CAPITULO IV.

Nueva york

Nacía un nuevo día, en el cual Susana Marlow no podía ocultar tanta felicidad al haberse entregado al hombre de su vida. Ahí, a un lado de su cama, descansaba plácidamente Terrence Grandchester, el amor de su vida.

A partir de ese día esta pareja comenzó a compartir muchos momentos, cada desayuno, comida o cena, Susana hacia acto de presencia en los ensayos de su novio, a la chica ya no le apenaba salir a la calle, con la prótesis que tenía se sentía muy segura. Cualquier persona que viera a esta pareja de novios en las calles se percataba de que estaban muy enamorados.

Incluso tenían ya fecha para su boda, que se realizaría dentro de seis meses, en una ceremonia muy íntima y sencilla. Esos meses transcurrieron muy rápido, pues ella estaba muy ocupada con los preparativos y la confección de su vestido, que no se explicaba por qué en cada visita a la modista se daba cuenta de que ligeramente subía de peso.

Llego el día, esa mañana Susana se levantó pero corriendo al sanitario por los enormes vómitos que sufría últimamente. Pero no le preocupaba, pues días antes acudió con su médico familiar que le confirmó lo que tanto sospechaba.

Señorita Marlow, está usted esperando un bebé, muchas felicidades.

Dios mío doctor es la mejor noticia de mi vida!

Recordaba ella mientras se dejaba poner su elegante vestido de novia. No puedo esperar para decirle a Terry… se pondrá tan feliz.

El día transcurrió, la sencilla pero elegante boda se llevo a cabo en la residencia de la Sra. Eleonor Baker, que recibía con una sonrisa fingida a sus pocos invitados, a diferencia de la Sra. Marlow, que estaba más feliz que la propia novia.

Terminó el largo día, la pareja de recién casados preparaba los últimos detalles para viajar a Brasil, donde pasarían dos largas semanas de luna de miel.

Ya instalados en el camarote correspondiente de aquel enorme crucero, reposaban dispuestos a descansar durante todo el viaje, pues tendrían mucho más tiempo después para darle a la pasión el tiempo merecido.

Terry

¿Sí?

Tengo una noticia que darte.

Tú dirás

¡estamos esperando un bebé!

¿Estás segura? – preguntó Terry realmente sorprendido con la noticia, haciendo a un lado el guión teatral que estaba leyendo.

Sí! Completamente, el médico me lo confirmó hace unos días! No estás feliz?

Que si estoy feliz? Estoy extremadamente feliz Susie! Ven acá! – y la jaló para darle un atrevido beso que frenó inmediatamente - ¿y…? si podemos verdad?

Por supuesto! El médico dice que no hay problema siempre y cuando sea con cuidado.

Ese medico empieza a caerme bien – la volvió a besar, era infinita su felicidad que… pasando un rato, no se dio cuenta en qué momento el rostro de la chica que besaba era la de una dulce pecosa de ojos verdes y una sonrisa contagiosa. Sin decir más, le hizo el amor a esa mujer que él se imaginaba que era nada menos que Candy, hecho que lo ponía aun más feliz.

En la mente de Terrence Grandchester no cabía el remordimiento, sabía perfectamente que la mujer con la que compartía el lecho era Susana, pero él estaba consciente de que estaba poniendo su mejor esfuerzo para hacer feliz a esa mujer, así que se conformaba con imaginar que en lugar de hacerle el amor a su esposa, en realidad se lo hacía a su antiguo amor, y así, era la manera en la que sobrellevaba muy positivamente su relación.

Estando en las paradisiacas playas de Brasil, Terry tuvo mucho tiempo para reflexionar sobre muchas cosas, entre ellas, su amistad con Albert, así es que decidió encerrarse a redactar una carta mientras su esposa mataba el tiempo en un antiguo spa.

