Los personajes no me pertenecen, no soy J.K. Rowling y bla, bla, bla... Si me pertenecieran, Draco y Harry hubiesen quedado juntos.

Esta historia es Slash (relación ChicoXChico). Si no les gusta... allá ustedes, a mi me encanta. Femslash, (relación ChicaXChica), ¿no les gusta? Lo siento, Hermione no podía quedar sola, y Pansy es genial.

Janó el Blaise/Ron y el Theo/Nev. Así que los juntaré. Quizás también a Pansy y Hermione, no queremos que se queden solas ¿verdad?

Con respecto al Capítulo: No sé como habrá salido, lo terminé y traté de subir ayer, pero no pude. FF se volvió temporalmente loco. Sepan disculparme si hay algo que no es de su agrado, o hice mal, pero es que me tienen loca de tareas, apenas pude terminar el capítulo.


—Tu cerebro es tan pequeño que no puede con tu gran estupidez. Por eso es que colapsó y ahora no puedes decir más de dos palabras coherentes—el arrastrar de palabras no podía sino venir de Draco Malfoy, quien estaba rojo de furia y miraba a Harry como si quisiera arrancarle la cabeza con un Crucio.

Harry miraba con los ojos como platos al rubio, sin entender del todo lo que el Slytherin le había dicho. ¿Cómo responder a un insulto así?

—Mejor sin celebro que con sentimientos tan perversos como los tuyos—le siseo con la mandíbula fuertemente cerrada. Su quijada, fuerte y varonil resaltaba sus lindos rasgos masculinos, sus ojos verdes llameando con furia.

—Que elocuente, Potter Potty. Me conmueves— el rubio puso una mano en su pecho, con fingida inocencia y sus ojos grises, abiertos y fijos en los de Potter. No había emoción alguna más que el de la burla.

—¡Eres un mortífago sin sentimientos y…!

—¡Demonios, ya basta!—gritó Luce con la respiración agitada y mirando a los dos chicos con expresión asesina. Ambos se hicieron para atrás, miedosos porque hace solo unos momentos esa tierna muchachita se había atrevido a hechizarles… a ambos. No había tenido compasión.

—Ustedes están peor que las chicas. Se pelean, para variar, como vulgares prostitutas—les regañó con una mirada enojada. –Son magos ¿se olvidaron? Tú, Draco, que tanto fanfarroneas sobre tu pureza de sangre y que tienes modales y que blah, blah, blah—la muchacha abrió y cerró su mano, como si estuviese haciendo hablar a un títere—¿Por qué demonios peleas como un muggle?—le preguntó, con los labios fruncidos.

Luego le envió una mirada de advertencia a Harry.

—¡Tú!—le gritó, haciendo sobresaltar al pobre chico. Siempre le regañaba a él—¿Es que no pensaste en lo que podrías hacerle a ese hermoso rostro?—ella acarició la mejilla del rubio con una mirada pervertida. El aludido se hizo para atrás como si ella le pudiera contagiar de algo raro.

—Basta, Luce, yo…—empezó Draco, enojado. Harry le miró con el ceño fruncido.

—Nada. Tendrán que actuar mejor, ya son chicos grandes para que se estén comportando como cavernícolas machistas con sus estúpidas peleas infantiles—les apuntó con el dedo. Estaba ya un poco cansada de esas peleas sin sentido que tenían. ¿Es que no podían enamorarse y ya? ¿Por qué tenían que hacerse los difíciles?

—¡Tú no eres mi madre para decirme qué puedo o no hacer!—exclamó Draco, mirándola con los ojos entrecerrados.

Harry asintió, a pesar de no decir nada. Estaba de acuerdo, ellos deberían poder golpearse en paz, sin interrupciones.

—¡Pero soy tu amiga, Draco!—le dijo, tenaz. El rubio abrió la boca, sin saber demasiado bien como reaccionar… ¿él, amigo de ella? ¿Una chica loca que no tenía modales y para variar, era una pervertida?

—Tú no eres mi amiga—dijo con un tono mordaz.

Luce, sabiendo de su comportamiento borde, solo rodó los ojos con exasperación. No iba a ponerse a llorar como un estúpido Gryffindor sólo por eso, ¡Oh, no señor! Ella era una perfecta Slytherin, con complejos de pervertida, eso sí.

—Sí, lo soy—le discutió, mirándole con sus ojos oscuros.

—No lo eres—replicó Draco, cruzándose de brazos como el niño caprichoso que era. A Luce se le hizo tan tierno verlo así, con ese pucherito tan sexy. Sonrió internamente con malicia.

