Bienvenidas de nuevo, espero les guste este capitulo.

Nota: no tengo ganancias económicas derivadas del presente escrito. Los personajes no son míos, solo la trama.

Debo agradecer a todo aquel que lee, comenta, pone en favoritos, en notificaciones y pasa por este fic. Por ustedes este capítulo.

Advertencia: Perversión escrita, si no desea ser pervertido por este capítulo, omita la lectura.

Aclarado el punto iniciemos.

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Talla y copa

Hermione llegó a la torre después de un relajante baño con aceite de lavanda, que se alargó 3 horas. Gracias a Dios que el baño de prefectos tenía agua proveniente de manantiales térmicos.

En la sala encontró todo en calma, los sillones pequeños fueron pegados a la pared y al lado del sillón mas grande se encontraban varias colchonetas a manera de futones. Dos cabelleras (una rubia y otra pelirroja) salían de las colchonetas mostrando un enredo de mucho cuidado.

-Bien, supongo que el murciélago y la sierpe se quedaron con las habitaciones.

Debatiéndose entre regresar a la torre de su casa o hacerse un lugar entre las chicas se dejó caer en el sillón, que curiosamente estaba empapado en lo que parecía una plasta de jabón.

Decidió quedarse con los chicos, finalmente, no era una situación por la que no hubiera pasado mientras duró la guerra contra Tom Riddle.

Al escuchar los leves ronquidos de Ron y la suave respiración de Harry, la castaña se alegró de no hacer el largo camino de regreso hasta la habitación que compartía con Lav-lav y Parvati. Levantó el edredón por el lado cercano a los enredados cabellos pelirrojos y se acurrucó junto a su mejor amigo, dando gracias a Morgana que ahora ya estaban dormidos.

Merlín sabía que ella se sentía mal, el dolor de espalda que tenía solo era comparable al palpitar de dolor en sus sienes. Y no quería ni imaginarse que extraños padecimientos tenían los chicos.

En realidad se sentía un poco (pero solo un poco) culpable de haberlos abandonado a su suerte con el uso de los tampones, pero no creía que el explicarles como introducir un tampón en sus cuerpos fuera algo para mejorar la convivencia con sus mejores amigos, ya no digamos con el profesor Snape o el hurón oxigenado. Además no era como si pudiera pasearse libremente ahí, su ropa interior y pijamas eran ahora un tanto inadecuados para el público que habitaba la torre de prefectos.

Solo bastaba ver su pijama de dos piezas de un inocente color tostado. Inocente color, si. Lo que no era nada inocente era la forma en que la suave tela se pegaba a su piel, o la manera en que se transparentaba en la parte superior mostrando claramente su hábito de dormir sin sostén. Eso por no hablar de la parte inferior, que mostraba la piel de su abdomen (porque era a la cadera) y solo llegaba hasta donde comenzaban sus muslos. Y esta era su pijama mas recatada.

Harta de todo tipo de comentarios acerca de sus "bragas de abuelita" que hacían desde su propia abuela hasta sus revoltosas compañeras de casa, la castaña por fin había accedido a los ruegos de su mamá para renovar su guardarropa. Pijamas y saltos de cama de encaje y gasa, sujetadores casi transparentes, camisetas escotadas y diminutas bragas llenaban una tercera parte de su baúl desde este verano. Solo esperaba que convivir con sus mejores amigos en con ese aspecto fuera igual de fácil que hacerlo vestida con los camisones de franela del cuello a los tobillos.

Aunque, ahora que ellos estaban en las mismas condiciones debían tener algo de piedad por ella; si no de forma voluntaria, si de manera forzada cuando vieran lo complicado que era escoger ropa que le sentara bien propio cuerpo sin padecer torturas en el intento.

Llegado a ese punto de reflexión, la leona sonrió. Al fin los hombres sabrían lo difícil que era ser mujer. Y con este reconfortante pensamiento se durmió.

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El aroma a shampoo de frutas lo estaba volviendo loco.

