Hola a todos... lamento haberme atrdado tanto en actualizar, lo que pasa es que se me han presentado muchisimas cosas y no habia podido continuar... la inspiracion se escapo por un tiempo u.u en fin espero que les guste este capitulo... ahhh y muchas gracias a todos los que han leido mis fics... en fin les dejo leer... -!!!

Capitulo IV: EL CONSUELO.

Ya era tiempo de regresar a la mansión de los Taisho, en la entrada de la Academia se encontraba un automóvil color azul marino, un señor maduro sale de él y se dirige a la joven de cabellera de color azabache que sale de la gran academia.

-Señorita Higurashi, el señor Taisho me ha ordenado llevarla hasta la mansión- exclamó Mioga mientras abría la puerta del automóvil.

-Muchas grasias- respondió Aome subiendo al vehículo, durante el camino solo observo detenidamente cada edificio que estaba en la calle a través de la ventana, extrañaba mucho su hogar que era muy diferente a Tokio.

-Ya llegamos señorita- exclamó Mioga estacionando el automóvil en la cochera, pero Aome solo sonrío bajando del vehículo y se dirigió a su habitación sin decir palabra.

-Señorita Aome¿Se encuentra bien?- pregunto Naru desde la puerta, pero Aome no respondió, estaba tan concentrada observando el jardín- Señorita, esta ahí ¿Verdad?- insistió Naru, pero ahora obtuvo respuesta, un "Adelante" distante.

-¿Qué sucede Naru?- pregunto Aome sin desviar la mirada de la ventana, en sus ojos castaños se podía notar la tristeza.

-Señorita, el señor Taisho desea saber si usted los acompañara a comer- dijó la joven de ojos color mármol con una sonrisa, intentando que Aome le respondiera de la misma manera.

-Discúlpame con ellos por favor, pero no tengo apetito- respondió la joven de mirada castaña que no volteo a ver a Naru.

-Esta bien señorita, con su permiso me retiro- exclamó Naru dirigiéndose hacia la puerta, al salir se encontró al joven Sesshoumaru y ella inclinó un poco la cabeza para después retirarse.

En algún lugar me llama una voz…

En la profundidad de mi corazón.

Siempre hay que soñar.

Los sueños que mueven mi corazón.

Tantas lagrimas de tristeza.

Se que del otro lado de ellas estarás tu

Cada vez que nos caemos…

La canción que cantaba Aome se detuvo debido a su llanto que no pudo contener, salió de la habitación y se encontró con el hijo mayor de Inutaisho que la sostuvo entre sus brazos, ella necesitaba sentirse protegida y extrañamente encontró protección en los brazos de ese hombre que solo la miró con frialdad.

-¿Se siente bien?- preguntó Sesshoumaru alejando a la joven de cabello azabache que bajo la mirada, unas lagrimas cayeron al suelo.

-Extraño mi hogar…- respondió Aome sin voltear hacia donde estaba el rostro del apuesto hombre.

-Y ¿Por qué vino a este lugar?- preguntó Sesshoumaru indiferente, pero la mujer de mirada castaña solo se refugio mas en los brazos de aquel hombre de mirada ámbar. De pronto Inuyasha va hacia donde se encuentran Aome y Sesshoumaru, y al verlos sus ojos dorados se abrieron lo mas que pudieron, no podía creer que su hermano permitiera que esa mujer que apenas conocía se le acercara de ese modo e incluso que lo abrasara.

-¿Sesshoumaru?…- exclamó Inuyasha parándose frente a la pareja –Y tu me decías que debería mantenerme al margen y mírate- reclamó el joven hermano de Sesshoumaru.

-Perdóneme joven Taisho, fue una impertinencia de mi parte… le ruego que me disculpe –dijó Aome retirándose del joven Taisho, pero no pudo dar un paso mas por que se desmayo, sin embargo no cayó al suelo debido a que los brazos de un apuesto hombre la habían sostenido.

-Señorita Higurashi…- grito Inuyasha al ver lo que había ocurrido, pero Sesshoumaru entro a su habitación de Aome para recostarla en su cama, la miro con indiferencia y salió de la alcoba sin decir nada.

Al despertar, Aome se encontró con dos hombres de cabello plateado y ojos dorados que la miraban con preocupación, al levantarse de la cama el señor Taisho la tomó de la mano.

-¿Se encuentra bien?- preguntó aquel hombre maduro con una expresión de nerviosismo, Aome solo lo miró sin decir palabra, volvió la mirada hacia el joven Taisho.

-No quiero que se me acerque… le pido por favor que se mantenga al margen de mi estancia aquí- sugirió Aome con la vista nublada, Inuyasha pudo notar que esa mirada no era muy conocida en la señorita Higurashi.

-Eso debería de advertírselo a mi hermano Sesshoumaru, ya que cuando los encontré él estaba muy cerca de usted- exclamó Inuyasha con indignación.

