Capitulo largo, pero yo diría que con mucho contenido. Me alegra ver que a por lo menos los que comentan les gustaxD.

Leed la nueva información en mi perfil sobre esta historia.

Los personajes de Fairy Tail le pertenecen a Hiro Mashima.

La canción será Gasoline – Halsey. Recomendada al cien por cien.

Que os guste.


L&M


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IV

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¿Acaso te ilusionabas con algo más? —Bufó, irónico, yendo hacía la barandilla y apoyándose sobre ésta, al lado de la mujer; con mirada seria el rubio observaba a los coches circular. Sin mirarla, quizás porque se sentía extraño, habló—: ¿Qué demonios esperas de mí, Mirajane?

—No espero nada de ti, solo… —suspiró, ignorando aquellas primeras palabras que la instaban a pegarle—. Erza tenía razón. ¿Me puedo ir ya, cierto?

Aunque lo preguntó no se quedó esperando la respuesta, se dio la vuelta para salir de aquella azotea. No es que odiara a aquel rubio egocéntrico, solo le dolía sentirse decepcionada con él. Ella no juzgaba, pero se había equivocado. Pensaba que podía llevarse bien con él; pero se había vuelto a equivocar.

¿Acaso era tan estúpida para pasarse toda su vida fallándose a sí misma?

—Espera —sintió la mano del rubio en su codo izquierdo, frenando su paso—, aun no hemos acabado. ¿Por qué no me dijiste que eras cantante?

—Quizás por la misma razón por la que tú no me dijiste tu nombre —estableció, dándose la vuelta; su sonrisa se borró y Laxus deseó que ésta volviera a cubrir sus labios—. Te dedicas a prejuzgar a la gente, incluyéndome a mí; a pesar de que yo no lo hice contigo, ¿esa es tu manera de agradecérmelo?

—¿Prejuzgar? —Levantó una ceja, confundido, a la vez que la soltaba—. ¿Y cuando se supone que hice eso?

Mirajane rodó los ojos, recolocándose su flequillo segundos antes de mirarlo seria y con brazos en su cintura. ¿Es que aquel tipo no veía sus propios errores? Si en verdad tenía que darle la razón a Erza, ella siempre acertaba; según veía.

—¿Acaso no lo recuerdas? Desde que nos conocimos hasta que nos despedimos en la puerta de mi piso, tú habías creído que era una fan loca que se tiraría encima, ¿cierto?

—Maldita sea mujer, eso solo lo pensé los primeros momentos cuando…

Ella le interrumpió, estirando una de sus manos hacía su cara. Él la observó, frunciendo el ceño —realmente molesto por no haberle dejado continuar—. Laxus —tan ingenuo— creía que aquella mujer era amable —que lo era—, además de guapa; y que no tenía carácter; pero vaya si creyó mal.

—Además, no solo es eso; estoy convencida que igual lo hiciste cuando ayudé con las bolsas a la señora Ultear y cuando viste donde vivía con mis hermanos.

Él se rascó la nuca, simplemente molesto porque no podía negar lo obvio.

—¿Debería aplaudirte por acertarlo? —Ella le lanzó una furibunda mirada, cruzando sus brazos. El rubio resopló—. Escucha, Mirajane, tú también me prejuzgaste.

—¿Y cuando lo hice?

—Cuando bajé a ayudaros a ti y a la señora Ultear, estoy seguro que… —la vio morderse el labio, intentando ocultar una sonrisa. Definitivamente esa mujer estaba loca. Frunció el ceño y la miró severo—. ¿De qué demonios te ríes?

—Jamás te prejuzgue. Supe que eras tú porque lo tuyo no son los disfraces, y supe que nos ayudarías tanto a mí como a la señora Ultear porque… —ella le sonrío ligeramente— eres buena gente. Solo pienso que esa desconfianza se debe a que estás dañado —él levantó ambas cejas, pero disimulo aquello rápidamente con un semblante extremadamente serio. Ella se dio cuenta y lo miró con atención, queriendo descifrarlo—. ¿Quién…?

—¿Sabes Mirajane? Me da igual —habló interrumpiéndola, no dejaría que fuera por ese rumbo—. Lo que no entiendo es tu estúpida huida de la sala de ensayo.

