4577 palabras, el capitulo mas largo hasta ahora, increíble :3 Gracias a analiaapocaliptica-2012 y a VeckeFer por sus comentarios, y también a todos los que han incluido esta historia, asi como su precuela, a sus favoritos, espero disfruten de este capitulo, el cual tiene de todo, nos vemos :D


La batalla de ese día se encontraba apenas empezando, pero ya las cosas no parecían pintar bien para nadie del lado norte. Las cosas se ponían cada vez peores ya que los del sur ahora estaban amenazando al norte con armamento nuclear, la ultima tecnología en bombas creada recientemente por científicos alemanes que daban su apoyo al sur a cambio de jugosas pagas y anonimato total, pero algo de información clasificada había conseguido filtrarse a oídos de los del norte gracias a ciertos soldados que habían sido elegidos como espías para oír las conversaciones y planes del lado contrario. No eran espías infiltrados, sino soldados que se ocultaban y usaban disfraces lo más convincentes que se pudiera para que nadie sospechara de ellos y dejar aparatos de rastreo, con absoluta prohibición de relacionarse con cualquier persona. Usaban micrófonos que ocultaban en las paredes y techos de las compañías y demás sitios del lado sur, donde todo, hasta el mas mínimo detalle, era rastreado y analizado para ver que información importante se podía conseguir. Lo último había sido especialmente crucial, ya que con esos datos podían asegurarse de enviar soldados capacitados que sometieran a los encargados de las bombas y así obligarlos a desistir de sus planes, salvando así las vidas de millones de civiles inocentes.

Nowaki, Miyagi y, Albertino y Takechi fueron los soldados enviados por el norte para atacar a los responsables del manejo de los explosivos. Usando trajes protectores, binoculares y armados con potentes ametralladoras totalmente cargadas se dirigieron al campo del sur, traspasando por completo la frontera y a los soldados que la custodiaban. No fue fácil, pero pudieron evadir la estrecha vigilancia del sector y poder pasar al lado enemigo sin problemas. Parecía que lo peor ya había pasado, pero nadie imaginaba lo que vendría después. Caminando por el denso follaje que cubría cerca de una hectárea del campo de batalla los cuatro iban en dirección al sitio donde estarían los soldados que custodiaban y manejaban las bombas. Tenían información acerca de las armas que portaban en ese momento, las cuales no eran tan poderosas como las suyas, así que al menos contaban con cierta ventaja.

Nowaki (a la cabeza): -mira a los demás- Debemos tener mucho cuidado, no sabemos si alguno de los del sur nos está vigilando

Takechi: Kusama-kun, si algo ocurre… déjame ir al frente, podrías salir muy herido

Nowaki: No, lo mejor es que yo me encargue, recuerda que tienes a tu esposa y a tu hijo por nacer en casa, pero de todos modos, todos debemos tener mucha cautela ¿Todos tienen sus armas? -ve que todos asienten- Bien, síganme y no se separen

Las enormes plantas que cubrían el camino hacían difícil poder caminar y avanzar, pero todos hacían lo que mas podían por no separarse unos de otros, cubriéndose las espaldas mutuamente por cualquier posible ataque enemigo, pero aunque estuvieron sumamente atentos… Miyagi pudo ver de reojo algo a lo lejos de brillaba.

Miyagi: ¡Todos al suelo!

La bala paso apenas rosando el aire a menos de un metro de sus cabezas, pero por suerte todos habían hecho caso a Miyagi y fueron pecho tierra no bien escucharon la orden. El disparo pudo haber pasado rápido, pero después le siguieron muchos más, los cuales eran ensordecedores y muy aterradores. Era obvio que se trataba de un ataque del sur, los cuales estaban destinados a matar a cualquier soldado del norte que se atravesara en su camino.

