Capítulo 3
(Junio 2011 – Tercera parte)
Nos embarcamos en el avión con el corazón partido en dos, buscando un nuevo camino y dejando el cariño de la que siembre querré como si fuese mi abuela. Tomé la mano de Meg cuando nos montamos en el avión… ninguna de las dos nos habíamos montado en un avión, Jamás.
Duramos algo más de quince horas montadas en el avión, fue un viaje realmente agotador para ambas, antes de irnos, pude conseguir mediante la agencia de viajes donde compré los boletos que alguien nos guiara hacia un pequeño hotel para descansar y luego en carretera hasta Vancouver, debíamos ahorrar lo más posible, no sabía cuánto tardaríamos en encontrar a mi tío.
Durante el viaje iba pensando en todo lo que habíamos pasado estos últimos años, en lo que había sido nuestra vida, estoy segura que cambiaría radicalmente al pisar suelo americano, pero, ¿todo seria para bien? Una espina de mal presagio rondada por mi mente, decidí dejarle de lado, ya que sabía que era mi tendencia a desconfiar de todos, algo en lo que Susan me enseño una gran lección. Me preguntaba: ¿Cómo sería mi tío? ¿Qué edad tendría mi prima? ¿Cómo sería su familia?...
¿Sería una de esas niñas a la que sus padres complacían en todo?... Siempre envidié a la gente que podía darle de todo a sus hijos, niños que con el tiempo se convertían en vanidosos, los cuales pensaban que el mundo estaba a sus pies. Muchas personas en mi vida fueron así y el primero de todos fue mi padre, a quien no le importábamos un mísero centavo, primero marchó para la milicia irlandesa y cuando regresó, solo se quedó unas pocas semanas, el tiempo suficiente para dejar a mi madre embarazada de Meg e irse igual que como vino.
Pienso también en el pasado, en las veces que tuve que trabajar por unas míseras monedas en la tienda del cretino baboso, por aquel entonces había vendido mi alma al diablo por tener la oportunidad de una nueva vida, una donde todo pudiese ser más tranquilo, donde no haya que suplicar para que te paguen por un trabajo bien hecho.
De hecho, ¡sí! ¡Creo que vendí mi alma al diablo!
El peor error de mi vida, fue haber contratado a esa maldita agencia de viajes para que hiciera las gestiones… Esperándonos a la salida del aeropuerto había un hombre que aparentaba ser de buena procedencia por cómo estaba vestido, llevaba un cartel con nuestros nombres escritos en él. Entendimos que era la persona que venía a buscarnos para llevarnos al hotel y luego a la estación para viajar rumbo a Vancouver.
En el primer instante me dio mala espina, aún no podía diferenciar a la gente por sus intenciones, pero en ese momento debíamos irnos con él, estábamos en un país totalmente desconocido para nosotras, lo único que nos salvaba era que hablábamos y entendíamos el mismo idioma, aunque Meg y yo también hablábamos en irlandés, ¡todos en Irlanda, también hablábamos en ingles!
Mike Harris, así se llamaba nuestro guía, era el que nos llevaría a un hotel, para luego trasladarnos a la parada de autobuses para comprar boletos para Vancouver. Nos subió en su camioneta junto con nuestras cosas, algo no se veía bien en todo esto y ya me estaba poniendo nerviosa, pude ver que Meg también lo estaba, pero siendo la mayor yo tenía que hacerme la fuerte por las dos.
Condujo una gran cantidad de kilómetros hasta que nos encontramos frente a una casa en el medio de la nada, la casa se veía abandonada, pomo si en décadas hubiese sido habitada.
— ¡Bájense! — Dijo autoritariamente, como si nosotras fuéramos algo de él.
— Un momento, primero nos vas a decir donde estamos. ¡Este no fue el lugar por el que se te pago para llevarnos! — le digo con aire de suficiencia, en el fondo estoy asustada, pero no quiero que este hombre vea mi miedo.
