Summary

Itachi penetró en la oscura habitación del hotel con la mujer en brazos. Era más pesada de lo que hubiera imaginado al principio pero nada que él no pudiese cargar con holgura. Con dificultad, pulsó el interruptor de la luz. La iluminación era mortecina, propia de un lugar de encuentros esporádicos, pero para él aquello era mejor de lo acostumbrado. Una rápida ojeada le ayudó a comprobar que había dos camas pequeñas. Dejó a la chica en una de ellas mientras se palpaba el bolsillo dónde estaban las llaves. Las pondría a buen recaudo antes de que la mujer despertase. Abrió la ventana del todo y se sentó con un pie fuera. Las vistas eran hacia el barrio más ruinoso de la ciudad. Oyó risas de la gente bebiendo, comiendo, chicos alardeando, podía ver a las familias en sus respectivas intimidades. Sacó uno de sus Cutters Choice y lo encendió con un fósforo. Aspiró el aire de afuera, mientras veía a una mujer haciéndole un estriptease en la ventana de enfrente. Muy tentador, pensó. Aunque el deseo se disparase siempre duraba pocos minutos. El resultado seguía siendo cero.

Luego miró a la chica que estaba acostada en la cama. El aliento tímido que tardaba en encontrar el paso hacia la salida. Aún no despertaba. "No parece ser una mujer de mucho mundo...¿en qué estaría pensando mi ototo?"


Realidad


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Habían dejado la calle dónde vivía Hinata, y en ese momento oyeron las sirenas de la policía. Itachi llamó a un taxi y le indicó una dirección. Gracias a una suculenta propina el taxista no hizo comentarios acerca del bulto que cargaba el moreno. En aquella ciudad a veces uno se jugaba el pellejo si hacía preguntas u observaciones de más.

Hinata no volvió a su casa de Tokio. Itachi la llevó a un hostal de su confianza. Allí se pudo registrar sin problemas, puesto que Hinata seguía inconsciente y el Uchiha parecía tener impaciencia por ir a la habitación. Posiblemente porque temía que apareciera algún curioso que se percatase de su presencia.

La habitación que debían compartir resultó ser espaciosa, y acogedora, con una pequeña nevera y un televisor. Las vistas de las ventanas daban a los arrabales de Tokio. Cuando entraron a ella eran las 12 de la noche.

Itachi pasó el quicio con la chica en brazos y la posó con cuidado sobre una de las camas. Se apresuró a cerrar la puerta y pasó a la habitación. Al cabo de un rato se desnudó y se metió en la ducha. Salió a los cinco minutos, con la toalla enrollada en la cintura, en pantalones pero sin camisa y aún con las gotas de agua sobre el cabello y los hombros. Se inclinó sobre Hinata y comprobó su respiración.

La chica abrió los ojos lentamente, sin mover la cabeza.

- ¿Dón-donde estoy? - preguntó Hinata, sintiendo que le faltaba saliva para mezclarla con las palabras.

- Estás conmigo - dijo Itachi, muy cerca de su cara.

Ella dio un respingo y se apartó de él. Al ver esto, él se irguió y volvió a mirarla con frialdad desde su altura. Todo dió vueltas en la cabeza de Hinata, sentía un fuerte dolor en la parte posterior. De repente, recordó el golpe a traición del Uchiha. Se llevó la mano a la zona occipital de la cabeza.

- Eso dolió, necesito un ibuprofeno - dijo la chica, sin saber muy bien si erguirse o no

- ¿Qué es un «ibuprofeno»? - dijo el hombre, pestañeando con extrañeza.

¿Acaso venía de una dimensión temporal regresiva? Hinata bufó, realmente el dolor se estaba agudizando y se extendía a su parte frontal. Se tocó la cara instintivamente.

En dos pasos, Itachi se plantó a su espalda, y le rasgó la camiseta por detrás. Hinata quiso protestar, pero él actuó demasiado rápido sin dar tiempo a protestas.

- ¡Oiga...! - avisó Hinata, cuando se dio cuenta de la situación tan embarazosa.

- No te voy a hacer nada - empezó el Uchiha en voz indiferente - si es que tienes miedo de eso.