—¡Que sexy te ves con ese comportamiento!—exclamó con los ojos brillantes de deseo—Eres tan ardiente incluso comportándote como un idiota Hufflepuff—le dijo con seriedad, como si ese fuera un tema importantísimo. Draco le miró ofendido por su comparación a los tejones, por lo que tardó un poco más en procesar lo que le había dicho, cuando lo hizo se puso tan rojo como un tomate.

—¡Yo no me comporto como tal!

—¡Pues demuéstralo!—le riñó con el ceño fruncido. Luego miró a Harry. –Y tú, Harry… eres también un chico grande, no le hagas caso a las idioteces que Draco te diga. Es un crío malcriado, ya crecerá—le dijo como si estuvieran compartiendo un secreto.

Harry miró de manera burlona a Draco, quien estaba cruzado de brazos y miraba a Luce con los ojos entrecerrados. –Ahora, me encantaría que dejasen de comportarse como niños pequeños y comenzaran a demostrar que no se equivocaron en elegirlos: a ti—le apunto a Draco—como miembro de la Suma Inquisidora del Colegio. Y a ti—apuntó a Harry—Como "el Niño—que—vivió", y estoy segura que cuando se enteren que Voldemort de verdad regresó, te elegirán como Nuestro Salvador del Mundo Mágico. Demuestra que no se equivocarán, demuestra que tú eres un chico maduro que se ha enfrentado a cosas que nadie puede imaginar—le dijo, con una mirada llena de confianza.

—¡Y tú deja de estremecerte, que Voldemort no está aquí y no te violará!—le gritó a Draco, mirando a Harry y esperando su reacción.

Pero Harry solo había registrado algunas palabras.

—¡¿El Salvador de qué, dices?—le preguntó exaltado. Luce rió con diversión.

—¡Oh, nada! En algún momento te enterarás por ti mismo—le restó importancia con un vago gesto.

—¡Ahora terminen su castigo sin pelearse, para cuando regrese quiero una tregua entre ustedes!—les gritó como una loca, con sus ojos desenfocados y mirándolos a ellos con una expresión que daba miedo. —¡¿Entendido?

Harry y Draco asintieron algo reticentes, con cautela.

—Y si no lo hacen ahora, lo tendrán que hacer frente al Gran Comedor ¿están de acuerdo?—su tono cambió, ahora les miraba con dulzura. Esto los desconcertó aún más ¿qué tramaba?

—Yo no—dijo Draco, tenaz. Recibió una mirada peligrosa, llena de promesas que prometían ser cumplidas… ninguna le gustaba.

—¿Cómo dices, Dragoncito?—le preguntó, con fingida dulzura y una mirada llena de advertencia. Draco entrecerró los ojos, algo ahí no cuadraba.

—Que no—le respondió altanero. Luce le miró varios segundos, antes de sonreír.

—Ya veo, creo que tienes miedo a que Harry te gane—le provocó, la burla era clara en sus ojos. Tenía que hacer que aceptaran a como diera lugar.

Draco se puso rojo.

—¿Potter?—hizo un gesto de desdén, mientras sus labios se fruncían con desprecio. La muchacha y Harry rodaron los ojos, acostumbrados a esos gestos.

—Oh, sí. Él—apuntó a Harry, omitiendo el hecho de que eso era de mala educación.

—Eso jamás, Potter no es mejor que yo—siseo el rubio, mirando a Harry con sospecha y un poco de enojo. Luce estuvo a punto de reírse por la expresión de niño pequeño que no quería prestar sus juguetes que tenía Draco.

—Entonces, hagan una tregua—les recomendó con una sonrisa. Harry y Draco, reticentes, asintieron.—¿Cómo dicen? No los escuché—Luce puso una mano en su oreja, poniendo su brazo tras su espalda y moviendo su varita con discreción. Sonrió maliciosamente, esperaba que el hechizo funcionara.

—Esta bien—Draco suspiró con derrota—Acepto, Potter y yo haremos una tregua—dijo el rubio, como mecánicamente. La varita detrás de Luce brilló levemente, ésta sonrió.

—Yo también, acepto hacer una tregua con Malfoy—repitió Harry. La varita de la morena brilló otra vez, mientras la muchacha les daba a ambos chicos una sonrisa deslumbrante.

—¡Me parece genial! Ahora limpien—les ordenó, cerrando la puerta tras de sí y sonriendo maliciosamente.