Abrió los ojos, la pesadilla en la que se había convertido en una niñita delicada había terminado. Gracias a Merlín había sido solo eso: una pesadilla. Se sentía muy aliviado.

Estiró su brazo para saber que tan lejos estaba de la orilla de la cama y sintió contra el un cálido cuerpo. El delicado y cálido cuerpo siempre presente en sus fantasías.

El origen del olor a shampoo de frutas.

Bizqueando, enfocó los mechones castaños y rizados sueltos de un moño desenfadado, que enmarcaban un hombro desnudo y delicado. Su mano renunció a buscar la orilla de la cama y se posó sobre esa aterciopelada y suave piel. Rayos de electricidad fluyeron por sus nervios desde los dedos hasta su columna vertebral ocasionando un escalofrío que no pudo reprimir.

La sangre corrió por sus venas como lava ardiendo.

Corrió su mano por todo el brazo hasta la delicada cintura femenina y posó la palma en su vientre. La piel saludó a las yemas de sus dedos que hicieron círculos en el delicado ombligo. Pegó su nariz al suave y esponjado cabello, aspirando hasta marearse con el afrutado aroma.

Un gemido emitido con un suave ronroneo de placer, le animó a subir la palma por debajo de la tela de la camiseta hasta la increíble suavidad de los senos.

Esperaba sentir la tela de un sujetador, pero en cambio, encontró el premio de la piel desnuda y un pequeño pezón firme como guijarro. Otro gemido escapó suavemente de la chica junto a él cuando lo giró suavemente entre el índice y el pulgar.

Besó el aterciopelado hombro descubierto y no logró resistirse al deseo de probar el dulce sabor de esa piel. Sabía a vainilla y frutas, seguramente un jabón a juego con el desquiciante shampoo.

Despacio, se desplazó por la cama para pegarse a la parte trasera de ese sueño húmedo hecho realidad. Presionó las caderas contra su redondo trasero y pegó los senos a su grácil espalda.

Un momento.

¿Senos?

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El rígido ex espía de Dumbledore estaba insomne. Esta situación estaba molestándole mucho.

No era suficiente con que ahora era una mujer, también tenía que ser una mujer menstruando; si ese tal transpón era cómodo, no quería ni imaginar como serían esas tales trollas o represas que había mencionado Granger.

Por Morgana que nunca había sido torturado de una manera tan infame. Ni siquiera el Lord Tenebroso castigaba con tanta imaginación; él se limitaba a latigazos mágicos, crucios, cuchillos con la hoja al rojo vivo, pesadillas inducidas por legeremancia o abrazos de su serpiente. Sin embargo, hasta el momento Snape había padecido una migraña de proporciones astronómicas, dolor de espalda baja, un dolor que Granger llamó pólipos y sensibilidad en partes que nunca imaginó tener. Pero lo peor, era la humillación de haber requerido meter ese maldito cilindro de material absorbente en un lugar por demás incómodo.

Los muggles si que gustaban de torturar a sus mujeres con sus creativos inventos.

Trató de darse la vuelta bajo las sábanas sin mover demasiado las caderas, porque a cada movimiento, el artefacto del demonio le recordaba su presencia con un pinchazo en una parte muy delicada. No sabía si el insomnio se debía a sus reflexiones cada vez más caóticas o si formaba parte del dichoso síndrome ese.

La luz del escuálido sol invernal entraba por la ridícula ventana circular de su habitación e iluminaba la habitación empalagosamente femenina. Al parecer, en su urgencia de alejarse de los adolescentes escogió la habitación de la premio anual. Las cortinas a juego con las colchas color rosa y los encajes en el baldaquín de la cama empeoraban su humor y acrecentaban sus nauseas.

Decidió que era hora de hacer sus ejercicios matutinos. Las abdominales y las lagartijas no requerían de equipo y el baldaquín de hierro retorcido le serviría para las flexiones de brazo. Lo que más extrañaba en esta fría época del año era el hecho de poder nadar en el lago; no había nada mejor para mantener en forma sus músculos que unas largas brazadas evitando al calamar gigante.

