Título: ANIMA.
Autora: Clumsykitty
Género: AU (Universo Alterno), Sobrenatural, Angst, Yaoi como siempre.
Parejas: ¡Qué casualidad! OC/S, J/S
Disclaimers: oh, mundo cruel, Yu Gi Oh no me pertenece ni nada parecido.
Feedback: reviewerénme…
Beta Reader: Sahel, quien se irá al cielo con todo y zapatos por ser tan buena conmigo… TT
Summary: Los verdaderos cambios vienen del alma, dicen los sabios. Es ahí donde todo es posible, incluso el amor.
-/ … / diálogo mudo
" … " tiempo pasado
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
A todos mis reviews: gueno, pues no es lo que parece ni mucho menos, como diría en un programa de televisión, ¿así lo creen? ¡Pues no es cierto! je je je…
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
ANIMA
You
won't cry for my absence, I know Even though I'd be
sacrificed,
You forgot me long ago.
Am I
that unimportant...?
Am I so insignificant...?
Isn't something
missing?
Isn't someone missing me?
You won't try for me, not now.
Though I'd die to
know you love me,
I'm all alone.
Isn't someone missing
me?
... Missing, Evanescence.
Como el
álamo al camino Y qué
pasó de aquel amor
La estrella al anochecer
Como el sauce
lo es al río
Mi amor a tu amor fue fiel.
Y qué pasó de nuestro
ayer
Que ya no puedo estar sin ti
Que ya no puedo más
vivir
Ni se quien soy ni que seré
Ni adonde voy ni
adonde iré.
... Como el álamo al camino, Julio Iglesias.
CAPÍTULO III. Aullidos en una noche de tormenta.
El vagón por el que viajamos esta vez es una especie de corralón. La puerta se compone de gruesos tablones horizontales, el resto de las paredes es de metal. El frío pasa por entre los espacios de las maderas que vibran por el movimiento del tren corriendo en la noche nevada. De suerte estamos aquí, hay una tormenta salvaje afuera. Se escucha el silbido del viento invernal. Estamos atravesando un bosque, el inconfundible olor de los pinos se percibe fuertemente.
Una vez más no puedo dormir, Ravel yace en un rincón, agotado. Estos días hemos estado viajando casi el día completo, haciendo breves paradas. Mis pies están adoloridos al igual que mis manos. Yo no sé por qué tanta prisa en llegar. Nueva Jersey no se irá. Acerco mi rostro a la puerta, el viento echa hacia atrás mis cabellos, enfriando mi nariz y mejillas. El aroma de este bosque es muy parecido a…
No, no, no, no, no.
Un largo aullido ondea al viento. Un lobo de las montañas. Otro más le responde a lo lejos. La tormenta hace que suenen mucho más largos en su eco. Algunos copos de nieve golpean mis mejillas.
¿Por qué te niegas a recordar, Seto Kaiba? ¿A qué le temes?
Conocí a Joey Wheeler en el primer año de preparatoria. Fue lo que se llama amor a primera vista, aunque nuestro primer encuentro fue un poco catastrófico. De solo saludarnos terminamos peleándonos hasta que el mismo Director nos llevó a Detención. Ahí calmamos nuestra furia y comenzamos a conocernos. Días después éramos grandes amigos. El vivía con su padre, un alcohólico que le golpeaba por cualquier motivo y le robaba el dinero que ganaba de vender periódicos; eso lo hacía para comer y estudiar. Su madre le había abandonado, llevándose a su pequeña hermana a América. Peleaba constantemente en las calles con las bandas y no era el mejor alumno de la clase. Por su trabajo siempre llegaba tarde a la escuela y se quedaba dormido a media clase
Yo, en cambio, tenía por hogar una lujosa mansión heredada por nuestro padrastro, Gozaburo Kaiba. Él nos había adoptado, a mi hermano menor, Mokuba y a mí, con el fin llenar el vacío de un primogénito muerto. Gozaburo era un desalmado pero ingenioso comerciante. Finalmente falleció y me quedé a cargo de todo, convirtiéndome en un muy joven CEO de Kaiba Corp., aunque era un genio para los negocios, necesitaba de los estudios oficiales y por ello me encontraba en la preparatoria. Me sentía superior a todos y a todo. Nada me era imposible.
