CAPÍTULO 3
CAPÍTULO 3 Azkaban
Cuando Harry recobró el sentido lo primero que hizo fue gemir porque se sentía como si le hubieran dado una paliza. Pero después recordó lo que había pasado y se sintió desesperadamente triste e inquieto a la vez. Ginny... Ginny no sólo le había engañado con otro hombre, sino que había sido brutalmente asesinada. A pesar de los problemas que estaban teniendo él la quería con el amor incondicional que sentía hacia los Weasley. Y ahora... Sólo de pensar en la expresión de Molly y Arthur, del resto de sus hermanos, se le encogía el alma. Ya habían perdido a Fred en la guerra; era cruel que ahora tuvieran que enfrentarse a la horrible muerte de su hermanita pequeña.
Pero también le preocupaba lo que había sucedido después y trató de centrarse. Tenía que salir de donde fuera que estuviera y ponerse en contacto con Robards, con los Weasley. Tenía que contarles todo lo que sabía y atrapar a esos hijos de puta. No importaba que Ginny le hubiera sido infiel, su asesinato era una atrocidad que debía ser vengada. Nada de justicia. Pura, simple venganza. Antes de matarlos iba a romperlos de todas las maneras en las que es posible romper a un hombre.
Mirando a su alrededor, Harry tuvo la sensación de que se encontraba en la habitación de una casa abandonada hacía tiempo. A pesar de su malestar, conservaba la varita y no se encontraba inmovilizado de ningún modo. ¿Estaría cerrada la puerta? Con mucho cuidado se puso en pie y dio unos pasos vacilantes hacia ella.
Antes de llegar, la puerta se abrió y seis aurores, todos con expresión entre asustada y decidida, le apuntaron con sus varitas. Un terrible Expelliarmus le golpeó con fuerza, haciéndole volar por media habitación y estamparse contra la pared.
-¿Qué...?-balbuceó, conmocionado por el golpe.
Uno de los aurores corrió a recoger su varita. Harry sintió cómo unas cuerdas invisibles le rodeaban por completo, impidiéndole cualquier movimiento. Gawain Robards apareció en su borroso campo de visión.
-Nunca pensé que tendría que hacer esto, Potter.
-Pero... ¿qué?
-Lleváoslo al ministerio y metedlo en una sala de interrogatorios. Y extremad las precauciones con él. No sabemos cuál es el límite de su poder.
A Harry le hubiera gustado preguntar qué estaba pasando, pero cuando los aurores lo pusieron en pie, la cabeza empezó a darle vueltas y perdió el conocimiento.
Al despertar, sintió un peso terrible encima, la sensación de que el mundo se había vuelto loco. Y cuando abrió los ojos se encontró cargado de cadenas y con dos varitas apuntándole a menos de medio metro de su cara. La expresión de los aurores que las empuñaban-Tom Peakes y y Romulus Williamson, dos compañeros-, no eran más amistosas que su gesto. Gawain Robards estaba sentado frente a él, mirándolo con ojos decepcionados, incrédulos, cargados de censura.
-Potter... ¿qué has hecho?
A pesar de las circunstancias, Harry se sentía más despejado que antes.
-No sé qué está pasando aquí, señor, pero todo esto tiene que ser un error. Escuche, por favor, es muy importante: alguien... alguien ha... ha matado a mi mujer y... y Marcus Schdmit. Tienen que..
-Potter-dijo, y su voz ahora era muy dura-, estás detenido por esos asesinatos.
Harry volvió a tener la sensación de que se estaba volviendo loco.
-¿Qué? ¡No!
Robards bajó un momento la vista.
-Será mejor que confieses.-Cada palabra parecía salir con esfuerzo de su boca-. El Wizengamot podría mostrarse... clemente, dadas las circunstancias.
-¡Yo no les he matado!-gritó Harry, nervioso y enfadado-. ¿Cómo pueden acusarme de eso? ¡Era mi mujer!