Empezó a darle un masaje en los hombros. «Eso no servirá de nada» pensó Hinata, poniéndose aún más tensa.

- Hinata, relájate - dijo él con voz robótica.

Ella notó las manos expertas y se relajó con la piel de él. En un momento estaba prácticamente en el séptimo cielo. Cuando él terminó, ella se sintió un poco desasosegada.

Hinata movió los hombros y parpadeó extrañada, el dolor se había ido. Él no la miraba, pero extrañamente ella tuvo la sensación de que no le quitaba el ojo de encima.

- No te voy a hacer nada - dijo el moreno, que parecía ignorarla por completo.

Ella tardó en contestar, demasiado confusa por todo lo que había pasado. De repente lo recordó todo, él era Uchiha Itachi, el que decía que era hermano de su marido. Se volvió hacia aquel hombre, irritada.

- ¡No le creo! ¡quiero salir de aquí! ¡¿dónde está mi marido?! ¿dónde estoy? - Las preguntas acudían a su mente con intensidad inusitada.

Probó poniendo un pie en el suelo, y descubrió que sus piernas no le fallaban. Bien, estupendo, pensó para sí misma. Acto seguido corrió hacia la puerta. Itachi la interceptó a medio camino, sin hacer fuerza aparente.

- No, Hinata, ya te expliqué lo que pasa - dijo en tono que parecía casi paternal. Hinata se irritó aún más. ¿Cómo se atrevía a hablarle así a ella, cuando ni siquiera la conocía?

- ¡No me explicó nada! - gritó ella - ¡suélteme! - se revolvió al notar que tiraba de ella hacia la cama.

- Siéntese, por favor, le haré entender...- dijo él, volviendo a su habitual indiferencia.

- A ver...- dijo ella cruzándose de brazos, mientras lo miraba con ceño. No le quedaba más remedio que oír lo que el hombre tuviese que decirle ya que la había tomado prisionera. Se sentó en la cama y empezó a doblar nerviosamente los pliegues de la sábana mientras esperaba las palabras del Uchiha.

Itachi se puso a rebuscar en su cartera, sacando varios papeles acartonados. Escondió uno de ellos pero le tendió los otros dos.

- ¿Lo ve? - lo que el moreno le mostraba era un pasaporte - aquí dice que soy Uchiha Itachi, hermano de Sasuke y en este otro - le pasó el otro papel que resultó ser una linda foto familiar - soy yo hace tres años con mi hermano y mis padres.

Hinata tomó ambas papeles en sus manos, comparándolos. Si era cierto que Sasuke tenía un hermano había muchas cosas que su marido le había ocultado.

Ahora se percataba de que había estado casada con un mentiroso profesional, quizá ni siquiera era estudiante de derecho.

- ¿Po-porqué Sasuke no me dijo nada de usted ni de estas personas...? - preguntó la chica, pasando su mirada a los ojos del hombre, que seguía de pie.

Itachi se encogió de hombros. - Sasuke te ha estado protegiendo. Él no quería que estuvieses relacionada con gente de la mafia. Supongo que quería una vida mejor para ti.

Hinata repasó en su mente los últimos acontecimientos vividos con su esposo. La soledad en su noche de bodas, las ausencias indefinidas de Sasuke y su comportamiento irascible e indiferente hacia ella.

- ¡Mientes! - gritó Hinata. Itachi sólo la miró impasible.

- Estás mintiéndome...- repitió la chica al notar que el Uchiha no reaccionaba.

Itachi se quedó callado por unos minutos.

- ¡Quédate con la foto, si la quieres...- dijo Itachi con voz cansada- será mejor que duermas. Dentro de cinco horas tenemos un vuelo a Hong Kong.

Diciendo esto el hombre se volvió al baño para ponerse su ropa de dormir. Ella se guardó la foto entre sus ropas.

Hinata abrió los ojos como platos al procesar las últimas palabras de Itachi.

- ¡¿Qué dices?! ¡yo tengo mi vida aquí! ¡no puedo irme así como así! ¡no puedo dejarlo todo! ¡mi trabajo! ¡mis amigos! - iba a añadir que no iba a dejarlo todo por ir con la mafia pero omitió esta frase.