—Dime que no es cierto—dijo Harry, mirando suplicante a Malfoy. Oh, sí ¡A Malfoy!

—Lo siento, Potter. No lo es—dijo Draco, igual de lúgubre y mirándolo como si él tuviese alguna enfermedad contagiosa. Ambos estaban parados en medio del Gran Comedor, a punto de hacer una tregua.

¿Cómo demonios habían llegado a eso? Que no le preguntara, porque ni ellos lo sabían.

—Chicoooos—Luce alargó la palabra ridículamente, mirándolos a ambos con urgencia. Los dos le miraron con expresión fúnebre—¿Qué? No me miren así. Yo les dije que no querían que se pelearan e hicieran una tregua. No me hicieron caso, ahora paguen las consecuencias. –ella les sonrió cálidamente, con fingida inocencia.

—¿Cómo lo hiciste?—le preguntó con voz lúgubre el rubio. La muchacha le miró con malicia.

—Digamos que hice un hechizo de Promesa—le respondió, mirándole con una sonrisa.

—¿Un Hechizo de Promesa?—preguntó Harry, perdido. Ambos chicos rodaron los ojos.

—Te obliga a cumplir lo que prometiste, quieras o no. Es algo así como un Hechizo Inquebrantable, pero no tan extremista—explicó Luce, mirando a ambos chicos por debajo de sus pestañas, con la intención de verse más inocente.

—¡Eres una desgraciada!—le siseo con enojo Draco, Luce se encogió de hombros. No que le importara demasiado…

—No me importa. Ahora vayan ambos y cumplan con lo que prometieron—Luce los miró a ambos con una amplia sonrisa en el rostro, para luego entrecerrar los ojos en su dirección—Ahora.

Harry y Draco, viendo que no tenían alternativa, dieron mecánicamente dos pasos hacia el frente.

Se pusieron de frente, mirándose como si el otro fuese Satán que venía con Dementores y Voldemort a quitarle sus almas.

—Yo, Draco Lucius Malfoy, prometo que desde ahora no te molestaré más—que tortura decir esas cosas, ¡que tortura!—Haremos una tregua, una alianza. Ya no somos niños, hemos crecidos y como los adultos a los que vamos encaminados a ser, te prometo que cumpliré con mi palabra… desde ahora en adelante, tú Harry James Potter, eres mi aliado. –Draco le ofreció su mano, como aquella vez hace ya varios años. Cuando Potter rechazó ser su amigo. Entrecerró los ojos con enojo. Aún le dolía en su ego ese maldito incidente.

Harry, ruborizado hasta las orejas, suspiró y miró a Malfoy.

—Yo, Harry James Potter, prometo que desde ahora te consideraré mi igual. Mi aliado y amigo.—su garganta quemó al decir lo último—Espero que en los años venideros estemos en paz, por y para siempre. Tú, Draco Lucius Malfoy, eres mi aliado—Harry aceptó la mano del rubio y la apretó.

Las sensaciones fueron sorprendentes: ambos sintieron como si una corriente eléctrica les atravesara el cuerpo, como si un calor se extendiera paso a paso por sus venas. Sus corazones latieron con fuerza, mientras que sus piernas parecían hechas de gelatina. Ambos se miraron a los ojos con las mejillas encendidas, sorprendidos y agradablemente en paz. El tacto del otro era tan tranquilizador, tan… hermoso. Se perdieron en los ojos del otro, maravillándose al encontrar esos colores tan hermosos. Gris plata y Verde esmeralda.

Ambos salieron de su ensimismamiento cuando les gritaron. Pegaron un salto y se soltaron las manos rápidamente, regañándose por ese momento de debilidad.

—Harry ¡¿Qué demonios te tomaste?—Ron se acercaba a ellos con los ojos abiertos como platos, completamente horrorizado.

—Draco ¡¿Te fumaste otra vez eso? Te dije que te hacía decir incoherencias—le regañó Blaise, corriendo hacia ellos. Luce entrecerró los ojos, preguntándose que demonios se había fumado Draco.

Al mismo tiempo, Blaise y Ron llegaron corriendo, chocándose entre ellos y cayendo al suelo con un ruido sordo. Ron estaba encima de Blaise, mientras sus mejillas se ponían rojas.

Rápidamente ambos se separaron como si el tacto del otro les quemara, y se sacudieron las túnicas, muy dignos.

Los ojos de Luce brillaron, ¿Cómo no se había dado cuenta antes? ¡Era genial! Se tomó las manos y con una mirada maquiavélica, sonrió.

