Castiel acudió a la llamada de Sam la misma noche, poniéndose al corriente de todo lo acontecido. Se alegró de ver al menor de los Winchester y se sorprendió al escuchar la impactante noticia que Emma le relató sobre Dean. El ángel prometió investigar sobre actividad demoníaca, para ayudar a Sam en la búsqueda de su hermano y así cubrir una mayor cantidad de terreno. Sam le agradeció el gesto a Cas pues sabía que este ya lidiaba con problemas propios, como la pérdida de la gracia que había robado meses antes.

Por desgracia, Castiel, tampoco pudo esclarecer las dudas de los muchachos sobre la llegada de Emma a su realidad y les recordó que la única forma conocida que había para que la chica regresará a su mundo era que el hechizo se volviera a realizar desde la dimensión en el que se había convocado por primera vez. Por lo tanto, Emma estaba atrapada en el mundo de Sobrenatural y ellos no podían hacer nada.

Habían pasado ya tres días desde el encuentro con el ángel. 72 horas en las que habían sucedido muchas cosas. Sam y Emma habían estado investigando, sin suerte alguna, por actividad demoníaca en distintos Estados pero el ambiente estaba sospechosamente demasiado tranquilo. Sam hubiera perdido los nervios en más de una ocasión sino hubiera sido porque la presencia de la chica le servía de distracción. Sam le consiguió un nuevo número de móvil, nuevas identificaciones e incluso la llevo al pueblo más cercano al búnker para que Emma pudiera conseguir algo de ropa. Por último esta le había pedido al chico que le enseñara a disparar, ahora que estaba en un mundo lleno de peligros, quería saber protegerse mínimamente. Aunque había tomado clases de defensa personal durante en el pasado, pensó que nunca estaba de más defenderse en la distancia y evitar el cuerpo a cuerpo.

Ambos habían conectado muy bien, cuando descansaban de las intensas investigaciones para encontrar a Dean, pasaban horas compartiendo historias. Sam aún seguía sorprendiéndose de que la chica supiera tantos detalles de su vida, y aunque en un primer momento se había sentido incómodo respecto a esto, con el paso de las conversaciones agradecía tener a alguien con quien no tenia que fingir.

Estaban revisando unas noticias locales en los portátiles cuando de pronto se oyó que alguien golpeaba la puerta del Búnker. Sam levantó la mirada hacia la de Emma y le dijo que esperara allí. Pero Emma no le hizo caso y se limito a seguirle mientras el chico se dirigía hacia la puerta.

-¿En serio? -le acusó Sam al ver que la chica no le había hecho caso. Emma se limitó a encogerse de hombros. -Está bien, pero quédate detrás de mí. -dijo dándose por vencido.

-Hecho. -contestó Emma con una leve sonrisa de triunfo mientras Sam negaba con la cabeza. Entonces una voz familiar sonó al otro lado.

-Chicos soy yo. -se oyó la voz profunda de Castiel. Sam abrió la puerta y el ángel entro.

-¿Ahora llamas a la puerta? -le dijo Sam sonriendo levemente.

-Bueno, intento salvaguardar al máximo lo que me queda de gracia... -contesto el ángel.

-Vaya, eh... claro, lo siento Cas. -se disculpo el menor de los hermanos sintiéndose culpable por su comentario poco oportuno. -¿Qué sucede?

-Se donde se encuentra Dean. -respondió Castiel. -Está en Las Vegas, Hannah me lo acaba de comunicar, por lo visto lleva varias semanas en Nevada y esta con Crowley.

-Las Vegas, la ciudad del pecado... ¿Cómo no se me ha ocurrido? -decía Sam más para sus adentros que otra cosa.

-¿A qué esperamos? Tenemos que ir allí. -soltó Emma. Sam la miró.

-Ni de broma. Tu no vienes, es demasiado peligroso. -cortó Sam. -Sería una locura...

-¿Una locura? Pues yo creo que es la mejor opción que tienes. Es decir, ¿cómo piensas acercarte lo suficiente para cogerle y traerlo hasta aquí? Ya te dije que él no quiere ser salvado, no quiere volver a ser el de antes, se siente más que bien ahora. Yo podría acercarme a él sin que sospechara, no me conoce, podría distraerle y darte la opción de sorprenderlo. -dijo Emma en una increíble muestra de valentía y carácter.

-No te estás escuchando... ¡Esto no es una maldita serie de televisión!, ¡ES REAL! -gritó Sam sorprendido por lo que la chica le acababa de decir. -Quieres ser el cebo de un demonio, ¡Es de locos!