— ¡Son una estúpidas ilusas! ¿De verdad se tragaron el cuento que venían a Estados Unidos de turistas por un bajo precio y que de paso tenían chofer incluido? —Se burla de nosotras. — ¡NOOO! ¡Ustedes vinieron a este país y no precisamente a turistear, niñas tontas! Esto es una transacción de negocios… vivir en Norteamérica tiene su precio, y ustedes lo van a tener que pagar… —Nos dice con mucha seguridad, sacando un arma. —Ahora señoritas, no me gusta maltratar a la mercancía, pero si no se bajan ahora mismo voy a tener que hacerlo.
Pude ver que Meg estaba tan blanca como un papel, y creo que yo estaba igual, hicimos lo que nos pidió, bajamos del vehículo y nos encaminamos a la casa, ahí nos esperaba una señora se veía mayor y con mucho sobrepeso, estaba esperándonos a la entrada de la casa.
— ¡Con que por fin llegó la mercancía! —Le dice a Mike, el conductor. — ¡Habrá que examinarlas para ver si son de buena calidad! —Se acerca a nosotras observándonos de arriba abajo, yo la miro de manera desafiante, ¡no quiero que sepa que le tengo miedo!
— ¡Átala! —Le dice a Mike refiriéndose a mí y este me empuja y me lleva a una habitación cerca donde se encuentran unas cadenas que me pone inmediatamente a punto de pistola. —Empezaremos con la más joven, vamos niña... Te prometo que no te dolerá… solo queremos saber que tan buena eres. — dice refiriéndose a Meg.
— ¡NOOOO! ¡NO LA TOQUES MALDITA DESGRACIADA!, ¡SUELTA A MI HERMANA! ¡SUELTALAAA! —Grito. —Pero, ninguno de nuestros captores nos hicieron caso, veo como la mujer lleva a Meg y la obliga a desvestirse y acostarse en la camilla.
— ¡No me haga daño por favor! —Le dice Meg llorando y yo pido lo mismo, la mujer toma una jeringa de la mesita cerca de la camilla y sin miramientos se la clava a Meg en su hombro.
— ¡NOOO! ¡DEJENLA EN PAZ! —Vuelvo a gritar, de repente Mike se acerca a mí.
— ¡Ya estoy cansada de tus gritos, maldita perra! —y me da un bofetón tan fuerte que mi cabeza choca contra el muro y pierdo el sentido de inmediato.
Cuando despierto puedo ver que soy yo la que se encuentra atada en la camilla, veo que estoy desnuda, solo con una bata de hospital como la que esa mujer hizo que Meg se pusiera…. ¡Meg!... ¿Dónde está Meg?
— ¿Meg? … MEGAN…—trato de gritar, pero siento que mi cabezas da vueltas, de seguro que por el golpe que ese hombre me dio. — MEGAN…—Sigo gritando.
De repente entra la señora a la habitación.
—Tu hermana aun duerme, creo que me pase un poco con la dosis de Rohypnol, sin embargo el efecto en ti ha pasado muy rápido.
— ¿Qué le ha hecho? Le juro que si la lastimó….
— ¿Lastimarla?... ¿A la gallina de los huevos de oro? … ¡NOOO!, no las lastimaremos. —Me dice. —Son jóvenes… son bonitas y… ¡son vírgenes! — dice estos riéndose entre dientes. — ¡Nos hemos ganado la lotería! ¡Pagaran mucho dinero por ustedes! Las vírgenes a su edad, son un espécimen raro en este país, de seguro que pagaran 500.000,00 Dólares por cada una, tal vez más por tu hermana porque es más joven, ¡el mercado de las vírgenes es muy escaso pero es muy bien pagado! —Dice esto muy emocionada, pensando en lo que hará con nosotras. —Por lo pronto, tu no me ocasionaras problemas, y vuelve a la mesita donde saco la jeringa para Meg y hace lo mismo conmigo, sin piedad la clava en mi hombro, y yo estando atada no pude resistirme.
Despierto nuevamente y me encuentro en una jaula gigante, encadenada a la pata de una cama de concreto, el lugar se encuentra oscuro, casi no veo nada más a no ser sombras. No sé dónde estoy, y solo puedo pensar en mi pequeña hermana.
