¡Hola a todos! Espero que todos estén muy bien el día de hoy. Semana larga y complicada, pero aquí estoy para dejarles el capitulo. Bien antes que nada quiero agradecerles a todos por su apoyo, me emociona mucho leer sus comentarios y saber que les gusta lo que voy escribiendo… Ok! No me voy a alagar demasiado y les dejo el capítulo de hoy!

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Cap. 4: Cita

"Hola, ¿cómo amaneces?, hoy no te ves tan animado"

Esa vez comencé yo la conversación, Inuyasha había llegado bastante temprano y aunque había saludado con la misma efusividad de siempre, sentía que su humor no estaba del todo normal.

"¿En serio?, ¿cómo sabes?"

Entonces si estaba en lo cierto. No supe cómo responder a su pregunta, no sabía cómo sabia, sólo… sabia.

"No sé, simplemente me pareció"

"Estás en lo cierto, tonterías que no faltan, pero no te preocupes, estaré bien… ¿Y tú cómo estás?"

"Bien, un poco cansada, anoche me quedé hasta tarde en la computadora"

"¿Chateando?"

"No, mis amigos se fueron a dormir todos y me dejaron"

"Yo siempre me acuesto tarde, ¿me das tu mail?, así chateamos en la noche"

No estaba muy segura de si era o no una buena idea, eso significaba conexión fuera la agencia. Pero al fin y al cabo la parte curiosa de mi, terminó ganando y le pasé mi mail.

"Te tengo que dejar, tengo una reunión"

Me escribió y yo no contesté, simplemente seguí con mi trabajo.

Mis deberes en la agencia eran sencillos, me dejaban una serie de proyectos, a veces simplemente me tocaba editarlos, terminarlos o afinar detalles, no era nada complicado. Debía ayudar a Inuyasha permanentemente, revisando las campañas que estaban terminando y haciendo los cambios que el considerara pertinentes, al igual que hacer ciertos informes y otro par de cosas…

- Kagome… - apareció Inuyasha de la nada, sorprendiéndome – Te pido un grandísimo favor...

- Claro, ¿qué es?

- Necesito que busques estás campañas en el archivo – me entregó un pequeño papelito de color blanco, en el que venían escritos dos nombres.

Me coloqué de pie de inmediato y él me siguió. Yo iba al primer piso donde estaba el archivo y él colocó un pie en las escaleras para subir al tercero.

- Son bastante urgentes, aunque tal vez sea un poco difícil de hallar…

- No te preocupes, las buscaré lo más rápido que pueda – di un nuevo vistazo a los nombres en el papel.

- En serio, es la peor tarea del mundo, el archivo es organizado, pero hay demasiado… - lo miré y la sonrisa malévola en su rostro, me dijo que en serio sería difícil.

- Ok, me pongo ya en esto…

- Los espero… - me guiñó un ojo y subió las escaleras de dos en dos.

En definitiva era difícil, tal cual dijo Inuyasha. El archivo estaba organizado, lastimosamente por número de proyecto en lugar de por cliente o fechas; comencé a mirar los archivos, tratando de tantear en cuál de las carpetas estaban los dos proyectos buscados. Sí… era la peor tarea. Afortunadamente, y gracias y mi gran ojo, encontré los archivos diez minutos después.

- Soy genial… - me felicité a mí misma, mientras salía del cuarto de archivo y subía a la velocidad que me lo permitían mis tacos negros, hasta la tercera planta.

Cuando estuve frente a la sala de juntas, en la que estaban reunidos, Miroku, Midori, Inuyasha y otras personas; toqué la puerta de vidrio con suavidad llamando la atención de todos.

- Disculpen… Traje los proyectos – me dirigí a Inuyasha y este sonrió y se levantó de la mesa, la reunión continuó.

- ¿Tan rápido?... Vaya, pensé que te llevaría por lo menos media hora.

Él entrecerró la puerta y se paró enfrente mío mientras pasaba las hojas de los proyectos y los miraba.

- Perfecto Kagome, te debo una…

- No fue nada – aseguré, cuando estaba por irme hacia las escaleras, Inuyasha me tomó la mano con suavidad.

