FLORES DE CEREZO
Capítulo 4: Ojos de cielo
Por Okashira Janet
—Buenas noches.
—Buenas noches.
—¡Hasta mañana!
—¡Ya duérmanse!
—¡Dejen de hablar de una vez! —La escena de todos durmiendo juntos en el dojo volvía a repetirse y como tantas noches anteriores Aoshi se sentó con la espalda apoyada en la pared y procedió a pernoctar, no que hubiera podido hacerlo demasiado de cualquier manera…
Había pasado una escasa hora cuando Misao se levantó, tenía el cabello desordenado, la yukata arrugada y ojos de quien no aguanta un minuto más.
—Cabeza de pollo, deja de roncar. —Como pudo la joven lo rodó para cambiarle la posición, para un Oniwabanshu, adiestrado en perfeccionar su oído, los ronquidos de Sanosuke eran tan temerarios como el de un oso que rugiera a escasos metros, para fortuna de ambos Sanosuke se rascó la panza sin despertar y dejó de roncar. Se había dormido al lado de Yahiko así que entre ella y él hacían del joven espadachín un sándwich, aquello parecía causarle gracia a su protegida porque por un momento se los quedo viendo a los dos con una sonrisa, luego le dio con el dedo en la nariz a Yahiko.
—Voy a… matarte… —Yahiko refunfuño entre sueños y hundió la cabeza en la almohada, Misao se río quedito ante su incapacidad para despertarse, luego regresó a su lugar, se ovillo entre las sabanas y procedió a dormirse, Aoshi siguió su ejemplo.
0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o
—¡Hace años que no probaba algo tan bueno! —Sanosuke estaba comiendo tan rápido un tazón de arroz con pescado que Kenshin tenía problemas entendiendo lo que decía—. ¡Esa Comadreja sí que tiene buen sazón!
—¿A quién llamas Comadreja? —Misao, recién bañada y con la boca pintada escandalosamente de rojo lo observó ceñuda.
—Ah sí, ahora eres una niñita rica, ¿quieres sentarte en la rodilla de papá? —Sanosuke se palmeó la pierna—. Te puedo hacer caballito, ¿cuántos años tienes?, ¿diez? —Misao enrojeció ante la pulla, Aoshi los observó en silencio, sabiendo muy bien que cualquier tema que tuviera que ver con su apariencia o edad la ponía en mal estado.
—¿Y tú?, ¿cuarenta? —Se irguió retándolo con la mirada—. Con esa barba pareces un anciano.
—No pretendo que las crías perciban mi arrolladora belleza masculina. —Sanosuke se miró las uñas con fingido interés—. Además sé de alguien que no tiene ojos más que para un Cubo de hielo. —Misao retrocedió al instante, golpeada en un punto flaco, con nerviosismo giró la mirada hacía él, pero aunque Aoshi no le prestó atención notó que se encontraba acorralada.
—¡A-aunque así sea…! —Había que reconocerle su valentía para aceptar sus sentimientos incluso frente al dueño de sus pensamientos—. ¡De todas maneras sé cuando alguien es guapo o no!
—Seguro. —Sanosuke terminó de comer, se limpió con el dorso de la mano la boca y la observó burlón—. ¿A dónde vas?
—Que te importa. —Estaba herida y cuando había sido derrotada solía conducirse de manera hosca.
—¿Podrían dejar de pelear ustedes dos? —Kaoru le pegó un coscorrón a Sanosuke—. Hace tiempo que no estábamos todos juntos.
—Bueno, falta Megumi. —Yahiko añadió mirando de reojo a Sanosuke—. Se fue hace poco.
—¿Esta en Aizu cierto? —Sin ponerle importancia Sanosuke empinó su vaso de té—. Tal vez me pase algún día para que me vea la mano.
—Tal vez deberías irte ya. —Misao gruñó, pero solo Aoshi la escuchó.
—De cualquier manera, ¿a dónde vas? —Yahiko apoyó la barbilla en su mano—. Pensé que hoy íbamos a entrenar un poco antes de la práctica con los estudiantes.
—Tengo que ver a alguien. —Misao jugó con el borde de sus mangas.
—¿Por qué le contestas a tu noviecito y a mí no? —Sanosuke los observó burlón, pero para su sorpresa solo lo observaron con desdén—. ¿Eh?, ¿si son noviecitos?, ya se me hacía raro que durmieran juntos. —Nadie le prestó atención, Yahiko se levantó, se tomó el té en el camino y se fue a cambiar para su práctica matutina, Misao le pidió a Kaoru a Kenji y aunque probablemente Kenshin sospechó que estaba usando a su hijo para pasar desapercibida no pareció creer que fuera demasiado peligroso y no comentó nada.
Ambos muchachos salieron, cada uno en dirección distinta y luego de rogarle a Sanosuke que no fuera tan entrometido Kaoru también se fue a cambiarse dejando a los tres hombres solos.
—¿A dónde va? —Sanosuke ladeó la cabeza dirigiéndose a Aoshi.