—No, chicos. Sólo hay que decir que Harry y Draco al fin, maduraron—dijo ella, en tono tranquilizador y una mirada un tanto extraña al momento de mirar a Ron y Blaise.

—¿Maduraron?—preguntó Blaise, con los ojos entrecerrados.

—Oh, sí—Luce sonrió con un aura de misterio. Harry y Draco levantaron una ceja, incrédulos y burlones—Ellos han madurado, aprendieron a saber la importancia de no golpearse en cada rincón del Colegio, a tolerarse y ser corteses entre ellos—sonrió con hipocresía, mirando los rostros extrañados de los recién llegados.

—Creo que estás más chiflada de lo que había creído—dijo Ron, con el ceño fruncido y mirándola con los ojos entrecerrados.

Luce sonrió, complacida. Aunque no había sido un halago.

—Gracias—rió, mirando a Ron con ojos maquiavélicos. El aludido se hizo para atrás, miedoso de lo que esa cabeza llena de locuras podría llegar a imaginar.

—¡No puedo creerlo!—exclamó Hermione, enojada y mirando a Luce con decepción. Esta la miró por un rato largo, midiendo las palabras que iba a decir.

—Sinceramente, Hermione, la que no puede creerlo soy yo—le dijo, con una extraña expresión de seriedad en el rostro. –Pensé que eras mi amiga—tragó saliva, mientras sus ojos se aguaban levemente—Tratas de cambiarme. Soy Slytherin, Hermione. Y si el Sombrero Seleccionador me puso allí, será por algo ¿no crees? Soy engañosa, manipuladora, juego con los sentimientos de los demás para conseguir lo que quiero… No soy una Gryffindor, mi mente piensa distinto a la tuya.

—¿Pero engañarlos a ambos así, para obligarlos a hacer una tregua?—decir que estaba decepcionada, era decir poco. La miraba con el ceño fruncido y enojada. Luce se encogió de hombros mentalmente. Realmente ¿Quién era ella para decir qué estaba bien y qué no? ¿Acaso se proclamaba a si misma perfecta, tanto que podía juzgar el mal y el bien? ¡Y un cuerno! Ella no se consideraba a si misma como paciente, si seguía sermoneándole ella respondería.

Luce suspiró con fuerza, poniendo una mano sobre la mesa de la biblioteca, y mirando a Hermione directamente a los ojos. —Tú no eres nadie para decirme que esta bien y que no. Debes aprender de una vez que nada te hace perfecta para poder juzgar, así que guárdate tus opiniones moralistas para ti misma—le siseo con enojo. Ya le dolía la cabeza, así que era mejor terminar todo rápido. –Si, lo acepto, quizás no fue la mejor manera de hacer que hicieran una tregua, pero en ese momento lo único que se me ocurrió fue obligarlos. Funcionó, no importa qué digas al respecto. –Se llevo una mano a la frente, cansada.—Esto es para evitar futuras complicaciones, esos chicos debían terminar sus peleas de una vez. Yo solo los ayudé, lo mismo que tú hiciste con Ginny ¿o no?—le miró penetrantemente.

Hermione, confundida, la miró—¿De que hablas?

—Le aconsejaste que tuviera otros novios para olvidar a Harry, sin importarte si ella no quería. La manipulaste para que ella se olvidara de él, fueran tus intenciones buenas o malas, es lo mismo. No debiste meterte—le acusó. Ella ya se encargaría de que esa zorra pelirroja quedara con Dean, porque Harry no estaba disponible.

—Lo hice porque es mi amiga, no podía verla así—le respondió. Estaba algo enojada, aunque sabía que parte de lo que decía era verdad.

—Así como Draco el mío—le respondió, tajante. –Mira, no quiero que peleemos por esta insignificancia. Soy como soy, si quieres seguir siendo mi amiga, te recibo con los brazos abiertos—dicho esto, apoyó sus palabras poniendo sus brazos abiertos, como para un abrazo de oso—Si no, me importa un rábano. Pero si te metieras en mi camino, te destruiría—dijo después, golpeando la mesa con fuerza.

Hermione la miro escrutadoramente, queriendo saber como pensaba esa cabeza Slytherin suya. Al parecer decidió desistir, puesto que suspiró derrotada y luego miró el suelo.