Ella resopló, dándose cuenta que él era un tipo cerrado, que le tenía confianza a poca gente. Sin duda alguien lo había dañado —de una u otra manera—, y ella por una razón que desconocía deseaba ayudarlo. No podía dejar a la gente dañada sin ayuda; al fin y al cabo, ella lo había pasado mal y la habían ayudado.

Sus hermanos y ella siempre habían vivido con lo poco que ganaban Elfman y ella, hasta que ella misma consiguió cantar en más bares —en los cuales pudo ganar un poco mas de dinero—; lo que le llevó a que su hermano la representara y siguiera con su trabajo en un gimnasio. Elfman no podía trabajar hasta los 18 y sin duda aquello les permitió no solo vivir mejor, sino poder instar a su hermana pequeña a que cursara periodismo.

El que por aquellos tiempos necesitaran ayuda y fuese Erza quien se la prestase, invitándolos a comer en incontables ocasiones —al igual que Levy—, fue algo que sin duda les ayudó a salir hacía adelante. Porque sí, hubo tiempos en los que solo tenían dinero para pagar donde vivían —el trabajo de Mirajane como camarera no daba para más—. Pero con los años, se la jugó pasando a cantar allí donde trabajaba. Y desde ahí cada vez fue un poco más conocida por algunos bares en los que —en la actualidad— acudía unas dos veces por semana a cantar.

Con ver al rubio lo sabía: esos ojos escondían demasiado dolor, demasiado rencor; ¿habría alguna forma de hacerlos brillar?

—Simplemente no quise molestar. ¿Y tú porque me seguiste? —Preguntó dando un paso hacía él.

—¿Seguirte? Tsk, mas quisieras. Fui a acompañar a Ever, ella quería beber algo y se tropezó.

—Claro, se tropezó y cayó sobre mi hermano—secundó ella, irónica, mientras se paraba a un paso de él. Levantó la cabeza y le sonrió, burlona.

—¿Tu hermano? —Por alguna razón, Laxus se alegró de que aquel peliblanco fuera su hermano; ahora que recordaba ella era la mayor, aunque él fuera demasiado musculoso—. Ya veo, ¿cuántos hermanos tienes?

—Somos Lisanna, Elfman y yo… ¿por qué lo preguntas? —Cuestionó ella con una ceja levantada; desconfiada de sus intenciones.

—Solo era por curiosidad… —no supo porqué, pero sentía que debía hacerlo; se rascó la nuca, apartando la mirada—. Supongo que los hermanos mayores sobre protegemos demasiado a los nuestros —se metió ambas manos en los bolsillos del pantalón; ella estaba sorprendida, ¿él tenía hermanos?—. Pero no me esperaba que tu hermano fuera tu representante. Aunque pensándolo bien, Cana es la jefa de sonido de la película así que no debería hablar en exceso.

—¿Cana es tu hermana?

La peliblanca no pudo evitar preguntárselo sorprendida, era un hecho imprevisible; la confianza era exagerada entre ambos, con solo mirarlos lo supo. Pero jamás se hubiera esperado que fueran hermanos; al igual que tampoco había prevenido la sonrisa que surcaba por esos momentos en sus labios.

—Técnicamente no. Digamos que la considero mi hermana; aunque no tengamos la misma sangre. Ella es hija de… —dejó de hablar al darse cuenta de que iba a contar algo de su vida privada a una mujer con la que ni siquiera había estado mas de 5 horas. ¿Qué demonios le ocurría? Se despeinó el cabello, recuperando una parte de ese control que lo caracterizaba—. Como sea, ¿sigues molesta?

Ella no pudo evitar levantar una ceja, algo no encajaba con él. No era un tipo malvado; sin duda Erza estaba errada. No sabía si le iba a hacer daño o no, pero la cantautora por alguna razón confiaba en él; juraba que no podía explicarlo. Al parecer lo que cavilaba segundos antes era acertado; tenía que hacer que esa mirada brillara. Suspiró y negó con la cabeza.

—Vayamos dentro, Elf debe estar preocupado.

