Después de aquella vez, han dejado de dar tantos rodeos y Harry se queda en casa de Draco prácticamente todos los fines de semana. En principio, no muy convencido, pero como el mismo gryffindor le había dicho, tenía que dejarse llevar y confiar en él, cosa que aunque este negase, llevaba haciendo mucho tiempo. Y la verdad, es que estaba bastante bien. El viernes se despedía de la cafetería hasta el lunes (ya que el ministerio permanecía cerrado todo el fin de semana), llegaba a casa, se relajaba, y el sábado siempre tenía algún plan preparado con Harry, el cual parecía esmerarse en que se divirtieran. Cine, cenas, salidas al campo, al parque, a volar en escoba, partidos de quidditch. Y luego, le daba una espléndida y totalmente satisfactoria noche de sexo. Y no acababa ahí, por la mañana se despertaba con Scorpius y le preparaban el desayuno. ¿Podía haber algo mejor?

Aunque aún había algo que le preocupaba. Y era Scorpius. Desde hacía varias semanas, parecía enfadado con Harry. Al principio pensó que eran celos, pero después de intentar hablar con él y cambiar de estrategia en vano, dedujo que no era eso lo que le molestaba al pequeño. Cuando están ellos dos solos, es cuando más molesto parece. Cuando los tres están juntos, parece tranquilo y contento. Pero los lunes siempre llega de mal humor al colegio y Hermione ya le ha dicho que ha respondido mal en clase. Empieza a pensar que quizás lo que no le gusta, es que el fin de semana termine y volver a clases, porque la verdad, no comprende que es.

El viernes, mientras está dejando a Scorpius en la guardería, Harry aparece por allí. Se acerca a preguntarle por sus planes del día siguiente y el niño parece bastante entusiasmado. Pero entonces, cuando le dice que el domingo irán al campo con los Weasley dice que no quiere ir. Hermione, que como siempre, anda por allí, interviene recordándole lo bien que se lo pasó la última vez que estuvo allí.

Cuando Harry intenta bromear para que cambie de opinión, recibe un "te odio" que se le clava en el corazón.

—Será mejor que me vaya, está enfadado y no razonará hasta que se tranquilice.

—Espera, Harry —le dice Draco bajito para que Hermione no le oiga—, está enfadado, creo que son celos, pero no le tomes en serio, sabes que te adora.

Harry sonríe sin ganas y se despide de ambos.

Draco termina su turno en la cafetería y vuelve a por el niño. Que está sentado solo en un rincón. Le pregunta a Hermione y esta le pide que ambos pasen a su despacho.

Se sientan frente a la chica, quien parece seria.

—Bien, estamos aquí los tres porque Scorpius ha tenido hoy una actitud muy mala con Harry. Además de decirle que lo odiaba esta mañana, cuando ha pasado a la hora del almuerzo lo ha llamado tonto.

—¿Eso es cierto, Scorpius? —pregunta Draco mirándolo sorprendido, nunca ha llamado tonto a ningún adulto.

El niño no responde, pero hace pucheros que están lejos de rebajar el enfado de su padre.

—Estamos aquí para averiguar qué está pasando, porque está claro que algo pasa. ¿Nos lo vas a contar Scorpius?

Sigue sin decir ni una palabra, así que Draco le reprende.

—Te están hablando.

El niño lo mira resignado.

—Harry es malo y tú más.

—¡Scorpius! —le responde subiendo el tono. Su hijo es un niño, sí, pero nunca se ha comportado como uno malcriado...— ¿qué diablos te pasa? Creía que te divertías cuando salías con Harry, que os lo pasabais bien...

—Sí —dice el pequeño bajando sus ojos grises.

—¿Entonces?

—Es que desde que Harry duerme contigo, ya no me dejas ir a tu cama los días que no hay cole. Y Harry tampoco me deja entrar en tu cuarto cuando dormís, ¡yo estaba primero!

Draco deja a medio tragar algo que tenía en la garganta y cierra los ojos. Mira a Hermione que demuestra en su semblante un asombro claro.

—Se te van a unir las cejas con el pelo de la cabeza, Granger —le dice para que quite esa estúpida expresión—. Y tú —añade mirando a su hijo—, ya hablaremos sobre dejar la puerta abierta, pero primero tienes que pedirle perdón a Harry y prometerle que jamás le dirás algo como lo que le has dicho hoy —el niño asiente sintiendo que no tiene más remedio que aceptar—, y ahora vete, que tengo algo que hablar con la señora Weasley.