Los disparos no cesaron, al contrario, se hicieron más y más fuertes y numerosos no bien pasaba el tiempo. Todos se encontraban en el suelo tapando sus cabezas y oídos por los sonidos retumbantes de las balas. Finalmente no hubo más opción que comenzar a arrastrarse por el suelo, lugar en el cuelo los disparos no llegaban por suerte. Cuando el grupo llego a un sitio seguro lejos del fuego enemigo, Nowaki tomó su arma y comenzó a disparar a los arbustos, donde los soldados del sur estaban seguramente ocultos, y así detener el ataque, el cual podría desviarse hacia el lugar donde estaban. El ataque de pronto se detuvo por completo, y luego de interminables segundos pudieron ver salir de entre los arbustos a un soldado con el uniforme del sur, muy herido y portando un rifle de asalto en sus manos, el cual dejó caer el suelo, para después desmayarse. Nowaki corrió entonces en su ayuda, seguido de Takechi, mientras que Albertino y Miyagi solo se quedaron observando.

Nowaki: -le toma el pulso- Sigue vivo, pero puede que no por mucho, hay que llevarlo a la enfermería. Takechi-san, ayúdeme por favor

Albertino: -va con ellos- Alto, alto ¿Qué es lo que planeas hacer Nowaki?

Nowaki: ¿A qué te refieres?

Albertino: Es un soldado enemigo, quiso matarte a ti y también a nosotros, no deberías darle ninguna ayuda, no la merece

Nowaki (con el soldado en su hombro): -se levanta- DaPonte-kun, sea como sea sigue siendo una persona, no puedo dejarlo morir solo por una diferencia de bandos, y aunque haya tratado de matarnos no es excusa para convertirnos en asesinos también. Piensa que quizá deba tener familia en casa

Miyagi: -va con Nowaki- Concuerdo contigo Kusama, los ayudaré también

Takechi: Vamos, puede que no haya mucho tiempo. El lado sur está más cerca que el nuestro, izaremos la bandera blanca y lo llevaremos para que lo atiendan

Los tres ayudaron al soldado caído y fue llevado a su lado. Albertino seguía en desacuerdo, pero no quería discutir con Nowaki, cuando lo hacia simplemente no lo hacía sentir bien, de hecho lo hacía sentir una extraña presión en el pecho que nunca había experimentado con nadie, ni siquiera cuando discutía con su madre, a quien amaba tanto. Decidió izar la bandera blanca al ver que sus compañeros estaban con las manos ocupadas, de ese modo evitarían un ataque proveniente del otro lado.

Caminando en dirección al lado del sur todo estaba muy callado, y ya todos sabían lo que significaba el que del lado enemigo no se oyera sonido alguno. Tuvieron cuidado por cualquier posible ataque, y no bien el follaje había terminado, habían llegado a un páramo estéril de tierra, minas enterradas y trincheras cercadas con alambre de púas, exactamente igual a su lado, pero todos sabían que no era el suyo, así que avanzaron con sumo cuidado. Todo se veía desierto y callado, Albertino vigilaba todo mientras izaba alto la bandera blanca que simbolizaba su llegada pacífica, pero no bien la levantó un poco más fue que escuchó un disparo sobre su cabeza, y al ver la bandera… vio que había un agujero de bala en su centro. En cosa de segundos se vieron rodeados por decenas de soldados del sur, armados y listos para atacar.

Soldado: -les apunta con su arma- ¡Quietos! ¡No se muevan! ¡Dejen a nuestro compañero y levanten las manos!

Todos hicieron como les dijo el soldado, apenas dejaron al hombre inconsciente en el piso varios doctores militares se le acercaron con una camilla y luego de llevárselo de ahí y llevarlo a la enfermería las cosas solo empeoraron. El sargento Ichikawa se hizo presente, apareciendo entre sus soldados armados, los cuales no bajaron sus rifles en caso de que fuera necesario protegerlo.

Sargento Ichikawa: -sonríe- Veo que ustedes son las ratas que envió el norte para frustrar nuestros planes. Su lado es bastante tramposo por lo que puedo ver, deberían idear algo para igualar o superar nuestros métodos ¿no creen?