—No sé. —Era la verdad, Misao no iba por ahí contándole sus planes.
—¿No te da miedo que se haya llevado a tu hijo a una misión? —Sanosuke arqueó ambas cejas—. ¿O lo vas a criar para la acción desde pequeño?
—Misao-dono no se llevaría a mi hijo a una misión peligrosa. —Kenshin se encogió de hombros, tomando el té de aquella manera tan apacible daba una sensación de bienestar.
—Eres muy despreocupado, ¿ah? —Sanosuke se río, una risa ronca, sin venir a cuento a Aoshi le pareció que a Misao le gustaría aquel sonido, siempre le agradaba la gente que era capaz de reír de esa manera—. Ese Yahiko ya es un hombre ahora… —Sanosuke miró al techo—. Cuando lo deje era un chiquillo… —Luego giró a Aoshi, ojos que escondían burla—. ¿No te preocupa?
—No en realidad. —Aoshi le contestó con simpleza.
—Sano, ya te ha dicho Kaoru-dono que no seas tan entrometido.
—Es que si los dejamos solos no van a llegar a ningún lado. —El joven se cruzó de brazos—. Es como tú y Jou-chan, casi tuvimos que aventarlos uno contra el otro.
—¡Eso no…! —Kenshin enrojeció, era divertido ver como su piel tomaba el color de su cabello.
—¿Quieres que la secuestren para que puedas aceptar sus sentimientos? —Aoshi en realidad no esperaba aquello, tuvo que parpadear para aclararse.
—La situación de Himura nada tiene que ver con mi situación.
—Ya. —Sanosuke lo miró fijo—. No la quieres.
—No de esa manera.
—Bueno, no todos los romances unilaterales tienen final feliz. —Sanosuke se rascó una oreja—. Lástima porque empezaba a ponerse bastante bonita. —Luego se puso de pie, Kenshin le dirigió una mirada de advertencia, pero él la ignoró, Aoshi no lo conocía lo suficiente, Sanosuke tenía complejo de Celestina, cuando se le metía entre ceja y ceja que alguien debía estar junto no cesaba en su empeño, solo había que recordar cuanto había atormentado a Kaoru con que tuviera un par de chiquillos cuando él volviera.
—¿A dónde vas?, —Kenshin era de la idea que no debían presionar a Aoshi, estaba seguro que los sentimientos por Misao estaban dormidos muy dentro de él y cada quien debía aceptar aquello a su debido tiempo y ritmo, si bien a veces era necesario un pequeño empujón sabía que Sanosuke era partidario de las ideas más disparatadas.
—Voy a seguirla. —Había que admitirle su descaro.
—¿Recuerdas que tienes recompensa a quien te capture? —Kenshin intentó disuadirlo sin demasiadas esperanzas.
—Mira quien habla. —Sanosuke se sonrió de medio lado—. El Destajador que anda por ahí sin que le importe.
—Deberías ponerte un sombrero por lo menos o… —Kenshin se levantó tras Sanosuke y ambos avanzaron por el pasillo sin prestarle más atención, Aoshi soltó un suspiro, ciertamente las acciones de Misao regularmente eran entretenidas de observar así que entendía que Sanosuke intentara divertirse a costa de ella, pero esperaba que no entorpeciera su misión, cualquiera que fuera.
Él por su parte requería hacer contacto con el ninja de Tokio que debía pasarle sus reportes aquel día, le había llegado una paloma mensajera a primera hora de la mañana citándolo en el Akabeko a las 11 así que se había puesto ropa informal y ahora se prestaba a salir.
—¡Espaldas rectas!, ¡quiero cien repeticiones! —Escuchó a Kaoru dando órdenes y a Yahiko y Yutaro corrigiendo posturas, eran los sonidos del amanecer, la rutina de la vida. A Aoshi le recordaba vagamente cuando había sido un Oniwabanshu en formación, claro que sus entrenamientos tenían matices más oscuros y pruebas más sangrientas, pero una parte de él respetaba profundamente el estilo Kamiya y su lema de vida.
El Oniwabanshu de antes de la revolución era un grupo oscuro, violento y sangriento, Misao había pertenecido al nuevo Oniwabanshu, un arte en el que era más importante espiar que asesinar, como la era los ninjas también tenían que reinventarse a sí mismos.
Llegó puntual al sitio de reunión, su contacto llegó dos minutos después, era una mujer atractiva, madura y con un rostro que hacía recordar a las geishas, aunque llevaba puesto un kimono bastante discreto era casi imposible no notarla.
—¿Shinomori-san?
—Usted debe ser Akemori-san. —Tae, la amiga de Kaoru, se acercó a pedirles sus órdenes, pero al reconocerlo tuvo un titubeo, como era una excelente comerciante no volvió a hacer amago de notarlo, pero Aoshi estuvo seguro que los del dojo sabrían que había almorzado con una atractiva mujer, con algo de suerte nadie le preguntaría.