-Y te estaba engañando-dijo Robards, con algo más de nervio-. Llegaste a casa, los encontraste en vuestro dormitorio y perdiste el control, ¿no es eso?
-No. No, claro que no. Ya estaban muertos cuando llegué. Declararé bajo la veritaserum si hace falta. Dejaré que usen la Legeremancia conmigo.
Robards meneó la cabeza.
-Esas pruebas son inútiles con alguien de tu poder.
-¡Pues compruebe mi varita! ¡Yo no he lanzado ningún hechizo de magia negra!
Con cautela, como si creyera que dejar a la vista la varita de Harry podía ser peligroso, la sacó de un bolsillo de su túnica de auror y la dejó sobre la mesa sin llegar a soltarla.
-¿Reconoces tu varita?
-Se parece a ella.
Robards asintió y la apuntó con la suya.
-Prior Incantatus.
Harry observó con ansiedad cómo empezaban a salir las sombras de los hechizos que había ejecutado en los últimos días. Lo primero que vio fue el residuo de un Lumos. No recordaba que aquel hubiera sido su último hechizo. Después aparecieron dos Fregotegos. Y Harry palideció al ver que le seguían dos Eviscerus. Los aurores lo miraron con la acusación pintada en los ojos.
-No... Tiene que... tiene que ser un error.
De su varita salieron dos Cruciatus y dos Incarcerus.
-Potter...
-Escuche... Escuche... cuando llegué allí, alguien me atacó-empezó a hablar a toda prisa-. Creo que usaron un Desmaius. Y hace un rato me he despertado en esa casa del callejón Knockturn sin tener ni idea de cómo he llegado hasta allí. Está claro que me han tendido una trampa.
Pero Robards no daba señales de creerlo.
-Potter, tenemos una testigo que afirma que tenías serias sospechas sobre tu mujer y estabas muy enfadado con ella. Y otro testigo te vio por el callejón Knockturn en un estado de clara agitación. Tu varita demuestra que has lanzado los maleficios que han acabado con la vida de tu mujer y su amante. Por última vez, confiesa ahora.
A Harry le iba el corazón a mil por hora. Aquello no podía estar pasando. Sus compañeros no podían estar comportándose como si fuera un vulgar asesino.
-Yo no he hecho nada. Y quiero declarar con la veritaserum.
-Ya te he explicado que se te considera capaz de luchar contra los efectos de esa poción.
-Da igual, quiero tomarla.
Robards suspiró y asintió.Harry se animó un poco. No tenía nada que perder y quizás así comprendieran que estaban cometiendo una terrible equivocación. Cuando Williamson le acercó el vial de poción a la boca, lo bebió sin sentir el menor miedo. Recordaba bien su aceitoso sabor; el entrenamiento de los aurores incluía varias sesiones de interrogatorios con la poción.
Pasados un par de minutos, comenzó el interrogatorio.
-Nombre completo y fecha y de nacimiento.
-Harry James Potter, 31 de julio de 1980.
-¿A qué casa fuiste en Hogwarts?
-A Gryffindor.
-¿Quién era tu profesor favorito?
-Remus Lupin.
-¿Cuál es tu comida favorita?
-El estofado de cordero de Molly Weasley y los dulces de Honeydukes.
-¿Qué hiciste ayer cuando saliste del ministerio?
-Me fui al gimnasio, como todos los miércoles.
-¿Un "gimasio"?-preguntó, pronunciando mal-. ¿Qué es eso?
-Un lugar donde los muggles se juntan para hacer ejercicio.-Harry no tenía el impulso de hablar sólo por culpa de la veritaserum. Tenían que aclarar aquel malentendido cuanto antes y empezar a investigar el asesinato-. Estuve allí hasta las cinco y media y me vio un montón de gente.
-Muggles.
-Claro.
-Lamentablemente el testimonio de los muggles no tiene validez en nuestro mundo. Pero de todos modos, después fuiste al callejón Diagón, ¿verdad?
