No tenía la intención de iniciar otra historia de Zelda, ya que no son las más famosas en mi cuenta, pero mi cerebro siempre hace lo que le da la gana y yo solo lo sigo.

En esta historia tomare en cuenta la línea de tiempo que cree en mi historia de "One life" donde Zelda resulto ser mitad Gerudo y Ganondorf era su padre. Como recomendación sería mejor leer esa historia para entender algunas referencias. Pero también esta historia la creare para que pueda leerse de forma indiferente y cualquier duda la explicare a lo largo de esta historia, para los que no deseen leerla.

The Legend of Zelda No me pertenece.

Lazos del destino

Capítulo 3: Kakariko

Sabe que está soñando cuando todo es borroso a su alrededor, lo cual es extraño, él es un esclavo y no tiene permitido soñar. El señor Vaati le había dejado claro esto cuando atravesó su pierna con un cuchillo, riendo mientras le decía que sus padres habían muerto como perro y había atravesado el vientre de su madre para matar a su hermana no nacida.

No debe soñar.

Su cuerpo duele cuando sueña.

Porque el señor Vaati lo sabe todo.

Aun así mira de forma seria, al pequeño niño en medio de una habitación, dibujando emocionado sobre como de grande sería un caballero como sus padres y defendería el reino. Él ahora posee 20 años, no es que fuera importante, era solo un esclavo. Encuentra varias diferencias de su sueño infantil a su realidad.

Detiene sus pensamientos cuando ve el rostro de su madre en el suelo, algo borroso, pero aun así algo cálido. Gruñe mentalmente, él no debería recordarla, recordarla es doloroso, Vaati había usado su magia para revivir su muerte una y otra vez, aunque no lo hubiera visto.

—Serás un gran caballero algún día tesoro—habla su madre antes de besar su cabeza.

Gruñe cuando su rostro comienza a volverse pálido y con sangre saliendo de sus ojos. Porque todo regresa después, el día del festival, el ultimo día, los gritos, una niña rubia gritando, sus padres muertos, el pueblo muerto, Vaati seleccionándolo como su esclavo.

.

Se incorpora rápidamente jadeando y tocando su frente, hace tanto que no soñaba o tenía una pesadilla, que le cuesta unos momentos comprender que debe levantarse para no llegar tarde con el ministro Makivelo. Pero antes que se levante, mira aturdido su cama, que no es cama y es más bien una roca. Aturdido vuelve a ver en todas direcciones, está en un bosque algo árido, hay un calor sobre su cuerpo proveniente del sol y la zona, como un extraño olor desconocido.

—¡Buenos días!—habla una voz familiar.

Su rostro se gira de inmediato en esa dirección, viendo como Sheik esta tranquilamente sobre una piedra y una fogata asando algo en esta. Su rostro parece algo pálido y la venda de su pierna está bastante apretada. El resto de su equipaje está a su lado listo para partir en cualquier momento.

Se incorpora confundido.

Esta es la primera vez que ve ese lugar, es la primera vez en años que despierta en algún lugar que no sea la habitación que se le asigno.

¿Dónde estaba?

Como si hubiera leído su mente, o probablemente notando que veía en todas direcciones, Sheik contesto.

—Nos envié a una montaña cerca de la montaña de la muerte, no creo que Makivelo nos encuentre aquí o se imagine dónde estamos—hablo señalando la roca a su lado.

Le dolía su espalda horrores, siendo el único recordatorio, de que lo ocurrido había pasado. Había sido acusado de traición, estuvieron a punto de ejecutarlo y de forma milagrosa, Sheik le había salvado de una muerte segura y merecida.

Apenas tomo asiento, Sheik puso en su mano un pincho lleno de carne y verduras, que miro de forma confundida, antes de verlo de reojo.

—La comida es mejor cuando se comparte—expreso antes de morder su carne de forma distraída.

Se congelo.

¿Comer carne?

¿Él?