Entre el té y los aperitivos la mujer le pasó un sobre al tiempo que hacía comentarios acerca de las flores de cerezos, Aoshi lo metió entre sus ropas sin movimientos de más, luego intercambiaron un par de claves de seguridad. Realmente Aoshi no recordaba haberla visto antes, era la clase de mujer que no pasaba desapercibida y aproximadamente de su edad, quizás es que simplemente había cambiado, las mujeres solían hacer eso, de repente florecían como si anteriormente solo hubiesen estado dormidas, además había algunas que después de tener hijos despertaban su feminidad más escondida. Sin venir a cuento se preguntó si Misao también sufriría aquel proceso cuando tuviera un hijo.
—¿Nos vamos Shinomori-san? —A ser sincero no le hacía mucha gracia que salieran juntos, pero se vería más raro si cada quien se iba por su lado del restaurante, lo mejor sería que caminaran juntos hasta cierto punto, quizás hasta el río o hasta la estación de tren.
La ninja se sostuvo de su brazo al salir, sabía usar sus cartas para no levantar sospechas, preguntaría por ella cuando estuviera de vuelta en Kyoto. Ya afuera del restaurante charlaron acerca de los barcos y la nueva maquinaria extranjera, era una mujer con amplio vocabulario que no se amedrentaba ante su silencio, estaba bien entrenada.
—¡Oshi-san! —Escuchó un grito infantil cerca de él y en acto inconsciente giró la mirada—. ¡Oshi-san! —El hijo de Himura estaba parado en medio de la calle señalándolo feliz con el dedo, era obvio que quería decir su nombre y estaba fallando en el proceso, Misao estaba tras el niño, sujetándolo por los hombros, tenía los ojos verdes bien abiertos, observándolo fijo, labios muy rojos abiertos en estupor y la postura de alguien que ha visto algo que no quiere creer.
Aoshi cabeceó en su dirección a forma de saludo, Misao le contestó el gesto, cerró la boca, tomó al niño de la mano y con las mejillas furiosamente sonrojadas intentó tirar de él.
—Vámonos Kenji-kun…
—¡Pero Oshi-san! —El niño tiró de ella, como si quisiera mostrarle que lo correcto fuera ir hacía él y no alejarse.
—Aoshi-sa… Aoshi-san está ocupado ahora. —Nunca en toda su vida lo había llamado Aoshi-san, su ceño se frunció ligeramente, como si la manera diferente de llamarlo también hubiera formado algo nuevo entre ella y él.
—¿Es esto un problema? —Su acompañante le susurró apretando un poco su brazo para llamar su atención—. ¿Deberíamos seguir caminando? —Aoshi asintió con la cabeza y ambos siguieron su camino, de reojo observó que Misao había logrado poner en movimiento nuevamente a Kenji, aunque el niño tenía marcada la desazón en su rostro, sin dejar de verlo, casi como si lo hubiera traicionado. Tendría que llevarle dulces…
—¿Es ella Makimachi Misao? —Tuvo que hacer un esfuerzo para no detenerse cuando la ninja se lo cuestionó.
—Sí. —En todo su ser se disparó un signo de alarma, pero años de desempeñarse como shinobi le confirieron la sangre fría para hacer de cuenta que nada pasaba.
—Lo sabía. —La mujer se mordió ligeramente el labio inferior, sus ojos oscuros se perdieron un momento en el suelo, luego su mirada brilló—. Es igualita a como dijeron que era. —Aoshi esperó, paciente, a que siguiera hablando por su cuenta—. Me dijeron que era como una señorita rica y mimada, una muñeca de ojos verdes. —Aoshi supo que aquello que estaba dictando sus palabras era admiración, se sintió perplejo de que una ninja tan capacitada como ella estuviera admirada de alguien como Misao—. ¿Es cierto que se convirtió en Okashira a los dieciséis?
—Sí. —Aoshi contestó con sequedad.
—¡Una mujer Okashira! —Había gozo en sus ojos—. Y además tan joven, sé que frenó el incendio de Kyoto y que luchó contra el Juppon Gatana. —Bueno, eso era cierto, aunque dicho de aquella manera sonaba más dramático—. Y escuche que colabora con Saito Hajime… —Su voz se volvió un susurro.
—Ah… —Aoshi asintió, poco conforme con eso, ciertamente Misao y Saito a veces colaboraban para algún caso, pero siempre terminaban enfurecidos con el otro y gruñendo que jamás volverían a hacer equipo.
—Y también sé que viajo con Battousai el Destajador, que es su aliado. —Aquella información, era bastante precisa y seguramente que a Kenshin le daría gracia enterarse de cómo pintaban su amistad con Misao, pero a él empezaba a inquietarle la imagen tan heroica que tenían sus subordinados de una mujer que iba por la vida a tontas y ciegas—. Y… —La ninja lo observó de reojo—. Y que usted es su guardián.
—Se podría decir.
—Ella es increíble. —La ninja soltó un suspiro—. Es tan delicada como una muñeca, llama la atención de todos cuando camina, no importa si sean hombres o mujeres, pero despide pura inocencia… —La mujer soltó un suspiro, Aoshi entendió que de alguna manera intentaba seguir los pasos de Misao al llamar la atención de todos alrededor, solo que ella era sensual, Misao era puro candor.