En cuanto Scorpius está fuera, Draco suspira y por fin la mira a los ojos.

—Vaya —dice la chica ante el silencio del slytherin—, pues mira, al final no ha sido para tanto... solo estaba molesto porque... ¡¿te estás acostando con Harry?!

—Grita más alto, Granger, en el departamento de misterios aún no se han enterado.

—¿Sí? Pues por poco se enteran antes que yo. ¿Por qué no me habéis dicho nada? ¿cómo ha pasado? ¿Es serio? ¿Desde cuándo?

—No te hemos contado nada porque no hay nada que contar, es algo entre amigos, ¿vale? No estamos juntos, ni saliendo ni nada de lo que se te pueda estar pasando por esa cabeza maquinadora que tienes.

—¿Cuántas veces os habéis acostado? —Draco iza los ojos ante la pregunta—, ¡aja! Si lo tienes que pensar es porque han sido muchas veces.

—No tantas —se excusa—, y da igual, no hay nada, ¿vale? Y ni siquiera sé porque te estoy contando esto.

—Además, si no es serio, ¿por qué lo sabe Scorpius?

—Porque Harry duerme en casa, pero al principio era para hacer de niñero, ya sabes, y cerramos la puerta precisamente para que no lo supiera, por Merlín... esto se me está escapando de las manos.

—Bueno, hablaré con Harry...

—¡De eso nada! Ni se te ocurra contarle una palabra, si quiera, de esta conversación. Seguro que se siente culpable por lo de Scorpius y todo eso, ya le conoces.

—Te iba a decir que mejor que tú, pero creo que no es así...

Draco le dirige una mirada asesina

—¿Podemos dejar el tema muerto y enterrado? ¿Por favor?

Hermione le mira divertida, y él sabe que va a ser difícil que deje el tema, aunque también sabe que no va a decirle ni una palabra a Harry... ¿porque los gryffindor siempre lo harán todo al revés? Al menos, él lo haría así, pero bueno, prefiere que su amigo no esté enterado de nada. Y no solo por lo de Scorpius. Sabe que Harry es demasiado noble y que si alguien más se entera y le recrimina algo, va a terminar discutiendo con alguno de sus amigos. Demonios, ahora que lo ve desde otra perspectiva le parece una locura, ¿cómo lo ha permitido? ¿En qué estaba pensando? En esos instantes, seguramente en nada, cuando uno está ante una sesión de buen sexo no piensa en otras cosas, Merlín, ¿por qué Harry lo complace tanto en ese aspecto? ¿Qué hace para que disfrute tanto con él en la cama? Pero solo de pensarlo se le eriza todo el vello y le entran esas cosquillas en el vientre, y... ¿que estará haciendo Harry ahora? ¿Tendrá un momento libre?


Pero cuando se reúne con Harry esa tarde, tiene otras cosas que hablar con él, así que por un momento se olvida del sexo y se centra en lo que ha venido a decirle.

—Ya he hablado con Scorpius y sé que le pasa.

—¿Está bien? ¿Tiene algún problema?

—No Harry, solo está celoso, como te dije. Su problema es que cerramos la puerta por la mañana y no le dejamos pasar a la habitación —le dice sonriendo al imaginar a su hijo frente a la puerta—, siempre lo ha hecho, tiene la costumbre de venirse conmigo a la cama el domingo por la mañana y siempre jugueteamos un rato. Y ahora dice que por tu culpa no puede hacerlo. Eso es todo.

—Ah, bueno —Harry parece algo trastocado por la noticia—, quizás lo mejor sea…

—Lo mejor —le interrumpe Draco—, es que simplemente dejemos la puerta abierta y nos pongamos algo de ropa para cuando venga por la mañana, ¿te parece bien?

—Me parece estupendo —le dice con una sonrisa.

