¡Saludos, Nefilims! Antes de comenzar, muchas gracias a todos por haber comenzado a leer Cazadores de Sombras, Ciudad Infinita. Gracias a los que habéis dejado comentarios a lo largo de los capítulos y gracias a los que habéis tenido la paciencia de esperar a que suba el cuarto. Escribo cuando me aburro, y tiempo de aburrirme no tuve últimamente. ¡Gracias por leer!

Clary salió del Instituto, flanqueada por Isabelle, enfundada en su abrigo de lana gris. El frío de la noche le golpeó en el rostro agrietándole un poco las mejillas. Allí estaba, la joven hada que les había conducido a la Corte Seelie, esperándola para darle la cita con la Reina. Por fin podría saber aquel recodo de su pasado que Jocelyn no quería contarle, pero, ¿y si era grave? Por supuesto, si tenía que ver con Jace, tenía que ser grave de verdad. A veces, pensaba Clary, creo que no estoy hecha para ser feliz con él.

—La Reina Seelie me pide que te presente sus respetos—anunció el hada, cuando por fin se topó con los ojos de Clary—y que te advierta de que ella cumple lo que promete. Mañana al alba te presentarás ante ella para que pueda contarte aquello que deseas saber.

A Clary se le hizo un nudo en la garganta, pero a duras penas consiguió tragar para poder dirigirse al hada.

—Acepto pues la cita, comunícaselo a tu reina.

El hada inclinó la cabeza ligeramente, y se marchó de nuevo por donde había venido.

—O sea que…¿Irás?—le preguntó Isabelle recelosa—no debes fiarte de ella, ya te lo hemos dicho.

—Lo sé, ¿Pero qué otra salida me queda? Si sabe algo, por mínimo que sea, quiero que me lo diga. Aunque sea una patraña, al menos estaré más cerca de la verdad de lo que estoy ahora.

Clary suspiró y se dejó caer en las escaleras de piedra, que conducían a la entrada del Instituto.

—Estás agotada Clary, necesitas descansar.

''Necesito a Jace'' pensó ella, pero no se lo dijo.


—¿Ya te vas?—preguntó Ata mientras se enjugaba los ojos para intentar despabilarse.

—Sí, he de seguir mi camino y encontrar lo que había venido a buscar, habéis sido muy amables, gracias.

Ata hizo un mohín que esperaba que Jace no hubiera percibido. Pasaba mucho tiempo sola, entre todos los mayores, y se alegraba de haber encontrado por fin a alguien más o menos de su edad, o que lo aparentase. Abrió la puerta con delicadeza, para dejarle salir, cuando algo verde entró a la cabaña.

—¡Despertad todos! ¡Despertad todos!—dijo un hada de cabellos color ébano—nuestro hermano Meliorn ha entrado en el consejo.

No todas las reacciones fueron igual, Ata se quedó en el sitio, Selina, que había entrado sigilosamente al vestíbulo, ahogó un gritito de satisfacción y Jace…maldijo.

—¿Cuándo ha sucedido eso?—preguntó Jace.

Notó como el hada que había llegado con la buena nueva, lo escudriñaba con la mirada y analizaba el grado de confianza que podía otorgarle, saltaba a la vista que no se fiaba de los nefilim.

—Hace unas horas, prácticamente. No hay nadie mejor que él para que nos represente, dejará un par de cositas claras a esos nefilim controladores.

''Nadie mejor, desde luego'' pensó Jace, soltando una serie de improperios en su cabeza, que empezaban a embotarle el cerebro. ¿Qué debía hacer? No se fiaba del sicario de la Reina Seelie, y ella, no se fiaba un pelo de los nefilim. Tenerle a él en el consejo suponía tenerla a ella, y que metiera las narices en aquellos asuntos pintaba muy mal. ¿Debía volver a Nueva York? ¿Debía seguir con su misión? Las cosas pintaban feas, pero ahora su prioridad, era salir de esa cabaña cuanto antes.


El amanecer había llegado sin más impedimentos y el sol ya despuntaba en el horizonte, arrancando a los altos edificios de la ciudad, destellos anaranjados. Clary se levantó sigilosamente de la cama y se vistió lo más deprisa que pudo sin encender una sola luz, para no despertar a Isabelle.

—Ni sueñes que te voy a dejar ir sola—bramó la voz de la cazadora de sombras.

—Isabelle, no, duérmete y déjame a mí enfrentarme a esto—susurró Clary.

—Clary, supuse que no querrías que Luke y por consiguiente Jocelyn se enteraran de tus tratos con la Reina Seelie y todo este embrollo de tu pasado, así que no les dije nada. Como tampoco dije nada a Simon y a Alec, cosa de la que ahora me estoy arrepintiendo. Creo que como deferencia, al menos me dejarás acompañarte.