No recordaba el sabor de la carne, una vez Vaati le había alimentado de niño con carne podrida y en mal estado, pero no tenía permitido comer carne. Vio la carne en sus manos sin saber qué hacer, una parte de él, probablemente su estómago, se retorció ante el olor en su nariz y el hambre, algo que se reprochó, ya debía estar acostumbrado a eso.

Era un esclavo, Makivelo no le dejaba comer carne.

Pero tenía tanta hambre.

Vio de reojo a Sheik, quien le asintió animándolo y tímidamente acerco el trozo de carne a su boca. Su mente gritaba que no lo hiciera, otra que si lo hiciera, estaba tan perdido. Pero su estómago pudo más que su mente y lo obligo a morder aquel pincho. El sabor fue extraño y agradable, casi retorciendo su estómago ante la falta de costumbre. Comenzó a comer más rápido, sin modales, masticando todo lo posible y tragando rápidamente como un animal.

No sintió vergüenza, pero sintió que no era correcto, hasta que escucho la leve risa de Sheik que lo congelo en el acto.

Era familiar.

Había escuchado esa risa antes.

Vio confundido al chico, quien tenía una sonrisa un poco más grande que cuando estuvo en la habitación. Probablemente porque sus captores estaban lejos y estaban comiendo.

—Me alegra que te guste la comida, Impa dice que me falta mejorar en cocina—hablo metiendo a su boca el ultimo vegetal.

Era la mejor comida que había probado probablemente en toda su vida. No dijo nada, en su lugar, comenzó a comer rápidamente, antes que este se arrepintiera y le arrebatara su comida, o la tirar al suelo o le ordenara que hacer.

Cuando la comida desapareció, quedo en blanco.

¿Qué debía hacer?

Siempre había sido un esclavo a las órdenes de su amo, pero ahora el señor Makivelo quería matarlo, lo mataría de estar frente a él probablemente por ser un mal esclavo. No sabía qué hacer, no sabía si quería libertad, Vaati le había enseñado a no desear nada en su vida.

Estaba perdido.

Confundido.

Aterrado.

Giro a ver a Sheik, casi en busca de una solución a su dilema. Notando que este lo estaba viendo tranquilamente.

—Bueno, tú me salvaste la vida y te regrese el favor—inicio encogiéndose de hombros—mientras no regreses por la región de Farone supongo que eres libre de hacer lo que quieras, aunque no creo que hayas estado antes en la naturaleza, puedo enseñarte a cazar y sobrevivir en la naturaleza—añadió pensando lo último en ese momento.

Se alarmo.

¿Solo?

No podía estar solo, el señor Vaati le dijo que era un esclavo, un esclavo debe servir a su amo. Pero no tenía amo en ese momento, pero ocupaba uno.

Negó con la cabeza atrayendo la atención de Sheik.

Se arrojó al suelo frente a este, provocando que este jadeara confundido cuando se puso en posición de sumisión frente a él. Con ambas manos frente a su cabeza unidas y la frente tocando el suelo. Había estado a punto de un ataque de pánico, que no tenía permitido, si un esclavo enfermaba, dejaba de ser útil y moría. Pero no importaba, no podía dejar ir a ese sujeto, quien había salvado su vida.

En este instante era su único eje.

—¿Qué sucede?—cuestiono algo incómodo, pero permaneció en esa posición.

Lo cual puso nervioso a Sheik.

—¿Qué significa esto?—volvió a preguntar sin esperar una respuesta.

No debía hablar, sus amos le habían enseñado a no hablar, Vaati odiaba que algún sonido saliera de su boca. Había pasado tantos años desde la última vez que tuvo que hablar, pero la pregunta era válida y su respuesta podría significar una estabilidad en su vida.

—A…mo—tal como pensó, su voz sonó rasposa y torpe por la falta de uso, casi confundiendo su pronunciación.

Sheik pareció incrédulo, cuando alzo levemente la vista para verlo pálido como un fantasma con una sonrisa algo nerviosa en su rostro.

