ADVERTENCIA: Lemon (Sexo gráfico), lenguaje vulgar, violencia, muerte, Universo Alterno, Humanizado.

DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen. Esta historia no tiene fines de lucro.

AVISO: Meteré también personajes de Madagascar, obviamente humanizados XD.

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Capítulo 3: Corazón en conflicto.

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— ¿Estarás bien?

— De maravilla. — Se cruzó de brazos.

Private se rio con nerviosismo, notando el tenso aire entre su líder y su amiga.

Los cuatro iban a patrullar el área para asegurarse que ningún otro caso de joven desaparecida se repitiera, por lo tanto, Marlene se quedaría sola en su departamento, cosa que ella agradecía. Ya casi olvidaba el concepto de privacidad. Skipper quiso quedarse en compañía de la castaña, pero era necesario que fuesen mínimo cuatro para salir.

— Diviértanse. — Marlene le sonrió triunfalmente al pelinegro, quien la miró con enojo.

— No le veo ninguna gracia el que te quedes sola, cara de muñeca.

— Skipper tiene razón, Marlene…— Musitó Private. La de ojos avellana lo fulminó con la mirada, preguntándole mentalmente de qué lado estaba realmente.

— Las probabilidades de que secuestren a Marlene, estando sola en el departamento es de…— Comenzó Kowalski al escribir rápidamente en una libreta que traía. — Un cincuenta por ciento.

Rico hizo una mueca mientras Skipper gruñía. A ninguno se les hacía un chiste la condenada cifra. Para el líder, si era mayor al cinco por ciento, ya era peligroso.

— Kowalski.

— ¿Sí, Skipper?

—…— Miró de reojo a Marlene, quien había fruncido el ceño, señal de gran confusión. — Convoca a la North Wind en cinco minutos. Ellos los acompañarán.

— ¡¿Qué?! — Exclamó indignada Marlene.

— Pero Skipper…-

— Pero nada. — Los cortó severamente. — Yo me quedo con Marlene.

— ¡¿Qué?! ¡No! — Se quejó. — ¡Estoy harta de que sean mis niñeras!

Skipper la miró unos segundos, para después soltar un resoplido.

— Bien. Eva te acompañará, no nosotros.

— ¡¿Qué?! — Gritaron tanto Marlene como Kowalski.

La castaña dio un pisotón en el sueño, furiosa. Pero al menos le vendría bien algo de compañía femenina. Kowalski, por otro lado, hizo un mohín al saber que no podría pasar tiempo con su novia. El líder notó eso en el rostro de su sabio compañero, por lo que le propinó una gran cachetada.

— ¡Concéntrate, Kowalski!

— ¡L-Lo siento, señor! — Bajó la mirada al suelo, apenado. Sacó su teléfono y marcó.


— Veo que estás muy aburrida.

Marlene hizo una mueca y abrazó su almohada. Eva estaba sentada en su escritorio leyendo un libro con una serena expresión. La castaña la miró unos segundos. No la conocía tan bien como Kowalski lo hacía, pero se notaba a leguas que era una buena persona.

Eva tenía 22 años, es decir, tres años mayor que Kowalksi. Típico, siempre le gustaron las más maduras. Y sin duda lo era. La joven rubia de ojos azules tenía una cordial, pero fría mirada en sus ojos. Era elegante, pero habilidosa en su tarea como protectora de aquellos que lo necesitaban.

—… Estoy harta de esto. Quiero que encuentren a mis amigas…— Confesó con pesadez.

— Lo haremos, Marlene. — Le regaló una diminuta sonrisa. — Debes confiar en nosotros y en tus amigos. Ellos nunca te han defraudado, ¿verdad?

—… No.

— Entonces ten fe. — Musitó para seguir leyendo.

Marlene fijó sus ojos avellana en la mujer, tratando de buscar algún tema del qué hablar. Estaba tan acostumbrada a hablar cosas de chicas con Gloria y Gia, que…

—… Umm… Disculpa, ¿Eva?

Ella la miró. Marlene hizo una mueca.