Laxus solo asintió, siguiéndola mientras aun se preguntaba que demonios le ocurría con aquella mujer. Sentía que perdía su control con ella. Y solo podía preguntarse cual era la razón; el rubio se juraba que jamás la encontraría, porque era de idiotas. ¡Él se volvía idiota por momentos!

—Laxus, sé que la vida de un famoso es difícil. Y sé que posiblemente no te importé, pero ese no es mi caso. Me gustaría que por lo menos durante el rodaje de la película, que serán seis meses, fuésemos amigos. Desearía forjar mi propia opinión sobre la gente sin que influya la prensa.

Él paró su paso, frenando justo a unos dos pasos de la espalda de ella. Preguntándose si haber tomado una decisión nada mas decirlo ella —sin dudar— fuera algo sobre lo que debía de reflexionar. Cerró por unos segundos los ojos, soltando una carcajada irónica.

—El ser famoso no me ha apartado nunca de nadie; ni lo hará jamás.

Ella sonrió, girándose hacia él y sintiéndose feliz por aquel avance que prometía buenos momentos por los siguientes meses. Asintió, aun sonriendo, y se dio la vuelta; reanudando el paso.

—¿Eso es un "sí"?

—No deberías dudarlo, Mira.

Laxus agradeció que ella continuara su firme paso, así no podría ver el estúpido y ligero sonrojo —casi imperceptible— que había sufrido al ver su sonrisa; aunque jamás reconocería que lo había sufrido, al fin y al cabo, nadie lo había notado. La Strauss, por su parte, no podía dejar de sonreír, ya que una amistad como esa que tendría con el rubio era algo que había necesitado desde hacia mucho tiempo. No ocultaba ese sonrojo que también surcaba sus mejillas de tanto mirar aquellos ojos verdosos.

Porque ambos eran nuevos en eso de hacer nuevos amigos que les obligaban a pensar de manera diferente. Que les hacía volverse personas dependientes; de su sonrisa, de su mirada verdosa. Cada uno necesitaba lo suyo, ¿no?

Sting abrió sus ojos maldiciendo en en todos los idiomas que conocía —véase, en inglés—, tocándose la cabeza. Se sorprendió al encontrarse en un sofá, aunque no le dio importancia y solo se sentó —aun con las piernas estiradas—. Sintió frío y se vio solo en ropa interior, cuestionándose por fin donde demonios estaba. Frunció el ceño, intentando recordar sin éxito.

La cabeza le martilleaba.

Observó como en la mesilla de su derecha se situaba unas pastillas junto a un vaso de agua. Se preguntó si tomándolas se le pasaría esa migraña —o lo que fuera que tuviera—. Cuando intentó alcanzarlas, algo cayó de su frente al suelo. Él observó el paño, extrañado, y sin recordar cuando se lo había puesto; razonando que aquello que sufría era posiblemente fiebre.

Solo le faltaba eso.

Alcanzó por fin las pastillas y se las tomó, tragándolas con ayuda del vaso de agua. Se levantó del sillón quitándosela manta; necesitaba ir al baño. Se revolvió el pelo mientras llegaba a la puerta de lo que suponía ser el baño del piso, pero antes de abrirla ésta se abrió por sí sola dando lugar a una mujer castaña vestida con solo una toalla. Y no era en absoluto fea; ¿qué ocurría allí? Cuando recibió un puñetazo que lo tiró al suelo, hiriéndole el labio inferior, maldijo a todo ser que le jodía la vida.

—¿¡Se puede saber que demonios te pasa!? ¿Estás loca o algo parecido?

—¿¡Ah!? ¿¡Te crees tan estúpido de tener el derecho de hacerme preguntas a mí!? Primero, estamos en mi piso, así que yo debo hacerte las preguntas después de que te salvara de morir congelado; ¡segundo! —casi exigió, observando como él iba a hablar—: cuando estás de invitado en una casa que no es la tuya, no puedes moverte sin avisar, ¡y menos enfermo!

—¿Enfermo? No estoy… ¡como sea! —Gruñó, exasperado, al sufrir un pequeño mareo al intentar ponerse de pie.