—Creo que nada bueno saldrá de todo esto. Pero me gusta ser tu amiga, eres inteligente y piensas igual, a la vez que distinto, que yo. Somos tan parecidas y a la vez tan distintas…—dijo maravillada, para luego dejar caer los hombros con derrota. –Quiero que sigamos siendo amigas—dijo después, mirándola. Luce sonrió ampliamente.

—¡Abrazo de oso!—exclamó, abrazando con fuerza a Hermione.

Madame Prince las miró con el ceño fruncido por el alboroto.

Después de superar su incredulidad, Hermione también abrazo a Luce. Ambas se balancearon, riendo suavemente.

Te quiero yo, y tú a mí

Nuestra amistad es lo mejor

Con un fuerte abrazo

Y un beso te diré

"Mi cariño yo te doy"

Luce canturreo con una sonrisita maliciosa, notando como Hermione se quedaba tiesa y luego la miraba con extrañeza.

—¿Barney?—le preguntó, con una ceja enarcada. Luego se separó de ella rápidamente y mirándola con una mirada calculadora. —¿Quién demonios eres?—Hermione nunca decía palabrotas, por lo que era importante. Luce la miró tranquila, sin perder la calma. Sabia que si le decía la verdad, Hermione querría saber todo, pero tarde o temprano algo tendría que decirle, no por nada la castaña era la más inteligente de Hogwarts.

Decidió que no le diría la verdad, después de todo… una mentirita no le hacia daño a nadie.

—Digamos que mis padres están algo obsesionados con los muggles—dijo con una sonrisita. Hermione la miró, sin creerle del todo. –Es enserio, pero tengo que mantener mi apariencia en Slytherin. Son todos unas serpientes, si les digo que me agradan los muggles me comerían viva ¿no lo crees?—rió, aunque no era tan divertido. Si lo miraba desde otro punto de vista, era hasta peligroso. Debería tener un poco más de cuidado.

—Digamos que te creo—dijo Hermione, tosiendo levemente—Ahora quiero que me digas algo importantísimo… ¿Qué crees sobre el libro de "Miles de Runas: El Comienzo del Arcanoide"?

—¡Oh, Dios! Ese libro es genial, esa manera de mezclar la información con la literatura… es impresionante—dijo Luce, suspirando levemente y poniendo cara de ensueño.

Así comenzaron a cuchichear sus rarezas, saltando y gritando toda la tarde. Ya qué… Ellas eran así: Frikis hasta la médula.

Pero su pelea no quedaría así, algún día su desenlace le costaría caro a Lucinda Zunch.

—Buenos días, Malfoy—saludó Harry, con los dientes apretados.

Draco sonrió forzadamente—Si, buenos días, Potter—se tragó el nudo en su garganta, y se contuvo de hacer un comentario mordaz.

Ninguno de los dos se había dado cuenta en lo que realmente se habían metido, hasta esa mañana. Si trataban de decirse cosas feas o golpearse, se quemaban a si mismos, les causaba dolor querer tratarse mal. Así que de verdad, ahora eran algo así como aliados, estaban obligados por su palabra.

Harry nunca había maldecido a alguien, pero en ese momento le deseaba cosas dolorosas a Luce. Draco, por otro lado, pensaba maldecir a esa chiquilla pretensiosa y maleducada cuanto antes. Él, después de todo, no dejaba de ser un Malfoy orgulloso y poderoso.

Ambos fueron por distintos caminos, uno para Slytherin y el otro hacia Gryffindor. Cuando Draco llegó a su mesa y se sentó, lo primero que notó fue que la estúpida chiquilla no estaba en su lugar. Suspiró con enojo y trató de actuar con normalidad, pero sus ojos se desviaban continuamente hacia donde estaba Harry Potter, quien se veía igual de inquieto que él.

¿Por qué ese sentimiento raro dentro de él? Se preguntaba Harry, sin entender muy bien esos arranques que tenía. ¿Qué demonios le pasaba? Se sentía extraño, pero no era Voldemort. No, esos sentimientos le pertenecían a él. Y eso era lo que más le inquietaba.

—Hey, Harry ¿Qué sucede?—le preguntó Hermione, notando el estado de Harry. Ron estaba demasiado metido en sus pensamientos (sobre lo deliciosa que estaba ese día la comida), por lo que apenas y si los escuchó.

—Nada—suspiró el muchacho, algo fatigado. No había podido dormir demasiado bien esa noche.

—No estarás dándole vueltas a eso del Ministerio ¿verdad?—le preguntó, algo inquieta y mirándolo con los ojos entrecerrados.