Querido Albert

He tenido mucho tiempo para reflexionar y pensar en hacer las cosas de manera correcta. Has sido un excelente amigo, y aprovecho para ofrecerte mis disculpas por mi tonta reacción que tuve hacia ti cuando me visitaste en Nueva York. Después de todo tú has sido quien de verdad ha permanecido al lado de Candy y procurando que no le falte nada. Ustedes merecen ser muy felices, y como se los dije el día de su boda, deseo de todo corazón que así sea. Espero verles muy pronto pues tengo noticias muy buenas sobre mí y no puedo esperar a contarles. Una de ellas es que me acabo de casar con Susana, ella es una maravillosa mujer que hace hasta lo imposible por sacarme una sonrisa siempre. La otra noticia es… no, no te diré, esperaré a que nos veamos. Cuida mucho de Candy por favor.

Tu amigo Terrence G. G.

Y con una sonrisa en el rostro, Albert guardo de nuevo en el sobre esa carta. Le daba mucho gusto saber sobre su amigo.

Habían pasado ya seis meses desde que se casó con Candy, los primeros días después de la boda surgió un problema muy fuerte en su empresa, un fraude millonario que solo él, como cabeza de familia podía resolver, así es que su tan esperada luna de miel no se realizó. Solo el matrimonio Cornwell – Britter tuvo la oportunidad de realizar su viaje a París, Archie no estaba de acuerdo, él quería quedarse a apoyar a su tío con el problema, y así lo hizo durante los primeros meses, pero Albert al ver a su sobrino muy agotado le insistió que se fuera con su esposa, que él se encargaría de todo con la ayuda de su inseparable empleado George.

Durante este tiempo, el problema en la empresa estaba dejando a Albert totalmente agotado, por lo que llegaba a su mansión, se dirigía a su recamara, su esposa lo esperaba todas las noches para darle un confortante masaje en espalda y pies y sin tener ganas de hacer nada más, el sueño lo vencía.

Pero siete meses después de la boda, gracias a que este hombre tenía una excelente habilidad de administrar negocios, el problema se resolvió favorablemente, así es que ya tenía el tiempo y las ganas suficientes para pasar un momento grato al lado de su esposa.

Después de leer la carta de Terry, se dirigió hacia el jardín donde se encontraba Candy jugando con Clean.

Mi amor, aceptarías salir a cenar conmigo?

Desde luego cariño, pero… ya te sientes mejor?

Claro, no te preocupes amor, te debo muchos días de estar juntos, lamento que hayan pasado las cosas de esta manera.

No te preocupes cariño, te comprendo, y si acepto salir contigo.

Gracias mi amor, pasaremos una velada inolvidable – la besó tiernamente y se retiraron de allí.

Bajaba Candy de las escaleras portando un elegante vestido negro con aplicaciones plateadas, con unos delicados tirantes de pedrería de fantasía y unas zapatillas haciendo juego con su bolso de mano. La esperaba su marido vestido con un traje también negro, una camisa gris, pero sin corbata, la camisa la traía desabotonada luciendo parte de su pecho marcado y velludo.

Llegaron al restaurante, era un elegante lugar estilo italiano, ella estaba maravillada con la orquesta del lugar que tocaba melodías muy románticas. Albert no dudó en pedirles una melodía especial para dedicarla a su esposa y desde luego, bailarla con ella.

Al terminar esa encantadora cena se dirigieron a su mansión, Candy subió rápidamente a la habitación fingiendo que sentía muchas ganas de ir al sanitario, pero cuál fue la sorpresa de su marido que cuando él llegó a la habitación ella ya estaba saliendo del cuarto de baño en pijama.

Pensé que solo harías tus necesidades, pequeña.

Ah! Es que quise aprovechar en cambiarme de una vez – se dirigió a la cama, se envolvió y – buenas noches querido.

Oye, la noche aun no termina.

Lo sé pero tú debes estar muy cansado y yo también, hasta mañana.

Ven acá hermosa – se acostó al lado de ella y con ambos brazos la atrajo a su pecho para besarla con mucha pasión. Ella se dejó besar pero posteriormente se volvió a dar la vuelta diciéndole a su marido nuevamente buenas noches. El decidió ser paciente, sabía muy bien que Candy había sufrido tanto que no quiso presionarla en nada, aunque muy en el fondo se moría de desesperación por hacerle el amor a su pequeña, y le dolía en el alma el rechazo de ella, pero no se explicaba por qué.