A Cana le dio un poco de pena aquella escena; parecía estar mejor que ayer, pero todavía no estaba plenamente recuperado. Si aquel fin de semana no le trataba correctamente podría empeorar y tendría que ingresar en el hospital; una fiebre había que tomársela en serio. Resopló, mirándolo tranquila.

—Me vestiré y te ayudaré, ¿bien? Necesitas que alguien te trate, rubito.

—¡No necesito tu estúpida ayuda, mujer histérica! —Sting no evitó pensar que lo subestimaba.

—¿¡Que dijiste!? —Preguntó mirándolo con el ceño fruncido.

Él tosió, provocando el suspiro de ella. Se relajó, sintiéndose un pelín alegre de su confirmada mejoría.

—Escucha —habló, tranquilizándose—, ve al baño mientras yo me cambio. No hagas movimientos bruscos y Dios, no quiero verte completamente desnudo; así que ve rápido, ¿entendido, rubito?

Antes de que pudiera contestarla ella se metió en su habitación y cerró la puerta. El chico maldijo por lo bajo, deseando acordarse de lo ocurrido en la noche. Mierda, la cabeza le dolía cada vez más. Le molestaba el comportamiento tan chulesco de ella, ¿rubito? Sería… Miró la puerta del dormitorio de ella segundos antes de ir al baño, apoyándose en la pared y repitiéndose mentalmente las palabras que le diría a aquella castaña cuando saliera de su habitación.

Mas quisiera verle completamente desnudo.

Al volver de la charla con Laxus, Erza se la llevó sin tan siquiera dejarla despedirse de su nuevo amigo; ¿qué demonios le había ocurrido a la Scarlet? Únicamente le dio tiempo a gritar a Elfman para que se adelantara a casa. La dos se fueron a un bar, posiblemente Erza quería emborracharse con ella; cosa que se preguntaba porque no la hacía con Minerva.

—¿Qué te pido, Mira?

—No quiero nada…

—Ponme dos JB con coca-cola; gracias.

El vestido de la pelirroja atraía miradas, aunque ese "look" sin tirantes le daba un toque elegante lo que más predominaba era el ser de tiro corto y de color granate, que la hacía marcar tendencia por donde iba. Su pelo suelto hacía que explicara el porqué de "Scarlet" como primer apellido.

Por otro lado, Mirajane portaba un vestido largo y azul oscuro con lentejuelas decorándolo, con tirantes y con un escote que sin duda la hacía destacar aun mas. Su pelo suelto —aun con el flequillo sujeto en una pequeña coleta— simplemente era fabuloso. Aunque fuera largo, el vestido no le impedía que se vieran sus zapatos de tacón plateados, también brillantes; al igual que toda ella.

La peliblanca resopló, sabiendo que de allí no iba a salir en absoluto pronto. Mañana Lisanna tendría que ir de compras con Wendy de nuevo. Se sentó en los asientos de una de las mesas vacías de cuatro personas —los cuales eran cómodos—, sintiendo que estaba sentada en el sofá de su casa; solo que un poco mas cutre. Observó a Erza llegar con las dos copas en vasos grandes, tomó la suya —sin mas remedio— y bebió un trago.

—¿Y bien? —Preguntó Erza; Mirajane no supo si desesperarse con su amiga o conseguirla un novio.

—¿"Y bien", qué? La bienvenida estuvo fantástica, y las tapas fueron bastante buenas.

—Mira… —la miró con una ceja levantada; no se escaparía— no me tengas por idiota.

—Te tengo por agresiva, no te confundas.

Erza bufó, bebiendo de su vaso. Pasó entonces a mirarla seria; odiaba que le dijera esas cosas con una sonrisa, ¡sentía que por dentro se descojonaba de ella! Y eso no lo permitiría, se lo pasaba porque… ¡necesitaba enterarse de lo ocurrido!

—Sabes muy bien lo que te estoy preguntando.

—Refréscame la memoria.

—Mira, a veces me enervas.

Ella se rió, decidida a hablar para no exasperar más a su amiga evitando la escena que en los siguientes segundos montaría si no se lo soltaba. Iba a ser raro para ella, pero no se lo contaba a cualquiera; se lo decía a su mejor amiga.

—Hablé con Laxus.

