La muerte de Mitsumasa ha dejado a los bronceados algo perplejos, pero ya habrá tiempo luego de pasar el duelo, hay cosas más importantes de las que preocuparse, como rastrear a los plateados que andan rondando. Saori pone en aprietos a su papá e Ikki recibe una grata sorpresa.
¡HOLA A TODOS! Este fic es un UNIVERSO ALTERNO, sin relación con mis demás escritos y se puede leer de forma independiente. Parte de la premisa de qué hubiera pasado si Aioros de Sagitario hubiera sobrevivido a aquella noche en que rescató a la infanta Athena de una muerte segura. ¡Espero que lo disfruten! Algunas imágenes de referencia irán apareciendo en el Pinterest de este universo.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA
Principio n° 40 para ver y entender anime: Perder el temperamento puede ser muy terapéutico.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. Debido a la naturaleza de algunas escenas gráficas, se pide extra cuidado. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
¡No intenten nada de esto en casa!
"SUCEDIÓ EN LAS DOCE CASAS"
Capítulo 3: Consecuencias
Mansión Kido. Tokio, Japón.
Días después. 3 de abril 2017
Aquél día era lunes, y por si eso fuera poco, los bronceados no estaban con el mejor de los humores. Athena podía comprenderlo y empatizaba con aquél estado de ánimo generalizado. Unos días atrás, santos de plata que (de acuerdo a lo dicho por Hyoga) buscaban a la impostora que el magnate intentaba hacer pasar por la diosa, se habían dejado caer en la mansión Kido para asesinarla, encontrándose de narices con Tatsumi, quien hizo lo que pudo para mantenerlos a raya.
Justo en ese momento Hyoga (quien venía de quizás quien sabe de dónde) intervino en la pelea, pidiendo ayuda a sus hermanos que estaban más cerca, Seiya y Shiryu, quienes escoltaban a Saori de regreso a la cafetería Kamisama. No fue necesario hacer mucho más: el santo del Dragón se echó a la diosa al hombro y escapó con ella a un lugar seguro, mientras Seiya se lanzaba de cabeza a apoyar a su hermano ruso.
Fue un desastre. La mansión sufrió daños de consideración, hubo un sector que incluso se incendió por completo, y en la repartija de golpes y patadas, Mitsumasa perdió la vida.
No digamos que fue la gran pérdida, pero de todos modos los cinco bronceados quedaron algo… desconcertados, y sin saber exactamente cómo reaccionar. Mitsumasa Kido no era el gran referente de sus vidas, pero era su progenitor a fin de cuentas, y si antes la sensación de desamparo era grande, ahora lo era mucho más.
¡Menos mal que contaban con Aioros! Todavía no sabían cómo reaccionar bien ante esto. Los muchachos también tenían a sus maestros, pero de momento no podían alcanzarlos. Albiore de Cefeo, el maestro de Shun, estaba desaparecido; Marín de Águila, maestra de Seiya, junto con el maestro de Shiryu, Dohko de Libra, no podían ser contactados sin levantar sospechas; Camus de Acuario algo había conversado con Hyoga (o eso creía Aioros) y Guilty, el maestro de Ikki… pues… lo último que habían sabido de él, daba cuenta que estaba siendo torturado en el Tártaro.
"¿De dónde sacaron que yo era la diosa?" Preguntó de pronto Athena. "O sea, no es que lo divulgue, pero ¿cómo supieron que tenían que atacarme a mí en específico y no a otra?"
Aioros le acarició la cabeza al tiempo que la diosa se convertía en el centro de la atención. Erich de Escorpión asintió con la cabeza y la miró de forma paternal.
"Ares no tiene certezas, excepto una: los santos siempre la encontraremos, por instinto. Aunque esté al otro lado de la tierra y de las épocas, siempre llegaremos ante usted, aunque no sepamos su identidad."
"Saori, todos en el Santuario están convencidos que estás de remolona en tu Cámara personal en el Templo Principal." Dijo Seiya de pronto. "Si el Patriarca dice que estás ahí, no tienen motivos para no creerlo."
"Ares se aprovecha de eso y de nuestro instinto de santos para buscarla." Explicó Erich solemne y los ojos cerrados. Aioros carraspeó para llamar la atención
"El Patriarca dio la orden de eliminar a la impostora. Confiaba y con razón en que una vez fuera, por instinto los santos buscarían a su diosa. Como te creen en el Santuario, te van a considerar a ti como impostora." El santo de Sagitario se apretó el puente nasal.
"¿Aunque por instinto sepan que soy yo?" Preguntó Athena muy dolida. "¡Eso es aprovecharse de la nobleza de mis guerreros!"
"Eso no tiene importancia." Protestó de pronto Hyoga. "Lo que debe preocuparnos ahora es que Ares va a saber que Athena está más o menos por esta parte del mundo y vendrán más plateados por ti, pensando y creyendo a pie juntillas que eres una impostora."
