Nota: Gracias por los reviws :3 me animan mucho a continuar esa historia! También agradezco que lo lean y pediría que alguna recomendación o critica la colocaran en un review :3

PD: Quiero trabajar en una nueva historia… pero no sé en cual :p .¿Podrían por favor darme ideas de algún anime o libro para hacer un fanfic? Seria genial tener su apoyo e interés :3 Muchas gracias!

ATT: BBN

Capítulo 3.

Estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida.

Arthur Schnitzler

-Isabelle.

-Alec –este escondió la mirada. Isabelle se preocupó- ¿Ocurre algo?

-Clary está en el instituto.

-¿Que? –Isabelle pareció alarmada- hay que evitar que se encuentre con Jace…

-Ya la ha visto –interrumpió Alec- estaban juntos.

-¿Y hablaste con Magnus? ¿Qué te dijo?

-Tarde o temprano Jace iba a recordar, pero podemos eliminar sus recuerdos ateniéndonos a que Jace pierda la memoria del todo.

-¡Entonces que pierda la memoria! –exclamo Isabelle. Alec se levantó y se acercó a su hermana.

-No puedo creer que digas eso.

-Morirá.

-Tuvo que haber muerto hace mucho –espeto Alec enojado- además no podemos decidir su vida.

-Pero…

-¡Por el Ángel!, Isabelle –dijo Alec perdiendo la cabeza- él no es tu hijo. ¿Lo recuerdas?

-Era tu parabati –dijo ella perdiendo los estribos.

-¿Y por eso crees que no respetaría su decisión de volverla a buscar?

-Lo que tú realmente quieres es matarlos a los dos.

-¿Por qué yo haría algo como eso?

-Porque no lo has olvidado, porque tu jamás lo superaras, estas tan encaprichado…

Isabelle se detuvo, Alec pareció profundamente herido.

-¿Crees enserio que yo sería capaz de eso solo por un capricho?

Isabelle cruzada de brazos evito la mirada de su hermano.

-No.

A veces se recriminaba por la forma tan sucia en que buscaba conseguir las cosas. Pero no quería que Jace muriera. En cierta parte, había pasado de ser Jace, su hermano adoptivo a ser algo como un hijo. Había despertado un sentimiento de amor y protección que había perdido cuando Max había muerto. Aunque Max regreso, Isabelle nunca pudo reponerse. Para ella Max estaba muerto y punto. Ninguna resurrección lo volvería a traer de vuelta. Había regresado distinto. El paso de la muerte a la vida lo había cambiado, pero fuera de eso, ella sentía al igual que su madre que algo había estaba mal en él. Algo se había roto. Tal vez haya sido un caso de inocencia perdida, pero Isabelle sentía que era algo más.

Alec espero a que Isabelle dijera algo más, algún tipo de disculpa o algo que lo hiciera sentir mejor, pero ella solo se limitó a mirar la nada con los brazos cruzados y los labios apretados. Muy callada y pensativa. Alec se fue de la habitación con cansancio. Debería entenderla un poco. Tal vez fuera él un insensible.

Por alguna razón (Que había ignorado por completo) Alec le había prohibido a Jace salir de la casa. Este asintió obediente y subió a su habitación para tiempo después alistarse para salir. Algo andaba mal, Jace lo sabía. La forma en la que Isabelle actuaba (tan irritada), como actuaba Alec (misterioso y alarmado), la tensión en su casa y que Alec haya creído en las palabras de Jace tan fácilmente (aunque no supiera de la cita) lo hacían darse cuenta de que algo le estaban escondiendo. Algo que tenía que ver con él. Estaba seguro de ello. Si no, ¿Porque ocultarle cosas?

Pero por alguna razón sabía que si quería respuestas no podía buscarlas en su casa sino en el instituto. Iría ahí a buscar a Clary, saldrían a comer algo y luego él la acompañaría de nuevo al instituto, donde de paso se encargaría de investigar un poco. Matar dos pájaros de un tiro.