—Me lo suponía, le observé ir a buscarte un minuto después que te fueras. Aunque se excusó diciendo que iría a por agua, supe que iría a hablar contigo. ¿Qué pasó?

Ni la propia Mirajane sabía como tomarse esas palabras. Aunque era algo positivo, significaba que esa amistad que nació esa noche a él también le importaba. Sonrió por ello; ante la atenta y minuciosa mirada de la pelirroja.

—Solo nos hicimos amigos.

—¿Amigos? Permíteme que lo dude.

—Erza… no me subestimes.

—¡Mierda, Mira! Tanto tú como yo sabemos porque te fuiste de la sala de ensayos —la nombrada rodó los ojos, dando un trago a su bebida—. Moléstate todo lo que quieras, pero sabes que tengo razón; te fuiste porque viste que los rumores eran ciertos.

—¿Los rumores que decían que era mujeriego?

La Scarlet la miró levantando ambas cejas.

—Creía que lo supusiste cuando hablamos; ¿no sabías que me refería a esos rumores?

—Sé que te referías a esos rumores; lo sabía antes y lo sé ahora. Y bien, sí. Cuando le vi abrazar a Cana pensé en que esos rumores eran ciertos, y cuando me fue a ver a esa azotea pensé que tenía razón. Pero al hablar con él, supe que me había equivocado.

—¿Equivocarte? Já, lo dudo.

La cantante la lanzó una mirada severa, ¿por que era tan desconfiada con él?

—No lo conoces, Erza.

—¿Y tú si? —Mirajane se mordió el labio; Erza se llevó la bebida a los labios—. No jodas con eso. Quizás con Cana no haya tenido nada, pero…

—Es su hermana —la Scarlet abrió los ojos en demasía, casi tiró su bebida—; bueno, algo así. No son hermanos, pero para Laxus es como si ella lo fuera.

—Ya veo, supongo que no te dijo la razón —preguntó con una ceja levantada; al negar a su amiga suspiró—. Las estrellas no confían en nadie.

—También eres una estrella, Titania …—pronunció, mordaz.

La nombrada bufó, avergonzándose por ese mote. Jamás le volvería a contar a nadie de donde nació, y menos a otra Strauss; era molesto.

—Como sea; lo que te digo es que le vigilaré, Mira. Aunque hayáis decidido ser amigos, o algo parecido, siento que vas a sufrir; y eso no lo permitiré, no de nuevo.

—Sé protegerme, ¿sabías?

—Algo había oído, pero siempre necesitas a alguien que te ayude a hacerlo, demonio.

Mirajane sonrió, terminando entonces su copa un poco después que su amiga. Observó el bar, que aunque era cutre la música no era en absoluto mala; en los sitios donde ponían a Linkin Park era siempre agradable estar. El recordar de donde salió ese mote le hizo sonreír. Suspiró, segundos después, pensando en como ir al tema.

—Aun no entiendo tu inexistente confianza en él, quizás te equivoques; es más, que te equivocas.

—En dos semanas nos veremos de nuevo, y sé que decírtelo variara tu opinión sobre él.

—Erza, no será así; confío en él.

La pelirroja levantó una ceja, sorprendida por la seguridad de ella al decir sus palabras. Aunque no tardaría en hacerle cambiar de opinión. Se preparó en hablar para contarle cuando vio dos vasos pararse en la mesa: whisky del caro; solo podía ser…

—Erza, pensé que habías muerto; ¿te encontrabas machacando a algún idiota que había insultado tu forma de vestir? Suerte que tienes amigas con mejor gusto.

—¿Acaso te ves a ti misma? Hay clases, Minerva.

Mirajane sonrió, alegrándose de ver a la princesa y segunda cantante de la banda más famosa del mundo: Sabertooth. Minerva se sentó a su lado, no sin sonreírla. Con su vestido que destacaba por su escote en "v" tanto en espalda como de frente, y por aberturas en las piernas que daban mucho con que fantasear, sumado a ese color rojo que brillaba, estaba sin duda deslumbrante.