Harry se removió inquieto—No puedo dejar de pensar en que hay gente muriendo, y ellos siguen sin creer… es que es tan absurdo, Hermione ¿Por qué creer que Dumbledore quiere quitarle el puesto a Fudge? Si él hubiese querido eso ya lo habría conseguido hace mucho. Así que deberían ver lo que tienen frente a ellos y dejar de negarse a la realidad.—Harry suspiró, muy frustrado.

—Eso es, Harry. Saca todo lo que tienes dentro, deshazte del estrés y que haya paz.—dijo de repente una voz, sobresaltando a Harry y a Hermione. Ron seguía comiendo, a él que no le molestaran cuando se alimentaba, porque ahí se desconocían.

—Luce—dijo su nombre con los dientes apretados. Luce le sonrió comprensivamente, aunque por dentro entendía su enojo contra ella.

—Haya paz, hermano. Haya paz—le dijo, haciendo una seña de lo más hippie. Parecía drogada.

Hermione ahogó una risita, pues por la cara de Harry podía asegurar de que no le iba a gustar.

—Si, paz—gruñó Harry, suspirando fuerte.

—Claro, hermano—apoyó ella, con voz adormilada y tonta. Los que estaban a su alrededor rieron, pensando en que definitivamente la nueva Slytherin era una rarita.

—¿Por qué no estás en tu mesa?—le preguntó Neville, de improviso y mirándola con curiosidad. Los demás asintieron, mirándole interrogantes.

—Digamos que Draco está enojado conmigo y no quiero hablar con él hasta que esté más calmado—dijo ella, sonriendo con tranquilidad. Los demás rieron levemente, asintiendo de acuerdo.

—¿Comerás con nosotros?—preguntó Seamus, sorprendido. Luce sonrió con tristeza.

—Lamentablemente no puedo, eso "deshonraría" a mi Casa. Le pediré a Dobby—dijo después, conteniéndose de pedirle a Harry el Mapa del Merodeador y su Capa. Ella no debería saber eso. ¡Mierda!

—¿Conoces a Dobby?—los ojos de Hermione brillaron levemente. Luce se temió lo peor.

—Si—contestó, presintiendo que era una mala idea decirlo.

—¿Te querrías unir a la P.E.D.D.O?—le preguntó, con los ojos brillantes de esperanza porque su organización tuviera más integrantes.

—Cl… claro. He oído de ella, pero seré una miembro anónima. Ya sabes, Slytherin y los seres inferiores y esas chorradas—le restó importancia. Aunque a ella no le interesaban los malditos elfos, era algo injusto lo que estaban obligados a hacer.

—¡Genial! La esclavitud de los elfos es indignante… ¿Qué te parecería si fundamos una…?

—Espera. Es que tengo que hacer unas cosas, ahora que me acuerdo—Cuando los chicos quisieron darse cuenta, Luce ya había desaparecido.

Los chicos no le juzgaban por ello.

Los pasillos estaban ya desiertos, no se veía ni siquiera a Peeves y eso ya era decir mucho. Luce sospechaba que andaba por ahí haciendo de las suyas.

Ya era de noche, y la muchacha estaba algo preocupada. Se había perdido cuando iba hacia la Biblioteca, después de todo el Castillo era inmenso y ella apenas conocía por los libros algunas cosas.

De repente un ruido la alarmó. Inmediatamente tenía su varita en la mano, buscando el peligro. Si era una broma o alguna venganza de Draco, ella no lo sabía.

—Miren a quien tenemos aquí… La nueva serpiente rastrera—le siseo una voz femenina de repente. Luce se dio la vuelta tan rápido que por un momento temió romperse el cuello.

—¿Quién demonios eres?—le preguntó de mal modo, ese tonito de la muchacha no le había gustado para nada.

La chica no parecía ser más grande que ella, tenía su misma estatura y no era demasiado agraciada que digamos. Tenía un cuerpo normal, una cara común y fea, y una mirada de perra odiosa.

Luce la miró de arriba abajo con desprecio, menospreciándola. Luego hizo una mueca y arrugó levemente su nariz, como si estuviera oliendo algo asqueroso.

—Digamos que después de que terminemos contigo, no te olvidarás de mi rostro en tu vida, querida.—le siseo con odio la muchacha. Luce retrocedió al verlas acercarse. No se había dado cuenta de que eran tres más, y por sus miradas, algo le decía que no iban a hablar precisamente.

¡Demonios! Ella nunca había peleado con nadie, ¿Cómo iba a arreglárselas sola con esas cuatro perras?