"¡Mayor razón para decirles que soy yo!"
"Algunos puede que no se convenzan. ¡Hay que hacer esto bien, pequeña señorita!" Le dijo Erich con cariño. El hombre vio su reloj. "Es hora que me vaya, no puedo quedarme más." El dorado volvió a mirar a los bronceados y asintió con la cabeza. "Una vez más, mis sentidas condolencias, muchachos."
Ikki fue el único que asintió. Erich se retiró en las sombras tan silencioso como había llegado, dejándolos sumidos en silencio. Aioros bajó la mirada: los bronceados no quedaban desvalidos (la fundación Graude se haría cargo del patrimonio heredado) por lo que en ese sentido estaban tranquilos, pero no era eso lo único que les pesaba. La carga de los inicios de una guerra santa contra Ares comenzaba a cargarles los hombros, y las noticias que había traído el maestro Erich, justo después del funeral de Mitsumasa, de poco los había aliviado.
"Ares por fin nos comenzará a atacar de frente." Dijo Seiya, suspirando con fuerza. "¡Ya era hora!" Exclamó con optimismo.
"¿No tienes miedo, Seiya?" Preguntó Athena, mientras se aferraba del brazo de Aioros, quien no dudó en cobijarla. La diosa se enrojeció como semáforo. "Yo sí."
"¿Y eso te avergüenza, hijita?" Le preguntó Aioros, mientras le acariciaba detrás de la oreja.
"Sí…" Reconoció en un susurro, sin muchas ganas de mirar a los demás. "Todos son muy valientes y yo… soy una inútil."
"Ya aprenderás a dar golpes, Saori. Hasta entonces deja que nosotros los demos por ti." La animó Seiya de muy buen humor. Hyoga y Shiryu asintieron. Shun se le acercó y le dio un abrazo.
"Me preocuparía más si no supiera que estás asustada, Saori." Le dijo el santo de Andrómeda cuando la soltó. "Es lo más normal que hay. Mi maestro decía que lo peligroso es la ausencia de miedo."
"Ares no se va a detener… Ahora sí que no."
"Los últimos trece años se ha esperado por este momento. Ya no hay escape." Hyoga se sopló el flequillo. "¡Menos mal! Tanta pasividad me estaba colmando los nervios."
"Sifakis." Preguntó de pronto Ikki, muy huraño. "¿Qué acordaron con los mayores? ¿Qué tenemos que esperar?"
Athena se volvió hacia su papá y éste afiló la mirada. En efecto, Aioros se había reunido con la Resistencia la noche anterior, pero no había forma de que los bronceados se hubieran dado cuenta, como en otras ocasiones, ocupados como estaban con el funeral de Mitsumasa. Esta pregunta de Ikki se formulaba desde la lógica.
"¿Qué crees que va a pasar, Ikki?" Preguntó a su vez Aioros. "Este ataque plateado no debió pasar desapercibido para Ares. Lo más probable es que comience a enviar más santos a comprobar la identidad de Athena, bajo la premisa de que es una impostora."
"Athena está en peligro." Se lamentó Shun. Seiya le dio un amistoso golpe en la espalda.
"Lo ha estado desde que ella y Aioros escaparon del Santuario."
"Tarde o temprano iba a pasar." Suspiró Athena. Si bien la chiquilla se veía calmada y muy centrada, en verdad se asustaba cada vez más conforme avanzaba el reloj. "Toca enfrentar esto de frente."
"Vamos a necesitar recabar información. Los necesito alerta a todos." Les dijo Aioros. "Ikki, Hyoga… ¿Puedo contar con ustedes?"
Ikki arrugó el ceño y Hyoga se hizo el desentendido. Los demás los miraron con atención, en espera de sus respuestas: sabían que los aludidos se resistían un poco a las circunstancias, y a Athena le había costado ganarse el cariño de esos dos. Hyoga miró a la diosa unos instantes antes de sonreír y asentir, al igual que Ikki, pero este se mostró un poco más huraño.
"Saori. ¿Sabes que si te hacen llorar, les voy a devolver el favor, verdad?" Preguntó Ikki de pronto.
"No me quedaba claro, pero ya que lo dices…"
"Ya Deja El Drama, Niña: ¡No Te Pasará Nada!" Ikki se cruzó de brazos. "¡Sifakis! ¿Qué necesitas que haga?"
Buen zape le hubiera dado Aioros, pero optó esta vez por no hacerlo, en vista de las circunstancias.
"Busquen información sobre los plateados. De algún modo llegaron a Tokio: ya sea que fuera instinto lo que los guió aquí o no, algo debió haberles dado el dato." Aioros apretó la mandíbula. "No me fío solo de la teoría del instinto: aquí hubo algo más."