—Sí, por supuesto que hay clases; maldición, ¿también crees que salgo demasiado sexy en las revistas? Y sin photoshop… —pronunció colocándose el pelo negro, mirando orgullosa y descarada a Erza, regocijándose de su éxito y haciendo rabiar a la actriz; dirigió, pues, su mirada a la peliblanca—. Y bien, Mirajane, suéltalo; ¿por quien está envidiosa Erza y que, por consiguiente, tú te tiras?

Cuando vio fruncir el ceño a Erza, y casi ponerse roja de la furia, no pudo evitar reír; dejando así salir toda a tensión acumulada por el día. Tensión que por una parte creía que no existía, y que por otra agradecía tener, porque una parte de ella no podía evitar darle la razón a Erza. Ella ya había sufrido demasiado, y con la amistad con Laxus volvía a apostar más de lo que quería reconocer.

¿Volvería a sufrir?

Un bufido más se escuchó en aquel salón, y a Cana Alberoa le saltó una vena en la frente. Se juró —por quinta o sexta vez— que si escuchaba uno más le pegaría por mucho que estuviera enfermo. ¿Podía ser alguien más molesto? Llevaba unos diez minutos curando el par de heridas que tenía en la espalda —simplemente evitando que se infectaran— y el maldito idiota solo protestaba moviéndose e impidiéndola hacerlo adecuadamente.

—¿Podrías estarte quieto por solo un minuto, idiota?

—Si estoy incomodo me moveré, amargad… ¡Maldición, eso dolió! —Exclamó quejándose y dándose la vuelta sobre el sofá.

Ella suspiró, poniéndose de pie. No se arrepentía, el muy maldito tenía mas paja que cerebro; cada minuto estaba mas segura. Tomó una camiseta que había traído y se lanzó. La cual era de hombre, pero no sabía a quien le pertenecía. El rubio la miró extrañado.

—Póntela, ¿quieres? Por lo menos es de manga larga, te cubrirá para impedir que enfermes aun mas. Buscaré unos pantalones mas tarde. Ahora…

—¿Y de quien es? No entiendo a quien le gusta escuchar a los anticuados de Blue Pegassus estando Sabertooth.

—Eh, con respeto. Blue Pegasus tiene un buen estil… —La Alberoa abrió en demasía los ojos, observando su cara molesta—. Espera un momento…

—¿Buen estilo? Están anticuados, en Sabert…

—Eres Sting, ¡el cantante y líder de Sabertooth, ¿cierto?!

Él levantó una ceja, sin esconder la media sonrisa que surcaba sus labios.

—Por supuesto, pero creía que me habías reconocido; por eso me habías salvado. Pero me alegro que no seas una fan loca. El que me ayudaras creía que era por reconocerme, pero en fin; te lo agradezco. Ahora que lo haces, deberías comprarme otra camiseta y unos pantalones que no sean de mujer. Aunque no sé de quien es esta camiseta, pero me es indiferente porque no me la pondré.

—Oh, claro que te la pondrás. Y deja de decir idioteces, no comprare nada para que estés mas cómodo; imbécil materialista.

—No me la pondré. ¡Y claro que lo compraras! ¿Quieres una foto por ello?

—¿Qué estás…?

—Sí, una foto; o un autógrafo. Aunque mucha gente desearía estar en tu lugar te daré a ti… ¿¡qué mierda estás pensando!? —Gritó, levantándose para esquivar un vaso que le había lanzado, el cual cayó al sofá sin romperse—. ¿¡Estás mal de la cabeza!?

—¿¡Crees que soy tu sirvienta, idiota!? ¡Sigue soñando, estúpido! Esta es mi maldita casa, y aquí se hace lo que yo digo. Si no te quieres poner esa estúpida camiseta, ¡no te la pongas, ponte peor; me da igual! Pero jamás —habló firme, acercándose a él y dándole con un dedo en el pecho— me trates como tu sirvienta, porque…

—¡No quise decir eso, lo sacas de contexto! ¿¡No tengo fiebre, maldición!? Y además, si saliera tu casa no estaría tranquila hasta que me fuera. ¡Aunque me extrañaría que después lo estuviera! Joder, solo hablaba con lógica, mujer histérica —expresó, poniéndose una mano en la cabeza.