—… Umm… Yo… Perdón si te molesto, pero… ¿Podríamos hablar? — Eva alzó elegantemente una ceja, confundida. — Ya sabes… Para… Conocernos mejor, y… Ser amigas… Esas cosas…

— Mm…— Se encogió de hombros para sentarse en la cama, en frente de ella. Le sonrió con amabilidad. — Claro, ¿por qué no? Toda mi vida me enfoqué para trabajar en North Wind. — Comentó. — Me gustaría saber qué se siente charlar con una chica.

— ¿Siempre has estado con tus compañeros?

— Así es.

— Vaya… y…— Jugó con sus dedos, nerviosa. La miró. — ¿Cómo te enamoraste de Kowalski?

— Me gustó desde que lo vi en la operación de detener a Dave. — Marlene observó sorprendida cómo una coqueta sonrisa se dibujaba en sus labios rojos bien pintados. — Pero durante las misiones, los sentimientos deben ser apartados, para tener en mente solo el objetivo.

Marlene sintió un gran déjà vu.

— Vi cómo ustedes lograron con éxito devastar los planes de Dave, sin preámbulos, con maestría… E inteligencia. — Se rio suavemente. — Como sabía que yo ya le gustaba a Kowalski, aproveché el momento en que la misión había acabado.

Marlene se rio. Ella estuvo allí, vio como la rubia había agarrado al joven más alto y se lo había comido a besos salvajes.

—…— Suspiró y apoyó su mentón en su mano mientras recargaba su codo en su pierna. — ¿Qué hay de ti?

— ¿Qué? — Parpadeó.

— ¿Qué hay entre Skipper y tú? — Preguntó sin preámbulos.

— ¡¿Q-Qué?! — Chilló, descolocada por la pregunta. Su rostro se tiñó de rojo, sintiéndose repentinamente azorada. Se rio con nerviosismo. — ¡Vamos! ¿Skipper y yo? Eso es completamente…-

— Notorio. — Le cortó. — He notado y comprobado que hay una alta tensión sexual entre ustedes dos.

Marlene hizo una mueca. Eso había sonado como Kowalski, sin duda alguna. Jamás había tocado un tema como ese, solo con Gia.

—…— Suspiró. —… A mí me gusta Skipper. — Confesó a medias. La verdad 'gustar' no era el término, pero no lo diría. — Me gusta muchísimo… Pero no podrá funcionar.

— ¿Cómo estás tan segura? — Preguntó con genuina curiosidad. — He notado la forma en que te observa, Marlene. Te analiza de una manera profunda y… afectiva.

— Es porque soy su amiga. — Negó con la cabeza.

— Marlene… — Le llamó en tono de advertencia. — Tú y yo sabemos que eso no es cierto. — Sonrió con dulzura. — Decir que le gustas a Skipper es muy poco a lo que realmente siente por ti. — Pausó para observar la acongojada expresión de la castaña. — Yo creo que está enamorado de ti. — Marlene la miró con tristeza. — Porque si no fuese tan fuerte lo que él siente por ti, de seguro ya habría pasado algo más entre ustedes.

Los ojos avellana de la joven mostraron sorpresa.

—… ¿Cómo puedes asegurarlo?

—… Porque conozco ese sentimiento. — Miró la ventana, contemplando el cielo nocturno de la ciudad. — Él teme lastimarte, teme perderte, tanto como amiga como mujer. — Las mejillas de Marlene se tiñeron de rojo. Eva sonrió. — ¿No es así?

—… Um… Yo…— Comenzó, nerviosa. — Hace meses, pasó algo, pero… yo creí que…

— ¿Qué ocurrió?

—… Pues…

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— ¡Skipper!

— Silencio.

— ¡Pero quiero salir de aquí! — Se quejó.

— Es solo el baño.

— ¡El baño de hombres! — Gritó, furiosa. — ¡¿Qué pasa si alguien nos ve?!

— Entramos a uno de los cuarticos con los retretes. — Contestó sin ningún drama.

Marlene estaba que echaba humo por las orejas. Skipper y su grupo estaban de misión y se reunirían con él en un cuarto de hora más. Mientras, el líder los esperaría en el baño con Marlene.

¿Pero por qué Marlene estaba en todo esto?