"Alguien les dijo algo." Comentó Hyoga. "Quizás fue a propósito, quizás no, pero alguien se fue de lengua…" El santo de Cygnus se irguió por completo, dejando su apoyo en la pared. "Puedo encargarme de eso."
"Yo buscaré a los plateados." Dijo Ikki. "Alguien que no quiero mirar…" Gruñó mientras escaldaba a Seiya con la mirada, logrando que el Pegaso se encogiera en actitud de disculpa. "… los dejó escapar en vez de eliminarlos. Buscaré donde están y los machacaré."
"Preferiría que no, pero si te sientes inspirado, no te detendré." Dijo Aioros. "Solo trata que la policía no se dé cuenta."
"¡GENIAL!" Exclamó de golpe Seiya, aunque miró a Ikki de lado. "Ahora a ver cómo termina todo." El santo de Pegaso se volvió a la diosa. "No tengas miedo, Saori, estarás bien protegida. No dejaremos que te pase nada. ¡Eres nuestra diosa!"
Athena sonrió con ternura ante las palabras del Pegaso, pero se arrimó más a su papá, intercambiando una fugaz mirada con él. Ciertamente la diosa estaba asustada… pero no tanto por su integridad…
Temía por sus santos.
Cafetería Kamisama. Tokio, Japón
Dos días después. 5 de abril de 2017, 18:12 horas.
Por instantes se sintió un poco abrumada por la demostración de cariño, pero al rato se dejó querer, sin chistar. Athena había llevado el pedido al mesón de la cafetería cuando de pronto le habían dado un abrazo por la espalda. Se tardó tres suspiros y medio en reconocer a quien la abrazaba, causando la simpatía de Akane, una de las universitarias que en esos momentos estaba tras el mostrador.
"¡Mamá!" Exclamó al girar sobre sus talones. La arregló las ropas.
"¡Parece que creciste de nuevo en estas semanas! ¡Mírate! Deja que te revise."
Athena hinchó el pecho y dejó que Liliana la revisara. Se abrazaron de nuevo e intercambiaron algunas impresiones, antes de irse a sentar en una mesa cercana… aunque antes de hacerlo, la niña tuvo que aguantar que la mujer le arreglara el flequillo un poco.
"Creí que estarías más tiempo lejos, mamá. ¿Cómo te fue?"
"Me pudo ir mejor, el seminario prometía más. Me vine ni bien tuve la oportunidad." La mujer puso los ojos en blanco unos instantes. "Tu papá de nuevo no me contó toda la historia y tuve que preguntarle a mi hermano mayor por los detalles." Lily miró con cariño a la diosa. "Y por mucho que me honres llamándome así, sabes que prefiero que no lo hagas, Saori."
"¿De nuevo te dijo mi papá que no era tan grave lo que pasó?" Athena suspiró, bajando incluso la cabeza. "Sobre lo otro… sabes que me sale natural. Es lo que has sido para mí todos estos años: mi mamá…"
"Me honra que me llames así, pequeñita. ¡También te considero mi hija traviesa!" Lily entonces frunció el ceño. "Me llegaron tus notas: ¿Qué pasó? Bajaste tu rendimiento un montón."
"Pues... verás... he tenido la mente ocupada con otras cosas y... ¿mamá?"
"Dime..."
"Estoy un poco ansiosa... no sé cómo manejarlo." Le dijo con toda la sinceridad que pudo.
Liliana Skjeggestad sintió un cálido latido en el pecho. Para ser honesta, cada vez que la diosa le decía mamá le daba un sentimiento que no alcanzaba a explicar, pero que al mismo tiempo la ponía muy feliz. Lily y Aioros eran más o menos una pareja estable desde hacía unos ocho o nueve años. Se conocieron un día en que Athena hacía berrinche en una tienda porque no le habían cumplido un capricho y Aioros no sabía cómo controlarla. Lily fue la única que lo ayudó.
Siendo sincera desde el minuto uno, Lily le contó a Aioros que llevaba unos días buscándolo por encargo de Hades para confirmar su apoyo y ofrecer ayuda. Debido al Tratado de Paz firmado entre el Santuario y el Inframundo, además teniendo en cuenta que la versión oficial era que Athena se encontraba sana y salva en su recámara, Hades no podía apoyar abiertamente a la Resistencia con sus espectros, por temor a causar un lío diplomático pero, por medio de Liliana (en quien nadie se fijaría) bien que podía hacerlo.
¿Por qué Lily? Ella no era un espectro, pero sí la querida medio hermana menor de Minos de Griffin, uno de sus tres jueces. No se fijarían en ella debido a que se movía en un ambiente muy opuesto al de las élites guerreras de los dioses, y a que siempre estaba viajando dando conferencias o seminarios. Dueña de una mente privilegiada, pero siempre manteniendo un discreto perfil, la profesión de Lily ni siquiera era llamativa, pese a su importancia (era matemática).