La voz de Itachi sonó más cansada todavía al otro lado de la puerta. A Hinata le pareció oír que maldecía en chino, pero no estaba segura. El moreno salió del baño y se limitó a mirarla a través de sus espesas pestañas negras con gesto anodino.

- Vas a venir - dijo él, sin una sola expresión en el rostro - el funeral por tu esposo será en Hong Kong. Y quieres estar presente.

- Por supuesto que quiero estar presente - dijo ella envalentonada por tal réplica de él- pero no voy a casarme contigo.

- ¿Acaso piensas que yo he decidido casarme contigo? - dijo él con gesto sombrío.

- No - vaciló Hinata - claro, respeto vuestras tradiciones o lo que sean. Pero yo también tengo mis tradiciones y costumbres y no quiero cambiarlas.

Se sintió satisfecha con su pequeño discurso y decidió que era hora de meterse en el baño para ponerse su pijama. Ese sería un buen colofón a su contrarréplica.

Mientras abría la puerta del baño una mano sujetó su hombro. ¿Ahora qué? La mirada de Itachi permanecía clavada en ella de forma inerte.

- ¿Qué? - preguntó ella, con cierta sorna. Como Sasuke, también era imposible de descifrar.

Él permaneció en silencio y se acercó a su cara. Hinata enrojeció al pensar lo que eso significaba. Itachi tomó una pelusa que ella tenía en su ojo, y la tiró a un lado. Después se alejó. Aquella acción dejó a Hinata paralizada por la sorpresa.

- ¿No ibas al baño...? - le preguntó indiferente el moreno.

Hinata entró rápido al baño y cerró la puerta. Empezaba a tener escalofríos. Mientras se cambiaba de ropa, pensó en la mejor manera de salir de aquel embrollo. En Hong Kong tenía que haber asociaciones o alguna persona que la guiase, gente que estuviese en contra de aquella locura (ella lo percibía así) de casar obligatoriamente a las viudas con los cuñados. Suspiró al ver cuidadosamente doblado un pijama de franela color marfil con unos bordados en forma de abanico. Al lado de la indumentaria, había un anillo con un círculo blanco y en el centro el símbolo 人形 grabado en oro. Hinata desdobló con cuidado el pijama. Se puso aquella ropa y se miró al espejo, se extrañó porque era exactamente de su talla. Dejó el anillo encima del lavabo, junto a un solitario cepillo del pelo, y salió del lugar.

Soltó un suspiro para darse ánimos. Los necesitaría para enfrentarse a aquel hombre taciturno e inexpresivo.

Pasó por delante de la cama de Itachi. Ahora él estaba inmóvil, con los ojos cerrados. Pensó en acercarse un poco a curiosear, de todos modos, aquella noche iban a dormir en la misma habitación. El Uchiha tenía la llave, y cualquier malentendido podía entenderse como un intento de Hinata por escaparse.

Hinata se acercó de puntillas a aquel rostro dormido. El cabello largo negro, no muy espeso formaba suaves ondas sobre la almohada. Un hombro musculoso mantenía abrazada la almohada. Podía ver en su mano derecha brillar el anillo con el círculo rojo y el símbolo en azabache. El rostro del hombre, aunque parecido al de Sasuke era más varonil, con unas profundas ojeras, pero aún así tenía un magnetismo del que era difícil de escapar. El resto del cuerpo, no estaba a la vista, pero Hinata había podido intuir que era fibroso, y atlético. Un hermoso ejemplar de aquel género masculino que a Hinata sólo le había traído disgustos.

Y este ejemplar en concreto quería hacerla su mujer.

Hinata sacudió la cabeza, sus pensamientos no la llevaban a buen puerto. «Él no quiere hacerme su mujer, él está obligado a casarse con la viuda de su hermano...».

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«De todos modos, esto tiene que tener una salida alternativa...»

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Hola, espero que les haya gustado la continuación...

Gracias AntoniaCifer , Blacklady Hyuuga, uchihinata-20 y todos los demás muchas gracias por seguir la historia y estar ahí.

Gracias.