South Park © le pertenece a Trey Parker & Matt Stone.
Kenny sabía que la mantequilla conservaba su forma si estaba expuesta al frío y cuando se colocaba en el calor, se derretía. Entonces, ¿por qué Butter Stotch no se derretía ante él?
Sinceramente había hecho todo lo humanamente -y no humanamente- posible para lograr conseguir la atención del menor. Lo apoyaba en todo lo posible y estaba ahí siempre para él, ¿entonces por qué Leopold no dejaba de verlo como un simple amigo?
La verdad era que luego de darse cuenta de que nunca podría conseguir algo más con Butter había intentado, primero, suicidarse un par de veces. Sabía que no conseguía mucho haciendo aquello pero la idea de saber qué se sentía «morir por amor» le tentaba de sobremanera. Era una sensación horrible a la vez que jodidamente adictiva. Había intentado ahogar sus penas en drogas y alcohol, también, pero la verdad es que seguía pensando día y noche en Stotch. Al final, simplemente se rindió.
Probablemente el día en el que más sufrió por aquello fue uno de los tantos en que se quedó a pasar la noche en la casa de su amigo. El chico estaba por quedarse dormido y se había recostado en Kenneth, quien agradeció y maldijo a Dios a la vez.
—Gracias por ser mi amigo, Kenny. Eres el único real que tengo, ¿sabes? —le había dicho en voz adormilada. Luego de manifestar aquello, se había separado de él, sentándose de manera que pudiese verlo directamente a los ojos— Es por eso que me gustaría que siguiéramos siendo eso —aseguró de una manera tan seria que Kenneth entendió perfectamente bien el mensaje. No quería cambiar su relación. Sabía lo que sentía por él. Bueno, tampoco es que fuera tan difícil de verlo. Su corazón estaba quebrándose por dentro de una manera que hasta ahora nunca había experimentado, ni siquiera cuando moría -literalmente- por el pequeño. Lo estaba rechazando, quizás indirectamente, pero estaba ahí el hecho, tangible y real. Butter jamás lo amaría de vuelta. Porque sí, lo amaba. Al principio podría haber sido solo un encaprichamiento, pero con el tiempo y gracias a todo lo pasado junto al otro chico, había llegado a ese convertirse en ese estúpido sentimiento.
—Tranquilo, siempre seremos amigos —contestó, con una sonrisa falsa y forzada.
Su mundo había sido un caos desde entonces. Había aumentado peligrosamente la cantidad de veces que follaba con conocidos y desconocidos solo para imaginarse a quien jamás en la vida tendría. Simplemente no podía sacárselo de la cabeza, y nunca podría. Era más fácil vivir de esta forma, incluso si le hacía daño a otros en el camino.
