CAPITULO CUATRO: Entre conversaciones y viajes inesperados

James se movió nervioso en su asiento mientras su abuelo lo miraba fijamente, evaluándolo.

Siempre que Thomas Potter insistía en entablar una de sus llamadas "conversaciones de hombre a hombre" con su nieto, el muchacho pensaba seriamente en huir del país y viajar por el mundo de incógnito unido a una caravana de forajidos.

Con el escritorio de por medio, y ante la imposibilidad de salir corriendo, James observó a su abuelo con impaciencia.

Sabía a ciencia cierta de que se trataba aquello. Obviamente, el tema principal de esa conversación sería cierta pelirroja muy bonita que lo estaba volviendo loco. James sintió deseos de estrangular a su abuela. Aunque Thomas era inteligente para los negocios, era un completo inepto para darse cuenta de cosas tan simples y tan complicadas como el amor. Así que, sin duda alguna, Marie Potter era la culpable de que James se encontrara en aquél despacho, teniendo la sensación de que aguardaba su sentencia de muerte.

Thomas prendió uno de sus cigarros, divertido internamente de la actitud de su nieto. Lo conocía lo suficiente como para saber que pasaba por su mente. A James no le gustaban esas conversaciones, pero era su deber de abuelo hacer que ese chico reaccionara de una vez por todas e hiciera algo bien para variar. Además disfrutaba inmensamente intimidar un poco a ese muchacho, tan siquiera por un rato.

"Bien, James, creo que te imaginas el motivo de esta reunión..."

James lo miró, dubitativo.

"Si...no... bueno, si... bueno, en realidad no estoy seguro"

Thomas sonrió.

"Su nombre es Lily Evans"

James se movió en la silla, más inquieto todavía al ver sus sospechas confirmadas.

"Abuelo, yo..."

"¿Hace cuánto estás enamorado de ella?"

James, vencido, pegó un sonoro suspiro.

"Desde que la vi me gustó...intenté salir con ella infinidad de veces, y a medida que me rechazaba una y otra vez...se fue convirtiendo en lo que es ahora."

"¿Y qué es ahora?"

El muchacho miró a su abuelo con el entrecejo fruncido. Definitivamente, no se lo estaba haciendo fácil.

"No puedo dejar de pensar en ella ¿de acuerdo? La veo en todas partes, quiero estar con ella toda mi vida, hasta que sea tan viejo y maniático como tú."

"Mocoso malcriado" murmuró Thomas, pero sonreía.

James estaba muy entretenido jugando con un agujero en el tapizado de su silla, mientras que Thomas seguía fumando, tranquilo.

"¿Y que piensas hacer al respecto?"

"¿Al respecto de que?" James saltó como una araña peluda.

"Con Lily, zoquete. ¿Sabe ella lo que sientes?"

El muchacho se puso serio y clavó sus ojos color miel en los de su abuelo.

"No exactamente. No encuentro la manera indicada de hacérselo entender, es muy testaruda."

"Entonces tendrás que esforzarte más..."

"Lo único que falta es que se lo grite en la cara."

Thomas suspiró.

"No seas bruto, James, no pareces nieto mío. En estas cuestiones se necesita un poco de tacto. Hay maneras mucho más sutiles y efectivas que los gritos para darse a entender."

"Abuelo, ella cree que solo la quiero para una semana, como a las demás. No entiende que me voy a casar con ella, que tendremos hijos y que será mía para siempre, no lo entiende."

"Pues es tu deber hacer que lo entienda. ¿Ya le obsequiaste flores?"

James abrió los ojos del tamaño de platos.

"¡Por supuesto que no!"

"¿Por qué no?"

"Porque quedaría como un idiota."

"Quizás ante los demás, pero no creo que ella piense que el gesto es propio de un idiota, como tú dices..."

James se quedó pensativo.

"Ahora, y pasando a otros temas... ¿qué te parecería hacer un pequeño viaje antes de que comience Hogwarts?"

"¿Un viaje?"