Fiel a su palabra, Lily siempre estuvo pendiente de Aioros y, sin que ninguno se diera cuenta, con el paso de los meses se enamoraron, llegando a pasar tanto tiempo juntos que muchos los tomaban por matrimonio, cosa que no podía estar más lejos de la verdad. Incluso había llegado al punto que Athena consideraba a Lily como su mamá y la shippeaba ferozmente con su papá Aioros. Ganas no les faltaban a estos dos por casarse, conste, sobre todo después de casi una década de relación, pero mientras Ares estuviera en el Santuario, no atarían el nudo. Ni siquiera vivían del todo juntos, aunque pasaban tantas noches seguidas en mutua compañía, que era como si convivieran en serio.
"Bueno, mis notas… errr… pues…" Athena se mordió los labios y se sopló el flequillo. "Ya sabes, con todo lo que está pasando, una se distrae…"
"Esto no tiene nada que ver con eso, pero te comprendo. Tus notas vienen bajando de mucho antes de la muerte del señor Kido." Lily ladeó el rostro. "¿Qué sucede, hijita? Algo te molesta."
Athena infló los cachetes y puso sus manos sobre sus rodillas, mirando al piso algo taimada. Puso su mejor cara de perrito a medio morir y hasta soltó unos lagrimones. Lily esperó paciente, sin presionarla.
"He tenido un sueño. Hypnos no me quiere decir el significado, porque según él, está claro y debería saberlo."
"El señor Hypnos solo hace eso de aprensivo. Más últimamente: la señora Pasitea ha estado bien delicada de salud el último año. ¡Ni hablar de la señorita Phantasos!" Ponderó Lily muy a consciencia. "Sabes que el señor Hypnos se pone así cada tanto, más ahora. ¿De qué es tu sueño?"
"Siento que algo me atraviesa." Athena se llevó la mano al pecho, a la altura del corazón. "Sueño que estoy en medio de un páramo con niebla muy espesa, pero percibo a mis santos en las cercanías. Veo entonces una luz que me atraviesa el corazón y eso me duele… aunque es el aullido de un santo plateado lo que me llega a poner los pelos de punta. ¡Pobrecito!"
"¿Por qué dices pobrecito?"
"Porque se sabe engañado. Como si no hubiera sabido que yo era Athena."
Lily miró con ternura a Saori y se cambió de asiento, junto a ella, solo para poder abrazarla y refugiarla mejor en su regazo. Algo sabía de sueños, podía interpretarlos hasta cierto punto, aunque de manera muy básica. Entendió en seguida porqué Hypnos no quería explicarle el sueño, ella misma sintió un escalofrío recorrerle el espinazo.
"Son los ataques que sufres, hijita. Ares ha soltado a los santos, y les va a costar creer que en verdad eres tú. Cuando lo sepan, van a sufrir mucho." Lily suspiró y aferró con más fuerza a la muchacha. "Puede que seas herida por un ataque, además."
"Eso…" Athena tragó saliva, refugiándose más en esos brazos. "Me asusta mucho. Estoy dispuesta a aceptarlo, pero me da mucho miedo."
"Humana eres. Me extrañaría que no lo tuvieras." Le dijo mientras la cobijaba. "Toca tener los ojos abiertos y esperar."
Ambas se quedaron un rato así, hasta que se separaron. Lily volvió a su asiento al tiempo que Saori se arreglaba los cabellos y comentaron algunas cosas más triviales para pasar el rato. Por lo visto, alguien había reemplazado a Saori atendiendo las mesas, así que se despreocupó un poco por ese lado.
"A todo esto, mamá, dijiste que Pasitea no se está sintiendo nadita bien." Preguntó Athena con algo de tristeza. "¿Todavía no se recupera bien del parto? ¿Y Phantasos? Sé que tuvo un embarazo muy complicado."
"Sigue sin poder recuperarse, pero ha tenido días más tranquilos." Lily suspiró apenada. "La señora Pasitea todavía no recupera todas sus fuerzas y la salud de la beba le quita mucha energía. Está muy angustiada por ella. ¡Menos mal que el señor Hypnos la ayuda con Phantasos todo lo que puede! Pero el pobre está muy estresado también."
"Phantasos es el brillo de los ojos de Hypnos y sus hermanos." Comentó Athena a la pasada. "Tan chiquitita que nació. ¿Qué pasa con la peque exactamente? Es una diosa, no debería enfermarse tanto."
"No se sabe bien, pero Apolo y su familia están muy pendientes del caso. Al menos ambas están bien cuidadas y atendidas." Lily meneó la cabeza preocupada. "Cierto que la pequeña Phantasos no es muy sanita, pero ¡Vaya que la quieren!" Añadió con un dejo de melancolía. "Es tan lindo cargarla…"
Athena captó en seguida aquella muda señal y los ojos le brillaron con travesura. Abrió la boca para hacer algún comentario astuto al respecto cuando fue interrumpida en ese momento.
