Dio un largo suspiro, se sentía mareada, el calor que emanaba la gente en el salón no le hacía ningún bien. Necesitaba aire, aire fresco para calmar la vorágine que sacudía esos instantes su mente con preguntas sin resolver y con dudas sobre todo lo que una vez sintió.

Se acordaba que en la planta de arriba, donde se encontraba el dormitorio de Lulú y el de sus padres, al final del pasillo que los conectaba había una pequeña terraza donde muy posiblemente podría calmar sus pensamientos. Se dijo a sí misma que dejara de pensar, tan solo tenía que encontrar las escaleras que llevaban a la segunda planta y enfilar el pasillo hasta llegar al balcón.

Detrás de la cocina, un poco más allá del vestíbulo se encontraba la larga escalera de madera que ascendía a la siguiente planta, se aseguró que no hubiese nadie, tan solo encontró al Togedemaru de Chris jugando con un enchufe alimentándose de la electricidad que este disponía, lo ignoró y corrió por las escaleras.

Selene se asomó por la puerta para asegurarse que el pasillo se encontraba despejado, no estaba segura de poder controlar sus nervios si volvía a ver a cualquiera de sus amigos. Inspiró por la nariz para después andar a toda prisa con la espalda recta por el pasillo con el ceño fruncido y la mirada puesta únicamente en la puerta doble de cristal que daba a la terraza.

Con su mano derecha temblorosa giró el pomo de la puerta, y de un pequeño salto salió de la casa hasta el balcón.

El aire fresco le dio la bienvenida, hacía frío, sus hombros despejados y sus piernas lo notaron en cuanto hizo contacto con el ambiente, más no le importó. El olor a sal y a bosque le reconfortaba, la noche estaba despejada, no había ni una sola nube en el cielo, por lo que se podía ver claramente las estrellas y sus respectivas constelaciones.

El balcón formaba un semicírculo con una baranda blanca que le llegaba hasta la cadera, el suelo era de mampostería blanca, casi parecía mármol. Sus pies se movieron solos y la guiaron hacia el final de este, apoyó sus brazos desnudos en la barandilla y dio un largo suspiro.

No se lo podía creer. ¿A caso era su imaginación que le estaba jugando malas pasadas? El estrés de los combates era latente, junto el hecho de aquellas bestias sacadas de otra dimensión comenzaban a poblar Alola y no sabían si eran peligrosas o no; Ultra-Entes, lo había llamado el policía internacional. Estaba de acuerdo con Gladio, necesitaba un respiro, un descanso, tal vez regresar a su viaje por Alola le haría bien.

Pero no podía eludir sus responsabilidades como campeona, con lo que le había costado llegar hasta donde estaba, no podía simplemente desaparecer porque estaba frustrada, sí, necesitaba hacerse más fuerte, necesitaba nuevos retos que le estimulasen. Todavía quedaban lugares que ver por el archipiélago. Pero no podía dejar de lado a los aspirantes que combatían contra ella, aunque siempre el resultado fuese el mismo: ella ganaba. A cada contrincante sus queridos compañeros se hacían más fuertes, dominaba sus destrezas y había conseguido nivelar sus debilidades, incluso convirtiéndolos en sus ventajas, como la defensa de Flint, que al principio con un par de dentelladas acababa debilitado, ahora resistía tanto como su metagross.

Dio un largo suspiro, sentía sus mejillas frías y su nariz también. Era hora de regresar a la fiesta, no podía dejar a Lylia sola, era por ella quien habían realizado esta cena, y ahora se daba cuenta que tan solo durante la cena la había acompañado. Tenía que devolverle el favor a su mejor amiga, por haberla ayudado tanto en su viaje, de no ser por ella, ni por Nebulilla, ahora ella no sería quien era en la actualidad.

Estiró sus brazos y miró una vez más al cielo y al horizonte, la playa tenía un color azulado y el mar tan extenso que su vista no lograba abarcarlo parecía un mar de tinta.

—Admirando el paisaje, ¿eh?

Selene dio un respingo y se giró hacia la voz llevando su mano a su cintura dispuesta a tomar una de sus pokéball por si tenía que defenderse, pero no las encontró, entonces recordó que al único pokémon que había traído era Flint y que este estaba fuera de su esfera. Frunció el ceño y escrutó la penumbra que formaba las paredes del balcón. Con el corazón a mil por hora vislumbró una sombra que se acercaba a ella.

