Encontrar el camino hacia el cuarto de sus hermanos era mucho más complicado de lo que Alec recordaba. Los pasadizos ocultos en el interior de Cair Paravel eran demasiado traiciones, llenos de giros inesperados y caminos que no llevaban a ningún lugar.
Ciertamente era muy difícil guiarse, incluso para él que había pasado muchas tardes jugando en ese lugar. Se sentía frustrado por tener que detenerse en más de una ocasión a la mitad de los túneles preguntándose si realmente había tomado la ruta correcta.
Pero finalmente, tras varios minutos que le parecieron eternos caminando casi en completa oscuridad y bajo las pesadas paredes de piedras que cada tanto se sacudían de manera alarme por las explosiones de la batalla, logró llegar a su destino.
Se detuvo frente a la puerta aparentemente de piedra de la habitación que esperaba perteneciera a su hermana, pues si había herrado el camino casi podría darse por muerto. Sentía miedo por supuesto que sí, pero mientras más tiempo permaneciera ahí era tiempo perdido, tiempo en el que sus hermanos podían estar en peligro.
Sopló y apago la vela que había iluminado sus pasos, listo para enfrentarse a lo que fuera que lo estuviera esperando tras la puerta de piedra
—¡Alec! —Una niña de ocho años salto de la cama colocada al centro de la habitación y corrió en la oscuridad hacia a él para abrazarlo.
El príncipe, al encontrarse con su hermana pequeña, dejó escapar el aire que había conteniendo inconscientemente hasta ese momento y envainó con torpeza su espada antes de devolverle el abrazo.
—No me dejan salir, Alec. Tengo miedo. —sollozó Keira, levando sus ojos verdes hacia su hermano. Las señas de lágrimas recientes estaban marcadas en sus mejillas mientras otras tantas amenazaban por escapar pronto.
Instintivamente Alec miró alarmado hacia la puerta, sin soltar ni un segundo a Keira.
Así que también había telmarinos resguardando la habitación de su hermana, pensó mientras un sudor frío le recorría la espalda, pues el temor de que lo hubieran escuchado entrar se apodero de él.
—No hables tan alto —se apresuró a susurrar al oído de la pequeña, abrazándola con más fuerza como si con ese gesto pudiera protegerla de lo que ocurría en el exterior—. No deben saber que estoy aquí.
—¿Dónde está todo mundo? ¿Y nuestros padres?¿Qué está pasando? —exigió saber la niña mientras intentaba controlar su llanto.
—Son los telmarinos —aseguró Alec.
El rostro de Keira se llenó de confusión y un instante se quedó en silencio asimilando lo que acababa de escuchar. —No pueden ser ellos—respondió muy segura de sus palabras, apartándose de los brazos de su hermano—. Son nuestros invitados.
Alec se mordió el labio inferior de su boca. Una traición, eso es lo que estaba pasando y estaba seguro que su hermana a pesar de su edad también lo entendía, pero Keira permaneció callada como si no comprendiera lo que estaba sucediendo y lo que eso podía significar para ellos, para su familia, incluso para el reino entero.
—Saldremos de aquí —afirmó Alec, en respuesta al silencio de su hermana. Esa era la primera y única cosas que quería creer esa noche, y al decirlo en voz alta una sensación de absoluta seguridad lo embargo. Todo estaría bien.
¡Por Aslan! Si lo pensaba bien no había razón por la que tener miedo. Estaban en Narnia, los soldados del reino superaban por mucho a cualquier número de soldados telmarinos que estuvieran atacando el castillo. Seguramente pronto terminaría todo.
—¿Vamos a escapar por los ahí? —Intuyó nerviosa Keira, ladeando la cabeza para ver el hueco oscuro y profundo de la pared por donde había llegado su hermano—. No quiero entrar a ese lugar, es oscuro, frío y hay muchos insectos.
