Capítulo 4: Piso abandonado

Sesshomaru había acabado de arreglarse y salió de su casa para no alejarse mucho de ella, ya que se dirigía al hogar de su vecina. Dos o tres pasos y ya estaba delante de la puerta tocando el timbre. No escuchaba ruido y nadie abría la puerta. Pensó que la muy tonta lo había engañado y así poder huir de él, pero si lo hubiese hecho la buscaría y si hacía falta movería cielo y tierra para encontrarla. Nadie se burlaba de Sesshomaru. Con esas ideas en mente, volvió a picar a la puerta y allí es cuando descartó la posibilidad que hacía tan solo unos segundos le rondaba por la cabeza. Una voz femenina le gritó que ya iba y escuchó pasos acelerados hacia la puerta de entrada. Rin, la abrió y su vecino pudo ver que llevaba su bata naranja que le llegaba hasta medio muslo y que en ese momento no llevaba pantalón. Se puso algo nervioso con la idea de que tal vez iba desnuda, ya que la había pillado en el momento en el que se cambiaba de ropa. Aún así, no dejó de lado su semblante serio e indiferente con el que era muy difícil descifrar lo que pensaba o sentía.

- Lo siento me estaba cambiando. Pasa – Sesshomaru le hizo caso y apartó sus ojos de ella. Escuchó como la puerta se cerraba tras ellos – Espérame en el salón. Ahora vengo. No tardo - Supuso que iría a ponerse algo decente encima y se encaminó hacia donde le había dicho que esperara.

Rin llegó a su habitación algo colorada de la vergüenza que había pasado delante de Sesshomaru en las condiciones en las que estaba. Rápidamente, intentando desviar sus pensamientos a otros más serios, como el tema que tenían que tratar. Escogió la ropa que se pondría: unos tejanos estrechos, un jersey rosa pálido con un escote en forma de V, un pañuelo negro tapando algo de su cuello y pecho y unos botines marrones planos. Se desenredó el pelo, dejándoselo suelto, cayendo por su espalda y se puso algo de rímel para darle más vida a la cara. En menos de 10 minutos estuvo lista y se encaminó al salón donde Sesshomaru la esperaba. Se lo encontró sentado en el sofá inclinado hacia delante ya que miraba las fotografías que ella, la noche anterior, sacó. Se puso al lado suyo y observó donde específicamente, el joven prestaba mucha atención.

- ¿Este es tu hermano? – no hubo falta señalar a nadie sabiendo quien era la otra persona que se encontraba al lado.

- Si, este es Koga. Está junto con Onigumo. Esta es la única fotografía que tengo del traficante, ya que después desapareció con el incendio.

- ¿Qué incendio? – le preguntó mirándola a los ojos, cosa que provocó que Rin desviara la mirada, ya que no podía soportar la presión de esas dos orbes doradas encima suyo.

- Hace dos años, cuando acababa de iniciar mi investigación, con éxito, todo hay que decirlo, en una de las casas en las que se hospedaban con la intención de reunirse con unos rusos para el tráfico de cocaína, resulta que se incendió el lugar y Onigumo estaba dentro. Pero me sorprendió que actuaran tan rápido como para recoger todos los restos, incluidos los de las personas fallecidas y así ni los policías ni la prensa se darían cuenta de eso.

- ¿Entonces Onigumo está muerto? – Sesshomaru sabía que no, ya que encontraron ADN en la última víctima pero quería poner a prueba todos los conocimientos de la niña.

- No, claro que no. Ese miserable, no sé como escapó, pero sé que no estaba entre los muertos. Mala hierba nunca muere – le dijo esa última frase con media sonrisa en sus labios y mirada traviesa. ¿Cómo podía ponerse a bromear ahora y con ese tema? Se preguntó el chico.

- ¿Y cómo estás tan segura de que no ha muerto?

- Fácil. Mi hermano estaría aquí conmigo, si eso hubiese sucedido – entendió a la chica perfectamente. Koga ya no estaría bajo el mandato de Onigumo y entonces podía ser libre para hacer lo que quisiera, es decir, volver con su queridísima hermanita.

- Es cierto que no está muerto.

- ¿Y esa seguridad?

- Encontraron un pelo incrustado en una de las uñas de la última chica fallecida y al hacer los análisis les salió el ADN de Onigumo.

- Vaya… eso es una buena noticia – dijo Rin más para sí misma que para su acompañante – Entonces – se levantó del sillón y le entregó un papelito pequeño y arrugado donde estaba inscrito una dirección – ahora vamos aquí.

- ¿Qué es esto?

- Es la dirección donde estuvo mi hermano con una niña, antes y durante la muerta de la primera chica.

- Pero de eso hace 6 meses, Rin. Lo más lógico es que ya no esté.

- Lo sé, pero igual encontramos alguna pista o algún detalle que nos pueda dar los vecinos. Nunca hay que perder la esperanza Sessh – le dijo sonriendo y cogiendo su chaqueta verde oscura.