Estos dos mundos opuestos se conocieron y se enamoraron.
Joey tenía a sus fieles amigos, Yugi, Atemu, Tea, Tristán, Marik, Ishizu y Ryou que le cuidaban de mí y de lo que pudiera ocasionarle; desconocían que en cuestión de días ya éramos amantes. Una tarde después de terminar un proyecto escolar, le abracé y le besé con la misma seguridad que siempre me caracterizaba. Ese día fue mío por primera vez.
Mi cachorro.
Un nuevo aullido resuena entre los silbidos salvajes de la tormenta.
Con la ayuda de mi albacea conseguí apartar a Joey de la cruel vida que llevaba e incluso le propuse matrimonio, sorprendiendo a propios y extraños. Me sentía feliz y dichoso como un rey cuando aceptó. Nos casamos muy jóvenes, a decir verdad, apenas estábamos cumpliendo 16 años. Pero todo marchó muy bien, e incluso sus amigos, que primero nos celaron por miedo a que yo me burlara de él; ahora eran parte de mi pequeña "familia": mi esposo, mi hermanito y yo.
Todo parecía un cuento de hadas, pero poco a poco me fui convirtiendo en un hombre insensible, ambicioso y egoísta que sólo se interesaba en conseguir más dinero, fama y pisotear a los demás para alimentar mi soberbia. Aquella flama romántica entre Joey y yo se apagó. El tomó el papel de madre y padre con Mokuba, mientras yo viajaba constantemente.
Así pasaron varios años. Joey terminó sus estudios junto conmigo pero no le permití ejercer su profesión. Ya en ese entonces comencé a tratarlo como si fuera uno más de mis empleados. Reprimía sus cualidades y dotes con el fin de tenerlo en la mansión todo el tiempo posible. Más tarde, mis tratos hacia él no fueron menos que aquellos para una prostituta barata. Mis ausencias se hicieron más prolongadas, dejando solos a mi esposo y a mi hermano, los cuales tuvieron que compartir momentos importantes sin mí.
Fue ahí donde mi ruina comenzó, no me percaté sino hasta que ya era demasiado tarde.
Joey comenzó a tener "salidas" extrañas y llamadas telefónicas misteriosas, de las que no me daba explicación. Aunque no tenía el tiempo para escucharle, sólo llegaba a la mansión para abusar de él, gritarle, humillarlo y pelear con mi hermanito, quien me reclamaba mi falta de atención.
Dos aullidos atraviesan la tormenta y llegan hasta mis oídos.
Mi hogar se desmoronaba pero yo seguía con mi actitud. Así era Seto Kaiba. Jamás retrocedía. Viajamos a Washington para cerrar un trato con algunos clientes importantes. La junta tardó menos de lo que creí y regresé al hotel para encontrarme con que Joey no estaba. Furioso, hice que averiguaran a dónde se había marchado. El servicio de taxis me informó que lo habían llevado a otro hotel, del otro lado de la ciudad. Extrañado, tomé mi auto y lo seguí. Al llegar al sitio, di las llaves al valet y pregunté en la recepción por él. No estaba registrado. La ira me consumía. Entonces, mis ojos contemplaron lo que sería el parteaguas en mi vida.
En el lobby, Joey salía de un grupo de personas para abrazar a un muy enamorado Maximillian Pegasus, mi rival en negocios. O eso pensaba. Se besaron. Mis puños se cerraron con tal fuerza que oí un crujido de huesos. Estaba por dar un paso hacia ellos cuando noté la expresión de Joey.
Era feliz.
Sus ojos brillaban tan hermosos al mirar a Pegasus. Como solían hacerlo cuando nos enamoramos. Pero ya no era a mí a quien le dedicaba su dulce sonrisa, no era yo quien le hacía brotar ese rubor de inocencia que nunca perdió. No era yo. Todo tuvo sentido entonces.
Como un ebrio salí tambaleante mientras ellos tomaban el ascensor hacia las habitaciones superiores. Pedí a gritos mi auto y conduje hasta el primer bar que vi en el camino. Tomé cual desesperado varios tragos antes de marcharme. Subí al auto y conduje sin percatarme a dónde iba. Salía de Washington cuando comenzó a llover. Una extraña y súbita lluvia densa de un día muriéndose como mi ser. Aumenté la velocidad, herido, traicionado y muchas cosas más. Joey ya no me amaba, y era mi culpa.
