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Divagaciones
Alexandra se pasó el resto de las vacaciones con un comportamiento difícil de describir, tan pronto saltaba de alegría empuñando un bolígrafo como si fuera una varita mágica (imitando lo que había visto hacer al profesor Flitwick en una ocasión) como se tiraba en el sofá y se quedaba allí horas y horas mirando cualquier "basura" que echaran en la televisión.
— ¿Se puede saber qué te pasa?—preguntó su padre cansada de verla en ese estado—Pensé que estabas encantada de ser bruja—el señor Robinson pronunció estas palabras con una mueca extraña como si todavía no acabara de creérselo.
Alexandra levantó sus ojos del iPhone que bloqueaba y desbloqueaba una y otra vez sin motivo aparente y clavó la vista en las gafas de su padre.
—Me da un poco de pena dejar todo esto.
El señor Robinson sonrío:
—Solo es durante las clases, las vacaciones las pasaras en casa.
—No es solo eso—unas lágrimas se empezaban a vislumbrar en las mejillas de la niña— Yo no conozco a ningún mago, y si no hago las cosas bien, y si no hago amigos. Aquí están Kate y la prima Sally, pero allí no conozco a nadie. Igual los magos y brujas son muy raros.
—Puedes probar—le explicó su padre— y si allí no encajas puedes volver, tienes suerte de poder vivir en los dos mundos, y quién te dice, quizás saques ventajas de conocer las dos partes.
Guiñándole un ojo el padre se levantó del sofá y se fue a leer el periódico. Alexandra parecía un poco más animada, pero seguía sin poder quitarse de la cabeza la imagen de Kate cuando le dijo que no iría con ella al instituto.
"Dos niñas charlaban amigablemente mientras comían pipas sentadas en un parque en un pequeño barrio de Londres. A su lada tres chiquillos y una chiquilla jugaban al futbol con una lata de coca- cola.
—Buff que chapísima ya queda muy poco para que empiecen las clases
—Pues sí– contestó Alexandra
— ¿Cómo será el nuevo instituto?
Antes de hablar Alexandra masticó una pipa detenidamente y luego tiró las cascaras con rabia al suelo:
—De eso quería hablarte, no voy a ir contigo al instituto
La otra niña, Kate, que era muy alta y delgada, con el pelo castaño y la cara llena de pecas la miró de hito a hito
— ¿Pero qué dices? ¿Por qué?
—Mi padre me ha conseguido una beca en un internado en el norte de Escocia, tiene mucha fama ¿Sabes? Mis padres piensan que estudiar allí puede ser muy beneficioso para mi futuro.
—Pero tú estás loca, ¿un internado?, ¿Qué se han fumado tus padres?
Alexandra se encogió de hombros.
—Pero… pero… si íbamos a ser las tres, Sally, tú y yo.
—Lo sé, pero mis padres han decidido por mí esta vez.
—Niégate.
—No puedo, están muy insistentes con que vaya.
—No me vengas con esas tú siempre consigues lo que quieres de un modo u otro. Sí hasta a veces parece cosa de magia.
—No insistas, de verdad que no puedo— Alexandra realmente lo estaba pasando mal con esa conversación.
—Yo te ayudo, podemos hacer un plan, como hicimos para conseguir tu móvil.
— ¡No y punto! ¿Entendido?
Kate se levantó del banco y roja de ira comenzó a chillar a Alexandra.
—Lo que pasa es que tú quieres ir, te importamos un bledo Sally y yo— y mirándola con odio se puso a jugar al fútbol con sus compañeros de clase."
Kate había estado enfadada con Alexandra dos días, y se había vuelto a enfadar cuando Alexandra compungida le explicó que el Scienty High Scoll era un internado muy estricto que no permitía que sus alumnos llevaran móvil u ordenador. Al final después de una semana de idas y venidas todo se había solucionado con un par de abrazos y unas cuantas lloreras.
Ese mismo día sentada en el sofá Alexandra se quitó el pelo de la cara, apretó fuertemente el móvil con su mano derecha y se hizo un firme propósito, conseguiría por cualquier medio que el teléfono funcionara en Hogwarts, costara lo que costara. Y aunque nadie la vió, en sus ojos grises refulgió un destello de decisión.