Miyagi (furioso): ¡Miserable! Usar armamento nuclear contra civiles en las ciudades es lo más bajo que han hecho hasta ahora ¿Qué no tienen consideración por nadie? Son unos…

Sargento Ichikawa: ¡Silencio! Yo no diría nada más si fuera tú, es más, ninguno de ustedes debería hablar. Ahora, tienen dos opciones, rendirse por completo o entregarse como prisioneros de guerra

Albertino: ¡Estás loco viejo! -le escupe-

Sargento Ichikawa: -se limpia la cara lentamente- Con que… las cosas serán así -mira a sus hombres- ¡Llévense a este grupo de insolentes a la celda más pequeña y fría que tengamos! -toma a Albertino del brazo- En cuanto a ti… tengo algo especial para los tontos que se pasan de listos -se lo lleva-

Nowaki: ¡DaPonte-kun! -trata de ir tras él-

Soldado 2: -lo golpea con la culata de su arma en el estómago- ¡No intentes nada! Ahora camina -lo levanta del suelo-

El grupo, ahora conformado solo de tres, fue dirigido hacia las celdas donde tenían a los presos de guerra. Ahí fueron despojados de sus armas, las cuales quedaron confiscadas, o mejor dicho, apropiadas para ser usadas contra ellos en el futuro. Las celdas eran, como había dicho el sargento, pequeñas y frías, sin mencionar oscuras y sucias, y para tres personas no eran precisamente el lugar más cómodo para estar hacinados.

Nowaki se encontraba muy mal, se notaba que se sentía muy culpable por lo ocurrido, ya que después de todo había sido su idea ayudar a ese soldado enemigo caído, sentía que era su deber ya que después de todo él había sido quien lo hirió, pero aun así sintió que quizá lo mejor hubiera sido hacerle caso a Albertino.

Nowaki (con la cabeza entre sus rodillas): Todo esto es culpa mía, debí haber oído a DaPonte-kun y no haber ayudado a ese tipo, no debí haberlo hecho…

Takechi: Kusama-kun… no diga eso, solo cumplía con su deber como doctor, no tenia cómo estar seguro de que algo así pasaría, no es culpa suya

Nowaki: Como sea, uno de los nuestros está en problemas, si nosotros estamos aquí encarcelados no quiero ni imaginar lo que le deben estar haciendo a él

Miyagi: Hay que encontrar alguna manera de huir de aquí lo antes posible. Mientras nosotros estamos encerrados es probable que estén terminando la bomba para luego arrojarla sobre la ciudad más cercana

Nowaki: -ve el candado de la celda- Esa cosa se ve fuerte ¿alguien tiene idea cómo romperlo?

Miyagi: Podría hacer una especie de llave, pero necesito algo de metal, quizá un clip o un gancho de ropa

Nowaki: -suspira- Creo que pasaremos aquí un tiempo, pero hay que intentar todo

En el lado del norte, mientras los soldados enviados al sur se encontraban prisioneros, los que aun quedaban de la compañía se enfrentaban al numeroso y tramposo ejercito contrario, los cuales se habían recuperado muy bien de su última derrota y ahora venían más que listos para todo. Las granadas y las minas explotaban en toda la extensión del campo, dejando a su paso soldados heridos o hasta mutilados. Aquellos que aun quedaban de pie disparaban a todo lo que se moviera del lado contrario, derribando a gran cantidad de hombres, pero cuando alguien del norte se encontraba en esa posición, era rápidamente abatido por los compañeros de sus víctimas, provocando que por cada herido del sur hubiera por lo menos diez del norte. Los números no eran nada alentadores y suponían una terrible desventaja, pero tenían que seguir peleando hasta el fin, o sino el sur ganaría de la forma más injusta posible.

Kaoru, Haruhiko, Tomoya e Isaka se encontraban en su trinchera, disparando cada quien con potentes rifles de asalto a todo aquel que supusiera una amenaza para la seguridad de su lado. Kaoru, el más joven del grupo, no consentía lo que estaba pasando, no podía creer que él fuera responsable de tantas muertes y heridas, se sentía muy mal, y Tomoya pudo advertir que su novio no se encontraba bien.