-Sí. Ginny...-Tragó saliva. Cada vez que pensaba en ella tenía ganas de llorar-. Me había pedido una poción contra los hornklumps. Nos han aparecido unos cuantos en el jardín. Entonces me encontré con Pansy Parkinson. Y unos minutos más tarde, con Hermione, la mujer de Ron. Hablamos unos minutos y después cada uno se fue a su casa. Y cuando llegué me encontré con... todo aquello.
-¿Hablaste de tu mujer con Parkinson o con Hermione?
Si Harry no se hubiera encontado bajo los efectos de la veritaserum, habría mentido por simple vergüenza. Pero la poción le impelía a decir la verdad y, aunque tenía la sensación de que podía vencer sus efectos si lo intentaba con todas sus fuerzas, quería hacerlo bien y ser completamente sincero. La situación era demasiado grave para andarse con juegos.
-Con Hermione.
-¿De qué iba la conversación?
-Me preguntó si a Ginny y a mí nos iba bien. Yo le contesté que no tenía nada de lo que preocuparse.
-Potter, ¿os iban bien las cosas a ti y a tu mujer?
La pregunta era inevitable, pero Harry lo odió por verse forzado a hablar de ello.
-No lo sé. Estábamos un poco distantes.
-¿Tenías sospechas sobre su infidelidad?
-No.-Pero, ¿por qué le estaba haciendo todas esas preguntas?-. Señor, todo esto es una trampa, ¿no se da cuenta? Alguien busca desacreditarme. Los mismos que me atacaron.
-¿Llegaste a verlos?
-No.
Robards apretó los labios.
-Me gustaría creerte, Potter. Te aseguro que me gustaría creerte. Pero según tu varita, primero lanzaste dos hechizos Incarcerus, después dos Cruciatus y por último dos Eviscerus. Ah, y tres Fregotegos. ¿Sabes a qué suena? A que los encontraste en la cama, los inmovilizaste, los torturaste y los mataste de la manera más lenta y desagradable que podías imaginar.
-No.
-Después te limpiaste bien para asegurarte de que no te quedara una gota de sangre encima.
-¡No!
-Y luego huiste y te has mantenido escondido durante dos días.
Harry dio un respingo.
-¿Dos días?¿Qué?
El jefe de los aurores lo miró con una mezcla de pena y censura.
-Estás bien jodido, Potter.
-¡Yo no he hecho nada! ¿Es que no ha oído mi declaración?¡Me he tomado la maldita veritaserum!
-¿Es que no te das cuenta de que eso no significa nada? ¡Tú eres capaz de resistir una Imperius de Voldemort!-exclamó Robards, alterado. Pero luego pareció simplemente cansado. Muy cansado. Sin mirarlo más, le hizo un gesto con la cabeza a los aurores-. Llevadlo a una celda de máxima seguridad. Dentro de dos horas lo trasladaremos a Azkaban.
Harry sintió que la cabeza le daba vueltas de nuevo.
-¿Azkaban? No... No, un momento...
Era una pesadilla. Una de esas horribles pesadillas que nunca le habían abandonado del todo. Pero las manos que le obligaron a ponerse de pie eran muy reales.
-Vamos, Potter...
-Robards, se está equivocando-dijo, a punto de perder el control. Era demasiada rabia y dolor y confusión y miedo-. ¡Ha sido una trampa! ¡Yo no he hecho nada!
Pero su jefe le dio la espalda y Harry se vio arrastrado por sus antiguos compañeros fuera de la sala de interrogatorios. Cuando echaron a caminar por los pasillos, enfrentarse a las caras de la gente fue el trago más duro y humillante de toda su vida. Y lo peor es que la mayoría lo estaban mirando como si le creyeran culpable. ¿Es que no lo conocían de nada, después de nueve años?¿De verdad le creían capaz de algo así?