Estaba a corralada y lo sabía. Isabelle había hecho bien en no contarle nada a nadie. Esto la atañía a ella y solo a ella, y no había razón por la cual llegar a la Corte seguida de una escolta, eso podría poner recelosa a la Reina Seelie y no podía permitirse patinar una vez más.

—Bien, acompáñame, pero te quedarás calladita.

—¿Alguna vez he hablado a destiempo?—gruñó Isabelle.

Clary alzó una ceja.

—¿Si no se trata de Simon?—completó la frase Isabelle, al ver el gesto de Clary.

Ambas terminaron de vestirse y salieron rápidamente del Instituto, dejando atrás, pensó Clary, las dudas y la desesperación, pues por fin se encontraría con la verdad sobre su pasado.

Central Park al amanecer era un parque como otro cualquiera, pero dotado de cierta magia que no poseían los demás. Los animales, al no haber gente aún que circulara por entre los árboles y hierbajos, campaban a sus anchas haciéndose con provisiones y llevándoselas a sus guaridas.

Clary empezó a ponerse nerviosa pero se obligó a tranquilizarse. Todo estaba demasiado sereno, y eso la inquietaba aún más. Quería ruido, agitación, poder con eso disimular las ganas que tenía de gritar y removerse. Pero no podía.

De pronto las dos cazadoras de sombras oyeron un chasquido a sus espaldas y al darse la vuelta se encontraron con dos hadas armadas con arcos apuntando hacia ellas.

—No mováis ni un músculo—dijo Baleor, apuntando directamente hacia la frente de Isabelle.

—¿Así es como recibe vuestra reina a las visitas?—se quejó la chica.

—Cállate, nefilim—ordenó el otro—solo queremos a la chica pelirroja, a la hija de Valentine.

—¿Qué? ¿Para qué me queréis?

Clary maldijo el no haber metido sus cuchillos serafin en el cinto. Jamás hubiera pensado en una emboscada.

—Vendrás con nosotros hasta las mazmorras de la Reina, tiene para ti un destino muy especial—bramó Slacer—ha habido cambio de planes, es hora de actuar por nuestra cuenta.

Las hadas condujeron a Isabelle y a Clary hasta la entrada de la Corte Seelie sin dejar de apuntarlas a la espalda. Isabelle iba quejándose y maldiciendo mientras pasaban por una especie de laberinto subterráneo hecho de tierra y musgo. Clary por su parte bajó la cabeza y pensó en la razón por la que todo eso estaba sucediendo. ''Todos tenían razón'' pensó ''No hay que fiarse de la Reina Seelie, pero…habíamos llegado a un acuerdo, y su palabra siempre la había cumplido. ¿De verdad la veían como una amenaza? ¿Tendría eso que ver con su pasado?

Las tiraron a una celda que tendría unos veinte metros cuadrados. Clary empezó a quedarse sin aire.

—Esperad aquí—dijo Baleor—la Reina os atenderá enseguida.

Isabelle le dio una patada a la reja.

—¡Lo sabía! ¡Esa maldita vieja nos ha tendido una trampa! Me odio a mí misma por haberte dejado sin protección. Dios, ¿Cuándo aprenderé que por más loco que esté Jace, siempre tiene razón? No se fiaba de la Reina Seelie, y estaba en lo cierto. ¡Nos ha traicionado!

—No puede ser—contestó Clary—jamás se expondría a un peligro así, raptarnos supondría una rebelión contra el mundo de las hadas.

—Nadie sabe que estás aquí.

—A todas luces Simon y Alec podrían sospecharlo y comenzarían a investigar. Pero…sigo sin comprender porqué me ven como a una amenaza. Sí, soy hija de quién soy, pero…

En aquel momento se oyó el rasgar de una tela contra el suelo, e hizo su aparición la Reina Seelie. Esta vez, no hubo reverencias ni signos de cortesía.

—Volvemos a vernos, Clarissa, aunque no en gratas circunstancias.

—¿Por qué hacéis esto? ¡Os di lo que queríais! Ya tenéis a Meliorn en el consejo, ¡Deme lo prometido!

—A eso vengo, pequeña nefilim—la Reina Seelie dibujo una sonrisa torcida—pero debo tomar ciertas medidas de seguridad contigo, asegurarme de que no eres un peligro para nuestro mundo. Asegurarme de que tu pasado, no nos matará.

—¿De qué habla?

—Tu pasado interfiere en tu futuro, Clarissa Morguensten.

—¿Cómo?

Ambas se miraron fijamente, Clary notó como la Reina Seelie saboreaba el momento victoriosa.

—Por culpa de tu pasado, nunca serás feliz. Por culpa de tu padre, jamás podrás ser feliz con aquel al que amas.

—¡Déjese de misterios!—Clary perdía los estribos—¿Qué es lo que sabe? ¡Cuéntemelo!

—Espero que estés preparada, cazadora de sombras.