"¡Lily!"
Aioros venía llegando de hablar con uno de los proveedores cuando se encontró con la feliz sorpresa de ver a Lily en la cafetería conversando con su hija. Por momentos olvidó sus preocupaciones, no pudo ocultar su gusto y alivio de ver a Lily, quien se puso de pie para abrazarlo. Compartieron un largo suspiro, seis latidos de corazón y un abrazo profundo, antes de darse un beso de bienvenida. En la mesa, Athena fangirleaba con ganas.
"¿Esto significa que no estoy castigado?" Preguntó Aioros lleno de ilusión.
"¿Por no decirme nada? Lo estás, no te hagas ilusiones, Amor." Lily lo besó en la mejilla y se sentó de nuevo, siendo Imitada por Aioros, quien le dio un rápido pellizcón a Athena en la mejilla a manera de saludo. "¿En serio creíste que Minos no me diría nada?"
"Creí que esta vez haría caso. ¿Cuándo llegaste?"
"Hace unas horas. Me vine directo."
"¿No crees que mamá se ve muy linda hoy, papá?"
"¡Athena! Sé más discreta." Reclamó Aioros muy risueño. "Tu mami siempre se ve linda."
"Uy. ¡No me reclamaste por decirle mamá a Lily!"
"¡Hasta dijo que soy tu mami!"
¡Epa! Eso no se lo esperaba. Aioros miró a Lily con ojos grandes y se mordió el labio, quizás incluso notando su propio desliz. Si bien Saori solía decirle papá a él y a Lily se refería como su mami, eso no lograba ser del todo cómodo para el dorado. Nunca antes en las encarnaciones de Athena había tenido la diosa unos padres en los cuales apoyarse, y sentía un raro honor cada vez que la diosa lo llamaba papá… pero que le dijera mamá a Lily le provocaba una sensación sin duda rarísima.
Eso sí… en todos esos años, Lily había sido muy cautelosa con ese título que le daba la diosa, y esta era la primera vez, que recordase, que le decía algo como esto. Disimuladamente tragó saliva: tenía la sospecha que a Lily se le estaban ocurriendo ideas devastadoras para su tranquilidad.
"Jejejeje, eso dije, pero bueno." Aioros carraspeó. "AHEM. ¿Y de qué estaban conversando ustedes dos?"
"De la nueva bebé de Hypnos y Pasitea: hacía más de dos mil años que esos dos no tenían hijos." Respondió Athena muy risueña. "Siguen batallando con su salud."
¡Ah, qué lindo! ¡Bebés! Aioros se sintió un poco más helado. No le gustaba la dirección que estaba tomando la conversación. Desde hacía unos meses el tema comenzaba a angustiarlo, más por la sospecha que tenía que Lily parecía estar recibiendo mensajes de su reloj biológico. ¡No es que no le gustara la idea! Pero como que era muy… muy…
"¿No creen que ya va siendo hora que me den un hermanito ustedes dos?" Preguntó Athena sin mayores rodeos.
No era una pregunta anormal en ella. De hecho, desde que tenía siete años que les pedía un hermanito o hermanita a sus papás. De la sorpresa ambos se volvieron a ella con rapidez e igualmente incómodos, pero la diosa solo les sonrió de oreja a oreja con travieso brillo.
"¡Athena, Hija!" Exclamó Aioros algo enrojecido. De reojo se fijó en Lily, que lucía un feroz sonrojo en las mejillas. "¡No seas indiscreta! Sabes que eso no es posible."
"Que yo sepa, ninguno es estéril." Argumentó la diosa. "Entiendo que quieran cuidarse, pero… ¿en serio me quieren dejar sin ser hermana mayor? Se les va a ir el tren a los dos."
"Eso raya en la insolencia: no hables de esas cosas así. No te corresponde, jovencita." Dijo Aioros con firmeza, extrañado que Lily no interviniera para apoyarlo, como solía hacer cuando la pregunta salía a colación.
En serio eso le daba mala espina.
"¡Es verdad!" Protestó Athena. "No veo cuál es el problema: ustedes son se aman, llevan juntos como mil años y eso. ¿Por qué…?"
"Porque no es el momento, no cuando Ares está en esta tierra. ¡Se puede dar cuenta que estoy vivo! O lastimar a Lily y…"
"Jajajajaja." Por fin Lily se rió. Le tomó la mano a Aioros, desconcentrándolo de su discurso. Este, perplejo, la quedó viendo con ojos grandes. "Déjala Aioros. Athena conoce nuestras razones." La mujer bajó un poco la cara y sonrió con ternura, fijándose en la diosa. "¿Sabes Saori? Nos has pedido tanto que quieres un hermanito, que comienzo a considerarlo."