Cuando llegaban a los ascensores un ruido de pasos rápidos le hizo mover la cabeza y observó con infinito alivio cómo se acercaba su amigo Ron.
-Ron... Ron, tienes que hacer algo. Esto...
Pero no pudo acabar la frase porque Ron se tiró sobre él con un rugido y empezó a darle puñetazos con todas sus fuerzas sin importarle que la mayor parte de ellas fueran a caer sobre las gruesas cadenas que le rodeaban.
-¡Voy a matarte, cabrón! –gritó, con la voz rota-.¿Cómo has podido? ¿Cómo has podido?
Los golpes dolían, pero ni la mitad que su odio.
-¡No! ¡Ron, no he sido yo! ¡No he hecho nada!
Unos cuantos brujos apartaron al auror de encima de Harry con esfuerzo.
-¡No mientas! ¡Era mi hermana, maldito hijo de puta! ¡Mi hermana pequeña!
Harry quería morirse.
-Ron...
Unos aurores que habían acudido al oir el alboroto, entre ellos su amiga Tonks, se llevaron a rastras a Ron, que forcejeaba para soltarse y no paraba de lanzar insultos y jurar venganza. Harry no pudo más y agachó la cabeza para que Williamson y Peakes no vieran cómo le caían las lágrimas. Después le empujaron dentro del ascensor. Mientras veía cerrarse las puertas, tuvo la sensación de que se estaba cerrando algo mucho más importante.
La primera noche que Harry pasó en Azkaban fue una de las más largas de su vida. La terrible influencia de los dementores le atacó nada más llegar. Estaban absorbiéndole cada gramo de magia, cada recuerdo agradable, y sólo su poder y su entrenamiento como auror le permitieron resistir la depresión que amenazaba con invadirle. Cuando miraba a su alrededor no podía creer que le hubieran encerrado en una celda de esa cárcel maldita, que estuviera vistiendo el uniforme de preso, que lo hubieran acusado de un crimen tan horrible. La reacción de Ron le dolía casi tanto como la muerte de Ginny. Se conocían desde más de quince años. Quince años compartiéndolo todo. Y ni siquiera se había molestado en preguntarle qué había pasado.
"Pero Hagrid y Sirius también acabaron en Azkaban sin merecérselo. Y Stan Updike y quién sabe cuántos más. Y al final se hizo justicia. Ellos salieron de aquí y tú también saldrás."
En realidad, Sirius Black había escapado, pero eso no tenía nada que ver. La idea de que su padrino había pasado también por aquello le resultó reconfortante. Si Sirius había sobrevivido a doce años en Azkaban, él podía soportar unos días, hasta que el mundo recobrara el juicio.
No pudo dormir, pero al menos no se unió al coro de lamentos desesperados que provenían de otras celdas.
La débil luz del amanecer le pilló decidido a mantener la calma como fuera. Hermione haría entrar en razón a Ron. Y tenía a Remus Lupin, el amigo de sus padres, su amigo. Pese a ser un hombre-lobo, era una de las personas más buenas y decentes que había conocido nunca. Él se preocuparía por él, le escucharía. A pesar de los dementores, aquella mañana logró sentir una pequeña esperanza.
El sol había salido por completo cuando uno de los guardias le dio una bandeja con su desayuno. Harry la miró con aprensión, pero su vida con los Dursley y la dura época de la guerra no le habían permitido desarrollar ningún melindre con la comida. Sin decir una palabra, se comió los huevos revueltos, las tostadas frías y su té aguado hasta no dejar nada. No pensaba debilitarse mientras estuviera allí; así sólo conseguiría facilitarle el terreno a los dementores. Después devolvió la bandeja y se sentó en su catre a esperar.
No tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado, pero de pronto oyó el ruido de una puerta al abrirse y más pasos. Harry tuvo la certeza de que iban a hablar con él, que iban a decirle por fin que podía irse de ahí. Pero su decepción fue mayúscula al ver que sólo le traían el almuerzo.
