La ceremonia había sido privada, los mismos que habían ocupado el despecho aquel primer día fueron testigos de la unión de los dos jóvenes magos, esta fue oficiada por el director.
Draco sabía que lo mejor era que nadie fuera de ese círculo supiera qué estaba ocurriendo, cualquier funcionario del Ministerio era fácil de sobornar. Había visto cómo su padre lo había hecho toda la vida.
Los papeles del enlace quedarían registrados, eso no podían ocultarlo, pero no dejaría de ser un pergamino entre miles.
Una ojeada al que era su marido le hizo tragar duro, Harry lucía del todo superado, no era para menos. Él había tenido el tiempo para prepararse para ello. Ser padre con 16 años no iba a ser algo fácil, se llevó una mano a su vientre aún liso.
Draco no era un iluso, le había hecho una encerrona a su compañero, pero realmente estaba desesperado y por más que quisiera tampoco era capaz de olvidar la noche que pasaron juntos.
A Draco Harry nunca le había resultado indiferente, desde antes de conocerlo ya estaba obsesionado con El-niño-que-vivió. Sabía que tenía su edad y que serían compañeros en Hogwarts, su padre había insistido que en cuanto le viera tratara de hacerse amigo suyo. Y así había sido, hizo todo lo posible para que Harry se fijara en él. Pero sintió el fuerte rechazo que provocaba en el moreno.
Nunca le habían rechazado, sino era por él lo era por su familia, todos querían ser amigos de los Malfoy.
Año tras año la necesidad de su atención no disminuyó, tan solo aumentó hasta límites insospechados. La enemistad que gestaron, no era estúpido, sabía que había sido mucho debido a su necesidad de ser notado por él.
Lo que el moreno no parecía comprender es que él no era el único al que habían marcado el camino que recorrer. Su padre tenía un plan claro para él, y aunque Draco nunca se había opuesto a nada que este le había ordenado, la noche en la que visitó su habitación en Malfoy Manor y le dijo que tendría el gran honor de ser la pareja del Lord Tenebroso, Draco pensó que todo era una cruel broma.
Pero no había nada de broma en ello, ni esa noche, ni todas las que le siguieron.
Draco era llevado a los aposentos del señor de todos, del ser sin rostro humano, y comprobó de primera mano lo que era tener sus atenciones.
Sabía que más tarde o temprano sus padres concertarían un matrimonio como había sido el de ellos, y el de sus abuelos y así hasta que perdían la memoria. El amor era algo que con suerte conseguiría después. Era consciente, pero a pesar del honor que pensaba estaban recibiendo con esto su padre, para Draco era una auténtica pesadilla.
No había agua y jabón que se llevaran los restos de las insanas caricias con las que regaba su cuerpo, Draco lloraba en la intimidad de su habitación sintiendo la desdicha de no saber cómo cumplir con su deber. Ver a su padre cada día más pagado de la cercanía de su familia con el Lord Oscuro le dejaba claro que no tenía escapatoria y menos cuando se enteró de que este quería embarazarlo a cualquier coste.
En ese momento Draco supo a ciencia cierta que moriría a manos de ese ser en el que había visto no había más que maldad. Severus le suministraba una poción para ello, pero nunca surtió efecto.
Aquello no hizo que su padre tomara ninguna importancia y supo que el fruto de su vientre era lo único que le importaba a él, Draco era prescindible llegados el momento.
Intentaba mantenerse fuerte, cuando su madre o Severus le abrazaban, intentaba no romperse, pero cada vez notaba como la desesperanza era más grande dentro de él.
Por un momento pensó que no le dejaría volver a Hogwarts, pero de algún modo se vio subiendo al expreso de Hogwarts el 1 de septiembre. En ese anden estaba Harry, Draco no pudo más que contemplarlo con nuevos ojos, siempre del lado que le había marcado su padre no se cuestionó que aquel chico del que siempre había necesitado atención fuera quien derrotara a su Señor, pero ahora necesitaba que lo hiciera, ahora sabía la verdad sobre lo que era y deseó con toda su alma que abandonara este mundo de una vez.
Cuando un par de semanas después su padrino le hizo ir a su despacho y en él estaba su madre también sabía que ambos habían planeado algo.
—No vas a volver a Malfoy Manor, Draco—dijo su madre, esas palabras le llenaban de emoción pero también de sospecha.