Se vio al espejo algo preocupado. No había mucho del Jace de hace solo semanas. Estaba un poco más delgado, su anguloso rostro y facciones estaban oscurecidas. No había nada que denotara la luz que en algún momento su piel, ojos y cabello irradiaba, tenía grandes ojeras que amenazaban con arruinar un poco más el rostro el muchacho.

Debería dormir mejor, pensó. Pero los sueños lo aturdían de una forma que pesaba admitirlo. Con ese pensamiento abandono la casa. Se asomó a la ventana. Su cuarto daba a la calle pero estaba en un segundo piso. Salto al árbol que estaba junto a la ventana y se bajó de este con cuidado de no hacer ruido. Max lo vio a distancia y sonrió con malicia.

-Ese es mi hermanito –dijo cuándo Jace se había ido.

Jace fue hacia uno de los peores barrios en toda Nueva York. Ahí había ido varias veces a arruinar motos demoniacas de vampiros estúpidos y disfrutar con la reacción que tenían. Pero hoy era distinto. Se preparó para poner su más insulsa cara de inocencia y respiro con dificultad. Toco la puerta y una vampira le mostro los dientes enojada.

-Cazador de Sombras –le dijo.

-Te alegrara escuchar que no estoy aquí por parte de la clave, para tu mala fortuna no vine a jugar. Necesito hablar con Raphael.

-¿Y qué te hace pensar que te voy a dejar pasar solo por que quieras hablar con Raphael?

Jace suspiro exhausto y con agilidad logró pasar engañando a la vampira.

Todos lo miraban expectantes, como quien ve un delicioso caramelo después de un día comiendo sal.

-¡Raphael! ¿Dónde estás?

El muchacho se asomó por los pisos de arriba.

-¿Un Nefilim aquí? ¿A que debo esta inesperada y poco agradable sorpresa? –dijo con tono meloso.

-Vengo a proponerte un interesante trato.

Jace vio que tras de Raphael estaba Simon, intentando huir… de él. Jace se sorprendió.

-¡Sabia que eras un cobarde, pero has pasado de mis expectativas! –le grito.

Simon se voltio a verlo fastidiado.

-Venía a ver a un viejo amigo, por desgracia tuve que retirarme, no me gusta juntarme con la basura.

-¿Le dices basura a tu propio amigo? ¡Vaya!

-¿Qué te trae por aquí? –pregunto Raphael, su tono se volvió duro de repente.

-Hablare contigo en privado –dijo Jace. Raphael lo pensó unos segundos.

-Déjenlo subir –dijo molesto.

Al cabo de unos segundos Jace estaba subiendo. Simon había desaparecido y Raphael caminaba delante de él. Jace se preguntó porque tendría tanta confianza. Después de todo tenia tras de sí a un Cazador de Sombras. Entraron a un despacho grande. En él había un librero aun lado, un escritorio simple y una silla de cuero.

-¿Qué ocurre? –Pregunto Raphael serio- ¿Algún problema con la clave?

-No vengo por parte de la clave, vengo a pedir un favor.

-¿Un favor? –los ojos de Raphael se abrieron por la sorpresa.

-Más bien un trato –Jace empezó a jugar, casi sin saberlo, con un hilillo que colgaba de su manga.

-Te escucho –dijo sin ocultar la sorpresa que el enorme descaro de Jace le provocaba.

-Necesito una de tus motos, que vuele si es posible.

Raphael se rio secamente.

-¿Y qué te hace pensar que te voy a dar una?

-Es preferible perder una a perder muchas. Hay mucha agua bendita de donde yo vengo.

Raphael se tornó serio de nuevo.

-¿Así que tú eres el gracioso? –Dijo- la clave…

-¿La clave? No creo que este tipo de daños estén en los acuerdos. Aunque podrías buscarlo mientras yo elijo una moto.

-¿No te iras sin una?

Jace sonrió.

