-Él el Remus, un amigo de toda la vida- introdujo señalando al hombre en cuestión.- Remus, ella es Kathleen, mi hija…
-¿Tu…tu hija?- Remus lo miro boquiabierto.
-Sí, mi hija y ahora tu ahijada…
Kathleen al escuchar eso se sorprendió mucho y a la vez se alegro. No solo había encontrado a su padre, sino que este le había pedido que se quede a vivir con él y ahora ¿le había asignado un padrino? Su padre la aceptaba, y se preocupaba tanto por ella como para conseguirle un padrino, por ser el primer día, era todo un logro, pasando de ser prácticamente huérfana a tener un padre.
Observando intercaladamente a su padre y a su, ahora padrino, un aire divertido se apodero de ella. Sirius miraba a su amigo con una sonrisa juguetona, y Remus…bueno, Remus seguía igual: ojos y boca abiertos por la sorpresa que había recibido y una mirada de incredulidad dirigida hacia su amigo perruno.
Percatándose que nadie decía una palabra, decidió romper el hielo.
-¡No paso un día que ya tengo padrino!- exclamo emocionada y le dirigió la palabra a Remus- Un gusto conocerte Remus, no te preocupes, Sirius reacciono igual o peor cuando llegue hoy a la tarde…-
Remus advirtiendo lo que le decía la adolescente que se encontraba frente a él cambio su expresión escéptica por una más bien pasmada. Miro a Sirius y luego a la chica, y nuevamente a Sirius.
-Entonces… ¿no es broma? ¿De verdad es tu hija Canuto?-Sirius asintió seriamente- ¡Wow!, es decir, me quede sin palabras…-exclamo y miro nuevamente a la joven.- Ejem- se aclaro la garganta y hablo con su ya conocido tono de voz consecuente- Lo siento Kathleen, mi nombre es Remus John Lupin, el gusto es mío- concluyo estrechándole la mano.
Ante este último gesto, Kathleen sonrió amablemente- Mmm, ¿Por qué no se sientan y hablan? Seguramente Remus vino por algo en especial…yo voy a ver si hay algo de café en la cocina… ¿o prefieren té?
-Por mi café está bien- índico Remus mientras tomaba asiento en una de las butacas que daban la espalda al hogar.
Sirius contemplo como la muchacha salía del salón y se quedo mirando en esa dirección hasta que un "ejem" le hizo volver la mirada hacia su amigo quien lo miraba con reproche e incitándolo a hablar. Obviamente quería una explicación de lo que estaba sucediendo y conociendo a su amigo era recomendable que se apresurara a contarle los hechos acontecidos ese mismo día.
Por otra parte, cuando Kathleen salió del salón para dirigirse a la cocina, no tuvo más remedio que sacar su varita del bolsillo trasero de su pantalón para iluminar el desértico y tenebroso pasillo. Este lugar realmente lograba poner sus pelos de punta. Aun no conocía enteramente a su padre y le preocupaba que fuera un lunático amante de las artes oscuras, a juzgar por ciertos adornos un tanto macabros. Aunque Sirius no parecía ser de ese estilo.
Si había una cosa que realmente odiaba eso eran las artes oscuras, ya había tenido suficiente con la escuela de magia a la que había asistido durante los primeros cinco años de su educación. El lugar era demasiado siniestro al igual que sus profesores y director, tan así era la cosa que hasta corrían rumores que Iván Petrov, el director, era descendiente de Grindelwald, aunque también había muchos otros como que era hijo de dementores o que era un vampiro, este ultimo confirmado en parte cuando una persona -ejem ella ejem- había encantado un centenar de cabezas de ajo para que lo siguieran por todo el lugar a lo que el reacciono corriendo y gritando de terror como un desquiciado. Rió al recordar esto último, por suerte era lo suficientemente inteligente como para realizar bromas como estas y de otros tipos sin que la descubrieran y castigaran por ello. Paro todos ella una alumna excelente aunque algo temida, ya que nadie quería terminar colgado del candelabro del gran comedor durante un mes como aquel chico… ¿Cómo era su nombre? Ahhh si, Víctor Krum, quien por meterse con ella, su sangre mestiza y su feminidad, había desatado la furia de la muchacha. Era por eso que también era muy respetada.
Finalmente llego a la cocina, la cual estaba oscura, y con un movimiento perezoso de su varita, encendió las velas que había en el lugar. La cocina era amplia –como todo en esa casa- y espaciosa. Por encontrarse en el subsuelo, no recibía luz del exterior, por lo que la iluminación a base de velas la hacía lucir lúgubre –nuevamente, como todo en esa casa-. En el centro de la habitación había una vieja mesa de madera muy gastada por las veces que había sido fregada, y las sillas del mismo material con almohadones tejidos en crochet de vivos colores. En el centro de la mesa había un recipiente lleno de toda clase de frutas. Contra las paredes había mesadas, alacenas, un antiguo horno de hierro y una honda bacha. Visto todo esto en conjunto, cambiaba un poco la perspectiva del lugar, hasta lo hacía parecer hogareño. Definitivamente había una mano femenina detrás de todo esto, porque ni en sus sueños más locos se imaginaba a Sirius tejiendo almohadones a crochet con las piernas cruzadas y el dedo meñique alzado. Al pensar que era posible que hubiera otra mujer en la vida de Sirius le causaba una incómoda sensación en su pecho, tal vez eran celos. Pero ¿en que estaba pensando? Hacia menos de un día que conocía a su padre y tendría que estar agradecida de que la aceptara tan bien y hasta ¡Merlín! ¡Le consiguiera un padrino! Si Sirius tenía novia, pareja u esposa, eso no era de su incumbencia. Debería conformarse con que había encontrado finalmente a su padre y ya no sería una pobre huerfanita adoptada por muggles.