La castaña, aunque aun mantenía el ceño fruncido, se sintió culpable por haber pensado mal de él. No parecía un mal tipo, solo tenía el ego un poco subido; nada fuera de lo normal en ese tipo de gente. Reconocía que hasta Laxus tenía demasiado ego —aunque quizás con él eso viniera de siempre—. Relajó su expresión y apartó su brazo, posando una mano en la frente de él; comparándola a su vez con una mano en su propia frente.

—¿Qué…?

Sting no pudo evitar observar la escena extrañado, aquello no solo de por sí era extraño sino que sentía raro que alguien se preocupase por él. Jamás nadie había hecho eso que se encontraba haciendo esa mujer por él. Supuso que le medía la temperatura, pero lo sintió como un acto demasiado cariñoso. Por unos momentos con solo cerrar los ojos, se vio en su vieja casa, con nadie mas que Rogue y…

—¡Eh, te estoy hablando! ¿Te encuentras bien? —El rubio abrió los ojos, tosiendo a los segundos después pero tapándose la boca con el brazo. Ella frunció el ceño, si tanto insistía…—. Solo te ha crecido un poco la fiebre, iré a comprarte algo a la farmacia. Pero antes… —se apartó de él lo necesario como para poder sacarse jersey morado de cuello largo que llevaba, quedándose en un sujetador morado con un estilo clásico.

—¿Qué estás…? —No pudo evitar sonrojarse, aunque por la fiebre ella no lo notó.

—Toma, por lo menos no te enfriaras. No creo que te quedé mal, se estira al fin y al cabo —él abrió la boca, sorprendido, mientras recibía en sus manos la prenda—. ¿Qué es lo que te pasa? Como si nunca hubieras visto a una mujer en sujetador, hombre. Iré a ponerme algo y saldré a la farmacia; tú —pronunció dándole una palmada en la mejilla—, ponte el jersey, así nos evitamos que te pongas peor, rubito.

Cuando aquella mujer se dio la vuelta no pudo evitar fijarse en la bonita curva que hacía su espalda, y en lo hermoso que hacía aquel sujetador al adornar su cuerpo. Aunque estaba que seguro que sin él estaría mejor. Agitó la cabeza ante su pensamiento y se puso el jersey, viendo que aquella mujer tenía razón; se estiraba. Dándose cuenta que ahora quizás era él quien la quería ver desnuda.

Maldijo por lo bajo, retirando de su cabeza esos pensamientos.

Deseó por unos momentos hacer algo y, asegurándose de que ella aun estaba en su habitación —y mirando al resto del salón para asegurarse de que nadie lo viera—, agarró el cuello del jersey con una mano y lo llevó a su nariz, afirmándose en que le gustaba demasiado el olor de esa mujer. Lo había sentido al quitarse ella la prenda, el olor le había llegado y casi lo había hecho perderse. Se tumbó en el sofá y se cubrió con la manta, cerrando los ojos al notar como ella abría la puerta de su habitación y llegaba hasta la del piso, parándose a observarlo.

—No me has dicho tu nombre.

La castaña sonrió al oírlo, tras abrir la puerta. Parecía que durante esos días en os que él estuviera ahí no todo serían peleas. Llevaba un jersey diferente; se abrochó la gabardina y habló, dispuesta a poner un poco de paz también.

—Me llamo Cana Alberoa… y también soy un tigre.

Sting sonrió, orgulloso de oír eso, porque era el líder de los tigres; aunque no dudaba que ella sabía rugir. La escuchó cerrar la puerta al salir del piso. Al parecer vivía con una fan de su grupo, pero por ahora ella era su fan favorita.

—¡Maldito seas, Laxus!

Se quejó Evergreen, haciendo rodar los ojos al nombrado mientras andaban por las calles desiertas de Hollywood; al fin y al cabo era la madrugada del sábado. No había gente por la calle, y Laxus y sus amigos lo agradecían. Por fin habían conseguido reunirse los cuatro viejos amigos sin la necesidad de resguardarse en un lugar.

—Gafotas, déjalo; no sabes a lo que está sometido el gran Laxus.

—¿¡Ah!? ¡Maldita sea Freed, me empujó contra un muro!

—Por lo que oí… estuviste encantada de chocarte contra él…

—¡Deja de inventar, estufa de pelo verde!