-Quiero que sepas que a mí no me afectan tus amenazas, pero no logro tolerarte –dijo Raphael levantándose- ¿Cuándo la devuelves?

-No sé –Jace pareció pensativo- me gustaría utilizarla un poco.

-Toma una y te vas rápido, Cazador de Sombras.

Jace tomo una y vio la hora. Solo funcionan en la noche. Entonces Jace se sentó a esperar que el sol se ocultara.

Simon llego a la dirección. La casa era bonita y a simple vista se veía acogedora. Era de dos pisos, tenía un pequeño jardín en la parte delantera. Se imaginó que la casa por dentro debería sería grande. Isabelle se asomó por la ventana y luego desapareció.

-Hola –una voz familiar lo sobresalto un poco. Simon sonrió.

-Isabelle.

Ella camino hasta ponerse junto a él. Siempre había sido un poco más alta, pero ahora, Simon se veía todavía más bajo junto a ella.

-A veces no sé que tengo en la cabeza –dijo ella- volviendo a reencontrarme con un viejo amor en estos tiempo.

-Dios, hasta hablas como Maryse.

Isabelle rio.

-Siempre me he parecido un poco más a mi madre.

-¡Por supuesto! La única diferencia es…

-Que soy más joven –interrumpió Isabelle.

-Iba a decir más bella –susurro Simon.

Isabelle se sonrojo.

-¿Por qué querías que nos viéramos?

-No lo sé –dijo Simon- creo que sigues siendo mi capricho favorito.

"Soy para ti un maldito capricho, vete, no te quiero volver a ver jamás". Y Simon cabizbajo se alejó de ella.

-No te parece que pasado mucho tiempo para venir a hablar sobre los viejos tiempos.

-Si pero los extraño, los viejos momentos.

-¿Y Clary como esta? –suspiro Isabelle resignada.

-Creciendo, otra vez. Sigue siendo muy maja. Y si esperas que te pregunte por el cretino no lo hare. Ya le he visto.

-¿Y bien?

-Es un imbécil. Pensé que una familia tal vez lo cambiaria pero no lo hizo. Hoy entro a la guarida de los vampiros como si fuera Pedro por su casa…

-¿A dónde fue? –pregunto alarmada.

-¿N-no lo sabias?

Isabelle frunció el ceño.

-Le voy a matar.

-Me encuentro muy emocionado –dijo Sebastian a la nada.

Un niño pequeño de ojos dorados y de un hermoso cabello rubio se encontró sorprendido al ver a su padre tan eufórico.

-Muy, muy emocionado –volvió a decir y de un momento a otro se volvió a poner frio y duro- ¿Sabes porque? –Miro al niño con rudeza- Porque voy a hacer de Morgenstern una enorme familia. Una familia de poder que cambiara el mundo. Y Clary me ayudara, y tú también.

-¿Y Jonathan? –pregunto el niño. Sebastian lo miro unos segundos. Quería romperle la cara con solo verlo. Lo odiaba.

-¿Qué importa ese bastardo?

El niño bajo la mira, no le gustaba que su padre se avergonzara de él de esa manera.

-Cuando no te necesite –dijo Sebastian – no tendrás que preocuparte por él. ¿Sabes porque? Porque te iras directo al infierno con él. O no. Tú no tienes alma. Te podrirás aquí.

Y se fue. El niño aguantaba las lágrimas en sus ojos, cuando oyó la puerta cerrarse las lágrimas cayeron débilmente por sus mejillas y su rostro se tornó de un rojo pálido. Apretó los puños a sus costados e intento no hipar mientras se daba la vuelta y se iba a su habitación.

El niño se acostó en su pequeña cama. El cuarto era, solo por poco, un poco más grande que un baño y no tenía luz eléctrica. Aunque no la necesitaba del todo. Aquella habitación era helada siempre. Abrió su libreta. En ella aparecía una falsa identificación que se había creado el mismo. En ella aparecía su nombre, su edad y una fecha que se inventó como su cumpleaños.