—¿Yo?—volvió a cuestionar señalándose torpemente.

Asintió con firmeza.

El pálido aumento en su rostro.

.

Esto no era parte del pequeño e improvisado plan que había creado en su mente, ese donde enseñaba lo básico de supervivencia a Link, se iba a buscar su destino en la vida y en alguna parte apuñalaba a Vaati por la espalda en su inminente muerte. Sabía que era muy raro que alguno de sus sueños se cumpliera al pie de la letra, sobre todo ahora que tenía a un joven detrás de ella, como si fuera un pato recién nacido, que pensaba que ella era su amo.

Esto era complicado.

Ella no era dueña de nadie.

Pero por más que le intento convencer de que era libre, que tenía todo el mundo por explorar, que podía llevarlo a otros reinos y que hiciera su hogar, este se negaba a abandonarle. No sabía cuántos años fue esclavo para que tuviera tan poca libertad de decisión, que lo único que elegiría al ser libre, era ser esclavo de alguien más.

Tan complicado.

—No quiero esclavos—anuncio al final de forma firme, causando que el cuerpo del joven se tensara—pero te considerare un compañero de viaje e intentare ayudarte en todo lo posible hasta que elijas tu propio destino sin necesidad de alguien más—añadió con voz cansada meditando si esto traería repercusiones en su viaje.

El joven no tuvo ningún cambio de expresión, así que no sabía si entendió o no entendió nada de lo que dijo.

Era optimista esa mañana, esperaba al menos, la travesía fuera más fácil.

—Iremos al poblado Zora, aunque antes ocupo conseguir algunas provisiones para el viaje—informo tranquilamente colocando la mochila en su espalda.

Este solo la siguió tranquilamente a una considerable distancia atrás de ella, como una sombra, pero a la vez como un desconocido. Vio fijamente la apariencia desdeñosa del joven, sus ropas sucias y algo manchadas con sangre en su espalda.

Sí.

Ocuparían detenerse en la próxima ciudad por algunas compras.

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Viajar con Link era…era…bueno ella era un sheikah (incluso con la herida de su pierna), pero no entendía como alguien podría hacer tanto sonido al caminar. El joven era torpe en el terreno de piedras y bosque, resbalando a cada rato y tropezando alertando a todos en la redonda que estaban cerca. Claro que el joven se levantaba rápidamente y parecía como si no hubiera pasado nada, pero la velocidad de la travesía fue, mucho más lento de la que le tomaría sola.

Por casualidad se toparon con una posta, donde caminaron en su dirección para pasar la noche. Link había dormido mucho más de un día, pero parecía algo cansado. Si bien estaba acostumbrado al trabajo manual, el viaje en este terreno era algo que incluso los expertos resentían.

El hombre la saludo tranquilamente de forma aburrida, ignorando por completo a Link al identificarlo como esclavo.

Le lanzo una mirada envenenada cuando los dirigió a su habitación. Habían dos camas a cada lado de la habitación, donde puso su mochila y busco el monedero en esta. Tenía algunas cuantas rupias pero no sabía si suficientes, por curiosidad tomo algunas de sus pertenencias para venderlas a Terry, lo había visto a lo lejos en la posta, siempre compraba alguno de sus objetos por un precio.

No razonable.

Pero por si lo necesitaba.

Al voltearse vio a Link en la misma posición que antes, viendo la habitación desde la entrada confundido.

—Tengo que comprar algunas cosas, puedes dormir un rato en la cama de la izquierda y traeré más comida al regresar—explico sin entrar en detalles que no tenía ingredientes suficientes para algunos de sus platillos.

Al salir detuvo sus pasos, viendo de reojo por el pasillo como Link miraba la cama confundido. Los recuerdos de la habitación del chico, donde prácticamente dormía sobre madera, hicieron que algo en su interior se oprimiera.

¿Habría dormido en una cama alguna vez?