Por suerte era viernes y solo debía presentarse a una clase, bueno, si es que al vejete desquiciado no se le ocurría alguna forma de cambiar para mal la precaria situación en que se encontraba.

La vida no se conformaba con haberlo tratado con la punta de un zapato de mago, si no que ahora cuando le habían ofrecido el puesto de catedrático en la universidad mágica de UMK no iba a poder asistir a la entrevista de trabajo con el rector. No al menos con el aspecto de una mujer.

Mas molesto que de costumbre, inició sus ejercicios matutinos.

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Quien fuera el príncipe más atractivo que hubiera pisado la casa de Slytherin, pasaba por un muy mal momento. Casi no había podido dormir, porque además de los calambres que atormentaban sus entrañas, sus femeninas entrañas, no había podido acomodarse en su postura favorita: boca abajo.

Esas hermosas redondeces que ahora formaban parte de su delantera, dolían como el infierno con solo tocarlas, ya no digamos presionándolas con su peso sobre el colchón.

Cuando Pansy o Astoria se resistían a sus juveniles y ardorosas atenciones, aduciendo dolor o sensibilidad, siempre se burlaba de sus intentos de controlarlo mediante técnicas tan rudimentarias.

O el argumento de tener cólicos, o el muy socorrido tema de sentirse irritable por el cual las chicas justificaban sus continuos arranques de celos psicópatas.

Ahora todas esas excusas sonaban reales; incluso las ojeras que solían lucir las hermanas Greengrass estaban justificadas por el gran tamaño de sus atributos frontales.

Definitivamente, cuanto mas tiempo siguiera padeciendo esta apariencia, mas comprendería a las mujeres y eso no le gustaba nada.

Y pensando en mujeres, se dio cuenta de que no tenía nada "bonito" que ponerse, a menos que el vejete modificara de nuevo sus uniformes masculinos. Pero ¿y si lo obligaban a usar una de esas estúpidas faldas con tabloncitos?

Que horror. Todos sus antepasados Black y Malfoy se revolverían en sus tumbas, incluyendo los que aun estaban vivos. Decidió que pasara lo que pasara, usaría sus pantalones, los modificaría si era necesario, pero usaría pantalones. Solo eso. Estar limpio y usar ropa limpia y planchada era todo lo que necesitaba en este momento.

Comprendió entonces que si deseaba bañarse tranquilamente debía llegar al pequeño baño antes que las demás y se levantó disgustado.

En cuanto puso ambos pies en el suelo, un río de sangre corrió hasta el suelo por sus piernas.

-Esto de ser mujer es un asco.

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Una enojada niñita de aspecto vulnerable y delicado, enfundada en un enorme bóxer de hombre y una camiseta sin mangas, pelirroja y mal encarada, gritaba histéricamente mientras corría alrededor de la sala común.

Y no, no era Ranma Saotome.

Sus bamboleantes y enormes atributos físicos se sacudieron frenéticamente al ritmo de sus quejas.

-¡Me niego rotundamente a usar eso!

-Harry, contrólate. Es necesario que uses una prenda que de soporte a tu busto.

-Claro Potty, ¿no ves que se ven enormes y caídas?

Mientras Harry se lanzaba sobre el cuello de la "princesa de Slytherin", que vestía solo una toalla, La rubia del grupo entraba sigilosamente al baño.

Nunca había tenido problemas para conciliar el sueño, pero nunca tenía sueños tan vividos como los que ahora recordaba de anoche. Soñó que llegaba al gran comedor vestido con una de esas cosas de gasa que usaban las modelos en las Playwizard que coleccionaban los gemelos.

Pero en el sueño, Ron tenía su cuerpo, no el de esa niña rubia que era tan similar a Luna Lovegood. Y se veía obligado a caminar hasta la mesa que el director dispuso para él, mientras todos los alumnos lo señalaban y se burlaban de su aspecto.

A causa de ese espeluznante sueño, y por la ropa interior afeminada que Hermione pretendía que usara, se escapó de la sala común usando el baño como escondite. Requería unos minutos para mantener la sanidad mental.