-Stephen Morgenstern, ocho años, quince de Julio –dijo en voz alta para no sentirse solo. La voz de Sebastian irrumpió en su mente.

"Tú no eres un Morgenstern, eres un sucio Herondale"

Y el desprecio en la voz de Sebastian hizo que el niño arrancara esa hoja y la tirara lejos.

"Entonces me iré" pensó "tal vez así me llegue a apreciar un poco"

Entonces tomo un morral y metió su ropa (Que era tres conjuntos de combate) y salió con sigilo.

Un hombre con rostro oculto y un ropaje negro, sucio y un poco dañado era quien lo cuidaba, al verlo con el morral frunció el ceño enojado.

-¿Qué vas a hacer? –Pregunto con voz ronca, Stephen, quien no lo había visto, pego un sobresalto.

-A-Agatha me… me ha hecho una comida –dijo, su corazón latía muy aprisa.

-¿Y el morral?

-Quiero llevarme algo para después, pero no quiero que mi padre me vea llevando comida a la habitación. Tal vez se moleste –mintió de improviso.

-Te acompaño –dijo el hombre, Stephen asintió. La cocina estaba justo al lado de la puerta de salida, pero la puerta estaba vigilada desde dentro y desde fuera. Tal vez podría salir por la ventana de cocina, pero Agatha estaría ahí y el hombre descubriría que le había mentido y lo golpearía. Maquinaba a toda prisa una solución. ¿Qué hacer? Al llegar Agatha no estaba. El hombre se tomó unos segundos para voltearse y buscarla, momento que el niño aprovecho para abrir la ventana. La brisa era muy fresca, por fortuna él estaba muy abrigado. Tenía una estela en su bolsillo y un cuchillo serafín en su zapato. Tiro el bolso y salto con agilidad. El hombre se volvió y se sorprendió al ver al niño intentando escapar.

-¡Niño del demonio! –Gruño- ¡Ya verás cuando te ponga las manos de encima!

Stephen se imaginó que no podría quedar peor que el hombre, y eso de alguna manera lo animo. El hombre salió despavorido tras de él, pero él estaba escondido, sin respirar, intentando tranquilizarse para que el hombre no escuchara el latido de su corazón. El hombre se quitó la especie de antifaz que tenía dejando al descubierto la deformada cara y empezó a oler. Y acercarse al niño. Stephen había olvidado su buen olfato, pero ya no había marcha atrás. Se desnudó por completo y dejo todo dentro del árbol donde estaba escondido. Salió un poco asustado y lanzo una piedra, lo que distrajo al hombre pero no evito que dejara de poner atención a su olfato. Escalo el árbol con facilidad, agradeciendo el entrenamiento y dio paso a huir en las ramas. Noto que ya no lo seguían, entonces busco en alguna parte civilización. Se encontró con una carretera, suspiro cansado. No tenía nada más que su ropa interior (Que agradecía que fuera larga) y el frio lo estaba azotando. Entonces empezó a correr y por fortuna empezó a ver rastros de lo que parecía gente.

-Una mujer lo vio y se tapó con la mano la boca.

-¡Dios, pobre criatura! ¿Qué haces así por la calle? Pescaras un resfrió.

-Soy huérfano –mintió abrazándose.

-Déjame llevarte a un lugar… -dijo ella y le tomo la mano con cuidado, ella no le había visto con claridad. Sonrió incluso en la oscuridad de la noche- Eres muy guapo.

Y Stephen se sonrojo. Porque nunca nadie le había dicho algo tan bonito en toda su vida. Porque no sabía que en realidad era guapo. Porque aquello era lo que algún día había pedido. Entonces abrazo a la mujer, pensando que era un idiota sentimental.

-Usted lo es más –dijo con voz llorosa.

La mujer paso su mano por el cabello rubio del muchacho y sonrió aún más. Se quitó la chaqueta y lo arropo.