La luz del pasillo y de los pequeños faroles instalados en la terraza alumbraron los rasgos de la persona que había hablado.

—Guzmán—susurró Selene alzando las cejas.

¿Qué hacía aquí solo el jefe de la exbanda del Team Skull? Le pareció extraño que no estuviese acompañado de Francine, ni de Gladio, ni incluso del propio Denio o de Kaudan.

En ese momento, Selene se dio cuenta que Guzmán no llevaba su típico atuendo de la banda, de hecho iba bastante elegante, ¿cómo no se había podido fijar antes? Estaba segura que había sido coaccionado o por Francine o por Kaudan para que acudiese un poco más elegante que normalmente. Llevaba una camisa blanca, arremangada hasta los codos, unos pantalones rectos oscuros y unos zapatos. Seguía portando sus gafas de sol, la cadena con el logo de su banda, y su reloj de oro. No podía esperar mucho más siendo Guzmán.

—¿Qué haces aquí solo?—preguntó la chica.

El hombre se encogió de hombros no dando una respuesta totalmente clara.

¿Eso que significaba?

—¿Y tú? ¿No deberías estar con tus amigos?—preguntó Guzmán con una sonrisa torcida y levantando una ceja.

Selene maldijo mentalmente, diablos, no debería haber preguntado si realmente no quería que le preguntasen lo mismo. Algo incómoda, pues no le iba a contar a Guzmán lo que le acababa de pasar con Tilo y con Gladio, obviamente; se limitó a imitarle y encogerse de hombros desviando la mirada hacia el pasillo.

—Esa no es una respuesta—gruñó Guzmán.

—Tú tampoco has respondido—respondió Selene encogiéndose de hombros restando importancia al asunto y orando que no continuase por aquella tangente.

Después de un incómodo silencio (« ¿por qué había tantos esta noche?»), Selene decidió marcharse del balcón ya que había tomado aire y había estado demasiado tiempo sin atender a Tilo, pero una voz la detuvo.

—¿No tienes frío?—preguntó Guzmán, a Selene le pareció oír una nota de preocupación en su voz.

—Estoy bien—contestó ella intentando que el tema no se le fuese de las manos como le había pasado con sus dos mejores amigos, aunque su voz salió algo trémula. Selene maldijo entre dientes.

Sí, tenía frío, pero no pensaba admitirlo delante de Guzmán. Estaba segura que se mofaría de ella porque había sido tan tonta como para salir al balcón, en pleno invierno, con un vestido sin mangas, sin medias, y sin una chaqueta que guardase el calor. Pero no previó el siguiente movimiento que él hizo.

Sintió una mano, concretamente los nudillos de Guzmán contra su mejilla. Su mano estaba caliente, sobre todo en comparación con su cara, notó como un calor que nacía en su estómago se propagaba hasta su rostro pero que no llegó a calar a su piel.

—Sí que tienes frío—apuntó el exjefe con burla.

Ella frunció el ceño, y con algo de temor miró a Guzmán con el ceño fruncido, estaba a punto de replicarle cuando sintió que los nudillos se desplazaban hacia su oreja dejando una senda de calor que se esfumó al cabo de unas milésimas de segundos. Maldijo mentalmente, había orado porque aquel mínimo calor perdurase en su mejilla, era un pequeño consuelo respecto al frío que tenía. Guzmán tomó un mechón de su corto cabello oscuro y se lo colocó detrás de la oreja.

Selene se mordió los carrillos para evitar que de sus labios se escapase un suspiro, pero un escalofrío que reptó por su espalda le recordó que hacía frío, que tenía ver en qué estado se encontraba Tilo, y quien se encontraba frente a ella era Guzmán.

Ella carraspeó y dio un paso hacia atrás, desvió la mirada hacia la puerta que daba al pasillo con urgencia y sin pensárselo dos veces dijo.

—Tengo que volver, hace frío. Y tengo que saber cómo se encuentra Tilo—murmuró andando hacia la puerta abrazándose a sí misma para intentar lograr entrar en calor.