Su corazón comenzó a latir con fuerza, mientras el pánico comenzaba a recorrerle el cuerpo. Le golpearían, arruinarían su hermoso rostro…

—¿Qué carajos es lo que quieren?—su lenguaje argentino hacía acto de presencia.

—Digamos que… venganza—dijo la muchacha. Luce abrió los ojos con algo parecido a la comprensión, mientras los recuerdos se hacían paso a través de su mente.

—¿Venganza?—preguntó con voz fría. No iba a dejar que la humillaran ni hicieran tener miedo. Ella era fuerte, no iba a tener miedo a esas cuatro zorras sin vida. No las conocía pero era lindo pensar así de todas las que le miraran mal.

—Sí. Pagarás por lo que le hiciste a nuestra amiga

—Oh, ya veo—sus ojos se abrieron con comprensión, luego entrecerró los ojos. Rió suavemente. —¿Tu amiguita Chang aún está en la enfermería?—preguntó con burla. Sin embargo no era tan despiadada, la culpa le carcomía el alma. No debió hechizarla con un hechizo utilizado para Dragones. Podría haberle lanzado un Sectumsempra… ¡No, tampoco! Ella no debía ser mala con esas zorras.

—Saldrá pronto, pero eso no quita el daño causado. Asquerosa y puta serpiente… seguro que abres las piernas para todos esos Slytherins—rió con burla y una mirada de asco.

Si Luce pensaba no hacer nada, el pensamiento desapareció de su mente en cuanto comprendió lo que esa asquerosa Ravenclaw le dijo.

Ella podía ser cualquier cosa, menos una puta ¡Oh, eso sí que no!

—Diffindo—gritó, provocando cortes en la otra muchacha. Marietta había estado descuidada, por eso el hechizo le había dado. Después de todo no por nada había estado en el ED, algo había aprendido.

La Ravenclaw se toco la mejilla, y luego miró su mano ensangrentada. Sus ojos se achicaron de furia, mientras temblaba del coraje.

—¡Maldita perra!—gruñó.

—¿Así que primero soy una serpiente, y ahora una perra?—preguntó Luce con burla, sus ojos sin dejar de mirar la varita de la otra muchacha. Estaba segura que le devolvería el golpe.

—Digamos que es una manera de decir que eres una puta serpiente rastrera—Luce respiró fuerte. Se estaba enojando demasiado, pronto perdería la razón y golpearía hasta el cansancio a la maldita amiga de la Chang.

—¿A sí?—preguntó con burla y desdén. Trataba de no dejarse llevar por el miedo, actuaba inadecuadamente en esos casos de furia total. –Digamos que es demasiado hipócrita decir eso de tu parte, ¿no crees?—la miró un rato largo, maldiciéndola interiormente.

—¿Qué? Yo soy una chica de sangre pura, una dama. No como tú, que por el contrario, está en medio de todos los muchachos y quien sabe qué cosas son las que haces con ellos—su insinuación le enojó en sobremanera. No podía soportar que le llamaran así, simplemente no podía soportarlo.

—¿Una dama, te haces llamar? ¡Peleando y atacándome verbalmente como una vulgar muggle!—exclamó con enojo, mirándola desde arriba.

—Demonios, ya basta de estas estupideces. Adelante, chicas—de repente Luce estaba rodeada por las cuatro.

Trató de mantener su varita en alto, pero tenía miedo y cuando tenía miedo se comportaba como tonta.

—Claro, necesitas a tus amigas para golpearme ¿verdad, Marietta Edgecombe?—se burló. Sin embargo su voz se le quebró. Marietta se dio cuenta de ello, sonrió complacida.

—¿Y tú ya tienes miedo, querida Luce?—le preguntó con fingida dulzura. Luego endureció su expresión, y antes de que Luce pudiera hacer algo, ya estaba tirada en el suelo y sin varita.

No pudo evitarlo, simplemente el pánico se adueñó de ella y no pudo hacer nada más que gemir con algo de miedo. Las muchachas se rieron con burla.

Luce sintió algo golpearla en el estomago, pero no gritó. Era una cuestión de orgullo ¿le querían pegar? Bien, que le pegaran. Pero ella no gritaría ni pediría clemencia ¡Oh, no! Claro que no…

—Vamos, dime cuanto te duele. Maldita zorra—Marietta le escupió, con enojo.