—Me parece que este es un buen sitio para despedirnos. —Aoshi se desasió con elegancia de su brazo, ella inclinó ligeramente la cabeza, las mejillas aun sonrojadas por la excitación que le había producido su conversación.
—Que pase buen día Shinomori-san. —Se alejó con un revuelo de faldas y Aoshi caminó en sentido contrario, solo hasta entonces se preguntó si sería prudente explicarle a Misao que lo que había visto formaba parte de una misión, ¿no era eso darle explicaciones acerca de algo que no le concernía?, explicarle era como admitir que ella tenía alguna especie de esperanza en el plano romántico con él y no era su intención confundirla.
Para Misao quizás sería más prudente creer que tenía relación con alguna mujer, así dejaría poco a poco de tener falsas esperanzas y buscaría su felicidad en el lugar correcto.
Iba a regresar al dojo, pero luego recapacitó y decidió dar un paseo, Misao seguramente estaría muy trastornada para encontrarse con él. Decidió seguir la ruta del parque Ueno, los cerezos aún estaban en flor y sabía que sería relajante estar por ahí sin que nadie le dirigiera la palabra.
El parque estaba medianamente lleno, había algunos adolescentes que se sentaban tímidos bajo los árboles y muchos ancianos que se habían reunido para conversar de días pasados, Aoshi buscó un árbol frondoso y solitario y se sentó bajo su sombra, cerca de ahí, a su derecha, había un pequeño claro lleno de hojas por el que, de vez en cuando, corría un cachorro.
Aoshi respiro hondo, puso su mente lo más en blanco que pudo y se dedicó a gozar de la naturaleza, después de una hora decidió que era suficiente y se puso de pie retirándose los pétalos que le habían caído en la ropa y el pelo.
—¿Mi-sao-chan? —Solo su experto oído fue capaz de captar la frágil vocecita del hijo de Kenshin, en acto inconsciente se pegó al tronco del árbol para no ser visto. Kenji estaba en el claro donde anteriormente estaba el cachorro, todo a su alrededor eran pétalos de cerezo, parecía estar sobre una mullida alfombra rosa, Misao estaba frente a él, ovillada en el suelo abrazando sus rodillas y parecía estar llorando.
—¿Mi-sao-chan? —Con una ternura que era realmente conmovedora Kenji estaba intentando que Misao dejara de llorar acariciando su cabeza y dándole besitos sobre la ropa, por desgracia parecía que ser consolada por un niño hundía más a Misao en la melancolía y no paraba de llorar.
—E-estoy bien… —Finalmente habló con una voz nasal que contradecía sus palabras, Kenji la abrazo dándole palmaditas en la espalda como una vez había visto que le hacía su padre con los niños que se caían—. Ya voy a parar.
—No llores. —Superado por la situación los ojos de Kenji también se llenaron de lágrimas y Aoshi supo que pronto habría dos niños llorando desconsolados sobre las flores de cerezo. Si Misao estaba llorando por haberlo visto con aquella mujer lo mejor sería no intervenir, ya muchas veces se había dicho a sí mismo que debía despertarla de su romance infantil y hacerle ver que el mundo esperaba por ella y él no era y nunca sería la respuesta que buscaba su corazón.
Al final Kenji rompió en un llanto escandaloso, berridos tan fuertes y lagrimones tan intensos que Misao tuvo que dejar de auto compadecerse para abrazarlo y tratar de calmarlo, tenía los ojos rojos, las pestañas mojadas, las mejillas encendidas y una mirada tan desolada que Kenji no podía hacer otra cosa que chillar por ella, cualquiera que fuera la razón de su tristeza.
—Ey, ey, ey. —Aoshi se sorprendió al ver aparecer a Sanosuke en el claro, primero porque no lo había sentido y segundo porque aunque Sanosuke había declarado, desfachatadamente, que seguiría a Misao no parecía que se hubiera mostrado a ella hasta ese momento.
—Vete. —Misao le gruñó con los dientes apretados, Kenji sujetó a su pecho.
—¡Oye, oye! —El luchador levantó ambas manos—. Yo solo quería ayudar.
—Me has seguido todo el día. —Misao lo fulminó con unos muy llorosos ojos verdes que no cumplían su objetivo de intimidar.
—¿Estas llorando tanto solo porque el Cubo de Hielo tenía novia? —Sanosuke se sentó a un prudente metro de ellos y se picó los dientes con un hueso de pescado.
—Que te importa. —Si Sanosuke quería convertir la tristeza en ira lo estaba logrando.
—Bueno, no lo culpo, esa mujer era sexy, si sabes a lo que me refiero. —Sanosuke modeló en el aire un cuerpo exuberante, Misao apretó los dientes.
—Ya lo sé.
—Y parecían hacer muy buena pareja.
—Ya lo sé.
—Se veían elegantes y eso.
—Ya lo sé.
