Disclaimer: Los personajes de "Legend of Korra" no me pertenecen.

CAPÍTULO 3

- Bueno Korra, es tu turno. - dijo Asami mientras ponía el caballete a la moto y bajaba de ella para cederle el puesto al avatar.

La joven de piel morena, se levantó con los brazos y de un salto llegó a los mandos, entusiasmada como una auténtica niña. La ingeniera subió tras ella, se quitó los guantes guardándolos en el portaequipajes, se acercó al cuerpo de la nueva piloto y puso su barbilla sobre uno de sus hombros. Entre susurros comenzó a explicarle cómo funcionaba el vehículo y guiando los movimientos de Korra, puso sus manos desnudas sobre las de ella apretando suavemente el embrague.

La Satomoto rugió en un primer momento, pero después, avanzó tan ligeramente, lenta y sin golpes, que el caballete saltó sin apenas hacer ruido al volver a su sitio. Se deslizaron unos cuantos metros hacia delante, Korra sonreía feliz ante aquella pequeña sensación de libertad, que sentía amplificada notablemente después de haberse sentido cautiva en su propio cuerpo durante lo que le parecía una eternidad. Agarró el manillar con fuerza y empezó a dibujar eses sobre el hielo, intentando no perder el equilibrio. Le resultaba divertido a la vez que un nuevo desafío. Por fin volvía a empezar sentirse cómoda.

- ¡Lo haces muy bien! Llévame a algún sitio...

Y así lo hizo. El avatar aceleró y el viento helado golpeó su casco cada vez más rápido. La profesora se agarró a la cintura de la aprendiz, dejándose llevar, disfrutando de aquella fuerza y alegría que dejaba de nuevo entrever su compañera. Korra, inconscientemente, se dirigió a lo alto la colina donde solía ir cuando escapaba de sus entrenamientos y obligaciones. Desde una de las laderas podía observarse su poblado, pero desde la otra, el mar se perdía en el horizonte. Desde allí soñaba con todas las aventuras que viviría cuando, en palabras de su padre, por fin estuviera preparada. Sin embargo jamás se había imaginado un final tan amargo.

Al llegar, la ingeniera, de nuevo guió los pasos de la joven de piel morena, reduciendo la marcha y deteniendo finalmente la Satomoto. Todo había ido bien. Se quitó el casco, depositándolo en el portaequipajes junto con el del Avatar y puso de nuevo el caballete.

- ¡Ha sido fantástico Asami! ¡Gracias!

Korra estaba tan emocionada que sin poder evitarlo se abalanzó sobre ella para darle un fuerte abrazo de agradecimiento. La joven de piel pálida se lo le devolvió fuertemente, cobrándose todos los días de desasosiego y melancolía que la falta de respuesta a sus cartas, pero sobre todo su ausencia, le habían causado. Cuando ambas levantaron su rosto, se encontraron mirándose la una a la otra, con los ojos ahogados en lágrimas aunque sin derramar ni una sola. Entonces Korra acarició la mejilla de Asami y su rostros, como imanes, opuestos, comenzaron a acercarse inevitablemente. Sin embargo, justo cuando sus labios estaban a punto de rozarse, una fuerte descarga eléctrica las golpeó, haciéndolas caer de la moto y perder el sentido.

Cuando volvieron en sí, cada una se encontraba encerrada en una jaula metálica, separadas, los barrotes estaban ligeramente calientes. Ambas colgaban de una cadena metálica en medio de un alto acantilado alrededor de un gran géiser que expulsaba chorros agua hirviendo regularmente. Esto había evitado que sus cuerpos se congelaran pero era completamente impredecible cuando amenazaría de forma inevitable sus vidas. El avatar había sido la primera en despertar y por la expresión de su rostro, la ingeniera podía adivinar que ya había agotado todas las posibilidades para escapar que estaban a su alcance. Sin duda, no poder acceder al control de ninguno de los elementos la estaba corroyendo una vez más por dentro. A través de los barrotes Asami le cogió de la mano.

Saldremos de esta.

Pero Korra a penas respondió al contacto de su piel mientras su ojos centelleaban de impotencia y de culpabilidad. De repente, se oyeron golpear y caer al vacío varias piedrecillas. A unos metros por encima de ellas, en un voladizo del acantilado, se hallaban las botas de una voz que a ambas les resultó familiar.

¡Amón! ¿Cómo es posible? - se sorprendió la joven de piel pálida.

¡¿Que quieres esta vez?! Ya no me puedes quitar nada...

No eres tú, Avatar, la razón por la os encontráis en esta situación, efectivamente, ya no tienes ningún interés para mi. Pero sé de alguien a quien aún le importas...- ambas jóvenes se miraron frunciendo el ceño - Vengo por lo que es mío, Industrias Futuro. Quiero el control total, acceso a todos los proyectos de reconstrucción de Ciudad República, de las máquinas e invenciones, pero sobre todo quiero poner en marcha de nuevo el programa de armas. Al fin y al cabo, Asami, de dónde crees que Hirosohi, tu padre, consiguió el dinero para empezar con la empresa, ¡él era el mejor y más importante de los Igualitarios! No sólo nos lo debes, si no que Industrias Futuro es nuestra.

¿Es eso cierto? - preguntó Korra en un susurro a su compañera sin soltar su mano.

Industrias Futuro es su legado, jamas dejaré que vuelvas a controlarlo...- Contestó la ingeniera a Amón apartando la mirada.

Como respuesta, el líder de los Igualitarios hizo una señal con la cabeza y poco después la jaula del Avatar cayó varios metros por debajo de la de Asami a gran velocidad. La manos de ambas quedaron terriblemente vacías. Ahora Korra podía sentir como el vapor de agua que aún quedaba suspendido en aire de la última erupción del géiser ascendía hasta ella y quemaba levemente su piel a medida que le rozaba. No podía ni imaginarse que una de aquellas columnas de agua hirviendo le alcanzara de pleno.