Disclaimer: Los personajes pertenecen a L. J. Smith.
¿Mi príncipe azul?
Capítulo 4
Créanme, no conseguí pegar ojo en toda la noche. Las horas pasaban de una manera espantosamente lenta. Las once. Once y media. Las doce. Los números luminosos del reloj despertador que reposaba sobre la mesilla de noche, indicaron el inicio del sábado. Y aún el sueño no se había apiadado de mí.
La lluvia había cesado en el transcurso de la tarde. El cielo se había despejado y sólo algunas nubes reposaban sobre el horizonte. Me incorporé en la cama. Pequeñas estrellas salpicaban aquel manto oscuro que se cernía sobre la tierra. Una de ellas brillaba con más intensidad. La observé a través de la ventana abierta de mi habitación.
Y entonces lo recordé.
"Habla a las estrellas".
¿Qué se suponía que debía hacer? Eh, disculpen. Creo que me gusta Stefan. ¿Qué hago? No, definitivamente no. Yo sólo quería a Stef... a mi príncipe azul, y eso no podían solucionármelo las estrellas. ¿Verdad?
Pero de todos modos me quedé muy quieta y cerré los ojos. ¿Qué mal podía hacerme pedir un deseo?
-Enséñame a mi príncipe azul- susurré.
Tonta. Tonta. Sí, como una tonta me quedé observando la puerta, esperando que le amor de mi vida la cruzara con una enrome rosa roja sólo para mí.
Stefan sabía que me encantaban esas cosas. Golpeé la almohada y enterré mi rostro anegado en lágrimas en ella. ¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué pensaba en Stefan como mi príncipe azul? ¡Qué alguien me lo explique!
Y como si lo hubiera gritado en voz alta mi celular canturreó anunciando la llegada de un mensaje. Esperaba que fuera de Bonnie, siempre tan perceptiva, a sabiendas de que mi cabeza sería un enorme lío esta noche. Pero no. Lo tomé de la mesilla y lo leí.
"Buenas noches, princesa".
El mensaje lo había enviado Stefan. Un extraño cosquilleo me recorrió la espalda. A la una de la mañana Stefan estaba pensando en mí. ¿Qué es lo que debía deducir de ello?
Se me hizo un nudo en la garganta. ¿Por qué me llamaba princesa? ¿Por qué, si yo para él no era más que la tonta amiga de toda la vida?
Me maldije internamente por haber creado esa ilusión de cuentos de hadas. Como si fuera de cristal se quebró y hubiera jurado que pude escuchar como se desparramaban los mil fragmentos diamantinos con un tintineo desagradable.
"Buenas noches, princesa". Pero si era una princesa, ¿por qué no podía tener mi final feliz? Las lágrimas envolvieron mis mejillas y me dejé caer sobre la cama, dándome por vencida. Vamos, por favor, yo no creía en los cuentos de hadas, ni siquiera era una princesa. No había hecho más que actuar sola en un papel para dos.
Suspiré y observé la ventana donde las estrellas aún titilaban tímidamente.
Me dio un vuelco el corazón.
"Enséñame a mi príncipe azul". "Buenas noches, princesa".
¿Los deseos a las estrellas no se cumplen, no es cierto?
Abracé la almohada, sintiendo como una pequeña burbuja de esperanza crecía en mi interior.
Hasta aquí. Cortito, ya lo sé.
De todos modos, espero sus comentarios. ^^.
Saludos
Natii