"Lávate las orejas, James. Sí, un viaje. Dentro de dos días debo viajar a Estados Unidos. Pienso llevar a tu abuela al teatro y a cenar y a otras cosas que no te interesan. Pensé que al facineroso de Sirius, a las adorables Lily y Kim y a ti, les gustaría divertirse un poco, y dicho sea de paso, con esto hago mi buena acción del año y no me sentiré culpable de ser un viejo histérico los otros 364 días restantes..."

"De todas formas eres un viejo histérico, abuelo"

Thomas rió.

"Por supuesto que si, pero tu abuela me encuentra adorable, para mí eso es suficiente."

James rodó los ojos, fastidiado pues sabía que era verdad.

"Bueno¿y qué me dices¿Aceptas o no?

"Claro, sería genial"

Thomas, complacido, apagó su cigarro y se levantó a abrir una de las ventanas.

"Bien, habla con tus amigos entonces. Que comiencen a empacar cuanto antes, y eso va especialmente para Sirius. El año pasado olvidó hasta su ropa interior...Por Merlín, ese muchacho es un lío con patas."

"Por supuesto que lo es, sigue siendo el mismo Sirius de siempre"

"Pues le haría bien bajar de esa nube en la que anda volando por el mundo..."

Con ese comentario, la conversación dio por finalizada. James salió de la oficina, ya más tranquilo. Después de todo, no había sido tan terrible como él se había imaginado, aunque si le regalaría flores a Lily o no, era otro asunto.

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"No, no, Debbie, ser una vieja me ha dado experiencia, y te digo que estos ojos de salamandra están vencidos" replicaba Marie Potter, mientras Lily se mantenía a su lado, divertida.

"De acuerdo, de acuerdo, señora Potter. Le traeré nuevos del fondo" dijo la empleada, vencida.

Marie le dedicó una sonrisa.

"¡Esa es mi chica!" dijo con tono entusiasta, y Debbie no pudo menos que sonreír.

Cuando volvieron a quedarse solas, Lily preguntó:

"¿Realmente estaban vencidos?"

Marie sonrió ampliamente.

"No, pero a esos barriles tiene acceso cada persona que entra a la tienda, y te digo que son muchas. A mi me gusta que los elementos de mis pociones estén impecables" confesó.

Lily sonrió, pensando en hacer lo mismo la próxima vez que saliera a comprar los ingredientes para sus propias pociones.

Salieron de la botica, y se dirigieron al comercio de "Túnicas para toda ocasión de Madame Malkin".

"Tengo que comprarle una camisa a James, y quiero que me ayudes" dijo la mujer, mientras la amable dependienta las dirigía hacia el fondo del local, donde una alta pila de camisas de todos los colores descansaba en una alta estantería.

Lily asintió no muy convencida, mientras Marie ya comenzaba a buscar una que le gustara.

"¿Qué te parece esta?" preguntó, enseñándole una color chocolate.

Lily hizo una mueca.

"Creo...creo que a James le iría mejor un color más vivaz...ya sabe...como éste" dijo la muchacha tomando una de un fuerte color azul.

"Si, creo que tienes razón. ¿Qué tal roja?"

Marie levantó la camisa para enseñársela a la pelirroja. Tratando de no irse de tema al imaginarse a James ataviado en cualquiera de esas dos prendas, la chica trató de centrarse nuevamente en la conversación.

"Si, también es bonita."

"Lo es¿cierto? Pero creo que a James le gustará más la azul..."

Madame Malkin fue a envolverla, mientras Lily contemplaba todo, algo confusa.

"¿Qué ocurre, querida?" preguntó Marie, que había estado observándola.

"No es nada" musitó la chica.

"¿Ese nada se parece a mi nieto?"

Lily abrió la boca, sorprendida y colorada como un tomate.

"No...yo...bueno..."

"Es un buen chico, Lily."

"Si, de eso me he dado cuenta."

"Y tú no eres como las demás para él."

Lily miró hacia otro lado.

"Yo no soy para James, señora Potter, simplemente yo..."

"Querida, creo en el buen juicio de mi nieto, y créeme, él lo único que quiere es que le des una oportunidad de mostrarte al James que no muchos conocen, el James que nadie sabe que existe..."

Lily se quedó pensativa.

"Ahora es mejor que regresemos. Creo que en casa te aguarda una grata sorpresa, querida."