—¿A dónde iré?—preguntó esperanzado, debería abandonar Inglaterra, probablemente Europa no fuera seguro para él.
—No a dónde, sino con quién—intervino Severus.
—¿Con quién?—Se sorprendió Draco.
—Con Potter—dijo como si fuera obvio.
Draco sabía que la enemistad que ambos tenían imposibilitaría cualquier ayuda por parte de Potter, había sido su grano en el culo por demasiados años para que le tendiera su mano ahora.
—No sé si sois conscientes de que hemos llegado al estatus de "enemigos"—dijo molesto Draco, ¿ese era el plan de ambos?
—¿Te has fijado cómo te mira Potter?—le preguntó Severus y Draco no supo a qué se refería.
—Pues no, ¿cómo me mira?—Ambos adultos se miraron, y aquello no le gustó, ¿cómo le miraba Potter? Draco había estado completamente absorto en sus pensamientos esas semanas, solo de pensar cual era su destino le había quitado las ganas de todo. Y por esas semanas ni siquiera había disfrutado de aquella infantil disputa que mantenía con él.
—Deseo—dijo su padrino.
—Creo que no has visto bien, pues la última vez que me fije en sus ojos no había más que desprecio—dijo comenzando a estar realmente molesto.
—Sedúcelo y tendrás su protección, los Gryffindor son así, hijo—le dijo su madre.
—¿Habéis perdido la cabeza?—les cuestionó Draco.
—Ojalá, Draco, pero nos quedamos sin opciones.
—Me iré de Inglaterra, no sé, quizás pueda ir a Egipto, ¿no tenemos allí unos primos?—preguntó Draco.
—Draco, te buscará—le dijo su madre llena de pesar.
—Se buscará a otro, él lo que quiere es un hijo—dijo este desesperado—. No tengo porque ser yo si me oculto el tiempo suficiente.
—Quizás eso llegue a pasar, pero tu padre no dejará de buscarte pues él es el primer interesado—dijo Severus, Draco lo sabía, su padre no le dejaría desaparecer, tenía medios y contactos por todo el mundo, por eso eran una de las familias más respetadas y temidas.
—Que me acueste con Potter no hará que deje de ser un objetivo para ninguno de los dos—dijo Draco.
—No, por eso le darás un hijo—dijo su madre.
Draco no supo qué contestar, definitivamente las dos únicas personas que creía le querían y apoyaban habían perdido la cabeza.
—Os habéis vuelto locos—dijo meneando su cabeza, quería salir de la situación en la que estaba, pero de un modo realista no meterse en otro.
—Los Gryffindor son extremadamente predecibles, si quedas embarazado él se hará responsable y además se casará contigo—dijo su padrino. Las tripas de Draco se revolvieron, ¿casado con Potter? No habían ni siquiera tenido una conversación civilizada en los seis años que se conocían, ¿cómo iba eso a funcionar?
—Draco, es una opción, y me gustaría decirte que no es la única, pero nos quedamos sin tiempo y sin opciones—dijo su madre realmente abatida—. Jamás fue esto lo que quise para ti, perdóname.
—Madre, tú no tienes la culpa—dijo Draco rápidamente.
—No lo creo, soy tu madre y siempre debiste ser mi prioridad—le dijo ella acariciando sus mejillas tan pálidas.
—Obsérvalo, Draco, solo obsérvalo—le pidió en un tono que su padrino nunca había usado, Severus Snape no era alguien que suplicara.
Y eso fue lo que hizo, observó a Potter, rara vez su padrino se equivocaba en algo. En los ojos de Potter había deseo, y podría decir que era un fuerte deseo por su persona ¿cuándo había pasado eso?
Pero si Draco se había acostumbrado a ese tipo de mirada en el último verano, la de Potter era limpia, su deseo no era ese enfermizo que veía en los horribles ojos del Señor Oscuro.
Los notaba por todo su cuerpo, como una caricia, una caricia amable pero ardiente, tan diferente que le daban ganas de llorar.
Eso no había evitado que se hubieran peleado, ellos no sabían relacionarse de otro modo, no en ese punto. ¿Cómo iba a conseguirlo?
Cada vez que lo tenía tan cerca, veía como sus ojos iban directos a sus labios. Draco no tenía la más mínima idea de cómo seducir a alguien conscientemente. Pero la lengua que pasó por sus labios le dio una clara idea, el aliento contenido de Potter mirándoselos fijamente le hizo pensar que quizás no fuera tan difícil, quizás solo fuera cuestión de estar a solas.