- ¿Qué tal si vamos a comer? – lo miré un poco sorprendida, ni siquiera sabía qué demonios decir.

- No es para tanto, no fue difícil – contesté con una sonrisa.

- Ahora hablamos…

Y eso fue todo, así tan rápido como había salido de la sala de juntas, había vuelto atrás. Sin lograr salir de mi estupor comencé a bajar las escaleras, a esas horas todos comenzaban a levantarse de sus puestos, era la hora del almuerzo.

- Kagome… llegó tu almuerzo…

Eri, la chica que se sentaba en el puesto frente al mío me llamó desde el "salón social", asentí y despejé mi cabeza de lo sucedido y entré.

- Ya te lo pagué… - me dijo mientras tomaba asiento en una de las mesas.

- Muchas gracias, Eri – le dije mientras buscaba en mi casillero, mi cartera para pagarle, dinero que ella rechazó y que yo agradecí.

- Hoy pagan… yo te invito

- ¿En serio? gracias, Eri…

En nuestra mesa se sentaron otros dos compañeros, compartimos nuestro almuerzo y conversamos durante toda la hora de tiempo.

- ¿Cuántos años tienes, Kagome? – me preguntó Jakotsu, él era un compañero bastante peculiar, aunque era todo un "amor", como decía él que era yo.

- Tengo dieciocho – contesté mientras terminaba de tomarme mi refresco.

- Eres una chiquilla… - exclamó Jakotsu – La verdad lo supuse, te ves bastante joven…

Jakotsu era bastante amable, muy caballeroso, muy educado, tenía demasiadas maneras, no sé si me comprenden o no.

- Tengo una revista… - intervino de nuevo él, sacando algo de su casillero – Aparte de trabajar en la agencia, tengo mi propia cadena de cosméticos y productos de belleza por catalogo…

- ¿En serio?... – tomé la revista que me ofrecía – Wow…

- ¿Qué me vas a comprar?...

Con esa pregunta terminaron endosándome un producto para el cabello y una crema para el cuerpo. Jakotsu era un gran vendedor, claro que sí.

- Mmmm… terminó la hora chicos – bostezó Eri, quien había comprado un set de maquillaje, lo dicho, un buen vendedor.

El día estaba más apurado de lo normal, era inicio de mes y había varias campañas para realizar. Yo por mi parte tenía un par de proyectos para finiquitar y estaba trabajando también en la página web del Resort que me había pedido Inuyasha. Todos estábamos bastante ocupados, aunque siempre se encontraba un pequeño momento para soltar algún chiste o para compartir alguna golosina.

- Por fin terminó la reunión – Eri a mi lado me interrumpió.

Alcé mi vista de la computadora y vi que Inuyasha y Miroku, pasaban riendo hasta la oficina de él. Por sus buenas caras, fuera lo que fuera que estuvieran hablando, había salido muy bien.

- ¿De qué era?

- Unos clientes antiguos, se fueron con la competencia y creo que volverán…

- Esos son excelentes noticias…

- Claro que sí... – y eso fue lo último que hablamos, Eri y yo volvimos a nuestras cosas.

¿Pensaste lo de salir a comer?

Saltó el mensaje en mi pantalla. Destinatario, claro está, Inuyasha.

¿No era una broma?... en serio no es para tanto…

Ni que hubiera hecho la tarea más difícil del mundo, sólo había tenido que bajar, revisar y buscar los proyectos, lo había hecho y el lugar no tenía un sistema muy bueno, pero ¿merecía una invitación por eso?

¿Entonces es un no?

Ok, voy a aceptar la invitación…

Acepté, si él quería invitarme a comer, no tenía nada de malo. Sería bueno ahorrarme un dinero de mi almuerzo o algo así.

¿Entonces el viernes?, saliendo de la agencia… ¿Alguna comida en especial?

¿Viernes?... leí las palabras una vez más. No sería un almuerzo en un día de trabajo. "Es una cita"… soltó mi cabeza, la verdad me sentí un tanto emocionada, extasiada. Claro que no, no podía ser una cita, congelé el sentimiento gratificante.

Eh… no, cualquier lugar estará bien…

Conozco un restaurante de comida libanesa, ¿la has probado?