Tomoya: -lo mira- Kaoru, ya sé que no te sientes bien y que te lamentas por estar haciendo todo esto, pero piensa que si no hacemos algo, entonces nosotros y nuestros compañeros seremos los que mueran, trata de ser fuerte, todo saldrá bien al final

Kaoru: Gra-gracias Tomo-san… lo intentaré

Haruhiko (sin dejar de disparar): ¡Ustedes dos! ¡No se distraigan! No podemos detenernos o podríamos ser el blanco de una de sus balas ¡Isaka-san! ¡Más granadas!

Isaka: ¡Enseguida! -corre por ellas-

Isaka fue rápido a la caja donde guardaban los suministros para el combate, pero no bien estiró la mano para abrirla, un disparo le llegó justo en la mano, haciéndolo sangrar y sentir un horrendo dolor.

Isaka: ¡AAAAAHHHH! -cae de rodillas al piso-

Haruhiko: -va con él- ¿Te encuentras bien?

Isaka: Estoy bien, solo fue una bala… no hay problema -hace una mueca de dolor-

Haruhiko: -se rasga una parte de su camisa y lo venda- Con esto estarás bien por ahora, pero debes ir a la enfermería

Isaka: ¿Estás loco? No puedo dejar mi lugar, todos tenemos que cuidar la trinchera

Haruhiko: Con tu mano en ese estado no puedes hacer mucho, por fortuna solo necesitas una para lanzar granadas, así que limítate a eso por ahora y luego haz lo que te dije -vuelve a su lugar-

Isaka no tuvo de otra más que hacer caso de lo que su amigo le decía, así que usando su mano sana y su boca para quítales el seguro a las granadas las fue lanzando una por una al lado contrario, levantando polvo, escombros y gran cantidad de pólvora, hiriendo a varios enemigos con cada lanzamiento.

Las explosiones se oían por todo el campo, los heridos iban y venían en camillas y los disparos no cesaban por nada del mundo. Era un infierno, y nadie se creía con la posibilidad de salir con vida de él, todo lo que podían hacer era disparar y matar al enemigo antes de que él los matara a ellos. Ambos lados tenían la misma idea fija en la mente y no pensaban ceder hasta lo último de sus fuerzas. No sabían que en el lado sur, tres valientes soldados se encontraban haciendo todo lo posible por no perder la batalla y poder volver a salvo a su lado, aunque luego de poder verse libres el poder salir de allí en una pieza era otra historia.

Miyagi había logrado fabricar una improvisada llave usando parte de los alambres de la reja de la celda, los cuales Takechi había cortado gracias al instrumental médico que portaba al ser enfermero de guerra. Tras doblarlo apropiadamente e introducirlo en el candado, finalmente éste cedió y pudieron verse libres. Apenas pudieron salir de ahí se fueron con mucho cuidado al lugar donde habían ocultado sus armas, las tomaron y se dirigieron con cautela a acabar su misión, ya que ninguno de ellos pensaba irse de allí sin haberla cumplido exitosamente.

Con mucho sigilo evadieron a los soldados que vigilaban las celdas y pudieron salir de la zona a salvo. Fueron entonces hacia donde estaba la bomba que enviarían contra las ciudades. Allí pudieron ver a unos diez soldados custodiándola mientras otros hombres, solo que vestidos con batas blancas, analizaban la bomba para ver que fuera estable y funcional y que explotara con la magnitud debida.

Miyagi: -saca un manual- Bien, las bombas atómicas tienen composiciones relativamente sencillas, localizando el explosivo uranio doscientos treinta y cinco y el doscientos treinta y ocho en ambos extremos y en el centro de la bomba. Los detonadores están compuestos de diferentes elementos químicos y cada uno con su composición propia. Si extraemos los detonadores, podremos desactivar la bomba

Takechi: Perfecto, entonces ese será nuestro plan

Nowaki: El único problema es cómo lo hacemos

Miyagi: Me infiltraré y la desarmaré yo mismo, ustedes dos distraigan a esos tipos y yo me encargo del resto