Con pequeños gestos fue tejiendo su red, y a pesar de todo no se sentía mal, estaba desesperado. Pero lo que no esperaba fue sentir lo que sintió cuando finalmente ocurrió, sus manos le acariciaban provocándole sensaciones que no había experimentado nunca.
Era cierto que su única experiencia sexual había sido con Voldemort y esta distaba con creces de ser agradable, seguramente hubiera encontrado mil veces mejor a cualquiera, eso intentaba decirse tras abandonarlo en aquel aula desierta.
No pudo borrar de su mente y de su piel sus besos, no podía dejar de ver sus ojos verdes siguiéndolo a todos lados, esperándolo para hablar con él. Y se arrepintió, un poco, de la trampa en la que le había metiendo.
Los sentimientos de Potter le habían rozado demasiado cerca del corazón, eso no estaba en su plan inicial.
Tampoco lo estaban que sintiera una ira indescriptible cuando lo veía con la pequeña de los Weasley. Cuando ella lo tocaba Draco apretaba sus puños y trataba de no mirarlos.
Cuando su embarazo se confirmó y se estabilizó, Severus, su madre y él decidieron que era el momento.
La cara de estupefacción de Potter le hizo sentir de nuevo culpable, un poco, pero no lo suficiente para olvidar su plan.
Y allí estaba, casado con alguien que aunque conociera de hacía tiempo en realidad era un completo desconocido para él.
Potter casi no lo había mirado en toda la celebración, Dumbledore había arreglado una habitación que ambos compartirían a partir de ese momento. En realidad él no había pensado que ese cambio debía de darse, pensaba seguir en su dormitorio de Slytherin, pero al parecer a todos les parecía mejor idea que a medida que el vientre de Draco aumentara tuviera intimidad suficiente para mantener el secreto.
No hubo fiesta, no hubo felicitaciones, no fue una boda como la que alguna vez había imaginado. Aquello era un simple trámite, lo sabía.
Algo que le había sorprendido era que Potter en esos días tras la noticia no le buscara para reclamarle, pero sabía que más tarde o temprano lo haría, ¿cómo no reclamar cuando te han engañado?
Pero el chico no le había hablado en ningún momento, sus votos escuetos y básicos eran todo lo que le había oído hablar desde que dijo que se casaría con él.
Dumbledore los acompañó a lo que serían sus nuevos aposentos, estos comunicaban con sus respectivas salas comunes para mantener las apariencias de que ellos seguían allí, pero la realidad es que tendrían que compartir ese lugar.
—Te quiero, hijo.—Le besó su madre, ella le había apoyado desde el primer momento en el que pronunció el nombre de Potter, quizás ella más que nadie sabía hasta dónde podía llegar su padre por el poder.
—Y yo a ti, madre.—La abrazó de vuelta, cuando se separó de ella vio como los miraba Potter. Draco no era una persona que mostrara sus verdaderos sentimientos por nadie, aprendió a fuego que mostrarlos solo señalaba a los demás dónde atacarle.
Cuando ambos se quedaron a solas en su habitación el silencio se volvió tremendamente incómodo.
Sin duda Draco no había esperado tener que compartir habitación con él y tanteó la situación. Al fin y al cabo aquello era su noche de bodas. Había comprobado como Harry no había sido inmune a él, quizás...
Draco se desprendió de su túnica de gala, bajo ella solo en ropa interior no le fue difícil quitársela. Potter le miraba sorprendido, pero cuando finalmente quedó completamente desnudo y se dirigió hacia la cama, este le siguió. Una sonrisa que el moreno no vio desapareció cuando lo sintió pegado a su espalda.
Los Gryffindor ciertamente eran muy predecibles.
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Casados y compartiendo habitación...
Ya sabemos un poquito más de lo que piensa Draco, me parece como si llevara 15 capítulos de esta historia y solo es el 4º, wow.
Si habéis leído alguna historia mía antes, ¿os habéis dado cuenta de cuánto me gusta Narcisa Malfoy?
Tengo algo para ella, lo que no sé es si lo incluiré en esta historia o será un One-shot, ya os digo que será un pareja rara, rara, al menos yo nunca la leí. Pero bueno, estoy adelantando acontecimientos.
Hasta la semana que viene.
Besos, Shimi.
