Este capítulo tiene algo que me gustó mucho. :33 es demasiado tierno, y empezaremos levemente con los Hicctrid asakjndajkn
Dado que el estado de Astrid es muy grave, quiero que sepan eso, sólo en el caso de que no se hayan dado cuenta ^_^ xD
Capítulo 4, disfruten
-¡Astrid, espera!
La rubia corría con la adrenalina al máximo por el parque, e Hiccup se arrepintió de haber dejado abierta la puerta por unos segundos mientras sacaba la basura.
-¡Deja de seguirme! Hiccup sabe que estás aquí, pero no puede verte…
En ese momento, el castaño se detuvo. Su respiración era anormal, pero el aire aún no le faltaba como para no poder seguir corriendo.
Astrid también se detuvo, y pocos segundos después, se desmayó.
-Vaya, te hacen falta fuerzas aún, no deberías escaparte así… -Musitó Hiccup, al levantarla en sus brazos y viéndola dormida, corrió uno de sus mechones de su cara –
El parque está frente a su casa, por lo que –por mera suerte – no fue tan lejos a donde llegó ella. El mismo es bastante grande, habrán sido no más de cien metros el trayecto de Astrid.
La recostó en la cama, la cual comparten juntos desde ahora, y se sentó a leer un rato.
Pov Hiccup
Es de noche, Astrid se levanta con un humor peculiar, pero no me sorprende. El segundo día en casa. Durmió cinco horas aproximadamente.
-¿Quieres tomar un baño antes de comer?
-¿Q-Qué es eso? –Me mira sorprendida, y camina lentamente hasta el rincón que más cómodo le pareció, donde se acurrucó sin decir una palabra más –
Le sonrío.
Dejo el libro sobre la mesita que tenía junto al sillón, y me pongo de pie ayudándome con el apoya manos de mi asiento.
-Ven.
Le extiendo mi mano, y se tomó un largo momento para confiar en ella. La ayudé a pararse, y nos dirigimos al baño. El doctor me dijo que le cuesta recordar muchas cosas, porque su mente se vació casi por completo, pero yo, para eso estoy.
La ayudaré a recordar todo. Sus emociones, los sentimientos que tenía antes de olvidarse de mí, y lo que sea necesario para que tome confianza para seguir como una persona normal.
Cerré la puerta detrás de nosotros. Su mirada confundida, me sigue causando demasiada ternura, y eso me anima a querer cuidar de ella más.
Recordar.
No sabe cómo tomar un baño.
-Veamos, tendré que enseñarte a hacerlo, ¿Verdad?
Está tan mareada que apenas se mantiene en pie, pero necesita hacerlo. Me dejaron a cargo de ella, y tengo que atenderla, sea cual fuera el motivo o la circunstancia.
Quiero que conozca algo nuevo, o al menos que lo recuerde.
Le ayudé a quitarse el abrigo color espuma nevada que llevaba. Ella obedece sin reproche, parece algo emocionada.
Mientras abría los grifos para llenar la bañera, le expliqué cómo debe sacarse la ropa, muy lentamente, porque lo olvidaba todo al instante.
Decidí que entre en ropa interior, porque fue como se sentía más cómoda, y la dejé allí por un rato. Encendí el equipo con una sonata para clave de Scarlatti –tocada en piano –, de sus favoritas.
Con todo listo, le pregunté si podía bajar a la cocina, pero estaba demasiado concentrada en el agua. Volví a sonreír.
Comencé a pelar y picar papas para fritarlas, y me arriesgué a salir menos de cinco minutos a la tienda de la cuadra, para traer chocolate. Siempre acompaña ambas comidas en la cena.
Espero que no se haya olvidado de lo que le gusta.
Subiré para ver cómo le está yendo.
Su primera sonrisa.
¿Quién dijo eso? Bueno, ahora no me preocuparé por esas cosas. Quizás yo esté quedando loco también, sería irónico.
Cruzo la puerta, y me encuentro con una Astrid esbozando una sonrisa, un poco forzada, pero sincera.
-¿Qué pasó? ¿Te gustó el baño?
-Sí –Volvió a sonreír, más aún -.
-Me alegro.
Me arrodillo frente a la bañera. Cerró los ojos.
-¿Puedo quedarme un rato más?
-Todo el que quieras, Astrid.
-Astrid… Me gusta ese nombre.
Oh no.
La miro a los ojos, hay algo raro en ellos…
-¿Estás bien, Astrid?
No reacciona.
-¡Te engañé! -Saltó y salpicó un poco de agua, haciendo que casi me dé un paro -
Comenzó a reírse burlonamente de mí.
-No vuelvas a hacer eso… -Comenté molesto, preocupado –
-Está bien. Pero admite que caíste.
-Sí, caí. No sabes cuánto. Ahora, te dejaré con tu baño, relájate y no intentes suicidarte…
-D-De acuerdo –Se encogió de hombros -.
…
Subí luego de media hora. Se había dormido en la bañera. Fue todo un logro poder despertarla.
La ayudé a secarse y vestirse, no se sintió mal en ningún momento. Bajamos a cenar, y luego de eso, no tenía sueño.
De acuerdo.
Le di su cuaderno para que dibujara en su rincón, mientras me dormía sentado.
Las tres tazas de café amargo no ayudaron.