Negó con su cabeza antes de ir al resto de la posada. Le hubiera gustado alquilar algún caballo, pero no tenía dinero suficiente y el único caballo que tenía, estaba en la tribu sheikah. Según el hombre le explico sobre el uso de las postas, tendría que domar algún caballo en su recorrido.

Luego de venderle algunas cosas a Terry y que este preguntara por Impa, le saco el tema de camino e incluso hizo un trato con el dueño de la posta por unas ropas simples. Claro que este le había estafado por el precio, pero no se quejó dada las circunstancias. Cazo algo de carne cerca y cocino en una olla fuera de la posta algo de comer.

Al regresar a la habitación, Link estaba sentado en la cama con la vista perdida, que reacciono cuando ella apareció. Coloco la comida en la mesa cercana, antes de entregarle las ropas que había conseguido.

—Ponte estas ropas—no quería que sonara como orden, pero al ver que este obedecía sin chistas, se pateó mentalmente.

No era su amo.

No era su dueño.

Era su compañero de viajes.

Solo que su voz era naturalmente demandante, debería trabajar en eso.

El joven paso según sus indicaciones al baño de la habitación, tardando más tiempo de lo esperado en cambiarse. Cuando este salió del lugar, tenía unos pantalones comunes Hylianos, una casaca de colores verdes con rojo y unas botas de viajero. Lucia claramente incomodo aunque no mostrara muchas emociones. Su cabello estaba aún bastante opaco como su rostro, pero al menos no se notaba tanto su delgadez. También las mangas estaban acompañadas con brazaletes protectores en sus muñecas y sus guantes sin dedos.

Sonrió al verlo de arriba abajo.

—Bien el primer paso es no parecer un esclavo, supongo que completado—se dijo a si misma antes de asentir y pasarle su porción de comida.

Este la acepto aun indeciso, sentado frente a ella, esperando a que le volviera a repetir que comiera para obedecerle.

Aún tenía la mirada perdida, sus emociones no eran claras y era un total desastre al aire libre.

Sheik suspiro, este viaje sería mucho más largo de lo que esperaba.

.

No entendía que pasaba frente a sus ojos, era como si un millón de imágenes pasaran frente a él. No recordaba haber viajado antes, cuando estuvo en la ciudadela para ser esclavo de Vaati, había viajado prácticamente como ganado con otro montón de esclavos que tendrían que trabajar para Vaati. Sabía que las cosas no eran fáciles y que lo estaba haciendo todo mal, cada que se tropezaba o caía se asustaba de forma inconsciente, tenía la idea de que Sheik no iba a castigarlo por fallar, pero no estaba seguro del todo.

No podía confiar en alguien que conoce hace menos de una semana después de años de lo contrario, aunque también como punto para el rubio, este le había salvado la vida arriesgando la suya. Incluso ahora en lugar de abandonarle, seguía arrastrándolo aunque retrasara su viaje.

Con una pierna herida el joven se movía más ágilmente que él.

Llevaban una semana de viaje por el bosque, donde se detenían en varias ocasiones para que el joven rubio casara algunos alimentos y los cocinara. También después de mucho tiempo, se dio un baño en el rio cuando este se lo ofreció al pasar cerca. No sabía la diferencia de un ofrecimiento y una orden, así que lo tomo para poder limpiar las heridas de su espalda, quienes sanaban a ritmo lento pero constante.

No estaban infectadas.

No podía permitirse atrasar más al joven.

—Manzanas—murmuro de pronto Sheik deteniendo su paso.

No estaba seguro si se detenía por el interés en las manzanas, o tal vez había visto su semblante agotado de unos minutos atrás. Muy a diferencia de Vaati y Makivelo, Sheik al notar su desgaste se detenía de forma sutil a tomar un descanso.