Simple.

Julien King, un escandaloso y odioso compañero de clases venía molestando a la joven para invitarla a salir. Curiosamente, Skipper llegó a apartarla de él justo a tiempo y se echaron a correr por el centro comercial, para finalmente recibir órdenes de Kowalski y tendrían que esperar allí.

Marlene caminaba entre los lavabos de un lado a otro, desesperada. Lo único que se oían eran el "tap" de sus zapatos sin tacón. Sintió la mirada del líder en ella, pero prefirió ignorarlo. Estaba enojadísima con él.

Pero claro, su ira se transformó en miedo al oír voces masculinas aproximarse.

— ¡Skipper! ¡Vienen hombres! — Susurró con la voz aguda. El pelinegro frunció el ceño.

Cogió de la mano a la castaña y se refugiaron en el diminuto cubículo donde residía el retrete. Marlene cerró la puerta con seguro. Pero no era suficiente. Ambos vieron que la puerta no alcanzaba el suelo, por lo que los pies de ambos serían visibles.

Los pasos y risas se hicieron más audibles, por lo que Skipper soltó una maldición por lo bajo al no tener más opción.

— ¡Ah…!— Chilló bajito cuando el pelinegro la giró abruptamente para que quedaran frente a frente. — ¡¿Qué…?!

— Sshh. — Le chitó cuando la agarró de la cintura para levantarla.

Marlene comprendió lo que quería hacer, así que le facilitó la tarea. Rodeó con sus brazos el cuello del joven mientras que sus piernas se enredaban en la cintura de él. Casi pegó un brinco cuando las manos del ojiazul sujetaron sus piernas con sumo cuidado, pero a la vez con gran firmeza. Para hacerlo más fácil, la apoyó contra la puerta.

Skipper se mantuvo de pie por dos razones. Una, porque ni muerto se apoyaría en ese retrete podrido y usado por más de mil vejestorios y basurales de personas. Y dos, porque la castaña en sus brazos era liviana. No le era ningún problema sostenerla de pie hasta que se fueran.

Marlene se sonrojó al oír cómo los sujetos de afuera orinaban y charlaban de esa forma tan relajada.

El sexo opuesto era todo un misterio.

Notó que su respiración y la de su amigo se habían acelerado notoriamente, pero no lo suficientemente audible para que los de afuera los escucharan. Marlene trató de regularizar sus jadeos, pero solo terminó conteniendo el aliento cuando sus senos se presionaron más con el duro pecho del líder.

— "Esto es vergonzoso…"— Pensó la castaña, dándose cuenta tardíamente que estaban en una posición comprometedora.

Además, ¡llevaba puesto un vestido! Y le llegaba más arriba de la rodilla, por lo que, ahora que sus piernas rodeaban el cuerpo de Skipper, su piel era completamente visible, sin mencionar que su entrepierna se rozaba de una manera lenta y sugerente contra la de su mejor amigo.

Pronto, las voces de los hombres pasaron a segundo plano en la mente de Marlene.

Presionó sus labios contra el cuello de Skipper, conteniendo un gemido. Sentía un extraño, pero increíblemente agradable cosquilleo en su parte baja. Tenía una idea de lo que era, pero este no era el momento, ni mucho menos el lugar cómo para sentirse así.

Sintió las manos de Skipper agarrar con mayor fuerza sus piernas, por lo que sus intimidades se frotaron con más fuerza a través de la tela.

— ¡Mmph! — Gimió bajito, respirando acalorada contra el cuello de su mejor amigo.

¡¿Qué rayos sucedía con ella?! ¡¿Es que acaso no tenía dignidad?!

¡¿Cómo diablos venía a excitarse en un baño de hombres con un paranoico?!

Se estremeció al sentir la entrecortada respiración de Skipper contra su hombro desnudo y su cuello.

Un momento, ¿qué…?

Skipper apoyó su frente contra la puerta, sin mostrarle su rostro. Marlene quiso llamarle, pero solo terminó conteniendo otro suspiro cuando las caderas del líder comenzaron a moverse sutilmente contra las de ella en un suave vaivén de adelante hacia atrás. La joven de ojos avellanas se aferró con fuerza a Skipper al darse cuenta que su erección presionaba contra su intimidad con ímpetu.