El niño suspiró. Había olvidado por completo lo mucho que su hermana odiaba túneles, era prácticamente el único lugar del castillo al que Keira nunca los había seguido a Leander y a él durante las horas de juego, y aunque los chicos habían agradecido en un tiempo que ella jamás entrara ahí, en ese momento era lo último que Alec necesitaba .
—Es la única manera de salir, no podemos quedarnos aquí —declaró él, mirando por detrás de su hermana, hacia las ventanas donde cada vez se podía ver con más intensidad el fuego del exterior.
—¿Seguro que no hay otra manera?
—Vamos, Keira —insistió él, comenzando a desesperarse, algo le decía que su tiempo se estaba agotando—. Debemos ir a buscar Leander, y sí nos apresuramos también podemos ir por Taryn, Ebert e Ilene —declaró pensado de pronto en sus primos.
Sí él y sus hermanos estaban en peligro seguramente ellos también lo estarían, no los podían dejar atrás.
La niña hizo una mueca volviendo a fijarse en el túnel —Crees que también tengan a Lean encerrado en su cuarto —susurró la niña.
—Eso creo —admitió Alec en medio de un suspiró—. Hay que irnos. No pasara nada, tenemos la vela, su la luz no solo servirá para guiarnos y conozco bien los pasadizos, antes de que te des cuenta estaremos fuera de ellos.
—¿Lo prometes? ¿Estaremos bien?—los ojos Keila de se fijaron sobre él, ansiosos por escuchar una respuesta que fuera capaz de tranquilizarla.
Alec guardo silencio mirando fijamente a su hermana pequeña. —Lo prometo —dijo finalmente logrando que Keila le dedicara una tímida sonrisa de aceptación.
Un par de minutos después se encontraban de regreso en las entrañas del castillo. Para ambos niños era difícil avanzar entre los túneles, pues la llama de la vela que alumbraba su camino no era tan potente como para disolver la oscuridad.
Con cada par de pasos que daban Alec comenzaba a sentirse de nuevo nervioso, pero a pesar de ello se obligaba a sí mismo a seguir avanzando, por nada del mundo se iba a detener, no al menos hasta que encontrara a Leander y sus primos, y se asegurara de que todos estuvieran a salvo.
Keira caminaba tras él, aferrada a su brazo, y por la forma en como tropezaba cada pocos pasos Alec podía jurar de que llevaba los ojos cerrados, como si con eso pudiera hacerla encontrarse en un lugar seguro en vez de ese retorcido sitio, y Alec no la podía culpar por hacerlo. Las entrañas de Cair Paravel eran terribles, con un frío que se colaba hasta los huesos y un silencio aplastante, que hacía que fuera más consiente del caótico latido de su propio corazón y de la intranquila respiración de su hermana.
Al final encontrar la puerta que daba a la habitación de Leander fue mucho más fácil que llegar hasta Keira, pues era un camino que Alec recordaba con mayor claridad.
Cuando la puerta se recorrió en un susurró chirriante lo primero que Alec vio lo dejó congelado, pues el lugar de encontrarse con familiar y desordenada habitación de su hermano, se encontró con la punta de una fleca a tan sólo unos metros de su cuerpo, apuntándole directo al corazón.
El fugaz pensamiento de tomar su espada pasó por su mente y se maldijo internamente por ser tan descuidado al entrar, pues por muy veloz que fuera, antes de que tomara la empuñadura, la flecha ya estaría enterrada en su pecho.
La luz de la vela comenzó a apoderarse de la habitación, dejando ver a la menuda figura que se encontraba frente a él, tensando la cuerda del arco. — Por poco me matas —exclamó Alec con la boca seca al reconocer a la niña.
Ella bajó lentamente el arma al ver que se trataba de él. Un sudor le corría con lentitud por la frente y sus manos temblaban ligeramente mientras intentaba mantener tensa la cuerda. —Perdóname, Alec —dijo Taryn en apenas un susurró —Temía que los telmarinos hubieran encontrado los túneles.