Vio asombrado cuando este dejando la mochila en el suelo, dio un enorme salto atrapando una manzana antes de caer al suelo. Pestañeo confundido cuando se giró en su dirección y arrojo la manzana, de forma torpe la atajo en el aire, acostumbrado a esa forma de darle cosas y habiendo arrojado anteriormente otras al suelo desde el inicio de este extraño viaje.

Admiro la manzana unos momentos, viendo de reojo como Sheik conseguía otra y le daba un jugoso mordisco. Este le lanzo una mirada divertida antes de rodar los ojos al verlo sin comer, no estaba acostumbrado a eso.

La manzana era jugosa, deliciosa, dulce y tan…diferente a toda su vida. A pesar de ser un esclavo, que muchas veces su mente estuviera en dudas sobre lo correcto o lo incorrecto, de acostumbrarse a una vida y que terminara de alguna forma siendo un esclavo nuevamente. No podía dejar de añorar esos instantes, donde probaba alguna fruta, alguna comida, donde el viento jugaba con su cabello.

No debería acostumbrarse, su vida le había demostrado a no tener fe, pero era tan fácil dejarse llevar por cada nueva sensación.

—Kakariko está cerca—musito Sheik de forma lejana, causando que le viera fijamente.

No hablaba, después de decir una palabra y escuchar su horrorosa voz, no pensaba hablar en un futuro cercano. Además no tenía necesidad de hacerlo, solo de obedecer. Aun así Sheik parecía empezar a leer sus muy limitadas expresiones, como si fuera un buen lector.

Le había sonreído nervioso.

—Kakariko tiene algunas personas que conozco y digamos que cuando me fui de mi anterior hogar…no fue en los mejores términos—explico encogiéndose de hombros.

Bajo la vista a la manzana sin tener nada que decir como de costumbre, Sheik había comentado levemente de ser de una tribu de Sheikah, pero no podía saber si eso era algo positivo o negativo, nunca había escuchado ese nombre antes. Tampoco es como si Sheik hubiera explicado por qué no estaba en su familia.

No importaba en realidad.

Le había salvado su vida y lo estaba cuidando mejor que cualquier ser humano en años, no iba a quejarse por si hubiera hecho algo malo.

De reojo noto cuando Sheik comenzó el camino, suspiro antes de tomar nuevamente aire, su cuerpo estaba completamente agotado.

.

La aldea de Kakariko, seguía siendo una pequeña aldea aun comparadas a otros pueblos, donde casi se podía ignorar el reinado de Vaati completamente. No había esclavos, los pocos aldeanos mantenían sus propios alimentos para sobrevivir y no había muchas tiendas a simple vista. Aun así era el único pueblo donde los miembros de la tribu Sheikah iban a intercambiar sin molestarse en ocultar sus apariencias.

La reconocerían de inmediato.

—¡SHEIK!—grito una voz familiar que le hizo apenas voltear a ver a un grupo de niños entre diez años y ocho corriera en su dirección.

Sonrió amablemente a Talo un chico de cabellera castaña alborotada, quien tenía los ojos brillantes al igual que Ivan sonreía con la mano un niño rubio algo más tímido que sus amigos. Detrás de ambos estaba Bea la mayor de ellos con la cabellera cobriza moviendo su cabello al igual que Lalo el niño menor que todos y lleno de seriedad, que caminaba tranquilamente.

Se agacho para revolver las cabezas de Talo e Ivan.

—¡No vienes hace mucho tiempo!—reprocho Talo como el líder natural que era entre los niños.

Unos meses antes que todo se complicara en la tribu en realidad.

—Estaba atareado, no vine por mucho tiempo, decidle a Leonardo que espero tenga mi habitación libre para dormir—les dijo a los niños.

Estos parecían recios a irse, solamente Ivan descubriendo a Link detrás de su persona y saludando tímidamente, Link no respondió el saludo por supuesto. Al final después de prometer que les contaría historias en la noche a la hora de la cena, estos corrieron emocionados de regreso a la enorme casa al inicio del pueblo.