— ¡Meg! —Digo con la esperanza de que pueda oírme.
— ¡Lucy! —la escucho decirme, veo más claramente que al lado de la jaula donde me encuentro está ella, también se encuentra encadenada.
Nos separan solo unas rejas e intento acercarme a ella, pero las cadenas no me lo permiten, solo puedo tocar sus manos extendidas con la punta de mis dedos, lloro desconsoladamente, ¿cómo pude meternos en este enredo? ¿Cómo pude dejar que esto le pasara a Meg? Falté a la promesa que le hice a mi madre, y a la que le hice a Susan de tener un destino mejor. Seriamos vendidas seguramente para ser objeto sexuales de los hombres y en estos momentos estaban jugando para ver quien pagaba más alto por nuestra virginidad. Sé que una vez que se haga la venta, seremos separadas y nunca más volveremos a vernos. Ese pensamiento me deprime enormemente y no paro de llorar, ya no puedo seguir haciéndome la fuerte, ya no tengo el suficiente valor para eso, mi madre me había dicho antes de morir que yo era toda una mujer, ¡pero era mentira!, siempre fui una niña escudándose en su máscara de mujer valiente, para que nadie la lastimara, y que nadie lastimara a su hermanita. Pero ahora ya no tenía fuerzas para hacerlo, había fracasado estrepitosamente en mi tarea de conseguir una nueva vida para mi hermana y para mí.
— ¿Me perdonas? ¿Me perdonas, Meg? —suplico a mi hermana por su perdón.
— ¡No fue tu culpa, Lucy! — Me responde llorando.
Lloro, lloro como nunca antes lo había hecho, ni siguiera cuando supe que mi madre moriría, o cuando Susan me dijo que tenía que partir, lloro porque he faltado a la promesa de mi madre, no he sido capaz de proteger a Megan, lloro por que no puedo hacer nada más y Meg lo hace conmigo... y así pasamos mucho tiempo hasta quedarnos dormidas en el piso de nuestras prisiones.
Así pasamos lo que creo que fueron días… Mike, llevaba lo que se suponía era nuestra comida, un engrudo asqueroso, que teníamos que comer si no queríamos morirnos de hambre.
Un día mientras entró Mike con la vieja obesa y otra persona. Una mujer… Puede verla con mis ojos entrecerrados, se veía una mujer muy elegante…
— ¡Entonces esta hecho! — Dice la mujer. — ¡Llevaras a estas niñas al lugar que te indique!... asegúrate que hagan la trasferencia… ¡Necesito el dinero!
— ¡No se preocupe, Madame! — Le dice la vieja bruja. — Todo se hará como usted ordena.
— No es necesario decirte que llevas una carga muy valiosa… todos sacaremos una buena tajada de ellas! — Dice la mujer acercándose a las jaulas. — ¡Son jóvenes…y bonitas! Serán una buena transacción si aprenden el juego… —Y sale de la allí con una sonrisa en sus labios.
Mike se queda en nuestra prisión y emboza una sonrisa mientras me hago la dormida.
— ¿Adivinen qué? — Nos dice contento. — ¡Se les cumplirá su sueño! No iremos a Vancouver, pero iremos a Portland que está muy cerca. ¡Ya tenemos compradores para ustedes! —Nos dice.
Abre las jaulas y nos abre los candados que nos atan a las camas, sacándonos a rastras de ellas, veo que nos encontrábamos en un sótano. Subimos hacia la casa y la luz del día nos pega de repente. Mike nos lleva a una habitación, desierta, donde veo a la mujer obesa con una manguera en la mano. En cuanto estamos solas ella abre la manguera y lanza un chorro fuerte de agua helada sobre nosotras.
— ¡Deben estar limpias para cuando lleguen! — nos dice. — ¡Ningún hombre se querrá acostar con una mujer que huela mal, aunque sea virgen! —Afirma.
Nos da jabón y champú para que nos lavemos con delicadeza, yo ya no puedo luchar más, me siento débil, seguramente por la poca alimentación que hemos recibido estos días. Luego nos permite secarnos y vestimos, elige uno de los vestidos que llevábamos en nuestras maletas. Y una vez que estábamos listas la mujer le dice a Mike que ya podrá llevarnos.