Al parecer iba en serio. Miré hacia su oficina, que quedaba frente a mis ojos, e Inuyasha estaba sentado en su escritorio, con Miroku frente a él y ambos conversaban animadamente. ¿Cómo lo hacía? A mí me daban nervios de que alguien viera lo mucho que hablábamos… O tal vez…

Me parece perfecto…

Ahí estaba, cuando di enviar, un pequeño movimiento en sus ojos, me mostró que no estaba tan calmado como se veía, pero definitivamente hacía un maravilloso trabajo encubriéndolo. Hasta digitaba sin mirar y trataba de que fueran frases cortas.

No veo la hora…

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Era viernes, ¡viernes!... y no podía estar más nerviosa. La noche anterior le había dicho a mi madre que llegaría un poquito tarde, que había quedado de salir con unos compañeros. No le había dicho que era sólo un compañero y que más que un compañero era mi jefe.

No sabía muy bien porque no había dicho a mi mamá quien era, pero prefería mantenerlo así, además que importaba, era una cena de agradecimiento no una cita.

"Si… claro que sí"… fue lo que pensé, un cierto tono de sarcasmo llenaba la frase. No es una cita, repetí para mi interior, era una cena de agradecimiento, así tal cual.

- Holaaa… Kagome… - Eri me estaba saludando y yo ni por enterada - ¿Estás bien?, ¿sueño?

- No, estoy bien – sonreí y le di un beso en la mejilla de saludo.

- Mis amores… ¿Cómo están? – Ese era Jakotsu quien muy amablemente nos dio un beso a ambas antes de ocupar su escritorio a mi lado – Viernes, ¿cuán emocionante es?

- ¡Buenos días!... – Inuyasha, curiosamente había llegado temprano, todos soltaron bromas sobre ello, de las cuales él se rió mientras saludaba a todos – Ya, ya… Hoy es un lindo día… y ayer me acosté temprano…

Eso era falso, yo lo sabía porque me había quedado hasta tarde en el chat con él…

¿Qué haces?

Nada, simplemente reviso mi e-mail, ¿y tú?

Estaba viendo la cartelera de cine, hay unas excelentes películas para este mes… Mira este tráiler…

Un link llegó a mi ventana de chat, lo abrí y este me guió directo a YouTube. Era una película de acción, me gustaba ese género, era emocionante ver las peleas cuerpo a cuerpo y mucho más con el protagonista de esa película en general.

Muy buena se ve, me gusta ese actor…

¿Cómo?... él tipo tiene un buen cuerpo, es todo lo que una mujer necesita para babear… Jaja…

Me refería a su trabajo como actor, es excelente en lo que hace… No me refiero a él, aunque bueno… tiene lo suyo…

¿Ves?... eres una pervertida…

Claro que no, ese es tu papel…

No, yo no soy un pervertido, soy un depredador si veo algo que quiero ataco…

¿En serio?... ¿Y has visto algo Sr. Depredador?

Muy graciosa… si te dijera no reirías tanto…

Eso apenas era parte de la conversación de la noche anterior, siempre que conversábamos en el chat, terminábamos en una guerra verbal, llena de analogías, pero la cual ambos disfrutábamos. En un momento hablábamos de películas o música y al siguiente sacábamos un tema candente al aire y sin necesidad de usar ninguna palabra explicita.

¿Lista para la cena de hoy…?

Ese fue su saludo en la mañana, ya se había acercado a mi puesto en cuanto llegó y me dio un beso en la mejilla, al igual que a todas las damas presentes en el piso.

Claro que sí, pensé que lo habías olvidado…

Algo que había aprendido de Inuyasha, era que tenía una pésima memoria, una muy mala, no recordaba pequeños detalles, a veces le decía miles de veces que ya me había visto una película, y otras veces él me contaba una historia que ya había escuchado con anterioridad… Aún así, era divertido escucharlo o leer sus mensajes.

Por supuesto que no, lo tengo en mi cabeza desde hace tiempo… te dejo, hoy tengo bastante que hacer…

Ok… más tarde te paso el modelo de la página web del Resort…

¿Ya terminaste?... Wow, estás cerca de volverte mi mejor asistente…

Soy muy buena, te lo dije…

Y muy humilde también…

Tonto!