Draco sabe muy bien lo que Harry iba a decir. En la mejor de las situaciones, que podían acostarse y que él se fuera después. En la peor: que no lo hicieran más. Pero ahora se ha vuelto un poco egoísta. Y aunque no quiere nada más allá del sexo, se ha acostumbrado a otro peso en la cama, a otro olor, a otro calor, es solo un maldito día a la semana y nadie se lo va a quitar. Necesita ese contacto humano, y aunque quiere a Scorpius con locura, son sentimientos muy distintos. Quiere sentir ese roce cargado de deseo y pasión, ese "mmm" que hace Harry cada vez que durmiendo cambia de postura, percibir el cosquilleo que provoca su barba de tres días sobre su hombro por la mañana.

Le da igual lo que piense Granger, le da igual, porque él y Harry saben que solo son amigos y ya está. Están genial así, no tiene por qué cambiar.


Es lunes por la mañana, Draco está trabajando contento, por una vez, en la cafetería del ministerio después de uno de esos fines de semana fantásticos. Normalmente, Harry solo se queda el sábado, pero anoche decidió quedarse también, y esta mañana Scorpius estaba fascinado con que Harry lo llevase un poco más tarde a la guardería, ya que como él entra a las seis y media y el auror a las ocho, le ha parecido bien dejar al niño dormir un poco más. Se siente relajado, descansado y contento, la verdad es que las cosas podrían irle mejor, si encontrarse otro trabajo, pero por primera vez en años, se siente extrañamente feliz.

Mientras intenta reprimir una sonrisa, oye una voz a sus espaldas que lo saca de su ensimismamiento.

—Eh, Malfoy, ayúdanos aquí.

Draco se acerca a sus compañeros y observa el ir y venir de algunos aurores. Y esa sonrisa termina saliendo al ver que Harry es uno de ellos. Confuso, se acerca, ya que no es usual que Harry baje a la cafetería a desayunar.

—¿Qué haces aquí? —le pregunta con tono divertido.

—Hemos declarado en el Wizengamot por un caso, y ahora tenemos que esperar el veredicto, es la primera vez que me pasa —le comenta.

—¿Quieres algo de comer?

—¿Me has oído decir que no a esa pregunta alguna vez? —le dice con sorna.

Harry camina tras él hacia la vitrina donde están los pasteles, sabiendo de sobra que es a lo que quiere hincarle el diente.

Mientras Draco le hace una descripción muy amplia sobre toda la repostería con alguna broma incluida, recibe un empujón de atrás que prácticamente lo tira sobre Harry.

—Eh —le grita el auror—, mira por donde vas.

El otro, auror también, se ríe de ambos.

—Es él el que no debería estar aquí, su sitio está tras la barra. O en Azkaban.

Harry se adelanta inmediatamente queriendo decirle cuatro cosas a ese imbécil, pero se amilana al sentir la mano de Draco en su brazo.

—Que valiente eres vistiendo ese uniforme —le dice pretendiendo amenazarle.

—Eh, Potter, el perrito te está tirando de la correa —se sigue riendo de él, al ver que Harry hace intención de acercarse, da un paso atrás—, tranquilo, si yo también lo entiendo, la chupa demasiado bien para su beneficio.

Antes de que Draco tenga tiempo para hacer ningún movimiento, Harry ya le ha estampado el puño en la cara al otro auror. El slytherin se queda de piedra mientras observa a uno en el suelo con la nariz hinchada y sangrante y al otro con el puño en no mejores condiciones.

Se acerca a Harry para intentar ver si se ha hecho daño, pero este le rechaza en seguida.

—No me toques —le dice de forma cortante.

Esas palabras le duelen más de lo que quiere admitir, así que mientras los compañeros empiezan a rodear a ambos aurores, él decide retirarse a la cocina.

Cuando algunas horas más tarde termina su turno en la cafetería, va directo a hablar con Hermione. Ella le dice lo que ya sospechaba.

—Lo han suspendido una semana. No ha sido más tiempo porque ambos eran aurores, si el otro hubiese sido un civil, estaríamos hablando de un mes. Lo han considerado una simple riña entre compañeros.

Draco suspira audiblemente y se echa el pelo hacia atrás sin saber que decir.

—Lo siento, iré a verle, por si necesita algo.

—Harry no ha querido decirme que dijo exactamente, pero sí que fue muy ofensivo y fuera de lugar, así que no creo que debas ser tú el que pida disculpas.

—Ya, pero aun así no debió llegar a ese extremo.

Hermione le sonríe. Porque como él, sabe que Harry es así de temperamental. Que defiende lo que es correcto por encima de cualquier cosa, aunque salga perjudicado sin que tenga nada que ver con él.


