¡Buenos días, tardes o noches! (No sé de que paises son xD) ¡Muchas Gracias por los reviews! En serio, sin ustedes - mis queridas lectoras - mi fic no sería nada. Gracias por leerme y por sus reviews, y a las que no dejan... que fome ¬¬ Porque me podrían dar animos x)
Disculpen la tardanza, pero el colegio y mis amigos no me dejan nada de tiempo. Aqui hay un capi Espero que les guste!
Bye bye!
Bella Tración.
5.- De cara al mundo.
El reloj ya daba las 7.00. Ya era de día y había clases. Me quede unos minutos mirando el techo ¿Bajaba y enfrentaba al "mundo"? o ¿Me quedaba encerrada? Algún día tendría que salir, algún día tendría que enfrentar a los demás. Decidida y rápidamente tomé mi ropa y mi toalla, y entré al baño. Allí regule el agua y me desvestí. Se sentía tan bien el agua en mi cabeza, el agua en mi cuerpo me relajaba.
Después de 15 minutos en la ducha, me vestí, me maquille y me peiné. Ya no era esa niña que salía sin peinarse y sin maquillarse, ahora me preocupaba más por mí. Inhale aire profundamente hasta llenar todo el espacio en mis pulmones, y lo exhalé. Había llegado la hora de salir
- ¿Vas a salir? – Preguntó con curiosidad el rubio. Mientras que se arreglaba la corbata en un espejo grande colgado en la pared.
- Si – Respondí haciendo lo mismo que él. Mis manos temblaban y por esto tenía un poco de dificultad en armar el nudo de la corbata. Malfoy captó la señal. Se giró hacia mí y de un tirón tomo mi corbata.
- ¿Qué haces imbecil? – No obtuve respuesta por lo que bajé la vista y ví el nudo hecho y derecho. Levante mi mirada y me di cuenta lo cerca que estaba nuevamente del rubio. Me soltó brutalmente al percatarse de lo mismo que yo.
- Que te vaya bien, Myrtle la Llorona – Dijo dándome la espalda, parado frente al retrato que era nuestra "puerta".
- Que simpático, Hurón – Contesté con sarcasmo y mirándolo con desprecio antes que saliera. Algo en él en esta mañana era diferente. Lo que fuese no le iba a durar mucho. Era un Slytherin, una vil serpiente.
Había llegado la hora realmente, estaba parada fuera de el Gran comedor y veía las mesas servidas con el desayuno, también vi a Harry, a Ron y a Ginny. No sabía donde sentarme, era algo en lo que no había pensado. ¡Rayos! ¿Qué hacía? Debería haberme quedado en mi dormitorio, encerrada. ¡Maldito Hurón! ¿Por qué no me detuvo? ¿Y por qué lo culpaba a él? El no tenía la culpa.
Inhalé aire nuevamente y lo exhalé. Comencé a caminar. "Uno, Dos, Tres… Hermione, Tranquila" Me acercaba ya a mi mesa y por consiguiente a mis compañeros. "Hermione tu puedes, se fuerte. Tienes 17 años, ya eres grande".
Me senté al lado de Neville, roja como tomate. Todo el mundo, todo el maldito mundo, hasta los profesores me miraban. Me sentía mal, me sentía observada. Quería correr y esconderme debajo de mis frazadas y llorar, llorar mucho.
Neville me regalo una sonrisa de compasión, y yo le devolví una llena de nerviosismo y que traía unas lágrimas de regalo. Era terrible estar ahí.
Harry estaba sentado unos puestos más lejos que yo, pero frente a mi. Este me miraba de reojo, cuando creía que yo no me daba cuenta. Ron me miraba sin disimular, pero aun así no era una mirada como las de antes. Y de Ginny, ni hablar. Esta ni me miraba. Seguía hablando con Harry como si nada. No existía para ella, solo era una compañera más, ¡Era mi mejor amiga! ¡Y me había dejado sola!