Todo era mi culpa.
Un coro de aullidos rompe con el zumbido de la nieve.
Ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que le había dicho a mi cachorro que lo amaba, que le extrañaba, que le necesitaba. Olvidé alimentar nuestro cariño con aquellas insignificancias tan vitales, como preguntarle como sentía, que le ocurría o cuales eran sus sueños. Le hice sentir como un instrumento más de mi egoísmo y mi ansia de gloria. El amor que me había entregado lo destrocé entre mis dedos como una hoja marchita.
Olvidé que lo amaba tanto.
Lloré amargamente recordando eso. Lloré recordando a mi pobre hermanito, el cual ya me odiaba e incluso me retaba. Tenía razón. Mokuba había perdido a su hermano mayor tiempo atrás y sólo existía una monstruosa parodia que no poseía sentimientos. Uno que ansiaba sentirse superior al mundo a costa de su propia familia, que era la única que le apoyaba en ese momento. Mi hermano se había quedado huérfano y no deseaba tener una réplica de Gozaburo como pariente.
Así era Seto Kaiba. Peor que un Atila, destruía todo a su paso.
La autopista subió por una montaña boscosa. En una pendiente, perdí el control del volante en una empinada curva. El auto derrapó y fue a estrellarse contra la débil valla de contención que no resistió el golpe. Caí a velocidad vertiginosa a un barranco. Sólo me cubrí con los brazos el ver aproximarse los amenazantes picos de los árboles. Creí que moriría.
Tal vez así fue.
Todo fue entonces como un sueño confuso: el dolor, la caída, mi cuerpo atacado por trozos de vidrio y ramas. Al no traer puesto el cinturón de seguridad, salí despedido del auto antes de que chocara violentamente contra un tronco grueso. Mi vista comenzó a hacerse borrosa. La lluvia caía sin cesar, fría y violenta, mezclándose con mis lágrimas. El carro se incendió. Entonces escuché por primera vez a Ravel.
"-Shh, ya, ya pasó."
Me levantó en brazos. Yo ya no podía verle y estaba perdiendo el sentido. El me cargaba gentilmente, tratando de no lastimarme más, alejándome del auto justo antes de que explotara. Caí inconsciente. Cuando volví en sí estaba en una cama dura. Una voz femenina hacía un intento de calmarme. Volví a desmayarme. Tardé días en despertar, y cuando lo hice; una cruel realidad me esperaba.
Mi vista y mi habla estaban seriamente dañadas, dejándome ciego y mudo.
El dolor de mi cuerpo fracturado y herido no era mayor al que sentía mi corazón. Nada superaba la pérdida de Joey. Yo aún le amaba y le había perdido. Desde ese momento, como hasta ahora, Ravel estaba junto a mi cama para abrazarme mientras lloraba en silencio; murmurándome la frase que me ha acompañado siempre.
"-Shhh, ya, ya pasó."
Había sido rescatado en una Misión, donde las monjas me informaron que había sido un milagro que sobreviviera; pero no podían ayudarme mucho pues sólo eran misioneras y el lugar estaba dedicado a estancias temporales de enfermos mentales y adictos, y no contaban con el equipo médico necesario para una revisión completa de mi estado de salud y recuperación.
Por la tormenta, el camino era inseguro, y era su única vía de comunicación con el exterior, pues incluso la línea telefónica estaba descompuesta por la lluvia. Pasarían días antes de que su camioneta pudiera salir a la autopista rural. Desconocían mis datos, pues en mi desesperación, me había despojado de mi anillo de bodas, mi abrigo y saco con todas mis identificaciones. Todo eso había sido consumido en la explosión. Era nadie con nada ni nadie que le auxiliara. No hice esfuerzo alguno por decir mi nombre. Me avergonzaba de él.
Un coro de aullidos reinó por un breve momento antes de que el viento silbara furioso. Mi rostro está lleno de nieve que congela mis abundantes lágrimas.
Solo.