Jaja… ahora seguimos…

La mañana se pasó asombrosamente rápido, en un momento había ido a comer mi nutritivo desayuno y en un abrir y cerrar de ojos salía con Eri y Jakotsu a almorzar a fuera. Hamburguesas, patatas y sodas… lo mejor para un viernes, nada de dietas, nada de nada.

- ¿Qué van a hacer hoy chicas? – nos preguntó Jakotsu.

- Voy a salir con unas amigas… - dijo Eri.

- ¿Y tú, Kagome?

- También tengo un compromiso con un amigo – solté mi respuesta antes de dar un sorbo de mi bebida.

- ¡Uhhhh!... ¿Amigo?

- Sí, es un amigo… así que nada de "uhh", Jakotsu – le dije sonriente, obviamente no iba a revelar la identidad de esa persona - ¿Y tú qué harás?

- Unos amigos van a mi departamento, ya saben unos tragos, bocadillos, música, nada salvaje ni nada de eso…

- Pero bien que te gustaría, ¿no? – bromeó Eri lanzándole una patata, todos reímos.

- ¿Escuché algo sobre una fiesta salvaje?

La voz de Inuyasha, llamó la atención de los tres. Venía con una bandeja en sus manos, con el mismo menú de todos, patatas, hamburguesa y soda; Eri se movió a un lado y le cedió un asiento.

- Donde haya algo salvaje estás tú, ¿verdad Inuyasha? – Sonrió Jakotsu – Pero ya dije que no es así…

- ¿Dónde haya algo salvaje?, ¿en serio? – pregunté sonriente.

- ¿Qué?, todos necesitamos un poco de diversión, ¿acaso tú no te diviertes?

- Claro que sí, aunque no sé a qué tipo de salvajismo estás tú acostumbrado… Yo soy más calmada…

- Eso dices… - me dijo y todos reímos.

- ¡Fin de semana! – gritó Inuyasha desde su oficina cuando el reloj dio las cinco de la tarde, todos comenzaron a apagar sus equipos, yo incluida – Chicos que tengan un feliz fin de semana, besos, abrazos y ¡nos vemos!... – entró al cafetín, más conocido como "salón social", seguramente por su bolso manos libres.

- Adiós Kagome, nos vemos el lunes – se despidió Eri con un beso.

- Adiós amor… - me dijo Jakotsu quien salió a la par de Eri.

Todos se fueron despidiendo poco a poco. Yo terminé de acomodar unos papeles en unas carpetas, las guardé en mi escritorio y me encaminé por mis cosas. El sonido de mi celular me detuvo a mitad de camino, número desconocido.

- Hola…

- Hola linda… - Era Inuyasha, mi corazón dejó de latir, fui a mi casillero y saqué mi bolsa, el lugar estaba casi vació, los que salían se despidieron y yo les hice una seña con mi mano – Te espero una cuadra adelante, en el restaurante italiano… no vengas con nadie…

- Ok, claro que sí, no me demoro, voy saliendo – contesté mientras tomaba mi bolso y bajaba las escaleras – Adiós… - me despedí de las últimas personas que salían.

- Te espero acá… Adiós… - igual me despedí y colgué.

Me dirigí hacia el restaurante italiano, que quedaba una cuadra más abajo de la agencia. Nadie venía conmigo, afortunadamente, pero Inuyasha no estaba por ningún lado. Me paré en la esquina y esperé, un segundo después un taxi se detuvo frente a mí, la puerta trasera se abrió y un apuesto Inuyasha me sonrió desde adentro.

- Sube… - me dijo y yo lo hice - ¿Cómo estás? – su tono coquetón era divertido, pero lo mejor era su sonrisa, demasiado sexy y picarona para ser cierto.

- Muy bien, ¿y tú? – pregunté con una sonrisa, estaba un poco nerviosa.

- Ahh… excelente… - contestó, le dio un par indicaciones al taxista quien continuó con el camino dicho – Vamos a un restaurante de comida libanesa, es exquisita, vas a ver…

- Seguro me va encantar – aseguré.