Aioros casi se cae de la silla, y la expresión de Athena pasó de sorpresa (no se esperaba que Lily dijera eso) a alegría. Lily en cambio respiró de alivio: sintió que se había sacado un peso de encima. Desde hacía poco más de ocho meses que la idea de convertirse en mamá la estaba rondando y no había sabido como planteárselo a Aioros… quizás porque conocía la respuesta: mientras Ares amenazara la vida de Athena, el dorado ni siquiera pensaría en tener familia. ¡Pfft! Ni siquiera consideraría casarse.
Pero lo que Lily había dicho y la forma en que lo miraba… pues… ¿Acaso quería decir que ya estaba de encargo?
"Errr… ¿Hay algo que quieras decirme, Lily?" Preguntó Aioros con todo el tacto que pudo.
¡Vieran el suspiro de alivio que tuvo Aioros cuando Lily negó con la cabeza! Athena no pudo evitar sentirse un poco decepcionada.
"No…" Reconoció Liliana, quien en seguida sonrió. "Todavía. Creo que la idea… me gusta."
"¿Ves, papá?" Se rió Athena entusiasmada. "¡Lily también quiere darme un hermanito!"
Aioros se puso de pie en el acto, apenas reprimiendo un gruñido de protesta. Esto sorprendió a ambas chicas, aunque más le afectó a Lily.
"¡No va a pasar! Con Ares en esta tierra, ¡eso no va a pasar!" El dorado se sacudió la ropa. "Si me disculpan, estaré en la oficina de atrás."
Y sin decir más, giró sobre sus talones y se alejó. Athena se mordió el labio, bastante acongojada: no esperaba una reacción así de parte de su papá, sin mencionar que pudo sentir muy claro el pesar de Lily. La miró de reojo, alcanzando a ver una fugaz y triste expresión en su rostro. Sin embargo, la mujer se sacudió aquella tristeza de encima y le dedicó una sonrisa a la diosa, como si nada hubiera pasado.
"¿Vamos por un helado?" Le preguntó antes de darle oportunidad de que le dijera algo. Tras unos momentos de espera, Athena sonrió.
"Me quito el delantal y vamos."
Mansión Kido. Tokio, Japón.
Algunos días después. Sábado 8 de abril. 10:56 horas.
Shun le dio un codazo a Athena, quien llevaba desde el lunes un poco bajoneada. Aioros había estado muy molesto con la insinuación que ella y Lily le habían hecho el otro día, por lo que su humor no era el mejor del mundo. Mientras no mencionasen el tema, el dorado mantenía su buena disposición, pero era cosa que hicieran la más mínima alusión a bebés y se ponía a gruñir de lo lindo. Saori tenía la sensación que sus papás habían discutido sobre el asunto al menos una vez, y por lo visto no les había ido bien. No comentaron nada al respecto, por un asunto de privacidad, pero bueno…
"No te pongas así, tus papás no se van a separar. ¡Estás haciendo drama de nada!" Le dijo Shun con sinceridad.
"Shun: Saori es niña. Todo es drama con ellas." Se burló Seiya. En seguida tuvo que esquivar un cojín. "¡Jejejejeje! ¡Sabes que es cierto! Ustedes las chicas son puro drama."
"¡No es cierto! No hago dramas. ¡Me preocupo por mis papás!" Athena hizo un puchero y se dejó caer sobre el sillón, como si quisiera hundirse en él. "Es que me angustia que se peleen."
"Esos dos se quieren mucho, no se van a separar." Dijo Shun quitándole importancia.
"Y si lo hacen, te aseguro que Minos le rompe las piernas a Aioros por hacer sufrir a su hermanita." Añadió Seiya pensativo. "Creo que lo hizo una vez, con ese tipo intentó plagiar su tesis."
"No le rompió las piernas: fueron las manos." Aclaró Shiryu muy solemne. "Fue después que el sujeto saliera del tribunal de ética de la universidad, cuando lo sancionaron."
"¡Me acuerdo!" Exclamó Seiya.
"Yo también, pero igual… ¿Habré sido muy insistente con lo del hermanito? Siento que es mi culpa que se hayan peleado."
"¡Sí!" Dijeron a coro los tres bronceados. "Al menos lo de ser insistente." Añadió Shun.
"El señor Aioros y la señorita Lily tienen que resolver sus propias cosas, Saori, como la pareja que son. Ya lo han hecho antes." Le dijo Shiryu. "No todo gira alrededor de ti. Recuerda eso siempre."
¡Tan directo que era Shiryu! Pero vaya que lo agradecía. Saori se incorporó en su asiento y les sonrió a todos. Optó por seguir el consejo del santo del Dragón e intentó tranquilizarse. Ciertamente Aioros y Lily no se iban a separar, por extrañas que estuvieran las relaciones en esos momentos, así que mejor le bajaba a su drama. No era la primera vez que tenían que sortear un conflicto. De hecho, años atrás estuvieron a punto de darse calabazas por culpa de un soberano malentendido provocado por celos infundados, y si eso no los había separado en aquél momento, entonces nada lo haría.