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Kim estaba tirada en la cama, observando detenidamente el techo.

Seguía furiosa con Black, y de no permanecer encerrada en ese dormitorio, estaba segura de que lo estrangularía sin reparos.

¿Cómo se le había ocurrido besarla de esa forma?

Había sido espantoso. Bueno, no espantoso. Luego de ese beso, Kim comprendió porque todas estaban locas por Sirius Black. El chico sabía besar¿pero eso que importaba? Ella no quería pasar por esa boca que había pasado ya por tantas otras.

Sin embargo, no podía evitar recordar aquél momento. Aquél nerviosismo y esos labios cálidos sobre los suyos. Sus manos en su cintura mientras la besaba con una pasión que ella hasta el momento no había experimentado jamás.

Pero lo odiaba. Sirius Black era la perfecta imagen de todo lo que ella odiaba. Egocéntrico, despreocupado, irresponsable y fastidioso. Y seguramente un golpe fulminante para la autoestima de toda mujer con dos dedos de frente.

Cuando la puerta se abrió de golpe, Kim no pudo menos que sentarse en la cama de un salto. Por un momento, temió que fuera el objeto de sus pensamientos quien había irrumpido en la habitación, pero se tranquilizó al distinguir la brillante cabellera roja de Lily, que se sentó en la cama y comenzó a contarle que tal habían ido las compras con la señora Potter.

Las amigas estaban en plena conversación cuando unos suaves golpes en la puerta las interrumpieron.

"¿Lily, Kim¿Están ahí?"

La inconfundible voz de James Potter llegó hasta ellas con claridad.

"Si, Potter, pasa" contestó Lily, mientras Kim se volvía a tirar en la cama para seguir mirando el techo, poco interesada en lo que tuviera que decir Potter.

James entró y siguiéndolo de cerca, también entró Sirius, que traía una enorme sonrisa en el rostro, como si hubiera recibido un enorme regalo.

Kim percibió su perfume de inmediato, pero se quedó muy quieta en la cama, totalmente seria.

Sirius la observó un momento, pero luego también se quedó tranquilo, esperando que James le contara a las chicas el súper notición de último momento.

"Bien, mi abuelo viaja dentro de unos días a Estados Unidos, y quiere que vayamos con él. Piensa que es una buena oportunidad para divertirnos antes de empezar Hogwarts…¿Qué opinan?"

"¡Es genial!" dijo Kim, sentándose en la cama de golpe con el pelo desordenado y sorprendiéndolos a todos, y más que a nadie a Sirius, que sintió un bandazo nada bueno en el estómago al verla con esa sonrisa plasmada en el rostro.

"¿No es mucha molestia para tus abuelos?" preguntó Lily con semblante serio.

"No estarán casi nunca con nosotros. Estaremos en el mismo hotel, por supuesto, y tal vez compartamos alguna comida, pero por lo demás, estaremos por nuestra cuenta"

"Me parece una idea estupenda, nunca he ido a Estados Unidos" exclamó Lily, emocionada.

"Bien, partiremos dentro de dos días. Vayan empacando."

"De acuerdo" murmuró Lily. "Tengo que hablar con tu abuela de algo…"

"Te acompaño" dijo James de inmediato, y ella, un tanto nerviosa, asintió mientras se dirigía a la puerta.

Kim se quería morir. Sola con Black de nuevo. Eso podía resultar peligroso, así que se levantó de la cama, le pasó por al lado como si de un mueble de tratara y abrió el placard, donde guardaba su valija y su ropa.

Abrió la valija con decisión, pensando que prendas incluir en su equipaje.

Sirius, al contrario de lo que ella pensaba, se encontraba parado en el mismo punto.

"¿Qué sigues haciendo aquí, Black?" preguntó ella secamente, mientras guardaba algunas blusas.

"Te observo" contestó el merodeador descaradamente.

Ella lo miró con una ceja en alto y una expresión peligrosa en la cara.

"Pues vete a observar otra cosa si no quieres terminar con los brazos rotos"

Sirius comenzó a acercarse, con las manos en los bolsillos y una mueca divertida en su rostro.

Ella soltó las blusas y adoptó una posición de defensa.