—Cualquiera te cambiaría por una mujer así. —Simplemente sucedió, Misao soltó a Kenji y le lanzó un golpe a la cara, Sanosuke lo esquivo y la sujetó por la muñeca.
—¡Cállate, cállate, te odio, te odio! —Si alguna vez había sido una Okashira de la que sus subordinados se enorgullecieran ya no lo era más, solo quería lastimar a alguien, desquitarse, llorar, gritar.
—Nunca le has gustado a Shinomori. —Sanosuke la sujetó de las dos muñecas, ella lo observó con furia—. Después de tantos años deberías saberlo, Kaoru y Megumi son crueles por decirte que tienes una oportunidad, no la tienes. —Aunque la ira no había desaparecido de sus ojos también podía leerse la duda, el dolor—. Ya despierta.
—Suéltame. —Apretó los dientes.
—¡Shultala! —Kenji, asustado de verdad, se dirigió a Sanosuke y le atinó una dolorosa patada en las costillas, pero Sanosuke no hizo amago de haberlo sentido.
—No sé ni por qué me molesto en decirte esto. —Sanosuke chasqueó la lengua—. Pareces un cachorro perdido detrás de Shinomori, por humillarte tras él nunca lograras que algún otro hombre te quiera. —Misao enrojeció, entera, como un jitomate, su cuello, sus orejas, su rostro, golpeada en su amor propio.
—Yo no…
—Todos te ven con lastima, se preguntan si Shinomori terminara haciéndote caso por compasión, es imposible que despiertes atracción en un hombre, te lo dice uno de ellos. —Aoshi supo que aquello era mentira y no entendió por qué Sanosuke, que siempre había sido un buen aliado, aunque bastante idiota, intentaba herirla hasta aquel punto. Pensó que Misao lo golpearía, que le escupiría, que lo insultaría, pero en lugar de eso su cuerpo perdió toda fuerza, de sus ojos corrieron lágrimas que mojaron su cara, su cuello y su ropa, como si hubieran abierto una llave que no podía cerrarse.
Y entonces Aoshi entendió lo que le había dicho Kenshin, Misao no sabía que era bonita, constantemente todos hacían burlas acerca de su cuerpo poco desarrollado, las mujeres le daban consejos para hacer que le crecieran los senos o se le ensancharan las caderas, le decían con aire lastimero que parecía un muchachito, que era como una tabla, los hombres en el Aoiya le decían que era encantadora como una niña y aunque ella solía parecer inmune a sus pullas era obvio que su autoestima estaba dañada.
—¡Deja a Misao! —Kenji gritó y había tal rabia en su voz que Sanosuke le dirigió la mirada, como recordando que era hijo de Battousai.
—Bueno, parece que alguien en este mundo te quiere, contando al pervertido de Okina probablemente ya sean dos, siéntete afortunada. —La soltó, pero ella no hizo por moverse—. ¿Sabes?, Shinomori es apuntar demasiado alto, ¿pero qué tal si buscas un hombre más accesible para ti?, ya sabes, uno que le interesen otras cosas y no tome en cuenta tu falta de atractivo, he escuchado que hay algunos enfermos que les gusta abusar de las niñas, uno de esos sería perfecto para ti. —Aoshi avanzó un paso, un sentimiento de furia se había terminado por apoderar de su cabeza, Misao en cambio no se movió, sus delgadas manos estaban temblando, Kenji le abrazo la cabeza contra su pecho como lo había hecho ella hace poco, luego le lanzó una mirada muy adolorida a Sanosuke.
Y por un momento la mirada de Sanosuke también reflejó dolor y Aoshi supo que se arrepentía de todo lo que había dicho, estiró la mano como si fuera a acariciarle la cabeza, pero se retrajo antes de llegar a tocarla. Abrió la boca, la cerró, la volvió a abrir y luego habló despacio, su voz se había hecho muy lenta y ronca.
—Dame a Kenji, voy a llevarlo a casa, si se queda contigo solo va a llorar.
—Kenji se queda conmigo. —En su voz percibió la amenaza de un animal salvaje herido, nuevamente el rostro de Sanosuke la observó culpable y arrepentido, pero se dio media vuelta.
—No lleguen tarde. —Luego se fue, Misao se mantuvo en la misma posición cerca de dos minutos, luego se tendió en el suelo, Kenji se acostó sobre su pecho y cerró los ojos sin parar de llorar.
No entendía por qué Sanosuke la había orillado hasta causarle tanto daño, suponía que en el dojo estaban cansados de verla tirar su juventud tras él, que querían abrirle los ojos, pero aquello había sido cruel, aunque muchas veces en el pasado Aoshi había intentado decirle que no la quería de esa manera ahora que había ocurrido solo quería consolarla.
—Yo… —Entre espasmos la escuchó susurrar, voz quebrada y nasal—. Nunca nadie… ¿nadie en el mundo va a quererme? —La niña cuyos padres ni siquiera había conocido, cuyo abuelo había muerto, la familia de guerreros que la habían abandonado, el hombre que pese a sus esfuerzos jamás giraba a verla y cuando lo hacía solo captaba sus fallas.
