Tras entregarse a la caída celestial más larga de las últimas horas, pudo finalmente entrgarse a un glorioso suspiro. Su cuerpo estaba en paz, cayendo con suavidad entre nubes, buscando descansar. Sin embargo, su suspiro se transformó en un grito ahogado en unos capaces labios. Ron no le daba tregua de pensar, de razonar, de ser la Hermione normal. Él activaba su parte más humana, la mujer pasional que guardaba dentro de sí. Entre besos, caricias íntimas, suspiros dichosos. Estando sobre ella, aún entrelazados, la besaba con fuerza. Un gemido casi escapa de sus labios.
Por varios minutos se mantuvieron así; siendo uno solo, hermosamente sincronizados y fuertemente unidos. Cuando Ron terminaba el beso, era ella quien iniciaba el siguiente. Respiraban muy poco, se amaban más de lo necesario. Todo lo que querían hacer estaba ahí. La soledad no cabía entre ellos, ni las dudas ni los miedos. Cuando llegaban a ese punto de entrega total, se aferraban a los latidos más acelerados de sus corazones. Reponían entre los dos la energía del otro para volverla a gastar. Girando los dos en un círculo vicioso sin reservas ni treguas.
—Yo iba a visitar a tu madre hoy –comentó Hermione, una vez el pelirrojo salió de ella para acostarse—. Debe estar preocupada…
Ron sonrió abrazándola, teniéndola para sí. —Pero valió la pena ¿verdad?
—No seré yo quien te suba el ego Ronald Weasley –bromeó Hermione, abrazándolo mientras repartía caricias puras sobre su pecho blanco—. Eres terrible –suspiró cuando el pelirrojo le regresó las caricias.
Él no contestó con palabras, la besó en cambio. Inició suave, apenas con roces de labios, para luego incrementar la intensidad. Dejaron de acariciarse, cada uno llevó sus manos a la cabeza del otro. La diferencia de altura se hacia ligeramente notable aun sobre la cama, por ello Hermione se aferraba con sus dos manos al cuello y cabello pelirrojo, mientras él apoyaba su mano izquierda sobre la mejilla de ella. En el momento que la necesidad biológica por oxígeno fue muy fuerte, se distanciaron ligeramente, para nuevamente robarse el aire entre ellos.
—¿Qué está pasando? –preguntó Hermione en un susurro, mirándolo a los ojos. Más allá de la pasión estaba su corazón queriendo luz—. Dios, Ron…
—No lo sé, te lo juro, no sé… simplemente, yo… –tartamudeó—. Yo sólo…
Sin embargo, esta vez fue Hermione quien no lo dejó concluir. Pronto comenzó a besarlo haciendo que perdiera estabilidad y cayera de espalda, llevándosela con él. Con la experiencia propia de la práctica se montó sobre su regazo. En ningún momento dejó de besarlo, necesitaba decirle algo importante, requería hablar con su corazón. Y meintras conseguía cómo hacerlo, actuaría apegada a las circunstancias.
La pasión volvió para atraparlos en sus redes. Ron empezó a repartir caricias irregulares, aunque sí muy suaves, sobre su cuerpo apenas cubierto con la sábana. La poca distancia que podía separarlos se terminó cuando él la atrajo hacia sí. Sus cuerpos chocaron y se perdieron en la dulce sensación de intimidad más próxima. El primer beso acabó solamente para empezar el siguiente, más profundo y más deseoso.
Todas las caricias estaban comandadas por sus bocas, ambas entregándose con fervor a dominarse entre sí. En su tiempo de adolescentes, ella era estudiosa y estrica, mientras él era torpe y tímido. No obstante, aquello era un pasado latente fuera de su relación de cama. Allí era ellos mismos, los dos demostraban su explosividad, su pasión, su máxima entrega a quererse tanto como fuera humanamente posible. Cada centímetro de sus cuerpos conocían de primera mano esta verdad.
El beso era voraz y todo lo demás también. Los mimos que no tenían nada de tiernos. La sensación de gobernarse, revelar verdades palpables.
Hermione se distanció de sus labios todavía con los ojos ocultos tras los párpados. Empezó a repartir besos por su mandíbula, mejilla, oreja, cuello… algunos eran toques de mariposa, otros pasión de olas. Ron recibía las caricias contento, deseando más. Incapaz de quedarse quieto no perdió tiempo, atendió lentamente los senos de su exesposa. Ésta gimió de regreso a su boca para ahogar sus ruegos no verbales.