Nowaki y Takechi hicieron lo que Miyagi dijo, y se dejaron ver por los soldados que custodiaban la bomba. Los ingenieros a cargo de su mantención alertaron de su presencia en el campo y fueron tras ellos también. Todos, armas en mano, dejaron la bomba sola, pero Miyagi no sabía por cuanto tiempo, así que debió hacerlo rápido. Con su manual en la mano extrajo los detonadores de la bomba luego de abrir una pequeña compuerta ubicada en un costado, por donde se accedía al cableado principal de su mecanismo. Quitó todos los detonadores con sumo cuidado, ya que la exposición al uranio, aun en pequeña cantidad, podría haber afectado seriamente sus órganos y haberlo enfermado, por suerte llevaba consigo una maleta blindada donde puso los detonadores de modo que quedaran aislados y así no pudieran provócale daños, así como el plutonio que estaba junto al uranio.

Ya con la bomba inservible, Miyagi volvió a dejar todo como estaba, para que nadie se diera cuenta de lo que había hecho. Ya con los detonadores en su poder y listos para ser destruidos, estaba por volver con sus compañeros, cuando una voz familiar llamó su atención.

Miyagi: -ve a todos lados y lo ve- ¡DaPonte!

Albertino: -va con él- Perdona la demora, no fue fácil lograr que me dejaran libre

Miyagi: ¿Cómo escapaste?

Albertino: Eso no importa ahora, tenemos que irnos de aquí pronto ¿Dónde están los demás?

Miyagi: Distrayendo a los soquetes que custodiaban esta cosa, estarán de regreso pronto

Albertino: Bien, volvamos a nuestro lado, tenemos que deshacernos de la evidencia -se va-

Una vez de regreso en el norte, Miyagi y Albertino entregaron la maleta a su sargento, quien se encargó de llevar ambos detonadores a que fueran destruidos de inmediato para ya no causar más problemas. Con una posible tragedia nuclear evitada ya al menos se habían salvado muchas vidas, el problema era lo que el sur idearía una vez que se dieran cuenta de la trampa que les habían puesto.

Nowaki y Takechi estaban con los soldados que habían logrado distraer, pero las cosas se les estaban escapando de las manos, ya que ahora se habían visto en la obligación de pelear contra ellos usando todos los medios necesarios. Les dispararon y los golpearon, peleando a puño limpio, hicieron todo cuanto pudieron para asegurarse de que no significarían una amenaza para su bando. No era fácil para dos personas pelear contra tantas a la vez, pero no se rindieron hasta verificar que todos ya estaban fuera de combate. No era una escena agradable de ver para nada, pero no perdieron el tiempo y tanto el pediatra como el enfermero salieron de ahí lo antes posible para poder volver a la seguridad de su propio bando, pero en esta ocasión usando un truco especial. Desvistieron a dos de los soldados que habían derrotado y se pusieron sus uniformes, para así pasar desapercibidos por los guardias en la frontera en caso de ser vistos, y para que nadie abriera fuego contra ellos en caso de que se toparan con el sargento. No fue algo fácil, pero no bien se vieron libres volvieron a cambiarse de ropa.

Unas horas más tarde, el sargento Iwao felicitaba a los soldados que tan valerosamente habían ayudado a frustrar los planes del lado sur de cometer tal barbaridad contra millones de personas inocentes. En la historia de Japón las bombas nucleares no eran algo nuevo, la segunda guerra mundial había sido testigo de enfrentamientos de esa magnitud con los Estados Unidos, ocurridos hacia casi setenta años, pero nunca en la historia del país nadie hubiera imaginado un enfrentamiento igual entre compatriotas. Estaba mal, era incorrecto y no lo iban a permitir, aunque debieran pagar un alto precio. Sus soldados estaban más que dispuestos a pagar ese precio con tal de ver a salvo a sus familias y amigos.