Luego llegó la cena.
La segunda noche aún fue peor.
El día siguiente transcurrió de manera similar. Harry, que no entendía por qué nadie le visitaba, por qué nadie le decía nada, le preguntó a uno de los guardias si se sabía algo más de los asesinatos, si alguien había preguntado por él.
-No podemos hablar del caso contigo, Potter.
Aquella era la única respuesta que recibió a lo largo de aquel día y del siguiente y del siguiente. Lo único que rompió la monotonía fue la llegada de un auror, Albertus Rand, que le examinó en busca de rastros de hechizos y se marchó sin darle más explicaciones. Harry se sentía ya consumido de ansiedad por la falta de noticias, casi a punto de perder la esperanza. Y después de cuatro días de pesadilla, escuchó las palabras que anhelaba escuchar.
-Tienes visita, Potter.
Harry casi se echó a llorar de alivio y gratitud cuando vio aparecer junto al guardia a Remus Lupin, que sujetaba una cesta que parecía a punto de reventar de comida.
-Remus...
Su antiguo profesor lo miró con desaliento.
-Oh, Harry...
El guardia abrió la puerta y dejó pasar a Remus. Los dos se quedaron de pie sin decir nada hasta que el guardia salió y desapareció por el pasillo. Entonces se abrazaron con fuerza.
-Creía que no iba a venir nadie.
Remus se apartó de él, manteniendo las manos sobre sus hombros.
-No me han dejado entrar hasta ahora. Deja que te vea... -Por los ojos de Lupin, Harry se imaginó que su aspecto no era muy bueno-. Lo primero es lo primero, toma algo de chocolate. Rápido, antes de que lo vean los guardias.
Aquel dulce era el único alimento que estaba prohibido introducir en Azkaban. Harry desenvolvió a toda prisa la barrita de chocolate y la partió en dos pedazos antes de metérselos en la boca. Después de la dieta de la prisión, aquello era el manjar más exquisito del mundo, pero agradeció aún más el modo en el que ahuyentó el frío y la tristeza de los dementores. Mientras se lo tragaba con cierta dificultad, Remus desempaquetó algo de comida. Después del chocolate, Harry, mucho más animado, atacó un sandwitch de jamón, queso y tomate que le supo a gloria.
-Está buenísimo.
-Come despacio o te sentará mal.
Harry dio un suspiro.
-Todo esto es una locura.
-Harry... sólo mírame a los ojos y dime que tú no lo hiciste.
¿Remus también dudaba de él?
-Yo no he hecho nada.
Lupin se puso de pie y dio un pequeño paseo por la celda. Harry lo observó, sin saber qué podía estar pasándole por la cabeza. Si Ron se había vuelto en su contra cualquiera podía hacerlo. Y entonces el antiguo profesor de Hogwarts empezó a hablar con su voz tranquila y educada.
-Todas las pruebas están en tu contra, Harry-dijo, sin mirarlo-. Se ha confirmado que Ginny y Marcus Schdmit tenían un lío desde hacía dos meses. La mitad del equipo lo sabía. Tu varita muestra señales de Cruciatus y Eviscerus. El examen que te practicaron hace dos días no revela que te efectuaran ningún Desmaius ni ningún otro hechizo excepto de limpieza. Y Hermione... Hermione ha declarado que cuando hablasteis tú estabas furioso con Ginny y...
Harry le había estado escuchando con una sensación creciente de angustia, pero lo de Hermione le hizo saltar como a un gato.
-¿Qué? ¡Eso es mentira!
Lupin alzó una mano, pidiéndole que le dejara acabar.
-Todo indica que fuiste tú, Harry. Todo excepto una cosa.-Remus lo miró con expresión seria-. Te conozco bien. Y sé que nunca podrías hacer algo así.
Harry cerró los ojos y dio un suspiro.
-Gracias... Gracias, Remus.