Cuando Harry abre la puerta no espera encontrarse a Draco. En todo el tiempo que llevan siendo amigos, nunca ha estado en su casa, así que se aparta a un lado para dejarlo pasar con el ceño fruncido.

—¿Ha pasado algo? ¿Te han dicho algo más?

—¿Por eso crees que estoy aquí? —pregunta algo irritado.

—No sé, pareces molesto.

—¿Te lo parezco? ¿Por qué crees que puede ser?

—¿Podrías pasar por un rato de las preguntas sarcásticas y decirme que te pasa?

Parece que eso no le ha gustado, Draco frunce los labios y entrecierra un poco los ojos. Harry tiene un incipiente dolor de cabeza así que no tiene muchas ganas de dar rodeos.

—Solo me gustaría saber a qué ha venido lo de la cafetería. No vuelvas a hacerlo.

—Bueno, la culpa no es mía, si lo hubieses denunciado nada de esto habría sucedido, ¡te lo dije!, y perdona por querer defender lo que me parece correcto.

—¿Es que alguien te había dicho algo a ti? Que yo recuerde me mencionó a mí, así que no entiendo porque tienes que comportarte como si la cosa fuese contigo.

—Ah —grita Harry empezando a enfadarse de veras—, ¿qué se suponía?, ¿qué iba a dejar a ese desgraciado que dijera lo que le diera la gana? ¿Qué crees que habría hecho si no llego a actuar? ¿Y qué pasa si la próxima vez hubiese estado Scorpius delante? ¿No has pensado en eso?

Que Harry haya comenzado a elevar el tono de voz y que no esté acostumbrado a que se comporte de forma tan seria y firme delante de él, no hace más que enervar a un más su enfado y hacerle estallar.

—Pero es que ese no es tu problema. Ni Scorpius ni yo somos tu problema, ni tu responsabilidad. No eres nada nuestro, ni nosotros somos nada tuyo, ¿lo entiendes?

De repente, el semblante del auror ha cambiado. Esas palabras han hecho que su humor haya dado un giro de ciento ochenta grados.

—Vete de mi casa por favor —le dice mientras se talla las sienes.

Draco detiene su discurso y lo mira extrañado. Harry vuelve a repetirlo ya que el slytherin no parece haberse percatado de lo que acaba de oír.

—Pero... —balbucea sin terminar de creerse que lo esté echando de su casa.

Harry se gira y le da la espalda, así que entiende que le está dando espacio para que se vaya. Lo hace aun estupefacto y sumido por la sorpresa.

Se esperaba discutir con él, sacarle de sus casillas, o incluso que se pusiese en plan sobreprotector como lo ha visto hacer cuando alguien ha dicho algo en contra suya, pero no esperaba que lo echara de su casa.

Cuando vuelve a recoger a Scorpius, Granger lo espera con una sonrisa, pero él no dice nada, tan solo lo recoge y vuelve a su propia casa.

Esa noche ni siquiera puede dormirse con tranquilidad. Tiene un nudo tan grande en el estómago que hasta su hijo se percata de que algo no va bien. Para rematar la jugada, y como broma del destino, supone, en cuanto entra en la cama se siente como si se hubiese sumergido en un océano con el olor de Harry. Ha estado dos noches durmiendo con él en esa cama y huele a él tanto que si cierra los ojos casi parece que esté ahí.

Se pasa toda la noche dando vueltas y odiándose por distintas y opuestas razones. Por haberle dicho aquello, por el hecho de que signifique tanto para él mismo, por haber permitido que le afectase y por supuesto, por haberse ido sin solucionarlo

Al día siguiente, en cuanto cruza el umbral de la puerta para recoger al pequeño, Hermione se acerca y se lo da en brazos.

—Vaya —le dice con un tono distinto y más serio al que está acostumbrado—, otro que parece que viene de un velatorio. ¿Se puede saber que os ha pasado?

—¿Harry está aquí? —pregunta extrañado.

—Se ha ido hace una hora. ¿Si vuelvo a preguntarte me lo dices? Porque ya estoy empezando a pensar que es grave.

Resignado y algo agobiado, para que negarlo, decide contárselo. Por un lado, lo que le hace creer a ella: porque no ha parado de insistirle en toda la mañana. Y también, porque realmente el peso en su estómago ha cogido dimensiones estratosféricas.