A pesar de todo, yo pensaba que ella me iba ha aconsejar, ayudar a solucionar las cosas, pero no. Ahí estaba ella haciendo como si yo no existiese. Fue ahí cuando le tome el verdadero peso a la soledad. Quizás me lo merecía. Le había echo daño a alguien que me quería muchísimo, y tal vez era lo que tenía que pagar.
Tenia que asumir las consecuencias de mis actos. Quizás tenía que dar vuelta la página y rehacer mi vida, sin mis "amigos".
El desayuno había acabado. Era la hora de entrar a clases.
Cuando entre al aula tampoco sabía donde sentarme. Antes me sentaba con Harry. Me quede parada en la puerta hasta que todos entraron, incluido Snape. Ví como todos se sentaban y yo sobresalía entre todos.
- Srta. Granger ¿piensa estar ahí, el resto de la hora? – Preguntó con su típica voz, haciendo que todos los alumnos quedaran en silencio, expectantes de la conversación.
- No tengo donde sentarme profesor – Respondí mirándolo a la cara… jamás bajaría la cabeza frente a él.
- Donde se sentaba antes, Srta.
- Pero profesor, yo no…
- Junto a Potter – Me interrumpió el desgraciado, señalando el puesto junto a Harry.
- Profesor, yo – Repliqué pero tampoco me dejó terminar.
- Se sienta o se va, elija
Camine hasta el maldito puesto junto a Harry. Todos me miraban para ver si lo hacia o la reacción que iba a tener mi ex novio. Sorpresivamente, este solo siguió mirando al profesor. Le agradecí silenciosamente el gesto.
Habían transcurrido 15 minutos de la clase y yo ya no podía estar ahí. No me concentraba, no podía escribir y me temblaba la mano. Busque otros puestos. Había uno junto a Ron, uno junto a Neville y otro junto a Malfoy. Sin pensarlo, me levanté con mis libros y me fui a sentar junto a él. Este se sorprendió demasiado, abrió los ojos como plato y comenzó a atacarme.
- ¿Qué haces aquí, ratita? – Murmuró el rubio
- Veo que se te acabó la simpatía, Hurón – Respondí a su mismo tono de voz
- ¿Quién esta hablando? – Gritó Snape dejando de escribir en el pizarrón, mirándonos a todos. Al no haber respuesta, siguió escribiendo.
- ¿Qué simpatía?
- ¿Acaso no te acuerdas que ayer, me llevaste la cena a la pieza? – Susurré mientras empezaba a escribir, mirando la hoja y la pizarra.
- Granger, Granger – Chasqueó la lengua – Que ilusa. ¿Tú crees que yo te lleve la cena para que no te murieras de hambre? Pues lamento decirte que te equivocas.
- No me iba a morir de todos modos, imbecil – Le respondí mirándolo a los ojos – Ahora deja… - Tartamudee porque no me había dado cuenta que nuestros rostros estaban muy cerca y él me miraba y esto me hacía poner nerviosa – ¡Ahora déjame escribir, a si que cállate!
- ¿Y si no quiero?
- ¿Quieres que te calle como el ayer? – Le dije apuntándolo con la varita.
- Srta. Granger. Baje esa varita – Se acercó Snape – ¡Ahora!
- Si, señor – Respondí guardándola en mi bolsillo, haciendo que el profesor se alejara.
- ¿Cómo me vas a callar, sabelotodo? – Murmuró el Rubio haciéndome enojar.
- Cállate de una vez… Hurón – Le grite susurrando.
- La ratita de biblioteca… se enojo-oh – Dijo en tono burlón. Rápidamente saque mi varita.
- Silencius – Grité haciendo que por fin se callara, pero ahora me había metido en problemas.
- Vaya a mi oficina Granger – Dijo Snape viniendo a mi por segunda o tercera vez – Finite incantatem – Levanto su varita, deshaciendo el hechizo.
- Pero es que el hurón no me dejaba…
- Ahora – Gritó señalando la puerta que llevaba a su despacho. Todos, incluido Harry se me quedaron mirando.
- Me las pagarás Huroncito – Y fue lo último que dije al salir, viendo la cara de risa de Malfoy.
