Estos últimos meses, Aang había estado verdaderamente ocupado con Zuko y habían estado viajando mucho sólo ellos dos.

Aang no quería que Katara lo acompañara al centro de los atentados ni que soportara las aburridas reuniones políticas, a las que él se había ido acostumbrando. Ella quería y lo hizo durante un tiempo, pero Aang ponía ojos de corderito degollado y ella acababa haciendo lo que decía. Más de una vez habían tenido alguna que otra pequeña discusión por eso. Sabía que él se preocupaba por ella, pero también era capaz de defenderse e incluso de ser de ayuda. La pobre se aburría en el palacio. Le gustaba la acción y la lucha y así lo había prometido. Se dedicaba a salir a los patios y practicar su habilidad de maestra del agua, a mejorarla y a aprender cosas nuevas que se le ocurrieran. Realmente, para lo joven que era, se había vuelto una gran maestra, la cual estaba muy reclamada en el Polo Norte y Sur para ser profesora de jóvenes aprendices. Katara amaba ser maestra del agua, notaba como fluía a su alrededor y la relajaba mucho. Sentía el agua más que nadie y también echaba de menos estar en un ambiente nevado, húmedo y lleno de agua. La isla de la Nación del Fuego era demasiado cálida.

En esos meses se había estado replanteando seriamente irse por una temporada. Estaba muy triste porque a penas veía a Aang, pero esperarlo en palacio era peor. Desde el momento en que decidió estar con él, sabía que iba a ocurrir eso, sin embargo le estaba doliendo más de lo que esperaba y creía no poder soportarlo. Pero por otra parte Mai estaba embarazada y creyó conveniente el quedarse para ayudarla en todo lo que fuera posible. Hacían ejercicios de respiración y relajación, movimientos de parto y seguían una buena alimentación. Se habían hecho muy buenas amigas en estos años.

- Katara... - dijo Mai desde detrás - Sé las ganas que tienes de ir a ver a tu familia, ¿por qué no vas? No te preocupes por mí. Me falta tiempo todavía y aquí hay buenos médicos.

- Pero Mai... me da un poco de apuro dejarte sola.

- Oh, vamos. Adoras ser maestra del agua. Si viene Aang le diré que estás allí. Te tienes que sentir cómoda. No puedo verte tan triste. - dijo dándole una pequeña sonrisa.

En seguida fue a su lujoso cuarto y comenzó a prepararse la maleta.

El cuarto estaba decorado de color azul, especialmente para ella. Era su habitación en la Nación del Fuego. Las mantas de la cama, las cortinas y las banderas de decoración tenían el símbolo del agua y los taburetes para sentarse eran de piel calentita, suave y cómoda. Katara había empezado a personalizarla también un poco y había puesto en estanterías algunos dibujos de algunos niños y recuerdos de viajes que había hecho con Aang.

- Me voy. - Se despidió de Mai. - Espero que en este tiempo estés bien.

- Ya te he dicho que no te preocupes.

Salió del palacio y se dirigió al puerto. Qué bien olía el mar y que relajantes eran las olas. Añoraba ya el salir de un lugar a otro.

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Comentarios


De momento todo es tranquilo, ya lo veis. Sigue siendo todo un poco de introducción. Espero que no os aburra. En realidad, si hubiera juntado los capítulos "introductorios" en uno, sería más largo y quizás no sería tan pesado. Lo siento. Pero es que escribo un poco lento.