—Vaya...

—¿Es lo único que se te ocurre decir?

—No sé, ¿qué te parece desconsiderado e imbécil?

—Lo sé, y no creas que no me arrepiento —le dice algo resignado—, pero es que es la verdad, no tiene por qué hacerlo, defenderme a mí, o a Scorpius, no es su responsabilidad.

—No lo entiendes, ¿verdad? Os quiere, Draco. Incluso más de lo que él se imagina. Sois como una familia para él, pasa más tiempo con vosotros que con nadie más, no para de hablar sobre lo que hizo el sábado con Scorpius en el parque, o a dónde fuisteis el domingo... Pero tú no lo consideras así, ¿no? ¿Eso me estás diciendo? ¿Para ti es como un amigo más? ¿Cómo Parkinson o Zabini? —Draco no responde, ni siquiera la mira a la cara—, piénsalo bien antes de contestar.

—Odio a los gryffindors y vuestra manía de tener que soltar todos vuestros sentimientos y demás a la cara.

—¿Y eso lo dices tú? —le pregunta Hermione riendo por primera vez—, ¿el que se ha hecho íntimo del más gryffindor de todos? Anda, ve a hablar con él. No quiero veros con esa cara, y menos después de la que traíais el lunes.

Draco la mira de reojo pensando que no tiene remedio. La verdad es que si estando en Hogwarts le hubiesen dicho como iba a terminar, se habría reído. Tomando consejos de Hermione Granger para que Potter lo perdone, y lo peor de todo es que no se siente humillado, porque eso al menos le daría menos remordimientos, no, encima está deseando que lo perdone, porque ahora mismo tiene un nudo en la garganta que lo lleva molestando todo el día.

Sale fuera y coge a su hijo de la mano, quiere irse lo más rápido posible.

—Entonces —le dice Hermione mientras recogen la mochila de Scorpius—, ¿hablaras con él mañana?

—Que sí, que de mañana no pasa. Vamos cariño —le dice al pequeño que no se mueve del sitio—, Scorpius, vamos.

—No puedo irme —le dice algo enfadado.

—¿Y eso por qué?

—Porque hoy es martes y los martes Harry me lleva a comer helado.

—Scorpius, es muy tarde, Harry ya no va a venir, está en su casa.

—No. Siempre vamos.

Draco resopla e intenta cogerlo en brazos. El niño comienza a patalear y lloriquear; y también a gritar que no.

—Granger —advierte el rubio mientras intenta agarrar al pequeño—, no dejes que Potter malcríe a tu hijo, yo ya llego demasiado tarde.

Hermione se ríe y mira a ambos luchando hacia lados opuestos.

—A ver, a ver —intenta poner paz—, ¿por qué no hacemos una cosa? —los dos se paran a escucharla, lo que Scorpius aprovecha para salir corriendo hacia ella—, Scorpius, cielo, Harry está enfermo por eso hoy no ha venido. Pero, ¿sabes qué? Tú no puedes ir, porque podrías contagiarte, pero papá —dice mirando a Draco con una enorme sonrisa—, va a ir a ver a Harry ahora mismo y tú y yo vamos a esperarle aquí, ¿qué te parece?

Ambos la miran a la vez con gestos totalmente opuestos.

—Granger... —le dice como advertencia.

—Vamos, vamos, está claro que es lo mejor, Scorpius quiere quedarse un poco más, y tú tienes que ir a ver a Harry que está muy enfermo.

—Sí, papi, y llévale chuches, el me trae cuando estoy malito.

Ahora mira a ambos con mala cara, Hermione siempre ha sido un as de las jugarretas y encerronas, no sabe de qué se sorprende.

Antes de irse, su hijo le da al menos tres dibujos para que se los de al auror y un muñeco de dragón que escupe fuego que no quema.

—No tardaré mucho, así que esté preparado para cuando vuelva.

Antes de que al niño le dé tiempo a responder, Hermione se ha acercado a él sigilosamente y le susurra al oído.

—No te preocupes, yo estaré aquí hasta las cinco y media; si alarga la velada, me lo puedo llevar a casa —le dice antes de guiñarle un ojo.

Draco se aleja resoplando y murmurando maldiciones antes de meterse en la chimenea.