Estaba solo. La única alma que me cuidaba era Ravel. Yo deseaba morir. Mi vida había perdido sentido, desde hace mucho tiempo de hecho. Ni Mokuba ni Joey podían sentir nada por mí excepto rencor. Una noche me levanté y salí de la Misión para huir y terminar muerto en el estado en que me encontraba, pero Ravel me siguió. Con su ternura imperturbable me levantó en brazos y así me llevó hasta salir del bosque y llegar a nuestro primer hogar. Una cabaña abandonada, de donde obtuve mis ropas. A partir de ahí, él me guió por todo el país; enseñándome con paciencia el lenguaje de señas, cuidándome de ladrones y asesinos; construyendo una nueva vida con los trozos que quedaban de mí. Era la clase de amor que las monjas de la Misión le habían enseñado.
Ravel me resucitó.
Y cuando el dolor de mi corazón es tan grande como ahora, me abraza con sus cálidos brazos para murmurarme aquel conjuro que intenta borrar mis heridas pasadas.
-Shh, ya, ya pasó. Ven aquí, Ojiazul.
Ravel zafa mis temblorosas manos de los tablones para girarme y abrazarme contra su pecho. Lloro como nunca antes. Yo era el hombre más rico y no por el dinero sino por mi hermosa familia. Mi pareja y mi hermanito. Jamás volveré a estar con ellos.
Han pasado cuatro años desde entonces. Ya han reconstruido sus vidas sin mí.
Joey debe estar ahora con Pegasus, muy feliz.
Este mundo le ha escupido a la cara a Seto Kaiba antes de darle la espalda. Me he convertido en un vagabundo más; ciego y mudo, despreciado por las mismas personas que yo frecuentaba. La única esperanza que tengo en mi vida es Ravel. Mi salvador.
Cada lágrima que se me escapa es provocada por el pensamiento de Mokuba solo, Mokuba siendo un chico maduro por necesidad pero libre de su horrendo hermano. Lloro por el pensamiento de Joey entregado día a día a su amante, Maximillian Pegasus.
Mi lamento es por amor a ellos. Porque nunca les di lo único que deseaban de mí.
Ravel me arrastra lejos de donde toca la ventisca. Besa mi frente, limpiando en vano mi rostro. No puedo dejar de llorar. Moriré como un don nadie, desconocido para el mundo, sólo con el sobrenombre de Ojiazul. Mis labios nunca pedirán perdón a mis seres queridos. Mis ojos nunca les pedirán suplicantes la redención por hacerlos llorar. Nunca.
Era un monstruo, un ser que no valía la pena por carecer algo de humanidad. Me da vergüenza y terror darme cuenta de ello.
No.
Seto Kaiba está muerto. Así lo decidí. Murió y no volverá.
No volverá.
No volverá.
No volverá.
-Shh, ya, ya pasó.
Me aferro al cuello de Ravel para besarlo con fuerza y desesperación. Busco con mi mano su entrepierna. Él respinga, deteniendo mi mano y separándose de mis labios.
-¿Por qué haces esto, Ojiazul?
Trato de besarle pero vuelve a detenerme.
-Ojiazul, no tienes que…
No le permito continuar. Hago mi mejor esfuerzo por despertar su deseo, estimulando su miembro y profundizando el beso. Le necesito. Todo lo que soy es por él. Vivo gracias a él. Ravel se estremece al comenzar a excitarse. Entre mis dedos hay una naciente erección.
Ojiazul le pertenece a Ravel.
Ahora y para siempre.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
-Y bueno, si haces enojar a un "ojos rasgados", seguro te pateará el trasero…
Río mientras caminamos por unos callejones irregulares al abandonar el camión de basura que nos trajo hasta la zona cercana al centro de Nueva Jersey. Hay muchas personas apostadas en las paredes y en el suelo, cerca de los contenedores de basura; son vagabundos como nosotros, que gruñen y pelean por un poco de calor y comida. Les escucho proferir mil y un maldiciones en tanto comen o roncan o discuten. La esencia de la pobreza extrema es palpable.
-Hey, Swettie, come'n here…
También hay prostitutas. Su perfume barato y voz chillona nos llaman, pero Ravel sujeta mi cintura con firmeza para seguir adelante. La nieve es traicionera como la basura que abunda y hay que pisar con cuidado. Doblamos una esquina para entrar a otro callejón, menos concurrido. El lejano rumor de la ciudad es persistente.