Vio a Link de reojo, que si bien no saludo, miraba el camino de los niños.

Soltó un suspiro que atrajo la atención de su compañero.

—Son huérfanos, sus padres murieron en una de las conquistas de Vaati y debieron ser esclavos, pero corrieron con la suerte de que una vieja conocida mía los ayudara…Leonardo es un sabio del lugar que se encarga de criarlos—explico antes de comenzar a caminar por la aldea seguida de Link.

No es como si fuera un secreto.

Tampoco como si el chico fuera a decirle algo a alguien.

Saludo a una señora mayor que pensaba venderle algunas comidas antes de reiniciar el viaje para tener dinero, antes de detenerse en una chica de cabellera blanca que pestañeo confundida en su dirección, antes de caminar sonriente y abrazarla con fuerza.

Soltó un gemido cuando está casi le aplasto.

—Sheik estas a salvo—sollozo sobre su hombro apretando con más fuerza.

—Pay, afloja—gruño alejándola lo más amablemente posible y tomar aire.

Pay era la sobrina de Impa, una de las jóvenes que se entrenó a su lado durante años y que había llorado su perdida al irse de la tribu. De todos los aprendices, esta fue la única que en realidad había tomado un genuino cariño y sería la única amiga que consideraba en la tribu (aparte de Impa, aunque esa relación era más maternal).

La joven vio de reojo a Link, antes de verla a ella e intercambiar miradas entre ambos.

Pay al igual que el resto de la tribu, sabía que era chica, no como el resto del mundo que no parecía distinguir su género. Ser Sheik le daba un aspecto demasiado andrógino, pero sus habilidades de lucha y supervivencia, de alguna manera provocaban que pensaran que era chico. No se quejaba del machismo, que otros pensaran que era chico, hacia las cosas más llevaderas, excepto cuando le atraía alguna chica y comenzaba a coquetearle.

Era extraño.

Antes que Pay se hiciera ideas raras y para probar las nuevas apariencias de Link, que después de un baño, tenía su cabello algo más brillante, inicio las presentaciones.

—Pay este es Link mi compañero de viaje, Link ella es Pay, una amiga de mi antigua tribu con la que me entrene—presento a ambos.

Fue curioso, ya que Pay era muy tímida con los hombres y solo alzo la mano levemente sonrojada, mientras que Link asintió vagamente después del tiempo necesario, cuando ella le hizo indicaciones de que hacer.

No fue tan malo.

Pay no parecía notar que era un esclavo, bueno, que fue un esclavo, tampoco es como si algún Sheikah fuera a tratar de forma inferior a un esclavo de ser necesario. Para su horror algunos mayores lo habían hecho para guardar apariencias, pero solamente ignorarlos y no maltratarlos.

Negó con la cabeza.

—Es un chico reservado—expreso señalando el mutismo de Link, a lo que Pay trago saliva antes de verla.

—Estaba tan preocupada cuando te fuiste, Impa no ha estado de mejor humor después de lo ocurrido—murmuro la joven suspirando nerviosa.

Un escalofrió recorrió su espalda.

—¿Esta por aquí?—cuestiono mostrando un poco de su temor.

La joven negó con la cabeza.

Eso era un alivio.

—Me quedare con Leonardo una noche o dos, luego partiré a continuar mi viaje—le señalo a la joven.

Esta pareció algo triste, pero después de decirle que la pasaría a ver al anochecer, se fue para hacer sus tareas. Probablemente le habían enviado de compras al lugar, pero mientras no se toparan con algún otro conocido, su secreto estaría a salvo.

No tenía nada que ocultar.

Pero sería tan incómodo.

—Vamos—le dijo a Link señalando una enorme casa donde se habían ido los niños.

Como espero, este la siguió obedientemente.

.