Sargento Iwao (frente a Miyagi, Takechi, Albertino y Nowaki): Me siento muy orgulloso de lo que hicieron hoy muchachos, mostraron mucho valor y determinación al enfrentarse a soldados enemigos que les superaban en número y fuerza. Es un honor tenerlos en nuestro ejército y espero ver más de su valentía en batallas próximas, recuerden que esto aun no ha terminado, todavía queda mucho por hacer. Por el momento, nuevamente les agradezco su entrega en este combate, sus acciones no quedarán sin recompensa, así que por favor acepten esta condecoración de mi parte

El cabo primero entregó una medalla de oro a cada uno de ellos, la cual simbolizaba su valentía y astucia en combate, un honor que el sargento no había dado desde hacía mucho tiempo, y sin duda le alegraba volver a hacerlo.

Todos lucían muy felices y honrados por semejante reconocimiento, Albertino en cambio solo miraba su medalla sin emoción en el rostro, parecía perdido en su propio reflejo en la superficie dorada de ésta.

Nowaki: -lo mira- DaPonte-kun, ¿estás bien?

Albertino: ¿Uh? Ah sí… perdóname, creo que estoy algo cansado por enfrentarme a los que me tenían preso

Nowaki: ¿Quieres que te acompañe a la enfermería?

Albertino: No, no es necesario, creo que estaré bien -se va-

Takechi: -mira cómo se va y va junto a Nowaki- Ese tipo es algo extraño, no lo entiendo para nada

Nowaki: Hay que darle tiempo, acaba de llegar y esta debe ser su primera experiencia como soldado, yo me sentía más o menos igual cuando llegué junto a Hiro-san

A lo lejos Albertino pudo oír el nombre de Hiroki siendo pronunciado, cosa que le hizo sentir de nuevo esa extraña presión en el pecho. Odiaba sentirse así, pero él no había elegido sentir eso tan fuerte por Nowaki, algo que él estaba seguro que era amor, pero con una tercera persona en el medio las cosas se hacían cada vez más difíciles, no podía declarársele a Nowaki por miedo a ser rechazado, así que debería guardarse sus sentimientos hasta saber qué hacer.

Esa noche en la compañía, Nowaki escribía como siempre una carta para Hiroki. Ya que ya sabía que él se encontraría fuera de Tokio ahora debería esperar un poco más por su respuesta, pero de todos modos ponía mucho amor en cada una de las palabras que plasmaba en el papel, sonriendo mientras lo hacía. Cuando finalmente acabó y puso el papel en el sobre la dejó bajo su almohada para así enviarla al correo en la mañana. Cuando apagó la luz no le dio las buenas noches a Albertino, ya que para cuando llegó a la compañía lo vio en su cama y aparentemente dormido, cuando en realidad estaba bien despierto y de hecho atento a la luz que estaba encendida en la cama sobre la suya. Pensaba en lo que estaba escrito en esa carta, seguramente palabras de amor eterno hacia ese hombre que ni siquiera conocía más allá de saber su nombre.

Cuando Nowaki ya estaba profundamente dormido, Albertino se subió a su cama y puso su mano bajo su almohada, pero con mucho cuidado para que él no sintiera nada. Cuando tuvo la carta bajó rápido y comenzó a leerla en silencio, usando una linterna que guardaba consigo. Tal como creía, una carta bella y muy romántica.

Querido Hiro-san:

Aunque no lo creas, con algunos de mis compañeros hemos salvado incontables vidas. No puedo creer todavía lo que pudimos lograr, pero hemos frustrados los planes del sur de soltar una bomba nuclear en las ciudades del norte, seguramente debe sorprenderte que algo tan horrible estuviera a punto de ocurrir, pero a mí me alivia mucho saber que pude salvar también tu vida. Me hubiera sentido devastado si algo te ocurriera Hiro-san, te amo demasiado como para perderte por culpa de esta guerra, no te perdí cuando luchabas aquí conmigo y de verdad no quiero hacerlo ahora que estás de regreso en casa como un civil otra vez.

Lo digo en serio Hiro-san, te amo, te amo muchísimo, y con otro día que acaba es un día menos que falta para volver a verte, ansío que estemos juntos de nuevo. Perdona lo cursi, sé que no te gusta eso, seguramente estás sonrojado y molesto ahora mismo, pero no me importa, te lo diré tantas veces como sea necesario porque es verdad. Nos veremos pronto, es una promesa.