Gritó la mujer de vestido verde, tomando de la americana al guardaespaldas de Laxus. El rubio solo suspiraba, cansado de cada estúpida discusión e ignorando a su representante. Sintió a Bickslow andando a su lado mientras detrás suyo sus otros dos amigos no dejaban de discutir. Tampoco pudo evitar pensar en lo ocurrido aquella noche. Parecía que aquella noche estaba más feliz de lo normal, no podía negarlo; aunque tampoco quería hacerlo. ¿Acaso debería sentirse raro por eso?

—Hermano, creo que necesitas una copa, ¡oh sí! Es más, nos haremos una foto de grupo, ¡yeah! Vayamos a un bar de un amigo mío, te gustara.

El actor no hizo más que suspirar, agradeciéndole con un asentimiento de cabeza a Bickslow por el apoyo. Por suerte no estaba rodeado de idiotas. No tardaron en llegar al bar del amigo de Bickslow y no dudaron en entrar, quedándose en la barra y pidiendo para empezar un chupito de tequila para los cuatro. Brindaron entre risas, excepto Laxus que solo sonreía ligeramente.

—Oh, ¿ese no es tu amigo, Bicks? —Cuestionó Evergreen, tomando las copas que habían pedido para cada uno.

El peliazul asintió, e inmediatamente rió.

—Empieza el espectáculo, ¡oh, sí!

Sus amigos los miraron raros hasta que vieron al propietario del bar subirse a la tarima del lugar y tomar un micrófono.

—Os agradezco a todos el haber venido. Para agradecéroslo, me enorgullezco de presentaros a una amiga mía y cantante fabulosa… ¡Dale un gran espectáculo, demonio!

Los clientes del bar, el cual estaba casi lleno, gritaron entusiasmados. Ninguno de los cuatro amigos sabían quien era esa tal demonio. Laxus ni siquiera se molestó en mirar a la tarima, solo sería una cantante que iría vestida como una fulana para que le dieran mas dinero del que tenía acordado por la actuación.

Pero cuando escuchó aquella voz, se dio cuenta de que nada era a veces como pensabas.

—Es un gusto cantar para mí hoy para vosotros. Mi nombre es Mirajane, y esto es Gasoline…

Are you insane like me? Been in pain like me?

(¿Estas loca como yo? ¿Estuviste triste como yo?)

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L&M


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ijfjwiijdi0wqokwido, reconozco que no pude evitar poner a Erza. Y sí, se lía. Voy dejando muestras de algunas cosas, de pistas en cada capítulo de lo que aparecerá. Porque yo en lo que escribo jamás hago relleno; ya que todo es vital, cada pequeña cosa lo es.

Amé la aparición de Minerva. Yo la veo una tipa orgullosa, descarada, sin pelos en la lengua y que hace rabiar a Erza aun mas que Mirajane. Ijfdejijnfjieejd, la veo rebelde, tío, y me encanta:3 Espero que os guste tanto como a mí. Va a dar momentazos, I promise you. ¿Y el StingxCana? Id diciéndome icb2idjfhdeiw3ejd. No sé tío, lo amo muchísimo. Y sé que es crack pero cijdnwjidcjdeiw:3

A Sting le veo un tipo mas relajado que Natsu, aunque igual de gritón que él, pero mas tranquilo. Por ejemplo, Natsu hubiera entrado a la habitación de la chica, sin molestarse que estuviera en toalla, al no dejarlo quejarse. El rubio no creo que lo hiciera, le veo mas educado en ese sentido. No sé, le veo menos "tonto" que Natsu.

Reviews:

Lady-werempire: jdeiwhfie, me alegro que te haya gustado y tranquila no estoy molesta ni nada parecido. A veces sueno más brusca de lo que pretendo. Un besazo y te agradezco el review. ¡Que estés genial!:3

Sonye-san: me alegro mucho de que te hayas puesto al día. Sí, la historia permanecerá Miraxus. Un besazo y que estés genial; te agradezco el review:3

Espero que os haya gustado y ya sabéis, dejadme vuestro review. No como a nadie (?) ufehwidjeiwed.

Se despide TemariAckerman06.