-Señorita Higurashi¿Segura que esta bien¿No necesita nada?- preguntó Inutaisho levantándose de la silla donde se encontraba descansando y cuidando de la tímida joven.

-No, no pasa nada malo, solo fue un simple desmayo…- respondió Aome sonriendo como siempre, con ternura y calidez.

-Muy bien, tengo que irme, tengo unos asuntos pendientes así que mandare a Naru para que cuide de usted- respondió Inutaisho depositándole un beso en la suave mano de Aome para después salir de la habitación.

-Señorita Higurashi, yo…-empezó Inuyasha acercándose a la joven que estaba sentada en la cama- quiero disculparme, pero es que usted es tan… bella que no puedo resistir las ganas de acercarme a usted- explicó el joven Taisho provocando que Aome se sonrojara.

-Joven Inuyasha, el señor Taisho me dio ordenes de que la señorita Higurashi debe descansar y en cuanto llegue el doctor usted salga inmediatamente- explicó Naru entrando a la habitación con unas toallas en las manos.

-Muy bien, avísame cuando llegue Miroku- respondió Inuyasha levantándose de la cama.

-Deseo darme un baño antes de que el doctor llegue, así que con su permiso- exclamo Aome levantándose de la cama y dirigiéndose al cuarto de baño.

-Uff… como usted desee, me marcho, tengo cosas importantes que hacer- dijo Inuyasha molesto saliendo de la alcoba de la joven mujer.

Después de que el médico la revisara y diera el diagnostico que la joven estaba sana y que talvez se debía al cambio de ambiente lo que le había provocado el desmayo, Naru acompaño al doctor a la entrada dejando a la joven de cabello azabache profundamente dormida.

-Señorita, hay algo que no le comente a la señorita Higurashi, pero me temo que no es tan sencillo de explicar… dígale al señor Taisho que mañana se presente en el consultorio, tengo que informarle algo- explicó el doctor un tanto preocupado.

-Esta bien, pero no es nada grave ¿Verdad?- preguntó Naru muy alarmada, pero el medico solo negó con la cabeza, haciendo que Naru se quedase mas tranquila.

Al pasar por la habitación de Aome, un joven de mirada ámbar la encontró dormida como un ángel, sus cabellos ondulados descansaban el la almohada, su rostro tenia una gran tranquilidad, sus labios se tornaban rosados, su presencia hacia un desbarajuste en la mente de Sesshoumaru, sentía como deseaba entrar en esa alcoba y abrazarla entre sus brazos, era una sensación que nunca había experimentado, a pesar de que esa mujer era diferente, Sesshoumaru presentía algo en ella, de pronto la joven abre sus castaños ojos y se levanta, pero la expresión en su mirada es distinta, se dirige al balcón y se recarga en el barandal, en ese momento algo en el interior de Sesshoumaru le dice que la joven se desmayara otra vez así que entra a la habitación sigilosamente, Aome voltea, y en sus ojos se dibuja una expresión maliciosa, para después recargarse de frente al barandal, los ojos castaños se cierran y el cuerpo de la joven se balancea hacia delante, es evidente que se caerá, Sesshoumaru grasias a su agilidad logra llegar hasta donde se encuentra la joven, pero es demasiado tarde la joven, dormida, se dirige al suelo así que sin pensarlo mucho, el joven Taisho se lanza a salvarla y para amortiguar la caída coloca su cuerpo entre el suelo y la mujer, pero al caer Sesshoumaru se lastima una costilla y con un gemido ahogado se levanta, sosteniendo a la joven entre sus brazos, no camina mucho hasta que, debido al dolor, se recarga en el tronco de un árbol que se encontraba en el jardín, coloca a la joven Higurashi en sus piernas, con su rostro recargado en sus bien formados pectorales, observa a la joven y las dudas comienzan a formularse en su mente, de pronto la joven abre los ojos, pero la expresión en ellos no es la misma que la anterior, esta es mas tranquila, mas dulce y sincera.

-¿Se encuentra bien?- pregunta Sesshoumaru con frialdad sin embargo Aome le obsequia una dulce sonrisa. Después de unos segundos Aome se da cuenta que esta descansando en los imponentes brazos de Sesshoumaru.

-Discúlpeme, no quería causarle molestias, pero… -exclamó la joven de cabello azabache intentando levantarse, pero eso provoco que Sesshoumaru se quejase un poco con un gemido- ¿Qué le sucedió?, fue culpa mía… lo siento mucho- expresó Aome preocupada- No se mueva por favor, traeré algo para curárselo- dijó Aome para después salir corriendo hacia la casa.

-"Esa niña, es una exagerada, pero realmente me duele mucho moverme"- pensó Sesshoumaru colocando su mano en donde el dolor era mas intenso. Pasaron unos segundos cuando el joven Taisho pudo ver a la joven Aome que se aproximaba con una maleta.