Taryn era apenas unos pocos meses menor que Alec, de confección delgada y estatura baja para su edad, su cabello castaño estaba enredado tal y como solía estarlo todas las mañanas al despertar, y sus ojos oscuros, herencia de su padre, el rey Edmund, se encontraban completamente dilatados por el miedo.
—¡Alec! —Lander salió en ese momento detrás de un gran armario mostrándose visiblemente aliviado de ver a su hermano mayor. En sus brazos cargaba torpemente a un bebé de no más de un año el cual dormía tranquilamente, completamente ajeno a todo lo que estaba sucediendo, y detrás de ellos apareció otro niño de no más de siete años, ambos pequeños eran los hermanos menores de Taryn.
Ebert, a diferencia de su hermana, había heredado poco de Edmund. Sus ojos y su cabello rizado eran del color de la miel, mientras que su piel tenía un tono extremadamente pálido y una apariencia delicada.
—Hay Telmarinos fuera de todas las habitaciones —se apresuró a informarle Taryn dando un paso hacia atrás, dejando que Alec y Keila entraran por completo a la habitación. —En mi cuarto, en el de Ebert, en este, y apuesto que en los de ustedes también —dijo regresando la flecha del arco al carcaj que cargaba en su espalda.
Alec asintió mientras sus ojos recorrían velozmente la habitación de su hermano —Nos deben tener encerrados por alguna razón —pensó en voz alta—. Somos prisiones —soltó de golpe regresando su mirada hacia su prima—. ¿Cómo llegaste aquí? —se apresuró a preguntarle, como si no hubiera mencionado lo anterior.
Taryn parpadeó confusa. —No podía dormir, aún estaba despierta cuando comenzó el ataque —comenzó a contar caminando hasta su hermano pequeño y rodeándolo de los hombros con su brazo en un gesto protector—. No estaba segura de que estaba suceder, pero cuando intente salir de mi habitación los vi; telmarinos corriendo por el pasillo, luchando con nuestro propios soldados. Intente escapar, pero me atraparon y me encerraron a la habitación de Ebert.
—Cuando te diste cuenta de lo que estaba sucediendo recordaste los túneles —adivinó Alec.
—Tomé a Ebert y fuimos a buscar a Ilene —asintió Taryn, refiriéndose a sus hermanos—. Después llegamos aquí buscando a Leander. —La niña hizo una pausa para tomar aire—. Acabamos de entrar a los túneles de nuevo, íbamos por Keila, cuando escuchamos pasos dentro de los túneles, temí que los telmarinos los hubiera encontrado, así regresamos aquí poco antes de que ustedes llegaran.
Alec resopló —Lo bueno es que ya estamos todos juntos.
—No es cierto—habló por primera vez Ebert haciendo una mueca infantil y provocando que todas las miradas se fijaran él—. Falta Casia.
Taryn se cubrió las manos con la boca —La había olvidado por completo —aceptó preocupada al recordad a la hija recién nacida de la reina Lucy.
Alec negó rotundamente. —Está bien, recuerda que es muy pequeña y aun duerme con la tía Lucy —declaró tranquilizándola—. Debe estar con ella. No hay razón para preocuparnos por Casia, ocupémonos en escapar de esto, debemos movernos.
—¿A dónde? —Preguntó su prima exasperada—Puede haber telmarinos en todo el castillo, y sí salimos nos atraparan, puedo que incluso intente mata… —Taryn dejó la frase al aire y su mirada aterrada se encontró con la de Alec, el cual había palidecido ante la idea.
Un espasmo sacudió al príncipe y se apartó rápidamente de todos, dirigiendo hacia el centro de la habitación sin dejar de negar con la cabeza.
Debía de pensar rápido en alguna forma de escapar. Sin lugar a duda su única opción para huir era utilizando los túneles. Debían salir en un lugar discreto, sin importancia para los telmarinos y de donde pudieran alejarse del castillo sin ser detectados, pero ¿qué lugar cumplía con todas esas características?