-Estamos a muy pocas cuadras de la pretty people.
Ravel se refiera a las calles donde las cosas son nuevas, perfectas y deseables. Sin suciedad ni hambre. Color y vida. Mientras seguimos caminando, con unos sutiles copos de nieve que empiezan a caer, escucho todos los sonidos provenientes de aquellas calles y avenidas. Es tan irónico que sólo sean unos cuantos metros y unos cuantos callejones lo que divida a dos formas de vida totalmente opuestas. El frío se hace más evidente. Me pregunto a dónde piensa llevarme Ravel, quien de pronto se ha quedado en silencio…
Es extraño, el callejón de súbito se ha quedado silencioso, como si de repente fuera abandonado. Incluso no puedo olfatear la basura o la humedad de los edificios. Hay un viento que ondea nuestros abrigos. La mano en mi cintura quisiera enterrarse. Ravel tiembla. ¿Qué sucede?
Un disparo y una oleada de éstos bombardean el callejón. Respingo asustado. Hay voces maldiciendo desde cada extremo de los edificios a nuestros costados. Más intercambios de disparos, pero ésta vez silban cerca de nosotros. Ravel me arroja al suelo con violencia y caigo lejos de él. Los gritos y maldiciones suben de volumen como demonios saliendo del Infierno. Tapo mis oídos ante la horrible balacera.
De nuevo el silencio. Esto es demasiado raro. A tientas encuentro mi bastón, semienterrado en la nieve. Los copos fríos son más abundantes. Gateando, trato de localizar a Ravel. Todo, los sonidos y los olores, "regresan" a la normalidad. Él no está cerca de mí y tampoco le escucho moverse. Un quejido hela mi sangre. Mitad a gatas, mitad corriendo, voy hacia esa dirección. Toco la bota de Ravel. Se encuentra tumbado en el suelo. Comienzo a temblar al ir recorriendo su cuerpo que se remueve.
Me detengo en seco….
Oh, no.
Por favor, no.
Siento claramente en su costado un borbotón líquido y tibio, el olor es único. Sangre. Mis manos tiemblan con fuerza al buscar la herida entre las telas. Una abertura aún ardiente por sobre donde debe localizarse su hígado. Es una herida fatal.
No, no, no, no, no, no, no…
Esto no puede estar sucediendo.
-… estoy… bien… b-bien…
Lloro desesperado, lamentando más que nunca no poder hablar para gritar por ayuda. No percibo alguien más cerca. Por la balacera debieron de huir y no vendrán en nuestro auxilio. Una mano fría toma mi mentón.
-Shh… tranquilo…
Ravel tose adolorido. En la nieve, desangrándose, morirá si no pienso en algo. Pero… ¿qué puedo hacer? Usando un poco de su abrigo trato de tapar el chorro de sangre. Su mano acaricia mi mejilla.
-… no es… tan grave… no… llores…
Es imposible para mí, Ravel. Estás agonizando.
-… Ojiazul… tienes… que… ir…
Sé que es necesario, pero no quiero dejarte, tengo mucho miedo.
-… busca… ayuda… tres cuadras… frente…
Gimo aún más desesperado. Oh, Ravel, debes estar bromeando, quieres que vaya con "ellos".
-… es… la… única… manera…
Sollozando, niego con mi cabeza. Un pulgar limpia una lágrima antes de descubrir de entre mis ropas el "buenasuerte" de Brandy.
-… no temas… ve… Ojiazul… go… now…
Usando mi bastón para apoyarme, me levanto tembloroso antes de dar media vuelta. Escucho una avenida como el rugido de un monstruo. No quiero hacerlo, pero Ravel necesita un médico y sólo ahí lo conseguiré de inmediato. Debo estar manchado de sangre y eso llamará la atención. Debo hacerlo. Tengo que hacerlo.