Se la habían entregado siendo niña para que la cuidara y se había deshecho muy rápido de esa responsabilidad, sabía que cuando Misao caía lloraba hasta que se le secaban los ojos y luego se ponía de pie por su propio pie, siempre había sido así, pero por eso, por nunca contar con nadie, por valerse por sí misma, por no tener un apoyo cerca era por lo que su alma estaba tan débil en esos momentos.
Avanzó hasta ella, a diez pasos de llegar Misao se incorporó abrazando al niño, observándolo sin atinar a saber qué hacer, sin parar de llorar, ella que nunca dejaba que nadie viera sus lágrimas.
—Misao. —La sujetó de la espalda y la sentó entre sus piernas, como cuando era niña, aturdida ella se aferró a Kenji quien encontró todo aquello bastante confuso—. La mujer con la que me viste en la tarde era un contacto del Oniwabanshu.
—Ah… —No agregó nada más y Aoshi dudaba que pudiera hacerlo.
—Hoy fue la primera vez que la veía y en cualquier caso parecía más interesada en ti que en mí. —Misao se estremeció en sus brazos, aun tratando de aguantar los sollozos, Aoshi le apretó un antebrazo—. Yo pienso…
"…es imposible que despiertes atracción en un hombre, te lo dice uno de ellos"
—Pienso que eres bonita, no como una niña, pienso que eres una mujer bonita. —"Pero no me agradas de esa manera", podía decírselo de una vez, para arreglar de una vez por todas las palabras no dichas entre los dos y tantos años de un amor sin futuro, pero no lo hizo, Misao estaba dejando de llorar en sus brazos, de vez en cuando su pecho se estremecía y sentía su cuerpo débil contra el suyo, Kenji se volteó y lo miró con sus sorprendentes ojos azules.
—Aoshi-sama… —Misao aguantó el aire—. Yo solo lo quiero a usted. —Nunca se lo había dicho directamente y se imaginó que si lo había hecho era solo porque estaba tan quebrada que sabía que no podía romperse más—. Pero creo… tal vez yo debería dejar… —La voz se le rompió—. Pero me gustaba tanto ver sus ojos que parecían el cielo… de-desde que era niña pensaba que tenía ojos de cielo y… —Volvió a sollozar, Aoshi supo que aquella era la despedida, allí donde los sentimientos de Misao por él empezarían a morir y buscaría su camino en otro sitio, con otro hombre—. Yo no quería aceptar que usted no me quería como yo…
"Todos te ven con lastima, se preguntan si Shinomori terminara haciéndote caso por compasión" las palabras de Sanosuke resonaron en su cabeza, no podía dejar que ella pensara eso, Misao nunca había despertado compasión en él, nunca la había visto con lastima, si bien no le había prestado la atención debida a su enamoramiento nunca le había parecido desagradable.
—Es difícil que un sentimiento como ese sea mutuo, pero nunca me sentí ofendido o disgustado por tus sentimientos.
—No. —Misao se dio vuelta en sus brazos, ya no lloraba, pero tenía un semblante muy triste—. Supongo que no les prestaba atención. —Se puso de pie, le sacudió los pétalos de cerezo a Kenji, Aoshi notó que tomaba aire, que se estaba rehaciendo a sí misma y supo, sin lugar a dudas, que sonreiría, que haría a un lado todo y se escudaría en ser una cabeza hueca, que fingiría que no le dolía—. Bueno, ¿qué se le puede hacer?, si no me quiere no me quiere, tal vez…
—Nunca he dicho que no te quisiera. —Fue el momento en el que vio cómo se alejaba de él que lo comprendió, el dolor de ver a Misao herida era más fuerte que cualquier herida en batalla, sus lágrimas le quemaban más que cualquier tormento, no soportaba la idea de verla alejarse. Con un brazo rodeó su espalda y la pegó a él, ella aguantó el aire, Kenji observó la escena sin atinar a discernir si la estaba consolando o le hacía daño.
0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o
Volvieron al dojo sin intercambiar más palabras, sinceramente Aoshi estaba desconcertado de su propio comportamiento, si bien era cierto que quería a Misao no se había parado a aclararle que aquel sentimiento no era desde el punto de vista romántico, al abrazarla contra él y decirle que la quería dejaba abierta una puerta que creía cerrada para siempre, ¿era acaso tan egoísta que la necesitaba amándolo aunque él no le correspondiera?, ¿era esa clase de hombre?, no acertaba a comprenderse, le atormentaban las posibilidades, nunca se hubiera considerado un jugador o un mujeriego, pero aquel comportamiento no era propio de un caballero.
La otra opción, la que parecía más factible pero que lo dejaba completamente abrumado era que en realidad había desarrollado sentimientos por Misao, sentimientos tan profundos que a pesar de que su corazón no saltaba a verla, a pesar de que su cercanía no le producía nerviosismo, a pesar de que su presencia no le despertaba pasión ya no podía separarse de ella. Un amor que lo había enredado sin que lo notara y que era más fuerte que cualquier enamoramiento pasajero, la clase de amor que no le permitía dar un paso atrás, pudiera ser que sin darse cuenta hubiera acabado amando a Misao y solo cuando ella había dicho que dejaría, lenta y tormentosamente, de quererlo su dormido corazón hubiera reaccionado.