— ¿Puedo llevar mi morral? —le dice Meg a la mujer obesa muy inocentemente. —Por favor, solo llevo un diario, un libro que me dio mi madre antes de partir y una caja con las cartas de mi padre, me gustaría llevármelo… ¿puedo? — Sabía que estaba mintiendo, pero no sabía porque, así que le seguí el juego.
— ¡Si prometes que no pondrás resistencia te lo daré! aparte ya revise tus porquerías sus pasaportes ya los tiene Mike. — le da a Meg el morral con sus cosas y nos obliga a movernos hacia afuera donde estaba la camioneta.
Una vez que estamos atadas en la camioneta escucho una discusión, entre nuestros captores.
— ¡Tienes el maletín para entrar en la subasta! ¡Recuerda que debes pedir medio millón por cada una, como mínimo! … Seremos Ricos ¡Mike!... Madame también estará muy contenta. ¡Nunca más voy a tener que vivir en esta pocilga! nos podemos ir de aquí en cuanto regreses.
— ¡No te preocupes mamá! Tendrás la vida que te mereces. — Le dice Mike.
¡Mamá!, ¡Esa vieja es la madre de este hijo de puta! Estoy impactada por el comentario pero puedo ver que Meg tiene algo en mente, y pienso seguirle el juego... Ahora estamos más cercas que en la sucia jaula, ella se acerca a mí y me abraza muy fuertemente aun encadenadas. Mike arranca a lo que será nuestro destino.
Estábamos todos en silencio cuando de repente Mike lo rompe.
—Estamos pasando por la zona de Silver Lake cerca del monte Saint Helens, por aquí nadie nos encontrara, la zona se encuentra cerrada, como ustedes pueden ver. — Nos dice— Sé que no conocen nada de Estados Unidos, y tal vez esa sea la única oportunidad que tengan de ver algo de el país, creo que estarán muy ocupadas atendiendo a la clientela para salir de sus habitaciones. — Lo indica riéndose de nosotras.
— ¡Maldito bastardo hijo de puta! —Le digo en un arranque de ira. Él frena de inmediato en medio de ese paraje y se voltea a verme.
— ¡¿Qué dijiste?! — Me dice.
— ¡Digo que eres un maldito hijo de puta!, y de una puta muy mala a decir verdad, ella dijo que nadie se acostaría con nosotras si estábamos mugrientas, pero dudo que alguien quiera algo con ella limpia o sucia… da asco el solo verle. —Ya no tengo nada que perder así que me juego mi última carta "La Humillación"
Mike baja de la camioneta y abre la puerta trasera.
— ¡Baja!, vas a ver quién es la zorra, tal vez ya no consiga dinero por tu virginidad pero lo puedo conseguir si te vendo por partes… ¡también hay un negocio muy bueno en el mercado de órganos! … ¡baja y verás quien es la perra!
Hala mis cadenas, obligándome a salir de la camioneta, pero en ese momento se escucha un ruido estrepitoso que lo hace salir de sus pensamientos para saber lo que ha pasado, podemos ver que un helicóptero ha aterrizado de emergencia cerca del lago, unos minutos más tarde vemos a una mujer y un hombre salir del aparato alejándose de él, la mujer corría, de segura para pedir ayuda pero en ningún momento se le ocurrió mirar a donde nosotros estábamos, y la verdad estábamos escondidos en un camino de matorrales cerca del lago, nunca hubiera dado con nosotros.
Mike se acercó a ver al hombre que se encontraba desmayado cerca del helicóptero, revisó su documentación y parecía que se había sacado la lotería en ese momento. Lo cargó y lo llevo a la camioneta, obligándome a ayudarlo, Meg que se encontraba allí veía al hombre y enseguida busco la manera de limpiar su herida con algunas bufandas que llevaba en su morral.