-¡No sería la primera vez que un cazador usa a una persona como cebo para un demonio! -soltó Emma dándole un golpe bajo a Sam, pero al mismo tiempo una bofetada de realidad. -Mira nadie me está obligando ¿vale? Lo hago porque quiero ayudar. El ángel que no había interrumpido hasta entonces la discusión entre el cazador y la chica se posicionó.

-Sam, en realidad no es tan mala idea. Quiero decir, si aparecemos allí sin más y nos ve no tendremos ninguna oportunidad y tendremos que pensar en otra cosa. En cambio, con ella jugamos con la baza de la sorpresa. -dijo Cas mirándolos a ambos. Sam suspiró, sabía que tenían razón. Si Dean había sido capaz de ir borrando sus pasos para no ser encontrado durante tantos meses, ni siquiera por su hermano, si no lo sorprendían no lo podrían atrapar.

-Está bien. Coge lo que necesites. -dijo Sam dirigiéndose a Emma. -En cinco minutos nos vamos.

Tenían 15 horas de carretera por delante desde el Búnker a la ciudad de Las Vegas. Desde que se habían subido al Impala ni Sam ni Emma habían intercambiado palabra alguna, el ambiente seguía tenso después de la discusión que habían tenido minutos antes. Ambos se sentían culpables por las palabras que habían salido de sus respectivas bocas pero, fue Sam el que rompió el silencio.

-Emma siento lo que te dije antes sobre que esto no era una maldita serie de televisión. Es sólo que no me gustaría que más gente inocente muriera, todos lo hacen a mi alrededor... -se disculpó Sam. La chica miró al cazador que se encontraba atento a la carretera hasta que noto su mirada y la correspondió.

-Yo también siento lo que te dije Sam, ya sabes eso del cebo... Ha sido un golpe muy bajo por mi parte, perdón.

-Bueno, no has dicho nada que no fuera cierto. -le dedicó una mirada de complicidad.

-Tu tampoco has dicho ninguna mentira. -dijo Emma. Sam sonrío.

-¿Amigos?. -pregunto el cazador.

-Amigos.

En Las Vegas en esos momentos...

-Dean deberías cortarte un poco. -soltó un más que cansado Crowley mirando alrededor. -Estoy cansado de limpiar tu mierda. -Dean se limitó a mirarlo con suficiencia y se sirvió un vaso de Whiskey.

La suite del Hotel Bellagio en la que se encontraban estaba totalmente destrozada. Sobre la gran cama que presidía la habitación se encontraban los cuerpos desnudos de dos mujeres muertas. Y en el salón dos cuerpos inertes más, en este caso de dos hombres, de los cuales emanaba aún la sangre que había empapado toda la moqueta del suelo.

Dean se sentó en una butaca y empezó a beber de su vaso mientras observaba su obra.

-¡Esto es un caos! ¡Un maldito caos! -repetía una y otra vez el Rey del Infierno.

-Oye no seas corta rollos, pensaba que íbamos a aullar a la luna juntos Crowley. -le interrumpió Dean con voz ronca. -Y no haces más que tocarme los cojones. Eso es lo que hicieron ellos y mira como han acabado. Estos mierdas tienen lo que se merecían, ellas eran unas furcias "solteras" no tengo la culpa de que sus novios se quisieran unir a la fiesta.

-No puedo permitirte esto. -dijo Crowley señalando con aspavientos la habitación. -El infierno tiene sus normas y tu como demonio has de cumplirlas ¡Soy tu Rey!

-¿Permitirme? ¿Tú a mi? -Dean se había levantado y miraba amenazante a Crowley. -No olvides que soy ahora. No soy un simple demonio de mierda de esos que te lamen el culo ¡Soy un Caballero del Infierno! La marca de Caín y la Primera Espada me dan un poder con el que tú sólo puedes soñar. Si sigues siendo el Rey es porque YO TE LO PERMITO. -Dean se encontraba ya frente a él. -Tienes suerte de que no me importe una mierda el politiqueo infernal, pero si me sigues jodiendo con tus "normas" se te acaba el chollo.

Crowley se limitó a tragar saliva. Cuando puso la Primera Espada en las manos de Dean pensó en ganarse un aliado, un compañero con el que nadie se atreviera a cuestionar sus decisiones como Rey del Infierno pero no había pensado en ganarse un enemigo tan poderoso. Por ello decidió callar.

-Así que ya puedes ir allí abajo y comunicar a todos esos hijos de puta que más les vale no cruzarse en mi camino. El que lo haga, el que intente hacerme cumplir con una sola puta norma se puede dar por muerto. -concluyo Dean.