Aquello era un descubrimiento que no podía aceptar por las buenas, se suponía que era un ninja, un ser estoico cuyos sentimientos eran manejados a voluntad y de acuerdo a estrictas normas y sin embargo…
De cualquier manera Misao parecía demasiado aturdida para ahondar más en sus palabras y lo mejor sería no remover las aguas ahora que aparentemente estaban tranquilas, la joven jalaba despacio a Kenji de la mano y de vez en cuando el niño le dirigía una mirada curiosa.
Cuando llegaron al dojo Aoshi se separó rápidamente de ella, sabía que la joven necesitaba tiempo a solas y además quería tener una charla bastante seria con Sanosuke, su comportamiento, cualquiera que hubiera sido la finalidad, había sido incorrecto y antes que cualquier cosa Aoshi era el protector de Misao y le iba a dejar bien claro que nadie podía hablarle de esa manera a su protegida. Para su sorpresa tanto Sanosuke como Kenshin se habían ido a un bar, según una muy mortificada Kaoru y un bastante cabreado Yahiko.
—¡Ya tengo edad para que me lleven con ellos!, ¡me vomite cuando tenía once años, eso fue hace mucho! —Aoshi pasó de sus reclamos, Sanosuke había recurrido al viejo truco de beber y olvidar lo que dejaba patente que en realidad se avergonzaba de su comportamiento, pero si aquel era el caso, ¿por qué había dicho aquello en primer lugar?
0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o
Kenshin y Sanosuke habían llegado aproximadamente a la una de la mañana y era correcto decir que el pelirrojo arrastraba a su amigo tras él mientras el guerrero daba tumbos y se reía.
Entre Yahiko y Kenshin lo acostaron en el futon y le pusieron una almohada para que no se ahogara, pronto Sanosuke dio borrachos buenas noches a todos y se durmió, Misao lo observó de lejos, con los ojos entrecerrados, Aoshi espero que no estuviera maquinando ninguna especie de venganza.
—Uh, Aoshi, ¿puedo hablar contigo? —En cuanto Kenshin logró que todos volvieran a acostarse se dirigió a Aoshi y ambos salieron al patio, a Aoshi le pareció que el pelirrojo adoptaba el papel de un padre preocupado por el mal comportamiento de su hijo mayor.
—¿Qué sucede?
—Es por Sanosuke, él en realidad, todo lo que dijo… —El pelirrojo se rascó la cabeza—. Tenía buenas… absurdas intenciones, sí, bueno, estaba arrepentido.
—No lo parecía. —Aoshi comentó con frialdad, aunque él mismo se daba cuenta que no era así.
—Él creyó… sabes, cuando se le mete una idea en la cabeza no piensa en lo demás y… —Finalmente Kenshin soltó un suspiro—. Él se dio cuenta de que estabas viendo. —Como si abrieran el telón de una obra para que se pudiera ver el escenario Aoshi lo entendió, aquello no había sido para que Misao se sintiera miserable y seguramente Sanosuke no había creído que terminaría llorando tanto conociendo su temperamento, esa había sido una trampa orquestada para él y había hecho exactamente lo que Sanosuke había querido.
—Hirió a Misao. —Apretó los dientes.
—Y le pedirá una disculpa. —Kenshin resopló, luego observó el cielo—. Misao-dono… ¿se encuentra bien? —Al parecer Sanosuke no se había quedado a ver cuál era el desenlace del caos que había provocado.
—Nunca la había visto llorar tanto.
—Sanosuke fue cruel y le dijo cosas que no creía, pensó que tú… bueno, no importa, le dijo cosas terribles.
—Funciono. —Aoshi se sentó y estupefacto Kenshin se sentó a su lado—. No lo entiendo, solo quería que dejara de llorar.
—Tal vez te has confundido. —¿Aquel era Kenshin?, ¿no había sido él quien había insistido todos los días para que reconociera sus sentimientos?, ahora que por fin los admitía le decía que quizás estaba confundido, ¿de qué lado jugaba?
—No creo.
—Bueno, no fue la mejor manera. —Kenshin, por primera vez, no parecía muy seguro de qué decir—. ¿Se lo dijiste a ella?
—Le dije que nunca había dicho que no la quisiera.
—Tan críptico. —Kenshin sonrió con cansancio—. Pero seguro Misao-dono lo entendió, ¿qué vas a hacer ahora?
—No sé. —Ni siquiera estaba muy seguro que a Misao le bastara con que la amara de la forma en qué lo hacía, no estaba completamente seguro de desear su cuerpo, nunca se lo había preguntado.
—Deberías darte tiempo a ti mismo y a ella. —Kenshin miró hacía el dojo, pareció pensar en algo—. Pero no te tomes demasiado tiempo tampoco.
