Ciaossu ~~

El capítulo de hoy es un YamaHaru dedicado a Darkinocence y a Yunnieh Skylark. Si no les gusta no me golpeen u.u ayer me dio un bajón y no quise volver a publicar en FF, entiéndase que hace tiempo ando un poco desanimada porque no he actualizado nada, asique no sé si quedó tan bien producto de mi estúpido ánimo. Muchas gracias a todas por sus reviews! Me hacen muy feliz y de no ser por ellos, mi energía no habría vuelto, o semi-vuelto (?) no sé, espero que no vuelva a sentirme así.


De algún modo, los papeles se intercambiaron.

Una joven de castañas hebras sujetó el bate de beisbol, con tanta fuerza que sus dedos enrojecieron, miró a la máquina ubicada unos cuantos pasos más allá, como quien se encuentra frente a frente con su peor enemigo, esperado a que lanzara el primer proyectil.

En los escasos segundos previos a que la pelota saliera disparada, Haru tuvo la oportunidad de recordar cómo había acabado en ese sitio.

Haru entró a Nami-chuu con intenciones de enseñarle todo lo necesario para vivir dentro de la sociedad italiana al guardián de la lluvia, se dio un par de vueltas alrededor del campus pensando en cómo le explicaría la situación.

—Yamamoto-san, ¡Haru necesita enseñarle muchas cosas ~desu! —Negó con la cabeza e hizo otro intento—. Yamamoto-san, Reborn-san le pidió un favor a Haru y… —volvió a negar y formuló otra frase—. Yamamoto-san, Haru tiene una misión muy importante…

Estaba tan enfrascada en sus pensamientos, intentando encontrar la manera perfecta de presentarse como una buena maestra que no se dio cuenta cuando la práctica de beisbol terminó.

Yamamoto, salió de los camarines y su mirada fue en dirección de Haru al darse cuenta que aún iba de un lado a otro, hablando consigo misma y haciendo muecas divertidas en su rostro. Se despidió del equipo y se acercó a ella, alcanzando a escuchar uno de los muchos ensayos de la chica.

—¡Yamamoto-san! ¡Haru tiene algo muy importante que decirle y no acepta un no por respuesta! —dijo la joven, con su voz más autoritaria.

—Claro, Haru. ¿Qué necesitas?

—¡Hahi! —hipó Haru, volteándose rápidamente para toparse con la alegre sonrisa de Yamamoto—. Haru necesita practicar un poco más ~desu.

—¿Practicar? —repitió el mejor jugador de la escuela, en su mente se formó el concepto de una práctica de beisbol.

—Haru aún no está lista para decirle a Yamamoto lo que Haru debe decirle ~desu.

—No te preocupes, sigue practicando, tengo que ir a guardar el material, búscame cuando estés lista.

El guardián de la lluvia regresó a la cancha para recoger la indumentaria para llevarla al almacén, donde permanecerían seguras hasta el día siguiente. Ambos eran demasiado inocentes como para encontrarle algún doble sentido a las recientes palabras de Haru, pero algunos curiosos se habían escondido a escuchar la conversación de esos dos, y con curiosos me refiero a unos cuantos integrantes del club de beisbol y las fanáticas del mejor jugador que se quedaban hasta tarde solo para ver la práctica.

Yamamoto era popular, pero rara vez se le veía con alguna chica, solo habían dos excepciones, dos miembros del género femenino que se acercaban a él con toda confianza. Kyoko, la idol de la escuela, quien no estaba para nada interesada en el jugador. Y esa estudiante de Midori que todos los días iba a dar vueltas por Nami-chuu.

Los rumores y chismes no se hicieron esperar, la voz se fue corriendo y las versiones se hicieron cada vez más exageradas. Para cuando los materiales del club de beisbol quedaron en su sitio, ya todos los estudiantes dentro y fuera del instituto estaban al tanto, gracias a la ayuda de ese invento llamado teléfono celular.

Por su parte, los ensayos de Haru no ayudaban en nada.

—¡Yamamoto-san! ¡Vamos a su casa, Haru tiene que enseñarle algo! —esa oración fue mal interpretada por las mentes menos saludables.

El jugador estrella regresó donde Haru una vez que todo estuvo listo, traía una sonrisa nerviosa y su cuerpo estaba tenso.

—¡Yamamoto-san! Haru aún no termina de ensayar ~desu —le dijo ella.

—Está bien Haru. Ya me enteré de…

—¡Hahi! ¿En serio? ¡Great! ~desu. Vamos a alguna parte —Haru no lo dejó terminar.

A Yamamoto se le tensaron los músculos del rostro, movimiento que pasó desapercibido por Haru, quien solo quería un lugar para dar su clase, mientras que el guardián de la lluvia pensaba en el lugar perfecto para una cita. Él no quería hacer sentir mal a su amiga, no soportaba la idea de verla sufrir, y por algún motivo, se había sentido muy feliz al escuchar los rumores que se habían esparcido esa tarde.

Takeshi tomó a Haru y la guio por las calles de Namimori hasta el mejor lugar de la ciudad —después del restaurant de su viejo—.

Y así fue como Haru acabó con un bate de beisbol en las manos, esperando que la máquina lanza-pelotas le lanzara el peligroso proyectil, sus brazos temblaban porque nunca había intentado jugar beisbol.

—Haru no sabe cómo hacerlo ~desu—le había dicho a Yamamoto hace un rato atrás.

—No te preocupes, yo te enseño —respondió él.

Para Haru ese era un claro signo de que el guardián de la lluvia había entendido mal el mensaje, supuestamente era ella quién daría la clase, pero el instructor acabó siendo él. Después de tanto practicar para evitar malos entendidos, todo había sido en vano.

Para Yamamoto, esta era la mejor cita que una persona podía desear.

La pelota salió disparada, la jugadora cerró los ojos y movió con todas sus fuerzas el bate. La bola pasó por su lado, hasta estrellarse contra la pared detrás de ella. El bate por su parte, salió disparado en la dirección contraria, golpeando a Yamamoto en la cabeza.

La máquina lanzó la siguiente munición. Haru abrió los ojos e hipó con fuerza, al ver como la pelota se dirigía a ella, movió sus brazos de un lado a otro, imaginando que aún tenía el bate en sus manos.

—¿¡A dónde se fue ~desu!? —exclamó.

Y antes de que la bola de beisbol llegara a ella, alguien más la bateó, y no solo esa, sino que todas las que vinieron después.

—¡Yamamoto-san es increíble ~desu! —exclamó Haru, al ver cómo hábilmente arrasaba con todo lo que la máquina lanzaba.

Se fueron cuando el encargado llegó a apagar el aparato, pues la noche había caído y ya era hora de cerrar.

—Fue divertido, debemos jugar a las citas más seguido —dijo el guardián de la lluvia, con una gran sonrisa.

—¿Jugar a las citas? —preguntó Haru, sin comprender.


Gracias por sus comentarios a: Rui 6666, maryanime-angel, Darkinocence, Kana12,Yunnieh Skylark, KaineLeto y Luce di Cielo.