-Ya cometí este error una vez. Ya creí una vez las pruebas en vez de creer a mi corazón y aún me arrepiento de ello.-Estaba hablando de Sirius, que también había sido acusado injustamente de asesinato-. Pero no pienso volver a hacerlo. Dime qué es lo que pasó.
Harry le explicó con pelos y señales todo lo que había sucedido aquel día, excepto lo de Ian Tennant. No tenía ni idea de qué había hecho Robards con él y no quería arriesgar la seguridad del pequeño, por mucho que confiara en Remus. El profesor le escuchó atentamente y le hizo unas cuantas preguntas para aclarar sus dudas.
-Está bien... Obviamente alguien está interesado en hacerte pasar por asesino. La pregunta más importante es por qué.
-¿Para arruinar mi reputación?
Remus lo miró con compasión y pesar.
-Te estás jugando mucho más, Harry. No quiero que te preocupes, pero la gente piensa que eres demasiado poderoso y que te has descontrolado. Están intentando destruirte, pero...lo que no entiendo es por qué no acabaron contigo mientras te tuvieron a su merced. Un Avada Kedavra habría sido una manera mucho más rápida y efectiva de quitarte de en medio.
En otro momento, la velada referencia al beso del dementor habría resultado aterradora, pero Harry estaba empezando a atar cabos.
-Remus... Remus, escucha, ¿y si el objetivo es hacerme sufrir antes de acabar conmigo? ¿Y si es una venganza?
-¿Una venganza? ¿De quién?
-No es que me falten enemigos-dijo Harry-. Pero esto me huele a Malfoy.
-¿Malfoy?-repitió Lupin, sorprendido.
-Siempre me ha odiado. A mí y a los Weasleys. Ya intentó cruciarme cuando estábamos en Hogwarts. Y todo esto es tan cruel y retorcido como él.
Remus pareció pensarlo un poco y después asintió.
-Está bien, veré qué averiguo por ahí. Tonks tampoco cree que hayas sido tú, Harry. Hará lo que pueda por ayudar.
Tonks, maravillosa Tonks.
-Dale las gracias de mi parte. Por creerme y por ayudar.
-Se lo diré-dijo, con una sonrisa amable. Luego volvió a ponerse serio-. La segunda pregunta más importante es por qué Hermione ha dicho que parecías furioso con Ginny.
Al recordar aquello, Harry se sintió traicionado por un momento. Pero luego se dijo que Hermione no le había fallado jamás. Si Malfoy estaba realmente detrás de aquello, era del todo imposible que ella le estuviera siguiendo el juego.
-Hermione nunca mentiría adrede. Tienen que haberle hecho la Imperius o haberle implantado un falso recuerdo o algo así. Es lo único que se me ocurre.
Remus aún se quedó un rato más. Además de dos barras de chocolate más, que Harry guardó en el mejor escondite que pudo encontrar, le había llevado media docena de sandwitches, una caja de galletas, dos plátanos, dos manzanas, un queso de un palmo de diámetro y un pastel de frutas. También le dejó una manta y un par de novelas muggles, una de, P.G. Woodehouse y otra de Gerald Durrell. Harry, que no era precisamente un erudito, no había oído hablar de ellos, pero Lupin le aseguró que eran dos de los libros más divertidos que había leído nunca.
-Sé que no parece el momento más adecuado para reirse, pero tienes que hacer todo lo posible para evitar caer en la depresión de los dementores.
Harry se sentía mucho mejor cuando Lupin se marchó, aunque habría deseado que se quedara el resto del día. Ahora que sabía que había gente que le creía, todo parecía posible. Lupin era un mago inteligente y mucho más poderoso de lo que aparentaba; él encontraría la manera de solucionar aquel embrollo.