—¿Experiencia personal? —El pelirrojo asintió con la cabeza.
—Y Sanosuke estando arrepentido es un poco más caótico que creando planes así que tampoco lo descuides. —Si leía entre líneas quería decir que tendría más Cabeza de Gallo metiéndose en medio.
0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o
Esa noche Aoshi despertó varias veces, Sanosuke ebrio era como un tren avanzando por una colina particularmente empinada, incluso Yahiko se había despertado tapándose la cabeza con la almohada y gruñendo improperios. Al final Kaoru le había puesto una gran patada en la espalda y seguro le había fracturado alguna costilla porque hizo un ruido raro de ahogo y luego dejo de roncar.
Misao no se había movido, estaba muy derechita en su futón, se había puesto rodajas de pepino en los ojos —la practicidad ante todo— y parecía casi una estatua, ni siquiera parecía que respirara, a medianoche Kenji se levantó al baño dando tumbos, pero cuando regresó confundió el futón (o quizás solo quiso hacerlo), el caso es que se dejó caer junto a Misao y la joven lo abrazó como si lo hubiera estado esperando, Yahiko murmuró mitad dormido, mitad despierto y se giró a ellos pasándoles un brazo por la espalda y arropándolos con la manta, los tres volvieron a dormir abrazados y juntos como niños de la calle que se hubieran encontrado en un callejón.
Un par de horas después Sanosuke se despertó, se arrastró hasta el baño, vomito la mitad de sus intestinos y se regresó tarareando una melodía pegajosa del otro lado del mundo. Aoshi sabía que Sanosuke estaba acostumbrado a tomar hasta el amanecer y nunca lo había visto así de borracho, aquel estado tenía bastante de mental y poco de intoxicación alcohólica.
Cuando pasó al lado de los tres niños abrazados se detuvo, los observó largamente y se sentó a un lado de ellos, primero le apretó la nariz a Yahiko quien gruñó.
—La próxima vez te llevamos con nosotros.
Luego le acarició el cabello a Kenji quien ni siquiera se inmuto.
—Pareciera que no, pero eres tan fiel y decidido como tu padre.
Finalmente le acarició la mejilla a Misao, con el dorso de un dedo rasposo.
—Era mentira, a mí me pareces atractiva. —Luego se fue, en cuanto lo escuchó echarse en su futón y taparse Misao se retiró un pepinillo del ojo y lo observó, luego volvió a fingir que dormía.
Aoshi no estaba seguro, pero la molestia que sentía, cada vez más fuerte y demandante, por Sanosuke tenía varias connotaciones que no quería averiguar.
0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o
Aoshi despertó antes que todos, pero espero hasta que Kenshin y Kaoru se levantaron para ponerse en movimiento, había tenido tiempo para pensar y también había tenido tiempo para aclararse.
Misao se despertó antes que Yahiko y que Kenji así que se levantó con cuidado para no perturbar su sueño y luego caminó hacia el pozo para lavarse la cara, Aoshi la siguió sin molestarse en ocultarse. Misao dormía en una yukata que le llegaba a la rodilla y que le quedaba floja, nunca le había prestado especial atención pero era una prenda ligeramente transparente.
La joven llegó hasta el pozo y se inclinó a sacar agua, Aoshi pudo ver sus muslos asomándose por la yukata y el inicio de sus senos que no solía tomar en cuenta porque por ser tan pequeños ella no les prestaba particular atención.
—Misao. —Se molestó consigo mismo por no haber notado antes aquello.
—Aoshi-sama… —Sonriendo como si el día anterior nunca hubiera ocurrido ella giró a él, con los ojos verdes brillantes como si no hubiera llorado hasta el cansancio el día anterior, el pepino sí que era efectivo.
—Estoy seguro de que no te amo como tú me amas a mí. —Porque nunca había sido hombre de sentimentalismos y decía las cosas directas—. Pero si es suficiente para ti no pondré más objeciones. —Misao lo observó atentamente, casi sin expresión y por un momento le preocupó tener que ser más explícito, pero finalmente Misao dio un paso hacia él, le sujeto la mano y sonrió, una sonrisa sincera.
—Es suficiente para mí.
.
.
.
.
.
.
Notas de Okashira Janet: Tengo sentimientos encontrados (eaa, que tú eres la que escribes), en fin, aunque no quería un drama de leyenda al final termine con eso, pero Aoshi salvó el día y ahora soy fan de Kenji. Aunque poner a Sanosuke en plan seductor se me pasó por la cabeza creí que Aoshi reaccionaría más a esto que a una escena de celos, además los celos son muy cliché (geniales, pero cliché, aun no los descarto).
Creo que me queda un capitulo o dos para terminar esta historia, ¡muchas gracias por seguirla hasta ahora!, me hacen muy feliz.
Agradezco a:
Gaby-L
Integra Van Hellsing
Serena Tsukino chiba
Pajarito azul
Misao-21
Maytelu
Uchiha-Dani-Uzumaki
13 de Marzo del 2016 Domingo