Pasaron más días en que el no insinuó nada, pero llegó el momento en que simplemente no soportó mas ser un caballero. Estaban ya a punto de dormirse pero él no le despegaba sus labios a Candy, mientras que sus habilidosas manos acariciaban cada rincón de su pequeño cuerpo.

Albert, por favor, quisiera dormir.

El empezó a molestarse tanto que no se aguanto las ganas de decirle

¿Qué te sucede? Porque me rechazas siempre?

No te entiendo

Claro que me entiendes! Nunca has querido hacer el amor conmigo, que pasa?

Ah! Solo piensas en eso!

Pensar solo en eso? Por Dios Candy si solo pensara en eso desde cuando te habría hecho mía pero no! He preferido darte tu tiempo, sin embargo no me explico que es lo que te pasa, no dices amarme?

Por supuesto que te amo! Es increíble que lo pongas en duda!

Lo pongo en duda por qué no lo parece! Cualquier mujer que ama a su esposo se entrega a él, y tu no lo has hecho, no me lo explico!

Solo quieres eso de mí? No lo puedo creer!

POR DIOS! Por supuesto que no! pero entiende! Eres mi esposa y quiero hacerte el amor! Que de malo hay en eso? Dime! Qué hay de malo!

No lo entiendes Albert, no lo entiendes! – e inevitablemente rompió en llanto.

Pequeña, mi amor, no te pongas así, dime, te sucedió algo desagradable? No sé… cuando eras niña o.. tal vez… ahora… no se… puedes confiar en mí, dime, yo te comprenderé.

No me pasó nada Albert! Solo pasa que no estoy lista! Eso es todo, es tan difícil de entender?

De acuerdo – se levantó de la cama, tomó su almohada y se dirigió a la puerta.

¿Qué haces?

Dormiré en la habitación de al lado. Buenas noches Candy.

Pero… pero no es necesario cariño.

Claro que es necesario, si me quedo aquí más tiempo no seré responsable de lo que pueda ocurrir. Que descanses.

Y allí se quedo una Candy que no podía parar de llorar hasta que el cansancio le venció.

Al siguiente día, regresaron Annie y Archie de su luna de miel, ambos jóvenes traían una cara de felicidad que no podían disimular, cuando se terminaron de saludar Annie invitó a Candy a desayunar, y ya estando allí no se aguantó las ganas de preguntar

Y bien Candy? Creo que tenemos una plática pendiente – le decía a su amiga que tenía la cabeza agachada y el rostro serio.

Cual plática Annie?

No te hagas! Lo sabes muy bien! Pero de cualquier forma te lo recuerdo, dime, que tal con Albert? – preguntó sin ningún pudor.

Annie! Que cambiada estas eh?

No me cambies la plática.

No, no lo hago, solo que… no tengo nada que decirte.

¿cómo? No te creo!

Annie… no hemos consumado nuestro matrimonio – le confesó realmente angustiada.

¿pero qué dices? Por qué?

Ni yo me lo explico, no se que me sucede, soy yo la del problema, cuando amanezco cada día me digo a mi misma: "sí, hoy es el día", pero llegado el momento me pongo muy nerviosa y me da terror! Lo peor de todo es que eso está afectando nuestra relación pues hasta el ya se fue a dormir a otra habitación, y no se qué hacer, me gusta tenerlo a mi lado, no se que vaya a dormir aparte! Pero al mismo tiempo no quiero que me toque, no se por qué!

Alguna vez alguien intentó, o abusó de ti?

Claro que no! hasta el me preguntó también lo mismo!

Es que no hay manera de explicar esa reacción tuya! Lo amas verdad?

Claro que lo amo!

Mmm… no será que… bueno, se me ocurre tal vez que no te has hecho a la idea de que estás casada con el hombre que… pues… resultó ser tío de Anthony, tu primer amor.

Ay qué tontería!

Bueno pues si no es eso… entonces dime Candy, con la verdad, aún amas a Terry?