Llegaron al edificio donde se suponía que vivió durante un tiempo Koga, y se encontraron con un piso no muy alto y que a simple vista ya podías ver que no eran para gente adinerada, sino todo lo contrario, para gente que llegaba a fin de mes muy justos. Sesshomaru le dijo que esperara aquí pero ella no lo escuchó y también se bajó del auto.

- Te he dicho que te esperes adentro – le dijo el joven bastante molesto con Rin, ya que le había desobedecido.

- No me pienso quedar ahí quieta con los brazos cruzados.

- Acordamos que harías lo que yo te dijese – le habló acercándose a ella quedando enfrente.

- Ya bueno… pero no puedo quedarme ahí, sola.

- Sube – le ordenó tajante.

- No – le contestó ella cruzándose de brazos. Entonces Sesshomaru cogió fuertemente el brazo de Rin y la condujo hasta la puerta del copiloto.

- Sube – le volvió a ordenar pero esta vez más exasperado y cabreado. La chica se estremeció un poco por la voz empleada por él y por la mirada llena de chispas que la fulminaban. Pero eso no la intimidó.

- No – el joven abrió la puerta, manteniendo su agarre – Por favor Sesshomaru, déjame ir contigo – le dijo con voz suplicante. Se quedaron un rato mirando y la chica pensó que ya había ganado.

- Sube ya – le volvió a ordenar por tercera vez.

- De acuerdo – le dijo Rin alzando la voz y derrotada. Se soltó bruscamente del agarre de Sesshomaru y con la cabeza bien alta, entró en el vehículo.

La niña lo exasperaba y le ponía de los nervios de una forma que nadie antes le provocaba. De repente notó unos leves pinchazos en el costado de su cabeza y supo a la perfección que, o más bien quien, los había provocado. Entró al edificio y una mujer, cerca de los cuarenta años, limpiaba el suelo con una fregona. Esta, al darse cuenta de la presencia del joven, se acercó a él.

- Desea algo señor.

- ¿Quién es la propietaria del edificio?

- Oh, la señora vive en el segundo piso. Seguramente estará allí ahora. ¿Quiere que lo acompañe?

- No hará falta – y sin decir gracias ni nada, se dirigió hacia donde le había informado la mujer.

Llegó al segundo piso y solo se divisiva una puerta que seguramente es donde vivía aquella otra mujer. Picó a la puerta dando un par de golpes en ella, ya que no vio ningún timbre, y en menos de lo que se esperaba, una mujer baja, canosa y bastante arrugada le abrió la puerta. Si se fijaba bien, a pesar de las marcas de su vejez, se podría decir que no tenía más de 60 años.

- ¿Si…? – preguntó la mujer con algo de desconfianza. Sesshomaru sacó su placa de policía y se la enseñó. Sin hacer o decir nada más, la otra persona que se encontraba insegura detrás de la puerta, se adelantó un par de pasos más, dejando ver todo su cuerpo y más segura.

- Hace unos 6 meses, en este edificio vivía un joven con una niña pequeña – comenzó a decir Sesshomaru guardando su placa policíaca de nuevo en el bolsillo interior de su chaqueta.

- Un joven… y una niña… Oh, sí, sí. El chico simpático de ojos azules y su hermanita seria y rara. Me acuerdo bien de ellos. Pero si los está buscando… ya no viven aquí, desde… bueno justamente 6 meses como usted a dicho – le pareció que la mujer hablaba por los codos – sí 6 meses – corroboró – y sabe, se fueron enseguida cuando se enteraron de la muerte de la chica esa… la que les pagaba la casa. Yo les dije que se quedaran al menos hasta finales de mes, ya que me daban mucha pena, pero el joven insistió y se fueron esa misma noche de la muerte.

- ¿Cuánto tiempo estuvieron aquí hospedados?

- Pues diría yo que nos más de dos semanas, si es que llegaba claro.

- Y durante esos días, ¿no vio nada raro? Comportamiento, visitas… cualquier cosa – la mujer se puso el dedo incide en la barbilla y se quedó mirando un punto indefinido en alguna parte.

- Ahora que menciona lo de las visitas… cinco días después de que llegaran un hombre alto y muy, muy ancho de espalda los vino a ver. Y por la cara del chico supe que lo conocía aunque no le agradó mucho su visita, la verdad.

- ¿Le vio la cara?

- Sí.

- Escuche señora, ¿podría venir a la comisaria el lunes a primera hora de la mañana para describirnos a aquella persona?

- Por supuesto.

- Pero por favor, sea discreta y no comente esto con nadie.

- Claro que no. Seré muy discreta, de verdad.

Se despidieron y Sesshomaru, de camino al coche, supo que aquella mujer no sería para nada discreta, o al menos era lo que aparentaba: una señora cotilla que no podía estarse callada.