-Si pudiera me quedaría contigo.

El niño sonrió.

-Si pudiera me casaría con usted.

Y ella le sonio aún más, se subieron juntos a un taxi. Llegaron a un orfanato una media hora después. La mujer se despidió de el con un beso en la frente y lo acompaño hasta la puerta. Stephen vio alejarse a la mujer, todavía tenía la chaqueta y el perfume de ella encima.

-¿Cómo te llamas? –pregunto la mujer del orfanato.

-Stephen Herondale –dijo el niño muy seguro.

Jace legaba tarde. Aunque estaban en invierno había tardado un poco en caer la noche y había pasado casi una hora. Llego al instituto y busco a Clary en el. El instituto era enorme. No la hallaría tan fácilmente.

"¿Por qué no le habré pedido el numero?" Se preguntó enojado "Soy un imbécil"

Vio de reojo un cabello rojo. Se volvió y vio a Clary. Quedaron frente a frente. Ella parecía molesta y se dio la vuelta.

-Te tengo una sorpresa –dijo caminando tras ella.

-¿En serio? ¿Me harás esperar una hora más?

-Valdrá la pena.

-¿Que?

-Ver el mundo a mi manera -y sonrió.

Clary no pudo evitar negarle algo si lo ponía así, si lo hacía con esa sonrisa.

-Está bien –dijo, Jace le tomo de la mano y salieron juntos. Mostro la moto con orgullo.

-Bien, una moto. ¿Vamos a dar un paseo? –Dijo desanimada.

Jace sonrió con complicidad.

-Sera un poco distinto.

-¡Mas despacio! ¡Nos vamos a matar! –Clary agarraba con fuerza la cazadora de cuero que tenía Jace, podía sentir, por el movimiento de sus hombros, que estaba disfrutando de la reacción de la chica.

Clary había visto todo maravillado. Era hermoso ver Nueva York desde esa altura. La ciudad se veía despierta y el mundo mágico parecía también despierto y preparado para comenzar su "día" todo estaba resultando bien hasta que se dio cuenta que estaba a una enorme altura, con una moto que no poseía ninguna protección.

-¿Es segura? –grito Clary.

-No lo sé –dijo Jace- he arruinado varias de estas motos, tal vez esta también este un poco dañada. Podríamos caer en cualquier momento.

Y entonces Clary volvió a mirar hacia abajo y no vio la belleza de la noche sino una muerte segura y dolorosa. En especial dolorosa.

-¡Bájame ahora!

-Tengo hambre –grito Jace- vamos a comer algo por ahí.

Clary hundió su rostro en la chaqueta de Jace.

-Comamos en el instituto –dijo con miedo. Jace no alcanzo a escucharla.

-Jamás he aterrizado con una de estas cosas, así que agárrate fuerte de mí.

Clary lo tomo aún más fuerte de la chaqueta. Parecía que iban a aterrizar bien, pero la moto pego un enorme respingo al tocar el asfalto lo que provoco que ambos jóvenes estuvieran a punto de caer.

-¿…Y que quieres de comer?

-Quiero volver al instituto –dijo Clary molesta.

Jace le sonrió.

-Estamos bastante lejos y dudo que tengas un céntimo para irte en bus.

Clary apretó los puños.

-Pizza –dijo después de unos segundos.

Jace le ofreció el brazo que ella ignoro y ambos caminaron hasta el puesto.

-¿Así conquistas a todas las chicas?

-Generalmente ellas son quienes tratan de conquistarme –dijo.

-Cómo eres todo un Adonis –dijo molesta. Jace bajo la mirada intentando esconder una risita. Clary se sintió estúpida.

"Él es un Adonis" dijo luego una idea hizo que sonriera "Y Adonis murió joven, bello… y por idiota"

Comieron en silencio. Jace se veía pensativo y despistado. Clary tomaba cada segundo en verlo, sus gesto, su manera elegante de moverse, su porte arrogante… tal vez no estuviera enamorada, pero era seguro que le atraía mucho.