Y como si le hubieran puesto limón a una herida Candy se levantó de golpe mientras decía

Qué cosas se te ocurren Annie! Fin de la plática, adiós.

No, la plática aun no termina! – gritó Annie ante la mirada sorprendida de Candy al ver por primera vez a su hermana tan furiosa. – no te pases de lista, en este momento te vas a sentar y me vas a negar la pregunta que te hice.

Por supuesto que lo niego!

Entonces porque te pones así?

Porque es una tontería, si me disculpas, tengo que retirarme.

Y corriendo huyó de aquella casa deseando llegar a su refugio para llorar libremente. En cuanto ingresó a su casa, se quiso dirigir primero a su recamara, pero al pasar junto a la oficina de su marido sintió la espinita de entrar a merodear y conocer un poco de la vida de negocios de su príncipe de la colina.

No le sorprendió ver lo ordenado y limpio de ese lugar, pues mientras vivían en el departamento Albert siempre demostró ser un hombre impecable en todo a pesar de tener amnesia.

De pronto, un sobre que posaba en el escritorio le llamó la atención, pues por lo mal acomodado que estaba rompía con el impecable orden del lugar. Al mirar el nombre del remitente no pudo evitar tomarlo y de inmediato leer, a pesar de que sabía perfectamente que era una total falta de respeto, pero sin importarle, sus ojos devoraron esa carta.

La reacción no se hizo esperar, con nerviosismo guardó la carta, salió corriendo a su recamara y allí, en completa privacidad, soltó el amargo llanto.

Por qué? Terry mi amor te he perdido para siempre! No puede ser! Me siento tan desdichada! Albert perdóname, perdóname por favor! Esto es muy difícil de soportar!

Pasadas dos horas logró tranquilizar un poco su llanto, por supuesto que a la hora de la comida no quiso bajar a probar bocado, acción que su marido decidió respetar por lo sucedido la noche anterior. Pero a la hora de la cena, sorprendió al mismísimo Albert que ya se encontraba en el comedor, bajando con una sonrisa de lado a lado y vestida muy coquetamente, pidió su cena, platicaron muy bien como si no hubiera pasado nada y cuando la servidumbre se retiró de allí ella se levantó y le dijo al oído

Quiero que esta noche duermas conmigo

Candy, nada me gustaría más que eso, pero a qué se debe el cambio de opinión?

A que eres mi marido, a que más

Desagradándole por completo tal respuesta el decidió rechazar la oferta

Lo siento amor, necesito más que eso para entender que ya estas lista para ser mía, ahora si me disculpas necesito descansar de inmediato, buenas noches. – le beso la frente a su esposa y se fue a su recamara.

Candy no podía creer que ahora ella era la rechazada, por lo que entendió perfectamente cómo se sentía de desdichado su esposo. Decidió subir a su recamara y estando allí decidió quitarse todos sus temores; si no hacía algo en ese momento corría el riesgo de echar a perder su matrimonio.

Se cambió el vestido que llevaba puesto por un fino camisón, se perfumó, se acomodó su abundante cabello, y se dirigió a la habitación de al lado en donde estaba descansado su marido. Muy despacio giró la perilla de la puerta para no hacer escándalo, con el mismo cuidado cerró, se fue acercando lentamente hacia la cama y estando allí se acostó y cubrió junto a su marido que inmediatamente comenzó a abrazar y acariciar.

El hombre rubio estaba profundamente dormido, pero fué inevitable despertarse ante esas caricias, e inmediatamente se percató de la presencia de su bella esposa. Un poco aturdido la separó delicadamente.

Que haces mi amor?

Albert… yo, quiero estar contigo.

Pequeña, te dije que yo necesito que estés segura.

Te amo, y eso es suficiente para mi, cariño, por favor, perdóname por haber sido tan fría contigo, no te lo mereces, ahora por favor, permíteme estar contigo, te aseguro que estoy más que lista.

Pequeña, yo te amo también, no te imaginas cuanto, te prometo que será una noche inolvidable, te amo, te amo – le dijo mientras comenzó a besarla apasionadamente.