A propósito, había sido Aioros el de los celos.
La diosa suspiró. Era difícil ser adolescente: al menos ella en casi todas sus encarnaciones previas había tendido a ser más dramática que el promedio y era algo en lo que siempre tendría que controlar muy bien. Se pasó las manos por la cara. Mejor cambiaba el tema.
"¿Se ha sabido algo de Hyoga? Mi papá no me ha contado mucho más."
"No hay mucho más que contar. Sabemos tanto como tú." Dijo Shun. "Hyoga se topó y estuvo siguiendo a dos santos plateados, Shaina de Ofiuco y Dante de Cerbero, pero no pudo pasar desapercibido mucho rato." Explicó al tiempo que miraba a Shiryu. "¿Cómo va el dolor?" Le preguntó, haciendo referencia a su última pelea.
"Hmpf. Pudo ser peor." Gruñó Shiryu. "Por poco me arranco los ojos."
"Por poco no la contamos. ¡Es una suerte que tengamos a Athena de nuestra parte!" Exclamó Seiya muy contento. "Recuérdenme que le debo algo a Isaac. ¡Si no hubiera llegado cuando lo hizo no la contamos!"
Dos días antes Hyoga se había encontrado en un aprieto al verse descubierto por los plateados a los que estaba siguiendo. Seiya y Shiryu no dudaron en acudir en su ayuda, pero enfrentar a dos santos plateados había estado más allá de sus posibilidades. Aun así, no se rindieron y aguantaron con terquedad la paliza que por momentos les propinaron. Shiryu incluso se las vio color de hormiga durante su pelea con Dante, pero la intervención del cosmo de la diosa previno una tragedia mayor, confundiendo lo suficiente a los plateados hasta que fueron dispersados; además la llegada e inesperada ayuda brindada por el general marino Isaac de Kraken, logró sellar ese combate a favor de los bronceados.
Obviamente esto no hizo felices a los plateados, quienes se vieron obligados a poner pies en polvorosa… No por cobardía, sino más bien por confusión: una retirada estratégica en vista que las condiciones habían variado demasiado.
Hyoga, tras recuperarse del combate, volvió a su misión. Seiya y Shiryu a atender sus heridas y estar más atentos. ¿Athena? Castigada por manifestar su cosmo sin mayor precaución, aunque hubiera sido a favor de los bronceados.
"¿Fue muy feo el castigo, Saori?" Preguntó Shiryu. Athena negó con la cabeza.
"Me quitaron el celular, pero no lo lamento tanto. ¡Valió la pena!" Reconoció la diosa con estoico orgullo. Shun se sopló el flequillo y tragó saliva.
"Me llegan a quitar mi Tablet, me muero. ¿Cómo lo haces Saori?"
"Pues..." Comenzó a decir la diosa, pero la interrumpieron.
"Si te quitan esa cosa, Shun, te harían un favor." Intervino Shiryu.
"Cierto, esa porquería ya ni funciona." Afirmó Seiya con paciencia. "Si no la mantienes y usas enchufada, ni prende."
"¡Ya no me molesten! Mi Tablet está viejito, eso es todo. Estoy ahorrando para uno nuevo: quiero un Asus Zenpad con Android personalizado." Añadió con una sonrisa. Saori sonrió y suspiró.
"¿No se han vuelto a tener noticias de Hyoga?" Insistió la diosa, retomando el tema. Al ver que los bronceados negaban con la cabeza suspiró apenada. "¿Y hay noticias de Ikki?"
El humor pareció apagarse aún más. Si las noticias de Hyoga habían sido muy esporádicas, las de Ikki brillaban por su ausencia. Ciertamente habían pasado apenas días desde que iniciaran esta misión, pero estamos hablando de adolescentes impacientes que quieren que todo sea rápido. Athena reprimió un puchero y volvió a hundirse en el sofá.
"¡Pobre Ikki! ¡Quizás qué le pasó!"
"Muerto no está, ya lo habríamos…" Comenzó a decir Seiya, pero en ese momento…
ZAPE. ZAPE.
"¡Muerto Quisieras Que Estuviera!"
¡Ni ensayado les sale mejor! Ikki se dejó caer en ese momento y le propinó una voleada de zapes a Seiya no más porque era el que tenía más a mano. El santo de Pegaso, lejos de enojarse por el trato, solo se quejó a carcajadas mientras se sujetaba la cabeza. Shun y Athena se levantaron de sus lugares y enseguida corrieron a saludarlo, pero allí donde Ikki pudo evadir el abrazo de su hermano menor, no pudo esquivar el de Athena.
"¡Qué Bueno Que Llegaste, Ikki! ¡Me Tenías Muy Preocupada!"