—Las cocinas —exclamó de pronto girando hacia ellos—. Hay un túnel que nos lleva directo a las cocinas. No hay nada ahí que le pueda interesar a los telmarinos y...
—¿Las cocinas? —intervino Leander incrédulo.
—Sí, las cocinas —repitió Taryn con los ojos brillantes al comprender lo que quería decir su primo—. Hay una salida que desciende por el acantilado, desde el patio del castillo hacia la playa.
—Sólo tendríamos que cruzar una pequeña parte del patio y estaríamos a salvo —asintió Alec, pensando en las inclinadas escales de piedra talladas en roca del acantilado sobre el que se alzaba Cair Paravel. Era un sendero escondido que comenzaba en los jardines y terminaba en la justo playa, cerca del bosque. Sería un camino difícil de bajar en medio de la noche, con los resbalosos y erosionados escalones, pero en vista de lo que estaba ocurriendo parecía ser la mejor alternativa.
—Aun así, los telmarinos podrían encontrarnos —insistió Taryn.
—La otra opción es quedarnos, aquí a manos de los telmarinos hasta que la batalla termine y venga a buscarnos —declaró Alec.
Ambos niños se miraron durante un instante en el que los dos supieron que estaban pensando lo mismo. ¿Y si al terminar la batalla descubrían que los telmarinos habían ganado? No, imposible, eso no podía pasar.
—De acuerdo —dijo finalmente el mayor—. Pongámonos en marcha.
Tras agarrar sus cosas y abrigarse el grupo de seis niños se internó en los túneles. Alec caminaba al frente guiándolos, trataba de mostrarse fuerte y pensaba en su padre, el sumo monarca, las palabras que solía decirle parecían retumbar más que nunca en su mente; él era el mayor de todos sus primos y algún día ocuparía el trono principal de Narnia, por lo tanto su deber era velar por el bien de los demás, asegurarse que estuvieran sanos y salvos… pero quién lo ayudaría a él, pensaba, deseando que su padre estuviera ahí.
Al centro de la marcha se encontraba Leander, llevando aún a su prima en brazos y hablando en voz baja con Ebert. La marcha la terminaba Taryn, siempre con el arco preparado ante cualquier eventualidad.
Tras su lento caminar lograron llegar hasta la puerta que daba hacía las cocinas y todos guardaron silencio mientras Alec pegaba su oído a la pared de piedra.
—No escuchó nada, aunque las paredes son muy gruesas y es difícil saberlo —declaró girando a ver a los demás—. Seguramente las cocinas están vacías no hay razón para que haya alguien, pero sería que mejor saliera a ver para asegurarnos.
—Tal vez deberíamos buscar otro camino — sugirió Taryn mostrándose nerviosa.
—No podemos vagar por mucho tiempo más—insistió Alec sintiendo la mirada nerviosa llorosa de Keira sobre él. —Iré a ver que el camino este libre, volveré enseguida y si no… — hizo una pausa en la que sus ojos se encontraron con los de Leander. Su hermano parecía querer decirle algo con la mirada, pero era algo que él no podía descifrar —busqué otra salida
—Alec, no vayas —insistió Taryn, bajando el arco y dando un paso hacia delante para detenerlo, pero Alec se movió más rápido que ella.
—No pasara nada —aseguró el niño empujando con fuerza la puerta del pasadizo, sin detenerse a mirar lo que dejaba detrás de él.
Al salir de la seguridad de los túneles una ráfaga de aire frío azotó su cuerpo. Lo primero que observó fue la puerta de madera de la cocina y los cristales de las ventanas estaban hechos añicos, mientras que varios trozos de porcelana se encontraban esparcidos en el suelo. De igual manera, la comida que tendrían que haber pertenecido al desayuno de esa mañana había rodado por el piso hasta los rincones más oscuros del cuarto.