Y de nuevo empezaron los días vacíos y rutinarios. La comida que le había llevado Lupin desapareció poco a poco y el libro de Durrell fue leído y disfrutado. Las tabletas de chocolate fueron cuidadosamente racionadas. Descubrió las ventajas de guardarlas para la noche; era la única manera de conseguir unas horas de sueño decente sin verse acosado por las peores pesadillas de su vida. Empezó a aprender a distinguir los ruidos de la prisión y los mensajes que contenían. Soportó las burlas de los pocos mortífagos que habían evitado el beso del dementor y se morían de la risa al ver al Chico-que-vivió entre rejas. La desesperanza volvió a ganar terreno. Dejó el segundo libro a medio leer.
Una tarde, Lupin volvió a aparecer con una cesta y aspecto macilento.
-Lo siento, Harry. Volvieron a ponerme pegas y luego era luna llena. No he podido venir hasta ahora.
La poción que tomaba cuando había luna llena le volvía inofensivo, pero no hacía que su cuerpo acusara menos las dolorosas transformaciones.
-No te preocupes-dijo, con la boca llena de chocolate-. ¿Qué noticias hay?¿Has hablado con Hermione?
El ex profesor de Hogwarts bajó la vista y Harry comprendió, con un escalofrío, que no estaba simplemente cansado. Estaba derrotado.
-Definitivamente, no es la Imperius. Y si han implantado un falso recuerdo en ella, no soy capaz de distinguirlo. Lo siento.
La mente de Harry se resisitió con lealtad a creer que Hermione estaba colaborando en aquella trampa. Tenían que estar chantajeándola. O quizás alguien había tomado la poción multijugos para hacerse pasar por él, le habían borrado de la memoria su verdadera conversación-un Obliviate bien hecho no dejaba marcas-y la habían engañado.
-¿Y Malfoy?¿Has averiguado algo de él?
-No. De momento no hay un solo indicio que lo relacione con esto.
-¡Pero tiene que haber algo! -Remus abrió la boca como si fuera disculparse otra vez, pero se lo pensó mejor y bajó de nuevo la vista. Harry notó el pánico empezando a crecer dentro de él como un tumor maligno. Las cosas no podían estar tan mal. No podían-. Remus... ¿sabes cuándo piensan llevarme al Wizengamot?
-Dentro de una semana.
-Una semana... Ya... Y por la cara que llevas, la mayor parte de la gente cree que fui yo.
Después de lo que pareció una eternidad, Remus asintió de mala gana.
-Las pruebas parecen abrumadoras. Un... un supuesto experto del ministerio, Janus Logan, dice que cuando un mago alcanza un cierto grado de poder se vuelve irremediablemente inestable. Están... están insinuando que ese asesinato sólo fue la primera señal de... de que te estás volviendo peligroso.
-Peligroso.
-Harry, no todos creen esa basura. He hablado con Neville Longbottom, con Minerva McGonagall... Están convencidos de que es todo una trampa. Y los Weasley... ellos no lo creerían tampoco si Ginny no... Esto les ha destrozado.
Harry apretó los puños, furioso e impotente.
-Tengo que salir de aquí, Remus. Te juro que saldré de aquí y atraparé al hijo de puta responsable de todo esto.
Susi, ya ves, tenías razón al pensar que le iban a echar la culpa al pobre Harry. Si Draco está o no implicado... el tiempo lo dirá.
Tefi creo que las anti-fans de Ginny somos abrumadora mayoría, jaja. No te contesto a las preguntas que te fastidio el suspense.
Drakitap, hola. Sí, esta vez no quería que Harry "descubriera" que es gay a causa de Draco; él ya sabe que es un "bisexual no practicante"... no practicante de momento, jaja. Y lo de Pansy es una buena pista. En cuanto a Ginny, es que me cae tan mal... A ver, no la maté sólo por eso, eran exigencias del guión, pero vamos, no creas que me supo muy mal tener que hacerlo. La verdad es que me he esforzado mucho en que no se parezca al otro fic. Hay alguna que otra cosa que puede recordar al otro, pero bueno, creo que en general no tienen nada en común.
