"Ya está", pensó Kagome exasperada. "Siempre pasa igual..."

Kagome llevó a Sango hasta la última planta y empezó a presentarle a sus compañeros:

-Estos son Mel, Patrick, Tes, Louisa y Ben...

Sango se paró de repente.

-Ben-repitió.

-Esta es Sango, ha venido a ver donde trabajo...

Sango tenía la mirada clavada en Ben. Ben. Ben... su mente sólo repetía esa palabra. Ben pareció darse cuenta, porque le sostuvo la mirada.

-Por cierto Ben, estas muy guapo sin barba- dijo Kagome sonriendo.

-Gracias.

Sango estuvo allí todo el día, viendo lo que hacían, pululando por otras plantas y fingiendo tener sed para ir a tomar un café con Ben.

Kagome la miró mientras se metía en el ascensor acompañada de él. Frunció el ceño. Sango siempre hacía lo mismo. Sus amores duraban poco y siempre acababan con un chico llorando y comiéndose helados kilométricos de chocolate. Kagome suspiró. Acababa de recordar a un musculitos de la playa que fundó un programa de protección de Ex de Sango, la propia Kagome enviaba donativos de vez en cuando...

Despertó de su ensoñación cuando Tes le dijo:

-Mira Kagome, hemos descubierto otro dígito.

Kagome se acercó a la pantalla. Parecía el juego del ahorcado y había dos letras, una T al principio y una... Un grito impidió que Kagome viera la última letra.

-Con que Ben, ¿eh? ¿Por qué Ben?

-No sé... Supongo que a mis padres les gustaba como sonaba ¿no? Al fin y al cabo así se eligen los nombres...

-Bueno, cabía la posibilidad de que algún abuelo tuyo se llamara Ben...- Sango sonrió. Le caía bien aquel tipo. Parecía muy majo.

-¿Y tu nombre?

-Pues -dijo Sango- Una tatarabuela mía era japonesa, de ahí el nombre.

-Ah, vaya; interesante ¿Sabes que un abuelo mío era...?- un grito impidió que Ben continuara su explicación.

-¿Que ha sido eso?

-Ha parecido un grito...

Ben retiró la mano del panel de botones. Un gesto que Sango no pasó por alto.

-¿Que hacías?-preguntó.

-Intentar que pare, nos hemos pasado la planta de la cafetería...

El ascensor se paró, con un chirrido. Una capa metálica se extendió alrededor del cristal.

-¿Que está ocurriendo?-preguntó Sango.

-Es el procedimiento de emergencia.

-¿Para que clase de emergencias?

-Para cuando se produce un robo. Se sella todo el edificio para que nadie salga.

Sango lo miró, asustada.

-¿Cuanto tiempo vamos a estar aquí?

-Pues sin contar con que alguien de arriba desactive el sistema... Siete horas.

Kagome se quedó paralizada. El cuerpo de Sesshomaru estaba tendido en el suelo del piso, enfrente de las puertas abiertas del ascensor. Tes miraba la escena horrizada, mientras Rin se encontraba de rodillas al lado de su amado.

–Sess... Sess –apenas podía hablar entre hipidos y lágrimas.

Unos cuantos guardias de seguridad llegaron acompañados de Inuyasha, el cual se agachó al lado de Rin.

–Está vivo –dijo mientras retiraba los dedos del cuello de su hermano. –Jefe averigüe quien ha hecho esto y porque se ha activado el sellamiento del edificio.

–Sí, señor.

Inuyasha se incorporó y miró a su alrededor, buscando a alguien.

–Kagome, a mi despacho. Ya. –el tono cordial de su voz había desaparecido. Con ayuda de uno de los guardas, se cargó a Sesshomaru al hombro y desapareció camino a su despacho.