Sheik había tenido que hacer algunos recados, pero en lugar de llevarlo, este decidió dejarlo al cuidado de Leonardo y los niños, lo cual fue bastante…extraño. Nunca habían interactuado con él en años, Sheik fue el primero en haber brindado una mano amiga y una falta total de clases a su persona, tratándolo como un igual. Si bien la primera vez que recibió esas ropas nuevas se sintió totalmente extraño, ahora podía notar que el resto lo veía como una persona más.

Eso estaba mal.

Era un esclavo.

Una parte de él no dejaba de gritarle que Vaati lo encontraría, que Vaati lo volvería esclavo, que lo sometería hasta romper nuevamente su espíritu. No debía levantarse o la caída dolería más, no debía soñar ya que no serviría de nada.

Eso era todo esto.

Un extraño sueño por tantos años negándoselo.

Aun así era tan fácil ceder, tan fácil pensar que era una persona más como ellos.

Leonardo resulto ser un señor de 40 años que saludo con un apretón de hombro a Sheik de forma amigable, su cabello era negro algo largo y sus ropas eran túnicas sencillas. Tenía una hija llamada Lila, que compartía su color de cabello algo corto por sus hombros y ropas infantiles. Ambos le habían permitido sentarse en la mesa como si fuera un ciudadano, no como el esclavo que era.

De forma distraída tocaba sus muñecas marcadas.

Que estuvieran cubiertas, no implicaba que no estuviera ahí el recordatorio.

Los niños habían comenzado a preguntarle cosas, pero cuando se negó a responder, estaba incluso negándose a moverse hasta el regreso de Sheik, rápidamente perdieron interés y se fueron a jugar cuidados de Lila fuera del lugar. Solamente el niño llamado Ivan (todos se habían presentado esperando que lo hiciera, para suerte Sheik no se había marchado y lo hizo por él) lo había visto durante un largo rato, antes de atender la llamada de la niña a jugar.

—Así que eres el compañero de Sheik—hablo Leonardo tomando asiento a su lado.

Se tensó y no dijo nada.

Este no era su amo, bueno, Sheik insistía en que no eran amos y eran compañeros, una palabra que no terminaba de entender. Aunque Sheik siempre tuviera conversaciones al aire con él, que nunca esperaba que contestara, este hombre parecía verlo en busca de una respuesta.

Asintió de forma dudosa.

Estaba comunicándose con alguien que no sabía que era un esclavo.

¿Qué tan raro hubiera sonado eso hace unas semanas?

—Conozco a Sheik desde que era niño, es un joven solitario y nunca pensé que tuviera un compañero, debes haberle dejado una gran impresión—continuo el hombre con una leve sonrisa.

¿Impresión?

Un esclavo patético que solo era una carga.

Suspiro mentalmente viendo a los niños correr mientras permanecía sentado en el porche. Hace años, muchos, había sido igual que ellos, riendo, jugando, compartiendo con otros. Si bien esos niños no tenían padres, se tenían entre ellos.

Ojala él hubiera podido ser así.

Tener esperanza.

Para el la esperanza no existía.

De reojo vio al hombre que veía a los niños jugar igual que él, probablemente en sus propios pensamientos.

—Sheik era un niño lleno de odio, su familia fue masacrada por Vaati y durante años la ira lo consumió…probablemente desde lo sucedido, nunca jugo como esos niños o tuvo algún compañero—expreso señalando a los pequeños.

Su mirada se concentró ahora más en el hombre.

¿Su familia había sido asesinada por Vaati?

No se lo había comentado, aunque tampoco es como si el tema hubiera salido a la luz antes.

La idea de que ambos hubieran tenido algo similar, era una total incredulidad. Como dos personas con un punto en común, terminan siendo un guerrero habilidoso y desterrado, a que el otro fuera un esclavo durante años. Los destinos de las personas en realidad son un total misterio.

Bajo la vista pensativo.

—Por eso espero puedas cuidar su espalda, estoy seguro que si ambos se hacen buenos amigos, sus aventuras serian toda una leyenda para que este cuente en su vejez—expreso Leonardo levantándose y entrando al hogar.