Y para que nadie lo viera comerse el último paquete de galletas que quedaba en la cocina.

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-Primero necesitamos conocer la talla de cada una, luego escogemos el modelo que quieran usar. A la medida del torso se le conoce como la "talla" y a la diferencia entre esta y la medida del busto como "copa". De ahí tenemos que el profesor es talla 36 copa "B", Ron es 32 "A", Malfoy es 34 "B" y Harry… 34 "C". – terminó la castaña ruborizada.

Hermione hablaba como una experta a las cuatro mujeres en camiseta de tirantes frente a ella.

-Las varillas en forma curvada dan soporte y mantienen la forma redonda, las varillas laterales dan soporte aunque creo que no requieren de esas ahora. La copa completa tiene a disminuir el tamaño mientras que la media copa resalta la forma, sobre todo si el tirante esta mas cercano al brazo que a…

-Realmente, Granger, yo preferiría usar solamente algo entallado para evitar que se muevan o se noten. – comentó con rostro imperturbable la "profesora Spein".

-No se preocupe profesor estos modelos de copa completa y tirante en medio son para soporte, incluso estos son de uso deportivo y tienden a reducir la apariencia…

-¡Es increíble! Ya hiciste aburrido el tema de la ropa interior Sabelotodo, ¿qué será lo próximo? ¿Aburrirnos hasta la muerte con la teoría del sexo? – interrumpió molesto el hurón.

-Allá tu si quieres tener sexo en ese cuerpo Malfoy, siempre supe que eras un pervertido, pero esto te supera hasta a ti. – La pelirroja Potter no desperdició la oportunidad de atacar a su némesis.

-Pues tú deberías aprovechar, porque esto es lo más cerca que te encontrarás de satisfacer a una mujer. – Los acerados ojos de la sierpe relampaguearon de furia no disimulada al contestar.

Sin embargo, la interrupción de Draco, llevó a Hermione a recordar la forma en la que despertó hoy en la mañana: con el brazo de Harry sobre su cintura y sus labios a centímetros de su oído susurrando cosas ininteligibles con una voz tan profunda y sexy que, por un momento, la castaña creyó que había vuelto a la normalidad.

Cuando se percató de que Harry hablaba pársel, supo que se encontraba dormido, ya que siempre que hablaba en sueños lo hacía en la lengua de las serpientes. Durante la guerra, Hermione se dormía escuchándolo hablar así. Por eso decidió no despertarlo, bueno tal vez el hecho de que su mano deslizó el tirante de su bata para luego besar su hombro influyó en que la castaña no dijera nada.

Aturdida por la increíble sensación de sus labios deslizándose por la piel de su hombro. Y luego de su cuello, Hermione no previó el siguiente movimiento. La juguetona mano de Harry se metió bajo la suave tela de su pijama para acariciar su abdomen, haciéndola soltar un involuntario gemido.

Cuando unos suaves dedos tomaron y retorcieron suavemente su pezón, la chica dudó entre despertar a su mejor amigo, detener su mano o girarse para participar activamente en su "sueño". Pero el-muchacho-que-vivió-dos-veces se le adelantó de nuevo presionado su cuerpo contra su espalda y despertando con un sobresalto que incluso a ella le fue difícil fingir que seguía dormida cuando el se levantó asustado sujetándose los senos y soltando maldiciones en voz baja.

Es cierto que poco antes de que su mejor amigo y Ginny terminaran su relación, sentía algo por él. Y que muchas veces deseó estar en los altos zapatos de la Weasley cuando los veía besarse o abrazarse; pero de ese punto, al que había llegado esta mañana de dejarse toquetear por Harry estando el aún dormido, pues… podría decirse que había caído demasiado bajo. Sobretodo ahora, que existía una gran diferencia. De hecho pudiera decirse que un par de diferencias copa "C".

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Nos vemos en la próxima.

Acuérdense de dejar un review ;)

Saludos

Pandora