— ¡Este hombre es rico! ¡Vale una fortuna! —Asegura Mike con la billetera del hombre en sus manos, se dirige nuevamente al helicóptero, de seguro para saber cómo aprovecharse de la situación de este pobre hombre. Pero cuando está entrando en el aparato, este estalla como si fuera una bomba de tiempo.
Meg sale como puede de la camioneta pero todavía está atada a ella, pero yo me acababa de dar cuenta que el Maldito de Mike me había soltado, seguramente para violarme en algún lugar lejos de Meg, pero aún estamos atadas, busco en la guantera de la camioneta y veo nuestros documentos, y otros que no identifico, cuando los reviso veo que son documentos falsos que dicen que somos ciudadanas norteamericanas, hasta tenían nuestros nombres el él.
Busco rápidamente las llaves de los candados, pero no las encuentro, el malnacido de Mike debió habérselas llevado.
—Y ahora que hacemos —Me pregunta Meg muy asustada. El hombre que se encuentra tirado en la camioneta, comienza a despertar.
— ¿Dónde estoy? —Pregunta aturdido. —Ninguna de nosotras sabemos qué hacer con él. — ¡Ana! — dice, para volverse a desmayar, llevaba una gran herida en su cabeza y se podía ver que una de sus piernas estaba rota.
Anocheció lentamente y el fuego de la explosión fue menguando con el día. Decido salir a buscar las llaves para mi liberación y la de mi hermana, cuando me acerco al aparato, casi me dan ganas de vomitar, veo el cuerpo de mi captor… totalmente quemado, esta irreconocible a mis ojos, casi le tengo lastima, pero al recordar todos estos días que hemos pasado y lo que él y su madre nos han querido hacer, solo puedo sentir un gran alivio.
Valientemente reviso sus ropas para ver si en alguno de sus bolsillos están las llaves, no pasa mucho tiempo cuando encuentro un manojo de llaves tiradas en el suelo, ¡Son las llaves de la camioneta! También encuentro una más pequeña, la uso en la atadura de mis cadenas y funciona… nuevamente soy libre.
Dejo las cadenas en el piso y antes de correr, para liberar a mi hermana me volteo hacia al cuerpo de Mike y con todo el sentimiento de mi cuerpo le escupo encima.
— ¡ESPERO QUE TE PUDRAS EN EL INFIERNO! —Le digo y salgo corriendo de allí rumbo a la camioneta.
Enseguida libero a Meg, y enciendo la camioneta, no soy buena conduciendo pero si aprendí en un curso de manejo que Susan me obligo a hacer para que tuviera mi carnet de conducir como identificación y conduzco sin rumbo fijo.
— ¿Qué es lo que vamos a hacer? —Digo en voz alta. —Ni siquiera tenemos dinero.
—Si tenemos — Dice Meg y saca del bolso lo que parece ser su diario, ella lo abre y puedo ver los seis mil dólares que le di antes de montarnos en el avión, estaban escondidos— ¡Sabia que de alguna forma lo sacarías de sus casillas!… —Me dice, resulta ser que ese no era un diario, sino una cajita de seguridad que le enseñaron a hacer en la escuela, hasta yo creía que era un libro que ella misma había empastado, estoy asombrada por la astucia de mi hermanita. La veo y sonrío abiertamente, acabamos de pasar por una horrible, una que por azares del destino salimos bien libradas.
— ¿Qué haremos con él? —Le pregunto a Megan. Que en estos momentos ha dejado de ser mi hermanita pequeña a la que tenía que proteger para ser mi compañera, mi mejor amiga.
—Lo llevaremos con nosotras, necesita ayuda, estaba sangrando mucho por la cabeza. —Me dice mi hermana.
— ¿Pero no lo conocemos? ¿Qué tal si resulta que es como Mike o peor? —Le digo asustada.
— Él es nuestro ángel, Lucy. —Me dice. —El bajo del cielo y nos ayudó en el momento que lo necesitamos, ahora no toca hacer lo mismo por él. —Dice mi hermana vehementemente, ese libro de los ángeles al que tanto atesora le ha afectado mucho, pero no puedo dejar de pensar que en cierta forma tiene razón, el parece ser un ángel, ¡hasta luce como uno!