Y efectivamente lo hizo. El lugar era perfecto. En tonos borgoñas y cafés, las mesas estaba ubicadas de una manera perfecta, dando intimidad a cada grupo, aunque a esas horas el lugar estaba un poco desierto. Inuyasha se encargó de ordenar por ambos, asegurándose de pedir los mejores platillos que según él me iba a fascinar y una vez más, lo hizo.

- ¿Entonces qué te parece? – me preguntó cuando terminábamos la comida.

El menú estaba estupendo, un pequeño entremés de pan árabe con unos aderezos de la casa. Los platillos estaban compuestos por un arroz almendrado, Kibbeh, que eran unas especies de albóndigas a base de cordero y especies; una ensalada llamada Tabule y otros bocadillos más. La comida era bastante deliciosa.

- Estuvo excelente, muy buena comida – aseguré con una sonrisa – Muchas gracias…

- No fue nada… - salimos del restaurante, había acabado de llover y ya era de noche - ¿Vamos a tomar algo?

- Mmm… claro – contesté con una sonrisa y un poco apenada, el sentimiento de vergüenza había estado casi desde el principio, era un poco inquietante estar a solas con él.

Para mi absoluta sorpresa cuando estábamos por cruzar la calle, Inuyasha me tomó de la mano. ¡De la mano!, sentí un suave cosquilleo recorrer mi vientre con suavidad, decidí no mirarlo y actuar con naturalidad.

- Entremos acá – me guió hasta un bar, entramos y tomamos asiento en una de las mesas adyacentes a la barra - ¿Qué te parecen un par de cocteles? – yo acepté y él pidió un par de los mismos.

Llevábamos cuatro de esos pequeños tragos, cuatro shots que ya me tenían un poco medio embotada. Ambos estábamos hablando de diversos temas, Inuyasha era muy divertido, me había contado de un par borracheras en el mismo sitio en que estábamos y otras cosas de su vida que a menos de que él me las hubiera contado, no me habría enterado.

- ¿Es broma no? – pregunté riendo.

- No, Miroku me dijo que necesitaba vomitar, le dije que lo hiciera, pero al parecer no podía – narraba con una sonrisa – Así que metí su cabeza bajo mi brazo, lo incliné hacia adelante y metí uno de mis dedos en su boca, cuando vino la arcada, lo saqué y vomito hasta el desayuno de una semana antes…

- Eso es asqueroso, Inuyasha – pero aún así era gracioso imaginarse la desastrosa situación.

- Dímelo a mí que me tocó poner mi dedo en su boca – dijo riendo conmigo, unos segundos después las risas de ambos se apagaron a la vez.

Sus ojos dorados me observaban, con esa mirada que yo no lograba identificar. Quise preguntarle qué significaba ese brillo que siempre encontraba en sus ojos cuando me miraba y que desaparecía cuando estaba con alguien más. Abrí mi boca para hacerlo, pero en lugar de eso, lo vi acercarse hacía mi; supe lo que iba a pasar, sus labios se cerraron sobre mi labio inferior y todo mi cuerpo tembló.

La pregunta murió en mi garganta, había cosas más importantes de las cuales encargarse, ese beso por ejemplo, era importante. Así que cerré mis ojos al igual que él y le correspondí.

Su beso fue diferente, en esencia era lo mismo, pero por lo demás, él me estaba besando de una manera diferente, su lengua invadió mi boca, mientras sus manos se colaron bajo mis cabellos y me acariciaron mi nuca. Estaba besando a Inuyasha, más importante aún, era mi jefe y a pesar de que sabía lo indebido que era, me sentía tan bien con su beso, que no quise alejarme.

- ¿Vamos? – me preguntó cuando se separó de mis labios.

- Claro…

Salimos del lugar, pero no por mucho, nos detuvimos un bar más abajo y tomamos otro par de tragos.

- ¿Me quieres embriagar? – le pregunté sonriente, si seguíamos tomando así, no tardaría mucho en conseguirlo.

- Seria interesante, verte salir de esa pared de control que tienes…

- ¿Control?, ¿eso de donde viene?

- Lo sabes Kagome, mides cada cosa que dices, analizas todo, lo notó, pero no tengo ni idea de cómo lo haces… ¿Tienes dieciocho años?