Llegó al auto, viendo a una Rin molesta, con su cara de niña pequeña que a él le gustaba mucho. Le divertía. Entró y mientras encendía el motor, la chica lo bombardeó a preguntas una detrás de la otra. Sesshomaru le explicó todo y después se quedaron en un profundo silencio que dejó escuchar perfectamente, como las tripas de Rin sonaban reclamando por comida.

- Tienes hambre – le confirmó el joven. Ella puso sus manos en el vientre y con una sonrisa de niña pequeña le contestó.

- Si. Es que esta mañana no me ha dado tiempo de desayunar.

- Comeremos en un restaurante – Rin asintió.

Llegaron a un restaurante que la chica no se esperó. Pensaba que la llevaría a una de clase media donde solía frecuentar, o más bien le gustaba frecuentar, ya que así, por lo que decía, se sentía más cómoda ya que la gente la trataba como una persona normal. Pero Sesshomaru la llevó a un restaurante caro y lujoso y le pareció algo extraño que un simple comisario pudiera pagar los platos de aquel tipo de restaurantes. Sin darle más rodeaos a las cosas, sabiendo que el joven escondía algo, lo siguió y se sentaron en una mesa del fondo del local. Comieron gustosamente, donde Rin no callaba ni debajo del agua y donde a Sesshomaru aquello no le importaba. No le molestaba como lo había hecho la señora y la verdad era que no le había sacado la vista de encima, embelesado por la dulzura de su voz. Olvidó completamente que aquella chiquilla le sacaba de sus casillas, y por primera vez supo escuchar a alguien con interés. Después de acabar el primer y segundo plato, pidieron ambos una mus de chocolate que Rin parecía devorarlo mientras que no paraba de decir que le encantaba y que estaba buenísimo. De repente una mujer setentona, pasó al lado de ellos en dirección a los baños de mujeres, y se le resbaló, de sus manos temblorosas, el bolso pequeño. Rin al verlo se agachó rápidamente para ayudar a la anciana y así que no se inclinara la señora y pudiese pasarle algo.

- Tome, señora – le dijo Rin con una sonrisa dulce mientras se levantaba y quedaba enfrente de la mujer.

- Muchas gracias niña – le respondió la anciana con otra sonrisa dulce. Entonces al girarse, vio a Sesshomaru y abrió los ojos – Oh, pero que guapo es este chico. Tienes mucha suerte niña – le dijo esto último volviendo a mirar a la joven.

- ¿Por qué?

- ¿Cómo que por qué? Porque tienes una pareja muy, muy guapo – Rin rió ante el comentario.

- No señora, se equivoca – la mujer puso cara de no entender – Él no es mi novio.

- Oh… vaya… - de verdad parecía que se había desilusionado – pues que sepas que hacíais muy buena pareja niña – y dicho eso, se encaminó hacia el baño de ladies, dejando detrás suyo, a una joven colorada como un tomate.

Volvió a sentarse en la silla, sin mirar a Sesshomaru ya que se moriría de la vergüenza porque sabía que lo había escuchado todo y retomó su postre. Al cabo de un rato el chico pagó la cuenta y se levantó. Rin le siguió y una vez que estuvieron enfrente del auto, se sorprendió por el gesto que hizo Sesshomaru con ella: le abrió la puerta del copiloto, pero no como en la mañana, ordenándoselo enfadado y molesto, sino que abriéndole la puerta como todo un caballero invitándola a entrar con la mano libre. Ella entró volviendo a colorarse y se pasaron el resto del camino, hacia casa, en silencio. Al llegar al edificio donde ambos vivían, se pararon enfrente de la puerta de Rin.

- Gracias por ayudarme en esto Sessh.

- No te estoy ayudando, sino que estoy avanzando con mi caso – ella rió ante el comentario ya que sabía que iba a decir algo como aquello.

- Lo sé pero aún así, aunque no es tu intención, me estás ayudando, así que gracias – él se encogió ligeramente de hombros sin darle importancia al asunto. Entonces Rin se acercó a su rostro y Sesshomaru pensaba que iba a hacer algo que no se esperaba. Pero la verdad era, que en el fondo lo estaba deseando. Para su desilusión, Rin le plantó un beso en la mejilla, poniéndose de puntillas, y con su dulce sonrisa, entró en su casa diciéndole de nuevo "Gracias".

Rin al entrar se apoyó a la puerta e instintivamente se tocó los labios sintiendo el calor de la mejilla de Sesshomaru. Un remolino de mariposas se posicionó en su estómago dejándola algo confundida con sus sentimientos.

Mientras, Sesshomaru estaba entrando en su casa y se quitaba la chaqueta y la camiseta. Inconscientemente se tocó el lugar que había sido besado por su vecina y recordó el momento de sentir los labios suaves de la joven en su piel. Un remolino de mariposas se posicionó en su estómago y se enfadó porque no sabía que significaba aquello.