No podía cuidarle la espalda a Sheik, no era fuerte y solo era un estorbo.

Pero al igual que estuvo a punto de morir por haberle ayudado, incluso ahora, si su muerte le daba un poco de vida al joven…

Haría cualquier cosa sin dudarlo.

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Rápidamente hizo todas sus compras y vendió todo lo que necesitaba para tener más dinero, aunque eso solamente le llevo casi cinco horas del día. Pay le acompaño a la hora de crear recetas, logrando más dinero por los platillos a la hora de venderlos. Comenzó a correr en dirección al hogar para no perder la cena, sorprendida de que al llegar, Link estaba sentado en la misma silla que le había dejado.

Al llegar frente a él, este alzo la vista del paisaje.

—Te has quedado todo este tiempo sentado—afirmo con voz cansada, este solo la siguió viendo fijamente.

Era una afirmación.

Suspiro antes de poner una mano en su frente algo cansada.

—Link no debes esperarme donde te deje, tienes libertad de explorar los alrededores si no son peligrosos y hablar con otros—la mirada del chico siguió sobre ella—bueno no eres muy hablador, pero puedes ir por tu cuenta en el momento que quieras hacerlo—sus palabras no parecieron convencerlo.

Tal como había esperado.

Soltó nuevamente un suspiro.

Entonces no le quedaba más que el plan B.

De sus compras saco una pequeña espada normal de caballero, que le había logrado comprar a un vendedor por un precio algo alto. La extendió frente a Link, quien sin tomarla la vio intensamente (algo nuevo en su mirada) para verle después con intriga.

—La región Zora está rodeada de enemigos poderosos, si bien puedo enfrentarlos, no puedo estar siempre al pendiente de ti y es mejor que estés armado—

Sheik noto con dolor, la forma casi de adoración con la que Link al final aceptaba la espada. Eliminando sus ropas, este era el primer objeto que le daba, que sería totalmente de él y seria su pertenencia. Desvió la mirada algo incomoda ante la situación.

A pesar de su mala infancia, incluso Impa le había dado tantos objetos como un Sheikah se permitía, incluso consintiéndola en ocasiones.

—Estaba pensando en entrenar a los niños después de la cena y de paso hacerlo contigo, así cuando me aleje de ti y no tengas nada que hacer, al menos podrías practicar lo que te enseñe—

Para su deleite el chico pareció incluso algo emocionado como su capacidad lo permitía.

Entonces entre comidas, niños, historias y entrenamientos, Sheik pudo ver por primera vez un brillo en los ojos del joven cuando empuñaba la espada. Aunque era algo torpe, para ser alguien que la sujetaba por primera vez, su manera de avanzar fue demasiado rápida para un solo día.

Un talento natural.

Ambos cayeron dormidos profundamente esa noche.

Un avance había iniciado.

Continuara…

Si bien intento que quede claro que Sheik es Zelda, les aseguro que durante la aventura ese nombre cambiara. En algún momento la llamare Zelda, pero por ahora dado que todos la tratan y conocen como Sheik, no tendré necesidad de cambiarlo.

Los capítulos están quedando algo largos, mi idea era que este capítulo fuera del dominio Zora, pero el viaje y la aldea se llevaron todo este capítulo.

Pero al menos ahora Link tiene una espada y aunque no sepa usarla (como todos la primera vez que jugamos a un Zelda) su alma de héroe le ira ayudando a mejorar. Una idea loca que tengo en mente, es que cada héroe que rencarna, tiene las habilidades de sus sucesores, por eso le es más rápido aprenderlo después de que cada vida, aprendiera cosas nuevas.

Nota:

Por si no lo saben en mi perfil tengo un link de mi página en Facebook donde publico mis actualizaciones y donde chateo con los chicos sobre temas de anime, manga, juegos, libros, series…etc por si alguno quiere comunicarse conmigo o visitar un rato para conocerme mejor.

Sayonara sexys lectores.