Camino por la cocina, rebuscando entre las alacenas, a ver si encontraba café por algún lado, cuando lo hallo, se dispuso a prepararlo, sin magia como a ella le gustaba. Al ser criada por muggles había aprendido muchas cosas útiles y una de sus políticas era que la comida cuando mas casera sin magia era, mejor gusto tenia. Pero no solo eso, había adquirido muchas costumbres de ellos, la familia Karnoffki. Ellos habían sido quienes la habían adoptado al fallecer su madre. Eran un matrimonio de unos treinta y tantos cada uno. Miriam Karnoffki, no podía tener hijos y en una de sus tantas visitas al orfanato de la ciudad se encontró con Kathleen, la chica que en ese entonces tenía ocho años hablo con una soltura y carisma que agrado tanto a la señora Karnoffki, que la adopto de inmediato. Por otra parte, el señor Karnoffki quien era un hombre severo y algo huraño, tardo en aceptar a la niña, hasta que un día la escucho que llorando le decía a la señora Karnoffki que su padre adoptivo no la quería porque tenía un nombre inglés, y lo compro por completo, cabe destacar que esto sucedió después de que Inglaterra derrotara a Bulgaria en la copa de fútbol de las cuatro naciones en el '88. Sí, la infancia de Kathleen se vio endulzada gracias al matrimonio Karnoffki, quienes siempre fueron unos padres amorosos y comprensivos y que no se asustaron ni la rechazaron cuando descubrieron que era una bruja al llegarle la carta del colegio de magia, es más, la señora Karnoffki insistía en que más de una vez había visto objetos flotando alrededor de la niña. Incluso la acompañaron a comprar todos sus "utensilios mágicos" como decía el señor Karnoffki y la fueron a despedir al puerto Varna en donde abordo un navío que la llevaría a su escuela de magia. Debía admitir que su vida no era perfecta, la vida de nadie es perfecta, pero gracias a los señores Karnoffki, Kathleen pudo crecer sana y feliz y por sobretodo amada. Con amargura recordaba el día en que un condenado borracho conduciendo su auto había colisionado contra el de los señores Karnoffki arrebatándoles la vida y dejándola nuevamente sola.
El silbido de la pava la hizo volver en sí. Rápidamente saco dos tazas de la alacena y vertió en ella el café que había preparado, las coloco en una bandeja junto con la azucarera y volvió al salón en donde estaban Sirius y Remus, quienes reían a carcajadas.
-¡Ahh yo también quiero reírme!- se quejo sonriente Kathleen al entrar al lugar, bandeja en mano. Camino hasta la mesita ratona, la depositó allí y luego se dirigió a la butaca que estaba al lado de Remus.
-Reíamos de las locuras que hacíamos en el colegio- explico tranquilamente Remus bebiendo de su café.
-¿Enserio? ¡Ay, yo quiero saber cómo era Sirius de adolescente!- salto entusiasmada.
-Era un rebelde sin causa- contesto Sirius sonriendo melancólicamente.
-Más que eso eras un peligro-le contradijo Remus y miro a su ahora ahijada.- Cuando se juntaba con James, un amigo nuestro, se potenciaban y no había quien los parara…-
-Oh, oh, oh ¿te acordás esa vez en que le pusimos un tutú a Quejicus y lo encantamos para que baile ballet clásico?- salto Sirius eufórico y concluyendo en una carcajada que llego a parecer el ladrido de un perro. Remus reían ante el recuerdo y Kathleen reía ante todo esto.
-¿Y quién es Quejicus?- pregunto curiosa cuando las risas cesaron.
-Su nombre es Severus Snape, es un patético hombre al que le hacíamos la vida imposible en Hogwarts- explico Sirius despectivamente y agrego- te aconsejo que tengas cuidado con él, nos odiamos mutuamente y seguramente te va a hacer la vida imposible cuando se entere quien sos.
Kathleen enarco una ceja confundida, y miro a su padrino en busca de una explicación.
Remus al verla le explico.- Severus Snape es profesor de pociones en Hogwarts, pero no te preocupes yo me voy a encargar de que no se le pase la mano.- Kathleen lo miro extrañada- Yo soy profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras- aclaro.
-Ahhh, entonces te voy a ver seguido- la idea de ir a Hogwarts ya conociendo a alguien le agradaba, aunque no le costara hablar con extraños, era difícil entablar nuevas amistades y eso es lo que más le preocupaba con respecto a Hogwarts.
-Seguramente, hay que ver qué resultado has obtenido en tus TIMO's para saber cuáles asignaturas podes cursar y cuáles no. Para ello tenés que mandar un certificado de tu antiguo colegio en el que exprese tus calificaciones.- explicó Remus reflexivamente.
-Ahh, si ya lo envié, igual no me preocupo mucho, ya veré que asignaturas me gustan.- dijo Kathleen restándole importancia. Y levantándose de su asiento.- Ya es tarde, mejor me voy a dormir.- anuncio despidiéndose de su padre y su padrino con sendos besos en la mejilla.
-Por cierto Kathleen- musito Sirius cuando la chica ya se encontraba en la puerta del salón- ¿Cuáles fueron tus calificaciones? Porque puede ser que quieras cursar una materia pero que no puedas porque no alcanzaste la nota exigida…- explico.
Kathleen se dio vuelta sonriendo inocentemente.- En todas obtuve Extraordinario- y dicho eso se marcho.
Dejando a los dos hombres mirando atónitamente hacia el lugar por donde había desaparecido la muchacha.
