Capítulo 4
Antes de nada dejé a Alan en el suelo, por si acaso.
-Mira estoy cansada de esto ¿Entiendes?- dije harta de todo.- Así que me harías un favor enorme si te marcharas.- dije lo más educadamente posible.
Él me miro intensamente a los ojos y no pude evitar sonrojarme, y entonces sin previo aviso, me cogió de los hombros y me acerco a su pecho. Iba a pegarle, cuando no sé de donde saco una espada negra y la vi entrechocar con otra de color dorado.
¿Qué estaba pasando? Me pregunte asombrada, entonces me di cuenta de que por el impacto y la sorpresa que le habían causado a Alan las espadas estaba llorando, ya esta, me dije a mi misma, he llegado a mi limite.
Me solté de Alexander y fui con Alan cuando me asegure de que dejara de llorar y de que estaba en un lugar seguro, fui determinada a poner fin a esta locura.
Antes de nada me fije en el portador de la espada dorada, era rubio, con los ojos verdes, aproximadamente de la misma edad y altura que Alexander.
Genial otro pirado, ¿porque el mundo entero se había confabulado en mi contra?
Fui a por el chico que acababa de llegar, me di cuenta de que no dejaba de mirarme, y así no había ninguna manera de que lo pudiera pillar desprevenido.
Por fin encontré la oportunidad cuando se centro por unos momentos en Alexander. Me acerque a él rápidamente y le bloquee las piernas, le di gracias a las clases de artes marciales, sin ellas no podría haber vivido sola durante tanto tiempo, conseguí hacer que se cayera y se desorientara, me coloque de pie enfrente de él.
-¿Se puede saber quién eres tú y quien es el tipo rarito que tengo detrás llamado Alexander?- le pregunte con una cara que asustaría a cualquiera.
El chico se levanto, dejando la espada en el suelo, me puse en pose defensiva, pero para mi sorpresa me dio un abrazo.
-Por fin te hemos encontrado, princesa Elie.- Dijo muy alegre. Ya estábamos otra vez con el mismo tema, pensé disgustada.
Me separe de él bruscamente, estaba harta de que se me pegara esta gente tan rara, además lo que más me fastidiaba era que los dos eran muy guapos, aun tenia reciente el tema de Anthony. Al acordarme de él me cabree aun más.
-Contéstame.-le ordene.
-Antes de nada me presentare. Soy el conde de Azomyr y mi nombre es Thresh.-dijo haciendo una reverencia.
-Que sí, que muy bien, pero eso a mí me da igual.-le conteste perdiendo la poca paciencia que me quedaba.
El siguió con su discurso sin prestar atención a lo que le decía.
-Estamos aquí ya que nuestro querido rey ha dicho que tenemos que venir a este mundo para buscar a la Princesa Elie.- Cogió a Alexander por los hombros como si fueran amigos de toda la vida.- Nosotros somos dos de los pretendientes que van a tener que casarse contigo.
-¡¿Qué!- dije sin creérmelo, iba a hablar pero me calle, ya que me di cuenta de algo muy importante.- ¿Eso quiere decir que hay más gente como vosotros así de… así de raritos?-pregunte maldiciendo mi mala suerte.
-Así es, en total somos cinco.- Empezó a decir sus nombres.-Esta Konrad, Izan, Alexander, Apolo y yo.-dijo despreocupadamente.
-Genial.-dije siendo irónica.
-Estamos aquí para cumplir todos tus deseos.-dijo mientras se arrodillaba.
-¿En serio? ¿Da igual lo que os pida?-pregunte con fingida emoción.
-Por supuesto.-dijo Thresh un poco más animado al ver que empezaba a mostrarme cooperativa.
-¿Él también?-dije señalando a Alexander.
Alexander me miro con ojos suplicantes y yo lo ignore, no podía entender a este chico.
-Sí, también.-en cuanto dijo esto no pude evitar soltar un chillido de satisfacción, que Thresh malinterpreto, pero que Alexander comprendió por completo.
-¿Entonces princesa cual es vuestro deseo?-me pregunto Thresh
Mi expresión cambio a una completamente distinta a la de hacía unos momentos, ya que pase de estar emocionada, a una en la que estaba seria.
-Quiero que os marchéis de mi casa ahora mismo.- me gire hacía Alexander y le señale con el dedo.-Y que tú dejes de acosarme.
-Así que venga largo, aire, espacio.- dije por si acaso no pillaban lo que les estaba diciendo.
Thresh no puso ninguna objeción, es más el seguía en su mundo perfecto. Sin embargo Alexander me miro con pena en los ojos. Vete tú a saber por qué. Antes de marcharse se acerco a mí, y me susurro al oído: "No creas que me vas a perder de vista tan pronto"
Un escalofrió recorrió mi espalda, quien se creía que era, maldito prepotente, esa era una de las razones por las que odiaba a los chicos guapos, se creían mejores que ninguna otra persona y que todas las chicas del mundo estaban locas por él.
Alexander hizo el intento de marcharse cuando le cogí por el cuello de la camisa y esta vez fui yo la que le susurro algo al oído: "No creas que voy a estar mirándote"
Nada más terminar de decirle esto le di la mano a Alan y entramos en casa, me pregunte en qué lugar abría dejado las llaves, pero no me costó mucho encontrarlas ya que las había dejado en la cerradura de la llave.
Le hice la cena a Alan y me asegure de cerrar todo perfectamente, para no tener que repetir la misma escena de esta mañana.
Alan vino esa noche a dormir conmigo, le hice un hueco en la cama y no tardo en dormirse, yo en cambio estuve recordando las cosas tan extrañas que me habían pasado ese día.
Finalmente me dormí pensando en que mañana sería un nuevo día.