Corro, tropezando con la nieve hecha montón con la basura. El rumor se va acercando y mis piernas comienzan a flaquear. Sólo una cuadra. Me apoyo en la raposa pared de ladrillo, llorando a más no poder. Ravel, espera, tal vez mis piernas tiemblen pero no voy a fallarte. No a ti. Con un roce al "buenasuerte" de Brandy –que espero que lo sea- tomo una bocanada de aire gélido para recorrer la cuadra faltante.
Ravel no mueras, por favor, enseguida vuelvo.
Una brisa me da en el rostro, golpeando mi piel como el gigantesco rumor de personas, autos, gritos, silbidos y música. Doy unos cuantos pasos, entrando de lleno en la acera. Debo de toparme con alguien enseguida. Unos tacones presurosos se acercan, me vuelvo a ellos pero se alejan.
Oh, por favor, no se vaya…
Más pasos, pero me evitan. A metros de distancia de mí, bajan de la acera. Los autos pasan veloces, sin que uno se detenga en mi ayuda. Nadie se acerca a mí.
¡Por favor, ayúdenme, Ravel está muriendo!
La sirena de una patrulla se detiene en la orilla de la acera. Hay gente alrededor mío, murmurando cosas que no alcanzo a distinguir. El sonido de unas botas en la nieve, se acercan. Son dos. Policías. Se mueven pero no dicen una palabra. Uno de ellos susurra por su radio, en clave. El otro se dirige hacia mí y como una maldición, se queda quieto a unos pasos de llegar. Estoy histérico de llanto.
-¿Mr. Kaiba?
No.
No.
Esto debe ser una pesadilla. Que alguien me despierte.
-Mr. Kaiba, take it esasy.
¡Ravel, no!
Haré que me sigan, sí. Los llevaré donde Ravel. No importa lo demás.
-Please, Mr Kaiba, don't move. Everything is okay. You're safe now.
Trato de darme vuelta de regreso al callejón pero el policía me sujeta del brazo.
-Wait, Mr. Kaiba. Don't run. You're safe. You're safe...
¡No! ¡No soy yo! ¡Es Ravel! ¡Ravel! ¡Ravel!
Una ambulancia. Los murmullos se multiplican, ahora que el policía ha dicho mi fatal nombre. Por favor, déjenme llevarlos. El segundo policía parece decirles algo a los que bajan de la ambulancia. Unos pasos menos pesados se han acercado.
-.Mr. Kaiba, Can you see us? Can you speak? –la voz de una mujer se una a un ligero roce de mi rostro.
¡NO!
De un tirón me libero del policía para correr hacia el callejón y reunirme con Ravel. Un brazo pasa por mi cintura, trayéndome de vuelta.
¡NO, POR FAVOR! ¡RAVEL ESTÁ MURIÉNDOSE EN ESE CALLLEJÓN!
-Hey, come with us, Mr. Kaiba, it's ok.
Lucho por llevarlos al callejón. Deben ir con él. Mi bastón cae al suelo con rebotes metálicos contra la acera. El brazo del policía me arrastra a la ambulancia. Autos se detienen, comentarios de mi persona con temor. La nieve empieza a caer con fuerza. Percibo el aroma de medicamentos junto con el sonido de maletines e instrumental, el radio de la ambulancia y el de la patrulla confundiéndome.
-Mr Kaiba –me habla la paramédico- I need you to calm down a little, you're safe now...
¡NO! ¡ESTO ESTÁ MAL! ¡TENGO QUE VOLVER!
Me revuelvo con todas mis fuerzas para indicarles la dirección que deben tomar pero dos pares de brazos me sujetan presurosos. Pataleo con furia. Otra mano toma una de mis muñecas para descubrir mi brazo.
¡NOOO! ¡POR FAVOR! ¡POR FAVOR! ¡RAVEL! ¡RAVEL!
-You're safe, Mr. Kaiba! Don't be afraid!
¡RAVEL!
Un piquete veloz. Mi llanto se ha convertido en hipos agonizantes. Todo comienza a revolverse. Es un sedante. Ruedas metálicas.
-Don't be afraid…
¡RAVEL!
Las voces van haciéndose huecas, en eco. Mi cuerpo es como una gelatina que cae en una camilla. Una mascarilla de oxígeno. La nieve es tan fría.
¡RAVEL!
-Ok. Hospital, now!
RAVEL
Ravel…
Ravel…
…
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Continuará…