Las piernas de Marlene temblaron bajo las manos de su mejor amigo, quien había comenzado a acariciar la piel desnuda. Su mente se había nublado y solo había tendido a concentrarse en el delicioso ir y venir del movimiento de ambos.

Ambos escucharon cómo los sujetos se iban, pero Skipper lo ignoró olímpicamente.

—… Ski…-

El aludido la calló con un hambriento beso. Marlene se quedó petrificada unos segundos, para después corresponderle con vehemencia. La lengua del pelinegro se deslizó entre los labios de la castaña para invadir su húmeda cavidad. La joven se retorció, sorprendida. Jamás la habían besado de esa forma. Si bien tuvo unos cuantos besos con sus antiguos novios, nunca había sido besada con tal ferocidad.

Marlene trató de darle batalla al enredar su lengua con la de él, pero como era inexperta, no pudo evitar dejarse someter bajo la insistencia de Skipper en ser él quien debe tener todo bajo control.

Hasta en eso había salido mandón.

Se irguió al sentir como bruscamente se separaba de ella para tomar una bocanada de aire, sin dejar de apoyarla contra la puerta. Acercó sus labios a su mandíbula, rozando con tortuosa lentitud su boca contra su cuello.

Skipper soltó las piernas de Marlene, pero ella no se dejó caer, siguió moviendo insistentemente sus caderas contra él. El ojiazul subió sus manos para acariciar el estómago de la castaña. Siguió ascendiendo hasta rozar con sus dedos el redondeo de sus senos.

— ¡Skipper…!— Gimió fuerte.

El rostro de Marlene estaba enrojecido de excitación y a la vez vergüenza al sentir su ropa interior mojada. El roce de las telas húmedas contra ella eran demasiado para soportar.

El teléfono celular comenzó a sonar, provocando que el despertador de sus mentes sonara.

Se apartaron con violencia del otro, casi con espanto. Marlene casi cayó al suelo, de no ser por Skipper, quien por reflejo la agarró antes de caer, pero al soltó apenas logró estabilizarla en el suelo.

Ambos se miraron directamente a los ojos, preguntándose con horror qué rayos habían hecho.

Skipper carraspeó un poco, tratando de normalizar su respiración y el tono de su voz cuando contestó el teléfono.

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Eva contempló con fascinación el avergonzado rostro de Marlene.

—… ¿Qué pasó después?

— No hablamos unos días. Los demás creyeron que nos habíamos peleado.

— Supongo que debieron habérselo creído con las mordidas que te dejó.

— ¡¿M-Mordidas?! — Exclamó al sentir su rostro arder de la vergüenza. — ¡Claro que…!

— No hablemos de eso. — Se rio. — ¿Cómo afrontaron el problema?

—… Pues… No lo hicimos, solo… Dejamos de hablar… Y un par de días después, estábamos como siempre.

— ¿Esto se ha repetido?

—… Sí. — Negó con la cabeza. — Pero no con tanta… Vehemencia como la primera vez. Solo han sido un par de besos.

—… Ya veo.

— Si tan solo yo…

— Marlene. — La llamó. La castaña la miró. — El hubiera no existe. No pienses cosas que jamás fueron. No valen la pena.

— Pero…

— Skipper está enfrentando lo más difícil, y eso es lo que siente por ti. No dudes de lo mucho que significas para él. — Marlene asintió, cabizbaja. — Tendrás que ser paciente, pero todo pasa por algo. El que espera, tiene su recompensa, ¿verdad?

La muñequera de Eva comenzó a hacer pitidos. La rubia frunció el ceño y presionó unos cuantos botones para finalmente ponerse de pie.

— Tengo que irme. Algo ocurrió en el zoológico. — Agarró su chaqueta y salió de la habitación.

— ¿Qué? ¡Eva, espera!

— Skipper llamará en cinco minutos. Tranquila.

Dicho esto, cerró la puerta con fuerza.

Marlene se mordió el labio y se apoyó en la pared.

Se había quedado sola.

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