"Aléjate de mí, Black, lo digo en serio" dijo ella con el entrecejo fruncido.

"Mmm…no me apetece"

"Energúmeno sin cerebro… ¿es que no entiendes palabras? Te quiero a mil kilómetros de distancia" dijo Kim, mientras las piernas comenzaban a temblarle.

"Por Merlín, Jones, eres la cosa más sexy que he visto en mi vida"

Ella abrió la boca, sorprendida.

"¿Qué?" logró musitar al cabo de un momento.

Sirius se acercó un paso más, sin poder contenerse.

"Solo mírate…con esa expresión de furia los ojos te brillan más que nunca, y ese pelo tuyo- tomó un mechón entre sus dedos y dejó que se deslizara a través de ellos antes de que ella le quitara la mano de un golpe- tan incontrolablemente…salvaje."

"Deja de tocarme, Black, deja de seguirme. Me das asco. ¿Cómo hago para que lo entiendas? A mí no me vas a seducir con tus discursos bien armados y tu sonrisa de bobalicón, así que búscate a otra para pasar el rato, porque yo no estoy disponible."

Dicho esto, Kim se giró y siguió empacando. Sirius la abrazó fuertemente, pero ella se zafó pisándole el pie con todas sus fuerzas.

"No, basta, lo digo en serio" dijo ella, alejándose.

"Dame un beso, Jones, y te juro que no te molesto por un rato."

Ella levantó la barbilla con altivez.

"Antes muerta"

Sirius se acercó con rapidez, y la tomó por los antebrazos, mientras ella forcejeaba e intentaba alejarse.

"Tranquilízate, Jones"

"¡Que me sueltes, Black!"

"Por supuesto, luego de un momento"

Volvió a besarla con fuerza, pero esta vez ella estaba lista.

Sirius se alejó de golpe, con el labio sangrante.

"¡Me mordiste!" exclamó, sorprendido.

"Maldito pervertido, te mereces eso y mucho más" dijo ella, tomando su varita "Vete de aquí, Black, o no respondo"

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James bajó las escaleras con el ceño fruncido, y Lily no pudo evitar preguntarse que estaría pasando por esa cabeza de cabello muy, pero muy alborotado.

Bien, James Potter no era un completo idiota, pero de ahí a que Lily aceptara formar parte de sus filas de fans, era otra cosa.

Marie no estaba en la casa. Recorrieron la mansión de punta a punta, pero la abuela de James parecía haberse desvanecido en el aire.

"Quizás esté en el jardín" dijo Lily.

James asintió, en silencio, y salieron al exterior.

A Lily, aquella ausencia de diálogo, se le hacia rara, pero nada dijo mientras salían, pues la belleza de aquél jardín era demasiada como para expresarla en palabras.

Por todos lados, canteros de flores se abrían paso mientras avanzaban.

Margaritas, rosas, claveles, jazmines y demás inundaban el ambiente con su dulce aroma. Lily sonrió, y cuando terminó de admirar a lo lejos, más allá de las verjas de hierro que flanqueaban la mansión, hacia las montañas que se divisaban contra el cielo y los prados de hierba muy verde, movida lentamente por la suave brisa veraniega, se giró y se encontró con la mirada muy nítida de James, que la había estado observando.

A él le gustaba mirarla cuando ella no se daba cuenta, pues eran esos pequeños momentos cuando su rostro adoptaba una serenidad que pocas veces se le veía.

Ella se sonrojó levemente. En otras épocas, aquella mirada de James le habría arrancado a la pelirroja un sinfín de insultos, pero ahora no se creía capaz. Así que se quedó mirando las flores, observando sus tenues o fuertes colores, escrutando con su mirada aquél milagro de la naturaleza.

Y él no dijo nada. No le importaba decirlo, bastaba solo con estar allí y compartir aquél momento con ella.

Siguieron buscando a Marie, y cuando la encontraron podando un abeto enano, y James regresó a la mansión, la idea de que las flores, tal cual su abuelo le había dicho, no era una mala idea, rondaba en su cabeza.

Aquella noche, cuando Lily se fue a acostar, un hermoso ramo de rosas blancas y margaritas azules, la esperaba en su almohada.

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