-¿Cuáles con tus intereses? –pregunto Clary incomoda por el silencio.

-Rescatar princesas para después violarlas.

-Eso no está bien.

-No, no lo está. Mucho en mí no está bien.

-¿Porque?

-No lo sé, creo que algo me falta. ¿No has tenido nunca esa sensación de que olvidaste toda tu vida?

-No –dijo Clary- Deberías hablarlo con tus amigos.

-No tengo –dijo Jace- sé que tengo un parabati… ¿O no? Lo olvide.

Clary se sorprendió. Ese tipo de cosas sencillamente no se olvidaban. Vio en Jace algo más. Vio en una grieta el alma de Jace. Confundida, solitaria, triste…

-Mi tutor dice que no puedo tener un parabati. Su esposa insiste en que sí, pero él es bastante terco.

-Tal vez el viejo esta traumado porque su parabati termino siendo un pato.

-¿Un pato?

-Sip, uno que lo espiaba a todas horas.

Clary le sonrió apoyando el rostro en la palma de la mano.

-¿Sera que Jace Lightwood no le gustan los patos?

-Los patos que miran desafiantes –rectifico. Miro en su bolsillo y prendió el celular.

Isabelle. 46 llamadas perdidas.

-Es hora de volver –dijo mostrando la pantalla de su celular- tengo una cita con la muerte y espero no llegar muy tarde.

Clary entro al instituto despidiéndose tímidamente de Jace con un beso en la mejilla. Este se había sorprendido pero parecía inmutable. La vio mientras se marchaba.

Poco después entro al instituto también. Busco en la biblioteca, sin saber que buscar. Se halló buscando álbumes que Isabelle había escondido. En ella había unas cartas, fotos e inclusive una película. Sonrió al encontrar aquello. Eso era una pista. Estaba dispuesto a irse hasta que la puerta de la biblioteca se abrió. Una enojada Isabelle se encontraba en el umbral con el látigo en su mano brillando con fuerza.

-Te he pillado –dijo con una sonrisa. Jace tiro todo lo que en sus manos traía, el álbum se abrió dejando al descubierto una foto donde aparecía Isabelle, Alec… y el padre de Jace.

-¿Por qué me parezco tanto a él? –Pregunto- Dime la verdad, Izzy…

¿Izzy? Le había llamado mama, Isabelle, pero nunca Izzy.

-No toques eso –dijo y le tomo con fuerza de la mano- vámonos.

Nunca la había visto tan nerviosa.

-¿Ocurre algo?

-No está bien mirar en un pasado que está destruido.

Jace se dejó guiar hasta la casa. Isabelle no había ni siquiera dicho una palabra. Al llegar Jace subió a su habitación y se acostó con cansancio. Espero poder dormir esa noche.

…..

Isabelle hizo una llamada.

-Necesito que me ayudes a encontrar a un mago.

-¿Un mago? ¿Para qué?

-Borrar para siempre los recuerdos de Jace –dijo Isabelle caminando con nerviosismo de un lugar otro.

Siento que me has mentido –dijo con la mirada perdida, la lluvia ahora venía de sus ojos y rodaban por sus mejillas. Jace apretó los puños y la mandíbula.

-Jamás lo he hecho –su voz apenas era un susurro.

-¡Crees que no lo sé! Eres una farsa Jonathan Herondale…

-Intento protegerte –dijo Jace en un grito, todo empezó a oscurecerse. Quedo solo en un espacio vacío.

"Te ayude protegerla… a los dos"

"¿No te conozco de alguna parte?"

"La joven más hermosa que se ha cruzado por mi mente"

"No está bien mirar en un pasado que está destruido"

Jace se despertó con la respiración entrecortada.

¿Qué ha sido eso? Se preguntó al borde de la locura. Algo lo hizo levantarse de repente "¿Quién es Jonathan Herondale?"