- Así es…

- ¡Tiene que ser una broma! – Exclamó sonriendo – Dime que no…

- Lo siento, esa es mi edad… ¿cuántos tienes?

- Treinta y dos…

¿Se preguntan si me sorprendió?... ¡Claro que sí!... Me llevaba catorce años, si las cuentas de mi embotada cabeza no me fallaban en ese momento.

- Wow… - musité y me bebí todo un trago de un sorbo.

- Dieciocho añitos, eres una bebé – dijo en voz baja, pero fue lo suficiente para que yo lo escuchar.

- Tampoco exageres… - sonreí.

- ¿Por qué aceptaste salir conmigo? - la pregunta me sorprendió, tanto que me detuve en mi caminar, ya habíamos abandonado el segundo bar.

- ¿Por qué?... Bueno, ¿no es esto un agradecimiento por mi excelente labor? – continué caminando con él a mi lado.

- Por favor, tendrás dieciocho años, pero no eres así de inocente…

- ¿A qué te refieres?

El podría tener un poco de razón, ahora en día a los dieciocho sabías muchas más cosas de lo que sabían hace menos de medio siglo atrás las mujeres; estábamos en el siglo de la tecnología, lo que no sabías, cualquier duda que tenías, ahí estaba la internet para responderla.

Pero el caso aquí era que, al parecer yo si era un poco inocente, no tanto, tenía mis sospechas, pero verlas un poco confirmadas por parte de él, me ponía nerviosa.

- ¿Vas a hacerte la que no entiendes nada?... Bien, yo igual… - sonrió y enlazó su mano con la mía antes de cruzar una calle - ¡Bien!, ¿qué vamos a hacer?

- No sé, ¿qué hora es? – pregunté y él miró en su reloj color plata que llevaba en la mano izquierda.

- Recién pasada la media noche… Ya es tarde…

- Un poco, sí…

- Ok, entonces vamos a casa… - la sonrisa y el tono de su comentario, tuvo un doble sentido que no se me pasó por alto – Tú para la tuya y yo para la mía…

- No tenías que aclararlo… - le dije aunque no pude evitar seguirle en su sonrisa – Ya quisieras tú que no fuera así…

- No tienes idea… - sonrió y yo me sonrojé.

Quise contestarle, pero en ese momento él detuvo un taxi y ambos subimos. Este dio sus indicaciones y milagrosamente recordaba donde vivía.

- ¿Y entonces? – giró su cuerpo hacía el mío.

- ¿Qué?

- ¿Cuándo repetimos salida?...

- Cuando quieras

- ¿Me das un beso?

Para mi sorpresa tenía su rostro pegado al mío, estábamos a menos de una nariz de distancia, su aliento mentolado y con un leve dejo de licor chocó contra mi rostro, dejándome un poco perdida.

- Antes no lo pediste… - susurré.

- Déjame ser un caballero…

- Este bien, le concedo ese beso…

Y así quedó sellado. Sus labios se cerraron sobre los míos con suavidad y yo le correspondí sin pensármelo.

Esta ocasión fuimos más despacio, Inuyasha pasó una de sus manos por mi cintura mientras con la otra me atraía desde la nuca, y sus labios devoraban los míos y su lengua jugueteaba con la mía. Mis manos subieron por su pecho y se enredaron tras su cuello, no pude evitar juguetear con sus cabellos, eran sedosos, suaves; una caricia entre mis dedos.

Y en ese momento supe que iba a dar un gran paso en mi vida, del que tal vez me arrepentiría más tarde.

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Besos por aquí, besos por allá! Jajaja! Yo quiero uno de Inu! *3*… Con uno me conformo y me doy por bien servida!

¿Qué piensan del mal augurio de Kag?... La pobre está más confundida, embobada y demás… Yo sólo rezo para que todo le salga bien!

Espero que les haya gustado el capítulo de hoy, solo les adelantaré que las cosas se pondrán más HOT entre nuestra pareja! Ya rompieron el hielo y ya no hay quién pare a nuestro experimentado Inuyasha!... Dejen sus mensajes, comentarios y demás…

Les mando un abrazo y nos leemos el próximo domingo! =D