no?, y ya que la afortunada mujer era quién tenía la atención de Inuyasha ahora, pues prefería volver al campamento para ocuparse... de lo que sea que hubiera que hacer.

—Sí, Sango, oh —espetó Inuyasha—. ¡Ahora dense vuelta y lleven sus traseros de regreso! ¡No quiero que nada raro vuelva a suceder!

Ya habían tenido suficientes sorpresas para cubrir el resto del año.

Sango parpadeó y asintió. Realmente más preocupada por la chica que por los griteríos de Inuyasha. Se dio vuelta y comenzó a correr cuando observó al cobarde de Bankotsu metros más adelante. Ese idiota. Primero la ofendía, luego se hacía el idiota otra vez ¿y luego la abandonaba?

Inuyasha los observó correr hacia el campamento, haciéndose competencias. Tensó y relajó los hombros y tomó las riendas de su caballo Youkai, caminando con tranquilidad de regreso, con la mente más clara y un plan de acción para descubrir que buscaba ese sucio de Araña.

Kouga tendría que despertar de su obsesión en algún momento. A Inuyasha siempre le había molestado lo mucho que Kouga se nublaba cuando se fascinaba con algo, el sujeto simplemente no podía pensar. Pero tras lo de Kagura, realmente no esperaba que volviera a comportarse tan estúpidamente.

—¿Inuyasha?

Inuyasha miró a Sango, y comenzó a entrecerrar los ojos ante su expresión nerviosa y el tono dubitativo.

Eso no podía ser bueno.

Repentinamente ansioso, soltó las riendas de Youkai, y se adentró al campamento.

La verdad, no supo como reaccionar. Por un lado sentía ira e indignación y por el otro, una incontrolable necesidad de reírse a carcajadas. Bankotsu ya había hecho su decisión y se hallaba en el suelo apretándose el estómago para intentar controlar el ataque de risa que le aquejaba.

—¡Estoy ansioso por saber la historia tras esto, Kouga! —gritaba aún entre carcajadas.

Kouga se hallaba con los brazos rodeando el árbol, las manos atadas detrás y también los pies. Tenía un pañuelo en la boca que le impedía hablar y unas marcas rojas en el rostro, que a juicio de Inuyasha parecían besos. Kouga se hallaba ya muy consciente y luchaba contra sus ataduras, pero el que no pudiera soltarse cuando los nudos habían sido realizados por una mujer solo lo hacía más patético.

—¿Perdiendo la razón por una mujer otra vez, Kouga? —musitó Inuyasha, sabiendo ya la respuesta, resultándole todo un hastío más que una situación graciosa.

—Al menos ahora ya no tienes que preocuparte de devolverla tú mismo —dijo Sango cuando se acercó a su lado.

Claro, wohoo.

Mirando al cielo, Inuyasha hizo lo más parecido a una oración que había realizado en años.

No quiero volver a ver a esa mujer en mi vida.

Continuará...


No sé si podré cumplirle ese deseo a Inuyasha... Y sí, tal como parece. Kagome se atrapó sola, pero se salvó sola xD. No se preocupen, estoy trabajando en traer el lado dulce de Kagome de regreso. En lo posible...

Lo lamento como no tienen idea, pero me costó tanto, tanto este capítulo. Es obviamente como transición, pero dios, no podía dejar de pesar en lo poco interesante que parece. Además me tardé muchísimo, lo sé, pero les aseguro que vuelvo a las actualizaciones semanales, estoy de vacaciones de invierno :D

Cosas que explicar que AMARÍA QUE LEAN:

Soy consciente de que estoy poniéndolos en una época en los Estados Unidos, y que por tanto, los nombres deberían ser de esa ascendencia, pero no me gusta, suena disonante con tanto nombre japonés, así que simplemente voy a poner nombres japoneses.

Respecto a Kikyo, la verdad, no tengo nada contra Kikyo, creo que es un buen personaje, y para las villanas de esta historia tendría que cambiarla por completo en su personalidad para hacerla encajar y no me parece justo. No planeo escribir nada respecto a Kikyo haciendo de la "mala", hay otros personajes más adecuados para ello. Sólo eso, tengo algo para Kikyo, pero nada protagónico.

Otra cosa (sí, que aburrido xd), ¿a alguien le gusta mucho Kouga?, me gustaría saberlo, para resarcir su personaje de alguna forma, sinceramente no me gusta tanto, pero soy más neutral respecto a él. Por eso quiero saber si a alguien le interesa llevarlo por el camino del bien... ¡O lo decido yo! xD.

Gracias a todos los que leen y los que han comentado. Me encanta saber lo que piensan de la historia :) Acabo de comprender además que responder los review, así que intentaré responder los que pueda ;D. ¡Hasta la próxima y gracias por la paciencia!