—Cada golpe que cometan en mi contra, se los devolveré con creces. Sólo esperen, ahora son ustedes las que ríen, pero soy una Slytherin, puedo esperar para la venganza—gruñó Luce, con la voz algo distorsionada por el dolor. Al parecer esa no era una respuesta válida, porque no valoraron la respuesta y le pegaron otra patada, esta vez en la cabeza.

Luce se mordió el labio tan fuerte que se hizo daño, pero no iba a gritar. Por Merlín juraba que no lo haría…

—¡Hay, no!—exclamó Neville, con decepción. La poción se le volvía a arruinar.

Suspiró con fuerza y luego miró la poción con expresión pensativa ¿En qué había fallado esa vez? No sabría decirlo, las Pociones no eran su fuerte para nada.

—Agregaste una porción de más de Jugo de Algas—dijo una voz tranquila tras él. Neville se sobresaltó levemente, sonrojándose de inmediato.

—¿Enserio?—preguntó con la voz algo ahogada. El chico rió levemente, divertido por el bochorno del Gyffindor.

—Si, de hecho—aseguró el muchacho. Neville se dio la vuelta, para encontrarse con una visión magnífica.

El muchacho era de cabellos negros ligeramente azulados, y unos hermosos ojos color negro. Su piel aparentaba ser suave y limpia de cualquier tipo de imperfección, ligeramente tostada. Neville tosió levemente, sonrojándose hasta las orejas.

—Me llamo Theodore Nott—se presentó con una sonrisa. Neville tragó saliva.

—N… Neville Longbottom—se maldijo mentalmente por su debilidad, por lo quebrada que salió su voz.

—Si, lo sé.—rió.

—Yo también… Eres de Slytherin—musitó Neville, algo intimidado. ¿Qué querrían de él? No se fiaba de ellos, después de todos esos años molestándolo, no es como si de pronto de interesaran en él. Suspiró derrotado, ya sabía que había una razón detrás de eso. La gente no era amable con él solo por serlo.

—No te preocupes por eso. No soy un Slytherin normal—bromeó, sonriendo. Neville entonces descubrió que se le hacían unos hoyuelos adorables.

—¿Ah, no?—preguntó con cierto grado de timidez. Theodore negó con la cabeza.

—Digamos que la chica nueva hizo que me diera coraje a mostrarme como soy. Y una serpiente mala y venenosa no soy, créeme.—le dijo, esta vez un poco más serio. El Gryffindor no podía lograr entender qué tenía que ver él en eso. –Aunque por algo estoy en Slytherin, tengo mi pequeña vena malvada –rió de su propio chiste. Neville cada vez estaba más incómodo y nervioso.

—Amm—musitó con un hilo de voz.

—Oye, te estoy aburriendo con mi verborrea—dijo luego, mirándolo con sus ojos negros. Neville se ruborizó levemente… otra vez. –Entonces voy al grano, quiero hacerte una propuesta

Ahí estaba. Algo tenía que estar buscando de él, era obvio que nadie se acercaría a él sólo por el mero gusto de hacerlo. Trató de que no se le notara la decepción.

—Bueno, emmm, dime—dijo con voz ronca. Carraspeo y luego suspiró, levantó la cabeza y le miró, esperando su dichosa propuesta.

—Quería que me enseñaras un poco de Herbología, y yo te pago enseñándote Pociones—dijo él, sonriéndole amablemente.

Neville no pudo estar más sorprendido que si le hubiese pedido 500 galeones. Le miraba extrañado y con la boca ligeramente abierta.

El chico rió.

—Cierra esa boca, Neville, no te he pedido un imposible. Vamos, al menos piénsatelo ¿si?—se acercó a él y le tomó la mano, apretándola amistosamente. No pudo imaginarse siquiera las sensaciones que provocó en el cuerpo de Neville, quien estaba a punto de desmayarse.

Antes de que el muchacho pudiera responder, Theodore salió del aula con una sonrisita un tanto maliciosa, dejando a un Neville confundido y desconfiado…

No lo sabía, pero su desconfianza no era en vano, ese chico no era sincero y tenía motivos ocultos…


Hola! Al fin terminé el capítulo.
Lamento mucho no poder responder los comentarios, pero a penas y pude publicar el cap.

¡Bienvenidas sean, Nunu y 3BYHancock! Eso es para que vean que sí leí los comentarios. También gracias Karis y Sabaku (¿Te cambiaste el nombre? Está lindo), que siempre comentan. Adoro sus comentarios, me suben el ánimo (y el ego, ejem).

Dejen Reviews para saber qué tal me salió el capítulo ¿si? (¡Draco, pon ojos tristes!)