Nowaki.

¿Era todo? Nowaki no lo había mencionado ni una sola vez, no le gustaba sentirse apartado e ignorado incluso. No sabía quién rayos era ese tal Hiro-san como Nowaki lo llamaba tan cariñosamente, no sabía nada de él, salvo que era su prometido y nada más. Apretando el papel con fuerza, Albertino pensó que su corazón se partiría en dos, pero volviendo en si fue que leyó una vez más su contenido. Lo hizo una y otra vez con los ojos muy abiertos. Una idea entonces aparecía muy clara en su mente.

En la mañana, para cuando el combate de ese día estaba por empezar y los soldados se preparaban y se alistaban para la pelea. Nowaki, ya levantado, se dirigió al correo del ejército y allí depositó su carta como siempre, muriendo de ganas porque Hiroki la leyera. No sabía cuánto tiempo pasaría, pero ya quería leer su respuesta.

Albertino: -sale y lo ve llegando- Buenos días Nowaki ¿Por qué tan feliz?

Nowaki (aun sonriendo): ¿Ah? No, por nada DaPonte-kun… bueno, si quieres saberlo, acabo de enviarle una carta a Hiro-san ¿lo recuerdas?

Albertino: Claro que si, el afortunado que se casará contigo -pone una mano en su hombro-. Estoy muy feliz por los dos

Nowaki: Gracias, la boda será allá en América, en el estado en el cual estudié se acaba de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, así que viajaremos allá no bien le consiga una Visa a Hiro-san. No puedo esperar -sonríe aun más-

Albertino (fingiendo una sonrisa): Espero que ambos sean muy felices, y que nada cambie la decisión de ambos

Nowaki: Lo dudo, pero gracias por tus deseos DaPonte-kun -entra a la compañía-

Albertino se quedó en la entrada, pensando en todo lo que Nowaki acababa de decirle. Se quedo pensativo, mirando hacia el cielo, como olvidando que ya debería estar preparándose para comenzar el día. Una simple sonrisa adornó su rostro justo antes de regresar adentro por su arma, parecía muy satisfecho por algo.

Unos días más tarde, en la ciudad de Hasuda, Hiroki regresaba de hacer las compras con su madre. Se la veía muy feliz de pasar el tiempo con su hijo, a quien casi no había tenido la oportunidad de ver desde que se había graduado de la secundaria hacia ya tantos años. Quería compensar el tiempo que no habían pasado juntos cuando él era más joven, así que había organizado todo un día solo para ellos dos, cosa que Hiroki parecía apreciar, pese a que no lo demostraba mucho.

Madre: -lo mira- Hiro-chan, luego de cenar podemos ir a dar un paseo cerca de los arrozales, con tu padre estuvimos allá el mes pasado y el atardecer se ve muy hermoso

Hiroki: Suena bien mamá. Estaré en mi habitación un momento, dime cuando la cena esté lista -se va-

Madre: Ah, un segundo Hiro-chan, casi lo olvido, tienes correo, esto llegó para ti en la mañana -le da una carta-

Hiroki: -se sonroja- Gracias mamá, la leeré en mi habitación -se va rápido-

No bien estuvo seguro y solo en su habitación, Hiroki abrió rápido la carta y se dispuso a leerla, ya que era claro que era de Nowaki. Siempre le escribía cosas muy cursis y llenas de amor, cosa que prefería aparentar que no le gustaba, pero en realidad amaba leer lo que él tuviera para decirle. Leyó todo con detenimiento y sonriendo, pero a medida que avanzaba… su sonrisa se esfumaba rápidamente.

Cuando finalmente terminó de leerla, su cara se había tornado sombría, estaba sentado en el piso, con la espalda contra la puerta, pero de todos modos se hubiera desmayado ahí mismo aunque estuviera ya en el suelo. De pronto, pareció reaccionar, arrugando el papel con furia y gritando mientras lloraba amargamente y lo lanzaba lejos.

Hiroki: ¡Eres un idiota!

COTINUARÁ…