Manteniéndose en alerta comenzó a caminar sin dejar de mirar una y otra vez cada uno de los rincones aparentemente desiertos de la cocina. Las toscas mesas de piedra junto a los arcos y pilares que servían de decoración se alzaban entre las sombras, Alec podía sentir el peso de sus miradas vigilantes, silenciosas e impasibles, pendientes de cada movimiento que realizaba, casi como si les divirtiera su situación.
Era capaz de escuchaba los sonidos del exterior con claridad, desde el estruendo el acero chocando, hasta el canto del fuego consumiendo todo a su paso, junto con los gritos producidos por el esfuerzo y el dolor de los soldados. Alec nunca había estado tal cerca de verdadera batalla y el miedo comenzaba a aparecer de nuevo en su pecho.
De pronto, cuando pensaba que las cocinas se encontraban desiertas y estaba dispuesto a regresar por lo demás, sintió el peso de una mirada observándolo a su espalda. Su cuerpo se tensó e instintivamente giró sobre sí mismo, dispuesto a atacar con un movimiento veloz de su espada, y el metal de su arma chocó con un golpe sordo con la del hombre que acaba de salir de entre las sombras.
Alec se tambaleó por la fuerza del golpe, pero sin detenerse a esperar alzó de nuevo su espada para embestir al desconocido, la adrenalina y el miedo corrían por sus venas incitándolo a seguir luchando a pesar de la clara desventaja que mantenía. Una estocada tras otras sin descansó y finalmente el hombre logró desarmarlo.
Alec miró horrorizado como su espada escapaba de sus manos y en un intento final por escapar, se echó a correr sin dirección, sin embargo no había recorrido ni un par de metros cuando dos manos fuertes se cerraron sobre sus hombros deteniéndolo.
—¡Alexander! —lo llamó el desconocido.
Sorprendido de que lo llamaran por su nombre, el niño dejó de luchar levantando su mirada hacia el extraño. Las cocinas se encontraba sumergidas en la oscuridad y la única iluminación provenía del fuego que seguía ardiendo en algún punto del castillo, pero a pesar de eso Alec era capaz de reconocer vagamente al hombre de pie frente a él.
Recordaba perfectamente la primera vez que lo había visto varios años atrás, un día mientras Leander y él jugaba en el salón de los cuatros tronos poco antes de que comenzara la celebración del solsticio de primavera.
Ese tarde todas las miradas se habían posa sobre aquel extraño cuando irrumpió a grandes pasos en el salón, después de todo no había demasiadas personas de su especie en el reino, hijos de hechiceros y humanos, un raza a la que incluso los narnianos trataban con recelo; y la hombre frente a él era uno de ellos: se trataba Giles, el medio hombre, el amigo de su padre.
Hola!
No, no he abandonado la historia, de echo tiene casi cuatro meses (WOW demasiado tiempo sin actualizas) que tengo este capítulo almacenado en mi compu, pero, entonces ¿por qué no lo había publicado? Veran tengo otro fic de Narnia que estoy a nada de terminar y estaba esperando que ese fic llegara hasta cierto punto para seguir con este… esa fue la razón por la que no había actualizado, y la verdad fue bueno que lo hiciera porque me ayudó mucho a poner mis ideas en orden :3
Siento que puede ser un capitulo muy largo y lento, y sé que tiene muchos personajes nuevos, pero más que nada para eso era esta capitulo, para presentar a los nuevos O.O trate de introducirlo lo mejor que pude, espero que no haya dudas, pero por si acaso aquí un breve resumen de los personajes XD
Peter: Alexander, Leander y Keira .
Edmund: Taryn, Ebert, Ilene.
Lucy: Casia
La pregunta es ¿y Susan? Pues de ella sabrán más adelante...
Ammmm y bueno Por lo menos los próximos dos o tres capítulos van a tratar de la vida de Alec cuando era niño, es necesario para saber cómo llego a su singular vida de adulto, no se impaciente, tratare de que no se haga pesado. Y bueno, ahora ya me siento más libre para subir capitulo de este fic, así que estare actuazando MUCHO más seguido
Nos vemos pronto :)