-No se mueva, quizá le duela un poco, pero se aliviara en unas horas- advirtió Aome sacando de la maleta un pequeño frasco que contenía una sustancia de color rojo, se acercó al cuerpo de Sesshoumaru, sus piernas podían tocarse, sus cabellos ondulados de Aome rozaban los bien tornados brazos de Sesshoumaru, con mucho cuidado le retiro la camisa del lugar donde estaba herido y comenzó a untarle suavemente la sustancia del frasco. El cuerpo de Sesshoumaru empezó a temblar al encontrar tan placentero sentir la mano de Aome sobre él; el rostro de la joven se ruborizaba, después de untar perfectamente el remedio, tomó una venda y cubrió la zona dañada, volvió la mirada hacia el rostro de Sesshoumaru y con una sonrisa exclamó un "Listo".

-¿Qué me puso?- preguntó Sesshoumaru con su típico tono indiferente, enfrascando su mirada dorada en los ojos castaños de la joven mujer.

-Es una receta que me enseño mi nana, es muy buena para curar en menos de una hora… pero la única condición es que se quede en reposo…- explicó Aome bajando la mirada- Quiero pedirle que no se vaya, que se quede aquí hasta que su herida haya sanado- pidió Aome juntando sus manos y colocándolas en sus piernas.

-Muy bien, con una condición…- respondió Sesshoumaru fríamente, Aome levantó la mirada y lo miro sorprendida- Que me diga cual es su nombre- terminó de decir el joven Taisho.

-¿Mi nombre?... pues es Aome, pero no se lo diga a nadie- respondió Aome un tanto nerviosa.

-¿Cuál es la razón de que desee ocultar su nombre?- preguntó Sesshoumaru mirándola detenidamente, mientras ella guardaba el frasco con el remedio de color rojo.

-Pues, no me siento en mucha confianza aquí… el joven Inuyasha me pone muy nerviosa- excuso la joven entristeciendo un poco la mirada, pero sin dirigirla hacia el hombre que la interrogaba.

-Esta bien, señorita Aome… -respondió Sesshoumaru con voz varonil, era la primera vez que la voz de un hombre hacia vibrar el cuerpo de Aome, ella estaba encantada de que Sesshoumaru hubiese pronunciado su nombre, eso quería decir que no era tan indiferente como le habían dicho o como lo demostraba.

-Joven Sesshoumaru¿Puedo preguntarle algo?…-dijo Aome nerviosa, recibiendo un "Si", frío y distante- ¿Qué es lo que ocurrió hace un rato?, ya que usted se lastimo y estoy casi segura que es culpa mía- exclamó la joven de mirada castaña.

-Con que no lo recuerda… usted intento suicidarse, o al menos eso es lo que aparentó- respondió Sesshoumaru tan frío como siempre, Aome, al escuchar esa respuesta, trato de recordar lo que había pasado, pero fue en vano.

-No lo recuerdo… solo recuerdo que estaba en mi alcoba y que el doctor había salido de ella y después recuerdo que estaba aquí- explicó Aome preocupada sin mirar a Sesshoumaru.

-Señorita Higurashi…- un gritó desvió la mirada de ambos jóvenes, pero Aome se escondió, acercándose a centímetros de Sesshoumaru, su cuerpo de la joven rozaba con el del joven Taisho, su cabello ondulado tocaba su hombro, sus manos se juntaron en su pecho de Sesshoumaru, estaban tan cerca que podían sentir la respiración uno del otro.

-No deseo que me encuentren- susurro Aome colocando su rostro en el pecho de Sesshoumaru que paso sus brazos alrededor del cuerpo de Aome, provocando un sonrojo en ella.

-Señorita… ¿Dónde esta?, salga por favor- suplicó Naru con preocupación, pero Aome no salio de su escondite, después de un buen rato de buscar, Naru entró a la mansión.

-Ya se ha ido… -dijó Sesshoumaru soltando a la joven, se levantó y casi como algo mágico pudo notar que su herida había sido sanada- Muy bien señorita Aome, es hora de entrar a la casa- exclamó Sesshoumaru volteando a ver a la joven que estaba de rodillas a un lado de él.

-Yo me quedo aquí, ya que su señor padre no se encuentra y la verdad me da mucho miedo su hermano- respondió Bajando la mirada, con las manos juntas en sus piernas.

-Entonces… Acompáñeme a la empresa, tengo cosas que arreglar ahí… aunque le advierto que no es muy placentero- sugirió Sesshoumaru cortantemente.

-Esta bien, no creo que sea peor que estar cuidándose del joven Inuyasha- respondió Aome poniéndose de pie con una alegre sonrisa.

---------------------------------------------------------------continuara…-------------------------------------------------------------------

Comentarios... sugerencias... sogas para ahorcarme... una camisa de fuerza... lo que sea mandenme reviews por favor...

Nos vemos en el proximo capitulo... cuidense...