"¡Niisan! ¡Estás Vivo y Entero!"
"¡¿Tenías Que Pegar Tan Fuerte?!"
"¡¿Cómo te fue en tu misión?! ¿Aioros sabe que volviste? ¡Cuéntanos!" Preguntó Shiryu muy inquieto y contento.
"¡YA, YA!" Gruñó Ikki mientras intentaba sacarse a Saori de encima. "¡No me abraces, Niña! ¡Suelta!"
"¡Estás Vivo! ¡Estoy Tan Contenta!" Athena soltó a Ikki antes que el temperamento del fénix saliera a dar una vuelta. "¿Cómo te fue?"
"¡¿Cómo Querían Que Me Fuera?! Bien me fue, aunque estuvo bien movido. ¡Y no saqué nada en limpio!" Protestó Ikki cruzándose de brazos. "Por lo menos no me aburrí."
"Es bueno verte con bien." Le dijo Shiryu.
"Tan mal no te debió haber ido, porque estás bien gruñón." Se burló Seiya, alcanzando con las justas a esquivar un puñetazo.
"¡Ya Paren los dos!" Les pidió Saori, interponiéndose entre ambos. "¡Ikki! ¿Mi papá sabes que estás aquí?"
"Sí… le avisé que traigo noticias. Él me dijo que nos encontraríamos aquí: Sifakis viene en camino."
"¡Qué bueno!" Exclamó Athena muy sonriente.
"¡Te tenemos una sorpresa!" Exclamó Shun sin poder aguantarse, intercambiando miradas traviesas con todos. "Te hubiéramos dicho antes, pero como no llamabas ni para dar las buenas noches…"
"Pfff. Minions: ¡Dejen que yo dé la sorpresa!" Dijo de pronto Aioros, apareciendo en el marco de la puerta, cruzándose de brazos y con una sonrisa traviesa en el rostro.
El dorado se apoyó en el dintel e Ikki giró sobre sus talones para enfrentarlo. Los bronceados y Athena prestaron rápida y tierna atención a lo que iba a pasar, a sabiendas que el santo de Fénix ni se esperaba lo que le iban a mostrar.
"¿Qué no me puedes decir ya lo que pasa, Sifakis?"
Aioros no le respondió, pero no por eso su traviesa expresión dejó su rostro. El dorado miró hacia atrás, como si estuviera bloqueando a alguien a propósito. Una melena rubia y un par de ojos verdes se asomaron con timidez.
"¿Ikki?" Preguntó aquella persona con timidez.
El aludido aguantó la respiración y se mordió el labio.
"¿Esmeralda?"
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Dorados Dilemas
"... se divertían de lo lindo viendo como ambos dioses jugaban con el escenario humano, tratando de prevalecer uno con otro. El dramón entre Ares y Athena los tenía muy pendientes, e incluso Hermes y Fama se peleaban por cubrir mediáticamente el conflicto, como si fuera la teleserie cebolla de moda. Poseidón y Hades eran los más involucrados..."
Nota Mental: ¡JOJOJOJOJOJOJO! No sé qué los haya sorprendido más, si el papel que Lily juega en este mundo alterno o la aparición de Esmeralda. No saben ni tienen idea de lo contento que se puso Ikki cuando supo de esto: es más, fue uno de los que más cooperó para que el fic saliera adelante. Como ven, no solo hay problemas con Ares, sino también del ámbito doméstico. ¡PREGUNTA! ¿Cuántos de ustedes han caído en cuenta de la edad de Aioros en estos momentos? =D Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS A TODOS POR LEER!
A todo esto me dejaron algunas reviews anónimas:
Nada como un poco de sangre para iniciar bien las cosas, Yamid, ¿no lo crees? Un muerto aquí, otro por allá, una acusación de traición... lo típico. Así sin querer Aioros resultó con nuevas responsabilidades que no estaban descritas en el contrato cuando lo firmó. ¡Ni modo! Toca adaptarse a ver qué resulta. Y no parece estar haciendo tan mal trabajo. ¡Y Te Fijaste! Sí pensé en el buen Fénix. Lo hice sufrir en el entrenamiento, pero le ahorré un trauma severo y ahora es feliz. Sobre si explotar este universo... de momento no. La Musa no se pronuncia. (Tómese las pastillas). ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO! Ten, una galleta.
¡SORPRESA BLOODYP! Sí, le di una buena sacudida al canon, incluso al que he planteado en i saga principal. Los papeles entre Shaka y Chantal se han invertido, compensando un poco lo que esos dos pasaron en la otra línea. Y en defensa de Chantal, no es que lo odie, solo... Shaka la pone de los nervios y no de la mejor manera. ¡Ni modo! Y sí, Aioros ganó el título de papá del año de toda una tropa de pollos, incluyendo a la diosa. Tuvo que hacerse cargo nada más. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO! Ten, una galleta.
