Argumentos jurídicos
—¿Jura solemnemente decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?
—Juro solemnemente decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad según lo estipula la petición realizada por este juzgado para el presente juicio en el cual decidirán sobre mi condenación o posible absolución.
—Bastaba con decir "lo juro" —intervino el juez.
—Muy bien señor. Comience por explicarnos los hechos sucedidos el pasado 8 de abril —señaló el fiscal.
—Con gusto atenderé su amable petición. El pasado lunes 8 de abril del año en curso, fecha mencionada por el fiscal a cargo de este caso ocurrieron los hechos que me son imputados. Estos consisten en un frustrado intento de robo al Museo de Arte de Saltadilla y la también frustrada derrota y posible destrucción de las Chicas Superpoderosas. Veamos… era de noche, me parece que cerca de las 22 horas, es decir, las 9, cuando logré entrar a las instalaciones del museo. Lo primero que hice fue sortear y evadir a los guardias de seguridad contratados para el resguardo y protección de las piezas artísticas albergadas al interior del edificio. Quiero destacar la incompetencia demostrada por ambos individuos durante sus labores, pues ninguno fue capaz de notar mi presencia en el museo debido a que estaban dormidos en su área de trabajo. También declaro mi inocencia acerca del estado en el que los dos guardias se encontraban al momento de mi llegada, el que ambos estuviesen dormidos es ajeno a mis acciones y considero que deben ser amonestados por su actuar negligente. Acto seguido procedí a ingresar al sistema de seguridad para interferir con la señal de circuito cerrado que maneja el sistema de cámaras instalado en el museo a fin de cuidar las valiosas obras en su interior. Conecté mi propia computadora portátil a la red de seguridad a fin de conseguir imágenes estáticas de cada uno de los pasillos del museo, de cada sala, de cada rincón y así engañar a las cámaras de seguridad y con ello retrasar el descubrimiento del crimen que estaba por cometer. Enseguida interrumpí la señal de todo el circuito cerrado para transmitir las imágenes que yo mismo acababa de conseguir. Una vez hecho esto, proseguí a la siguiente etapa de mi plan. Tome mi equipo de herramientas especiales para estos robos, no sin antes haber guardado debidamente mi computadora portátil, pues ya había programado las cámaras con la señal que yo mismo había preparado minutos antes. Gracias a esta señal falsa, pude caminar tranquilamente por los pasillos del museo, mis pasos se dirigían tranquilos hasta la obra de arte que había asignado desde hacía varios días como mi objetivo a robar, con un valor de más de 40 millones de dólares en el mercado, mismos que usaría para financiar mi siguiente proyecto malvado del cual no pienso decirles nada. Como les decía, caminaba por los pasillos del museo con total calma, deteniendo mi andar en cada esquina para proceder con cautela. Con cada pausa tomaba una lata de aerosol y disparaba su contenido en las diferentes encrucijadas del museo para revelar la existencia de algún laser que pudiera entorpecer mi crimen en potencia. Para mi buena suerte, el sistema de seguridad instalado en el museo no contaba con algún obstáculo ni sensor que pudiera entorpecer mi objetivo. Vuelvo a decirlo, su sistema es ineficiente, obsoleto, sencillo, un completo fracaso que fácilmente puede ser burlado incluso por criminales carentes de talento. La ineficiencia de su torpe, simple y ridículo sistema de seguridad llegó a su punto máximo cuando arribé sin ningún inconveniente a la sala de exhibición que buscaba. No había nada que me impidiera entrar a la sala, así que lo hice tal y como lo haría un visitante promedio. No tenían puerta alguna que frenara mi paso, ni cordones o barricada alguna que brindara seguridad a la valiosa escultura que planeaba robar. Pero mi amplia experiencia en robos y mi llamativo expediente criminal me ha enseñado a no confiar en la simpleza demostrada por las corporaciones de seguridad privada y la policía local, estrategias tan predecibles y simples puede dar una sorpresa cuando uno o dos de los elementos de los cuerpos de seguridad se dedica a realizar su trabajo de manera eficiente, precavida y atenta. Y esta fue una de esas ocasiones. La estatua, el objeto que había fijado para mi robo era custodiada por un sistema de láser para detectar cualquier movimiento en los 50 centímetros más próximos a esta, además de estar debajo de una cúpula de cristal fijada a una base de acero reforzado. Presten mucha atención a mis palabras, pues explicaré con todo detalle cómo fue que pude superar el único obstáculo que represento una verdadero reto en ese museo.
—Suficiente señor Jojo —interrumpió el juez con un golpe de su martillo. Pasó su mano sobre su frente para limpiarse el sudor—. En vista de que su declaración no es concreta en los hechos, me veo en la necesidad de cancelar la audiencia. Además ya sabemos cómo terminará esto —dijo con marcado fastidio—. Usted se fugará de prisión o alguno de sus abogados argumentará que usted no es un ser humano y por ello no pueden aplicársele las leyes correspondientes al asunto. Ya conozco todas sus triquiñuelas y sinceramente no me apetece lidiar con estas. Alguacil, deje en libertad al acusado.
—Le estoy muy agradecido señor juez —exclamó Mojo Jojo. El alguacil le retiró las esposas y al verse libre, volvió a hablar al magistrado—. Nos veremos en tres semanas, Bill.
—Espero que no Mojo, en verdad espero que no —respondió el juez en un largo suspiro.
Y llego, más tarde que temprano pero llegó el one shot 4 de este reto.
¿Se imaginan como eran los juicios de Mojo Jojo? Y eso que aquí el juez se hartó y no habian llegado ni a la mitad. Si de por si las audiencias no son muy divertidas que digamos... Mojo las debe hacer horribles.
Gracias a Domina que me dio la idea para esto en su review.