—Torturador –susurró ella, besándolo. Llevó sus manos a su cabello, enterrando sus dedos entre los mechos rojos accesibles—. Dios, sí…
—Atrevida –contestó, al sentirla empujando contra sí.
Ron comprobó su humedad para deleite de ambos. En pocos minutos y con muchísimas caricias torturadoras y atrevidas, ya estaban entrelazados en la intimidad posible. Se movían como siempre, cegados por sí mismos, amándose como nunca. No abandonaron su tarea de besarse, gimiendo suavecito y suspirando a cada segundo con dicha. El pelirrojo meditó lo acontecido: la deseaba… siempre lo hacía, siempre la amaría y, por ende, repartió lentos besos por los lugares más secretos de la castaña, quien agonizaba con genuino placer. Ella todavía realizaba movimientos felinos, pero sentía que sus fuerzas menguaban, no podría alargar más su propia ansiedad. Moriría de pasión allí mismo, dichosa y repleta. Y, como escuchando sus ruegos, pronto el punto exacto de la fusión llegó repartiéndose en mil colores.
La castaña cayó sobre Ron, éste la besó levemente antes de acostarla junto a él.
—Estamos actuando como adolescentes –juzgó Hermione en un susurro.
Ron sonrió. —Definitivamente la mejor época de mi vida.
Ante su respuesta, la castaña no dudó en sonreír. La esencia de Ron estaba siempre con él, su facilidad de apostar a la luz. Se apretó a su pecho al tiempo que el pelirrojo la abrazaba a la altura de su cintura. Aquella sensación de seguridad, protección y amor, volvía a sí tras largo tiempo. Esta era la primera vez que hacían el amor –tantas veces– de vuelta en su vieja cama. Todo estaba con ellos sin importar el lugar, sólo que ahí las sensaciones se multiplicaban por mil.
Lo amaba, no había duda.
Y si de verdad lo amaba, debía confesarle su sospecha.
—Ron, yo…
—Yo, Hermione…
Ambos intentaron hablar al mismo tiempo y se sonrieron. Volvieron a intentarlo, pero fracasaron. Aparentemente tenían algo importante que decirse. Cuando probaron otra vez, interrumpiéndose de nuevo, Hermione lo calló con la mano y habló:
—Tengo algo importante que decirte –dijo—. No, de verdad. Es muy importan –recalcó, en vista que el pelirrojo iba a interrumpir.
El pelirrojo tomó su mano izquierda para regalarle un beso a su palma. —Te escucho.
—¿De verdad? Porque no necesito interrupciones… –señaló—. No es fácil lo que diré y aunque estoy segura que…
—Te escucho –repitió Ron, mirándola.
—Bueno –suspiró—. Te lo diré… Yo… Bueno, yo… creo que yo…
—Creo que sé lo que vas a decirme –habló Ron, tras su silencio—. Sospecho lo mismo.
Hermione frunció el ceño. —¿De verdad? ¿por qué? ¿qué te hace pensar que yo…?
—¡Vamos, Hermione…! Creo que si hacemos cuentas, es muy evidente –aseguró.
—¡Oh! Bueno, pensé que ibas a reaccionar como la última vez… No sabía que estos casos eran -ahora- un asunto tan fácil de leer para ti –dijo.
Ron la abrazó más fuerte y le dijo: —No es eso. Simplemente te conozco muy bien.
—Puedes ser un ególatra cuando te lo propones –reprendió falsamente, recostándose a él—. Igual creo que no deberíamos decirle a nadie hasta…
—No, creo que deberíamos confesarnos entre nosotros. Así nos haremos a la idea más fácilmente –sugirió el pelirrojo para deleite de Hermione.
—Una propuesta brillante. Brillante –repitió—. De acuerdo. Levántate ligeramente… ajá, así… Nos lo decimos a la cuenta de tres ¿si?
El pelirrojo asintió. Al unísono empezaron a contar:
—3…
—2…
—1…
—Te amo—.
—Estoy embarazada—.
Y tal como aconteció la última vez, Ron se desmayó ahí mismo.
Adorables además de pasionales ¿verdad? Gracias por leer y ¡muchísimas gracias por sus reviews! Un beso para cada una... ¡Las quiero!
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~Diana :)
